
Fallecía en Granada, su tierra natal, el 12 de febrero de 1993. Tenía 81 años y durante 17 había pastoreado la Iglesia de Jaén. De carácter afable y cercano, Don Miguel Peinado Peinado, el Obispo Don Miguel, se le consideró el «Pastor bueno», el hombre que terminó por imprimir, en la Diócesis, la impronta del Concilio Vaticano II y que vivió el proceso de la Transición democrática como Obispo del Santo Reino.










