
El Obispo de Asidonia-Jerez celebró la Santa Misa en el Campo Santo de Nuestra Señora de la Merced y, posteriormente, acompañado por fieles y distintas realidades de la Iglesia diocesana, elevó una oración en una de las fosas comunes del cementerio y ante los restos de sacerdotes fallecidos.
El Cementerio de Nuestra Señora de la Merced de Jerez de la Frontera y el Campo Santo Sanlúcar de Barrameda acogió ayer lunes 2 de noviembre la celebración de la Eucaristía con motivo de la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
La Santa Misa, celebrada a las 10:30 horas, reunió a fieles que quisieron participar en esta jornada de especial significado para la Iglesia, uniéndose en oración por el eterno descanso de sus familiares y seres queridos fallecidos, desde la fe y la esperanza cristiana en la resurrección.
La celebración eucarística constituyó una ocasión para recordar a quienes han partido de este mundo y renovar la esperanza en la vida eterna, poniendo de manifiesto la importancia de la oración por los difuntos y la comunión que une a toda la Iglesia.
AQUÍ PUEDES ESCUCHAR LA HOMILÍA
En su homilía, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, comenzó su reflexión con la pregunta «Señor, ¿cuándo te vimos?», tomada del Evangelio proclamado durante la Eucaristía. A partir de estas palabras, el prelado invitó a los fieles a profundizar en el sentido cristiano de la muerte y en la necesidad de fortalecer la fe en Cristo resucitado, especialmente cuando se experimenta la pérdida de un ser querido.
El Sr. Obispo señaló que la muerte constituye una de las experiencias humanas en las que se hace más evidente la necesidad de encontrarse con el Señor. En este sentido, recordó que la Conmemoración de los Fieles Difuntos es, ante todo, una jornada para pedir a Dios fortaleza en la fe. «No somos seguidores de un difunto, sino de quien vive para siempre», afirmó, subrayando que esta certeza debe manifestarse en la manera de afrontar la muerte, recordar a los seres queridos y elevar oraciones por ellos.
Asimismo, Monseñor Rico Pavés recordó las palabras de san Pablo: «No quiero que ignoréis la suerte de los difuntos para que no viváis como los que no tienen esperanza». A partir de esta enseñanza, explicó que Cristo, mediante su muerte y resurrección, ha vencido definitivamente a la muerte y ha abierto para todos los creyentes la esperanza de la vida eterna. De este modo, destacó que el bautismo hace partícipes a los cristianos de la victoria de Jesucristo, llamándolos a morir y resucitar con Él.
En esta línea, el prelado invitó a los fieles a dar gracias por el don recibido en el bautismo y a vivir conforme a la dignidad de la vida nueva que Dios les ha concedido. Una llamada que, según expresó, adquiere un significado especial en esta jornada dedicada a la oración por los difuntos.
Al profundizar en la primera lectura, tomada del libro de las Lamentaciones, el Obispo destacó la importancia de hacer memoria de la bondad del Señor incluso en medio del sufrimiento y el desaliento. Así, explicó que la fe cristiana permite comprender que la muerte no rompe definitivamente los vínculos entre quienes han fallecido y quienes continúan su peregrinación terrena.
«Entre quienes se han muerto y nosotros existe un vínculo que ni siquiera la muerte es capaz de romper y ese vínculo se llama caridad», manifestó Monseñor Rico Pavés, recordando que el amor de Cristo permite seguir amando a los seres queridos fallecidos a través de la oración.
En este sentido, señaló que la oración por los difuntos constituye una expresión de amor que trasciende la muerte. Explicó que, si quienes han fallecido necesitan esa oración, les hace bien; mientras que, si ya participan de la bienaventuranza eterna, esa oración se convierte también en apoyo y beneficio para quienes todavía caminan en este mundo, dentro de la comunión con Cristo.
El pastor diocesano relacionó igualmente la solemnidad de Todos los Santos, celebrada el día anterior, con la Conmemoración de los Fieles Difuntos, destacando que ambas celebraciones recuerdan a los cristianos cuál es su verdadera meta. «Nuestro destino, nuestra meta no termina en este mundo», expresó, insistiendo en que, por el bautismo, todos están llamados a participar de una vida y de un amor que superan los límites del tiempo.
A continuación, Monseñor Rico Pavés se detuvo en las palabras que Jesucristo dirigió a sus discípulos antes de su pasión: «Me voy para prepararos sitio. Volveré y os llevaré conmigo». A partir de esta promesa, explicó que la existencia cristiana debe entenderse como una preparación para el encuentro definitivo con el Señor.
En este punto, el prelado afirmó que «la muerte no es algo que pasa, sino una persona que viene», invitando a los fieles a vivir conscientes de que la vida terrena está orientada hacia ese encuentro con Jesucristo. Por ello, insistió en la importancia de afrontar la muerte desde la esperanza y de vivir conforme a la dignidad recibida en el bautismo.
«Somos hijos nacidos en este mundo para la eternidad. Conduzcámonos así mientras estamos aquí», exhortó el Obispo, recordando que la fe en Cristo resucitado permite afrontar incluso las situaciones más dolorosas sin perder la esperanza. Asimismo, animó a vencer el desasosiego, la tristeza y la soledad que provoca la ausencia de los seres queridos mediante la fortaleza que concede la fe.
Retomando la pregunta inicial del Evangelio, «¿Cuándo te vimos, Señor?», Monseñor Rico Pavés recordó que el encuentro con Jesucristo no debe quedar reservado únicamente para el momento de la muerte, sino que comienza ya en la vida presente. En este sentido, señaló que el mismo Cristo que se hace presente en la Eucaristía espera también a los cristianos en quienes atraviesan situaciones de necesidad.
Por ello, invitó a los fieles a practicar la caridad como expresión concreta de la fe, compartiendo con los demás el amor recibido del Señor. De este modo, explicó que reconocer el rostro de Cristo en quienes necesitan ayuda prepara también para el encuentro definitivo con Él, que será fuente de gozo eterno.
En la parte final de su homilía, el Sr. Obispo volvió a insistir en que la oración por los difuntos debe convertirse en una oportunidad para fortalecer la fe en Cristo resucitado y renovar el compromiso de vivir conforme a la dignidad de hijos de Dios recibida en el bautismo.
Finalmente, Monseñor Rico Pavés invitó a acudir a la protección de la Santísima Virgen María, recordando su presencia al pie de la cruz en los momentos de mayor sufrimiento. «Cuando todos huyen, cuando la muerte provoca espanto, María permanece», expresó, presentando a la Virgen como ejemplo de perseverancia y fortaleza en la fe.
El prelado concluyó su homilía pidiendo al Señor que conceda a los fieles un amor cercano y filial a la Virgen María, para que, sostenidos por su intercesión, puedan experimentar la fuerza de la Resurrección.
Momentos de oración por los fieles difuntos
Tras la Eucaristía, Monseñor José Rico Pavés recorrió distintos espacios del cementerio, acompañado por fieles y representantes de diferentes realidades de la Iglesia diocesana, entre ellas las Hijas de Santa María del Corazón de Jesús.
Durante este recorrido, el prelado diocesano se detuvo en una de las fosas comunes del camposanto, donde elevó una oración por las personas allí sepultadas. Asimismo, rezó en el lugar donde descansan los restos de sacerdotes fallecidos y en otros espacios vinculados a distintas realidades de la comunidad diocesana.
Estos momentos de oración permitieron extender la celebración de la Conmemoración de los Fieles Difuntos más allá de la Eucaristía, recordando de manera especial a quienes descansan en el cementerio y expresando la cercanía de la Iglesia a la memoria de todos los fallecidos.
A continuación, pueden visualizarse los cuatro momentos de oración realizados durante el recorrido:
La Conmemoración de los Fieles Difuntos, que la Iglesia celebra cada 2 de noviembre, invita a los cristianos a rezar por quienes han fallecido y a contemplar el misterio de la muerte desde la esperanza que nace de la resurrección de Jesucristo.
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