
Con esta expresión intento sintetizar la repercusión que ha tenido en muchos de nosotros el traslado de don Ginés a Getafe. Sabor agrio, por lo que significa la separación de un Obispo que durante ocho años nos ha dirigido muy acertadamente, con unas actitudes de cercanía, comprensión y habilidad admirables. Sabor dulce, porque, aparte de que su cambio pueda entenderse como una promoción, es ciertamente un reconocimiento de que, por sus virtudes y cualidades, así como por sus varios cargos de carácter nacional, necesitaba estar más cerca de Madrid.











