
La orden de los agustinos se funda bajo el pontificado de Inocencio IV en 1244, al reunir bajo la Regla de San Agustín a varios grupos de eremitas dispersos por la Italia central. Se convierte así, en la tercera orden mendicante tras franciscanos y dominicos. Su rama femenina es dedicada a la contemplación, emergiendo entre sus santas la figura de Santa Rita de Casia, de gran devoción popular.










