Del 4 al 10 de mayo, se llevará a cabo esta tanda de ejercicios en el monasterio de San Calixto
La diócesis de Córdoba ofrece uno Ejercicios espirituales para los nuevos diáconos y para todos aquellos sacerdotes que deseen participar. Será en San Calixto del 4 al 10 de mayo y serán dirigidos por D. Jesús Enrique Aranda Cano, Director Espiritual del Seminario Mayor “San Pelagio”.
Los Ejercicios Espirituales son vitales, esenciales para vivir. Sin Ejercicios no hay vida posible (cfr. Jn 15,5). Nos ayudan a dejar actuar al Espíritu Santo en nosotros, a transformarnos y a buscar y realizar la voluntad de Dios sobre nuestra vida.
Los sacerdotes interesados en participar deberán inscribirse a través del teléfono 957 49 64 74 (Ext. 614) o por email: obispadodecordoba@diocesisdecordoba.es
Tendrá lugar el próximo 31 de mayo, con motivo del 375 aniversario de su Patronazgo
La localidad de Puente Genil se prepara para vivir uno de los acontecimientos religiosos más destacados del año, la Procesión Extraordinaria de la Purísima Concepción, que tendrá lugar el próximo 31 de mayo, con motivo del 375 aniversario de su Patronazgo sobre la villa.
Con motivo de esta celebración, la cofradía de la Purísima Concepción, en colaboración con cinco parroquias y aldeas del municipio, ha organizado un completo programa de actos religiosos y culturales que se desarrollarán a lo largo de 2025. Entre ellos destaca la procesión extraordinaria, que combinará esplendor y recogimiento de los actos programados en este mes de mayo dedicado a la Virgen María.
La jornada comenzará con una Solemne Misa Pontifical, a las 19:00 horas, en la Plaza de España. A su término, se iniciará el recorrido histórico de la Virgen, que culminará con su entrada en el templo que, desde su reconstrucción en 1757, ha sido conocido y venerado como Santuario de la Purísima Concepción.
El cortejo procesional estará encabezado por la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, que abrirá la marcha acompañando a la cruz de guía. La imagen de la Virgen será acompañada por la prestigiosa Banda de la Cruz Roja de Sevilla, reconocida por su calidad artística y amplia trayectoria en la música procesional.
Como antesala a esta conmemoración, el sábado 24 de mayo, se celebrará el traslado de la Purísima Concepción desde su Santuario a la Parroquia de San José, en el que la Banda Inmaculada Concepción de Puente Genil, agrupación local que lleva el nombre de la Patrona, será la encargada del acompañamiento musical.
Esta conmemoración histórica se perfila como una cita inolvidable para los devotos de Puente Genil, que podrán expresar su fe y devoción a la Purísima Concepción en un marco de solemnidad, tradición y fervor popular.
Antequera fue el lugar elegido para llevar a cabo esta jornada de convivencia y formación
El pasado sábado, 26 de abríl, en el colegio de los Salle Virlecha de Antequera, se realizó el I encuentro de la vida Religiosa con el lema “Caminando en la Esperanza para Ser Testigos”. Este evento contó con la presencia de la vida religiosa de Andalucía, con una asistencia de alrededor de 180 religiosos, procedentes de las Confer de las diócesis del sur.
Un espacio para la sinodalidad y fraternidad, “una invitación que nos dejó el Papa Francisco y dentro del evento se elevó una oración por su alma para recordar su legado”, indicaron los participantes.
En el desarrollo de la misma, tuvo lugar una ponencia de Eva Fernández, que estuvo en el desarrollo de Sínodo, quien con su experiencia enriqueció a los presentes. Además, hubo talleres para compartir inmigración, intercongregacionalidad, residencia de religiosos, oración interreligiosa, espirituales y arte.
La Confer de Córdoba llevó una representación de 15 religiosos de diferentes comunidades.
COMENTARIO AL SÍMBOLO DE LA FE 1.700 AÑOS DESPUÉS DEL I CONCILIO DE NICEA
El I Concilio de Nicea, celebrado ahora hace 1.700 años, marcó un antes y un después en la vida de la Iglesia. Desde entonces, millones de cristianos de todos los rincones del mundo han rezado el mismo símbolo de fe. Frente a las divisiones y reduccionismos, el Credo es una llamada a la fidelidad a la fe apostólica y, por tanto, a la fidelidad a la voluntad de Dios que incluye la unidad visible de la Iglesia. Juan José Llamedo nos propone volver a Nicea con espíritu de discernimiento en una obra que tiene como finalidad conocer, comprender, profundizar y rezar el Credo. En primer lugar, hace un acercamiento al Credo desde la perspectiva histórica, no tanto para conocer la historia de la Iglesia del siglo IV, sino para situar y contextualizar el ambiente y las razones por las que la Iglesia se dotó de un instrumento como este. Después propone un amplio comentario al Credo, desgranando su sentido frase por frase y favoreciendo la reflexión para profundizar, personal o grupalmente, en la materia.
(Tomado de la Web de la Editorial San Pablo)
Intervención de la Hna. Pilar González desde la Librería Welba recomendando esta lectura en el programa ‘El Espejo’ de COPE Huelva de este viernes 2 de mayo.
Mañana comienzan en Lorca las fiestas que se celebran en torno a la patrona de esta ciudad, la Virgen de las Huertas, y que se desarrollarán del 3 al 25 de este mes que le da nombre: los Mayos.
El primero de los actos religiosos será este sábado en el santuario de Santa María la Real de las Huertas. A las 19:00 horas tendrá lugar la misa en la que se rezará especialmente por las madres y mujeres de Lorca. Los niños podrán participar en este día «pasando por debajo del manto de la Virgen, para que la Madre los proteja y bendiga», explica el párroco, Ángel Soler. El 4 de mayo la imagen de la Virgen de las Huertas saldrá del santuario a las 7:00 horas hasta la plaza del Rey Sabio, donde se celebrará la Eucaristía. Durante el trayecto irá acompañada por los fieles, que rezarán el Rosario de la Aurora. Un traslado que se repetirá cada domingo a diferentes enclaves de la ciudad con la música de varias cuadrillas y agrupaciones de coros y danzas, y a su regreso al templo se servirá un chocolate y bizcocho en el patio del convento.
El sábado 10 de mayo, a las 19:00 horas, será la misa con la participación de las hermandades y cofradías de Lorca. A su término, se realizará la apertura de la exposición del ajuar de la patrona en el antecamarín, que se expondrá al público todos los viernes y sábados del mes desde las 17:00 hasta las 18:30 horas. El 11 de mayo la patrona saldrá de nuevo y, en esta ocasión, la misa se oficiará en la Alameda de la Constitución.
La Eucaristía ofrecida por las personas con discapacidad se celebrará el 17 de mayo a las 19:00 horas. Este día coincide con la Noche de los Museos, por lo que la exposición del ajuar de la Virgen se podrá visitar hasta las 23:00 horas. Al día siguiente, a las 7:00 horas volverá a salir la patrona hasta la zona de El Quijero.
En el último fin de semana de estos días de fiesta, el sábado 24 de mayo la misa de las 19:00 horas se ofrecerá por la Hermandad de la Virgen de las Huertas, con la entrega de medallas a los nuevo hermanos e infantes de la Virgen. Posteriormente se realizará la tradicional ofrenda floral a la Madre. Ya el domingo, la imagen será portada hasta Santa Quiteria, con salida prevista para las 7:00 horas. Por la tarde, a las 19:00 horas comenzará la Eucaristía en el santuario y, a continuación, tendrá lugar la procesión con la patrona de Lorca por el barrio de la Virgen de las Huertas, y en la que participarán niños y niñas de Primera Comunión e infantes de la Virgen.
El obispo Eloy Santiago en el primer decreto que ha firmado, ha renovado todos los cargos diocesanos hasta nueva disposición. Se trata del procedimiento habitual en estos casos.
En el referido decreto, Santiago señala que, para colaborar con él en el gobierno de la Diócesis, designa para los oficios de vicarios generales y vicarios episcopales y confirma el de vicario judicial “ad nutum Episcopi”, “a todos aquellos que, hasta este momento, desempeñaban dichos oficios”.
Asimismo, monseñor Santiago, mediante este decreto establece que la curia diocesana permanezca desempeñando las distintas responsabilidades como hasta ahora, “mientras no se provea de otro modo”.
El gozo pascual de sabernos redimidos y renacidos por quien venció a la muerte, nos conduce hacia el mes de mayo que, de una manera particular, el pueblo cristiano llama “mes de María” o “mes de las flores. Los cristianos de todos los tiempos hemos sabido que el amor y la devoción a la Virgen María nos acercan siempre a Jesucristo, único Salvador de la humanidad.
Basta con hacer una lista o detenernos a pensar en las numerosas advocaciones que coronan esta Iglesia mariana del Santo Reino de Jaén, desde sus catedrales hasta sus santuarios y ermitas de toda la geografía diocesana, para comprobar que son muchos los pueblos y ciudades de nuestra tierra jiennense los que se engalanan cada año, con romerías y fiestas, para venerar a la que es Madre de Dios y Madre nuestra. Las romerías son una metáfora perfecta de nuestra vida cristiana. Somos peregrinos y estamos en permanente camino; avanzamos, cada día, con esfuerzo y sacrificio, pero con la alegría de sabernos amados por Dios, guiados por la fe y sostenidos por la esperanza que nos conduce a la meta, que es Cristo. Y María es la estrella que nos guía, también en medio de las sombras, la que camina con nosotros, la que nos anima y nos protege y siempre es fiel intercesora ante su bendito Hijo.
Este mes florido, que nos regala la primavera en su máximo esplendor, después de la abundante agua que ha regado nuestros campos como un don del cielo, contemplamos, en esa maravillosa exhibición de la naturaleza, el reflejo de la belleza de una joven de Nazaret, que con su ‘sí’ y la aceptación del plan de Dios en ella, se convirtió en el instrumento de la esperanza y la salvación para toda la humanidad. «Por ti, por tu ‘sí’, la esperanza de milenios debía hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia» (Benedicto XVI, Spe Salvi).
En este año Jubilar en el que conmemoramos la Encarnación de Dios, que naciendo del seno virginal de María se hace hombre, miremos, precisamente a María como esperanza nuestra; la que nos conduce, nos guía y nos acompaña a la Esperanza verdadera: la que engendró, llevó en su seno y entregó al mundo para nuestra redención. Con razón decimos en el himno mariano de la Salve que María es vida, dulzura y esperanza nuestra.
Aún con las incertidumbres propias del inesperado anuncio, María acogió con esperanza el mensaje del ángel; vivió con esperanza su embarazo; alumbró a su hijo en la esperanza y aun cuando más sufría al pie de la cruz, sabía que era precisamente en aquel que entregaba su vida, donde se hallaba la verdadera Esperanza.
La Esperanza que este año celebramos, enmarcada en el Año Jubilar, está profundamente vinculada a dos grandes misterios: el de la Encarnación, mediante el cual Dios irrumpe en la historia de la humanidad para otorgarle sentido y propósito; y el de la Ascensión, que celebramos precisamente en mayo. Encarnación y Ascensión, unidas, forman el círculo perfecto de la eternidad, del infinito. Es en la Ascensión donde se cumple, en su plenitud, el plan salvífico de Dios para la humanidad. Este misterio nos otorga la certeza de que Jesucristo, en toda su humanidad, asciende al Padre y se sienta a su derecha para siempre. Es la presencia del Hijo ante el Padre la que nos devuelve la dignidad perdida en el primer pecado, y nos asegura que, en Él, también está sellado nuestro destino.
Y María, su Madre, instrumento de esperanza, es siempre testigo y portadora del mensaje de su Hijo. Lo fue en el inicio de su vida pública, en las bodas de Caná; lo fue en la vía dolorosa y al pie de la cruz; lo fue en Pentecostés y lo es ahora contemplando la gloria de aquel que la eligió como Madre.
Seamos, como María, portadores de esperanza y testigos del mensaje de amor que su Hijo nos trae en la Pascua. No hay dudas, no hay tristezas, no hay desamor, solo almas esperanzadas en Aquel que nos espera. Que el gozo de ser cofrade y romero de la Santísima Virgen se convierta en una llamada interior a seguir sus pasos. De este modo, el Señor podrá valerse, también, de nosotros para darse a conocer a quienes lo buscan, y para despertar en el corazón de los más desanimados la ilusión por la vida que nos llega de Dios y que es siempre fuente de esperanza. Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.
Con motivo de la festividad del Beato Ceferino Giménez Malla y la conmemoración de los 600 años de presencia del pueblo gitano en España, la Pastoral Gitana de la Diócesis de Jaén ha querido organizar un encuentro festivo y alcanzar las gracias jubilares.
Así, en torno a medio centenar de personas, de la Pastoral Gitana de Puertollano, Murcia, Palma del Río, Guadix, Granada, Andújar y Jaén, se dieron cita, el pasado 1 de mayo, en la Casa de la Iglesia, donde comenzaban la jornada con la bienvenida.
Posteriormente, los fieles se dirigieron al Camarín de Nuestro Padre Jesús, templo jubilar de acogida, donde dio comienzo la celebración, presidida por nuestro Obispo diocesano, Don Sebastián Chico Martínez. Con alegría y entonando diferentes cantos, la procesión partió desde allí hacia la S.I. Catedral, donde fueron recibidos con el repique festivo de campanas en señal de bienvenida.
La celebración eucarística, que tuvo lugar en el Sagrario, tuvo grandes dosis de alegría, cantes y bailes, y estuvo presidida por Monseñor Chico Martínez y concelebrada por el Delegado de la Pastoral Gitana de la Diócesis de Jaén, D. Ángel Sánchez, por los sacerdotes del resto de Pastorales Gitanas allí presentes y el secretario del Obispo, D. Francisco Javier Cova. Del mismo modo, participó el diácono permanente Andrés Borrego.
Las lecturas, la oración de los fieles, las ofrendas y el acompañamiento musical corrió a cargo de las familias gitanas. El Evangelio fue proclamado por Andrés Borrego.
Homilía Durante su homilía, el Obispo recordó que se estaba celebrando una jornada de profunda alegría y sentido eclesial: «el Jubileo del Pueblo Gitano, en el contexto del Año Jubilar 2025, el Jubileo de la Esperanza, y dentro de la gran efeméride de los 600 años de presencia gitana en España, que estamos celebrando. Una historia tejida de luces y sombras, pero siempre fecunda, marcada por la fe, la familia y la alegría». Para añadir: «Y lo hacemos en este tiempo pascual, cuando la Iglesia proclama con fuerza la victoria de Cristo sobre la muerte. Esta luz pascual nos impulsa a caminar, a caminar juntos, y a caminar en esperanza —como nos invitaba el Papa Francisco al inicio de esta Cuaresma—. Una esperanza viva, encarnada, transformadora».
Asimismo, Don Sebastián quiso subrayar que el Jubileo nos recuerda que la comunión no niega las diferencias, sino que las integra. «Parafraseando a San Pablo, podríamos decir: “Ya no hay gitano ni payo, rico ni pobre… todos somos uno en Cristo Jesús”. Lo que nos une es infinitamente más grande que lo que nos separa: la misma fe, el mismo bautismo, la misma esperanza».
Del mismo modo, quiso recordar que el Pueblo Gitano ha sido testigo de esa esperanza viva «En los mártires como Emilia Fernández, “la canastera”, y Ceferino Giménez Malla, el “tío Pelé”; en las comunidades que se reúnen en torno a la Palabra para celebrar la vida; en las familias que transmiten la fe con autenticidad». Y explicó, además, que su música canta la esperanza, incluso cuando habla del sufrimiento. «Hoy, la Iglesia aprende de vuestra esperanza. Nos enseñáis que la fe no se vive sólo desde los libros, sino también desde el corazón, la experiencia, la comunidad. Nos enseñáis que se puede esperar incluso cuando todo parece cerrado», apuntó.
El Pastor diocesano quiso, también, proponer unas sugerencias concretas para la vida cristiana: caminar con Dios cada día, vivir la fe en comunidad, custodiar la esperanza, dar testimonio de alegría y, por último, acoger y valorar su cultura.
Finalmente, el Prelado culminaba alentándolos a no perder nunca la alegría. «En este Jubileo de la Esperanza, ¡no dejemos que nadie nos robe la alegría ni la fe! Como María, que “se puso en camino con prontitud” (Lc 1,39), pongámonos también nosotros en camino. Caminemos juntos en esperanza, sabiendo que somos hijos de un mismo Padre y hermanos en Cristo».
Al finalizar la Comunión, la Pastoral Gitana de Jaén y la Hermandad del Beato Ceferino, de Palma del Río, quisieron hacer entrega al Obispo de un pañuelo igual que el que se utilizó en 1997 en la beatificación de Ceferino Giménez Malla, por San Juan Pablo II.
A continuación, y como parte de la celebración jubilar, el Canónigo D. Ildefonso Rueda, llevó hasta el presbiterio el Santo Rostro. El Pastor diocesano impartía, con esta reliquia, la bendición solemne.
La celebración culminaba con un canto mariano y una foto de familia.
Posteriormente, en la Casa de la Iglesia pudieron compartir una comida fraterna y continuar con su encuentro festivo, repleto de cantes y bailes.
Bajo el lema Vive la Pascua intensamente, la Juventud Estudiante Católica (JEC) celebró en Palencia su encuentro de Pascua. A él asistieron cerca de 60 personas de distintos puntos de España, entre ellas un grupo de cinco jóvenes de la JEC de la Diócesis de Cartagena acompañados por dos animadores.
En este encuentro, que se desarrolló desde el Miércoles Santo hasta el Domingo de Resurrección, los jóvenes pudieron vivir el Triduo Pascual y, por medio de distintas actividades formativas, trabajar temas como el cuidado, el servicio, la vocación, la honestidad o la esperanza. Todo ello con las emociones que Jesús vivió en los días de su pasión como hilo conductor. Además, los participantes de Secundaria y Bachillerato reflexionaron especialmente en torno a las expectativas que la sociedad actual proyecta sobre los jóvenes; los universitarios recibieron formación sobre el compromiso político en clave cristiana; y los graduados trabajaron el cuidado, centrándose en el duelo, el silencio y la vulnerabilidad.
La responsable de la JEC en la Diócesis de Cartagena, Iris Huixi García Martínez, describe la experiencia como «muy enriquecedora» y destaca que en ella hubo espacio para la formación, la convivencia, la celebración y la oración. «Los encuentros nacionales nos permiten coincidir con personas de otras diócesis que no vemos durante el resto del año y dedicar mucho tiempo a la formación; ha sido un momento de crecimiento personal en todos los ámbitos, también a nivel espiritual, de hacernos reflexionar y ver que nuestra fe va mucho más allá de nosotros mismos», concluye.
El gozo pascual de sabernos redimidos y renacidos por quien venció a la muerte, nos conduce hacia el mes de mayo que, de una manera particular, el pueblo cristiano llama “mes de María” o “mes de las flores. Los cristianos de todos los tiempos hemos sabido que el amor y la devoción a la Virgen María nos acercan siempre a Jesucristo, único Salvador de la humanidad.
Basta con hacer una lista o detenernos a pensar en las numerosas advocaciones que coronan esta Iglesia mariana del Santo Reino de Jaén, desde sus catedrales hasta sus santuarios y ermitas de toda la geografía diocesana, para comprobar que son muchos los pueblos y ciudades de nuestra tierra jiennense los que se engalanan cada año, con romerías y fiestas, para venerar a la que es Madre de Dios y Madre nuestra. Las romerías son una metáfora perfecta de nuestra vida cristiana. Somos peregrinos y estamos en permanente camino; avanzamos, cada día, con esfuerzo y sacrificio, pero con la alegría de sabernos amados por Dios, guiados por la fe y sostenidos por la esperanza que nos conduce a la meta, que es Cristo. Y María es la estrella que nos guía, también en medio de las sombras, la que camina con nosotros, la que nos anima y nos protege y siempre es fiel intercesora ante su bendito Hijo.
Este mes florido, que nos regala la primavera en su máximo esplendor, después de la abundante agua que ha regado nuestros campos como un don del cielo, contemplamos, en esa maravillosa exhibición de la naturaleza, el reflejo de la belleza de una joven de Nazaret, que con su ‘sí’ y la aceptación del plan de Dios en ella, se convirtió en el instrumento de la esperanza y la salvación para toda la humanidad. «Por ti, por tu ‘sí’, la esperanza de milenios debía hacerse realidad, entrar en este mundo y su historia» (Benedicto XVI, Spe Salvi).
En este año Jubilar en el que conmemoramos la Encarnación de Dios, que naciendo del seno virginal de María se hace hombre, miremos, precisamente a María como esperanza nuestra; la que nos conduce, nos guía y nos acompaña a la Esperanza verdadera: la que engendró, llevó en su seno y entregó al mundo para nuestra redención. Con razón decimos en el himno mariano de la Salve que María es vida, dulzura y esperanza nuestra.
Aún con las incertidumbres propias del inesperado anuncio, María acogió con esperanza el mensaje del ángel; vivió con esperanza su embarazo; alumbró a su hijo en la esperanza y aun cuando más sufría al pie de la cruz, sabía que era precisamente en aquel que entregaba su vida, donde se hallaba la verdadera Esperanza.
La Esperanza que este año celebramos, enmarcada en el Año Jubilar, está profundamente vinculada a dos grandes misterios: el de la Encarnación, mediante el cual Dios irrumpe en la historia de la humanidad para otorgarle sentido y propósito; y el de la Ascensión, que celebramos precisamente en mayo. Encarnación y Ascensión, unidas, forman el círculo perfecto de la eternidad, del infinito. Es en la Ascensión donde se cumple, en su plenitud, el plan salvífico de Dios para la humanidad. Este misterio nos otorga la certeza de que Jesucristo, en toda su humanidad, asciende al Padre y se sienta a su derecha para siempre. Es la presencia del Hijo ante el Padre la que nos devuelve la dignidad perdida en el primer pecado, y nos asegura que, en Él, también está sellado nuestro destino.
Y María, su Madre, instrumento de esperanza, es siempre testigo y portadora del mensaje de su Hijo. Lo fue en el inicio de su vida pública, en las bodas de Caná; lo fue en la vía dolorosa y al pie de la cruz; lo fue en Pentecostés y lo es ahora contemplando la gloria de aquel que la eligió como Madre.
Seamos, como María, portadores de esperanza y testigos del mensaje de amor que su Hijo nos trae en la Pascua. No hay dudas, no hay tristezas, no hay desamor, solo almas esperanzadas en Aquel que nos espera. Que el gozo de ser cofrade y romero de la Santísima Virgen se convierta en una llamada interior a seguir sus pasos. De este modo, el Señor podrá valerse, también, de nosotros para darse a conocer a quienes lo buscan, y para despertar en el corazón de los más desanimados la ilusión por la vida que nos llega de Dios y que es siempre fuente de esperanza. Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.