
Lo vi hacer a un catequista mayor hace muchos años. Tomaba un creyón rojo en sus manos y rodeaba con él, algunas fechas en un pequeño almanaque con la imagen del Sagrado Corazón que llevaba en su cartera. Eran esas fechas importantes que deseaba recordar y a las que sabía que no debía faltar. Decía que era una forma de amar pero en silencio.










