
El Jueves Santo, día del amor fraterno, la liturgia rememora las palabras de Cristo en la Última Cena, “nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos” Jn 15, 13. Y eso fue lo que hizo un sacerdote de 43 años, Francisco de Paula Padilla, cuando, después de celebrar el Jueves Santo del año 1937 una Misa clandestina en la Catedral de Jaén, convertida en cárcel, entregó su vida a favor de la de otro preso, un padre de familia. El nombre de Francisco de Paula Padilla se une al de 129 hombres y mujeres de Jaén que dieron su vida, odium fidei, entre los años 1936 a 1939.