Durante todo el año, granadinos y personas de toda España, y especialmente de toda Andalucía, acuden a la cripta donde descansan los restos del beato fray Leopoldo de Alpandeire, beatificado en Granada en el año 2012.
Durante toda la mañana, numerosos devotos y fieles se han acercado hasta la cripta, para orar ante la tumba del beato, hacer su ofrenda floral y orar su intercesión ante Dios, en sus preocupaciones, incertidumbres, enfermedades o discernimientos.
Allí, en su parroquia La Inmaculada, también se han celebrado las Eucaristías cada hora, para celebrar la fiesta litúrgica del beato en la Mesa del Señor. La de las 12:30 horas, ha estado presidida por nuestro arzobispo D. José María Gil Tamayo y concelebrada por sacerdotes de la comunidad religiosa de franciscanos capuchinos de Granada, entre ellos el vicepostulador de la Causa del beato, D. Alfonso Ramírez Peralbo, y el sacerdote diocesano y secretario particular del Sr. Arzobispo, D. David Salcedo.
HUMILDAD, SENCILLEZ… En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo animó a los fieles a mirar al beato, para imitarle en su amor a Dios y a Jesucristo, y ver en la cruz la victoria del Señor.
“Los santos son nuestros intercesores, pero son nuestro modelo, queridos amigos. Fray Leopoldo no nos dice que nos metamos a frailes, pero sí esto, que la humildad, la pobreza, el desprendimiento, el amor a la cruz y por ella la resurrección, es algo que tenemos que adquirir si queremos ser buenos amigos de este fraile tan nuestro y tan querido de Fray Leopoldo”, señaló D. José María.
Asimismo, aludió a la pobreza del beato y a su humildad que siempre predicó con su vida fray Leopoldo; “esa humildad que nos dice San Pablo, precisamente cuando nos aconseja tener los sentimientos de Cristo: que Cristo a pesar de su condición divina no hizo alarde de su gloria de Dios, al contrario, se hizo uno de nosotros hasta tomar la cruz. Y eso es lo que ha hecho Frey Leopoldo, ser humilde, ser sencillo, ver la verdad de lo que somos”, señaló nuestro arzobispo (ESCUCHAR HOMILÍA)
Fray Leopoldo de Alpandeire fue beatificado en Granada en 2012 y para su canonización es necesario un segundo milagro, al que nuestro arzobispo anima a los fieles a orar a Dios para que podamos ver al beato en los altares.
Estas celebraciones han venido precedidas del triduo que se ha celebrado este fin de semana, ofrecido al beato y como preparación para esta fiesta litúrgica de gran acogida y devoción en Andalucía, y especialmente en Granada. Asimismo, en la Santa Misa se ha pedido por las vocaciones, por intercesión del beato fray Leopoldo.
La parroquia y cripta continuará en horario de tarde, para las visitas de los devotos y fieles, hasta las 20:30 horas y la Eucaristía, a las 19:30 horas.
Sesión inaugural del I Encuentro de Profesores y Personal Universitario de las diócesis del centro y sur de España, que se ha celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla, organizado por la Delegación Diocesana de Pastoral Universitaria. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presentado la ponencia del profesor Mariano Pérez de Ayala.
Mons. Lorca Planes agradece a la Diócesis de Almería su colaboración para contar con un nuevo intercesor en el cielo.
El pasado sábado más de 5.000 personas se reunieron en Huércal-Overa (Almería) para vivir una jornada histórica para la Iglesia: la beatificación del venerable Salvador Valera Parra. Entre ellas se encontraba un numeroso grupo de la Diócesis de Cartagena, formado por seminaristas, sacerdotes y fieles, y encabezado por Mons. José Manuel Lorca Planes, que se desplazó hasta este municipio.
Algunos de ellos también participaron en la vigilia celebrada el viernes, como los seminaristas del Seminario Mayor San Fulgencio, lugar donde se formó este sacerdote recientemente beatificado y donde, en la actualidad, se forman también los seminaristas de la Diócesis de Almería. «Fuimos muy contentos porque el Cura Valera fue un fulgentino al igual que nosotros; es uno de los nuestros», expresa el rector del Seminario Mayor San Fulgencio, Jesús Sánchez García. La celebración de la vigilia se dividió en tres partes con el recuerdo a la vida del beato y los pilares de su espiritualidad sacerdotal: la predicación, la Eucaristía y el cuidado a los enfermos y necesitados. Fue el obispo de Cartagena quien presidió esta celebración en la víspera en la que animó a los seminaristas «a renovar su sí al Señor con su vocación, invitándoles a mirarse en el ejemplo sacerdotal del Cura Valera», recuerda Sánchez.
Una beatificación esperada por el pueblo fiel de Huércal-Overa
Enviado por el Papa León XIV, el sábado en el espacio municipal de usos múltiples de Huércal-Overa, la Eucaristía estuvo presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, una celebración en la que también participaron los obispos de Almería, Mons. Antonio Gómez Cantero; de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; y de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán; entre otros. Tras el acto penitencial se inició el rito de beatificación de Salvador Valera Parra. Mons. Gómez Cantero, acompañado de los postuladores de la causa se dirigió al representante del Santo Padre suplicando la inscripción del venerable siervo de Dios Salvador Valera Parra entre los fieles beatificados por la Iglesia. Tras la lectura del resumen biográfico, el cardenal Semeraro procedió a leer la carta apostólica en la que se concedía a este sacerdote nacido en Huércal-Overa el derecho a ser llamado beato, pudiendo recibir culto público en ámbitos determinados. A continuación, se descubrió la imagen del sacerdote, y sus reliquias fueron portadas hasta el presbiterio en una procesión encabezada por el niño del milagro atribuido a la intercesión de este beato, junto a su familia y al equipo médico.
El cardenal Semeraro quiso compartir su gozo por poder visitar España para honrar «a un párroco ejemplar» como fue Salvador Valera, subrayando su perfil de «gran benefactor que permaneció junto a su pueblo en momentos duros, como terremotos y enfermedades, sin huir, al igual que lo hizo la Virgen María al pie de la cruz». Por su parte, el obispo de Almería reconoció su emoción hasta las lágrimas cuando la urna con las reliquias fue colocada en el presbiterio, un gesto con el que culminaba «la espera de un pueblo, mantenida de generación en generación y que ha desembocado en una verdadera explosión de fe».
Mons. José Manuel Lorca Planes, se mostró «absolutamente feliz por contar con un nuevo intercesor en el cielo», agradeciendo a la Diócesis de Almería su labor en la causa de este sacerdote que perteneció a la Diócesis de Cartagena, donde se formó y desempeñó su servicio ministerial sirviendo en parroquias de Cartagena y Alhama de Murcia además de en Huércal-Overa.
Para el obispo de Getafe, natural de este municipio almeriense, este también fue un día vivido con gran alegría, resaltando «la emoción de un pueblo que ha esperado este momento durante 150 años», y recordando así a abuelos y padres que anhelaron este acontecimiento. Imaginando «el balcón del cielo lleno de huercalenses como testigos del acto», Mons. Ginés García Beltrán animó a buscar el milagro necesario para la futura santidad del nuevo beato.
El domingo, y como colofón a estos días de fiesta por la beatificación del Cura Valera, se celebró una misa en acción de gracias tras la que los fieles pudieron venerar la reliquia del beato.
Durante el mes de febrero y marzo monseñor Jesús Fernández continuará con la Visita al arciprestazgo Baena-Castro del Río
El domingo 8 de febrero terminó el obispo de Córdoba su Visita pastoral a la parroquia Ntra. Sra. de la Asunción de Castro del Río. A principios de año monseñor Jesús Fernández comenzó su Visita pastoral al arciprestazgo Baena-Castro del Río, que se prolongará hasta finales de marzo, visitando Luque, Valenzuela, Baena, Albendín, Llanos del Espinar y Espejo.
A finales de enero el Obispo comenzó su Visita a Castro del Río y ha terminado este domingo, 8 de febrero. En la eucaristía de clausura de la Visita pastoral el prelado reconoció que ha sido “un tiempo muy hermoso de compartir con vosotros, escuchar, dialogar, ver vuestras inquietudes y dificultades, visitar enfermos, celebrar la fe, hablar con los jóvenes y con los responsables y colaboradores de pastoral”.
Monseñor Jesús Fernández aludiendo a San Pablo recordó: “yo no vengo a vosotros con una sabiduría humana, sino con la sabiduría de Dios”, que se aprende en la intimidad con Él, en la oración, en el encuentro diario con el Señor. Con esa “humildad” se presentó el Obispo ante la feligresía y con la “sabiduría que no es mía, sino del Evangelio, que el Señor nos revela y que es sal y luz para nuestros pasos”. Este domingo el Señor nos recuerda quienes somos los bautizados, los cristianos y utiliza dos comparaciones, explicó el pastor de la Diocesis, vosotros sois la sal de la tierra, la luz del mundo. Son dos símbolos muy expresivos que nos ayudan a entender lo que somos, cuál es nuestra identidad como cristianos. La sal da sabor, purifica y cura y sirve para conservar los alimentos.
Nosotros, como sal de la tierra debemos dar sabor, es decir, debemos dar sentido a la vida, motivos para vivir a las personas, apuntó. El sabor del cristiano es el sabor del Evangelio, de Dios y de la Buena Noticia. El que nos vea debe advertir en nosotros el sentido de lo divino que es muy humano porque nos ayuda a vivir, nos da horizonte y esperanza.
Continuó el prelado su alocución destacando que la sal también purifica y cura, se espera que nosotros también purifiquemos nuestra vida de pecado y nos pongamos a disposición de Dios que nos perdona y nos permite ayudar a limpiar el mal del mundo. Tenemos que ayudar con paciencia a quitar aquello que no es bueno entre nosotros como sociedad y como Iglesia. También como sal curaremos heridas, hay muchas personas que sufren enfermedades, desgracias familiares, problemas de trabajo y hay muchas heridas que el cristiano ayuda a curar.
Por último, la sal ayuda a conservar la fe, el amor y nosotros tenemos que ayudar a conservar lo bueno, las buenas prácticas de una vida familiar, social y comunitaria, conservar la esperanza, la fe y amor porque si nosotros fallamos, ¿quién dará sabor al mundo? Preguntó. Es una llamada urgente para todos nosotros, sed lo que somos, sal de la tierra.
Recordó además que el Señor decía que somos también luz del mundo y que hemos sido encendidos en esa luz por el Bautismo, porque hemos recibido la luz de Cristo. La luz se enciende para ponerla en el centro, ser luz es ser transparencia y vida. La luz se contagia y sale al mundo porque somos apóstoles y debemos anunciarla allí donde estemos.
Monseñor Jesús Fernández pidió a los feligreses que transmitan a sus hijos la alegría de la fe, sobre todo con el testimonio en la familia, en la escuela o donde estemos.
La Parroquia de Santa Teresa será el punto de encuentro para celebrar juntos la fe y compartir la alegría del Señor. El cuarto encuentro de este curso se llevará a cabo este próximo viernes 13 de febrero, a las 18:15 horas.
Desde el equipo diocesano de la Renovación Carismática Católica de Huelva informan que estos encuentros seguirán realizándose los segundos viernes de cada mes, a las 18:15 horas.
Nos congregaremos para alabarlo, adorarlo y celebrar la Eucaristía, expresando nuestra fe con fervor y gratitud.
Equipo Diocesano de la Renovación Carismática Católica de Huelva
La Iglesia española celebrará del 9 al 15 de febrero de 2026 la Semana del Matrimonio, una iniciativa promovida por la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida que busca poner en valor la belleza y la vocación del matrimonio cristiano.
Bajo el lema «El amor, la aventura más épica de todas», esta semana ofrece a los matrimonios —y también a los jóvenes que se plantean su vocación— diversas propuestas para redescubrir el amor conyugal como camino de entrega, crecimiento y santidad.
El objetivo es promover la vocación matrimonial, ofrecer herramientas que ayuden a fortalecer la vida en pareja y mostrar la alegría del amor vivido a la luz de la fe.
Una semana para cuidar el amor
La Delegación de Pastoral Familiar de la Diócesis de Almería se suma a esta celebración con un programa variado, pensado para acompañar a los matrimonios en las distintas etapas de su vida.
A través de actividades formativas, lúdicas y espirituales, se invita a los esposos a detenerse, compartir y renovar su compromiso.
Escape Room Matrimonial: salir de la rutina
Entre las iniciativas propuestas destaca el Escape Room Matrimonial, una experiencia participativa que invita a los esposos a “escapar” de la rutina cotidiana y descubrir, de forma dinámica, claves para fortalecer su relación, mejorar la comunicación y reavivar el amor.
“MatrimoniON”: el matrimonio en modo activo
La propuesta “MatrimoniON”, inspirada en la aplicación impulsada a nivel nacional, ofrece recursos prácticos, retos y reflexiones para activar la vida matrimonial en el día a día, ayudando a cuidar los pequeños gestos que sostienen el amor.
“Level Up! El juego de dos”
Otra de las actividades será “Level Up! El juego de dos”, una dinámica que plantea la vida matrimonial como un camino de crecimiento compartido, donde cada etapa superada fortalece la unión y la vocación de los esposos.
Un espacio para los jóvenes
La Semana del Matrimonio quiere abrir también un horizonte vocacional a las nuevas generaciones.
Por ello se ha organizado un encuentro dirigido a jóvenes, concebido como un espacio de diálogo, testimonio y cercanía, en el que se presentará el matrimonio cristiano como una vocación ilusionante y un camino posible de realización personal.
Este encuentro tendrá lugar el 11 de febrero de 2026, a las 19:30 horas, en la calle Gregorio Marañón nº 37, Portal C, entreplanta, en Almería.
Celebrar el amor
Dentro del programa se incluye igualmente una Cata de San Valentín, pensada como ocasión para compartir en pareja en un ambiente distendido, celebrando el don del amor y la importancia de cuidar el tiempo juntos.
Orar por las familias
La dimensión espiritual estará muy presente durante toda la semana con distintos momentos de oración por y para las familias, poniendo ante el Señor la realidad de los matrimonios y su misión en la Iglesia y en la sociedad.
Eucaristía de acción de gracias
La Semana del Matrimonio concluirá con la celebración de la Santa Misa de acción de gracias, que tendrá lugar el domingo 15 de febrero de 2026, a las 11:00 horas, en la parroquia de Montserrat, en Almería.
Será el momento culminante de la semana, donde se dará gracias a Dios por el don del matrimonio y se encomendará a todas las familias de la diócesis, renovando la llamada a vivir el amor conyugal como vocación cristiana.
Información y participación
Desde la Delegación de Pastoral Familiar se invita a todos los matrimonios, familias y jóvenes a participar en las actividades programadas y a informarse en sus parroquias, donde podrán encontrar más detalles de esta Semana del Matrimonio.
Ayer culminaron los días de celebración con motivo de la beatificación del Cura Valera con una solemne Misa de Acción de Gracias presidida por nuestro obispo diocesano, Don Antonio, acompañado por el obispo de Cartagena y el obispo de Getafe, hijo de este pueblo.
Uno de los momentos más emotivos se vivió al inicio de la celebración, cuando hizo su entrada en la iglesia parroquial la nueva imagen —la primera imagen del ya beato Cura Valera— portada por miembros de las distintas cofradías de la parroquia. El templo, completamente lleno, guardaba silencio mientras muchos fieles oraban visiblemente emocionados, sentimiento que alcanzó también al propio obispo diocesano.
Durante la celebración, Don Antonio pidió a Don Ginés que proclamara la homilía. En ella subrayó que el Cura Valera es “sal y luz del mundo”, recordando que su vida ha de ser ejemplo para todos. En sintonía con las palabras del Papa en la mañana del domingo, destacó que la figura del nuevo beato no pertenece solo a Huércal-Overa, sino que es un regalo para toda la Iglesia y para el mundo, como testimonio de vida sacerdotal entregada.
El predicador ofreció además varias claves para esta nueva etapa que ahora comienza tras la beatificación. En primer lugar, animó a dar a conocer la vida del Cura Valera, no solo desde el conocimiento, sino desde el amor y la imitación de sus virtudes. En segundo lugar, destacó su amor a los pobres como rasgo distintivo de su ministerio y como camino que los cristianos están llamados a continuar hoy.
Tras la Eucaristía tuvo lugar la procesión de las Lumbres que, debido al viento, se realizó sin las luminarias previstas y únicamente por la glorieta. Aun así, la participación fue muy numerosa. De hecho, cuando la cruz parroquial iniciaba el recorrido, la afluencia de público era tal que, según palabras del párroco, nunca había visto tanta gente reunida, ocupando no solo el templo sino también la cancela y la calle.
La celebración concluyó con la veneración de la reliquia del nuevo beato, un momento que se prolongó durante largo tiempo. El acto, que comenzó a las siete de la tarde, finalizó en torno a las diez de la noche.
Sin duda, han sido días muy significativos para la parroquia y para el pueblo, que los ha vivido con alegría y agradecimiento. Como se recordó al finalizar, este no es un punto final, sino el comienzo de una nueva etapa: la de seguir dando a conocer, vivir e imitar el legado del beato Cura Valera.
La Jornada Mundial del Enfermo, que se celebra el 11 de febrero, festividad de Nuestra Señora de Lourdes, nos invita este año a volver la mirada a una de las parábolas más conocidas y, al mismo tiempo, más exigentes del Evangelio (cf. Lc 10,25-37). La parábola del buen samaritano nos muestra, con claridad, el modo de amar de Jesucristo y nos interpela a actuar como Él, acercándonos con compasión y amor activo a cada prójimo que encontramos al borde del camino.
En su mensaje para esta Jornada, el Papa León XVI nos recuerda que la compasión cristiana no se queda en el puro sentimentalismo, sino que se traduce en cercanía concreta, compromiso y acción: «Tener compasión implica una emoción profunda, que mueve a la acción. Es un sentimiento que brota del interior y lleva al compromiso con el sufrimiento ajeno. En esta parábola, la compasión es el rasgo distintivo del amor activo. No es teórica ni sentimental, se traduce en gestos concretos; el samaritano se acerca, cura, se hace cargo y cuida». (Mensaje del Santo Padre León XVI para la XXXIV Jornada Mundial del Enfermo, 20.01.2026)
Atender al que sufre es salir a su encuentro, ofrecer nuestro tiempo, acoger su dolor y acompañarlo en su proceso de sanación, hasta que pueda reestablecerse, como hizo el Buen Samaritano. Por eso, en esta Carta Pastoral quiero dirigirme de manera especial a quienes estáis sufriendo en primera persona la enfermedad; a quienes ofrecéis cuidado; a aquellos que, a través de vuestro ministerio, acompañáis el alma y lleváis el “alimento eterno” a las casas; y a quienes desarrolláis vuestra vocación para sanar a través de vuestra labor en el ámbito sanitario.
Los enfermos: el rostro herido que nos interpela
Queridos enfermos: vosotros sois, como el hombre herido del camino, el primer destinatario de esta palabra. En nuestros hospitales, residencias de mayores y hogares de nuestras ciudades y pueblos, hay rostros concretos marcados por el dolor, la fragilidad y, en ocasiones, por la soledad.
La Iglesia os contempla no como un problema, sino como una presencia que interpela y enriquece. Vuestra dignidad permanece intacta y reclama respeto, cuidado y amor. Jesús mismo se identifica con vosotros: «Estuve enfermo y me visitasteis» (Mt 25,36).
Sabemos que no siempre es fácil vivir la enfermedad con serenidad. Hay momentos de cansancio, incertidumbre y preguntas sin respuesta. Pero son precisamente esos momentos los que nos permiten abrazar la cruz con la certeza de que el Señor nunca pasa de largo. Como el samaritano, se acerca, se inclina y permanece. Y creemos, con san Pablo, que incluso en la debilidad puede manifestarse la fuerza de Dios: «Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte» (cf. 2 Cor 12,9).
Las familias y los cuidadores: compasión hecha entrega diaria
Junto a los enfermos, la Iglesia reconoce y agradece la entrega silenciosa de tantas familias y cuidadores. Como el buen samaritano, os detenéis al borde del camino, cargando con el peso del cuidado, del cansancio físico y emocional, y muchas veces de la soledad.
Vuestra dedicación tiene un valor inmenso. Como recordaba san Juan Pablo II, el sufrimiento compartido y ofrecido puede convertirse en un lugar privilegiado de amor y comunión (cf. Salvifici Doloris). Os animamos a no vivir esta misión solos. Dejaos acompañar por la comunidad cristiana, por las parroquias y por la Pastoral de la Salud. Cuidar al cuidador es también responsabilidad de toda la sociedad y de la Iglesia.
Los ministros extraordinarios de la comunión: un puente necesario
En medio de la enfermedad y del dolor, un verdadero bálsamo para el alma es la labor silenciosa y constante que lleváis a cabo los ministros extraordinarios de la comunión. Vuestra presencia en hogares, residencias y hospitales se convierte en un signo elocuente de una Iglesia cercana, madre solícita y fiel compañera de camino para quienes, por diversas circunstancias, no pueden acudir a su parroquia.
Sois un puente entre la comunidad y los hermanos enfermos. Cuando lleváis la Eucaristía, lleváis a Cristo y la cercanía de una Iglesia que acompaña en los procesos de enfermedad. Como señaló el Papa Francisco, la Eucaristía es alimento para los frágiles y medicina para los heridos, no un premio reservado a unos pocos. Os animo a vivir este ministerio con hondura espiritual, sensibilidad humana y plena comunión eclesial. Alimentad vuestra propia vida interior para poder ofrecer a Cristo con manos limpias y corazón disponible.
Los visitadores de enfermos y los miembros de la Pastoral de la Salud también realizáis un servicio precioso y necesario. Con vuestra presencia consoladora, la escucha paciente, una palabra del Evangelio y una oración sencilla, ayudáis a que la persona enferma no se sienta sola, que los cuidadores se sientan también acompañados, y a que la comunidad cristiana no “pase de largo”. Visitar a los enfermos es una obra de misericordia que el Señor nos pide, y vuestra disponibilidad encarna la compasión del buen samaritano en el día a día; además, vuestro acompañamiento prepara y sostiene, en coordinación con los pastores, el encuentro con los sacramentos y con la comunión eclesial. Como en ocasiones os he manifestado, me gustaría que en cada comunidad hubiera un equipo de Pastoral de la Salud presente, organizado y acompañado.
Personal sanitario: la compasión en primera línea
En esta Jornada del Enfermo, también hay una mirada a los médicos, enfermeros y a todo el personal sanitario que desarrolláis vuestra vocación en hospitales, centros de salud, residencias y servicios de atención domiciliaria de nuestra diócesis. Vuestra tarea diaria os sitúa muchas veces en primera línea del dolor humano, no solo curando, sino acompañando, escuchando y sosteniendo. Sabemos que no siempre es fácil ejercer esta profesión en un contexto de presión, escasez de tiempo y cansancio acumulado. La Iglesia os agradece profundamente vuestra entrega y os anima a seguir siendo, cada uno desde su responsabilidad, auténticos samaritanos que se detienen ante quien sufre. Vuestra competencia profesional, unida a la cercanía humana y al respeto a la dignidad de cada paciente, es una forma concreta de vivir la compasión que brota del Evangelio y de hacer presente la esperanza allí donde parece debilitada.
Una llamada a toda la comunidad cristiana
La parábola del buen samaritano termina con una pregunta decisiva: «¿Quién fue prójimo?» (Lc 10,36). Esta Jornada Mundial del Enfermo nos invita a responder no con palabras, sino con gestos concretos. Todas nuestras parroquias están llamadas a ser lugares de acogida, visita y acompañamiento, especialmente hacia quienes viven la enfermedad y la soledad.
Como recordó Benedicto XVI, la caridad cristiana no puede ser delegada ni reducida a una estructura: es una responsabilidad personal y comunitaria. Una Iglesia samaritana es una Iglesia que se detiene, se acerca y permanece.
Pidamos al Señor un corazón compasivo, capaz de amar llevando el dolor del otro. Que María, Salud de los Enfermos, acompañe a quienes sufren, sostenga a quienes cuidan y fortalezca a quienes sirven.
La Iglesia de Jaén celebró este domingo, 8 de febrero, la Jornada Nacional de Manos Unidas, dando comienzo a la 67ª Campaña contra el Hambre, bajo el lema «Declara la guerra al hambre».
La S.I. Catedral de la Asunción acogió la Eucaristía de apertura de la campaña, que se prolongará a lo largo de todo el año. La Delegación Diocesana de Manos Unidas se ha comprometido con cuatro proyectos de desarrollo en Etiopía, Filipinas, Ecuador y Bolivia, que suponen una inversión de más de 340.000 euros, para los que se solicita la colaboración de todos los jiennenses.
Así, a las 11.30 horas, comenzaba la Santa Misa presidida nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, y concelebrada por el canónigo y formador del Seminario, D. Raúl Contreras, y D. Antonio Lara, que ejerció de maestro de matrimonios. También, participaron los seminaristas mayores y numerosos voluntarios de Manos Unidas, que se encargaron de las lecturas, la oración de los fieles, las ofrendas y la colecta. El acompañamiento musical corrió a cargo del coro dirigido por el canónigo organista, D. Alfonso Medina.
Durante la celebración el Prelado jiennense quiso pedir, además, por las dificultades meteorológicas que afectan a distintos puntos de España, especialmente Andalucía y Extremadura; y encomendó, de manera particular, el inicio de la Misión Mariana Diocesana de la Virgen de la Cabeza peregrina, camino de preparación al Jubileo de 2027, que busca reavivar la fe, despertar el corazón, llamar a la conversión y al compromiso cristiano.
Homilía En su homilía, el Obispo quiso agradecer a la Delegación de Manos Unidas y a todos sus voluntarios el trabajo generoso e incansable que realizan durante todo el año. Y recordó que la fe no consiste solo en realizar acciones aisladas, sino en vivir de manera coherente el Evangelio en medio del mundo. “El Señor, hoy, con palabras muy sencillas, nos recuerda quiénes somos los bautizados. No nos propone solo ‘hacer algo’; nos revela nuestra identidad: ‘Vosotros sois la sal de la tierra… vosotros sois la luz del mundo’”.
Don Sebastián explicó que esta llamada no es una invitación al protagonismo, sino al servicio humilde y silencioso. Del mismo modo que Jesús miró a aquellos primeros discípulos y les dijo «vosotros sois», recordó que esa misma palabra resuena hoy en la Iglesia. “Hoy nos lo dice a nosotros, a nuestras familias, a nuestras parroquias: no para lucir, sino para servir; no para imponernos, sino para iluminar y dar sabor desde dentro”.
Al hilo de la Jornada de Manos Unidas, el Pastor diocesano subrayó el sentido profundo del lema de este año, «Declara la guerra al hambre», recordando que la lucha contra el hambre es inseparable de la construcción de la paz. “Hoy la Iglesia nos pide que pongamos nombre a una realidad dolorosa: el hambre. Manos Unidas nos recuerda que el hambre no es solo una desgracia, muchas de las veces es consecuencia de la desigualdad, de la injusticia y también de la violencia. Por eso la campaña insiste en que luchar contra el hambre es construir paz, y subraya que la paz verdadera se edifica garantizando vida digna, educación, justicia y derechos”.
Y refiriéndose, concretamente, a los proyectos asumidos por la Diócesis para este año señaló que son signo visible de una Iglesia que transforma la oración en compromiso: “cuatro ‘obras’ que ayudan a que la luz no se quede en palabras”. Para añadir: “el hambre es una violencia silenciosa: no hace ruido, pero mata”.
Asimismo, Monseñor Chico Martínez, haciendo referencia al profeta Isaías, recordó que la fe auténtica se traduce en gestos concretos de misericordia y cercanía, porque “para Dios, la luz no es un discurso perfecto; la luz es una vida que se vuelve misericordia. Cuando una comunidad cristiana comparte, acompaña, sostiene, se compromete, entonces el mundo entiende que Dios no es una idea: Dios es Padre y tiene corazón”.
Del mismo modo, y como propuesta concreta para vivir esta Jornada de Manos Unidas, el Obispo animó a los fieles a realizar cuatro gestos sencillos, al alcance de todos: Oración, por quienes pasan hambre y por quienes trabajan por la justicia; ayuno voluntario, como signo de solidaridad y conversión del corazón; limosna y colecta generosa, compartiendo con amor lo que se tiene; y compromiso, informándose, educando y revisando hábitos de consumo para promover un desarrollo justo.
Finalmente, Don Sebastián concluyó alentando a los fieles a dar un testimonio auténtico de su fe. “El Señor no nos pide que seamos perfectos; nos pide que seamos verdaderos. Y la verdad del cristiano se reconoce en esto: que su luz no es para él, sino para los demás”.
Tras la bendición final, la Delegada de Manos Unidas, Lidia Casado, agradeció al Obispo su cercanía y dio las gracias a los todos los jiennenses por su generosidad constante. Posteriormente, la misionera Scalabriniana Carla Luisa Frey Bamberg, compartió brevemente su experiencia de misión en Angola y su trabajo como socia local de Manos Unidas allí. La celebración concluyó con una fotografía de familia a los pies del altar.
Las colectas del fin de semana, de todas las parroquias del Santo Reino, se destinarán íntegramente a los proyectos de la campaña, para que la caridad de la Iglesia de Jaén siga siendo, como recordó nuestro Pastor diocesano, sal que dé sabor y luz que ilumine, en medio de las necesidades del mundo.
La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla celebró el pasado 5 de febrero la VIII Jornada de Filosofía, organizada por el Departamento de Filosofía, con una excelente acogida, un numeroso grupo de asistentes que llenó la sala, confirmando el interés por la reflexión filosófica ante los retos culturales contemporáneos.
La sesión se abrió con las palabras del presidente-decano, Manuel Palma, quien agradeció la asistencia —incluso en un contexto de condiciones climáticas adversas— y enmarcó la jornada en un “cambio de época”. Subrayó la necesidad de un discernimiento antropológico y ético ante la inteligencia artificial y, en línea con las conclusiones recogidas en la Nota de 2025 de los Dicasterios para la Doctrina de la Fe y para la Cultura y la Educación (Antiqua et nova), recordó que la técnica ha de estar al servicio de la persona, evitando tanto reducir la inteligencia a un rendimiento computacional como caer en simplificaciones. Concluyó invitando a acoger sus posibilidades reales y a reconocer también límites y riesgos “bajo el criterio de la dignidad humana y de la formación integral”.
Seguidamente intervino el director del Departamento de Filosofía, Miguel Ángel Núñez, quien presentó al ponente.
A continuación, José Santiago Pons, decano de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de la Universidad Católica de Valencia (UCV), en su conferencia «Pensar la inteligencia artificial como desafío para la filosofía», ofreció una reflexión crítica sobre el alcance, las posibilidades y los límites de la IA, subrayando la necesidad de un discernimiento filosófico riguroso ante su creciente presencia en la vida académica y social.
El ponente comenzó destacando la importancia del lenguaje al hablar de “inteligencia artificial”, recordando que “nombrar las cosas no es un ejercicio neutro: el lenguaje condiciona nuestra comprensión de la realidad”. Desde esa premisa, precisó que la IA no equivale a una inteligencia humana: se trata, principalmente, de la optimización de herramientas de procesamiento masivo de datos integradas hoy en modelos más potentes y accesibles, pero sin cognición propia ni conocimiento directo de lo real.
Uno de los puntos centrales fue su relación con la verdad. Explicó que la IA opera sobre datos y estructuras formales: trabaja en el plano de la sintaxis, pero no accede al significado ni a la referencia intencional a la realidad. Por ello puede generar discursos verosímiles, sin que ello implique comprensión.
El profesor Pons señaló también usos positivos en el ámbito del estudio y la investigación: búsqueda de información, síntesis de datos, apoyo a la redacción y organización del trabajo, pero advirtió de riesgos de un uso acrítico: dependencia tecnológica, empobrecimiento del juicio y “aplanamiento” del pensamiento, así como una posible desvinculación de la realidad cuando se sustituye la experiencia y el discernimiento personal por resultados automatizados.
Finalmente, concluyó desde una perspectiva antropológica recordando que la inteligencia humana —un don orientado al conocimiento de la verdad— no se reduce al cálculo formal, sino que implica apertura a lo real, comprensión del sentido y capacidad crítica. Por ello, la IA no sustituye el ejercicio del pensamiento, sino que lo vuelve más necesario. La sesión terminó con una invitación a integrar estas herramientas al servicio del ser humano, bajo criterios éticos y verdaderamente humanizadores.
La Facultad agradece la presencia del ponente y de todos los asistentes, así como la participación de quienes hicieron posible el desarrollo de una Jornada que, una vez más, impulsa el diálogo entre fe y razón y promueve un pensamiento crítico ante los desafíos del presente.