

JORNADA MUNDIAL DE ORACIÓN POR LAS VOCACIONES
Y JORNADA DE VOCACIONES NATIVAS
VIERNES: EL GRANO DE MOSTAZA
Lo pequeño puede ser inmenso: Mc 4, 30-34
Dijo también: —¿Con qué compararemos el reinado de Dios? ¿Con qué parábola lo explicaremos? Con una semilla de mostaza: cuando se siembra en tierra es la más pequeña de las semillas; después de sembrada crece y se hace más alta que las demás hortalizas, y echa ramas tan grandes que las aves del cielo pueden anidar a su sombra.
Con muchas parábolas semejantes les exponía la Palabra, conforme a lo que podían comprender. Sin parábolas no les exponía nada; pero aparte, a sus discípulos les explicaba todo.
La mostaza es una semilla pequeña. Casi invisible. Pero llena de vida.
Así es el Reino de Dios. Así son muchas vocaciones. No empiezan con fuegos artificiales. Empiezan con un “sí” pequeño.
La Misa termina con envío: “Ite, missa est”. Que significa literalmente «Id, (la asamblea/oración) ha sido enviada». Por tanto, no es “se acabó”. Es “ahora te toca”.
La Eucaristía nos convierte en misioneros. No podemos guardar a Cristo para nosotros. Una Iglesia eucarística es una Iglesia misionera. Y una Iglesia misionera necesita vocaciones.
Afirmaciones que despiertan
Por eso esta semana estamos repitiendo con fuerza:
- La vida, mi vida, vocación.
- Mi vida es una misión
- Al decir sí a Dios y ser misionero, construimos una cultura vocacional.
Y recordamos que todos oramos por todos:
- Oramos por los que ya han dicho sí.
- Oramos por los que tienen miedo.
- Oramos por los que sienten una inquietud.
- Oramos por nosotros mismos.
- Porque cuando un joven descubre su vocación, el mundo cambia.
Iluminación
- La vocación no empieza con algo gigante.
- Empieza con un gesto pequeño pero sincero.
- La Misa termina con envío: “Ite, missa est”. No es el final. Es misión.
- Una Iglesia eucarística es una Iglesia misionera. Y una Iglesia misionera necesita jóvenes valientes.
Oración vocacional
Oh Dios, Padre bueno,
Señor y dueño de la mies,
escucha la oración de tu Iglesia,
«asamblea de llamados».
Concédenos abundantes y santas vocaciones
sacerdotales, consagradas y contemplativas,
al matrimonio y vida familiar,
misioneras, apostólicas y laicales,
garantía de vitalidad para el porvenir de tu Iglesia,
aquí y en cualquier parte del mundo.
Haz que vivamos «la vida como vocación»,
a la que Tú nos llamas.
Para que respondamos a tu llamada
en la variedad de vocaciones y carismas.
Danos sabiduría para anunciar
el Evangelio de la vocación;
discernimiento para acompañar a todos
en su camino vocacional;
y generosidad para servirte
en una renovada «pastoral de la llamada». Amén.


































