Las inscripciones permanecerán abiertas hasta el 7 de septiembre.
La Delegación de Pastoral Familiar y Vida de la Archidiócesis de Granada ha abierto el plazo de inscripción para el cuatrimestre de otoño del curso “Amor humano, matrimonio y familia”, una propuesta formativa dirigida a profundizar en la visión cristiana del amor, el matrimonio y la familia a la luz del Magisterio de la Iglesia. Las clases comenzarán el próximo 12 de septiembre y se desarrollarán hasta el mes de diciembre en el Centro de Estudios Superiores La Inmaculada.
El itinerario está orientado especialmente a adultos que colaboran o desean colaborar en el acompañamiento de familias desde sus parroquias, movimientos apostólicos o proyectos de la Delegación de Pastoral Familiar y Vida, aunque permanece abierto a cualquier persona interesada en recibir esta formación. El curso forma parte de un programa cíclico de dos años que combina clases presenciales, trabajos académicos y una jornada anual de convivencia.
El programa del primer cuatrimestre abordará cuestiones de actualidad relacionadas con la fe y la vida familiar. Entre los temas previstos figuran el compromiso cristiano en la vida pública, la economía familiar desde la perspectiva de la doctrina social de la Iglesia, la lectura comentada de la encíclica “Magnifica humanitas”, la relación entre amor, neurobiología y sexualidad, la educación afectiva, los desafíos de la familia en el mundo actual, la defensa de la vida… Las sesiones serán impartidas por profesores especializados en teología, filosofía, economía, medicina y pastoral familiar.
Las clases tendrán lugar un sábado al mes, en horario de mañana y tarde, durante los meses de septiembre, octubre, noviembre y diciembre. El número de plazas está limitado a 40 participantes y el plazo de matriculación permanecerá abierto hasta el 7 de septiembre.
Las personas interesadas pueden solicitar más información a través del correo electrónico cursoamorhumano@gmail.com.
Para realizar la inscripción los interesados podrán hacerlo en ESTE ENLACE.
La novena en honor a la Virgen de los Reyes contará este año con un predicador muy especial. El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, O.S.A., será el encargado de preparar espiritualmente a los fieles en los días previos a la solemnidad de la Asunción de la Virgen María. Su presencia adquiere un significado singular, ya que coincide con la celebración del centenario de la Arquidiócesis de Panamá y pone de relieve los profundos lazos históricos y espirituales que unen a ambas iglesias desde los comienzos de la evangelización del continente americano.
Monseñor Ulloa confiesa que recibió la invitación «con una profunda emoción y gratitud». Más que un reconocimiento personal, la interpreta como un gesto de comunión eclesial. «No siento que sea una invitación a mi persona, sino a toda la Iglesia que peregrina en Panamá. También es un signo de comunión entre dos iglesias hermanas unidas desde los albores de la evangelización», afirma.
Predicar ante la Virgen de los Reyes, añade, supone adentrarse en una historia de fe que ha acompañado durante siglos al pueblo sevillano. Aunque mira a Sevilla desde la perspectiva de un pastor panameño, reconoce la fuerza de una devoción que continúa plenamente viva.
«Conozco la enorme importancia histórica y espiritual de la Virgen de los Reyes. Me impresiona cómo esta devoción sigue siendo capaz de reunir a generaciones enteras alrededor de María y continúa conduciendo a las personas hacia Cristo».
Dos iglesias unidas por la historia
La presencia del arzobispo panameño en la Catedral de Sevilla tiene una profunda significación. Desde el puerto sevillano partieron los primeros evangelizadores hacia el Nuevo Mundo y Panamá fue uno de los primeros territorios donde la semilla del Evangelio comenzó a dar fruto. «Hoy ese camino parece invertirse», explica. «Un obispo panameño viene a predicar a Sevilla, especialmente en un momento muy importante para nuestra Iglesia, al celebrar el centenario de la Arquidiócesis de Panamá».
Ese vínculo histórico encuentra también un puente en la devoción mariana. Santa María la Antigua, patrona de Panamá, mantiene una estrecha relación con Sevilla, una herencia espiritual que el arzobispo considera un verdadero signo de comunión entre ambas circunscripciones eclesiásticas.
«Toda mi vida sacerdotal ha estado profundamente marcada por Santa María la Antigua. Predicar ante la Virgen de los Reyes es un hermoso encuentro entre dos advocaciones marianas que unen la historia espiritual de Sevilla y de Panamá».
María, Madre de la esperanza
Toda la predicación de la novena tendrá un hilo conductor muy claro: María como Madre de la esperanza. «María nunca aparta la mirada de sus hijos. Ella sigue diciendo hoy lo mismo que en Caná: ‘Haced lo que Él os diga’. Quien camina con María nunca pierde la esperanza porque ella siempre conduce a Cristo».
En un momento en el que muchas personas viven marcadas por la incertidumbre, el arzobispo considera que la sociedad necesita volver a escuchar un mensaje de esperanza: «El mundo necesita saber que Dios no se ha cansado ni se ha olvidado de nosotros. Tenemos una Madre en el cielo que nos recuerda constantemente que Dios permanece fiel».
Para monseñor Ulloa, María enseña un camino profundamente actual. «Nos enseña tres verbos muy necesarios hoy: escuchar, guardar y servir. Vivimos hablando mucho y escuchando poco; corriendo mucho y contemplando poco; exigiendo mucho y sirviendo poco», añade.
Una fe que pasa de generación en generación
El arzobispo de Panamá reivindica también el valor de la piedad popular como una auténtica escuela de evangelización. «La auténtica piedad popular es una fe sencilla, pero no superficial. Cuando está bien evangelizada, educa el corazón, transmite la fe entre generaciones y hace accesible el Evangelio incluso a quienes quizá nunca leerán un tratado de teología», subraya.
Por ello insiste en que la verdadera devoción mariana siempre desemboca en Cristo: «María nunca dice: ‘Mírenme a mí’. Siempre dice: ‘Haced lo que Él os diga’. Para saber si una devoción mariana es auténtica hay que preguntarse si me acerca más al Evangelio, a la Eucaristía y al servicio de los pobres».
La Novena, una oportunidad para volver a Dios
Monseñor Ulloa considera que la novena de la Virgen de los Reyes continúa siendo uno de los grandes momentos evangelizadores de la Archidiócesis.
«La novena sigue siendo uno de los grandes atrios donde muchas personas vuelven a acercarse a la Iglesia. Hay quienes entran en la Catedral por tradición, por curiosidad o porque están sufriendo. Precisamente ahí existe la posibilidad de encontrarse con Cristo», apunta.
Más que impartir enseñanzas, explica, desea compartir la experiencia de una Iglesia misionera que ha aprendido que la diversidad es una riqueza cuando Cristo ocupa el centro: «La experiencia de la Jornada Mundial de la Juventud nos recordó que una Iglesia abierta, acogedora y misionera sigue despertando esperanza».
Un deseo para Sevilla
Al concluir la novena, el arzobispo panameño solo espera una cosa: que quienes participen regresen a sus hogares con el corazón renovado. «Espero que se encuentren con Dios, que experimenten una Iglesia que los espera y los abraza sin juzgar, y un Cristo vivo que sigue diciendo hoy, como hace dos mil años: ‘No tengan miedo’», señala.
Y añade cuál sería, para él, el fruto más hermoso de estos días de preparación para la fiesta de la Virgen de los Reyes: «Si al salir de la Catedral alguien recupera la esperanza, vuelve a rezar o decide dar un paso para reencontrarse con Dios, la novena habrá dado el fruto más hermoso».
El administrador apostólico de la Diócesis de Cádiz y Ceuta, Mons. Ramón Valdivia, ha acompañado a los jóvenes de la diócesis en la tradicional peregrinación de verano organizada por la Delegación de Pastoral Juvenil, que se celebra del 22 al 30 de julio y que este año tiene como destino el Santuario de Covadonga, en Asturias.
La iniciativa, dirigida a jóvenes de entre 16 y 30 años, ofrece una experiencia de fe, convivencia y crecimiento personal, consolidándose como una de las principales propuestas estivales de la Pastoral Juvenil diocesana. Como cada verano, el objetivo es brindar a los participantes la oportunidad de vivir una experiencia compartida de Dios y de Iglesia, fortaleciendo la vida comunitaria y profundizando en el seguimiento de Jesucristo.
La peregrinación busca, además, ayudar a los jóvenes a descubrir la belleza de una vida entregada al servicio y a la vocación a la que el Señor llama a cada persona. En esta edición, el recorrido tiene como eje principal la visita al Santuario de Covadonga, poniendo el camino bajo la protección de la Virgen María.
El programa incluye también una peregrinación a pie hasta el Monasterio de Santo Toribio de Liébana, en Cantabria, donde los participantes tendrán la oportunidad de venerar el Lignum Crucis.
Junto a las actividades propiamente religiosas, los jóvenes participan en momentos de oración, formación y convivencia, así como en diversas propuestas lúdicas y visitas a lugares de interés a lo largo del recorrido. Desde la organización destacan que esta experiencia combina espiritualidad, naturaleza, cultura y amistad, convirtiéndose en una oportunidad para vivir un verano diferente junto a otros jóvenes de la diócesis.
Durante los primeros días de la peregrinación, Mons. Ramón Valdivia ha acompañado al grupo, compartiendo con ellos diferentes momentos de la experiencia. El administrador apostólico ha celebrado la Eucaristía en la Montaña de la Virgen, además de ofrecer acompañamiento espiritual y dirigir varios encuentros formativos, animando a los jóvenes a profundizar en su fe y a vivir con intensidad esta peregrinación.
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La Basílica de Nuestra Señora de la Caridad Coronada, en Sanlúcar de Barrameda, acogerá el próximo sábado 1 de agosto, a las 20:00 horas, la solemne Misa de consagración de su altar mayor.
La celebración estará presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien realizará el rito de dedicación del altar de la Basílica donde recibe culto la Patrona excelsa y Alcaldesa perpetua de la ciudad.
Durante la celebración será colocada en el ara del altar una reliquia de Santa María de la Purísima, donada por las Hermanas de la Cruz, quedando así incorporada de manera permanente a este lugar central de la vida litúrgica del templo.
La comunidad parroquial, junto a su párroco y Vicario General de la Diócesis, D. Roberto Romero, ha invitado a todos los fieles a participar en esta celebración, expresando que «estamos todos convocados como Iglesia en torno a Cristo, piedra angular de nuestra comunidad y altar del amor entregado».
La consagración del altar constituirá un momento especialmente significativo para la comunidad cristiana de Sanlúcar de Barrameda y para toda la Diócesis de Asidonia-Jerez, al poner en el centro a Cristo y renovar la vida de fe en torno a la Eucaristía.
La Parroquia de Santa Ana de Jerez de la Frontera acogió en la tarde de ayer la celebración de la VI Jornada de los Abuelos y Mayores, vivida en torno a una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
La celebración reunió a fieles, familias, abuelos y personas mayores de la comunidad parroquial, y contó también con la presencia de autoridades municipales y autoridades eclesiales como la Delegación de la Pastoral de Familia y Vida de la Diócesis, organizadora de esta jornada dedicada a los mayores de nuestras familias.
Durante la Eucaristía tuvo lugar la bendición de una nueva imagen de Santa Ana y la Virgen María, destinada a la parroquia.
En la homilía, Mons. José Rico Pavés invitó a los fieles a detenerse en la pregunta que Jesucristo plantea en el Evangelio: «¿Habéis entendido todo esto?», señalando que la cercanía con el Señor «nos abre el horizonte de la verdad y nos permite encontrar sentido a todo cuanto hacemos y a todo lo que nos pasa». El prelado explicó que esta misma pregunta ayuda a comprender tanto la celebración de la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores como la bendición de la nueva imagen de Santa Ana con la Virgen María Niña.
Tomando como referencia unas palabras de san Anselmo —«No te pido, Señor, entender para creer, sino creer para llegar a entender»—, recordó que es la fe la que permite descubrir el verdadero sentido de la vida. En este contexto, afirmó que creer significa «mirar con los ojos de Jesús», una mirada que nace del seguimiento de Cristo y de permanecer junto a Él.
Refiriéndose a la Jornada de los Abuelos y de los Mayores, destacó que las personas mayores son «portadoras de la experiencia de la vida» y que gracias a ellas comprendemos mejor quiénes somos. Por ello, invitó a vivir una primera actitud de agradecimiento a Dios por nuestros mayores, reconociendo el testimonio de quienes han precedido a las nuevas generaciones en el camino de la fe y de la vida.
Asimismo, profundizó en el lema de la Jornada, «Yo nunca me olvidaré de ti», subrayando que debe convertirse en un compromiso concreto de cada cristiano. En este sentido, recordó que el cuidado de los mayores no puede recaer únicamente en las instituciones, sino que ha de ser una responsabilidad asumida personalmente, acompañándolos con cercanía, gratitud y dedicación.
Meditando las parábolas proclamadas en el Evangelio, el Sr. Obispo explicó que el Reino de Dios exige una respuesta plena y una entrega sin reservas. Aludiendo al tesoro escondido y a la perla de gran valor, señaló que seguir a Cristo implica reconocer que Él es el mayor bien y estar dispuestos a entregarlo todo por alcanzarlo. Desde esa perspectiva, animó también a no escatimar medios, recursos, esfuerzos ni tiempo en el acompañamiento de los mayores, para seguir aprendiendo de la sabiduría que proporciona toda una vida.
Sobre la parábola de la red que recoge peces de toda clase, recordó que el anuncio del Evangelio está dirigido a todos y exhortó a «no dejar a nadie en el camino», invitando a que el cuidado y la cercanía hacia las personas mayores alcancen a todos, según las necesidades de cada uno.
En la parte final de su predicación, Mons. Rico Pavés explicó el significado de la nueva imagen de Santa Ana con la Virgen María Niña, recordando que las imágenes sagradas son «la Biblia de la gente sencilla», pues ayudan a contemplar los misterios de la fe y conducen al encuentro con Cristo. Expresó además su deseo de que esta imagen suscite una auténtica piedad entre los fieles y mantenga siempre vivo el compromiso de recordar, cuidar y acompañar a las personas mayores.
Finalmente, evocando la petición de sabiduría del rey Salomón, invitó a pedir al Señor el don de la gracia por encima de cualquier bien temporal, concluyendo con una llamada a custodiar el tesoro que es Cristo, anunciar el Evangelio y encomendarse a la intercesión de Santa Ana y de la Santísima Virgen María para vivir con fidelidad la fe y el compromiso con los mayores.
Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Domingo XVII del Tiempo Ordinario, celebrada en la Catedral el 26 de julio de 2026.
Querido don Ildefonso,
Queridos hermanos y hermanas, que os habéis dado cita en nuestra Catedral en este domingo del mes de julio, el XVII del Tiempo Ordinario,
También a los que estáis de visita en Granada, disfrutando también de nuestra bella ciudad y os habéis unido a esta celebración, como los que nos siguen a través de la televisión. Gracias por vuestra presencia.
¿Y qué nos dice hoy la Palabra de Dios? Seguimos con las parábolas de Jesús, con esos ejemplos, con esos cuentos que nos va poniendo Jesús para que nos apliquemos el cuento, para que saquemos esa enseñanza para nuestra vida, para la vida cristiana. Que, en definitiva, es reflejar en nosotros al mismo Cristo. San Pablo decía “Mi vivir es Cristo. Yo no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”.
Pues de eso se trata, los cristianos, que reflejemos en nuestra vida la vida de Jesús. Y eso es lo que han hecho los santos, siendo tan distintos en época, en edad. En todos hay un denominador común, que se parecen a Jesús. Que han tomado el Evangelio en serio, su enseñanza. Y hay un numerador distinto, cada uno es como es, con su carácter, con su manera de ser. En todas las épocas. Y también en los santos de la puerta de al lado, que nos decía el Papa Francisco, y que solo no damos cuenta cuando nos falta… Que sentimos el vacío de esa santidad, de esa bondad, de ese ejemplo y de ese testimonio de Jesús. A nosotros también se nos pide. ¿Y qué nos pide el Señor hoy?
Pues, primero que le pidamos, como el joven Salomón que llega a ser rey muy joven, hereda un pueblo de Israel, un pueblo de Dios maltrecho, con dificultades… ¿Y que le pide al Señor? Le pide sabiduría. Eso es lo que nos falta en nuestro mundo, a nosotros. Sí, estamos en la edad de la cultura, del conocimiento. En esta civilización, llamamos así, de la informática. Y se hacen realidad esos versos de Elliot, ¿dónde está la sabiduría que hemos perdido con el conocimiento? ¿Dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?
Tenemos más información que nunca. Nos volveríamos locos si fuésemos capaces de descifrar, de descodificar, de tan siquiera percibir todo lo que se mueve en el medio ambiente. De ondas, de mensajes… Todo eso nos volvería locos. Ya casi nos vuelve locos nuestro móvil. Donde vemos que nos llega cantidad de información que no nos da tiempo casi ni a procesar. Que se va poniendo ahí, en la cola personal de cada uno.
Tenemos tantos canales, tanta información, tantas cosas. Más que nunca. Pero realmente, ¿conocemos más? ¿O sólo la gente conoce la parcela, la especialidad? Ya no hay esas personas de conocimiento universal, esos humanistas que saben. Y sobre todo, nos falta sabiduría. Esa sabiduría que la tradición atribuye a los mayores, esa sabiduría de saborear la vida, de tener la experiencia de haber acumulado conocimiento y haberlo reposado en el corazón. Y tener, junto con la experiencia de la vida, del vivir, la personal o la heredada… Saber dar respuesta a los problemas, a las inquietudes, a las dificultades que se nos presentan.
Pues esa sabiduría hemos de pedir al Señor. Pero hay algo muy particular que pide Salomón en esa sabiduría. El discernimiento del bien y del mal. No habrá por lo que me apetece, por lo que me sale, por lo que me gusta. Por lo que dice la mayoría o la moda a la que seguimos casi automáticamente, cuando no inconscientemente. Con muchas maneras de obligarnos, de inducirnos.
Bueno, pues ¿somos realmente poseedores de esa sabiduría de distinguir el bien y el mal? Pues eso lo hace la conciencia. Una conciencia formada en la ley de Dios. Una conciencia que se basa en la naturaleza humana, en la ley natural. Lo que llamaba el Papa Benedicto, la gramática del corazón. Que no va según las modas. Lo que ayer era blanco ahora es negro. Lo que ya era bueno, ahora es malo. Lo que ayer era malo, ahora es bueno. Según el sol que más calienta.
Decía uno de los hermanos Marx. Le decía a su interlocutor, “Mire, tengo estas convicciones. Pero si a usted no le gusta, tengo otras”. No. Viviendo con esa coherencia de vida, y lógicamente quien es cristiano, con la coherencia de vida del Evangelio. Porque en Él hemos encontrado ese tesoro, que es el mismo Dios, que es la razón de nuestra vida, que son esos valores.
El Evangelio hoy nos invita a saber distinguir, saber tener criterio. Criterio viene de “Κριτήρια” en griego. Es cribar. Es el que criba y se queda con el grano y tira la paja. Es quedarse con lo que realmente vale y desechar lo malo en nuestra vida. Queridos amigos, tenemos que tener criterio, tenemos que cribar, tenemos que saber distinguir el bien del mal. Y esa es una dimensión moral, esa es una dimensión humana.
No es lo que me apetece, lo que no me apetece de una fuerza instintiva. Es pensar “esto es bueno para Dios, es bueno para mí, es bueno para los demás”. ¿Esto me ayuda a ser mejor, no solo a tener más? La calidad de vida está no solo en tener más cosas, en ser mejores. El ser humano no solo busca tener medios de vida. Claro que hemos de buscarlo y hemos de pedir y trabajar para que todos lo tengan y no haya diferencias.
Pero el ser humano busca las razones por las que vive. Y ahí entra esa sabiduría. Ahí entra la búsqueda de ese tesoro que hace que supeditemos todo lo demás. Y son los criterios del Señor. Es su ley santa.
Vamos a pedirle hoy al Señor que nos dé esa sabiduría. Y vamos a acudir a la Virgen. A ella la invoca el pueblo cristiano como asiento de la sabiduría.
Ella nos ha dado Cristo, que se define a sí mismo como la Verdad. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Pues Cristo “verdad” nos ayude a encontrar el sentido, a vivir en consecuencia, y en definitiva, como nos ha dicho san Pablo, a reflejar en nosotros a Cristo. Para que, como decía aquella persona en su oración “Señor, que quien me mire te vea”. En cada una de nuestras circunstancias, de nuestra manera de ser, que vea en nosotros reflejado la fuerza convincente que vale más que un sermón, que es la de nuestro ejemplo. No solo de nuestras palabras.
Sacerdote diocesano que entregó más de sesenta años al servicio de la Iglesia granadina.
El sacerdote diocesano D. Antonio Quitián González falleció el pasado 24 de julio de 2026 en Granada, a los 97 años de edad. Natural de Güéjar Sierra, nació el 6 de diciembre de 1928 y recibió la ordenación sacerdotal el 31 de mayo de 1952 en Barcelona, iniciando un ministerio que se prolongó durante más de sesenta años al servicio de la Iglesia granadina.
Sus primeros destinos pastorales estuvieron vinculados a las parroquias de Nuestra Señora de las Mercedes de Tiena y de Olivares, así como a San José de los Limones y San José de Tózar, donde desempeñó diversas responsabilidades entre 1952 y 1966.
A partir de 1966 desarrolló buena parte de su ministerio en la ciudad de Granada. Fue capellán del Monasterio de la Visitación (Salesas) y vicario cooperador de la parroquia de San Agustín hasta 2013. Al mismo tiempo, ejerció durante veinticinco años como párroco de Nuestra Señora del Pilar, etapa que marcó gran parte de su trayectoria sacerdotal.
Posteriormente, continuó su servicio pastoral como vicario parroquial de Jesús Obrero y, desde 1999, asumió nuevas responsabilidades como administrador parroquial de San Antón de Caparacena y copárroco de Nuestra Señora de la Consolación de Pinos Puente, donde permaneció hasta 2013.
Unidos en la esperanza de la Resurrección, encomendamos su alma al Señor y pedimos por su eterno descanso.
La parroquia de Santa Ana, en Cádiz, acogió el pasado domingo 26 de julio un emotivo acto de reconocimiento a la feligresa Teresa Guiertych, distinguida con el título de «Feligrés Ejemplar» por su dilatada y ejemplar dedicación a la evangelización y a la divulgación de la doctrina católica. La entrega tuvo lugar durante la celebración de la eucaristía del XVII Domingo del Tiempo Ordinario, coincidiendo con la festividad de san Joaquín y santa Ana, abuelos del Señor Jesús, y en el marco de la VI Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, promovida por la Iglesia universal.
La homenajeada, que ya recibió hace algunos años la medalla Pro Ecclesia Gadicense et Septense concedida por la Diócesis de Cádiz y Ceuta en reconocimiento a su destacada labor pastoral diocesana, no pudo estar presente al encontrarse fuera de la ciudad. En su nombre recogió la distinción su hijo, Carlos Revenga Guiertych, de manos de María del Mar Manuz Leal, directora del Secretariado Diocesano de Personas Mayores.
Durante el acto, Carlos Revenga dio lectura a unas palabras escritas por su madre, en las que expresaba su profundo agradecimiento por un reconocimiento que calificó de «inmerecido», al tiempo que manifestaba su deseo de seguir sirviendo a la Iglesia con humildad y fidelidad. El sencillo homenaje estuvo marcado por un ambiente de cercanía y emoción, concluyendo con una cálida y prolongada ovación de los fieles asistentes.
La celebración coincidió con la Jornada Mundial de los Abuelos y los Mayores, instituida por el papa Francisco y celebrada cada año en torno a la memoria litúrgica de san Joaquín y santa Ana. En esta edición de 2026, el papa León XIV dirigió un mensaje a toda la Iglesia en el que recordó que las personas mayores «son un tesoro de memoria, fe y esperanza para las nuevas generaciones» y animó a las comunidades cristianas a fortalecer los vínculos entre jóvenes y mayores, promoviendo una auténtica cultura del encuentro y del cuidado. Asimismo, invitó a reconocer el papel insustituible de los abuelos en la transmisión de la fe y de los valores cristianos, destacando que su testimonio sigue siendo una fuente de esperanza para la Iglesia y para la sociedad.
En este contexto, el reconocimiento a Teresa Guiertych adquirió un significado aún más especial, al poner de relieve la fecundidad de una vida entregada al servicio de la comunidad eclesial y al anuncio del Evangelio. Su trayectoria constituye un ejemplo de compromiso laical y de perseverancia en la misión evangelizadora, reflejando el espíritu de una jornada dedicada precisamente a agradecer la aportación de los mayores a la vida de la Iglesia y a la transmisión de la fe entre generaciones.
El próximo 15 de agosto, Nuestra Señora de los Reyes volverá a vestir uno de los conjuntos más emblemáticos de su ajuar: el terno blanco de castillos y leones, restaurado recientemente por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) gracias a una intervención financiada íntegramente por el Cabildo Catedral de Sevilla.
La elección de este terno adquiere un significado especial, ya que en 2026 se cumplen ochenta años de la proclamación de la Virgen de los Reyes como Patrona de Sevilla y de su Archidiócesis, título concedido por el papa Pío XII en 1946.
Fue precisamente este conjunto el que la imagen lució con motivo de aquella histórica proclamación. Ocho décadas después volverá a acompañarla en la solemnidad de la Asunción, estableciendo un emotivo vínculo entre dos momentos fundamentales de la devoción a la Patrona.
Del guardarropa de una reina al ajuar de la Reina de los Reyes
La historia de este terno comienza en el siglo XIX. Su origen se encuentra en un vestido de gala de Isabel II, confeccionado por las hermanas Gilart, bordadoras de cámara de la reina, para la solemne apertura de las Cortes celebrada el 10 de enero de 1858.
Realizado en raso blanco y enriquecido con bordados de oro, el traje incorporaba castillos, leones, flores de lis y motivos de inspiración gótica, símbolos que evocaban la tradición histórica de la Corona.
En 1884, Isabel II decidió donar aquel vestido a Nuestra Señora de los Reyes. El conjunto fue cuidadosamente transformado para confeccionar el manto, la saya y diversas prendas destinadas tanto a la Virgen como al Niño Jesús.
De este modo, un traje concebido para una reina pasó a formar parte del ajuar de quien los sevillanos veneran como la Reina de los Reyes.
Una restauración al servicio del culto
La reciente intervención del Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico ha permitido recuperar la estabilidad material del conjunto y profundizar en el conocimiento de sus tejidos, bordados y sucesivas transformaciones históricas.
El trabajo, sufragado íntegramente por el Cabildo Catedral de Sevilla dentro de su programa de conservación preventiva, ha abordado el desgaste provocado por el paso del tiempo y por el uso continuado del terno, que debe adaptarse cada año para vestir a la Virgen y al Niño.
La restauración garantiza que esta obra excepcional continúe desempeñando la función para la que fue donada hace más de un siglo: formar parte del culto a Nuestra Señora de los Reyes.
Porque este conjunto no constituye únicamente una pieza de extraordinario valor artístico. Es también un patrimonio vivo, inseparable de la devoción del pueblo sevillano y de las principales celebraciones dedicadas a su Patrona.
Protagonista de la exposición Per Me Reges Regnant
El terno blanco ocupa además un lugar destacado en la exposición «Per Me Reges Regnant», organizada por el Cabildo Catedral de Sevilla y la Fundación Cajasol.
La muestra ofrece un recorrido por la historia, el patrimonio artístico y la devoción en torno a Nuestra Señora de los Reyes, reuniendo mantos, piezas de orfebrería, documentos históricos y otros bienes vinculados a su culto.
La exposición puede visitarse hasta el 29 de agosto en la Sala Murillo de la Fundación Cajasol.
Los mantos de los cultos de agosto
Los distintos cultos dedicados a la Virgen de los Reyes estarán acompañados por cuatro mantos representativos de distintas etapas de su historia.
Primer Besamanos: manto de los Apóstoles, confeccionado por Francisco Sosa con bordados franceses del siglo XVIII.
Novena: manto rosa o salmón, realizado por las hermanas de la Cruz para el Congreso Mariano Hispanoamericano de 1929.
15 de agosto: terno blanco de castillos y leones, el mismo que vistió la Virgen en la proclamación de su patronazgo en 1946.
Segundo Besamanos: manto azul pavo, donado por la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando.