
Dice el gran Gustavo Adolfo Bécquer en uno de sus poemas: «¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!». Como un diapasón este verso atraviesa hoy día nuestro corazón ante una imposible despedida de los que se aman, ni siquiera poderlos velar. De muchos solo entregan a los suyos las cenizas.


















