
«Damos gracias por las personas que, con paso firme y decidido, se entregaron al Señor y por la estela de gracia que han dejado viviendo las virtudes teologales, ascendiendo por la escalinata de sus vidas hasta alcanzar ya la casa de Dios; vidas que, unidas a la Virgen María, han sido y son fuentes de esperanza». Con palabras emocionadas recordaba el obispo auxiliar y delegado para la Vida Consagrada, Mons. Sebastián Chico, a los consagrados que han muerto durante los últimos meses por coronavirus.










