
Pocas veces la Catedral de Baeza ofrece estampas tan místicas como las de esta mañana. Una jornada muy otoñal, con el cielo cubierto y amenaza de lluvia, y la plaza de Santa María, casi desierta, esperaban la llegada de la comunidad Carmelita de la vecina Úbeda, dos de sus frailes iban a ser ordenados diácono y presbítero, respectivamente.















