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Comunicado del Obispado de Cartagena

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18 de enero 2021

II lunes del Tiempo Ordinario

Respecto a lo acontecido el pasado sábado, 16 de enero, en la Parroquia de San Lázaro de Alhama de Murcia, el Obispado de Cartagena manifiesta lo siguiente:

            1.- La Iglesia diocesana, desde el comienzo de esta pandemia de Covid-19, vive con gran preocupación y responsabilidad la situación epidemiológica de nuestra Región, manteniendo un diálogo fluido con las autoridades sanitarias y colaborando activamente en la lucha contra la trasmisión del virus.

            2.- El pasado mes de septiembre, en el empeño de colaboración para la prevención de expansión del virus SARS-CoV-2, fue nombrado un Coordinador Covid-19 para que, atendiendo a toda la legislación que, tanto del Gobierno de la Nación como del Regional, adecuase dicha legislación a la vida pastoral y litúrgica de las parroquias y delegaciones de la Diócesis de Cartagena.

            3.- El pasado viernes 15 de enero el Coordinador Covid-19 de la Diócesis de Cartagena elaboró unas consideraciones donde actualizaba las medidas de prevención con el Decreto del presidente 4/2021 de 14 de enero, teniendo en cuenta que la limitación para las «reuniones sociales, familiares y de tipo lúdico» no afectan a la vida litúrgica y pastoral de la Iglesia, pues estas están regladas propiamente.

            4.- En el momento actual, toda la Diócesis está bajo las medidas de prevención del nivel de alerta extremo, es decir, en cuanto al aforo de los lugares del culto el 50 % de la capacidad de los templos (Decreto del presidente 6/2020, de 25 octubre). Además, se establece que la celebración de ceremonias (bodas y bautizos) quedan limitadas al 30 % de aforo con un máximo de 30 personas. Excepcionalmente cuando estas ceremonias tengan lugar dentro de la celebración de la Eucaristía, se aplicará el límite de aforo para los lugares de culto (50 %). El aforo de velatorios y comitivas fúnebres se limita al 50% en espacios cerrados, con un máximo de 15 personas, siempre que se pueda garantizar la distancia de seguridad. En espacios abiertos se limitará el número de personas a 25 (Orden de la Consejería de Salud, de 13 diciembre de 2020).

            5.- El aforo de los templos de la Diócesis de Cartagena es el resultante de la cantidad de asientos que pueden ser ocupados por los fieles. Y una vez establecido el aforo total, se calcula el 50 % del mismo, guardando siempre la distancia de seguridad entre los no convivientes. Por tanto, el aforo, en cuanto al número de personas, dependerá de la capacidad de cada templo.

            6.- En la Parroquia de San Lázaro de Alhama de Murcia, tras la habitual reunión preparatoria con los padres, y con el fin de respetar la limitación del aforo, las confirmaciones se han dividido en cuatro turnos, dos de los cuales se celebraron el pasado sábado: uno a las 11:00 y otro a las 12:30 horas. Antes de comenzar el segundo turno, se personaron en el templo agentes de la Policía Local de Alhama y mantuvieron un diálogo fluido y cordial con el párroco y el vicario episcopal de la Zona de Lorca, quienes les informaron que la actividad de culto que se iba a realizar permitía un 50 % del aforo total del templo según la normativa regional. Por otro lado, el párroco, inmediatamente antes de comenzar la celebración, recordó a los fieles la importancia de cumplir todas las medidas sanitarias y de seguridad, incluido el aforo. Así mismo, el vicario episcopal, al concluir cada celebración, exhortó a los feligreses a que evitaran hacer grupos a la salida del templo. Ambas celebraciones se realizaron con todas las garantías y normas que se requieren para los lugares de culto.

            7.- Elevamos nuestra oración al Señor por todos aquellos que están sufriendo los efectos de esta pandemia, especialmente por los difuntos y sus familias, por los enfermos y por aquellos que dan su vida día a día por el acompañamiento integral de los mismos, tanto corporal como espiritualmente.

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La pandemia obliga a suspender los cultos en honor a San Sebastián de Fiñana

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La parroquia de Fiñana de mutuo acuerdo con el ayuntamiento y la Junta Gestora de la Hermandad de San Sebastián y San Antón, ha tomado la decisión de suspender todos los actos conmemorativos, ya sean culturales o religiosos, con motivo de la festividad patronal de San Sebastián.

Presentación oficial de la breve biografía del Padre Rubio

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El pasado domingo, 17 de enero, tras la Misa parroquial se presentaba en Dalías oficialmente el libro «San José María Rubio, un santo de nuestra tierra», en un acto que ha tenido lugar en la Capilla que tiene dedicada en el templo parroquial.

Un sueño cumplido de la parroquia del Carmen de Aguadulce: las nuevas campanas repican por primera vez

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El obispo, Mons. González Montes, ha sido el encargado de hacerlas sonar durante el histórico acto a las puertas de Nuestra Señora del Carmen en presencia de la comunidad cristiana y las autoridades locales

La parroquia de Nuestra Señora del Carmen de Aguadulce vivía en la mañana del pasado sábado 16 de enero un “acto histórico” con la bendición de sus tres nuevas campanas para el campanario que se está construyendo en uno de sus laterales del templo parroquial. La ceremonia fue presidida por el obispo de la Diócesis, Mons. González Montes y supone un momento culmen de la ilusión de su párroco, D. Antonio Martín Acuyo y de toda la comunidad parroquial en dotar al moderno templo de una torre campanario.

Así lo expresaba el obispo en su alocución: “hoy damos gracias a Dios porque vemos realizada una ilusión de muchos años de esta comunidad, punto de partida para la finalización de la torre, que vemos que finalmente es un hecho gracias a la ayuda del municipio y a la ilusión de todos”. Tras la bendición, el prelado almeriense ha sido el encargado de tañer la campana principal, cuyo sonido ha sido reflejo de la ilusión y emoción de todos los presentes.

El párroco, D. Antonio Jesús Martín Acuyo ha agradecido igualmente la presencia del Obispo y la ayuda del Ayuntamiento, representado por su alcalde. D. Gabriel Amat y concejal delegado, así como a la hermana mayor y la teniente de hermana mayor de la Hermandad de Nuestra Señora del Carmen, que han preparado la ceremonia.

Tal como ha explicado, la campana más grande toma el nombre de la patrona de Aguadulce, Nuestra Señora del Carmen o del Monte Carmelo, mientras que la segunda en tamaño ha sido nombrada San José, “precisamente, y sin saberlo, cuando el Papa Francisco ha designado este año como ‘josefino’”, mientras que la última de ellas se denomina San Gabriel Arcángel, encargado de la Anunciación, “y será la que suene todos los días a las doce del mediodía, hora del Ángelus”.

Y es lo que harán estas tres campanas, anunciar, llamar, congregar. Así lo ha expresado el Obispo en la ceremonia de Bendición y en la posterior Eucaristía: “La propia palabra Iglesia significa ‘congregación’ y es lo que hace el toque de las campanas, congregarnos en asamblea. Que siempre que oigamos su voz nos acordemos de que somos una familia, que con ellas se fortalezca nuestra unidad”.

Junto al Obispo y el párroco, han concelebrado la Eucaristía el sacerdote D. Eduardo Muñoz, secretario particular del Obispo; D. Ginés García, sacerdote adscrito a la parroquia; D. Ramón Garrido, párroco de la vecina parroquia de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor; y D. Arcadio Barber, uno de los capellanes del colegio Altaduna-Saladares.

A pocos metros del lugar donde han sido bendecidas las campanas, se alza ya la torre campanario que la parroquia de Nuestra Señora del Carmen ha construido en base al proyecto original del templo y gracias al tesón de su párroco, que en estos años ha llevado a cabo numerosas iniciativas para lograr los fondos necesarios: venta de velas, de mascarillas e incluso de llaveros con una réplica de las campanas. Un trabajo incansable que ha completado la subvención otorgada por el Ayuntamiento de Roquetas de Mar para esta construcción histórica.

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La diócesis celebrará el Domingo de la Palabra de Dios

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La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos daba  a conocer, el pasado 19 de diciembre, las indicaciones para la celebración del domingo de la Palabra de Dios que se celebra este próximo domingo, 24 de enero.

El Papa Francisco instituyó, el 30 de septiembre del 2019, con la Carta Apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis el domingo de la Palabra de Dios. Fue fijado en el tercer domingo del tiempo ordinario y el Pontífice quiso que fuera un día dedicado a la celebración, reflexión y difusión de la Palabra.

El pasado 19 de diciembre, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicaba una nota para «recordar algunos principios teológicos, celebrativos y pastorales sobre la Palabra de Dios proclamada en la Misa».

El documento, elaborado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmado por el prefecto card. Robert Sarah, tiene por objeto contribuir a despertar la conciencia de la importancia de la Sagrada Escritura para la vida de los creyentes, especialmente en la liturgia, «que los coloca en un diálogo vivo y permanente con Dios». También añade que el domingo de la Palabra de Dios es «una buena oportunidad para releer algunos documentos eclesiales, especialmente el Praenotanda del Ordo Lectionum Missae, y luego se divide en diez puntos que ofrecen otras tantas indicaciones para la celebración.

Destaca que «a través de las lecturas bíblicas proclamadas en la liturgia, Dios habla a su pueblo y Cristo mismo proclama su Evangelio», indica como «una de las modalidades rituales adecuadas para este domingo (…) la procesión introital con el Evangeliario o, en su defecto, su colocación en el altar».

La nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos especifica entonces que las lecturas bíblicas dispuestas por la Iglesia en el Leccionario no deben ser reemplazadas o suprimidas y que deben utilizarse las versiones de la Biblia aprobadas para uso litúrgico. «La proclamación de los textos del Leccionario constituye un vínculo de unidad entre todos los fieles que los escuchan», se lee en el documento, que también recomienda el canto del Salmo Responsorial.

En cuanto a la homilía, invita a los obispos, sacerdotes y diáconos a «explicar y hacer comprender a todos la Sagrada Escritura» y a «hacerla accesible a sus propias comunidades», desempeñando este ministerio «con especial dedicación, atesorando los medios propuestos por la Iglesia». A continuación, se subrayó la importancia del silencio en la celebración litúrgica porque, «al fomentar la meditación, permite que la Palabra de Dios sea recibida interiormente por quienes la escuchan».

En cuanto a los que proclaman la Palabra de Dios en la asamblea -sacerdotes, diáconos y lectores-, la nota especifica que «se requiere una preparación interior y exterior específica, la familiaridad con el texto que se va a proclamar y la práctica necesaria en la forma de proclamarlo». Insiste en el cuidado del ambón desde el que se proclama la Palabra de Dios, y aunque «la homilía y las intenciones de la oración universal pueden ser proclamadas desde él», «es menos oportuno que se acceda a él para comentarios, anuncios, dirección del canto». También se pide que se cuide el valor material y el buen uso de los «libros que contienen los pasajes de la Sagrada Escritura», definiéndolo como «inapropiado recurrir a folletos, fotocopias, ayudas en lugar de libros litúrgicos».

Para dar a conocer mejor la Sagrada Escritura y su valor en las celebraciones litúrgicas, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos exhorta a que se promuevan, en la proximidad o en los días siguientes al domingo de la Palabra de Dios, encuentros formativos, por ejemplo, para ilustrar más detalladamente «los criterios de distribución litúrgica de los diversos libros bíblicos en el curso del año y en sus tiempos, la estructura de los ciclos dominicales y semanales de las lecturas de la Misa». Por último, la nota identifica el Domingo de la Palabra de Dios, en el que se promueve la celebración comunitaria de Laudes y Vísperas, como «una ocasión propicia para profundizar en el vínculo entre la Sagrada Escritura y la Liturgia de las Horas, la oración de los Salmos y Cánticos del Oficio, las lecturas bíblicas».

La nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos concluye sugiriendo que se proponga a San Jerónimo como ejemplo «por el gran amor que alimentó por la Palabra de Dios». Porque, como recordó el Papa Francisco en su Carta Apostólica Scripturae sacrae affectus del 30 de septiembre pasado, escrita con ocasión del XVI centenario de la muerte de San Jerónimo, era un «incansable estudioso, traductor, exégeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura», que poniéndose a la escucha se encontró a sí mismo, el rostro de Dios y el de sus hermanos y hermanas, y refinó su predilección por la vida comunitaria.

Jornada Mundial del Enfermo 2021 – 11 de febrero 2021

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Jornada Mundial del Enfermo 2021

Mensaje del Santo Padre para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero de 2021)

Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo

Queridos hermanos y hermanas:

La celebración de la 29.a Jornada Mundial del Enfermo, que tendrá lugar el 11 de febrero de 2021, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. Pienso, en particular, en quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, les expreso mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.

1.            El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita. El riesgo es grave; por este motivo, Jesús usa expresiones fuertes, para advertirnos del peligro de caer en la idolatría de nosotros mismos, y afirma: «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos» (v. 8).

La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» (v. 3) es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía, un mal muy grave, cuyo efecto es impedirnos florecer como hijos del único Padre, llamados a vivir una fraternidad universal.

Ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía. Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35).

2.            La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).

La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa.

A este respecto, la figura bíblica de Job es emblemática. Su mujer y sus amigos no son capaces de acompañarlo en su desventura, es más, lo acusan aumentando en él la soledad y el desconcierto. Job cae en un estado de abandono e incomprensión. Pero precisamente por medio de esta extrema fragilidad, rechazando toda hipocresía y eligiendo el camino de la sinceridad con Dios y con los demás, hace llegar su grito insistente a Dios, que al final responde, abriéndole un nuevo horizonte. Le confirma que su sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejanía de Dios o un signo de su indiferencia. Así, del corazón herido y sanado de Job, brota esa conmovida declaración al Señor, que resuena con energía: «Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (42,5).

3.            La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22). La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas. Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.

La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35). Y vivimos esta cercanía, no sólo de manera personal, sino también de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles.

A este respecto, deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo. «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo» (Homilía en La Habana, 20 septiembre 2015). En este compromiso cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas» (ibíd.).

4.            Para que haya una buena terapia, es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza (cf. Nueva Carta de los agentes sanitarios [2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes.

                Precisamente esta relación con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivación y de fuerza en la caridad de Cristo, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos. En efecto, del misterio de la muerte y resurrección de Cristo brota el amor que puede dar un sentido pleno tanto a la condición del paciente como a la de quien cuida de él. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hacía Jesús nunca son gestos mágicos, sino que siempre son fruto de un encuentro, de una relación interpersonal, en la que al don de Dios que ofrece Jesús le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jesús repite a menudo: “Tu fe te ha salvado”.

5.            Queridos hermanos y hermanas: El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.

Le encomiendo a María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, todas las personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en todo el mundo, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos y cada uno les imparto de corazón mi bendición.

Roma, San Juan de Letrán, 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de Adviento.

FRANCISCO

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