
La entidad diocesana ofrece atención socioeducativa a este colectivo a través de un equipo multidisciplinar que acompaña a los participantes en sus distintos procesos de inserción.

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La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos daba a conocer, el pasado 19 de diciembre, las indicaciones para la celebración del domingo de la Palabra de Dios que se celebra este próximo domingo, 24 de enero.
El Papa Francisco instituyó, el 30 de septiembre del 2019, con la Carta Apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis el domingo de la Palabra de Dios. Fue fijado en el tercer domingo del tiempo ordinario y el Pontífice quiso que fuera un día dedicado a la celebración, reflexión y difusión de la Palabra.
El pasado 19 de diciembre, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos publicaba una nota para «recordar algunos principios teológicos, celebrativos y pastorales sobre la Palabra de Dios proclamada en la Misa».
El documento, elaborado por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, firmado por el prefecto card. Robert Sarah, tiene por objeto contribuir a despertar la conciencia de la importancia de la Sagrada Escritura para la vida de los creyentes, especialmente en la liturgia, «que los coloca en un diálogo vivo y permanente con Dios». También añade que el domingo de la Palabra de Dios es «una buena oportunidad para releer algunos documentos eclesiales, especialmente el Praenotanda del Ordo Lectionum Missae, y luego se divide en diez puntos que ofrecen otras tantas indicaciones para la celebración.
Destaca que «a través de las lecturas bíblicas proclamadas en la liturgia, Dios habla a su pueblo y Cristo mismo proclama su Evangelio», indica como «una de las modalidades rituales adecuadas para este domingo (…) la procesión introital con el Evangeliario o, en su defecto, su colocación en el altar».
La nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos especifica entonces que las lecturas bíblicas dispuestas por la Iglesia en el Leccionario no deben ser reemplazadas o suprimidas y que deben utilizarse las versiones de la Biblia aprobadas para uso litúrgico. «La proclamación de los textos del Leccionario constituye un vínculo de unidad entre todos los fieles que los escuchan», se lee en el documento, que también recomienda el canto del Salmo Responsorial.
En cuanto a la homilía, invita a los obispos, sacerdotes y diáconos a «explicar y hacer comprender a todos la Sagrada Escritura» y a «hacerla accesible a sus propias comunidades», desempeñando este ministerio «con especial dedicación, atesorando los medios propuestos por la Iglesia». A continuación, se subrayó la importancia del silencio en la celebración litúrgica porque, «al fomentar la meditación, permite que la Palabra de Dios sea recibida interiormente por quienes la escuchan».
En cuanto a los que proclaman la Palabra de Dios en la asamblea -sacerdotes, diáconos y lectores-, la nota especifica que «se requiere una preparación interior y exterior específica, la familiaridad con el texto que se va a proclamar y la práctica necesaria en la forma de proclamarlo». Insiste en el cuidado del ambón desde el que se proclama la Palabra de Dios, y aunque «la homilía y las intenciones de la oración universal pueden ser proclamadas desde él», «es menos oportuno que se acceda a él para comentarios, anuncios, dirección del canto». También se pide que se cuide el valor material y el buen uso de los «libros que contienen los pasajes de la Sagrada Escritura», definiéndolo como «inapropiado recurrir a folletos, fotocopias, ayudas en lugar de libros litúrgicos».
Para dar a conocer mejor la Sagrada Escritura y su valor en las celebraciones litúrgicas, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos exhorta a que se promuevan, en la proximidad o en los días siguientes al domingo de la Palabra de Dios, encuentros formativos, por ejemplo, para ilustrar más detalladamente «los criterios de distribución litúrgica de los diversos libros bíblicos en el curso del año y en sus tiempos, la estructura de los ciclos dominicales y semanales de las lecturas de la Misa». Por último, la nota identifica el Domingo de la Palabra de Dios, en el que se promueve la celebración comunitaria de Laudes y Vísperas, como «una ocasión propicia para profundizar en el vínculo entre la Sagrada Escritura y la Liturgia de las Horas, la oración de los Salmos y Cánticos del Oficio, las lecturas bíblicas».
La nota de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos concluye sugiriendo que se proponga a San Jerónimo como ejemplo «por el gran amor que alimentó por la Palabra de Dios». Porque, como recordó el Papa Francisco en su Carta Apostólica Scripturae sacrae affectus del 30 de septiembre pasado, escrita con ocasión del XVI centenario de la muerte de San Jerónimo, era un «incansable estudioso, traductor, exégeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura», que poniéndose a la escucha se encontró a sí mismo, el rostro de Dios y el de sus hermanos y hermanas, y refinó su predilección por la vida comunitaria.
Jornada Mundial del Enfermo 2021
Mensaje del Santo Padre para la XXIX Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero de 2021)
Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos (Mt 23,8). La relación de confianza, fundamento del cuidado del enfermo
Queridos hermanos y hermanas:
La celebración de la 29.a Jornada Mundial del Enfermo, que tendrá lugar el 11 de febrero de 2021, memoria de la Bienaventurada Virgen María de Lourdes, es un momento propicio para brindar una atención especial a las personas enfermas y a quienes cuidan de ellas, tanto en los lugares destinados a su asistencia como en el seno de las familias y las comunidades. Pienso, en particular, en quienes sufren en todo el mundo los efectos de la pandemia del coronavirus. A todos, especialmente a los más pobres y marginados, les expreso mi cercanía espiritual, al mismo tiempo que les aseguro la solicitud y el afecto de la Iglesia.
1. El tema de esta Jornada se inspira en el pasaje evangélico en el que Jesús critica la hipocresía de quienes dicen, pero no hacen (cf. Mt 23,1-12). Cuando la fe se limita a ejercicios verbales estériles, sin involucrarse en la historia y las necesidades del prójimo, la coherencia entre el credo profesado y la vida real se debilita. El riesgo es grave; por este motivo, Jesús usa expresiones fuertes, para advertirnos del peligro de caer en la idolatría de nosotros mismos, y afirma: «Uno solo es vuestro maestro y todos vosotros sois hermanos» (v. 8).
La crítica que Jesús dirige a quienes «dicen, pero no hacen» (v. 3) es beneficiosa, siempre y para todos, porque nadie es inmune al mal de la hipocresía, un mal muy grave, cuyo efecto es impedirnos florecer como hijos del único Padre, llamados a vivir una fraternidad universal.
Ante la condición de necesidad de un hermano o una hermana, Jesús nos muestra un modelo de comportamiento totalmente opuesto a la hipocresía. Propone detenerse, escuchar, establecer una relación directa y personal con el otro, sentir empatía y conmoción por él o por ella, dejarse involucrar en su sufrimiento hasta llegar a hacerse cargo de él por medio del servicio (cf. Lc 10,30-35).
2. La experiencia de la enfermedad hace que sintamos nuestra propia vulnerabilidad y, al mismo tiempo, la necesidad innata del otro. Nuestra condición de criaturas se vuelve aún más nítida y experimentamos de modo evidente nuestra dependencia de Dios. Efectivamente, cuando estamos enfermos, la incertidumbre, el temor y a veces la consternación, se apoderan de la mente y del corazón; nos encontramos en una situación de impotencia, porque nuestra salud no depende de nuestras capacidades o de que nos “angustiemos” (cf. Mt 6,27).
La enfermedad impone una pregunta por el sentido, que en la fe se dirige a Dios; una pregunta que busca un nuevo significado y una nueva dirección para la existencia, y que a veces puede ser que no encuentre una respuesta inmediata. Nuestros mismos amigos y familiares no siempre pueden ayudarnos en esta búsqueda trabajosa.
A este respecto, la figura bíblica de Job es emblemática. Su mujer y sus amigos no son capaces de acompañarlo en su desventura, es más, lo acusan aumentando en él la soledad y el desconcierto. Job cae en un estado de abandono e incomprensión. Pero precisamente por medio de esta extrema fragilidad, rechazando toda hipocresía y eligiendo el camino de la sinceridad con Dios y con los demás, hace llegar su grito insistente a Dios, que al final responde, abriéndole un nuevo horizonte. Le confirma que su sufrimiento no es una condena o un castigo, tampoco es un estado de lejanía de Dios o un signo de su indiferencia. Así, del corazón herido y sanado de Job, brota esa conmovida declaración al Señor, que resuena con energía: «Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos» (42,5).
3. La enfermedad siempre tiene un rostro, incluso más de uno: tiene el rostro de cada enfermo y enferma, también de quienes se sienten ignorados, excluidos, víctimas de injusticias sociales que niegan sus derechos fundamentales (cf. Carta enc. Fratelli tutti, 22). La pandemia actual ha sacado a la luz numerosas insuficiencias de los sistemas sanitarios y carencias en la atención de las personas enfermas. Los ancianos, los más débiles y vulnerables no siempre tienen garantizado el acceso a los tratamientos, y no siempre es de manera equitativa. Esto depende de las decisiones políticas, del modo de administrar los recursos y del compromiso de quienes ocupan cargos de responsabilidad. Invertir recursos en el cuidado y la atención a las personas enfermas es una prioridad vinculada a un principio: la salud es un bien común primario. Al mismo tiempo, la pandemia ha puesto también de relieve la entrega y la generosidad de agentes sanitarios, voluntarios, trabajadores y trabajadoras, sacerdotes, religiosos y religiosas que, con profesionalidad, abnegación, sentido de responsabilidad y amor al prójimo han ayudado, cuidado, consolado y servido a tantos enfermos y a sus familiares. Una multitud silenciosa de hombres y mujeres que han decidido mirar esos rostros, haciéndose cargo de las heridas de los pacientes, que sentían prójimos por el hecho de pertenecer a la misma familia humana.
La cercanía, de hecho, es un bálsamo muy valioso, que brinda apoyo y consuelo a quien sufre en la enfermedad. Como cristianos, vivimos la projimidad como expresión del amor de Jesucristo, el buen Samaritano, que con compasión se ha hecho cercano a todo ser humano, herido por el pecado. Unidos a Él por la acción del Espíritu Santo, estamos llamados a ser misericordiosos como el Padre y a amar, en particular, a los hermanos enfermos, débiles y que sufren (cf. Jn 13,34-35). Y vivimos esta cercanía, no sólo de manera personal, sino también de forma comunitaria: en efecto, el amor fraterno en Cristo genera una comunidad capaz de sanar, que no abandona a nadie, que incluye y acoge sobre todo a los más frágiles.
A este respecto, deseo recordar la importancia de la solidaridad fraterna, que se expresa de modo concreto en el servicio y que puede asumir formas muy diferentes, todas orientadas a sostener al prójimo. «Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo» (Homilía en La Habana, 20 septiembre 2015). En este compromiso cada uno es capaz de «dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la “padece” y busca la promoción del hermano. Por eso nunca el servicio es ideológico, ya que no se sirve a ideas, sino que se sirve a personas» (ibíd.).
4. Para que haya una buena terapia, es decisivo el aspecto relacional, mediante el que se puede adoptar un enfoque holístico hacia la persona enferma. Dar valor a este aspecto también ayuda a los médicos, los enfermeros, los profesionales y los voluntarios a hacerse cargo de aquellos que sufren para acompañarles en un camino de curación, gracias a una relación interpersonal de confianza (cf. Nueva Carta de los agentes sanitarios [2016], 4). Se trata, por lo tanto, de establecer un pacto entre los necesitados de cuidados y quienes los cuidan; un pacto basado en la confianza y el respeto mutuos, en la sinceridad, en la disponibilidad, para superar toda barrera defensiva, poner en el centro la dignidad del enfermo, tutelar la profesionalidad de los agentes sanitarios y mantener una buena relación con las familias de los pacientes.
Precisamente esta relación con la persona enferma encuentra una fuente inagotable de motivación y de fuerza en la caridad de Cristo, como demuestra el testimonio milenario de hombres y mujeres que se han santificado sirviendo a los enfermos. En efecto, del misterio de la muerte y resurrección de Cristo brota el amor que puede dar un sentido pleno tanto a la condición del paciente como a la de quien cuida de él. El Evangelio lo testimonia muchas veces, mostrando que las curaciones que hacía Jesús nunca son gestos mágicos, sino que siempre son fruto de un encuentro, de una relación interpersonal, en la que al don de Dios que ofrece Jesús le corresponde la fe de quien lo acoge, como resume la palabra que Jesús repite a menudo: “Tu fe te ha salvado”.
5. Queridos hermanos y hermanas: El mandamiento del amor, que Jesús dejó a sus discípulos, también encuentra una realización concreta en la relación con los enfermos. Una sociedad es tanto más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros frágiles y que más sufren, y sabe hacerlo con eficiencia animada por el amor fraterno. Caminemos hacia esta meta, procurando que nadie se quede solo, que nadie se sienta excluido ni abandonado.
Le encomiendo a María, Madre de misericordia y Salud de los enfermos, todas las personas enfermas, los agentes sanitarios y quienes se prodigan al lado de los que sufren. Que Ella, desde la Gruta de Lourdes y desde los innumerables santuarios que se le han dedicado en todo el mundo, sostenga nuestra fe y nuestra esperanza, y nos ayude a cuidarnos unos a otros con amor fraterno. A todos y cada uno les imparto de corazón mi bendición.
Roma, San Juan de Letrán, 20 de diciembre de 2020, cuarto domingo de Adviento.
FRANCISCO

Málaga y el Centro Ecuménico Lux Mundi son pioneros en Ecumenismo. Así lo demuestra el hecho de que el portal web del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos recoge los materiales que se han elaborado dedicados a los más pequeños con motivo de la Semana de Oración por la Unidad 2021 que se celebra hasta el 25 de enero.
Es muy significativo que el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos recoja esta iniciativa, dedicada a los niños, para trabajar el Ecumenismo desde una edad temprana.
Como explica su directora, Gloria Uribe, este material, con abundantes dibujos y actividades interactivas, es «un intento de comenzar a trabajar en diferentes materiales. Este en concreto lo hemos compartido con la Iglesia de Noruega y sus observaciones han sido muy positivas, así que esperamos que otras iglesias también utilicen esta idea para comenzar a difundir entre los más jóvenes la importancia de la Unidad de los Cristianos con todas sus implicaciones».
NOTA SOBRE EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
Vea también:
– ¿Qué es la resurrección de Jesús?
– Para conocer mejor la Biblia
Tercer Domingo del Tiempo Ordinario – 24 de enero de 2021
Dedicar un domingo completamente a la Palabra de Dios. Con esta intención estableció el papa Francisco el Domingo de la Palabra de Dios. Una Jornada que la Iglesia celebra el III Domingo del Tiempo Ordinario, en esta ocasión, será el 24 de enero. El tema de este año está tomado de la Carta de San Pablo Apóstol a los Filipenses: ¡Mantengan firme la Palabra de la Vida! (cf. Fil 2, 16).
Para contribuir a la preparación de esta Jornada, el área de Pastoral Bíblica de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado ha editado un subsidio litúrgico para la celebración de la eucaristía, unos puntos orientativos para la homilía y un ejemplo de Lectio divina para el ejercicio de la lectura creyente y orante de la Palabra de Dios.
Más recursos:
– Conferencia Episcopal Española
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NOTA SOBRE EL DOMINGO DE LA PALABRA DE DIOS
El domingo de la Palabra de Dios, deseado por el Papa Francisco cada año en el tercer domingo del tiempo ordinario , [1] recuerda a todos, pastores y fieles, la importancia y el valor de la Sagrada Escritura para la vida cristiana, así como la relación entre la Palabra de Dios y la liturgia: “Como cristianos somos un pueblo que camina en la historia, fortalecidos por la presencia de Señor entre nosotros que nos habla y nos nutre. El día dedicado a la Biblia no quiere ser “una vez al año”, sino una vez durante todo el año, porque urge familiarizarnos e intimar con la Sagrada Escritura y el Resucitado, que no cesa de quebrantar la Palabra y el Pan en la comunidad de creyentes. Para ello necesitamos entrar en una constante confianza en la Sagrada Escritura, de lo contrario el corazón permanece frío y los ojos cerrados, golpeados por innumerables formas de ceguera ». [2]
Este domingo, por tanto, constituye una buena oportunidad para releer algunos documentos eclesiales [3 ] y especialmente el Praenotanda de la Ordo Lectionum Missae, que presenta una síntesis de los principios teológicos, celebratorios y pastorales sobre la Palabra de Dios proclamada en la Misa, pero también válida en cada celebración litúrgica (Sacramentos, Sacramentales, Liturgia de las Horas).
1. Mediante las lecturas bíblicas proclamadas en la liturgia, Dios habla a su pueblo y Cristo mismo proclama su Evangelio; [4] Cristo es el centro y la plenitud de toda la Escritura, el Antiguo y el Nuevo Testamento. [5] El escuchar el Evangelio, el punto de la Liturgia de la Palabra culminando , [6] se caracteriza por una veneración especial, [7] expresa no sólo por los gestos y aclamaciones, pero por el mismo libro de los Evangelios . [8] Una de las Las modalidades rituales adecuadas para este domingo podrían ser la procesión introital con los Evangelios [9] o, en su defecto, su colocación en el altar. [10]
2. La disposición de las lecturas bíblicas establecidas por la Iglesia en el Leccionario se abre al conocimiento de toda la Palabra de Dios [11 ]. Por tanto, es necesario respetar las lecturas indicadas, sin sustituirlas ni suprimirlas, y utilizar versiones de la Biblia aprobadas para uso litúrgico. . [12 ] El anuncio de los textos del Leccionario constituye un vínculo de unidad entre todos los fieles que los escuchan. Comprender la estructura y el propósito de la Liturgia de la Palabra ayuda a la asamblea de los fieles a acoger la palabra que salva de Dios. . [13]
3. Se recomienda el canto del salmo responsorial, respuesta de la Iglesia orante; [14] por tanto, debe aumentarse el servicio del salmista en cada comunidad. [15]
4. En la homilía se exponen los misterios de la fe y las normas de la vida cristiana a lo largo del año litúrgico y a partir de lecturas bíblicas. [16] «Los pastores tienen en primer lugar una gran responsabilidad de explicar y hacer que todos comprendan la Sagrada Escritura. Al ser el libro del pueblo, quienes tienen la vocación de ser ministros de la Palabra de Dios deben sentir la fuerte necesidad de hacerla accesible a su propia comunidad ”. [17] Obispos, presbíteros y diáconos deben sentir el compromiso de realizar este ministerio con especial dedicación, aprovechando los medios propuestos por la Iglesia. [18]
5. Es de especial importancia el silencio que, al estimular la meditación, permite que el oyente reciba interiormente la Palabra de Dios. [19]
6. La Iglesia siempre ha prestado especial atención a quienes proclaman la Palabra de Dios en la asamblea: sacerdotes, diáconos y lectores. Este ministerio requiere una preparación interior y exterior específica, el conocimiento del texto a proclamar y la necesaria práctica en el modo de proclamarlo, evitando cualquier improvisación. [20] Existe la posibilidad de introducir advertencias breves y adecuadas a las lecturas. [21]
7. Por el valor de la Palabra de Dios, la Iglesia nos invita a cuidar el ambón desde el que se anuncia; [22] no es un mueble funcional, sino el lugar en consonancia con la dignidad de la Palabra de Dios, en correspondencia con el altar: de hecho estamos hablando de la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo, con referencia tanto al ambón como especialmente al ‘altar. [23] El ambón está reservado para las lecturas, el canto del salmo responsorial y el preconio pascual; de ella se puede pronunciar la homilía y las intenciones de la oración universal, mientras que es menos apropiado acceder a ella para comentarios, avisos, dirección del canto. [24]
8. Los libros que contienen pasajes de la Sagrada Escritura despiertan en quien los escucha la reverencia por el misterio de Dios hablando a su pueblo. [25] Por ello se pide cuidar su valor material y su buen uso. Es inadecuado utilizar folletos, fotocopias, ayudas para reemplazar los libros litúrgicos. [26]
9. Cerca o en los días siguientes al domingo de la Palabra de Dios conviene promover encuentros formativos para resaltar el valor de la Sagrada Escritura en las celebraciones litúrgicas; puede ser una oportunidad para aprender más sobre cómo la Iglesia lee la Sagrada Escritura en oración, con lectura continua, semicontinua y tipológica; Cuáles son los criterios para la distribución litúrgica de los diversos libros bíblicos en el transcurso del año y en sus tiempos, la estructura de los ciclos dominicales y entre semana de las lecturas de la Misa. [27]
10. El Domingo de la Palabra de Dios es también una ocasión propicia para profundizar la conexión entre la Sagrada Escritura y la Liturgia de las Horas, la oración de los Salmos y Cánticos del Oficio, las lecturas bíblicas, promoviendo la celebración comunitaria de Laudes y Vísperas. . [28]
Entre los numerosos santos, todos testigos del Evangelio de Jesucristo, se puede proponer a san Jerónimo como ejemplo del gran amor que tenía por la Palabra de Dios. Como recordó recientemente el Papa Francisco, fue un “erudito incansable, traductor, exegeta, profundo conocedor y apasionado divulgador de la Sagrada Escritura. […] Al escuchar, Girolamo se encuentra a sí mismo, el rostro de Dios y el de sus hermanos, y afina su predilección por la vida comunitaria ». [29]
Esta Nota pretende ayudar a despertar, a la luz del domingo de la Palabra de Dios, la conciencia de la importancia de la Sagrada Escritura para nuestra vida de creyentes, a partir de su resonancia en la liturgia que nos sitúa en un diálogo vivo y permanente con Dios “. La Palabra de Dios escuchada y celebrada, especialmente en la Eucaristía, nutre y fortalece interiormente a los cristianos y los hace capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida diaria ”. [30]
De la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 17 de diciembre de 2020.
Robert Card. Sarah
Prefect
+ Arthur Roche
Arzobispo Secretario
_____________________
[1] Cfr. Francis, Carta apostólica en forma de Motu proprio Aperuit illis, 30 de septiembre de 2019.
[2]Francesco, Aperuit illis, n. 8; Concilio Vaticano II, Constitución Dei Verbum, n. ” un vano predicador de la palabra de Dios por fuera, que no la escucha dentro de sí mismo ”, mientras que las riquezas sobreabundantes de la palabra divina deben participar de los fieles que se le han confiado, especialmente en la sagrada liturgia. Asimismo, el santo Concilio exhorta ardiente e insistentemente a todos los fieles, especialmente a los religiosos, a aprender “el conocimiento sublime de Jesucristo” (Fil 3,8) mediante la lectura frecuente de las divinas Escrituras. “La ignorancia de las Escrituras, de hecho,
[3] Concilio Vaticano II, Constitución Dei Verbum; Benedicto XVI, Exhortación apostólica Verbum Domini.
[4] Cfr. Sacrosanctum Concilium, nn. 7, 33; Institutio generalis Missalis Romani (IGMR), n. 29; Ordo lectionum Missae (OLM), n. 12.
[5] Cfr. OLM, n. 5.
[6] Cfr. IGMR, n. 60; OLM, no. 13.
[7] Cfr. OLM, n. 17; Caeremoniale Episcoporum, n. 74.
[8] Cfr. OLM, nn. 36, 113.
[9] Cfr. IGMR, nn. 120, 133.
[10] Cfr. IGMR, n. 117.
[11] Cfr. IGMR, n. 57; OLM, no. 60.
[12] Cfr. OLM, nn. 12, 14, 37, 111.
[13] Cfr. OLM, n. 45.
[14] Cfr. IGMR, n. 61; OLM, no. 19-20.
[15] Cfr. OLM, n. 56.
[16] Cfr. OLM, n. 24; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Directorio homilético, n. dieciséis.
[17] Francis, Aperuit illis, n. 5; Directorio homilético, n. 26.
[18] Cfr. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, nn. 135-144; Directorio homilético.
[19] Cfr. IGMR, n. 56; OLM, no. 28.
[20] Cfr. OLM, nn. 14, 49.
[21] Cfr. OLM, nn. 15, 42.
[22] Cfr. IGMR, n. 309; OLM, no. dieciséis.
[23] Cfr. OLM, n. 32.
[24] Cfr. OLM, n. 33.
[25] Cfr. OLM, n. 35; Caeremoniale Episcoporum, n. 115.
[26] Cfr. OLM, n. 37.
[27] Cfr. OLM, nn. 58-110; Directorio homilético, núms. 37-156.
[28] Institutio generalis de Liturgia Horarum, n. 140: “La lectura de la Sagrada Escritura, que por tradición antigua se hace públicamente no sólo en la celebración eucarística, sino también en el Oficio Divino, debe ser considerada con la máxima consideración por todos los cristianos, porque es propuesta por la Iglesia misma, no para elección de los individuos o según la disposición más favorable de sus almas, pero en relación con el misterio que la Esposa de Cristo realiza a lo largo del ciclo anual […]. Además, en la celebración litúrgica la lectura de la Sagrada Escritura va siempre acompañada de oración ”.
[29] Francisco, Carta apostólica Scripturae sacrae impactus, en el XVI centenario de la muerte de San Jerónimo, 30 de septiembre de 2020.
[30] Cfr. Francisco, Exhortación apostólica Evangelii gaudium, n. 174.
Podcast de la sección LA VOZ DEL SEMINARIO emitida en el programa IGLESIA NOTICIA en COPE MÁLAGA el domingo 17 de enero de 2021. El seminarista José Francisco Fernández nos cuenta cómo llegó al Seminario de Málaga
Ver este artículo en la web de la diócesis
El obispo de Huelva, Santiago Gómez, ha ordenado esta mañana en la Santa Iglesia Catedral a tres nuevos presbíteros para la Diócesis de Huelva: Jorge Alberto Salinas, José María Nieto y José Antonio Castilla.
Jorge Alberto Salinas, José María Nieto y José Antonio Castilla, junto al obispo de Huelva, Santiago Gómez, y el rector del Seminario Diocesano, Daniel Valera.
«Es Dios quien os ha elegido», ha expresado en su homilía, D. Santiago Gómez, quien también ha recordado al inicio de la misma la participación espiritual en la celebración del obispo emérito de la diócesis onubense, José Vilaplana, así como a aquellas personas que, debido a las circunstancias no han podido asistir.
Además, ha señalado que «Dios nos llama a través de su Cuerpo» y que «la Iglesia es el Cuerpo de Cristo, es presencia de Cristo mismo y por eso la Iglesia es sacramento universal de salvación». Asimismo, ha dicho a los ordenandos que se entiende este ministerio «en colaboración con el ministerio del Obispo y en fraternidad con vuestros compañeros sacerdotes con los que vais a compartir la labor apostólica».
Y les ha llamado a «respetar a cada cristiano y a cada comunidad, siendo atentos y delicados», siempre «mirando a la Iglesia como el Cuerpo de Cristo, amándola con los mismos sentimientos de Cristo y entregándose por ella».
El Obispo de Huelva también ha exhortado a quienes son desde hoy nuevos presbíteros a la evangelización como «la razón de ser de la Iglesia y de su ministerio sacerdotal», anunciando «sin miedo» a Cristo en medio de un mundo secularizado.
El 2 de febrero de 2021 se celebra la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Este año bajo el lema “La vida consagrada, parábola de fraternidad en un mundo herido”.
El objetivo de esta jornada es ayudar a toda la Iglesia a valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca y dedicar su vida a Él.
Los obispos de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada dedican esta jornada a estos hombres y mujeres que, en medio de innumerables desafíos, al borde del camino o en el rincón más inhóspito de una barriada cualquiera, se convierten en ayuda para las heridas del mundo.
En la actualidad, los consagrados también ayudan con una mirada especial a personas que experimentan nuevas formas de injusticia, aflicción y desesperanza: los afectados por la COVID-19.
Mensaje de los obispos de la Comisión, testimonios y textos sobre el Magisterio:
– Vida Consagrada. Materiales – 2021
Cartel:
– Vida Consagrada. Cartel-2021
Subsidio litúrgico:
– Vida Consagrada. Subsidio – 2021
Estampa:
Es la expresión escrita de la voluntad de un paciente sobre los tratamientos médicos que desea recibir, o no está dispuesto a aceptar, en la fase final de su vida. El testamento vital también especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia.
La Conferencia Episcopal Española anima a firmar el testamento vital (descargar en word).
El presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida, Mons. José Mazuelos Pérez, explica, entre otras cuestiones, en qué consiste, cómo hacerlo, dónde se debe registrar para que tenga valor jurídico, o su importancia.
Ante el avance de la medicina se hizo necesario e imprescindible el Consentimiento Informado, que consiste en la participación de forma activa en la toma de decisiones junto al médico sobre el tratamiento a seguir.
Sin embargo, hay situaciones en las que el enfermo no puede decidir sobre su propia salud por incapacidad debido a la propia enfermedad, accidente o vejez. Cuando se presentan estas dificultades, uno de los caminos para ayudar al personal sanitario es la consideración de la voluntad del paciente manifestada previamente a la pérdida de la capacidad de razonar. Es a esta voluntad anticipada a lo que se llama popularmente testamento vital.
La persona que firme está declaración tiene que estar en plena posesión de las facultades mentales.
La rubrica se hará ante la presencia de tres testigos o bien bajo la eventual intervención de un notario.

El testamento vital, reconocido legalmente en España a partir del año 2002 con la Ley de Autonomía del Paciente, una vez firmado se inscribe en un registro de voluntades vitales creado con este propósito en las distintas comunidades autónomas.
Es importante tener en cuenta que las diferentes comunidades han regulado este documento con distintas denominaciones: testamento vital, voluntades anticipadas, instrucciones previas o manifestaciones anticipadas de voluntad. Por eso es conveniente que se consulte la regulación de la comunidad de residencia para asegurar que se cumplen todos los requisitos legalmente exigidos para inscribirse y asegurar su eficacia futura.
En cualquier caso, el testamento vital se puede modificar o revocar en cualquier momento.
El testamento vital es esencial para dejar constancia, de forma anticipada, de nuestra voluntad de aceptar o rechazar determinados tratamientos médicos. De esta manera, se libera a los familiares del peso de tomar decisiones por el enfermo en situaciones tan difíciles.También contempla nombrar a un representante legal en materia de tratamientos médicos encargado de velar por su cumplimiento y de tomar decisiones en previsión de una eventualidad no contemplada en el testamento escrito.
Además se especifica el derecho a una atención espiritual.
El testamento vital especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención cause la muerte).
La proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia recoge que no podrá aplicarse la eutanasia en caso de que la persona haya suscrito con anterioridad un documento con instrucciones, testamento vital, voluntades anticipadas o documentos equivalentes reconocidos legalmente.
Por eso es importante que se haga y se inscriba en el registro de voluntades vitales de la comunidad autónoma correspondiente para que tenga valor jurídico.
Es curioso que el testamento vital fuera reivindicado por algunas personas y asociaciones que abogaban por una mentalidad claramente eutanásica. Se patrocinaba como vehículo para abrir caminos para considerar de forma absoluta la autonomía del paciente. Hoy, ante la posible aprobación de la ley de la eutanasia se hace necesario para evitar abusos de aplicación de la misma cuando no se puede manifestar el consentimiento informado.
Por dos razones:

Para evitar el atropello a la dignidad y a la libertad de la persona incapacitada que trae consigo la ley de la eutanasia.
Para ayudar a humanizar el proceso de muerte con una asistencia humana material y espiritual, estableciendo una línea que dé espacio a una verdadera alianza terapéutica entre el médico competente, los familiares y/o los eventuales representantes que no deberá ser trasgredida.
Con el testamento vital se especifica que no se quiere el encarnizamiento terapéutico o acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles u obstinadas, ni la eutanasia entendida como toda medida adoptada para acelerar la muerte de modo directo o intencionado. De esta forma quedan garantizados los cuidados mínimos de sustento vital, como lo es la comida y la bebida en cualquier persona, mientras se considere razonablemente útil, evitando toda forma de ensañamiento terapéutico.
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