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Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2021 – 16 de mayo de 2021: «Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son

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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO PARA LA 55 JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

«Ven y lo verás» (Jn 1,46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son

Queridos hermanos y hermanas:

La invitación a “ir y ver” que acompaña los primeros y emocionantes encuentros de Jesús con los discípulos, es también el método de toda comunicación humana auténtica. Para poder relatar la verdad de la vida que se hace historia (cf. Mensaje para la 54.ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, 24 enero 2020) es necesario salir de la cómoda presunción del “como es ya sabido” y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto. «Abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean», aconsejaba el beato Manuel Lozano Garrido[1] a sus compañeros periodistas. Deseo, por lo tanto, dedicar el Mensaje de este año a la llamada a “ir y ver”, como sugerencia para toda expresión comunicativa que quiera ser límpida y honesta: en la redacción de un periódico como en el mundo de la web, en la predicación ordinaria de la Iglesia como en la comunicación política o social. “Ven y lo verás” es el modo con el que se ha comunicado la fe cristiana, a partir de los primeros encuentros en las orillas del río Jordán y del lago de Galilea.

Desgastar las suelas de los zapatos

Pensemos en el gran tema de la información. Opiniones atentas se lamentan desde hace tiempo del riesgo de un aplanamiento en los “periódicos fotocopia” o en los noticieros de radio y televisión y páginas web que son sustancialmente iguales, donde el género de la investigación y del reportaje pierden espacio y calidad en beneficio de una información preconfeccionada, “de palacio”, autorreferencial, que es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas, y ya no sabe recoger ni los fenómenos sociales más graves ni las energías positivas que emanan de las bases de la sociedad. La crisis del sector editorial puede llevar a una información construida en las redacciones, frente al ordenador, en los terminales de las agencias, en las redes sociales, sin salir nunca a la calle, sin “desgastar las suelas de los zapatos”, sin encontrar a las personas para buscar historias o verificar de visu ciertas situaciones. Si no nos abrimos al encuentro, permaneceremos como espectadores externos, a pesar de las innovaciones tecnológicas que tienen la capacidad de ponernos frente a una realidad aumentada en la que nos parece estar inmersos. Cada instrumento es útil y valioso sólo si nos empuja a ir y a ver la realidad que de otra manera no sabríamos, si pone en red conocimientos que de otro modo no circularían, si permite encuentros que de otra forma no se producirían.

Esos detalles de crónica en el Evangelio

A los primeros discípulos que quieren conocerlo, después del bautismo en el río Jordán, Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39), invitándolos a vivir su relación con Él. Más de medio siglo después, cuando Juan, muy anciano, escribe su Evangelio, recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después —relata de nuevo Juan— Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia, no de oídas. «Ya no creemos por lo que tú nos dijiste, sino porque nosotros mismos lo hemos oído», dice la gente a la Samaritana, después de que Jesús se detuvo en su pueblo (cf. Jn 4,39-42). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad. Es la verificación más honesta de todo anuncio, porque para conocer es necesario encontrar, permitir que aquel que tengo de frente me hable, dejar que su testimonio me alcance.

Gracias a la valentía de tantos periodistas

También el periodismo, como relato de la realidad, requiere la capacidad de ir allá donde nadie va: un movimiento y un deseo de ver. Una curiosidad, una apertura, una pasión. Gracias a la valentía y al compromiso de tantos profesionales —periodistas, camarógrafos, montadores, directores que a menudo trabajan corriendo grandes riesgos— hoy conocemos, por ejemplo, las difíciles condiciones de las minorías perseguidas en varias partes del mundo; los innumerables abusos e injusticias contra los pobres y contra la creación que se han denunciado; las muchas guerras olvidadas que se han contado. Sería una pérdida no sólo para la información, sino para toda la sociedad y para la democracia si estas voces desaparecieran: un empobrecimiento para nuestra humanidad.

Numerosas realidades del planeta, más aún en este tiempo de pandemia, dirigen al mundo de la comunicación la invitación a “ir y ver”. Existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, sólo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”. Pensemos en la cuestión de las vacunas, como en los cuidados médicos en general, en el riesgo de exclusión de las poblaciones más indigentes. ¿Quién nos hablará de la espera de curación en los pueblos más pobres de Asia, de América Latina y de África? Así, las diferencias sociales y económicas a nivel planetario corren el riesgo de marcar el orden de la distribución de las vacunas contra el COVID. Con los pobres siempre como los últimos y el derecho a la salud para todos, afirmado como un principio, vaciado de su valor real. Pero también en el mundo de los más afortunados el drama social de las familias que han caído rápidamente en la pobreza queda en gran parte escondido: hieren y no son noticia las personas que, venciendo a la vergüenza, hacen cola delante de los centros de Cáritas para recibir un paquete de alimentos.

Oportunidades e insidias en la web

La red, con sus innumerables expresiones sociales, puede multiplicar la capacidad de contar y de compartir: tantos ojos más abiertos sobre el mundo, un flujo continuo de imágenes y testimonios. La tecnología digital nos da la posibilidad de una información de primera mano y oportuna, a veces muy útil: pensemos en ciertas emergencias con ocasión de las cuales las primeras noticias y también las primeras comunicaciones de servicio a las poblaciones viajan precisamente en la web. Es un instrumento formidable, que nos responsabiliza a todos como usuarios y como consumidores. Potencialmente todos podemos convertirnos en testigos de eventos que de otra forma los medios tradicionales pasarían por alto, dar nuestra contribución civil, hacer que emerjan más historias, también positivas. Gracias a la red tenemos la posibilidad de relatar lo que vemos, lo que sucede frente a nuestros ojos, de compartir testimonios.

Pero ya se han vuelto evidentes para todos también los riesgos de una comunicación social carente de controles. Hemos descubierto, ya desde hace tiempo, cómo las noticias y las imágenes son fáciles de manipular, por miles de motivos, a veces sólo por un banal narcisismo. Esta conciencia crítica empuja no a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir.

Nada reemplaza el hecho de ver en persona

En la comunicación, nada puede sustituir completamente el hecho de ver en persona. Algunas cosas se pueden aprender sólo con la experiencia. No se comunica, de hecho, solamente con las palabras, sino con los ojos, con el tono de la voz, con los gestos. La fuerte atracción que ejercía Jesús en quienes lo encontraban dependía de la verdad de su predicación, pero la eficacia de lo que decía era inseparable de su mirada, de sus actitudes y también de sus silencios. Los discípulos no escuchaban sólo sus palabras, lo miraban hablar. De hecho, en Él —el Logos encarnado— la Palabra se hizo Rostro, el Dios invisible se dejó ver, oír y tocar, como escribe el propio Juan (cf. 1 Jn 1,1-3). La palabra es eficaz solamente si se “ve”, sólo si te involucra en una experiencia, en un diálogo. Por este motivo el “ven y lo verás” era y es esencial.

Pensemos en cuánta elocuencia vacía abunda también en nuestro tiempo, en cualquier ámbito de la vida pública, tanto en el comercio como en la política. «Sabe hablar sin cesar y no decir nada. Sus razones son dos granos de trigo en dos fanegas de paja. Se debe buscar todo el día para encontrarlos y cuando se encuentran, no valen la pena de la búsqueda»[2].Las palabras mordaces del dramaturgo inglés también valen para nuestros comunicadores cristianos. La buena nueva del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Hombres y mujeres que aceptaron la misma invitación: “Ven y lo verás”, y quedaron impresionados por el “plus” de humanidad que se transparentaba en su mirada, en la palabra y en los gestos de personas que daban testimonio de Jesucristo. Todos los instrumentos son importantes y aquel gran comunicador que se llamaba Pablo de Tarso hubiera utilizado el correo electrónico y los mensajes de las redes sociales; pero fue su fe, su esperanza y su caridad lo que impresionó a los contemporáneos que lo escucharon predicar y tuvieron la fortuna de pasar tiempo con él, de verlo durante una asamblea o en una charla individual. Verificaban, viéndolo en acción en los lugares en los que se encontraba, lo verdadero y fructuoso que era para la vida el anuncio de salvación del que era portador por la gracia de Dios. Y también allá donde este colaborador de Dios no podía ser encontrado en persona, su modo de vivir en Cristo fue atestiguado por los discípulos que enviaba (cf. 1 Co 4,17).

«En nuestras manos hay libros, en nuestros ojos hechos», afirmaba san Agustín[3] exhortando a encontrar en la realidad el cumplimiento de las profecías presentes en las Sagradas Escrituras. Así, el Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son.

Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos,
y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad.

Enséñanos a ir y ver,
enséñanos a escuchar,
a no cultivar prejuicios,
a no sacar conclusiones apresuradas.

Enséñanos a ir allá donde nadie quiere ir,
a tomarnos el tiempo para entender,
a prestar atención a lo esencial,
a no dejarnos distraer por lo superfluo,
a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.

Danos la gracia de reconocer tus moradas en el mundo
y la honestidad de contar lo que hemos visto.

Roma, San Juan de Letrán, 23 de enero de 2021, Vigilia de la Memoria de San Francisco de Sales.

Francisco


[1]  Periodista español, que nació en 1920 y falleció en 1971; fue beatificado en 2010.

[2] W. Shakespeare, El Mercader de Venecia, Acto I, Escena I.

[3] Sermón 360/B, 20.

Fuente

El Obispo preside la festividad de San Sebastián en La Guardia

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El patrón de La Guardia, San Sebastián, ha reunido a muchos vecinos de esta localidad, que querían honrar en su fiesta a su santo protector, en la preciosa iglesia de la Asunción. De manera privilegiada y preciosamente adornado, la imagen de San Sebastián presidía el presbiterio, para ser venerado por los fieles de la localidad.

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha presidido la solemne Eucaristía en la que, con un aforo reducido, han querido participar el alcalde de la localidad, la Cofradía del patrón, y un grupo de fieles fervorosos. Junto con el Prelado jiennense han concelebrado el párroco, D. Juan Pedro Moya Haro; el Vicario parroquial, D. Joël Nsenkey y el sacerdote hijo del pueblo, D. Antonio José Morillo.

Las lecturas han sido participadas por feligreses y el Evangelio lo ha proclamado el vicario parroquial.

Homilía

Don Amadeo ha comenzado la homilía saludando a los guardeños, en la persona del alcalde; así como a los miembros de la Hermandad de San Sebastián y a los presentes. Sus primeras palabras han querido ser de reconocimiento para tantas «personas sacrificadas en estos días a causa de la pandemia», a la vez que ha apelado al sentido de la responsabilidad de todos para luchar contra la COVID-19.

Después, ha expresado el agradecimiento de La Guardia a su patrón, «tenemos una cosa muy importante que hacer en este día y es invocar a nuestros intercesores, a nuestros santos, en particular a San Sebastián, al que se le invoca de manera inmemorial para alejar las pestes». En este sentido, el Obispo ha recordado «el poder de la oración, el poder de Dios y le pedimos a San Sebastián para que nos libre de este mal que nos acecha estos días».

Asimismo, Don Amadeo ha querido recordar el fervor de La Guardia por San Sebastián y ha hecho memoria de este santo cuya devoción se remonta al II siglo de nuestra era: «Hoy celebramos a uno de los santos más queridos por la Iglesia con una devoción que se extiende por todo el mundo. Sebastián fue un noble que vivió una existencia arraigada en la fe. Y fue esa defensa de la fe la que lo llevó al martirio», afirmó el Obispo.

A la vez, ha querido reconocer a tantas personas que a lo largo de la Historia han dada y siguen dando la vida por defender su fe en Cristo: «La confesión en Jesucristo le costó la vida a San Sebastián. Y el que confiesa ha Cristo está confesando el mayor de los tesoros, porque es el que nos da la vida. Porque poco vale la vida de mi cuerpo, si pierdo la vida del alma. Seguir a Cristo es vivir en quién nos va a dar la alegría y el sentido de nuestra existencia».

Antes de entonar el himno a San Sebastián, dos niños han llevado hasta el presbiterio un presente al Obispo de Jaén, como agradecimiento por presidir el día grande de La Guardia. También, el párroco ha querido tener unas palabras de cariño y reconocimiento ante el Prelado jiennense, que Don Amadeo ha recibido emocionado.

Palabras del Párroco:

Querido Señor Obispo, su presencia en esta mañana en nuestra comunidad parroquial, en la que celebramos un día tan marcado en la vida de los guardeños, le queremos dar las gracias, en nombre propio, de la hermandad, de la comunidad cristiana y de las mismas autoridades civiles. He de decir al pueblo, que hoy está aquí por propia iniciativa, ha sido usted mismo quien deseo venir a celebrar este día con nosotros, lo que manifiesta su ser un buen Pastor, un buen Obispo, un buen Padre. Su llegada a nuestra Diócesis de Jaén, la hemos estado viviendo como regalo de la divina providencia. ¡No se puede hacer tanto en tan poco tiempo! Puso la Diócesis en las claves del Espíritu, como un nuevo Pentecostés, haciendo salir de los propios miedos y excusas personales, a todos: niños, jóvenes, adultos y mayores a la calle. Nos ha hecho a todos miembros y responsables de la Misión de la Iglesia. Dios tuvo un sueño para usted y usted los convirtió en otro “El Sueño Misionero de llegar a todos”, y nos contagió. Toda la Diócesis se puso en meta de salida, con su obispo a la cabeza, y desde entonces y hasta hoy, esta Iglesia particular de Jaén, no ha hecho más que moverse en los ritmos misioneros. Su episcopado ha sido de empuje laical, de animación sacerdotal… D. Amadeo, GRACIAS. La parroquia la Guardia reza por usted y se adhiere con afecto y responsabilidad misionera a su Obispo. Con Usted queremos ser, a imagen de San Sebastián, hombre y mujeres de este siglo XXI, que anuncian por doquier el Amor de Dios y que por Él todo vale la pena. D. Amadeo solo quiero que sepa que Jaén lo quiere y que los guardeños le queremos. La Santísima Virgen del Rosario, madre y patrona de este pueblo, lo guarde cada día con especial predilección y lo haga, como Ella lo fue, arca de la alianza, para poder seguir llevando y anunciando el gozo del Evangelio.

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Cáritas organiza un curso de cocina para desempleados en Guadix y comarca

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Cáritas Diocesana de Guadix ha lanzado la convocatoria de un curso de formación para desempleados sobre “Operaciones Básicas de Cocina”, que tendrá una duración de 370 horas, con formación teórica y práctica. Se trata de un curso cofinanciado por el Fondo Social Europeo, con acreditación oficial, que se inscribe en los programas de inserción laboral que ofrece Cáritas con formación para quienes buscan un empleo.

El plazo de inscripción en el curso termina el 29 de enero y la información se puede recibir en la sede de Cáritas Diocesana, en la calle Rosa Chacel, 1, de Guadix; en el teléfono 958 662123; o en el email caritasguadix.insercionlaboral@gmail.com .

Este curso de formación ocupacional profesional “Operaciones Básicas de Cocina” ayudará a quienes se apunten a capacitarse para acceder a un mercadeo laboral, el de la hostelería, que, aunque ahora esté pasando por un momento difícil por culpa de la pandemia, siempre se ha mostrado en nuestra comarca como una fuente de empleo accesible para quienes quieren tener un trabajo estable. Y una formación fuerte y reconocida con su diploma correspondiente, como la que ofrece este curso de Cáritas, siempre puede ayudar.

Antonio Gómez

Caritas Curso de cocina 2

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos Sábado 23 de enero de 2021

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DÍA 6: ACOGER A LOS DEMÁS

«Poneos en camino y dad fruto abundante y duradero» (Cf. Juan 15, 16b)

Génesis 18, 1-5. Abrahán recibe a los ángeles en el Roble de Mambré

Apretaba el calor y estaba Abrahán sentado a la entrada de su tienda, cuando se le apareció el Señor en el encinar de Mambré. Al alzar la vista vio a tres hombres de pie frente a él. Apenas los vio, corrió a su encuentro desde la entrada de la tienda y, postrándose en tierra, dijo: «Señor mío, será para mí un honor que aceptes la hospitalidad que este siervo tuyo te ofrece. Que os traigan un poco de agua para lavar vuestros pies, y luego podréis descansar bajo el árbol. Ya que me habéis honrado con vuestra visita, permitidme que vaya a buscar algo de comer para que repongáis fuerzas antes de seguir vuestro camino». Ellos respondieron: «Bien, haz lo que dices».

Marcos 6, 30-44. La compasión de Jesús por las multitudes

Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le comunicaron todo lo que habían hecho y enseñado. Jesús les dijo: «Venid aparte conmigo. Vamos a descansar un poco en algún lugar solitario». Porque eran tantos los que iban y venían que no les quedaba ni tiempo para comer. Así que subieron a una barca y se dirigieron, ellos solos, a un lugar apartado. Muchos vieron alejarse a Jesús y a los apóstoles y, al advertirlo, vinieron corriendo a pie por la orilla, procedentes de todos aquellos pueblos, y se les adelantaron. Al desembarcar Jesús y ver a toda aquella gente, se compadeció de ellos porque parecían ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles muchas cosas. Como se iba haciendo tarde, los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: «Se está haciendo tarde y este es un lugar despoblado. Despídelos para que vayan a los caseríos y aldeas de alrededor a comprarse algo para comer». Jesús les contestó: «Dadles de comer vosotros mismos». Ellos replicaron: «¿Cómo vamos a comprar nosotros la cantidad de pan que se necesita para darles de comer?». Jesús les dijo: «Mirad a ver cuántos panes tenéis». Después de comprobarlo, le dijeron: «Cinco panes y dos peces». Jesús mandó que todos se recostaran por grupos sobre la hierba verde. Y formaron grupos de cien y de cincuenta. Luego él tomó los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los fue dando a sus discípulos para que ellos los distribuyeran entre la gente. Lo mismo hizo con los peces. Todos comieron hasta quedar satisfechos; aun así, se recogieron doce cestos llenos de trozos sobrantes de pan y de pescado. Los que comieron de aquellos panes fueron cinco mil hombres.

Meditación

 

Cuando nos dejamos transformar por Cristo, su amor crece y da fruto en nosotros. Acoger al otro es una forma concreta de compartir el amor que está dentro de nosotros.

A lo largo de su vida, Jesús acogió a todos los que encontró. Los escuchó y se dejó tocar por ellos sin tener miedo de su sufrimiento.

En el relato de la multiplicación de los panes, Jesús se conmueve y siente compasión después de ver a la multitud hambrienta. Él sabe que toda la humanidad necesita ser alimentada, y que solo él puede satisfacer realmente el hambre de pan y la sed de vida.

Pero no desea hacer esto sin sus discípulos, sin contar con ese poco que ellos podían ofrecer: cinco panes y dos peces.

Incluso hoy nos llama a ser colaboradores suyos en su incondicional preocupación por los demás. A veces, algo tan pequeño como una mirada amable, un oído atento o nuestra presencia es suficiente para que una persona se sienta acogida. Cuando le ofrecemos nuestras pobres habilidades a Jesús, él las usa de una manera sorprendente.

Entonces experimentamos lo que hizo Abrahán, porque es dando que recibimos, y cuando acogemos a los demás, somos bendecidos en abundancia.

Es Cristo mismo a quien recibimos como invitado.

La regla de Taizé en francés e inglés (2012) p. 103

 

¿Encontrarán en nosotros las personas que acogemos día a hombres y mujeres radiantes con Cristo, nuestra paz?

Las fuentes de Taizé (2000) p. 60

Oración

Jesucristo, deseamos acoger a los hermanos y hermanas que están con nosotros. Sabes que frecuentemente nos sentimos impotentes ante su sufrimiento, sin embargo, tú siempre te adelantas y los acoges con compasión. Háblales a través de nuestras palabras, apóyalos a través de nuestros actos, y deja que tu bendición descanse sobre todos nosotros.

John Alexander Melo Arévalo

Secretariado Diocesano de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso

 

San Ildefonso

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San IldefonsoSiglo VII

En la ciudad de Toledo, en la Hispania Tarraconensis (hoy España), san Ildefonso, que fue monje y rector de su cenobio, y después elegido obispo. Autor fecundo de libros y de textos litúrgicos, se distinguió por su gran devoción hacia la santísima Virgen María, Madre de Dios.

La entrada San Ildefonso apareció primero en Diócesis de Córdoba. Fuente

Obispo de Málaga: «La unidad visible es signo y fruto de la comunión trinitaria»

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la oración ecuménica celebrada en la catedral de Málaga con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el 23 de octubre de 2021.

ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

(Catedral-Málaga, 23 enero 2021)

Lecturas: 1Co 1, 10-13; Ap 7, 9-12; Jn 15, 1-17.

Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia (cf. Jn 15, 5-9).

1.- La oración de este año se enmarca en el discurso de Jesús en la última Cena, en el que anima a sus discípulos a permanecer unidos a él como el sarmiento a la vid; de ese modo su unidad producirá fruto abundante (cf. Jn 15, 5-9).

Hemos de confiar en la palabra de Cristo y mantenernos unidos a él, que es la Vid verdadera: «Si permanecéis unidos a mí y mi mensaje permanece en vosotros, pedid lo que queráis y lo obtendréis» (Jn 15, 7).

Al permanecer en Cristo recibimos la fuerza y la sabiduría para construir una humanidad nueva; para ser creadores de una nueva forma de vida, en la que abunde el respeto y la comunión con todos los hombres y con toda la creación.

2.- La unidad de los discípulos proviene de la Trinidad, que es fuente de unidad, de comunión y de amor. La unidad de los discípulos refleja en el mundo la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Jesús suplicaba al Padre: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

Si los cristianos no estamos unidos, nuestro testimonio adolece de fuerza convincente para que otros crean. La unidad visible es signo y fruto de la comunión trinitaria y de la fraternidad de los discípulos del Señor.

3.- La unidad de la Iglesia no es fruto de los consensos y de acuerdos que las diversas confesiones cristianas puedan realizar. Los acuerdos producen fruto si son vividos como obra del Espíritu Santo. Por eso es tan importante el ecumenismo espiritual, para lograr la unidad visible de la Iglesia.

El ecumenismo verdadero camina a través de la verdad creída y vivida, aunque sea expresada con formulaciones diversas, según la diversidad de culturas y sensibilidades; pero éstas deben ser iluminadas y transformadas por el evangelio.

4.- El fruto está vinculado a la fe en Cristo y a la permanencia en él. Nuestros proyectos de unidad quedan rotos si nos alejamos de Cristo. Permanecer en el amor de Dios implica reconciliarse con Dios, con uno mismo y con los demás.

Cristo es la verdadera Vid y el Padre es el labrador. Dios-Padre nos poda para dar más fruto; el sarmiento que no da fruto lo arranca; y al que da fruto lo poda, para que dé más fruto (cf. Jn 15,2). Pero muchas veces nos resistimos a que el viñador corte lo que estorba en nuestra vida.

A veces mantenemos resistencia a perder nuestras estructuras eclesiales, modos de vivir, nuestras ideas preconcebidas y otras cosas que retrasan la unidad visible de la única Iglesia de Jesucristo.

5.- El mandato del Señor de “permanecer en Él” debe ser acogido en nuestro corazón, para que arraigue en nosotros y se desarrolle poco a poco, a pesar de las dificultades, de las contradicciones, de nuestros alejamientos de Dios y de los desafíos de la vida.

Permanecer en Cristo nos permite dar buenos y abundantes frutos: «La gloria de mi Padre se manifiesta en que produzcáis fruto en abundancia» (Jn 15, 8). No podemos dar frutos por nuestra cuenta, ni separados de la vid. Nos lo advierte el mismo Jesús: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15, 4).

Los frutos los produce la savia, es decir, la vida del Espíritu de Jesús que fluye en nosotros.

Permanecer en Cristo implica amarnos unos a otros como él nos ha amado (cf. Jn 15, 12), porque Cristo es la fuente de todo amor, que es amado por su Padre-Dios: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

6.- Dios es el centro del universo y de la humanidad. La comunión con Cristo exige la comunión con los demás. Acercarse a Dios conlleva el acercamiento a los hermanos. Esto implica un gran desafío y también un esfuerzo de reconciliación que exige sacrificios y renuncias.

Sin embargo, el alejamiento de Dios produce distancia con los hermanos. Las divisiones entre cristianos nos alejan unos de otros y nos alejan también de Dios.

La oración de Cristo por la unidad es una invitación a unirnos a él y a acercarnos unos a otros, alegrándonos por la riqueza de nuestra diversidad.

Deseo agradecer al equipo de la delegación diocesana, a los pastores, a los fieles y voluntarios vuestra participación y oración en la Semana de Oración por la Unidad y vuestro interés por obtener la unidad visible entre los cristianos. Ya sabéis que la Diócesis de Málaga está siendo pionera en algunas iniciativas al respecto, como lo ha reconocido el Pontificio Consejo por la Unidad de los Cristianos.

Unidos a la oración de Jesucristo en la oración de esta tarde, pedimos a Dios que nos acerque a él y a los hermanos; y que nos conceda permanecer unidos a Él como los sarmientos a la vid, para alcanzar la unidad visible de la Iglesia. Amén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

«La unidad visible es signo y fruto de la comunión trinitaria»

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la oración ecuménica celebrada en la catedral de Málaga con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el 23 de octubre de 2021.

ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

(Catedral-Málaga, 23 enero 2021)

Lecturas: 1Co 1, 10-13; Ap 7, 9-12; Jn 15, 1-17.

Permaneced en mi amor y daréis fruto en abundancia (cf. Jn 15, 5-9).

1.- La oración de este año se enmarca en el discurso de Jesús en la última Cena, en el que anima a sus discípulos a permanecer unidos a él como el sarmiento a la vid; de ese modo su unidad producirá fruto abundante (cf. Jn 15, 5-9).

Hemos de confiar en la palabra de Cristo y mantenernos unidos a él, que es la Vid verdadera: «Si permanecéis unidos a mí y mi mensaje permanece en vosotros, pedid lo que queráis y lo obtendréis» (Jn 15, 7).

Al permanecer en Cristo recibimos la fuerza y la sabiduría para construir una humanidad nueva; para ser creadores de una nueva forma de vida, en la que abunde el respeto y la comunión con todos los hombres y con toda la creación.

2.- La unidad de los discípulos proviene de la Trinidad, que es fuente de unidad, de comunión y de amor. La unidad de los discípulos refleja en el mundo la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Jesús suplicaba al Padre: «Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros. De este modo el mundo creerá que tú me has enviado» (Jn 17, 21).

Si los cristianos no estamos unidos, nuestro testimonio adolece de fuerza convincente para que otros crean. La unidad visible es signo y fruto de la comunión trinitaria y de la fraternidad de los discípulos del Señor.

3.- La unidad de la Iglesia no es fruto de los consensos y de acuerdos que las diversas confesiones cristianas puedan realizar. Los acuerdos producen fruto si son vividos como obra del Espíritu Santo. Por eso es tan importante el ecumenismo espiritual, para lograr la unidad visible de la Iglesia.

El ecumenismo verdadero camina a través de la verdad creída y vivida, aunque sea expresada con formulaciones diversas, según la diversidad de culturas y sensibilidades; pero éstas deben ser iluminadas y transformadas por el evangelio.

4.- El fruto está vinculado a la fe en Cristo y a la permanencia en él. Nuestros proyectos de unidad quedan rotos si nos alejamos de Cristo. Permanecer en el amor de Dios implica reconciliarse con Dios, con uno mismo y con los demás.

Cristo es la verdadera Vid y el Padre es el labrador. Dios-Padre nos poda para dar más fruto; el sarmiento que no da fruto lo arranca; y al que da fruto lo poda, para que dé más fruto (cf. Jn 15,2). Pero muchas veces nos resistimos a que el viñador corte lo que estorba en nuestra vida.

A veces mantenemos resistencia a perder nuestras estructuras eclesiales, modos de vivir, nuestras ideas preconcebidas y otras cosas que retrasan la unidad visible de la única Iglesia de Jesucristo.

5.- El mandato del Señor de “permanecer en Él” debe ser acogido en nuestro corazón, para que arraigue en nosotros y se desarrolle poco a poco, a pesar de las dificultades, de las contradicciones, de nuestros alejamientos de Dios y de los desafíos de la vida.

Permanecer en Cristo nos permite dar buenos y abundantes frutos: «La gloria de mi Padre se manifiesta en que produzcáis fruto en abundancia» (Jn 15, 8). No podemos dar frutos por nuestra cuenta, ni separados de la vid. Nos lo advierte el mismo Jesús: «Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí» (Jn 15, 4).

Los frutos los produce la savia, es decir, la vida del Espíritu de Jesús que fluye en nosotros.

Permanecer en Cristo implica amarnos unos a otros como él nos ha amado (cf. Jn 15, 12), porque Cristo es la fuente de todo amor, que es amado por su Padre-Dios: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor» (Jn 15, 9).

6.- Dios es el centro del universo y de la humanidad. La comunión con Cristo exige la comunión con los demás. Acercarse a Dios conlleva el acercamiento a los hermanos. Esto implica un gran desafío y también un esfuerzo de reconciliación que exige sacrificios y renuncias.

Sin embargo, el alejamiento de Dios produce distancia con los hermanos. Las divisiones entre cristianos nos alejan unos de otros y nos alejan también de Dios.

La oración de Cristo por la unidad es una invitación a unirnos a él y a acercarnos unos a otros, alegrándonos por la riqueza de nuestra diversidad.

Deseo agradecer al equipo de la delegación diocesana, a los pastores, a los fieles y voluntarios vuestra participación y oración en la Semana de Oración por la Unidad y vuestro interés por obtener la unidad visible entre los cristianos. Ya sabéis que la Diócesis de Málaga está siendo pionera en algunas iniciativas al respecto, como lo ha reconocido el Pontificio Consejo por la Unidad de los Cristianos.

Unidos a la oración de Jesucristo en la oración de esta tarde, pedimos a Dios que nos acerque a él y a los hermanos; y que nos conceda permanecer unidos a Él como los sarmientos a la vid, para alcanzar la unidad visible de la Iglesia. Amén.

LECTIO DIVINA. Cómo rezar con la Sagrada Escritura

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La Lectio Divina es en primer lugar un método para orar a partir de la Palabra contenida en las Sagradas Escrituras. Es un método que se remonta a los Padres de la Iglesia que tuvo un momento de extraordinario florecimiento en el medioevo con los monjes cistercienses y cartujos; vino a calificarse como la Sagrada Página.

Fue cuando Guido el Cartujo en la Scala claustralium definió el método. Es muy simple. Es un método en el cual se contemplan cuatro momentos.

En primer lugar, la lectura del texto de la Escritura y una comprensión del texto así como éste puede ser leído. Un segundo momento dedicado a la meditación: se trata de buscar en el texto, eventualmente podríamos ayudarnos con comentarios o buscando pasajes paralelos en la Escritura. El tercer elemento es la oración: dejarse inspirar por el pasaje leído para poder orar. Si en el pasaje hemos encontrado que Jesús perdona a la adúltera, es una oración de petición de misericordia para los pecadores. Si Jesús nos da el pan de su cuerpo, es una oración para que nosotros podamos participar en la Eucaristía. Es precisamente el caso que la Escritura dicta las intenciones de nuestra oración. Y el cuarto y último momento la contemplación que no es otra cosa que tratar,  después de esta lectura, esta meditación y esta oración, de ver la realidad del mundo con los ojos de Dios. La contemplación es fijar la mirada en Dios: es el sentimiento de Cristo sobre las cosas y es ciertamente el fruto de los primeros tres momentos de la Lectio Divina.

LOS PAPAS RECOMIENDAN LA LECTIO DIVINA

Con San Juan Pablo II, a finales de los años noventa, luego con Benedicto XVI y después también con el Papa Francisco se recomendó a todos que la adoptaran, porque de esta manera la Palabra de Dios se transforma en nuestro alimento. Es el modo con el cual el Evangelio nos plasma, nos cambia, nos convierte.

Celebra el Domingo de la Palabra de Dios en COPE MÁLAGA

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El 24 de enero se celebra el Domingo de la Palabra de Dios, propuesto por el papa Francisco. será uno de los temas del programa Iglesia Noticia, en COPE Málaga, a las 9.45 horas.

El sacerdote Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, invitará a los oyentes a profundizar en dicha jornada propuesta por el Papa. 

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que concluye el lunes 25 de enero será otro de los temas de la mañana, desde la voz de diversos representantes de confesiones cristianas presentes en Málaga. 

La campaña de las balconeras solidarias #NavidadMásQueNunca también tendrá un espacio en el programa, el director de Cáritas Diocesana, Francisco Sánchez, dará las gracias a todos los que han colaborado en ella, de una forma o de otra. 

La sección MI CURA estará protagonizada por Ignacio Medina, y La Voz del Seminario por José Ignacio.

El minuto de comentario del evangelio correrá a cargo de Cristina Vera, presidenta de la Acción Católica General en Málaga.

Y el broche final del programa lo pondrá Damián Ramírez, párroco de Nuestra Señora de la Paz, en Málaga. Con él celebraremos la fiesta de la titular de la parroquia. 

En el domingo de la Palabra de Dios

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Recuperamos esta reflexión del diplomático y escritor francés Paul Claudel (1968-1955), converso al catolicismo, que expresó de manera bellísima la potencia transformadora de la Palabra de Dios y su impacto en nuestras vidas

Es cosa infinitamente asombrosa que Dios haya hablado a los hombres en lenguaje humano y que esa Palabra de Dios haya quedado grabada para siempre en documentos escritos.  No basta recorrer esa palabra con los ojos o con los labios: hay que encariñarse con ella, hay que pararse a pensarla, hay que empaparse de ella y no por curiosidad sino por devoción, hay que vivir a su cobijo, hay que almacenarla en nuestra alma; hay que descansar en ella, soñar con ella y despertarse con ella: hay que persuadirse de que ella y solo ella es pan, y de que, en último análisis, sólo de ella tenemos hambre.

PAUL CLAUDEL

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