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“Gracias a los que día a día habéis rodeado mi vida, los cotidianos, los cercanos, los que me habéis cuidado con esmero”

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Querida Comunidad de hermanas y hermanos:

Como he oído decir a D. Vicente Jiménez, el arzobispo que me ordenó de obispo: “el corazón sangra por donde ama”. Hace 4 años y cinco semanas me dirigía a vosotros como vuestro obispo. Y dije que era “vuestro” porque os pertenecía en cuerpo y alma, y debía olvidarme de mi, incluso de mis propios planes, para ser realmente de vosotros. Antes de seguir y, quiero que sea lo primero, mi recuerdo y mi oración por todas las personas que han sufrido a causa de la pandemia que nos asola.

Por este tiempo, que he pasado con vosotros, como el pastor en medio del rebaño, no puedo más que dar gracias a Dios y a cada uno de los que formáis esta querida diócesis, y también a los que nos rodean, pero que sin ser del todo creyentes hemos hecho muy buenas migas, por todo lo que hemos compartido, por la cultura que hemos promovido, por los diálogos profundos que hemos mantenido.

Sabéis que, desde el primer momento, os alenté a ser comunidad y a no vivir, como esas personas que sólo adoran su propia espiritualidad, a veces en contra de otros, olvidado que todos somos el Cuerpo de Cristo, y que la diversidad forma parte intrínseca de este cuerpo, donde hay muchos miembros y cada uno actúa para el bien de todos. Si olvidáramos esto no somos de Cristo. Esto no lo digo por ser obispo, que también, sino porque lo decía ya en la parroquia de san Lázaro de Palencia, de donde vine a esposarme con esta comunidad diocesana.

Os doy las gracias porque unidos, las comunidades religiosas (incluidas las contemplativas), las comunidades laicales, el presbiterio, nuestro diácono permanente y los seminaristas, hemos sido capaces de alentar la ilusión de una iglesia viva, y aunque seamos pocos, nos mantenía en tensión la referencia a las primeras comunidades cristianas (que también eran pequeñas), y, además, combatiendo en medio de un mundo más convulso que el nuestro. Gracias a todos, porque siempre hemos intentado sumar, nunca restar, pues en la iglesia todos somos necesarios.

Me llevo de estos años: los encuentros, los diálogos, los proyectos pasados por los crisoles de la distintas comunidades y consejos, las celebraciones, las oraciones con un diseño nuevo y fresco, las conversaciones alrededor de un café en la cocina… vosotros sois mi mejor regalo. Esta es la verdadera historia que permanece, todo lo demás lo deshace el tiempo, pero el amor no pasa nunca. Doy las gracias por el trabajo infatigable de Cáritas, el de Jesús que lava los pies y sana las heridas de los descartados. Gracias a Manos Unidas y el esfuerzo de hormigas en el diseño de los proyectos para el tercer mundo. Gracias a la Acción Católica General, dinamizadora de tantos encuentros de formación y oración en nuestras parroquias. Gracias a la Pastoral Penitenciaria, que me ha sabido acercar con gozo a una realidad compleja, pero con la mirada en el futuro. Y gracias a dos nuevas realidades: a las SEPAS (pastoral de las personas separadas) y a la Hospitalidad de Lourdes, samaritana de los enfermos y desvalidos. Gracias a los que animáis la pastoral de las parroquias, tantas personas voluntarias, laicas y consagradas, que me habéis mantenido despierto; amigos y familias siempre ¡tan cerca! que formáis ya parte de mi vida y permanecéis en mi corazón.

Gracias a los sacerdotes y al diácono, que siempre habéis estado ahí y que os habéis fiado de las propuestas que hemos ido haciendo, y con el esfuerzo de todos los consejos de pastoral, hemos ido sacando adelante. Como yo os digo: lo importante es probar, diseñar nuevos y valientes proyectos, y si no salen, pues cambiamos, pues el desafío que hoy tiene nuestra iglesia (es decir, el que TODOS tenemos) no nos permite el lujo del inmovilismo. El Espíritu Santo que nos mueve: es empuje, creatividad, dulzura, ternura, gozo… y todos los dones que de él hemos recibido.

Gracias a los hermanos Obispos de Aragón, y a todos los vicarios de las diócesis aragonesas, que me ayudasteis a discernir para redactar la carta pastoral “Nazaret era un Pueblo pequeño”. Así como vuestro acompañamiento en las dificultades por las que también hemos pasado.

Gracias a las autoridades: al ayuntamiento y a su alcaldesa, a los 2 Presidentes de la Diputación, a los Subdelegados de los Gobiernos; al Gobierno de Aragón, a su vicepresidenta y a los consejeros con los que he tenido que trabajar, a las Fuerzas de Seguridad, al Poder Judicial, a la Fundación Amantes, y la Fundación Santa María de Albarracín, y a sus trabajadores, a todos los alcaldes, instituciones, asociaciones populares y movimientos ciudadanos, con las que hemos trabajado codo con codo; solo unidos podemos levantar esta tierra y este pueblo. Gracias por vuestra comprensión y por vuestro apoyo.

Finalmente, gracias a los que día a día habéis rodeado mi vida, los cotidianos, los cercanos, los que me habéis cuidado con esmero. Aglutinando a todos en uno, pues no me perdonaría olvidar a nadie: gracias D. Alfonso, tú has sido mi “hermano mayor”. Como siempre he dicho, el Vicario General se debía llamar “el cirineo del obispo”. Si algo valoro tanto de ti, como de Juan Pablo, y de todos los que habéis estado a mi lado, es que nunca me habéis hablado mal de nadie. Gracias por estar ahí de una manera discreta, laboriosa y con mucha caridad para conmigo. Que el Señor me perdone por el mal que haya podido hacer, espero también vuestra misericordia. ¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero,
Obispo de Teruel y Albarracín
Obispo Coadjutor Electo de Almería

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Segundo domingo de Cuaresma. Ciclo b. 28 de febrero de 2021

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En este domingo pasamos del desierto a la montaña, como escenarios de una enorme carga espiritual. Jesús reúne a un grupo reducido de sus discípulos, que podríamos considerar el círculo más íntimo y de confianza del Señor, y los lleva con él a lo alto de una montaña.
La montaña en la Biblia no es sólo una elevación geográfica del terreno, porque la montaña es un lugar espiritual, que, por su altura, está más próximo al cielo. Por eso, subir a la montaña es recogerse y distanciarse de las distracciones del mundo, es ponerse en la presencia de Dios, es ese momento de encuentro en el silencio y en la intimidad con Él: la oración. La montaña, al igual que la oración, es un momento de revelación, en el que Dios nos muestra sus misterios y se nos da a conocer en su profundidad.

Una vez que el grupo se encuentra en la cima, Cristo se transfigura delante de los suyos, revelándose y mostrándose en toda su gloria como Mesías e Hijo de Dios. Aparecen junto a Jesús dos personajes fundamentales del Antiguo Testamento y del judaísmo: Moisés, que personaliza la Ley, y Elías, que representa a los Profetas. Ambos vienen a reafirmar la vida y la misión de Cristo.
Una nube lo envuelve todo, signo de la divinidad y del misterio del Dios. Desde dentro de la nube se escucha una voz, que viene a afirmar la filiación divina de Jesús y su supremacía sobre Moisés y Elías, en una escena paralela a la del bautismo y teniendo por testigos a los discípulos.
No extraña que la sensación de gozo y de paz que sienten los discípulos les provoque la necesidad de eternizar el momento y paralizar el tiempo, de quedarse allí para siempre para no volver a un mundo y una realizad de sufrimiento y de dificultades.
Todo esto acurre después de que Jesús ya ha recorrido un largo camino en su tarea de evangelización y de anuncio del reino de Dios, relatado en los primeros capítulos de Marcos, y que en muchos ha despertado la duda, el escándalo y el rechazo, no entendiendo muy bien, incluso sus discípulos, su vida, su misión y su identidad. La transfiguración viene a confirmarnos a todos, creyentes y no creyentes, la verdadera identidad de Jesús, a pesar de que no lo conozcamos y de que sólo desde la fe podemos profesar que es el Hijo de Dios.
Aquí se nos presenta y se nos descubre a un Jesús terreno, que es más que un hombre cualquiera o que sobresale con respecto al resto, pues aparece también en su naturaleza divina y en relación al Padre.
Estos discípulos han tenido una experiencia privilegiada, que sucede después de que los discípulos acaban de recibir la enseñanza de la cruz, tan unida a la vida y al destino del Mesías, y se ponen en camino hacia un final de locura que terminará en Jerusalén y en otro monte en donde será crucificado y en donde se mostrará el inmenso amor misericordioso de un Padre que perdona a quienes han asesinado a su Hijo. En medio de este camino tenemos la transfiguración como aliento, empuje y revelación que ilumina a los seguidores de Jesús.
En medio de la vida, nosotros, los discípulos de hoy, rodeados de nuestras cruces y tormentos, seguimos reconociendo en Jesús al Hijo de Dios, a nuestro Redentor, porque la transfiguración es un anticipo de la gloria del Resucitado, en el cual creemos, al cual amamos y al cual seguimos muchos siglos después. Subir a la montaña nos fortalece en la fe para bajar a nuestro mundo cotidiano y afrontarlo con todos sus retos y amenazas, apoyados en la luz y el calor que nos da Cristo, compañero de nuestro camino, que hace que en medio de nuestras oscuridades y calvarios personales y en los de todos, nosotros sintamos la paz, la energía y la esperanza que sólo nos viene de Dios como un don. Ese gozo es la satisfacción por la superación de las tentaciones y de una crisis, por haber acompañado a alguien en su cruz, por haberte desapegado de esclavitudes…
Hoy no es fácil tener fe ni permanecer en la Iglesia cuando nuestro mundo y sociedad están tan secularizados, cuando hay un pesimismo y una negatividad, cuando padecemos una pandemia, cuando afrontamos una crisis económica, cuando estamos tan desencantados de la política… Pero, en medio de tanta cruz, los cristianos descubrimos lo importante y lo necesaria que es la fe para no rendirnos, no instalarnos y para no desentendernos de lo que nos ha tocado vivir.

Emilio José Fernández, sacerdote
http://elpozodedios.blogspot.com/ 

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Las hermandades de Huéscar comienzan a celebrar sus cultos cuaresmales a sus sagrados titulares

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Como viene sucediendo desde ya casi un año, la actual situación de crisis sanitaria a causa del coronavirus, sigue marcando las agendas en todos los aspectos de la vida, y la Cuaresma, que dio comienzo el pasado Miércoles de Ceniza, no iba a ser menos. Aunque esto no quita que la distintas hermandades puedan celebrar sus cultos siguiendo todas las medidas que se nos indican.
Es por ello que todas las celebraciones han estado condicionadas por las normas de seguridad y distancia social que limitan el aforo del templo al 30%.

Esta vez, en la parroquia de Santa María de Huéscar, ha sido el turno de Hermandad de San Juan Evangelista, que ha celebrado el triduo en honor a uno de sus sagrados titulares: Nuestro Padre Jesús Nazareno atado a la Columna. Fue del jueves 25 al sábado 27 de febrero, a las 7,30 de la tarde en dicha parroquia.
Con todo, lógicamente ha habido modificaciones con respecto a las celebraciones de los años anteriores. Cambios que han afectado, por ejemplo, al viacrucis que cada viernes se celebra en la parroquia. Este año los fieles no han podido acompañar al “Cristo de los muertos”, como se conoce en dicha cofradía, que ha sido portado por un miembro de la hermandad, parándose debajo de cada una de las estaciones colocadas en el templo de Santa María. Cada uno de los asistentes, desde su sitio, ha rezado el viacrucis.
José Antonio Martínez
Párroco de Santa María, de Huéscar

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San Leandro de Sevilla

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LA VOZ de Aaron Benzaquen, seminarista

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Podcast de la sección LA VOZ DEL SEMINARIO emitida en el programa IGLESIA NOTICIA en COPE MÁLAGA el domingo 28 de febrero de 2021. El seminarista Aaron Benzaquen nos cuenta cómo llegó al Seminario de Málaga
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COPE. El ayuno en pandemia

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IGLESIA NOTICIA. COPE MÁLAGA

El ayuno en pandemia fue el tema de reflexión que propusieron Los 4 Jinetes de la Cuaresma en el programa Iglesia Noticia del domingo 28 de febrero, en COPE Málaga.

Aquí pueden escuchar el programa Iglesia Noticia emitido el 28 de febrero en COPE Málaga

Mª Carmen Martín, Misionera Idente; Francisco Guzmán, presidente diocesano de HOAC Málaga; Soledad Meliveo, bachiller en Ciencias Religiosas; y Juan Baena, sacerdote diocesano y párroco de La Cala de Mijas son los 4 jinetes que nos acompañan cada domingo de esta Cuaresma.

El párroco de Santiago, en Málaga, Miguel Gamero, explicó cómo han organizado los actos con motivo del día del Cristo de Medinaceli, el primer viernes del mes de marzo.

Otros temas del programa Iglesia Noticia fueron la Visita Pastoral del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, a las parroquias del arciprestazgo Axarquía Interior, de la mano del arcipreste de la zona, José Mariano Pérez; y el Servicio Conjunto de Animación Misionera, que explicará el delegado de Misiones, Danilo Cantillo, Misionero de la Consolata. 

El deán de la Catedral, Antonio Aguilera, contará la historia del nuevo Niño Jesús que acompaña a la imagen de San José, de Fernando Ortiz.

Francisco Luis Martínez, presidente de Escuelas Católicas en Málaga, animará a las familias ante la nueva campaña de solicitud de centro escolar. 

Y Aarón Benzaquén será La Voz del Seminario esta semana.

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ESTE ES MI HIJO, EL AMADO, por Rafael Carmona. Comentario al evangelio del Domingo II de Cuaresma, 28 de febrero de 2021

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Rafael Carmona, diácono en las parroquia de los Santos Mártires y San Juan Bautista, ayuda a profundizar en el evangelio del segundo Domingo de Cuaresma (Marcos 9, 2-10).

Algo debió de pensar Jesús cuando, después de la prueba del desierto, se coge a un puñado de amigos para salir del ruido, del llano, de la vida ordinaria y elevarlos, no solamente a una montaña, sino también a la contemplación del misterio que hoy celebramos: la Transfiguración.

Los seres humanos tenemos, todos, un gran temor: el miedo a sufrir, por eso huimos del dolor y buscamos el placer. Jesús resultaba para los Apóstoles y para los que lo oían predicar que era el gran Mesías del que hablaban las Escrituras y los Profetas. Así pensaban que vendría la felicidad y desaparecería el dolor. Pero, tanto los Apóstoles como el pueblo, esperaban un Mesías glorioso y que triunfase sobre el mal en todos sus aspectos.

Nosotros nos encontramos en Cuaresma. En ella se nos ha proclamado: oración, penitencia y ayuno; es decir, el camino de la cruz. Pero para poco tiempo. Luego vendrá el cielo para siempre. La vida cristiana es seguir a Jesús con la cruz; sufrir trabajos, desprecios y muerte, pero sabiendo que nos espera la transfiguración en el cielo. Los cristianos que lo son de verdad y tienen fe se animarán a llevar la cruz, sabiendo que les espera el cielo.

¡Qué poco se habla hoy del cielo! Queremos un cielo en la tierra que da poco de sí y termina. El cielo es plenitud de felicidad y no se acaba jamás. “¿Quién lo ha visto?”, dirán algunos. Jesús mismo, San Pablo y todos los santos, pero, sobre todo, la Fe de la Iglesia, que nos lo enseña.
 

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Comunicado de la Diócesis de Jaén ante la muerte violenta de Francisco José Zúñiga Martín

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La Diócesis de Jaén y en su nombre el Obispo, Don Amadeo Rodríguez Magro, muestran su profundo dolor y consternación ante el trágico suceso que le ha costado la vida a Francisco José Zúñiga Martín, fiel colaborador de la parroquia de Consolación de Alcalá la Real.

Francisco será recordado siempre como un hombre bondadoso, gran cristiano, con gran sentido de  Iglesia, así como con una admirable vocación de servicio.

El Obispo de Jaén se une al dolor de su familia y amigos y anuncia que será él quien presida el funeral de entierro que tendrá lugar esta tarde, a las 17 horas, en la parroquia de Consolación de Alcalá la Real. Asimismo, Monseñor Rodríguez Magro ruega a los fieles que se unan en oración para pedir por este hombre de Iglesia, con profundo sentido de comunidad, que ha perdido la vida de una forma violenta, injusta e inesperada.

En estos momentos de dolor, el Prelado del Santo Reino apela a la intercesión maternal de Nuestra Señora de las Mercedes, a quien tanta devoción profesaba Paco Zúñiga, para que haga de medianera ante su Hijo por el alma de Paco y sea consuelo para su familia y comunidad parroquial que ahora lloran su pérdida.

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Un año de la llegada a la diócesis de Guadix de las Hermanas Obreras del Corazón de Jesús

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El 20 de febrero hemos celebrado nuestra llegada a la Diócesis de Guadix. Un motivo de mucha alegría y gratitud por la posibilidad que se nos brinda de poder servir a esta Iglesia desde nuestro carisma, como Hermanas Obreras del Corazón de Jesús.

Sí, después de que el Señor Obispo nos pidiera la apertura de una comunidad, nos sentimos muy ilusionadas con este proyecto que comprendía varias misiones: la atención del albergue diocesano, la colaboración en la sacristía de la catedral y hacer presencia en alguna de las parroquias. Con esta propuesta llegamos a Guadix el 20 de febrero de 2020 y, aunque el año que hemos vivido ha sido difícil y extraño, al igual que para todos, aquí estamos, con los mismos deseos y ganas de seguir sirviendo a la Iglesia en lo que esté a nuestro alcance y podamos.

Iniciamos esta andadura solamente dos hermanas y actualmente formamos la comunidad tres. Desde el comienzo nos hemos sentido acogidas y acompañadas y es algo que ayuda mucho en todo comienzo. La semilla sólo puede arraigar cuando la buena tierra la acoge y esa es nuestra experiencia.

Aprovechamos esta oportunidad para expresar nuestro agradecimiento al Señor Obispo, a los sacerdotes y a todas las personas que durante este año nos han manifestado su afecto, cercanía y ayuda.

Confiamos que el correr del tiempo y el recobrar la normalidad perdida por la crisis sanitaria nos permita ir haciéndonos presentes en otros ámbitos que también forman parte de nuestra misión y carisma. Ciertamente, siempre seremos una presencia sencilla y modesta en una diócesis con muchas necesidades, pero aquí estamos para servir y dar gloria a Dios con nuestro servicio.

Hnas. Obreras del Corazón de Jesús

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San Gabriel de la Dolorosa

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San Gabriel de la Dolorosa

2702Nació en Asís (Italia) en 1838. Su nombre en el mundo era Francisco Possenti. Era el décimo entre 13 hermanos. Su padre trabajaba como juez de la ciudad.

A los 4 años quedó huérfano de madre. El papá, que era un excelente católico, se preocupó por darle una educación esmerada, mediante la cual logró ir dominando su carácter fuerte que era muy propenso a estallar en arranques de ira y de mal genio.

Tuvo la suerte de educarse con dos comunidades de excelentes educadores: los Hermanos Cristianos y los Padres Jesuitas; y las enseñanzas recibidas en el colegio le ayudaron mucho para resistir los ataques de sus pasiones y de la mundanalidad.

El joven era sumamente esmerado en vestirse a la última moda. Y sus facciones elegantes y su fino trato, a la vez que su rebosante alegría y la gran agilidad para bailar , lo hacían el preferido de las muchachas en las fiestas. Su lectura favorita eran las novelas, pero le sucedía como en otro tiempo a San Ignacio, que al leer novelas, en el momento sentía emoción y agrado, pero después le quedaba en el alma una profunda tristeza y un mortal hastío y abatimiento. Sus amigos lo llamaban «el enamoradizo». Pero los amores mundanos eran como un puñal forrado con miel». Dulces por fuera y dolorosos en el alma.

En una de las 40 cartas que de él se conservan, le escribe a un antiguo amigo, cuando ya se ha entrado de religioso: «Mi buen colega; si quieres mantener tu alma libre de pecado y sin la esclavitud de las pasiones y de las malas costumbres tienes que huir siempre de la lectura de novelas y del asistir a teatros donde se dan representaciones mundanas. Mucho cuidado con las reuniones donde hay licor y con las fiestas donde hay sensualidad y huye siempre de toda lectura que pueda hacer daño a tu alma. Yo creo que si yo hubiera permanecido en el mundo no habría conseguido la salvación de mi alma. ¿Dirás que me divertí bastante? Pues de todo ello no me queda sino amargura, remordimiento y temor y hastío. Perdóname si te di algún mal ejemplo y pídele a Dios que me perdone también a mí».

Al terminar su bachillerato, y cuando ya iba a empezar sus estudios universitarios, Dios lo llamó a la conversión por medio de una grave enfermedad. Lleno de susto prometió que si se curaba de aquel mal, se iría de religioso. Pero apenas estuvo bien de salud, olvidó su promesa y siguió gozando del mundo.

Un año después enferma mucho más gravemente. Una laringitis que trata de ahogarlo y que casi lo lleva al sepulcro. Lleno de fe invoca la intercesión de un santo jesuita martirizado en las misiones y promete irse de religioso, y al colocarse una reliquia de aquel mártir sobre su pecho, se queda dormido y cuando despierta está curado milagrosamente. Pero apenas se repone de su enfermedad empieza otras vez el atractivo de las fiestas y de los enamoramientos, y olvida su promesa. Es verdad que pide ser admitido como jesuita y es aceptado, pero él cree que para su vida de hombre tan mundano lo que está necesitando es una comunidad rigurosa, y deja para más tarde el entrar a una congregación de religiosos.

Estalla la peste del cólera en Italia. Miles y miles de personas van muriendo día por día. Y el día menos pensado muere la hermana que él más quiere. Considera que esto es un llamado muy serio de Dios para que se vaya de religioso. Habla con su padre, pero a éste le parece que un joven tan amigo de las fiestas mundanas se va a aburrir demasiado en un convento y que la vocación no le va a durar quizá ni siquiera unos meses.

Pero un día asiste a una procesión con la imagen de la Virgen Santísima. Nuestro joven siempre le ha tenido una gran devoción a la Madre de Dios (y probablemente esta devoción fue la que logró librarlo de las trampas del mundo) y en plena procesión levanta sus ojos hacia la imagen de la Virgen y ve que Ella lo mira fijamente con una mirada que jamás había sentido en su vida. Ante esto ya no puede resistir más. Se va a donde su padre a rogarle que lo deje irse de religioso. El buen hombre le pide el parecer al confesor de su hijo, y recibida la aprobación de este santo sacerdote, le concede el permiso de entrar a una comunidad bien rígida y rigurosa, los Padres Pasionistas.

Al entrar de religioso se cambia el nombre y en adelante se llamará Gabriel de la Dolorosa. Gabriel, que significa: el que lleva mensajes de Dios. Y de la Dolorosa, porque su devoción mariana más querida consiste en recordar los siete dolores o penas que sufrió la Virgen María. Desde entonces será un hombre totalmente transformado.

Gabriel había gozado siempre de muchas comodidades en la vida y le había dado gusto a sus sentidos y ahora entra a una comunidad donde se ayuna y donde la alimentación es tosca y nada variada. Los primeros meses sufre un verdadero martirio con este cambio tan brusco, pero nadie le oye jamás una queja, ni lo ve triste o disgustado.

Gabriel lo que hacía, lo hacía con toda el alma. En el mundo se había dedicado con todas sus fuerzas a las fiestas mundanas, pero ahora, entrado de religioso, se dedicó con todas las fuerzas de su personalidad a cumplir exactamente los Reglamentos de su Comunidad. Los religiosos se quedaban admirados de su gran amabilidad, de la exactitud total con la que cumplía todo lo que se le mandaba, y del fervor impresionante con el que cumplía sus prácticas de piedad.

Su vida religiosa fue breve. Apenas unos seis años. Pero en él se cumple lo que dice el Libro de la Sabiduría: «Terminó sus días en breve tiempo, pero ganó tanto premio como si hubiera vivido muchos años».

Su naturaleza protestaba porque la vida religiosa era austera y rígida, pero nadie se daba cuenta en lo exterior de las repugnancias casi invencibles que su cuerpo sentí ante las austeridades y penitencias. Su director espiritual sí lo sabía muy bien.

Al empezar los estudios en el seminario mayor para prepararse al sacerdocio, leyó unas palabras que le sirvieron como de lema para todos sus estudios, y fueron escritas por un sabio de su comunidad, San Vicente María Strambi. Son las siguientes: «Los que se preparan para ser predicadores o catequistas, piensen mientras estudian, que una inmensa cantidad de pobres pecadores les suplica diciendo: por favor: prepárense bien, para que logren llevarnos a nosotros a la eterna salvación». Este consejo tan provechoso lo incitó a dedicarse a los estudios religiosos con todo el entusiasmo de su espíritu.

Cuando ya Gabriel está bastante cerca de llegar al sacerdocio le llega la terrible enfermedad de la tuberculosis. Tiene que recluirse en la enfermería, y allí acepta con toda alegría y gran paciencia lo que Dios ha permitido que le suceda. De vómito de sangre en vómito de sangre, de ahogo en ahogo, vive todo un año repitiendo de vez en cuando lo que Jesús decía en el Huerto de los Olivos: «Padre, si no es posible que pase de mí este cáliz de amargura, que se cumpla en mí tu santa voluntad».

La Comunidad de los Pasionistas tiene como principal devoción el meditar en la Santísima Pasión de Jesús. Y al pensar y repensar en lo que Cristo sufrió en la Agonía del Huerto, y en la Flagelación y coronación de espinas, y en la Subida al Calvario con la cruz a cuestas y en las horas de mortal agonía que el Señor padeció en la Cruz, sentía Gabriel tan grande aprecio por los sufrimientos que nos vuelven muy semejantes a Jesús sufriente, que lo soportaba todo con un valor y una tranquilidad impresionantes.

Pero había otra gran ayuda que lo llenaba de valor y esperanza, y era su fervorosa devoción a la Madre de Dios. Su libro mariano preferido era «Las Glorias de María», escrito por San Alfonso, un libro que consuela mucho a los pecadores y débiles, y que aunque lo leamos diez veces, todas las veces nos parece nuevo e impresionante. La devoción a la Sma. Virgen llevó a Gabriel a grados altísimos de santidad.

A un religioso le aconsejaba: «No hay que fijar la mirada en rostros hermosos, porque esto enciende mucho las pasiones». A otro le decía: «Lo que más me ayuda a vivir con el alma en paz es pensar en la presencia de Dios, el recordar que los ojos de Dios siempre me están mirando y sus oídos me están oyendo a toda hora y que el Señor pagará todo lo que se hace por él, aunque sea regalar a otro un vaso de agua».

Y el 27 de febrero de 1862, después de recibir los santos sacramentos y de haber pedido perdón a todos por cualquier mal ejemplo que les hubiera podido dar, cruzó sus manos sobre el pecho y quedó como si estuviera plácidamente dormido. Su alma había volado a la eternidad a recibir de Dios el premio de sus buenas obras y de sus sacrificios. Apenas iba a cumplir los 25 años.

Poco después empezaron a conseguirse milagros por su intercesión y en 1926 el Sumo Pontífice lo declaró santo, y lo nombró Patrono de los Jóvenes laicos que se dedican al apostolado.

Fuente: ewtn.com

http://www.santopedia.com/santos/san-gabriel-de-la-dolorosa

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