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Vigilia de Oración con motivo del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

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Vigilia de Oración con motivo del Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

Bajo el lema “Pueblo de Dios, que sale al encuentro”, esta celebración quiere ser un espacio de oración, encuentro y envío misionero para todo el laicado de la diócesis. En sintonía con las orientaciones pastorales y el camino sinodal de la Iglesia, la Vigilia invita a profundizar en la vocación de los laicos como discípulos misioneros, llamados a estar presentes en los distintos ámbitos de la vida cotidiana.

El hilo conductor de la Vigilia estará centrado en la acción del Espíritu Santo, que regala sus dones no para guardarlos, sino para caminar juntos y transformar la realidad desde el Evangelio. A través de distintos signos, la Palabra de Dios y la participación de grupos diocesanos, se propondrá un itinerario orante que ayude a reconocer cómo el Espíritu impulsa hoy a la Iglesia a vivir con mayor corresponsabilidad y compromiso en el mundo. En este camino participarán diversas realidades diocesanas como el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, la HOAC, la Delegación Diocesana para la Familia y la Vida, la Renovación Carismática, el Movimiento Emaús, el Movimiento Vida Ascendente, la Delegación Diocesana de Pastoral Universitaria y el Consejo Pastoral Parroquial de Santa Teresa de Jesús, reflejando así la riqueza y diversidad del laicado en nuestra diócesis. 

Desde la Delegación Diocesana para el Apostolado de los Laicos se anima a todos los fieles laicos, movimientos, asociaciones y comunidades parroquiales a participar en este momento diocesano, que quiere ser también signo de comunión y esperanza. La Vigilia concluirá con un sencillo ágape fraterno, favoreciendo así un espacio de convivencia y encuentro entre los participantes.

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Los obispos de Canarias: «El viaje del Papa visibilizará el drama migratorio de la ruta atlántica»

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 Los obispos de Canarias y Tenerife, Mons. José Mazuelos, y Mons. Eloy Santiago, respectivamente, junto con Caya Suárez Ortega, de Cáritas Canarias, han hablado hoy, en un encuentro en la Conferencia Episcopal Española, sobre la realidad migratoria en la islas y de la Visita del Papa León XIV a sus diócesis el próximo mes de junio.

Mons. Eloy Santiago ha subrayado que “La visita del Papa a las islas Canarias es altamente significativa en este contexto migratorio. Somos el primer contacto con Europa. En todas las islas, en los pueblos encontramos una presencia grande de migrantes. Es la frontera sur de Europa. Vienen en cayucos y es el primer contacto con Europa. Es la primera acogida, amable, con vistas a que después pueda iniciarse el proceso legal. Es una realidad que a veces nos puede”.

Así, ha apuntado que la isla de El Hierro ha sido testigo de todo ello. “El año pasado recibieron 25.000 personas. Es un esfuerzo inmenso para toda la isla, de infraestructuras, logística… El Papa Francisco destacaba la generosidad del pueblo canario. Nos sentimos muchas veces impotentes. La visita de León XIV visibilizará el drama de la migración en esta ruta atlántica tan peligrosa”.

La dignidad de la persona, en el centro

Por su parte, Mons. Mazuelos ha explicado que las islas es la puerta de entrada entrada a la inmigración, a través de esta ruta atlántica, que es mortífera. Hay que acogerlos y cuidarlos si se quiere ser cristiano. Y no solo cristiano, sino humano”.

En este sentido, ha destacado que se experimenta esa solidaridad en todas las islas. “Queremos acabar con la ruta atlántica y la ruta del Sahara. Esperemos que la visita del Papa ayude a frenar esto. Es un problema global. Hay que buscar también responsabilidad a los países de origen. Hay que luchar con las mafias y buscar fórmulas para que los migrantes puedan venir de otra forma ante la demanda de trabajo que tenemos. Cuando llegan a Canarias tenemos que acogerlos, que se vea que les tratamos con dignidad.

“Si se quiere ser humano, hay que atenderlos y cuidarlos. Los pescadores son los primeros en ayudar a personas que llegan hacinados en cayucos tirados en el atlántico», ha apuntado Mons. Mazuelos.

“Tenemos que estar al lado de los últimos”

Por su parte, Caya Suárez, secretaria general de Caritas diocesana de Canarias (Las Palmas), ha añadido que hay que poner en contexto todo el tema migratorio y el Viaje del Papa: Canarias se encuentra en pobreza estructural.  25,5% de la población canaria es migrante, está en exclusión social, según el informe FOESSA. Hay que entender que nuestro papel como Iglesia es estar desde que llegan, hasta la inserción laboral. La dignidad de la persona tiene que estar en el centro siempre».

“Como Iglesia tenemos que estar al lado de los últimos. Acogida, promoción e integración de las personas inmigrantes, poniendo la persona en el centro. Hay que proteger las vulneraciones de derechos y denuncia este tipo de situaciones. Llegan en situaciones muy sangrantes. A partir de ahí acompañar desde la asistencia y la formación”.

El mensaje del Papa tiene tres grandes pilares: la unidad, la belleza y la caridad. Todo esto está en esta ruta atlántica. “Trabajamos con los últimos, que es lo que debe hacer la Iglesia. Poner el rostro de Jesús en las personas que acompañamos. Este compromiso lo vivimos como una gracia para la sociedad canaria. Las diócesis españolas ponen también sus mecanismos a nuestra a disposición. Canarias quiere estar acompañando el proyecto de vida de esas personas”.

Después, también ha  el papel como Iglesia “es ayudar a las personas a conocer los trámites del proceso de regularización de migrantes. Acompañar a las personas para que accedan a sus derechos.”

También ha explicado que es el corredor de hospitalidad: “Es una herramienta de comunidades acogedoras, nuestra labor como Iglesia es que los jóvenes mayores de edad que no tengan una red de apoyo puedan tener una oportunidad de vida. En Canarias no son suficientes, nos ayudan otras diócesis”.

Con todo ello, ha ofrecido datos escalofriantes: “Hemos atendido a 1.118 migrantes llegados en cayucos desde principios de año. Más de 19.000 personas han muerto en la ruta atlántica. La migración en Canarias, es forzosa, no voluntaria”.

Misa de acción de gracias por el primer aniversario de la ordenación episcopal de Eloy Santiago

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El próximo 1 de mayo, a las 19:00 h., la Catedral de La Laguna acogerá la Misa de acción de gracias por el primer aniversario de la ordenación episcopal de Eloy Santiago.

Se cumple así un año de aquel esperado día en que la diócesis de San Cristóbal de La Laguna recibía a su decimotercer obispo en una celebración presidida por el nuncio apostólico, Bernardito Auza.

En su homilía, el nuncio agradeció la dedicación del obispo emérito, Bernardo Álvarez, y la del administrador diocesano, Antonio Pérez, para, posteriormente, dedicar su mensaje a la esperanza.

«Un obispo debe ser siempre un hombre esperanzado y un hombre de esperanza. La esperanza de la que nos habla san Pablo debe encender el optimismo y nos debe hacer pensar que no hay almas perdidas. Jesús no cuida de forma anónima a su rebaño, sino que llega a conocer una a una a sus ovejas», indicó.

Al final de la Eucaristía, el nuevo prelado saludó a todos y tomó la palabra para pedir a Dios un corazón sabio e inteligente. “Un corazón sabio e inteligente para anunciar con fidelidad y constancia el Evangelio de Jesucristo, edificar la Iglesia, ser bondadoso y comprensivo con los pobres, con los inmigrantes, con todos los necesitados y cuidar al Pueblo de Dios que me ha sido confiado”, concluyó.

Partió a la casa del Padre la virgen consagrada, Mercedes Brunetto

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El pasado jueves 16 de abril partió a la casa del Padre, Mercedes Brunetto, a la edad de 88 años.

Brunetto pertenecía al Ordo Virginum y estuvo vinculada a la diócesis Nivariense en diferentes ámbitos. Uno muy significativo fue la catequesis.

La Misa de salida por su eterno descanso se celebrará este miércoles 22 de abril, a las 19:00 horas, en la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción, en Santa Cruz de Tenerife.

Semblanza

El Señor de la Vida, que ha amado a nuestra hermana en el Ordo Virginum, Mercedes Brunetto, y la ha llevado de su mano durante sus 88 años de vida, la ha llamado ya a su lado.

Mercedes fue, junto a tres hermanas más, quien favoreció el nacimiento del Ordo en la Diócesis de Tenerife.

Sus desvelos y su celo pastoral por el ser humano, por las vocaciones, por los sacerdotes, por los obispos, por las hermanas del Orden, por la catequesis, por cualquier ser humano con el que se le cruzaba en el camino de la vida, dan una hermosa señal de cómo amaba a Cristo en los demás, desgastándose por el Evangelio y el Reino y siempre con su sonrisa.

Sus desvelos por los Encuentros nacionales y por las Jornadas de Teología del Ordo Virginum, hablan del deseo de cuidar y vivir este carisma, que es don de Dios, ancladas en la tierra y con el corazón colgado de Dios facilitando siempre la Comunión y siendo madres en el Espíritu.

Su servicio discreto y callado en la Catequesis, en el Sínodo, en fechas clave y en días rutinarios, son un legado de su buen hacer.

María Santísima, de la que siempre se fio, le conduzca al corazón de su hijo, El Salvador.

GRACIAS, Señor, por Mercedes Brunetto Díaz.

DEP hermana.

Ordo Virginum.

Dr. Gálvez Ginachero, siempre actual

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

Al acercarnos al 29 de abril, fecha en la que se cumple el 74 aniversario del fallecimiento del Dr. José Gálvez Ginachero, nuestro corazón se llena de gratitud por la huella que dejó en nuestra tierra. Este médico malagueño, nacido el 29 de septiembre de 1866 y actualmente en proceso de beatificación, continúa iluminando nuestro presente y ofreciéndonos un testimonio vivo de fe, esperanza y caridad.

Fe. Se sabe que el Dr. Gálvez, antes de entrar en quirófano, dedicaba siempre un breve momento a la oración. No lo hacía para ser visto, sino como un acto íntimo de confianza en Dios. En su fe reconocemos una luz que sostiene, unifica y orienta hacia lo esencial. Su vida estuvo marcada por una profunda rectitud interior y por una coherencia que se transparentaba en cada decisión. La fe no lo apartó del mundo; al contrario, lo llevó a implicarse más en él, desde un modo de servir que, aun teniendo notoriedad pública, nunca buscó el protagonismo. Su ejemplo nos recuerda que la fe auténtica no se exhibe, sino que se encarna en gestos concretos de entrega.

Esperanza. Durante los brotes de enfermedades infecciosas que afectaron a Málaga, el Dr. Gálvez se convirtió en un verdadero referente de esperanza. Mientras otros se dejaban llevar por el miedo, él organizaba recursos, atendía a los enfermos y animaba a sus colaboradores. Supo mirar de frente la realidad, con sus heridas y desafíos, y se comprometió activamente en transformarla. Afrontó tiempos difíciles con la seguridad de que Dios no nos deja de su mano y actúa siempre en nuestro favor. Su ejemplo nos invita a no dejarnos vencer por el desánimo, a cultivar una mirada capaz de descubrir posibilidades donde otros solo ven límites y a trabajar con perseverancia por un futuro más humano y fraterno.

Caridad. Nunca cobró a quien no podía pagar y, además, en muchas ocasiones costeó personalmente medicinas, alimentos o ropa para los más necesitados. Lo hacía con discreción, evitando que nadie se sintiera humillado. Tras largas jornadas de trabajo, salía por la noche a visitar enfermos en casas humildes. La caridad, virtud que impregnó toda su existencia, lo impulsó al trabajo bien hecho y al servicio perseverante y discreto. Es la caridad de los “santos de la puerta de al lado”, de los que hablaba el papa Francisco: personas que, sin estridencias, hacen de lo ordinario un lugar de fidelidad y entrega. En el Dr. Gálvez vemos cómo la santidad se encarna en lo cotidiano y se transparenta en gestos, pequeños y grandes, que nutren la esperanza y alivian el sufrimiento de los demás.

Pidamos al Señor que esta memoria del Dr. Gálvez siga dando fruto en nuestra Iglesia diocesana, especialmente entre los cristianos y cristianas laicos.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

«Ni bien de consumo ni inversión, la vivienda es necesaria para vivir con la dignidad que Dios quiere de nosotros»

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Programa de las jornadas

Sonia Olea es miembro del Equipo de Incidencia Política de Cáritas Española, experta jurista en Derechos Humanos, colectivos y de la naturaleza con más de 35 años de experiencia, y ha participado en grupos de trabajo nacionales, europeos e internacionales centrados, especialmente, en el derecho humano a una vivienda adecuada.

La vivienda aparece ya en el Informe Foessa como el principal motor de exclusión social, una exclusión que afecta a cerca de 9 millones y medio de personas ya en nuestro país. ¿Cómo pasa la vivienda de ser un derecho a ser un activo financiero y, por tanto, un factor de empobrecimiento para muchos?

La vivienda nunca ha sido un derecho humano en España. Sí que es cierto que en los años 70 ratificamos el Tratado Internacional que incluye ese derecho humano a la vivienda, pero realmente en nuestro Estado, empezando por la Constitución, que no lo considera un derecho sino un principio rector de políticas públicas, nunca ha sido un derecho. Desde los años 50, en que empezamos con ese modelo de propiedad de la vivienda, esta es una inversión económica, uno de los grandes aportes a nuestro producto interior bruto. Nunca ha sido mirada en políticas públicas como un derecho humano. Es verdad que ha habido un trabajo enorme de las entidades del Tercer Sector, y sobre todo de las personas afectadas (en movimientos como la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, Stop Desahucios y, sobre todo, los sindicatos de inquilinos) que están forzando a que la vivienda sea un derecho, y Cáritas lleva trabajando fuertemente en ello desde 2015, colaborando con Naciones Unidas y con otros espacios. Hablamos, en nuestro país, de un bien de consumo accesible; y ya ni siquiera eso. Porque estamos viendo ahora a tantísimas personas que no pueden acceder al disfrute de una vivienda.

Luego está la infravivienda. Dicen los datos que más de 5.5 millones de hogares no cuentan con las condiciones adecuadas de salubridad, espacio… Y frente a eso, grandes capitales como Málaga, con incontables apartamentos turísticos, nómadas digitales con sueldos superiores a los de los habitantes y un evidente problema de gentrificación. No basta con tener un techo… ¿verdad? 

Eso es lo primero que explicamos los que acompañamos estas situaciones de vulneración de derechos humanos. Lo que es la fundamentación de la dignidad -de la vida humana digna, que tanto se ha trabajado por las instituciones de la Iglesia desde finales del siglo XIX a todo este siglo, y más con el pontificado de Francisco, que ha insistido en eso de pan, techo y trabajo– se une ahí con lo que Naciones Unidas explica que es el derecho humano a una vivienda adecuada: que no es tener las llaves de una vivienda o tener un techo que nos cubra, sino con qué condiciones vivimos en ese techo, cuánto nos cuesta poder mantenerlo y sostenerlo y qué entorno hay alrededor de ese espacio físico. Podemos tener un techo pero vivir en absoluta indignidad porque no tiene los requisitos adecuados o estamos viviendo de manera hacinada. Desde Cáritas tenemos la experiencia de que, terriblemente, en los últimos años ha aumentado el porcentaje de vivienda sin condiciones dignas, insalubre, y también la cantidad de personas que viven de manera hacinada o en habitaciones: personas maduras, ancianas, niños, niñas y adolescentes. ¡Cuánto se aleja esta realidad de esa “casa”  de la que nos hablaba Francisco, de la que también ya  nos ha hablado el papa León en su exhortación apostólica Dilexi Te en referencia a las situaciones estructurales de pobreza! Es tremendo. Ya en 2008, justo cuando empezaba la gran recesión económica y  la vivienda vino a llamar a nuestra puerta y nunca más se fue, Cáritas hizo una campaña que decía: “No tener hogar es mucho más que estar sin techo”. Creo que eso define la complejidad de la relación entre lo material y la dignidad del ser humano.

Cáritas destaca, desde hace tiempo, que el tener un trabajo ya no exime del riesgo de exclusión social. Y como solución habitacional, el alquiler, con la subida de precios, acaba siendo una trampa que se perpetúa en el mejor de los casos.

Si hablamos del mercado privado, según datos de las Naciones Unidas, la vivienda es el bien de inversión legal más potente que hay en el mundo. Por tanto, estamos hablando de que siempre va a producir muchísimas ganancias. Nosotros decimos que lo que necesita la gente que acompaña Cáritas es una vivienda pública de alquiler, al que las personas en situación de exclusión puedan tener acceso. Porque ahora tenemos una vivienda protegida pública que exige unos ingresos económicos y unas nóminas de referencia enormes. Y las personas que acompañamos en Cáritas son personas con una gran dificultad, o que están trabajando pero sin suficientes ingresos para acceder al mercado privado, pero tampoco a la vivienda protegida. Nuestro reclamo es una vivienda social que, por supuesto, solo puede ser de alquiler. ¿Por qué? Porque cuando las personas tengan un acceso a otros tipos de vivienda (protegidas, vivienda pública o ya sea en el mercado privado, en propiedad o en alquiler), esas puedan ir rotando. Lo que no debería suceder es que un país que ha invertido miles y miles de millones de euros en vivienda pública, como hizo España desde los años 50 hasta principios de los 90 del siglo pasado, no tenga parque de vivienda pública porque se ha privatizado. Es fundamental que haya una vivienda social disponible para las personas que lo necesitan cuando están en situaciones de desprotección social. Y por supuesto una vivienda de emergencia, que tampoco existe, de la que los ayuntamientos puedan disponer en situaciones complicadas.

En su participación va a tratar sobre cómo la Doctrina Social de la Iglesia permite abordar este y otros asuntos relacionados, ya que son diversos los factores que contribuyen a la exclusión. ¿Qué luces nos aporta?

La Doctrina Social de la Iglesia, nos lo dice Francisco en Evangelii Gaudium, es tomar la Biblia, la Palabra de Dios, sobre todo los Evangelios, y ponerlo al lado de la realidad que estamos viviendo, la realidad económica, la realidad social; qué le pasa a nuestros hermanos y a nuestras hermanas, vengan de donde vengan, piensen lo que piensen, tengan la opción de vida que tengan. ¿Qué le dice el Evangelio a esa realidad? ¿Qué dice la Palabra y el proyecto del Reino de Jesús de Nazaret a esas personas que viven en la calle, a esas que especulan con la vivienda, a esas que construyen vivienda solamente pensando en la ganancia? La meta es la economía social, la economía a la luz del Evangelio, que aporte a la sociedad y a una casa común donde todas y todas vivamos dignamente. Yo creo que esa es la reflexión que tenemos que hacernos  el 14 de mayo. Para mí, la cuestión fundamental es qué mensajes podemos lanzar a la comunidad cristiana y qué mensajes podemos lanzar a la sociedad, desde esas propuestas que vienen del Evangelio y que, a través de la Doctrina Social de la Iglesia, se transforman en luz para la realidad social que se vive. Con el tema de la vivienda, como con todos los temas que tienen que ver con los derechos humanos, el mensaje es evidente: cómo podemos ayudarnos de lo que nos dice el Evangelio, de lo que nos dice la Palabra de Dios y de lo que nos dice la DSI; cómo puede eso ayudarnos a que nos demos cuenta de que el sistema económico nos está metiendo por los ojos que la vivienda es un bien de inversión; y, desde el punto de vista de lo que Jesús de Nazaret nos diría (que ya nos lo dice el Antiguo Testamento): que ningún ser humano puede vivir sin un hogar, y que para vivir con plenitud nuestra vida de hijos y hijas de Dios tenemos que tener un lugar, un hogar, un sitio donde nos sintamos seguros y queridos. Creo que ahí la comunidad cristiana se tiene que sentir interpelada. Hay Cáritas diocesanas que hacen campañas para que la comunidad católica no tenga pisos vacíos, para que llegue a acuerdos de alquileres que las personas puedan pagar, no solamente para obtener ganancia (una ganancia  lógica y equilibrada, no una especulación). El día de mi conferencia, el 14 de mayo, Cáritas de Málaga estará participando en el recuento de personas sin hogar en Málaga. ¿Qué diría Jesús de Nazaret cuando estuviera haciendo un recuento de personas sin hogar en Málaga? Esa es la pregunta.

¿A quién invitaría a asistir sin falta a estas Jornadas de las Semanas Sociales? 

Si pudiera tener allí y hacer un diálogo con ellas, invitaría sin dudarlo a personas en situación de calle, a personas que viven en alguna de vuestras barriadas, que viven en infraviviendas o hacinadas, a jóvenes que no pueden irse de casa de sus padres, a personas que van a ser desahuciadas… Sin duda, para mí sería fundamental que estuvieran, porque es la realidad a la que le ponemos la luz del proyecto del Reino de Dios, de paz, de justicia, amor, libertad. Y, por supuesto, me encantaría que estuvieran  las personas que proyectan la ciudad, que invierten en esas viviendas, desde los que las sueñan y las diseñan a los que las ejecutan y ponen el dinero. Del ámbito privado y también del público. Y, por supuesto, sé que no tengo que pedirlo porque estarán: toda la Iglesia, todo el pueblo de Dios, desde las comunidades más pequeñas hasta nuestra Iglesia institucional.

¿Y para qué te gustaría que sirviera esta aportación que se hace desde las semanas sociales?

De las Semanas Sociales, me gustaría que salieran con conciencia de la cantidad de fake news sobre la vivienda que circulan y con conocimiento de qué es lo que está pasando con la vivienda desde diferentes puntos de vista. De mi aportación, me encantaría que salieran reconociendo que para las personas que seguimos a Jesús, que queremos cambiar el mundo y a los que no nos gusta este sistema en el que vivimos, la vivienda no es un objeto de consumo, no es un bien de inversión, sino que es algo totalmente necesario para vivir con la dignidad que Dios quiere de nosotros. Para mí, ese cambio de mentalidad, que no se va a producir en estas semanas porque necesita mucho tiempo, se expresa en cosas muy concretas.

Ana María Medina

La familia Ocaña Cisneros dona diversos objetos del Cardenal Herrera a la Diócesis de Málaga

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La donación está compuesta por una Biblia Nácar-Colunga dedicada por Herrera Oria a sus padres cuando se casaron en 1958, un retrato fotográfico de gran formato de Herrera Oria cuando fue proclamado cardenal en Roma y un recordatorio de su ordenación sacerdotal y primera misa. La firma fue efectuada en nombre de todos los hermanos por Salvador Ocaña Cisneros, hijo de quien trabajó durante años al servicio de D. Ángel.

Salvador, acompañado por su hermano José Ignacio, fue recibido en el Obispado por el director del Departamento de Patrimonio de la Diócesis de Málaga y del Archivo Histórico Diocesano, el sacerdote Miguel Ángel Gamero que agradeció el gesto de la familia hacia la Diócesis en la que el cardenal sirvió como pastor de 1947 a 1966. En la firma también estuvieron presentes el sacerdote e historiador del arte Aarón Benzaquén y Beatriz Lafuente, oficial del Archivo Diocesano.

DONACIÓN A ACDP

Recientemente, la familia firmó también con la Asociación Católica de Propagandistas la donación de un conjunto de más de veinte volúmenes y diversos documentos, fotografías y estampas vinculados a la figura del cardenal Ángel Herrera Oria. Este fondo pasará a integrarse en el Archivo General ACdP‑CEU y en las bibliotecas gestionadas por la Fundación Universitaria San Pablo CEU.

El convenio fue rubricado en la sede de la ACdP el martes 24 de marzo de 2026, por el presidente de la Asociación, Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera, y Salvador Ocaña Cisneros, en representación de la familia. Al acto asistieron miembros del secretariado general de la ACdP, responsables del CEDINFOR y los cuatro hijos del matrimonio formado por Antonio Ocaña Medina y Concepción Cisneros Palma.

Donación de la familia Ocaña Medina al Archivo Diocesano
Donación de la familia Ocaña Medina al Archivo Diocesano · //Sara Navarro
Donación de la familia Ocaña Medina al Archivo Diocesano
Donación de la familia Ocaña Medina al Archivo Diocesano · //Sara Navarro
Antonio Moreno

«Tiburcio Arnaiz no vivió a medias sino de verdad»

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Como autor de numerosas vidas de santos, ¿qué aporta el beato Tiburcio Arnaiz como modelo de seguimiento del Señor? ¿Cuál es la “novedad” de este “santo”?

La santidad, en su esencia, no admite novedades: es siempre la misma vida de Cristo reproducida en el alma. Sin embargo, cada santo es una encarnación concreta, histórica, irrepetible de ese único Evangelio, y por eso puede hablarse de una “novedad” de acento, de tono, de forma. En el caso de Tiburcio Arnaiz, esa novedad es de una fuerza extraordinaria precisamente porque consiste en una vuelta radical a lo esencial.

Nos encontramos ante un sacerdote que ha sido interiormente conquistado por Cristo y que, desde ese momento, ya no se pertenece. Su vida no se organiza en torno a proyectos personales, ni a estrategias pastorales, ni siquiera a una cierta idea de eficacia apostólica, sino en torno a una disponibilidad absoluta al querer de Dios y a las necesidades de las almas.

Hay en él algo profundamente evangélico que impresiona: la ausencia total de cálculo. No mide, no dosifica, no se reserva. Vive en una lógica distinta, que es la del amor que se entrega sin condiciones. Y eso se traduce en una existencia concreta: largas horas de confesonario, predicación sencilla y ardiente, misiones populares recorridas con sacrificio, atención personal a cada alma con una delicadeza exquisita.

Su “novedad”, por tanto, no estriba en hacer cosas nuevas, sino en vivir con una intensidad nueva lo de siempre. En un tiempo como el nuestro, en el que la pastoral corre el riesgo de diluirse en lo organizativo, en lo funcional o en lo meramente sociológico, Tiburcio Arnaiz aparece como una llamada viva a recuperar el centro: la unión con Cristo como fuente de toda fecundidad.

Además, hay en él un rasgo muy elocuente: su profunda unidad interior. No hay fractura entre su vida de oración y su acción apostólica; no hay dualismo entre lo que cree y lo que vive. Todo en él brota de un mismo principio, que es el amor de Cristo, y esa unidad da a su vida una transparencia que resulta hoy especialmente necesaria.

Podríamos decir que su gran aportación es recordar, con la fuerza de una vida concreta, que el sacerdote —y todo cristiano— no está llamado a “hacer muchas cosas”, sino a ser de Dios, y desde ahí dejar que Dios actúe. Esa es su verdadera actualidad.

 

¿Es el suyo un espejo de santidad especialmente para los sacerdotes o también para los seglares?

La primera respuesta, casi espontánea, sería afirmar que el Beato Tiburcio Arnaiz es un modelo privilegiado para los sacerdotes. Y lo es, sin duda, de un modo clarísimo y exigente. En él se transparenta con una pureza admirable el ideal del ministerio sacerdotal: un hombre configurado con Cristo, sin doblez interior, profundamente unido al Señor, enteramente disponible para el servicio de las almas. Su vida interpela directamente a los sacerdotes: su amor al confesionario, su celo misionero, su pobreza personal, su capacidad de sacrificio, su cercanía concreta a cada persona… todo en él recuerda que el sacerdocio no es una función, ni una tarea, ni siquiera una misión entendida externamente, sino una forma de ser, una configuración ontológica con Jesucristo, de lo que se deriva una existencia entregada.

Pero detenerse ahí sería, en el fondo, reducir su figura. Porque lo que en él brilla no es solo el sacerdocio, sino el Evangelio vivido con radicalidad. Y eso pertenece a todos. Los seglares encuentran en Tiburcio Arnaiz una llamada muy concreta y exigente: la de vivir la fe de verdad. No como un añadido cultural o una referencia ocasional, sino como el centro de la vida. Él no vivió a medias, no negoció con el Evangelio, no rebajó la exigencia del amor. Y eso es profundamente interpelante para cualquier bautizado.

Además, su modo de tratar a las personas —cercano, respetuoso, lleno de caridad— ofrece un modelo de humanidad que trasciende cualquier estado de vida. Enseña a escuchar, a acompañar, a interesarse de verdad por el otro. En un mundo donde tantas relaciones son superficiales, esta dimensión resulta especialmente luminosa.

Hay, además, un aspecto eclesial de gran importancia: la fecundidad de su vida más allá de sí mismo. El Beato Tiburcio Arnaiz no fue un solitario; su santidad generó comunión, suscitó vocaciones, dio lugar a una familia espiritual. Las Misioneras de las Doctrinas Rurales, que continúan hoy su obra, son un signo precioso de ello: en ellas se hace visible cómo la santidad sacerdotal se abre y se prolonga en la vida consagrada y en la misión compartida con los seglares. En esa obra continúa el espíritu de Arnaiz: amor a Cristo, a la Iglesia y a las almas; sencillez evangélica; cercanía a los más necesitados.

Y, en un sentido más amplio, podríamos decir que Tiburcio Arnaiz es un espejo de la vocación universal a la santidad. Su vida muestra que no hay dos niveles de cristianismo —uno para unos pocos y otro para el resto—, sino una única llamada, que cada uno vive según su estado. Por eso, más que preguntarnos si es modelo para sacerdotes o para seglares, quizá habría que decir: es modelo para todo aquel que quiera tomarse en serio el Evangelio.

 

Si viviera hoy, no renunciaría a los medios actuales, pero no se dejaría absorber por ellos. Los usaría como instrumentos, nunca como fines

 

Su devoción al Sagrado Corazón de Jesús, ¿cómo marca su vida y su obra? ¿En qué lo percibimos?

Si hubiera que buscar una clave interior que unifique toda la vida del Beato Tiburcio Arnaiz, esa clave sería, sin duda, el Corazón de Jesús. No como una devoción añadida, ni como un aspecto parcial de su espiritualidad, sino como el verdadero centro vital desde el que todo se ilumina y adquiere sentido.

El Corazón de Cristo —corazón traspasado, abierto, entregado— es para él no solo objeto de amor, sino forma de vida. Tiburcio Arnaiz no se limita a venerarlo: se deja configurar por él. Y esto es decisivo para entender su existencia.

En primer lugar, se percibe en su modo de mirar a las personas. El Corazón de Jesús es un corazón que ve más allá de las apariencias, que no se detiene en el pecado sino que alcanza a la persona, que descubre siempre una posibilidad de redención. Así Arnaiz: de ahí su paciencia inagotable en el confesionario, su cercanía a los más alejados, su empeño en buscar a todos.

En segundo lugar, se percibe en su compasión concreta. No se trata de un sentimiento vago, sino de una implicación real en el sufrimiento ajeno. El Corazón de Cristo es un corazón que “se conmueve”, que “se estremece”, que “se inclina”, y en Tiburcio Arnaiz encontramos esa misma sensibilidad sobrenatural: sabe sufrir con el que sufre, acompañar al que está solo, sostener al que cae.

En tercer lugar, se manifiesta en su capacidad de sacrificio. El amor al Corazón de Jesús le lleva a una vida austera, exigente, entregada sin reservas. No hay en él búsqueda de comodidad, ni de reconocimiento, ni de descanso entendido como evasión. Su descanso es cumplir la voluntad de Dios. Su medida es no tener medida. Y esto solo se explica desde una experiencia profunda de amor.

Además, su celo apostólico —tan característico— brota directamente de ahí. El Corazón de Cristo es un corazón misionero, que arde por la salvación de todos, y ese fuego se transmite en él con una fuerza contagiosa. No predica ideas: comunica un amor que le desborda.

Hay también un matiz muy importante: el Corazón de Jesús le da unidad interior. En él no hay dispersión, no hay fragmentación. Todo converge en ese centro: oración, acción, trato con las personas, sacrificio, descanso… todo queda integrado en una misma corriente de amor.

Y podríamos añadir aún algo más: su devoción al Corazón de Jesús tiene un carácter profundamente reparador. Vive con conciencia de un amor que no es correspondido y que pide ser acogido, consolado, reparado. Y eso da a su vida un tono de delicadeza espiritual muy particular: desea amar por los que no aman, acercar a los que se alejan, sostener la fidelidad donde flaquea.

En definitiva, en el Beato Tiburcio Arnaiz vemos cómo una auténtica devoción al Sagrado Corazón no se queda en prácticas externas, sino que transforma la vida entera, haciéndola reflejo vivo de ese amor divino.

 

Los santos no son un adorno, ni un motivo de orgullo local; son una palabra viva que interpela

 

¿Cómo “engancharía” a las nuevas generaciones con su figura, en un mundo de hiperconexión pero quizás menos pegado a esa tierra que solía caminar sin descanso este beato?

Convendría precisar el lenguaje: más que “enganchar”, que puede sugerir algo externo o incluso artificial, se trata de proponer su figura en toda su verdad y dejar que esa verdad, si es acogida, toque el corazón.

Los jóvenes de hoy viven en un contexto radicalmente distinto al de Tiburcio Arnaiz, pero el corazón humano no ha cambiado tanto: sigue teniendo sed de autenticidad, de verdad, de amor, de sentido. Y precisamente ahí es donde su figura puede resultar sorprendentemente actual.

En primer lugar, habría que mostrar su coherencia vital. En un mundo donde tantas veces se vive fragmentado —una cosa en las redes, otra en la vida real; una imagen hacia fuera, otra por dentro—, Tiburcio Arnaiz ofrece una existencia unificada. Él es el mismo en todo momento, porque vive desde un centro claro: Cristo. Esa unidad interior tiene hoy una fuerza de atracción enorme.

En segundo lugar, su vida puede interpelar por su radicalidad serena. No es un radicalismo ideológico ni agresivo, sino el de quien ha descubierto algo tan grande que lo relativiza todo lo demás. Los jóvenes, cuando perciben algo así, no lo rechazan; al contrario, se sienten profundamente atraídos, porque ven que ahí hay verdad.

En tercer lugar, habría que presentar su figura como una respuesta al vacío contemporáneo. Vivimos hiperconectados, sí, pero muchas veces profundamente solos; informados, pero no necesariamente formados; estimulados, pero no satisfechos. Tiburcio Arnaiz no tenía nada de eso, y sin embargo tenía lo esencial: una vida con sentido, con dirección, con plenitud interior. Mostrar esto con sencillez puede abrir preguntas muy profundas.

Además, su modo de actuar ofrece una clave muy actual: la cercanía personal. Él no evangelizaba desde la distancia, sino desde el encuentro. Hoy, en medio de tantas mediaciones digitales, el encuentro personal vuelve a adquirir un valor inmenso. Y ahí su estilo resulta profundamente inspirador.

También podría decirse que, si viviera hoy, no renunciaría a los medios actuales, pero no se dejaría absorber por ellos. Los usaría como instrumentos, nunca como fines. Seguiría “caminando”, aunque quizá sus caminos serían también interiores: ir al encuentro del que está perdido, del que duda, del que sufre, del que busca sin saberlo.

Y, por último, hay algo decisivo: su vida muestra que merece la pena entregarse del todo. Este es quizá el mensaje más fuerte para un joven: que no está llamado a una existencia mediocre, sino a una vida grande, plena, entregada. Tiburcio Arnaiz no vivió a medias, sino de verdad y plenamente, y eso tiene una fuerza de atracción que ninguna estrategia puede sustituir.

 

Su sepulcro es visitado diariamente por centenares de personas… ¿Cómo lo vive usted personalmente? ¿Y qué cree que significaría para Málaga su canonización?

Esa afluencia constante de fieles a su sepulcro es profundamente elocuente. No es un fenómeno meramente devocional en el sentido superficial del término, sino un signo de vida: la prueba de que la santidad, cuando es auténtica, sigue irradiando después de la muerte con una fuerza misteriosa pero real.

Personalmente, lo vivo con gratitud a Dios nuestro Señor. Ver cómo generaciones que no conocieron al Beato Tiburcio Arnaiz acuden a él con confianza, le hablan, le piden, le confían sus penas y sus esperanzas, es como asistir a una prolongación de su ministerio: el confesor incansable, el misionero cercano, el sacerdote entregado, sigue hoy escuchando, acogiendo, intercediendo. Eso no es obra humana: nadie puede “fabricar” una devoción así. Es Dios quien suscita en el corazón del pueblo ese reconocimiento espontáneo de la santidad.

Junto a la emoción y la gratitud, lo vivo con una esperanza serena y confiada: todo parece indicar que el Señor quiere seguir glorificando a su siervo. Esperamos, con fe, que pronto pueda ser aprobado el milagro necesario para su canonización; sería una gran alegría.

Aunque la canonización no “hace” santo a nadie: el santo ya lo es; la canonización es el reconocimiento oficial de la Iglesia, que propone esa vida como modelo seguro para todos los fieles. Y en ese sentido, el reconocimiento universal de Tiburcio Arnaiz sería de gran alcance.

Para Málaga significaría el don el de tener un intercesor reconocido universalmente, un referente claro, una figura que ilumina la identidad cristiana de la diócesis; y significaría también una llamada exigente. Los santos no son un adorno, ni un motivo de orgullo local; son una palabra viva que interpela. La canonización vendría a decir: esto es posible, esto es lo que estáis llamados a ser los católicos malacitanos, obligados a no rebajar el listón, a no contentaros con una fe tibia o acomodada.

En este contexto, es significativo que, en la misma diócesis, esté abierta la causa de María Isabel González del Valle. En ella contemplamos el rostro seglar de la santidad, que completa preciosamente el testimonio sacerdotal del Beato Tiburcio Arnaiz. También pido al Señor se digne obrar el milagro necesario para la beatificación de María Isabel.

Es hermoso y teológicamente elocuente que una Iglesia particular vea florecer simultáneamente la santidad en diversas vocaciones: sacerdotal, laical, consagrada. Es como si el Señor quisiera recordar la vocación universal a la santidad. Todo esto tiene un significado profundo: Dios sigue actuando. No es una realidad del pasado, ni un recuerdo: es una presencia viva. Los santos no pertenecen sólo a la historia, sino al «hoy» de Dios. Por eso, más allá de la legítima alegría que supondría la canonización, lo verdaderamente decisivo sería acoger su mensaje: que la vida entregada merece la pena, que el amor del Corazón de Cristo llena el corazón humano y que la santidad no es una excepción, sino una llamada universal.

Ana María Medina
Ana María Medina

Los jóvenes peregrinarán a Madrid a encontrarse con el papa León XIV

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La Delegación de Infancia y Juventud se une a las delegaciones de toda España para peregrinar a Madrid.

Los jóvenes peregrinarán a Madrid a encontrarse con el papa León XIV
Jóvenes de la Diócesis de Málaga en el JUbileo 2025 en Roma Juventud Málaga

La Delegación de Infancia y Juventud invita así a participar en la visita del papa León XIV. Las inscripciones están abiertas hasta el 28 de abril.

«El papa León XIV vendrá a visitar España y los jóvenes de Málaga nos desplazaremos a Madrid para acompañarle en la Vigilia de Jóvenes y la Misa los días 6 y 7 de junio». Es la invitación que hace el delegado de Juventud, José Miguel Porras a la carta que han enviado a todas las parroquias, instituciones, movimientos y asociaciones, animando a los jóvenes a sumarse a esta peregrinación diocesana. Desde la Delegación se ofrece el transporte en autobús hasta Madrid, la pernocta en el lugar habilitado por la organización y una camiseta conmemorativa. La inscripción puede hacerse hasta el 28 de abril y tiene un coste de 60€.

Jóvenes de toda España están convocados a una cadena de oración para orar por los frutos de este viaje apostólico. En Málaga la convocatoria será este jueves 23 de abril a las 20:45 horas en la parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula.
Plan de viaje

Saldrán de la diócesis el sábado 6 de junio por la mañana dirección a Madrid. El regreso será el domingo 7 de junio a mediodía, tras la celebración de la Misa. En Madrid participarán en la Vigilia de Jóvenes, que tendrá lugar en la Plaza de Lima, y en la Misa del Corpus, en la Plaza de Cibeles.

¿Quién puede participar?

Solo pueden participar jóvenes de entre 16 a 35 años, es decir, nacidos entre el 1/01/1991 y el 31/12/2010. Los mayores de esa edad que se inscriban a través de la Delegación de Juventud deben ser responsables de jóvenes. Los menores de edad (16 y 17 años) deberán tener como responsable a un mayor de edad que participe en la peregrinación y deberán indicar quién es su responsable en la autorización, que pueden encontrar en este enlace.

Cómo hacer la inscripción

Es muy sencillo. Desde la Delegación explican los pasos a seguir: «En primer lugar, entra en https://inscripciones.conelpapa.es/auto-inscripcion/4B829D64 y rellena tus datos; haz el pago de 60€ por transferencia a ES4421030185340030001744 (titular “Obispado de Málaga”), o bien se ingresa en un cajero de Unicaja en esa misma cuenta, o bien haz un Bizum a ONG (código 03464). En el concepto pon “PAPA + TU NOMBRE Y APELLIDOS”; descárgate tu certificado negativo de delitos sexuales (para todos, desde los 16 años); y envía toda la documentación por e-mail a juventud@diocesismalaga.es (justificante del pago, certificado negativo de delitos sexuales, talla de camiseta (XS, S, M, L, XL, XXL) y autorización para los menores de edad). Una vez completados estos pasos, y recibida respuesta, estarás inscrito».

Desde la Delegación de Juventud advierten de varias cuestiones importantes. La organización asignará el alojamiento en cuanto lo distribuya por diócesis. Será en parroquias, colegios o instalaciones deportivas. Hay que llevar esterilla y saco de dormir y es muy probable que no haya posibilidad de duchas. por otro lado, la comida corre a cargo de cada uno por lo que recomiendan que se lleven desde Málaga productos que se puedan consumir en esos dos días pues habrá mucha gente y será difícil encontrar un restaurante o supermercado.

Cadena de oración

Durante este tiempo de preparación a la llegada del Papa a nuestro país, los jóvenes de toda España están convocados a una cadena de oración para orar por los frutos de este viaje apostólico. En nuestra diócesis, la convocatoria será este jueves 23 de abril a las 20:45 horas en la Parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula.

La iniciativa parte del Servicio de Pastoral Vocacional y la Subcomisión para la Juventud y la Infancia de la Conferencia Episcopal Española. Desde el 20 de abril hasta el 5 de junio, día previo de la llegada del Santo Padre, las diócesis se repartan las fechas para orar por los frutos de este gran acontecimiento.

A la Diócesis de Málaga se le pide que rece especialmente el jueves 23 de abril, y por eso, las delegaciones diocesanas de Pastoral Vocacional y de Infancia y Juventud, organizan una oración en la parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula, jóvenes patronos de la ciudad de Málaga.

Los jóvenes, y todos aquellos que quieran unirse en oración por la visita papal, están convocados a las 20.45 horas. Un momento de comunión pidiendo a Dios por los frutos de esta visita. Igualmente, se pide a todas las parroquias, congregaciones, movimientos… que especialmente este jueves 23 recen por esta intención que une a toda la Iglesia que peregrina en España.

Encarni Llamas

VÍDEO. «Cultura del Encuentro» pone la mirada en la IA

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En el encuentro, organizado por la parroquia de la Encarnación de Marbella con la colaboración del Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, celebra su V edición, del 20 al 24 de abril, con una serie de conferencias centradas en el papel de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad, bajo el título “Inteligencia artificial, ¿encuentro o desencuentro?”, participan los ponentes Salvador Merino, Daniel Guerrero, Antonio Moreno, Patxi Velasco Fano y Fermín González Molero. Durante cinco jornadas, expertos de distintos ámbitos analizarán las implicaciones tecnológicas, sociales y éticas de esta herramienta en constante evolución.   Este ciclo se celebra en el Real Hospital de la Misericordia, conocido como El Hospitalillo, de Marbella, a las 19.30 horas de cada día.

El programa es el siguiente:

Día 20 de abril:

Inteligencia artificial: origen y aplicaciones
Salvador Merino, Vice-rector de infraestructuras de la UMA

Día 21 de abril:

IA y relaciones humanas y sociales
Daniel Guerrero, Licenciado en Psicología y profesor del CESET

Día 22 de abril:

IA y medios de comunicación
Antonio Moreno, Periodista y portavoz del Obispado de Málaga

Día 23 de abril:

IA y educación
Patxi Velasco Fano, Director del Colegio María de la O, Asperones, en Málaga

Día 24 de abril:

IA y ética cristiana
Fermín González Molero, Doctor en Teología Moral y Oficial del Dicasterio para la Doctrina de la fe, Roma.

Cartel del Ciclo "Cultura del Encuentro" 2026
Cartel del Ciclo «Cultura del Encuentro» 2026
VÍDEO. "Cultura del Encuentro" pone la mirada en la IA
VÍDEO. "Cultura del Encuentro" pone la mirada en la IA
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Ana María Medina

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