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“Necesitamos la Vida de Dios”

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Homilía en el Sacramento de la Confirmación, el 15 de mayo de 2021, con confirmandos procedentes de la parroquia de El Carmen.

Queridos hijos:

A mí me importa mucho que tengáis fortaleza y empuje en el seguimiento de Jesucristo, está muy bien. Pero yo quiero darle la vuelta a las cosas porque, antes que eso, es importante, muy importante, que vosotros caigáis en la cuenta que es Jesucristo quien os sigue a vosotros; que es Jesucristo quien os quiera a vosotros. Que el cristianismo no consiste en que, desde pequeñitos, venimos oyendo que tenemos que portarnos bien y que para portarnos bien y ser buenos cristianos, hacemos determinadas cosas y Dios está contento y nos quiere. Es una imagen muy infantil, pero, además, es una imagen falsa. El cristianismo no consiste en eso y en esta tarde no estáis aquí para decir que vais a ser mucho mejores y que vais a comprometeros a comportaros bien. Entre otras cosas, el primer día que tropecéis y que os encontréis con que no es así, que seguís siendo los mismos, os ibais a decepcionar tanto que, ¿qué vais hacer?, ¿volver a la catequesis? ¿Y cuantos años lleváis de catequesis? Unos cuantos.

Si la vez que más seriamente yo me comprometí a ser bueno, que estuvo el obispo y todo, esto como que no ha funcionado; entonces, es que seguro que no es verdad. Es que es verdad que no es verdad. Es que no es esa la perspectiva, no es esa la visión del paisaje. El paisaje no es que nosotros tenemos que hacer una serie de cosas para conseguir llegar hasta Dios o para conseguir seguir al Señor, porque tendríamos que seguir al Señor, sino consiste en descubrir que Dios lleva toda una historia, desde antes de la Historia, desde antes de la Creación, amándoos a cada uno de vosotros con vuestro nombre y apellidos, tal como sois. Dijo el Señor en el Evangelio una vez “hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados”. Ni la persona que más os pudiera querer en este mundo puede contar vuestros cabellos. Y sin embargo, para el Señor, eso es tan sencillo que hasta cada cabello tiene un nombre y lo conoce por su nombre, igual que conoce a las estrellas por su nombre y nosotros no somos capaces de contarlas.

Pues, ese Dios inmenso, infinito, que no somos capaces de imaginar ni de pensar, que ha hecho las montañas, las estrellas, las galaxias, es un amor infinito. Y eso es lo que hemos aprendido con Jesucristo. Ese Dios infinito quiere darSe a vosotros. Ha querido siempre darSe al hombre y ha educado, nos ha ido educando a los hombres, desde Abraham hasta Jesús, para que entendiéramos que Dios no era sobre todo poder, fuerza y señorío, sino que Dios era Misericordia, que era Amor, que era Perdón. Que Dios es un Amor que no se rinde ante las pequeñeces, miserias o mezquindades del hombre. Y ese camino fue un camino muy largo, desde Abraham hasta Jesús. Pero Dios fue educando así a un pueblo, para que en ese pueblo pudiera nacer una mujer como la Virgen y pudiera venir Su Hijo a compartir nuestra vida, a compartir nuestra muerte como uno de nosotros y dejase así sembrada, en nuestra tierra, Su vida, la vida divina.

Dejadme decirlo con esta expresión tan vuestra: “Dios se ha enrollado con nosotros”. Y quiso enrollarse con nosotros y se hizo hombre, para estar junto a nosotros y para comunicarnos Su vida divina. Hoy celebramos que, una vez cumplida Su misión, una vez entregada Su vida en el Calvario por cada uno de nosotros, una vez que nos ha dado Su amor y Su espíritu, vuelve al Cielo. Pero ya vuelve con nosotros. Vuelve con nuestra carne. En el Cielo quien entra, después de la Encarnación del Hijo de Dios, es la humanidad de Jesús. Y decía un poeta que cuando Dios nos mira a nosotros, no puede dejar de pensar en Su Hijo, y no puede dejar de amarnos con el mismo amor con el que ama a su Hijo. Ese amor es un amor infinito. Ese amor es un amor sin límites. Ese amor es un amor eterno.

Yo sé que os cuesta, a lo mejor, imaginarlo. Pero yo quiero deciros que antes de que existieran las estrellas, las galaxias, antes del Big Bang, cada uno de vosotros estabais en la mente y el corazón de Dios. Porque Dios es eterno y, cuando Dios dice “te quiero”, es desde siempre y para siempre, y eso es lo que hemos aprendido a conocer a Jesucristo, que no estamos sólo para vivir aquí de una manera más sofisticada que viven las hormigas, las lagartijas o los animalillos, sino que nosotros estamos hechos para participar de la vida de Dios, estamos hechos para ser felices, estamos hechos para un amor infinito. Estamos hechos para una verdad inagotable, para una belleza sin límites, que no cansa y que no deja mal sabor de boca; que no nos apropiamos de ella como quien posee algo, sino que se apropia de nosotros. Porque estamos hechos para Dios y Dios es la belleza más grande y el bien más grande, y el amor más grande, y la verdad más grande. Y por eso nos cansan y nos fatigan a veces tanto otras realidades del mundo. Por eso, muchas veces nos ponemos tristes, porque quisiéramos algo más verdadero, quisiéramos un amor más verdadero, quisiéramos que nuestras relaciones fueran más bonitas, quisiéramos que nuestra vida sea más bonita. Bueno, pues Cristo, y el amor de Cristo, viene a nuestro lado, no para hacer que no nos pase nada, que, de repente, yo aprenda inglés sin estudiarlo, por ejemplo, o matemáticas, física. No viene para eso. ¿Para qué viene? Para que sepáis que cada uno de nosotros tiene un valor infinito a los ojos de Dios.

La Confirmación…, estamos muy acostumbrados a decir “me voy a confirmar la semana que viene” o “yo me confirmo este año”, pero no sois vosotros los que confirmáis. No confirmáis nada más que el Credo que vuestros padres profesaron en nombre vuestro en vuestro Bautismo. Y en el Credo decís que Le conocéis y que esperáis de Él lo más grande, lo que nada más que Dios podría daros: el perdón de todos vuestros pecados y la vida eterna. Ni la persona que más os quiera, ni vuestros padres, nadie podría daros eso más que Dios. Y eso es lo que decís y luego, como respuesta a esa profesión de fe, el Señor viene a vosotros. Viene a vosotros para acompañaros y para acompañaros para siempre. Es Él el protagonista y el sujeto de la Confirmación. Es Él quien confirma la Alianza nueva y eterna que hizo en su Pasión con cada uno de nosotros y con cada uno de vosotros, y de la que es verdad que nosotros empezamos a participar ya por el Bautismo. Por el Bautismo ya recibimos los frutos de esa Alianza. Pero no es lo mismo, porque en aquel momento no os dabais cuenta de nada y ahora podéis daros cuenta de lo que significa ser amado con un amor infinito. Tener a disposición siempre una misericordia infinita y eso es como tener un suelo firme para vivir y para poder vivir contentos. Cristo ha venido para que nosotros podamos vivir contentos y, sin Cristo, la alegría se nos acaba muy fácilmente. Venimos todos ahora, después de todo este año tan peculiar, singular, difícil y tan duro para tantas personas, y muchas veces las personas te acusan el cansancio.

Necesitamos la Vida de Dios. Y la Vida de Dios es Su amor. Necesitamos Su amor y lo que yo os comunico esta tarde, a través de los gestos del Sacramento, es ese amor infinito de Dios, que confirma y ratifica el amor que os tiene desde toda la eternidad y que os va a tener siempre. Pero que expresó en forma de Alianza que quería hacer con nosotros en su Pasión y en su muerte.

Os he dicho que es para siempre y quiero insistir en ello, porque nosotros, a lo mejor nos olvidamos, seguro. Somos muy olvidadizos y muy cortoplacistas, se nos pasan las cosas y a lo mejor nos olvidamos. O a lo mejor, la vida tiene tantos tropiezos y tantos enredos que terminamos pensando que no puede ser verdad que Dios nos quiera. Yo os aseguro que nunca, nunca, nunca dejará de quereros. Y podría estar una hora diciendo: nunca dejará de quereros, nunca dejará de quereros… como para grabarlo a fuego en vuestro corazón.

Aunque vosotros le dejéis a Él, incluso aunque le expulsarais de vuestra vida, Él estaría pegado a vosotros -seguiría en vosotros, porque si estamos vivos es porque el Señor está en nosotros ya-, pero estaría a vuestro lado esperando que pudierais llamarLe, invocarLe de nuevo, e inmediatamente sería como el primer día de la Creación. Nunca dejará de quereros.

No quiero cansaros. Sólo quiero subrayar una cosa y es que los gestos, a través de los cuales pasa ese don tan grande que acabo de escribir, son muy pequeños, muy chiquitillos: una imposición de las manos, una señal de la cruz, una unción con aceite consagrado. Pero no despreciéis la pequeñez de los gestos. La mayoría de los gestos humanos son muy pequeños: una sonrisa, qué cosa tan pequeña. Un beso, una caricia, una mano tendida y, sin embargo, por esos gestos puede pasar algo muy grande, puede pasar un amor verdadero. También hay besos de traición, todos recordáis el beso de Judas. Cuando los hombres decimos “te quiero”, no siempre es verdad lo que decimos y una de las tareas de la vida es descubrir cuándo esos gestos son verdad y cuándo no lo son. Pero cuando Dios dice “te quiero”, Dios no miente y, a través de los gestos pequeños de los Sacramentos, el Señor Se nos da. Y se nos da no porque quiere conseguir que seáis buenos y es como un truquillo (sería un truco muy malo y valdría muy poco el amor de Dios). Se os da porque quieres estar con vosotros, porque os desea, porque os sigue.

Es verdad que nosotros podemos seguir al Señor, pero antes que nosotros podamos seguir al Señor, nos sigue Él a nosotros, nos persigue Él a nosotros. ¿Para qué? Para que estemos contentos, simplemente. Hay mucho orgullo en pensar que nosotros podemos darLe algo a Dios o que Él necesita algo que nosotros pudiéramos dar. No. Somos nosotros los que necesitamos de Ti, Señor. Somos nosotros los que, para poder afrontar la vida y sus durezas, y sus fatigas, necesitamos de Ti. Pero Tú estás con nosotros, sabemos que estás con nosotros, nos fiamos del don que Tú haces de Tu vida y nos lo haces en Tu Iglesia.

Y fiados de ese don, acometemos la tarea de vivir con fortaleza, con alegría.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

15 de mayo de 2021

S.I Catedral

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Domingo, 16 de mayo de 2021: Ascensión del Señor – Lluvia de pétalos de rosas en la Catedral de Canarias

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SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR EN LA CATEDRAL DE CANARIAS

LLUVIA DE PÉTALOS

AÑO 2021

El domingo 16 de mayo de 2021 a las 10:00 h tendrá lugar en la Catedral de Canarias la celebración de la Eucaristía y a continuación la lluvia de pétalos y adoración y bendición del Santísimo Sacramento.

Este año se tendrán muy en cuenta las medidas de seguridad ante el coronavirus.

 

De esta ceremonia existen datos en el archivo catedralicio desde el año 1649

Todos los años en el día de la Ascensión del Señor en la Catedral de Canarias tiene lugar la celebración de la misa a las 10.00 h y terminada la eucaristía se expone el Santísimo Sacramento y mientras se reza y se cantan himnos, desde el cimborrio caen pétalos de rosas, y un grupo de niños esparcen pétalos en torno al altar formando un precioso tapiz. Luego se reserva el Santísimo Sacramento y las personas asistentes se reparten los pétalos.

De esta ceremonia existen datos en el archivo catedralicio desde el año 1649.

Es la ceremonia de estas características más antigua de España.

Las otras misas en la catedral para el domingo de la Ascensión del Señor es a las 12.00, 13.00 y 19.00 h

 

FOTOGRAFÍAS:

– Ascensión del Señor 2018

– Ascensión del Señor 2017

– Ascensión del Señor 2016 (2)

– Ascensión del Señor 2016 (1)

– Ascensión del Señor 2015 (2)

– Ascensión del Señor 2015 (1)

– Ascensión del Señor 2014

– Ascensión del Señor 2013

– Ascensión del Señor 2012

– Ascensión del Señor 2011

– Ascensión del Señor 2010

– Ascensión del Señor 2009

 

VÍDEOS:

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2017

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2016

Versión 1:

Versión 2:

 

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2015

Versión 1:

Versión 2:

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2014

Año de la bajada de la imagen de la Virgen del Pino a Las Palmas de Gran Canaria.

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2013

363 años de la lluvia de pétalos sobre el Santísimo Sacramento

Este año estuvo presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Nuncio de su Santidad Mons. Renzo Fratini

Domingo, 12 de mayo 2013, solemnidad de la Ascensión del Señor,

a las 10:00 h en la S.I.B. Catedral de Canarias.

Versión 1:

 

Versión 2:

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“Habéis sido elegidos por Dios”

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Un total de veinticuatro seminaristas dan un paso más en su camino al sacerdocio con el Rito de Admisión y la institución de Lectores y Acólitos

La Catedral de Córdoba ha acogido este viernes, 14 de mayo, el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes de catorce seminaristas, la institución del Lectorado de cuatro y del Acolitado de seis seminaristas. Con esta celebración, cada uno de ellos da un paso cualitativo a su compromiso con el Señor, el mismo que los ha llamado para hacer visible en el mundo la presencia y la salvación de Dios.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha presidido el Rito de Admisión e institución de los Ministerios de Lector y Acólito manifestando que “es una ocasión para dar gracias a Dios por cada uno de estos jóvenes, fruto de una familia cristiana, una comunidad parroquial y fruto de la Iglesia”.

El prelado se ha dirigido a los seminaristas recordando que cada uno es llamado a una vocación y una misión en la vida: “Vosotros habéis sido elegidos por Dios por vuestro nombre y apellido para ser incorporados al ministerio sacerdotal”. En este sentido, ha querido felicitar al Seminario y los formadores por la labor de discernimiento que realizan junto a los seminaristas para ayudarles a descubrir la llamada de Dios y a no tener miedo a seguirle. “Conozco bien cada una de vuestra historia personal y aunque todos nos hemos sentido alguna vez indignos e incapaces de desempeñar el ministerio sacerdotal, hoy tenemos que dar gracias a Dios por ayudarnos en esos miedos, dudas o temores. Vosotros habéis experimentado la fortaleza que viene de Dios, por lo que no tengáis miedo que el Señor está con vosotros”, ha dicho el pastor de la Diócesis. Asimismo, el Obispo ha resaltado la alegría que siente al ver todas estas vocaciones, “una gracia de Dios que compartimos todos los sacerdotes”.

Monseñor Demetrio Fernández ha exhortado a los seminaristas a continuar su camino con plena libertad, pues “la vocación es el encuentro de dos libertades: la libertad de Dios que llama a quien quiere y la del hombre que siente esa llamada y puede responder sí o no”. Igualmente, ha recordado que “la amistad de Jesucristo es duradera y para siempre”.

Los seminaristas que han recibido el Rito de Admisión han sido: Francisco Solano Aguilar, Francisco Javier Castilla, Carlos Andrés Crespo, Gonzalo de Loma-Ossorio, José Joaquín Deseña, Álvaro Fernández-Martos, Francisco Salvador Flores, Javier González, Jesús Martínez, Javier Montes, Francisco Moreno, Javier Rodríguez, Jesús Romera y Antonio Tello de la Rosa.

Asimismo, han recibido el Ministerio de Lector Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino, Álvaro Fernández-Martos y Blas Sánchez. Mientras que el del Acolito lo ha recibido Pablo Fernández de la Puebla, Abraham Luque, Manuel Millán y los anteriormente mencionados Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino y Blas Sánchez.



























































































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Arciprestazgo de Vegueta: Vigilia de Pentecostés – jueves, 20 de mayo de 2021

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Vigilia de Pentecostes 21

 

ARCIPRESTAZGO DE VEGUETA

VIGILIA DE PENTECOSTÉS 2021

Vigilia de Pentecostes 21

Vea también:

– Espíritu Santo

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Memoria de actividades de la Iglesia 2019

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Memoria de actividades de la Iglesia 2019

Esta semana, en el semanario Fiesta digital, les ofrecemos la Memoria de actividades de la Iglesia 2019 recientemente publicada por la Conferencia Episcopal Española.

Entre otros contenidos de la actualidad de las Iglesias de Granada y de Guadix, les hacemos llegar en la sección de “Voz del Papa” el Mensaje en la 55º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales en la que Francisco se dirige a todos los comunicadores, así como el Mensaje de los obispos españoles en esa misma jornada que pueden encontrar en la sección de “Textos”.

Como “Testimonio”, les hablamos del centenario del nacimiento del Beato Manuel Lozano Garrido, conocido como “Lolo” en su Jaén natal, beatificado en 2010 y ejemplo de amor a Dios y de servicio a la Iglesia a través del periodismo más allá de la enfermedad.

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Jornada de las comunicaciones sociales en el día de la Ascensión del Señor

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«La comunicación es imprescindible para el desarrollo de las personas y de las sociedades libres». Con estas palabras, los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales, envían un mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales que celebramos cada año en el día de la Ascensión del Señor.

«Como apunta el Evangelio, pensamos que sin verdad no es posible la libertad, y sin libertad no es posible la convivencia digna», expresan los obispos. Por eso, la comunicación nos ayuda a «conocer la realidad y el entorno en el que vivimos, a formar criterio sobre las corrientes sociales y culturales, a desarrollar las dimensiones lúdicas y solidarias de la persona». Todo ello, advierten, «es necesario para el desarrollo vital de un pueblo».

Un servicio para contribuir al bien común

Los prelados también se dirigen a todas las personas que trabajan para hacer posible este servicio. «Comunicadores, reporteros, locutores, técnicos, periodistas, y tantos otros profesionales de la comunicación, entregan buena parte de su tiempo con profesionalidad y rigor para servir en la sociedad». Un servicio que, a veces, «tiene su origen en una vocación personal, una llamada recibida para contribuir al bien común».

Los obispos de la comisión «ven con tristeza» que la búsqueda de intereses personales «ajenos al bien común» ha atacado «esta libertad con violencia verbal o incluso física». Algunos periodistas, también recientemente, «han entregado sus vidas al cumplir con su misión. Vaya ahora para ellos nuestro reconocimiento, agradecimiento y oración. Dieron su vida por nuestra libertad».

Por último, hacen referencia al de el Papa Francisco para esta Jornada, y que hizo público el día del patrón de los periodistas, san Francisco de Sales, y en el que anima a los periodistas «a renovar su empeño e ilusión por esta profesión». Con el lema «Ven y lo verás. Comunicar encontrando a las personas donde están y como son», el Papa invita «a ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá en cualquier aspecto».

Editorial ECCLESIA: Los profesionales de la comunicación, llamados a pisar las calles

El pasado 9 de mayo terminaba el estado de alarma en España mientras el proceso de vacunación de la población seguía su proceso: más de seis millones de personas han recibido la primera dosis de la vacuna anticovid y, según datos del Ministerio de Sanidad, se han suministrado más de 20 millones. Durante este tiempo extraño, oportunidad para que la ciudadanía se enfrentase cara a cara con sus necesidades más básicas, los profesionales de la comunicación han entregado a la sociedad lo que llevan en la sangre: una vocación profunda por la búsqueda de la verdad. Algunos en la calle, y la gran mayoría a golpe de teléfono y ordenador, han desarrollado su profesión con la responsabilidad que merece un servicio tan esencial. Sin embargo, nunca antes, el grado de infoxicación fue tan grande como en estos momentos de la historia: la confusión y las fake news invaden las redes, de manera que se necesitan urgentemente profesionales que devuelvan el sentido a la profesión y la confianza a la información contrastada y contrastable. La situación generada desde las primeras noticias sobre el coronavirus ha provocado en la sociedad un grave riesgo de desinformación que pone en peligro las vidas de las personas.

Ante esta situación, cuando se vaciaron las agendas políticas y económicas, muchos profesionales de la comunicación volvieron a sus raíces más vocacionales, buscando las historias que más construyen humanidad y que mejor provocan esperanza. Muchos de ellos han perdido la vida contagiados por la covid. En 2020, según datos del grupo Press Emblem Campaign, más de 600 periodistas fallecieron de covid en 59 países durante 10 meses. Como servicio esencial de nuestra sociedad, unos y otros han trabajado día y noche para mostrar al mundo imágenes de lo que estaba ocurriendo, para escribir las páginas más tristes de la historia reciente y para dar voz a quienes sufrían de primera mano los efectos de la pandemia.

La Iglesia, que celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2021 el próximo 16 de mayo, día de la Ascensión del Señor, recuerda este año que es tiempo de salir a la calle, de desgastar las suelas de los zapatos, de contemplar y escuchar cara a cara las historias que nuestros contemporáneos necesitan contar. Es tiempo de volver al género de investigación y del reportaje, de ir a donde otros no van y demostrar así que los verdaderos profesionales son aquellos que con formación adecuada, sentido común, una buena dosis de ética y de búsqueda del bien común, salen de sí mismos con valentía para relatar lo que ven con sus propios ojos y lo que escuchan de primera mano.

En España, y en cualquier parte del mundo, existe el riesgo de querer contar lo que ocurre desde el ordenador, con los ojos de otros, sin palpar y encontrarse con las personas. Es el pecado de una profesión llamada a encontrar el equilibrio entre el enfrentamiento y el bien común, el equilibrio entre la crítica y la propuesta, el equilibrio entre la información y la opinión.

El Papa recuerda en su mensaje que «existe el riesgo de contar la pandemia, y cada crisis, solo desde los ojos del mundo más rico, de tener una “doble contabilidad”». La red ayuda a multiplicar la capacidad de contar y de compartir, pero se necesita autodominio y responsabilidad para hacerse cargo de las informaciones que se dan. Es necesario desenmascarar las noticias falsas. Todos estamos llamados a eso, todos.

La buena noticia del Evangelio se difundió en el mundo gracias a los encuentros de persona a persona, de corazón a corazón. Por eso, los periodistas, contadores de historias, saben que el bien común tiene mucho que ver con el corazón y con la Palabra.

Fuente Ecclesia.

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Vigilia diocesana de Pentecostés el día 22 de mayo

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El día de Pentecostés, al recibir el Espíritu, los discípulos orando todos juntos, son un signo de la Iglesia de todos los tiempos, que comparte la vida y la oración, que vive en fraternidad y en comunión. Durante los meses en que estuvimos confinados en nuestras casas a causa de la pandemia añorábamos el encuentro comunitario, la asamblea litúrgica. Y ahora, que tenemos menos restricciones, echamos en falta igualmente más presencia física y más encuentros cercanos. Y es que el encuentro y la cercanía no son cosas accidentales: son indispensables para vivir humanamente y para crecer como creyentes. Celebramos el día 23 de mayo la fiesta del Espíritu Santo, que nos impulsa a soñar que otro mundo es posible.

Te invitamos a participar en la Vigilia Diocesana de Pentecostés, que tendrá lugar la víspera. En ella sumamos fuerzas: Acción Católica General de Jaén, que celebra su día, junto con el Secretariado para la coordinación de movimientos y grupos de apostolado seglar de la Diócesis, porque este día es también el día del Apostolado Seglar. Y la Delegación de Pastoral Juvenil y Vocacional…

La fiesta de Pentecostés es, de algún modo, la fiesta de la Iglesia, que se sabe habitada, en todos los tiempos por el Espíritu del Resucitado, y la fiesta de los laicos, que cada vez más, están tomando la conciencia de su misión y las riendas del anuncio del Evangelio y del testimonio en el mundo.

La Vigilia tendrá lugar presencialmente en la parroquia de Cristo Rey de Jaén, de 21.00 a 22.00 horas, el día 22 de mayo. Pero también puedes participar en ella a través de los canales de Youtube o Facebook de la Diócesis.

«Los sueños se construyen juntos» es el lema que la Conferencia Episcopal Española eligió este año para la Jornada. Con él se quiere expresar cómo el laicado se pone en movimiento, porque, como recordábamos en el Encuentro de Laicos, somos Pueblo de Dios en salida.

Caminamos juntos, nos tenemos en cuenta los unos a los otros, descartamos el individualismo y la competición entre nosotros. Descubrimos en la fraternidad el horizonte al que estamos llamados por Dios.

Estará con nosotros en la Vigilia José Ibáñez. Él, con su buen hacer, nos ayudará a renovar nuestra fe y nuestra confianza en el Espíritu que nos pone en camino y restaura nuestras fuerzas para que podamos seguir haciendo realidad el sueño de Dios. Y también a sentirnos unidos en esta tarea que es una tarea de familia.

Esperamos verte en la iglesia o en la pantalla. ¡Anímate!

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Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

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El próximo 16 de mayo, Solemnidad de la Ascensión del Señor, se celebra la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, este año bajo el lema, «Comunicar encontrando a las personas donde están y como son».

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

Los obispos de la Comisión Episcopal para las Comunicaciones sociales, agradecen a todos los comunicadores su servicio, ya que, la comunicación es imprescindible para el desarrollo de las personas y de las sociedades libres.

Además, animan en su mensaje les animan en estos momentos de dificultad a que ejerzan su labor de una manera imprescindible.  Al mismo tiempo, invitan a las empresas informativas a poner el acceso a la verdad por encima de otros intereses legítimos, pues su primera y gran responsabilidad es con la verdad y con la sociedad.

Subsidio litúrgico

Moción de entrada, lecturas y sugerencias para la homilía.

Cartel en castellano

 

¿Cuál es el mensaje del Papa?

En su Mensaje para la 55ª Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Francisco advierte del riesgo de una información siempre igual, exhortando a ir «donde nadie va». En su discurso tiene un gran peso la dinámica de ponerse en marcha con pasión y curiosidad, de salir «de la cómoda presunción de lo ‘ya conocido».

El horizonte de la pandemia, que se extiende por el mundo desde principios de 2020, marca de forma decisiva este Mensaje. El Papa advierte que se corre el riesgo de contarla, al igual que todas las crisis, «sólo con los ojos del mundo más rico», de llevar una «doble contabilidad».

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Jóvenes de la diócesis participaron en el Encuentro de la Juventud CON#ALEGRÍA

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Nuestro obispo, Santiago Gómez, profundizó, en una catequesis que se vio interrumpida momentáneamente por un corte de luz, sobre el sentido de la alegría cristiana y la necesidad de contagiarla.

Un encuentro vivido en modalidad de semipresencialidad, la mañana del pasado sábado 8 de mayo. Rocío Fernández, joven de Trigueros, nos cuenta cómo transcurrió la jornada.

Después de tanto tiempo “conectándonos” como parroquias y grupos a través de internet debido a las restricciones, poder tener un encuentro semipresencial fue todo un regalo. Terminamos “contagiados”, sí, pero de todo aquello que necesitábamos y echábamos de menos, de pilas recargadas en la fe, de amor al otro y de sentirnos cerca de Él.

Sentir que hay más jóvenes como nosotros a través de sus propios testimonios de vida nos dio la fuerza necesaria para recoger todos los dones del Espíritu Santo y poder salir afuera, a seguir moviéndonos a contracorriente, a evangelizar y seguir contagiando esa alegría tan característica de los jóvenes cristianos. 

Todos hemos salido contentos, llenos, y con valoraciones muy positivas del Encuentro. A pesar de los pequeños contratiempos (las pausas por el corte de luz o las pausas para estar todos listos) todo salió redondo y pasó el tiempo volando. Parecía que estuviéramos más cerca de lo que nos encontrábamos. El juego del Escape Room fue genial, ideas nuevas e innovadoras, una forma muy guay de relacionarnos y de crecimiento personal. Los testimonios fueron claves, cada uno supo trasladar una idea muy fuerte y que calase en nosotros, creemos que escuchar una vivencia propia hace sentirnos más cerca los unos de los otros. Se nota el esfuerzo que hay detrás, las ganas, y el trabajo constante por sentirnos una Pastoral Joven unida. Ojalá pronto nos contagiemos cara a cara.

Uno de los momentos más especiales del encuentro fueron los testimonios de algunos jóvenes, todos igualmente interesantes. Compartimos el testimonio de José María García, un joven de La Palma del Condado que compartió su experiencia de enfermedad vivida en clave de fe:

Me dispongo a contaros mi testimonio, que se ha convertido para mí en una experiencia personal, sobre todo en convicción y seguridad de que Dios existe, está presente en mí y en todos mis hermanos.

Recuerdo no hace más de dos años, en el mes de agosto, como llegó a mi vida una de las noticias más temidas, la detección de un Cáncer de tipo linfático que afecta al sistema de defensa del cuerpo humano.

Ante esta desagradable noticia, recuerdo como reaccioné con amor y misericordia. Desde el minuto uno supe que esa era mi nueva cruz, me agarré a Dios y le supliqué que se hiciese su voluntad, provocando en mí una sonrisa. Sentía paz, tranquilidad, seguridad, optimismo y sobre todo mucha fe. Sabía que Dios estaba a mi lado y sentía orgullo de afrontar de aquella manera la noticia, sobre todo cuando miras a tus padres y ves como lloran, parecían faltos de fe y esperanza.

Entre tanto alboroto tuve que ser fuerte para comunicar la noticia a familiares y amigos, de los cuales no dejé de recibir apoyo en ningún momento, se involucraron tanto conmigo que hicieron que mi lucha fuera diferente. Un día, mi mejor amiga me ofreció algo que cambiaría mi vida, el participar en un grupo de oración al Santísimo Sacramento que se lleva a cabo en mi parroquia, ofrecimiento que acogí con gratitud y agradecimiento puesto que era lo que necesitaba en ese momento.

En el sagrario sentía calor, fuerza, motivación, apoyo, alegría y amor, tanto es así, que me enganché de tal manera que fue mi “droga” semanal para hacer frente a la lucha que seguía estando presente. Era un momento de diálogo personal y profundo con Dios, donde le hablaba y me contestaba, lloraba y me abrazaba, pedía para que me diese fuera y el me daba la vida. Me enamoré aún más de Dios y desde aquel momento mi carga era ligera porque yo estaba en sus manos, solo tenía que entregarme a él. La fuerza que me daba Dios y las muchas oraciones, hicieron que un día, como otro cualquiera de rutina hospitalaria, se convirtiera en el mejor día de mi vida. Justo me daban la noticia más esperada y deseada por todos, la curación absoluta de ese cáncer, que más que enfermedad fue un escalón en mi vida que no me paró, sino me relanzó en lo más importante que puedo tener conmigo, mi relación estrecha con Dios.

Recuerdo ese día con mi madre como me invadían un sentimiento de paz y tranquilidad que ni ella podía entender, pero yo sabía que esa sensación no era algo propio, puesto que la noticia que iba a escucha era inquietante, esa tranquilidad que sentía venia de Dios, sabía que estaba conmigo. Así lo sentía, lo acogía y transmitía a mi entorno, sin que mi madre, con cara de sorprendida, entendiese y cuestionase.

Desde ese momento solo puedo dar gracias a Dios y a todas las personas que me apoyaron, pues en ellas veía la gracia de Dios, en especial a mi amiga y a toda su familia que me ayudaron, animaron y abrieron las puertas a conocer las maravillas del señor.

Esta experiencia me ha enseñado que si pones a Dios en tu vida no existen los problemas, aceptando la cruz y acogiendo su voluntad con amor, conseguiremos la plena felicidad y alegría del Señor.

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