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La Ascensión del Señor, “una fiesta verdaderamente preciosa y grande en la historia de Dios con nosotros”

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Homilía en la Eucaristía de la Ascensión del Señor, en la que también se celebró el Sacramento de la Confirmación, el 16 de mayo de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Santo Pueblo de Dios:

Hoy hace 18 años. No fue este el mismo día del mes, pero sí que era el día de la Ascensión. Yo entraba en Granada como sucesor de los apóstoles y como pastor de esta Iglesia de Granada. Y eso hace que comience esta homilía en el día de la Ascensión rogándoos que pidáis por mí, para que sepa ser mejor pastor, un buen pastor según el corazón de Dios. Tengo una conciencia muy clara de que no lo soy. El sacerdote dice siempre en la plegaria eucarística, cuando es obispo y pide por sí mismo, dice “por mí, indigno siervo tuyo”, y yo tengo la conciencia clara, más clara que hace 18 años, más clara hoy que el día que me ordené de presbítero en el año 72 y mucho más clara que mi ordenación episcopal, que también fue el 12 de este mayo, el aniversario de mi indignidad para representar a Cristo en medio de su pueblo y en medio de este mundo. Por lo tanto, os suplico que pidáis por mí, con sencillez. También os digo que, desde que soy obispo, pero igualmente desde que vine a Granada, vine con la conciencia de que venía a dar mi vida por esta diócesis, por este trocito del Cuerpo de Cristo, por esta Esposa muy amada de Jesucristo que el Señor me encomendaba cuidar en su nombre y que no hay otro amor en mi corazón que el bien de vuestra vida en Cristo, que el bien de vuestra esperanza, vuestra fe, vuestro amor de unos por otros. Y eso uno puede querer mucho y querer muy torpemente. Y yo vivo con esa conciencia de que os quiero con toda mi alma, pero os quiero muy torpemente. Pedid sencillamente al Señor que Él me ayude a ser el pastor que vosotros necesitáis y que Él quiere para vosotros.

Dicho esto, el día de la Ascensión es un día precioso. Uno de aquellos jueves que relucen más que el sol y el Señor nos ha concedido que este domingo reluzca más que el sol. Pero es que es una fiesta verdaderamente preciosa y grande en la historia de Dios con nosotros. En el día de hoy, en todo el tiempo pascual, desde la Resurrección del Señor y hasta el domingo que viene –Pentecostés-, se cumple el designio de Dios. Desde una determinada perspectiva, se cumple como la “mitad” del designio de Dios. Y me explico. El designio de Dios ha sido siempre: cuando nos ha creado, cuando ha creado la humanidad, unirse a la humanidad y unirse de tal manera que pudiera ser uno con la humanidad, verdaderamente.

Es más, cuando crea al ser humano como hombre y mujer -“varón y hembra los creó”, dice el libro del Génesis-, crea la unión esponsal del matrimonio como un signo en este mundo creado y, por lo tanto, frágil. Propio de las criaturas. Como un signo del tipo de unidad que Él quiere tener con su criatura, con el ser humano. Con la persona humana, creada a imagen y semejanza suya, participando ya por la Creación, de una manera especial, de la dignidad y del Ser de Dios. Por su razón, por su libertad, por su capacidad de reconocer el bien, por su capacidad de amar, sobre todo, puesto que Dios es Amor. Nosotros sabemos que Dios es Amor, gracias a Jesucristo. En ese amor de Dios, Dios ha querido unirse a su criatura de una manera única e inefable. El hombre siempre ha sido un ser religioso y lo sigue siendo, aunque pongamos nuestra religiosidad en bienes de consumo y en pequeñas cosas que podemos comprar en el mercado que invade nuestra sociedad. Pero tenemos un anhelo de felicidad inextirpable del fondo de nuestro corazón. Y ese anhelo es una señal puesta en nuestro corazón, una nostalgia puesta en nuestro corazón por el Dios que es Amor.

Desde el comienzo del mundo, desde Abraham, el Señor ha ido formando un pueblo, constituyendo un pueblo, para que pudieran aprender los hombres. No podíamos imaginar que Dios podía ser Amor. Lo imaginábamos más como poder, como el poder del toro o de ciertos animales que tienen poder sobre la vida humana, como la serpiente o como los cocodrilos, o la sabiduría de las lechuzas que ven en la noche. El hombre ha representado de mil maneras su imagen de Dios, queriendo representar algunas de las cualidades que vemos en las criaturas de este mundo. Pero que Dios pudiera ser Amor… no digo sólo que tenga sentimientos de compasión o misericordia por su criatura, sino que Dios pudiera ser Amor era algo que jamás lo había imaginado ninguna cultura. Ni la cultura judía que había sido preparada para ello durante casi dos mil años. Ni por supuesto la cultura de los gentiles, porque Dios podría acercarse a nosotros para rescatar nuestras almas del cuerpo y llevarnos a no sé dónde. Pero que Dios pudiera hacerse carne, eso nadie lo habría imaginado jamás. La Encarnación es la boda de Dios con la naturaleza humana, con la criatura humana, y el Señor consuma esa alianza de amor, en Jesucristo, en el Misterio Pascual. Él va hasta la muerte más ignominiosa por amor a nosotros y desciende a los infiernos. Precisamente, una persona hoy me preguntaba eso, que qué era eso de que Jesús había bajado al infierno. El Credo dice “los infiernos” que era, para el mundo judío, el lugar de los muertos. Es decir, ha bajado hasta el fondo de la condición humana, nuestra condición, y para que nadie pudiera sentir jamás que Dios no comprende nuestra situación y ha sufrido esa muerte tan ignominiosa, para que, en el fondo de nuestras angustias, de nuestras ansiedades, de nuestras depresiones, de nuestras soledades, de la irritación porque nuestro anhelo de felicidad no se cumple, nunca nos sintamos solos, porque el Señor ha descendido hasta el infierno más profundo de nuestro ser. Hasta el infierno de nuestros pecados también, para unirse a nosotros y para abrazarse a nosotros en nuestra pequeñez y en nuestra miseria.

Hoy celebramos como la mitad de ese rescate, porque Cristo ha resucitado y ha vuelto junto al Padre. Pero, como la Encarnación no fue una broma, en la que Jesús se puso un disfraz como hacen los artistas cuando se visten para una obra de teatro en un escenario, no se quitó esa pieza y volvió al Padre, sino que resucita, vence a la muerte, vence a la muerte con su cuerpo, con sus llagas, con su humanidad y esa humanidad vuelve al Padre, eso significa que, en Dios, en el Cielo, hablar del lugar donde Dios vive -Dios vive en todas las cosas, no está en un lugar fuera del mundo-, pero que en Dios, en la divinidad de Dios y en la vida de Dios, ha entrado la carne humana. Una carne herida como la nuestra, libre sólo del poder del pecado, pero no libre de las consecuencias del pecado que le llevaron a la cruz. No libre del amor infinito que Él pudo manifestar por la humanidad en toda la Encarnación, en todo su ministerio y sobre todo en su Pasión y en su muerte. Nuestra humanidad ha entrado en Dios y eso es lo que celebramos hoy.

En la Resurrección de Cristo y la Ascensión de Jesús al Cielo, lo digo con las palabras que cito todos los años en este día, todos los años inevitablemente, que la decía un poeta francés católico del siglo pasado: “A partir de la Ascensión del Señor, en el Cielo huele a sudor”. No se puede decir de manera más plástica. Es decir, está nuestra humanidad en Ti, Señor. Y como la unión que Tú has establecido con nosotros tiene dos dimensiones, podemos verla desde el punto de vista de Dios, desde el Cielo, y desde el punto de vista humano. Esa unión que Cristo ha hecho con nosotros hace que nuestra humanidad esté en Dios. Y eso alimenta nuestra esperanza, eso alimenta nuestra confianza, nuestra certeza. Dicho con palabras del mismo poeta, de que cuando Dios mira a cualquiera de nosotros, incluso al más pecador, “no puede evitar ver el rostro, ver el sufrimiento, ver la cruz de su Hijo y nos mira con el mismo amor infinito con que mira a su Hijo”. Por eso, la Ascensión de Cristo es la fortaleza de nuestra esperanza. Si queréis, la tierra firme en la que apoyamos nosotros nuestra certeza de que un día estamos llamados a participar de la misma Gloria del Hijo de Dios que nos enseñó a llamar a Dios “Padre”. Y que nos enseñó y nos hizo posible vivir en la libertad de los hijos de Dios, vivir como hijos de Dios. Porque es verdad que, en la Ascensión, entra en el Cielo la humanidad. Entra en Cristo, pero, detrás de Cristo, y los cristianos de las primeras generaciones usaban un salmo, “subió a la cumbre llevando cautivos”. Bueno, pues los cautivos que lleva somos todos nosotros, que colgamos de la humanidad de Jesucristo, que nos agarramos a Él, incluso quienes no Le conocen. Nosotros tenemos la confianza de que el Señor los hará partícipes también de la Resurrección.

No olvidéis que en cada Eucaristía, y la regla de la oración es la regla de la fe, pedimos por todos los que han muerto en la Misericordia del Señor. ¿Podríamos afirmar que haya alguien en la humanidad que muera fuera de la Misericordia del Señor? No. Por eso, nosotros tenemos la confianza y la esperanza de que todos los hombres se salven, es decir, de que se cumpla la voluntad de Dios, que es esa. Y que lleguen al conocimiento de la verdad, de maneras que a nosotros se nos escapan. Y es cierto que la libertad del hombre puede negarse a recibir la Gracia de Dios, pero también es cierto que la Gracia de Dios tiene infinitamente más recursos que una madre para llevar a su niño por donde quiere. Por lo tanto, pedimos que no nos falte la misericordia del Señor, que nunca nos expulse de nuestra vida. Pero tenemos la confianza cierta de que su poder puede mucho más, infinitamente mucho más que el poder del mal. Y esa es nuestra esperanza de la vocación y de la esperanza a la que hemos sido llamados, de que hablaba San Pablo hoy.

La semana que viene celebraremos el reverso de la medalla. Es decir, que Cristo ha dejado sembrado en esta tierra su Espíritu Santo, para que nosotros podamos vivir como hijos de Dios. No sólo ha introducido la carne humana en la vida divina, sino que ha sembrado en nuestra humanidad la misma vida de Dios. La vida de hijo de Dios, que es el reflejo visible del amor del Padre y sólo con esa vida divina, que recibimos con el Espíritu Santo, podemos nosotros vivir como hijos de Dios de una manera nueva.

El Evangelio hablaba de coger serpientes sin que nos hagan daño, de beber venenos sin que nos hagan daño. Son imágenes, sin duda, pero son imágenes que explican una novedad: quien tiene el Espíritu de Dios vive con una alegría y una esperanza que no son de este mundo, y con un amor que no es de este mundo, que sólo se explica porque está la vida divina en nosotros, la que Jesucristo ha obtenido para nosotros y nosotros no tenemos más que acoger para que nuestro corazón se ensanche y pueda vivir siempre en la alegría, en la gozosa esperanza, en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Que así sea para todos los que estáis aquí y los que no estáis aquí. Para toda la diócesis y para todos los hombres.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

S.I Catedral de Granada

16 de mayo de 2021

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Pablo VI, vida (II)

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Milán era una diócesis enorme, de 822 parroquias. El arzobispo Montini, en el primer año de su episcopado, las visitó casi todas. Organizó la célebre Misión de Milán con el objetivo de conciliar la religión con la cultura. Su actividad como constructor fue sorprendente: llegó a consagrar 72 templos.

Tras la muerte de Pío XII (1958) es elegido papa Juan XXIII y una de sus primeras medidas fue nombrar cardenal a Mons. Montini. Muerto Juan XXIII (1963), en el cónclave inmediato y en la quinta votación, Mons. Montini es elegido Papa con el nombre de Pablo VI.

Al principio, la actividad de este pontífice se centró en la continuación y conclusión del Vaticano II. Adoptó una serie de medidas como la institución del Sínodo de los Obispos. Impulsó el papel de las conferencias episcopales. Reformó la antigua Congregación del Santo Oficio, convirtiéndola en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Suprimió el Índice de Libros Prohibidos, se eliminaron varios dicasterios creando unos nuevos, y realzó la Secretaría de Estado cuya función será la de coordinar la Curia.

Siguiendo la actividad del apóstol san Pablo, el nuevo Papa realizó nueve viajes por diversos países del mundo. Muy significativo fue el viaje a Tierra Santa en el que tuvo que defender ante los judíos la memoria de Pío XII, vilipendiada por los calumniadores de aquel entonces (año 1964). Su segundo viaje fue a la India, donde denunció las injusticias cometidas contra los países del Tercer Mundo. Al año siguiente, se hizo presente en la ONU, donde habló del Dios desconocido ante los representantes de los diversos Estados. Por diversos y variados motivos, viajó a Fátima, Medellín, Ginebra y Uganda. En Manila sufrió un leve atentado, lo que no le impidió visitar Sydney, Yakarta y Hong-Kong.

En 1975 se celebró el Año Santo. Acudieron a Roma más de diez millones de peregrinos procedentes de todo el mundo. Por primera vez en la historia proclamó como Doctoras de la Iglesia a dos mujeres: santa Catalina de Siena y nuestra santa Teresa de Jesús, por sus numerosos escritos sobre espiritualidad cristiana.

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El obispo coadjutor visita la asociación NOESSO

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El obispo coadjutor visita la asociación NOESSO

El pasado 12 de mayo, D. Antonio Gómez Cantero, acompañado por el Delgado de la Acción Caritativa y Social de la Diócesis, D. Juan Antonio Plaza Oña, se desplazaron hasta las instalaciones de NOESSO en Vícar para mantener un encuentro con directivos y profesionales de la Asociación, en los que conversaron tanto de la problemática …

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HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE SAN INDALECIO

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HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DE SAN INDALECIO

Lecturas bíblicas: Sb 5,1-4.14-16. Sal 88,2.6.12-13.16-19 (R/. «Cantaré eternamente las misericordias del Señor»). 1Cor 18-25. Aleluya: Jn 5,15b («A vosotros os llamo amigos, dice el Señor…»). Jn 15,9-17. Queridos hermanos y hermanas: Nos congrega la solemnidad del santo Obispo fundador de la Iglesia de Almería, san Indalecio, pontífice y mártir. La palabra de Dios viene …

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Misa solemne y procesión claustral para festejar a San Indalecio

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Misa solemne y procesión claustral para festejar a San Indalecio

En la Misa estacional de esta mañana en la Catedral de la Encarnación, en honor de San Indalecio, Patrono de la Diócesis y de la Ciudad de Almería, se hallaba en la Coro de la Catedral el Capítulo de Canónigos. Con ellos la Schola cantorum del Seminario Conciliar, que también se halla bajo el patrocinio …

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“Necesitamos la Vida de Dios”

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Homilía en el Sacramento de la Confirmación, el 15 de mayo de 2021, con confirmandos procedentes de la parroquia de El Carmen.

Queridos hijos:

A mí me importa mucho que tengáis fortaleza y empuje en el seguimiento de Jesucristo, está muy bien. Pero yo quiero darle la vuelta a las cosas porque, antes que eso, es importante, muy importante, que vosotros caigáis en la cuenta que es Jesucristo quien os sigue a vosotros; que es Jesucristo quien os quiera a vosotros. Que el cristianismo no consiste en que, desde pequeñitos, venimos oyendo que tenemos que portarnos bien y que para portarnos bien y ser buenos cristianos, hacemos determinadas cosas y Dios está contento y nos quiere. Es una imagen muy infantil, pero, además, es una imagen falsa. El cristianismo no consiste en eso y en esta tarde no estáis aquí para decir que vais a ser mucho mejores y que vais a comprometeros a comportaros bien. Entre otras cosas, el primer día que tropecéis y que os encontréis con que no es así, que seguís siendo los mismos, os ibais a decepcionar tanto que, ¿qué vais hacer?, ¿volver a la catequesis? ¿Y cuantos años lleváis de catequesis? Unos cuantos.

Si la vez que más seriamente yo me comprometí a ser bueno, que estuvo el obispo y todo, esto como que no ha funcionado; entonces, es que seguro que no es verdad. Es que es verdad que no es verdad. Es que no es esa la perspectiva, no es esa la visión del paisaje. El paisaje no es que nosotros tenemos que hacer una serie de cosas para conseguir llegar hasta Dios o para conseguir seguir al Señor, porque tendríamos que seguir al Señor, sino consiste en descubrir que Dios lleva toda una historia, desde antes de la Historia, desde antes de la Creación, amándoos a cada uno de vosotros con vuestro nombre y apellidos, tal como sois. Dijo el Señor en el Evangelio una vez “hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados”. Ni la persona que más os pudiera querer en este mundo puede contar vuestros cabellos. Y sin embargo, para el Señor, eso es tan sencillo que hasta cada cabello tiene un nombre y lo conoce por su nombre, igual que conoce a las estrellas por su nombre y nosotros no somos capaces de contarlas.

Pues, ese Dios inmenso, infinito, que no somos capaces de imaginar ni de pensar, que ha hecho las montañas, las estrellas, las galaxias, es un amor infinito. Y eso es lo que hemos aprendido con Jesucristo. Ese Dios infinito quiere darSe a vosotros. Ha querido siempre darSe al hombre y ha educado, nos ha ido educando a los hombres, desde Abraham hasta Jesús, para que entendiéramos que Dios no era sobre todo poder, fuerza y señorío, sino que Dios era Misericordia, que era Amor, que era Perdón. Que Dios es un Amor que no se rinde ante las pequeñeces, miserias o mezquindades del hombre. Y ese camino fue un camino muy largo, desde Abraham hasta Jesús. Pero Dios fue educando así a un pueblo, para que en ese pueblo pudiera nacer una mujer como la Virgen y pudiera venir Su Hijo a compartir nuestra vida, a compartir nuestra muerte como uno de nosotros y dejase así sembrada, en nuestra tierra, Su vida, la vida divina.

Dejadme decirlo con esta expresión tan vuestra: “Dios se ha enrollado con nosotros”. Y quiso enrollarse con nosotros y se hizo hombre, para estar junto a nosotros y para comunicarnos Su vida divina. Hoy celebramos que, una vez cumplida Su misión, una vez entregada Su vida en el Calvario por cada uno de nosotros, una vez que nos ha dado Su amor y Su espíritu, vuelve al Cielo. Pero ya vuelve con nosotros. Vuelve con nuestra carne. En el Cielo quien entra, después de la Encarnación del Hijo de Dios, es la humanidad de Jesús. Y decía un poeta que cuando Dios nos mira a nosotros, no puede dejar de pensar en Su Hijo, y no puede dejar de amarnos con el mismo amor con el que ama a su Hijo. Ese amor es un amor infinito. Ese amor es un amor sin límites. Ese amor es un amor eterno.

Yo sé que os cuesta, a lo mejor, imaginarlo. Pero yo quiero deciros que antes de que existieran las estrellas, las galaxias, antes del Big Bang, cada uno de vosotros estabais en la mente y el corazón de Dios. Porque Dios es eterno y, cuando Dios dice “te quiero”, es desde siempre y para siempre, y eso es lo que hemos aprendido a conocer a Jesucristo, que no estamos sólo para vivir aquí de una manera más sofisticada que viven las hormigas, las lagartijas o los animalillos, sino que nosotros estamos hechos para participar de la vida de Dios, estamos hechos para ser felices, estamos hechos para un amor infinito. Estamos hechos para una verdad inagotable, para una belleza sin límites, que no cansa y que no deja mal sabor de boca; que no nos apropiamos de ella como quien posee algo, sino que se apropia de nosotros. Porque estamos hechos para Dios y Dios es la belleza más grande y el bien más grande, y el amor más grande, y la verdad más grande. Y por eso nos cansan y nos fatigan a veces tanto otras realidades del mundo. Por eso, muchas veces nos ponemos tristes, porque quisiéramos algo más verdadero, quisiéramos un amor más verdadero, quisiéramos que nuestras relaciones fueran más bonitas, quisiéramos que nuestra vida sea más bonita. Bueno, pues Cristo, y el amor de Cristo, viene a nuestro lado, no para hacer que no nos pase nada, que, de repente, yo aprenda inglés sin estudiarlo, por ejemplo, o matemáticas, física. No viene para eso. ¿Para qué viene? Para que sepáis que cada uno de nosotros tiene un valor infinito a los ojos de Dios.

La Confirmación…, estamos muy acostumbrados a decir “me voy a confirmar la semana que viene” o “yo me confirmo este año”, pero no sois vosotros los que confirmáis. No confirmáis nada más que el Credo que vuestros padres profesaron en nombre vuestro en vuestro Bautismo. Y en el Credo decís que Le conocéis y que esperáis de Él lo más grande, lo que nada más que Dios podría daros: el perdón de todos vuestros pecados y la vida eterna. Ni la persona que más os quiera, ni vuestros padres, nadie podría daros eso más que Dios. Y eso es lo que decís y luego, como respuesta a esa profesión de fe, el Señor viene a vosotros. Viene a vosotros para acompañaros y para acompañaros para siempre. Es Él el protagonista y el sujeto de la Confirmación. Es Él quien confirma la Alianza nueva y eterna que hizo en su Pasión con cada uno de nosotros y con cada uno de vosotros, y de la que es verdad que nosotros empezamos a participar ya por el Bautismo. Por el Bautismo ya recibimos los frutos de esa Alianza. Pero no es lo mismo, porque en aquel momento no os dabais cuenta de nada y ahora podéis daros cuenta de lo que significa ser amado con un amor infinito. Tener a disposición siempre una misericordia infinita y eso es como tener un suelo firme para vivir y para poder vivir contentos. Cristo ha venido para que nosotros podamos vivir contentos y, sin Cristo, la alegría se nos acaba muy fácilmente. Venimos todos ahora, después de todo este año tan peculiar, singular, difícil y tan duro para tantas personas, y muchas veces las personas te acusan el cansancio.

Necesitamos la Vida de Dios. Y la Vida de Dios es Su amor. Necesitamos Su amor y lo que yo os comunico esta tarde, a través de los gestos del Sacramento, es ese amor infinito de Dios, que confirma y ratifica el amor que os tiene desde toda la eternidad y que os va a tener siempre. Pero que expresó en forma de Alianza que quería hacer con nosotros en su Pasión y en su muerte.

Os he dicho que es para siempre y quiero insistir en ello, porque nosotros, a lo mejor nos olvidamos, seguro. Somos muy olvidadizos y muy cortoplacistas, se nos pasan las cosas y a lo mejor nos olvidamos. O a lo mejor, la vida tiene tantos tropiezos y tantos enredos que terminamos pensando que no puede ser verdad que Dios nos quiera. Yo os aseguro que nunca, nunca, nunca dejará de quereros. Y podría estar una hora diciendo: nunca dejará de quereros, nunca dejará de quereros… como para grabarlo a fuego en vuestro corazón.

Aunque vosotros le dejéis a Él, incluso aunque le expulsarais de vuestra vida, Él estaría pegado a vosotros -seguiría en vosotros, porque si estamos vivos es porque el Señor está en nosotros ya-, pero estaría a vuestro lado esperando que pudierais llamarLe, invocarLe de nuevo, e inmediatamente sería como el primer día de la Creación. Nunca dejará de quereros.

No quiero cansaros. Sólo quiero subrayar una cosa y es que los gestos, a través de los cuales pasa ese don tan grande que acabo de escribir, son muy pequeños, muy chiquitillos: una imposición de las manos, una señal de la cruz, una unción con aceite consagrado. Pero no despreciéis la pequeñez de los gestos. La mayoría de los gestos humanos son muy pequeños: una sonrisa, qué cosa tan pequeña. Un beso, una caricia, una mano tendida y, sin embargo, por esos gestos puede pasar algo muy grande, puede pasar un amor verdadero. También hay besos de traición, todos recordáis el beso de Judas. Cuando los hombres decimos “te quiero”, no siempre es verdad lo que decimos y una de las tareas de la vida es descubrir cuándo esos gestos son verdad y cuándo no lo son. Pero cuando Dios dice “te quiero”, Dios no miente y, a través de los gestos pequeños de los Sacramentos, el Señor Se nos da. Y se nos da no porque quiere conseguir que seáis buenos y es como un truquillo (sería un truco muy malo y valdría muy poco el amor de Dios). Se os da porque quieres estar con vosotros, porque os desea, porque os sigue.

Es verdad que nosotros podemos seguir al Señor, pero antes que nosotros podamos seguir al Señor, nos sigue Él a nosotros, nos persigue Él a nosotros. ¿Para qué? Para que estemos contentos, simplemente. Hay mucho orgullo en pensar que nosotros podemos darLe algo a Dios o que Él necesita algo que nosotros pudiéramos dar. No. Somos nosotros los que necesitamos de Ti, Señor. Somos nosotros los que, para poder afrontar la vida y sus durezas, y sus fatigas, necesitamos de Ti. Pero Tú estás con nosotros, sabemos que estás con nosotros, nos fiamos del don que Tú haces de Tu vida y nos lo haces en Tu Iglesia.

Y fiados de ese don, acometemos la tarea de vivir con fortaleza, con alegría.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

15 de mayo de 2021

S.I Catedral

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Domingo, 16 de mayo de 2021: Ascensión del Señor – Lluvia de pétalos de rosas en la Catedral de Canarias

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SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR EN LA CATEDRAL DE CANARIAS

LLUVIA DE PÉTALOS

AÑO 2021

El domingo 16 de mayo de 2021 a las 10:00 h tendrá lugar en la Catedral de Canarias la celebración de la Eucaristía y a continuación la lluvia de pétalos y adoración y bendición del Santísimo Sacramento.

Este año se tendrán muy en cuenta las medidas de seguridad ante el coronavirus.

 

De esta ceremonia existen datos en el archivo catedralicio desde el año 1649

Todos los años en el día de la Ascensión del Señor en la Catedral de Canarias tiene lugar la celebración de la misa a las 10.00 h y terminada la eucaristía se expone el Santísimo Sacramento y mientras se reza y se cantan himnos, desde el cimborrio caen pétalos de rosas, y un grupo de niños esparcen pétalos en torno al altar formando un precioso tapiz. Luego se reserva el Santísimo Sacramento y las personas asistentes se reparten los pétalos.

De esta ceremonia existen datos en el archivo catedralicio desde el año 1649.

Es la ceremonia de estas características más antigua de España.

Las otras misas en la catedral para el domingo de la Ascensión del Señor es a las 12.00, 13.00 y 19.00 h

 

FOTOGRAFÍAS:

– Ascensión del Señor 2018

– Ascensión del Señor 2017

– Ascensión del Señor 2016 (2)

– Ascensión del Señor 2016 (1)

– Ascensión del Señor 2015 (2)

– Ascensión del Señor 2015 (1)

– Ascensión del Señor 2014

– Ascensión del Señor 2013

– Ascensión del Señor 2012

– Ascensión del Señor 2011

– Ascensión del Señor 2010

– Ascensión del Señor 2009

 

VÍDEOS:

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2017

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2016

Versión 1:

Versión 2:

 

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2015

Versión 1:

Versión 2:

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2014

Año de la bajada de la imagen de la Virgen del Pino a Las Palmas de Gran Canaria.

 

– ASCENSIÓN DEL SEÑOR 2013

363 años de la lluvia de pétalos sobre el Santísimo Sacramento

Este año estuvo presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Nuncio de su Santidad Mons. Renzo Fratini

Domingo, 12 de mayo 2013, solemnidad de la Ascensión del Señor,

a las 10:00 h en la S.I.B. Catedral de Canarias.

Versión 1:

 

Versión 2:

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“Habéis sido elegidos por Dios”

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Un total de veinticuatro seminaristas dan un paso más en su camino al sacerdocio con el Rito de Admisión y la institución de Lectores y Acólitos

La Catedral de Córdoba ha acogido este viernes, 14 de mayo, el Rito de Admisión a las Sagradas Órdenes de catorce seminaristas, la institución del Lectorado de cuatro y del Acolitado de seis seminaristas. Con esta celebración, cada uno de ellos da un paso cualitativo a su compromiso con el Señor, el mismo que los ha llamado para hacer visible en el mundo la presencia y la salvación de Dios.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha presidido el Rito de Admisión e institución de los Ministerios de Lector y Acólito manifestando que “es una ocasión para dar gracias a Dios por cada uno de estos jóvenes, fruto de una familia cristiana, una comunidad parroquial y fruto de la Iglesia”.

El prelado se ha dirigido a los seminaristas recordando que cada uno es llamado a una vocación y una misión en la vida: “Vosotros habéis sido elegidos por Dios por vuestro nombre y apellido para ser incorporados al ministerio sacerdotal”. En este sentido, ha querido felicitar al Seminario y los formadores por la labor de discernimiento que realizan junto a los seminaristas para ayudarles a descubrir la llamada de Dios y a no tener miedo a seguirle. “Conozco bien cada una de vuestra historia personal y aunque todos nos hemos sentido alguna vez indignos e incapaces de desempeñar el ministerio sacerdotal, hoy tenemos que dar gracias a Dios por ayudarnos en esos miedos, dudas o temores. Vosotros habéis experimentado la fortaleza que viene de Dios, por lo que no tengáis miedo que el Señor está con vosotros”, ha dicho el pastor de la Diócesis. Asimismo, el Obispo ha resaltado la alegría que siente al ver todas estas vocaciones, “una gracia de Dios que compartimos todos los sacerdotes”.

Monseñor Demetrio Fernández ha exhortado a los seminaristas a continuar su camino con plena libertad, pues “la vocación es el encuentro de dos libertades: la libertad de Dios que llama a quien quiere y la del hombre que siente esa llamada y puede responder sí o no”. Igualmente, ha recordado que “la amistad de Jesucristo es duradera y para siempre”.

Los seminaristas que han recibido el Rito de Admisión han sido: Francisco Solano Aguilar, Francisco Javier Castilla, Carlos Andrés Crespo, Gonzalo de Loma-Ossorio, José Joaquín Deseña, Álvaro Fernández-Martos, Francisco Salvador Flores, Javier González, Jesús Martínez, Javier Montes, Francisco Moreno, Javier Rodríguez, Jesús Romera y Antonio Tello de la Rosa.

Asimismo, han recibido el Ministerio de Lector Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino, Álvaro Fernández-Martos y Blas Sánchez. Mientras que el del Acolito lo ha recibido Pablo Fernández de la Puebla, Abraham Luque, Manuel Millán y los anteriormente mencionados Angelo Bruno, Pedro Jesús del Pino y Blas Sánchez.



























































































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Arciprestazgo de Vegueta: Vigilia de Pentecostés – jueves, 20 de mayo de 2021

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Vigilia de Pentecostes 21

 

ARCIPRESTAZGO DE VEGUETA

VIGILIA DE PENTECOSTÉS 2021

Vigilia de Pentecostes 21

Vea también:

– Espíritu Santo

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