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Periana y Mondrón se vuelcan con la visita del Obispo de Málaga

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Las parroquias de San Isidro Labrador, en Periana, y San Fernando Rey, en Mondrón, se volcaron con la llegada del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá, el día de san Isidro Labrador, patrón de Periana, dentro de la Visita Pastoral que, el pastor de la Diócesis, está realizando al arciprestazgo de Axarquía Interior.

Animados, por el párroco, Sergiu Antal, los miembros de la comunidad de ambas parroquias, vivieron una «experiencia espiritual muy enriquecedora». 

La jornada del sábado 15 de mayo comenzó con la visita del Sr. Obispo a varios enfermos del pueblo de Periana y la administración del sacramento de la reconciliación a cuantos fieles quisieron acercarse a recibirlo. 

En Periana, la celebración Eucarística en honor a san Isidro Labrador, tuvo lugar en el auditorio municipal, qe se habilitó para cumplir con todas las medidas de aforo y seguridad exigidas.

Los mayordomos y hermanos de la Hermandad de San Isidro realizaron «las ofrendas del pan y el vino y una cuartilla del trigo solidario de san Isidro, recordando así la tradicional ofrenda que se realiza en el pueblo al Santo Labrador», explica el párroco. 

D. Jesús Catalá administró el sacramento de la confirmación a 75 feligreses de ambas comunidades, en sendas celebraciones litúrgicas, y transmitió, como mensaje de despedida a las comunidades de Mondrón y Periana, un llamamiento «a la unidad de los cristianos y a reflexionar sobre cómo vivimos la fe cristiana y cómo la transmitimos a los demás», concluye el párroco. 

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Los niños nos cuentan cómo han recibido por primera vez la Comunión

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es esposa y madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Es Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo y está realizando el Máster de Pastoral Familiar del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II.

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Reflexión por los 130 años de la Rerum Novarum

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El 15 de mayo de 1891, el papa León XIII publicó la encíclica Rerum novarum. Este fue el nacimiento de la Doctrina Social de la Iglesia.

La publicación de la encíclica Rerum novarum del papa León XIII se considera el nacimiento de la Doctrina Social Católica.

Como Iglesia, era la voluntad de mirar hacia un nuevo futuro en el que se anunciaban fuertes cambios económicos, sociales, políticos, espirituales y culturales. En este Año Jubilar de 2021, echamos la mirada a esos 130 años de historia.

La publicación de la encíclica Rerum novarum del papa León XIII se considera el nacimiento de la Doctrina Social Católica. Pero como es habitual en los nacimientos, tuvo una larga “gestación”.

El siglo XIX estuvo lleno de sobresaltos: hasta entonces, la mayor parte de la población vivía de la agricultura y, una parte menor, del comercio. La invención de la máquina no solo condujo a la separación del trabajo y el capital, sino también a la concentración de los trabajadores. Esto supuso una gran convulsión económica, seguida de una social.

Por un lado, era posible una mayor libertad, pero al mismo tiempo, para muchos, esto significaba rendirse al “capital”. Políticamente, la revolución de 1848 tuvo un efecto, que trajo la libertad para los ciudadanos, pero no en relación con la convivencia general. Poco ha cambiado para el proletariado. Por último, el cuarto cambio afectó a la vida espiritual-religiosa. Para muchos la moral de la Iglesia era el paternalismo. Los esfuerzos demócratas se opusieron a la Iglesia.

Ferdinand Lassalle fundó la Asociación General de Trabajadores Alemanes en 1863. Por parte de la Iglesia, en la Conferencia Episcopal de Fulda de 1869, el obispo Wilhelm Ketteler exigió la formación del clero en la cuestión obrera. Ya en 1864 publicó un artículo: La cuestión obrera y el cristianismo. Reconoció que “el hombre se enfrenta ahora a la máquina que trabaja día y noche con muchos caballos de fuerza”. Para él, la cuestión social era también una cuestión sobre la que la Iglesia debía tener una opinión. En 1870, él y otros 7 obispos introdujeron una moción en el Concilio Vaticano I que decía: “…los trabajadores de mentalidad religiosa levantan los ojos y las manos hacia la Madre Iglesia con la esperanza de que restaure las leyes del amor y la justicia cristianos… en la sociedad”. El Concilio se disolvió antes de tiempo, por lo que no se realizó ninguna votación.

León XIII estuvo muy influenciado por las obras de Ketteler. Para él, “sin la ayuda de la religión y de la Iglesia no podría haber una solución a la confusión del momento”. Pero podría ser “el silencio una violación de nuestro deber” (n. 13). La Rerum novarum es una respuesta largamente esperada a los acontecimientos de la época, un programa para el principal grupo social más afectado por la Revolución Industrial, es decir, los obreros. La cuestión salarial es un imperativo de justicia. Los salarios deben mantener a las familias (n. 10). León XIII defiende la propiedad privada, pero también advierte contra la riqueza excesiva. Ve cómo “algunos excesivamente ricos imponen un yugo casi servil a una masa de desposeídos” (n. 2). Es un deber “dar limosna de la propia abundancia a los hermanos necesitados” (n. 19). Así, se opone al socialismo, que quiere poner todos los medios de producción en manos del Estado. Pero también habla en contra del liberalismo, que se opone a toda injerencia del Estado. El Estado tiene la tarea de apoyar a aquellos cuya existencia no es segura (n. 29). Por ello, reclama una legislación estatal que proteja a los trabajadores. Al mismo tiempo, León XIII sabe que el poder de la Iglesia es limitado y quiere que los trabajadores se ayuden a sí mismos. El papa León les reconoce el derecho de libre asociación (n. 38).

En 1891, la Rerum novarum marcó un hito en el debate de la cuestión social.

Karl A. Immervoll

Consiliario federal del Movimiento Obrero Católico
de Austria (KABÖ)

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El Espíritu Santo, ¿Quién es el Espíritu Santo?

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¿QUIÉN ES EL ESPÍRITU SANTO?

 

 

Breve catequesis sobre quién es el Espíritu Santo y cómo actúa en la vida de las personas.
Muy útil para clases de Religión, catequesis, grupos de jóvenes y de adultos y para la formación personal.

 

Vea:

– Pentecostés: la llegada del Espíritu Santo

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Arciprestazgo de Guanarteme: Vigilia de Pentecostés – viernes, 21 de mayo de 2021

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espiritu santo guanarteme

 

ARCIPRESTAZGO DE GUANARTEME

VIGILIA DE PENTECOSTÉS 2021

 

espiritu santo guanarteme

Vea también:

– Espíritu Santo

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Solemnidad de la Ascensión del Señor. Ciclo B. 16 de mayo de 2021

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Solemnidad de la Ascensión del Señor. Ciclo B. 16 de mayo de 2021

Este final del Evangelio de Marcos no formaba parte de la obra primitiva, sino que es un añadido del siglo segundo, aceptado por la Iglesia como canónico y de inspiración divina, cerrando así la vida terrenal de Jesús.

En este relato nos encontramos con lo que se consideraría la última aparición del Resucitado, que reprocha a los Once su falta de fe y de confianza en los testimonios de quienes les anunciaron que había resucitado, lo cual denota la falta de preparación y de madurez por parte de estos discípulos para recibir una misión de tanta responsabilidad: el anuncio del Evangelio a toda la humanidad, con la intención de ofrecer la salvación a quienes quieran acogerla. Y unido al envío o misión, tenemos la ascensión del Señor al cielo. Antes de marcharse, Jesús deja el encargo a los suyos, a pesar de dar signos de que no son los mejores para continuar la misión comenzada por él.

Hoy el Señor nos pide mirar al cielo, tener y cuidar como creyentes nuestra dimensión espiritual, pero nos invita a no vivir lo espiritual como una evasión del mundo, un aislamiento personal o vivir de forma pasiva como cristianos, sino que nos envía a implicarnos de manera activa en nuestra sociedad y en nuestro tiempo, en sus problemas y desafíos, para que seamos nosotros los que hagamos llegar a los demás los valores del reino de Dios. Nos advierte que los bautizados podemos vencer el mal y las tentaciones de cada día, que podremos hacer el bien devolviendo, en nombre de Jesús, la paz y la alegría a los que sufren y a los que son débiles, pero no quiere que nuestra fe se apoye y se base solamente en hechos extraordinarios ni que se alimente de ellos, sino que en todo momento sepamos descubrir la presencia del Resucitado en medio de nosotros y a través del bien que se hace patente a nuestro alrededor.

Los cristianos no nos implicamos lo suficiente en la vida y en la misión de la Iglesia, y reducimos nuestra acción a lo mínimo, nos conformamos con nuestra asistencia a las celebraciones litúrgicas, nuestra vida de piedad y poco más. Siempre tenemos la excusa de que no estamos lo suficientemente preparados, de que no valemos para determinadas tareas, de que los hay mejores y más capacitados… Pero no se trata de eso, porque Jesús te ha elegido y se ha fijado en ti, y ahora él, que te ha dado tanto, te pide colaboración y no protagonismo. Quien te eligió y te envía nunca te va a dejar solo, será tu compañero principal fortaleciéndote, iluminándote, consolándote y amándote. 

Cristo no se ha ido y nos ha dejado solos en un mundo revuelto y con mucha tera por delante. Él no se desentiende de nosotros ni de nuestra misión. Él permanece de otra manera a nuestro lado y desea que nosotros también permanezcamos junto a él como amigos y colaboradores. El Señor confía en nosotros, confía en ti, a pesar de saber bien cómo somos y cómo eres, y de conocer bien nuestras carencias y limitaciones. 

Vivimos en un mundo de decepciones y desengaños, de individualismos y de interesarnos únicamente por nuestro presente. Tenemos que mirar cada día al cielo para sentir que hay un futuro mejor, una esperanza, una nueva forma de vida, la del Evangelio: que merece la pena y que formamos parte de un mundo que entre todos podemos hacer mejor. 

La fe me ayuda a vivir apasionadamente mi presente a la espera de un futuro mejor, a no caer en un pesimismo y en un conformismo. La fe me hace disfrutar de mi familia, de mi trabajo. La fe me humaniza cuando soy solidario, me hace crecer como cristiano cuando siento la necesidad de un Dios que me ama, de despierta la necesidad de amar y darme sin que me lo tengan en cuenta o gratifiquen. 

Al final de la vida seré juzgado por lo vivido, por lo que he hecho y por mis omisiones, pero, ante todo, seré compensado por un amor tan grande, el amor de Dios, que desborda la profundidad de todo corazón humano. Al final de mi vida espero poder encontrarme con el cielo de ese amor inmenso e inmerecido.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/

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Carta Pastoral del obispo de Guadix en la LV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

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Carta Pastoral del obispo de Guadix en la LV Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales

“VEN Y VERÁS”… (JN 1, 46).

COMUNICAR ENCONTRANDO A LAS PERSONAS DONDE ESTÁN Y COMO SON

EN LA JORNADA MUNDIAL DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

16 de mayo de 2021

Queridos fieles diocesanos:

El domingo 16 de mayo la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor a los cielos. También es el día en el que celebramos la 55 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Este año lo hace con el lema “`Ven y verás´… (Jn 1, 46). Comunicar encontrando a las personas donde están y como son”. Y es así, las personas son siempre lo primero en todo proceso comunicativo, por encima de los hechos que se comunican y, por supuesto, de los intereses empresariales o de cualquier otro tipo. La Encarnación de Cristo nos lanza siempre a este protagonismo de la dignidad de la persona que el humanismo cristiano ha sabido transmitir con fidelidad a lo largo de los siglos. Sigamos siendo expertos en humanidad.

Esta jornada debe servir para tener muy presentes a los periodistas, que cumplen la noble y necesaria tarea de contar la realidad, desvelar la verdad que transmiten los hechos e, incluso, interpretar los acontecimientos para ayudar a entender. Y no siempre es una tarea fácil. Más bien, todo lo contrario. El Papa Francisco, en su mensaje para la jornada de este año, les dice a los periodistas que en su vocación y fidelidad a la verdad en la comunicación “es necesario salir de la cómoda presunción del `como es ya sabido´ y ponerse en marcha, ir a ver, estar con las personas, escucharlas, recoger las sugestiones de la realidad, que siempre nos sorprenderá…”. Y les recuerda el consejo del beato Manuel Lozano, jienense de Linares, que les decía a sus compañeros de profesión: “abre pasmosamente tus ojos a lo que veas y deja que se te llene de sabia y frescura el cuenco de las manos, para que los otros puedan tocar ese milagro de la vida palpitante cuando te lean”.

También es una jornada que debe llevar a ser conscientes de nuestra responsabilidad como consumidores de medios y a tener una conciencia crítica que, en palabras del Papa Francisco, no debe llevar “a demonizar el instrumento, sino a una mayor capacidad de discernimiento y a un sentido de la responsabilidad más maduro, tanto cuando se difunden, como cuando se reciben los contenidos. Todos somos responsables de la comunicación que hacemos, de las informaciones que damos, del control que juntos podemos ejercer sobre las noticias falsas, desenmascarándolas. Todos estamos llamados a ser testigos de la verdad: a ir, ver y compartir”.

Hay mucha elocuencia vacía, dice el Papa en su mensaje, mucho periodismo “de palacio”, autorreferencial, que “es cada vez menos capaz de interceptar la verdad de las cosas y la vida concreta de las personas”. Pero también hay un periodismo que sale y ve para contar, que arriesga y se compromete, que permite conocer la realidad de los que no cuentan, de las minorías. Agradezco la labor de tantos buenos comunicadores, a veces con riesgo de la propia vida, que son la voz de los que son ninguneados en nuestro mundo, aplastados por el poder de las ideologías que instrumentalizan para sus fines las verdaderas historias.

En el territorio de la Diócesis de Guadix hay una presencia pequeña, pero significativa, de medios de comunicación, que cumplen una función necesaria: emisoras de radio, medios escritos, televisiones locales, páginas webs, redes sociales. Gracias a ellos nos sentimos parte de una comunidad, nos mantenemos informados, conocemos las propuestas de otros y hasta tomamos conciencia de nuestra propia realidad y de nuestras potencialidades. Nos encontramos con los demás, con las personas, a través de todos esos medios, a los que agradezco su trabajo y a los que animo a ser fieles siempre a la verdad.

También la Iglesia diocesana se hace presente en esos canales, a través de la Delegación de Medios de Comunicación, ofreciendo noticias, ayudando a contar la vida de nuestra Diócesis, siendo cauce para que el “ven y verás” del Evangelio se haga vida hoy, con testimonios, con imágenes, con información. Felicito a nuestro delegado episcopal de medios de comunicación por su servicio precioso a la Iglesia y a nuestra Diócesis.

En estos tiempos de pandemia, además, hemos podido comprobar cómo los medios de comunicación nos han ayudado en las largas jornadas de confinamiento y han permitido llevar las celebraciones de las parroquias y de nuestra Catedral, a los hogares de muchos cristianos que no podían salir de casa. Aunque nada puede reemplazar el encuentro directo, la presencia física y el hecho de ver en persona, hemos podido celebrar en estas circunstancias el Año Jubilar del Beato Manuel Medina Olmos y el Año diocesano del Corazón de Jesús. Así fue como se difundió el Evangelio, con el testimonio directo de quienes creían y lo vivían, de quienes se habían encontrado directamente con Jesús y lo contaban. Por eso, ahora que la situación sanitaria lo va permitiendo cada vez más, conviene ir recobrando la participación presencial en las celebraciones, el encuentro directo con Jesús Eucaristía y con los hermanos.

En el Evangelio, Felipe invitó a Natanael a tener una experiencia directa con Jesús. “Ven y verás” (Jn 1,46). Aquella invitación suena hoy como el mejor reclamo publicitario, también para nosotros, que nos anima a tener encuentro personal con Jesús. Solo así podremos contar a los demás lo que hemos vivido y lo que creemos. Solo así podremos ser sus testigos: testigos que comunican y que son fieles a la verdad de un encuentro que ha transformado la existencia y quiere ser generador misionero de Buena Noticia para toda la humanidad.

Con mi afecto y bendición

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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Hallazgo en la Abadía del Sacromonte y Scholas Granada en “Iglesia Noticia”

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Hallazgo en la Abadía del Sacromonte y Scholas Granada en “Iglesia Noticia”

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 16 de mayo de 2021, a las 9:45 horas.

Esta semana en el informativo diocesano les hablamos del hallazgo de un arca con las reliquias de doce discípulos de Santiago producido en la restauración del retablo mayor de la Abadía del Sacromonte, así como de la actividad lúdica y mural que Scholas Granada ha desarrollado en el Centro de Estudios “La Inmaculada”, con la participación del alumnado y profesores de los grados de Magisterio y los ciclos de Formación Profesional.

Asimismo, les contamos el proceso de restauración del “Señor de Puerta Real” que está llevando a cabo la Orden de San Juan de Dios, así como de la recogida y donación valorada en 25.000 euros de productos de alimentación e higiene para bebés realizada por la Real Federación y las Vocalías de Caridad a varias entidades de Granada.

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La Ascensión del Señor, “una fiesta verdaderamente preciosa y grande en la historia de Dios con nosotros”

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Homilía en la Eucaristía de la Ascensión del Señor, en la que también se celebró el Sacramento de la Confirmación, el 16 de mayo de 2021.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Santo Pueblo de Dios:

Hoy hace 18 años. No fue este el mismo día del mes, pero sí que era el día de la Ascensión. Yo entraba en Granada como sucesor de los apóstoles y como pastor de esta Iglesia de Granada. Y eso hace que comience esta homilía en el día de la Ascensión rogándoos que pidáis por mí, para que sepa ser mejor pastor, un buen pastor según el corazón de Dios. Tengo una conciencia muy clara de que no lo soy. El sacerdote dice siempre en la plegaria eucarística, cuando es obispo y pide por sí mismo, dice “por mí, indigno siervo tuyo”, y yo tengo la conciencia clara, más clara que hace 18 años, más clara hoy que el día que me ordené de presbítero en el año 72 y mucho más clara que mi ordenación episcopal, que también fue el 12 de este mayo, el aniversario de mi indignidad para representar a Cristo en medio de su pueblo y en medio de este mundo. Por lo tanto, os suplico que pidáis por mí, con sencillez. También os digo que, desde que soy obispo, pero igualmente desde que vine a Granada, vine con la conciencia de que venía a dar mi vida por esta diócesis, por este trocito del Cuerpo de Cristo, por esta Esposa muy amada de Jesucristo que el Señor me encomendaba cuidar en su nombre y que no hay otro amor en mi corazón que el bien de vuestra vida en Cristo, que el bien de vuestra esperanza, vuestra fe, vuestro amor de unos por otros. Y eso uno puede querer mucho y querer muy torpemente. Y yo vivo con esa conciencia de que os quiero con toda mi alma, pero os quiero muy torpemente. Pedid sencillamente al Señor que Él me ayude a ser el pastor que vosotros necesitáis y que Él quiere para vosotros.

Dicho esto, el día de la Ascensión es un día precioso. Uno de aquellos jueves que relucen más que el sol y el Señor nos ha concedido que este domingo reluzca más que el sol. Pero es que es una fiesta verdaderamente preciosa y grande en la historia de Dios con nosotros. En el día de hoy, en todo el tiempo pascual, desde la Resurrección del Señor y hasta el domingo que viene –Pentecostés-, se cumple el designio de Dios. Desde una determinada perspectiva, se cumple como la “mitad” del designio de Dios. Y me explico. El designio de Dios ha sido siempre: cuando nos ha creado, cuando ha creado la humanidad, unirse a la humanidad y unirse de tal manera que pudiera ser uno con la humanidad, verdaderamente.

Es más, cuando crea al ser humano como hombre y mujer -“varón y hembra los creó”, dice el libro del Génesis-, crea la unión esponsal del matrimonio como un signo en este mundo creado y, por lo tanto, frágil. Propio de las criaturas. Como un signo del tipo de unidad que Él quiere tener con su criatura, con el ser humano. Con la persona humana, creada a imagen y semejanza suya, participando ya por la Creación, de una manera especial, de la dignidad y del Ser de Dios. Por su razón, por su libertad, por su capacidad de reconocer el bien, por su capacidad de amar, sobre todo, puesto que Dios es Amor. Nosotros sabemos que Dios es Amor, gracias a Jesucristo. En ese amor de Dios, Dios ha querido unirse a su criatura de una manera única e inefable. El hombre siempre ha sido un ser religioso y lo sigue siendo, aunque pongamos nuestra religiosidad en bienes de consumo y en pequeñas cosas que podemos comprar en el mercado que invade nuestra sociedad. Pero tenemos un anhelo de felicidad inextirpable del fondo de nuestro corazón. Y ese anhelo es una señal puesta en nuestro corazón, una nostalgia puesta en nuestro corazón por el Dios que es Amor.

Desde el comienzo del mundo, desde Abraham, el Señor ha ido formando un pueblo, constituyendo un pueblo, para que pudieran aprender los hombres. No podíamos imaginar que Dios podía ser Amor. Lo imaginábamos más como poder, como el poder del toro o de ciertos animales que tienen poder sobre la vida humana, como la serpiente o como los cocodrilos, o la sabiduría de las lechuzas que ven en la noche. El hombre ha representado de mil maneras su imagen de Dios, queriendo representar algunas de las cualidades que vemos en las criaturas de este mundo. Pero que Dios pudiera ser Amor… no digo sólo que tenga sentimientos de compasión o misericordia por su criatura, sino que Dios pudiera ser Amor era algo que jamás lo había imaginado ninguna cultura. Ni la cultura judía que había sido preparada para ello durante casi dos mil años. Ni por supuesto la cultura de los gentiles, porque Dios podría acercarse a nosotros para rescatar nuestras almas del cuerpo y llevarnos a no sé dónde. Pero que Dios pudiera hacerse carne, eso nadie lo habría imaginado jamás. La Encarnación es la boda de Dios con la naturaleza humana, con la criatura humana, y el Señor consuma esa alianza de amor, en Jesucristo, en el Misterio Pascual. Él va hasta la muerte más ignominiosa por amor a nosotros y desciende a los infiernos. Precisamente, una persona hoy me preguntaba eso, que qué era eso de que Jesús había bajado al infierno. El Credo dice “los infiernos” que era, para el mundo judío, el lugar de los muertos. Es decir, ha bajado hasta el fondo de la condición humana, nuestra condición, y para que nadie pudiera sentir jamás que Dios no comprende nuestra situación y ha sufrido esa muerte tan ignominiosa, para que, en el fondo de nuestras angustias, de nuestras ansiedades, de nuestras depresiones, de nuestras soledades, de la irritación porque nuestro anhelo de felicidad no se cumple, nunca nos sintamos solos, porque el Señor ha descendido hasta el infierno más profundo de nuestro ser. Hasta el infierno de nuestros pecados también, para unirse a nosotros y para abrazarse a nosotros en nuestra pequeñez y en nuestra miseria.

Hoy celebramos como la mitad de ese rescate, porque Cristo ha resucitado y ha vuelto junto al Padre. Pero, como la Encarnación no fue una broma, en la que Jesús se puso un disfraz como hacen los artistas cuando se visten para una obra de teatro en un escenario, no se quitó esa pieza y volvió al Padre, sino que resucita, vence a la muerte, vence a la muerte con su cuerpo, con sus llagas, con su humanidad y esa humanidad vuelve al Padre, eso significa que, en Dios, en el Cielo, hablar del lugar donde Dios vive -Dios vive en todas las cosas, no está en un lugar fuera del mundo-, pero que en Dios, en la divinidad de Dios y en la vida de Dios, ha entrado la carne humana. Una carne herida como la nuestra, libre sólo del poder del pecado, pero no libre de las consecuencias del pecado que le llevaron a la cruz. No libre del amor infinito que Él pudo manifestar por la humanidad en toda la Encarnación, en todo su ministerio y sobre todo en su Pasión y en su muerte. Nuestra humanidad ha entrado en Dios y eso es lo que celebramos hoy.

En la Resurrección de Cristo y la Ascensión de Jesús al Cielo, lo digo con las palabras que cito todos los años en este día, todos los años inevitablemente, que la decía un poeta francés católico del siglo pasado: “A partir de la Ascensión del Señor, en el Cielo huele a sudor”. No se puede decir de manera más plástica. Es decir, está nuestra humanidad en Ti, Señor. Y como la unión que Tú has establecido con nosotros tiene dos dimensiones, podemos verla desde el punto de vista de Dios, desde el Cielo, y desde el punto de vista humano. Esa unión que Cristo ha hecho con nosotros hace que nuestra humanidad esté en Dios. Y eso alimenta nuestra esperanza, eso alimenta nuestra confianza, nuestra certeza. Dicho con palabras del mismo poeta, de que cuando Dios mira a cualquiera de nosotros, incluso al más pecador, “no puede evitar ver el rostro, ver el sufrimiento, ver la cruz de su Hijo y nos mira con el mismo amor infinito con que mira a su Hijo”. Por eso, la Ascensión de Cristo es la fortaleza de nuestra esperanza. Si queréis, la tierra firme en la que apoyamos nosotros nuestra certeza de que un día estamos llamados a participar de la misma Gloria del Hijo de Dios que nos enseñó a llamar a Dios “Padre”. Y que nos enseñó y nos hizo posible vivir en la libertad de los hijos de Dios, vivir como hijos de Dios. Porque es verdad que, en la Ascensión, entra en el Cielo la humanidad. Entra en Cristo, pero, detrás de Cristo, y los cristianos de las primeras generaciones usaban un salmo, “subió a la cumbre llevando cautivos”. Bueno, pues los cautivos que lleva somos todos nosotros, que colgamos de la humanidad de Jesucristo, que nos agarramos a Él, incluso quienes no Le conocen. Nosotros tenemos la confianza de que el Señor los hará partícipes también de la Resurrección.

No olvidéis que en cada Eucaristía, y la regla de la oración es la regla de la fe, pedimos por todos los que han muerto en la Misericordia del Señor. ¿Podríamos afirmar que haya alguien en la humanidad que muera fuera de la Misericordia del Señor? No. Por eso, nosotros tenemos la confianza y la esperanza de que todos los hombres se salven, es decir, de que se cumpla la voluntad de Dios, que es esa. Y que lleguen al conocimiento de la verdad, de maneras que a nosotros se nos escapan. Y es cierto que la libertad del hombre puede negarse a recibir la Gracia de Dios, pero también es cierto que la Gracia de Dios tiene infinitamente más recursos que una madre para llevar a su niño por donde quiere. Por lo tanto, pedimos que no nos falte la misericordia del Señor, que nunca nos expulse de nuestra vida. Pero tenemos la confianza cierta de que su poder puede mucho más, infinitamente mucho más que el poder del mal. Y esa es nuestra esperanza de la vocación y de la esperanza a la que hemos sido llamados, de que hablaba San Pablo hoy.

La semana que viene celebraremos el reverso de la medalla. Es decir, que Cristo ha dejado sembrado en esta tierra su Espíritu Santo, para que nosotros podamos vivir como hijos de Dios. No sólo ha introducido la carne humana en la vida divina, sino que ha sembrado en nuestra humanidad la misma vida de Dios. La vida de hijo de Dios, que es el reflejo visible del amor del Padre y sólo con esa vida divina, que recibimos con el Espíritu Santo, podemos nosotros vivir como hijos de Dios de una manera nueva.

El Evangelio hablaba de coger serpientes sin que nos hagan daño, de beber venenos sin que nos hagan daño. Son imágenes, sin duda, pero son imágenes que explican una novedad: quien tiene el Espíritu de Dios vive con una alegría y una esperanza que no son de este mundo, y con un amor que no es de este mundo, que sólo se explica porque está la vida divina en nosotros, la que Jesucristo ha obtenido para nosotros y nosotros no tenemos más que acoger para que nuestro corazón se ensanche y pueda vivir siempre en la alegría, en la gozosa esperanza, en la gloriosa libertad de los hijos de Dios.

Que así sea para todos los que estáis aquí y los que no estáis aquí. Para toda la diócesis y para todos los hombres.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

S.I Catedral de Granada

16 de mayo de 2021

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