Celebramos el 12 de octubre una jornada que nos invita a mirar nuestra historia con gratitud y a contemplar, desde la fe, los vínculos que unen a tantos pueblos a ambos lados del Atlántico. En la fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Pilar, damos gracias a Dios por el don de la fe recibida y transmitida, y por la riqueza espiritual que compartimos. La tradición nos presenta a la Virgen María alentando al apóstol Santiago en los comienzos de la evangelización de nuestra tierra. En medio de las dificultades, María le ofrece el Pilar como signo de fortaleza y esperanza. No elimina los obstáculos del camino, pero sostiene al apóstol y lo anima a perseverar en la misión. También nosotros necesitamos hoy esa firmeza que nace de la confianza en el Señor. En medio de las incertidumbres de nuestro tiempo, María nos conduce siempre a Cristo y nos recuerda sus palabras: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5).
La fe mariana, arraigada en nuestra historia, cruzó también el océano y echó raíces en América. En la evangelización de aquellas tierras encontramos el testimonio de tantos misioneros que anunciaron el Evangelio y defendieron la dignidad de las personas. La Hispanidad, contemplada desde la fe, no es una nostalgia del pasado, sino una historia compartida que nos compromete con el presente. En esta historia, Sevilla ocupa un lugar singular. Desde el puerto de Indias, a orillas del Guadalquivir, partieron numerosas expediciones que llevaron consigo el anuncio de Jesucristo y la devoción a la Virgen. Nuestra Archidiócesis fue lugar de encuentro entre pueblos y culturas, y la fe sembrada entonces forma parte de una herencia espiritual que estamos llamados a custodiar y renovar. La Virgen de la Antigua, tan vinculada a la tradición misionera sevillana, nos recuerda la vocación universal de nuestra Iglesia particular.
La celebración de este día nos invita, en primer lugar, a vivir con firmeza nuestra fe. No se trata simplemente de conservar costumbres o tradiciones, sino de encontrarnos con Jesucristo, fundamentar nuestra vida en Él y dar testimonio del Evangelio con coherencia y alegría. La fe se fortalece con la oración, se celebra en la liturgia y se hace vida en las obras de caridad. Esta jornada es también una llamada a la fraternidad. La catolicidad de la Iglesia nos recuerda que nadie es extraño en la familia de Dios. En nuestras parroquias y comunidades acogemos a hermanos procedentes de Hispanoamérica que enriquecen nuestra vida eclesial con su fe, su piedad popular y sus tradiciones. Su presencia nos ayuda a descubrir que la diversidad es una riqueza y que la comunión en Cristo supera las fronteras. Estamos llamados a construir puentes, rechazar toda forma de discriminación y hacer de nuestras comunidades espacios de acogida, escucha y solidaridad.
María nos impulsa a renovar nuestro compromiso misionero. La fe que recibimos no es un bien que podamos guardar para nosotros mismos. Estamos llamados a transmitirla a las nuevas generaciones, acompañar a quienes buscan sentido y llevar la esperanza del Evangelio a quienes sufren la pobreza, la violencia, la soledad o la falta de libertad. Nuestra historia dará fruto si se convierte en misión. Queridos hermanos, pongamos bajo la protección de la Virgen del Pilar a España y a todas las naciones hermanas de Hispanoamérica. Que María sostenga a las familias, consuele a quienes atraviesan dificultades y fortalezca a nuestras comunidades en la fe y en la caridad.
Que, unidos por una misma fe y sostenidos por una misma Madre, sepamos caminar juntos, con gratitud por el pasado, responsabilidad en el presente y esperanza en el futuro.
Canal Sur retransmitirá la misa dominical, este 11 de octubre, desde la Parroquia de San José, de Montellano. La celebración eucarística será presidida por el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León, a las diez de la mañana.
Se trata de la solemne función pontifical con motivo del 300 Aniversario de la Antigua Hermandad Servita y María Santísima de los Dolores.
En el mes del Rosario, -devoción mariana de Minas de Riotinto, población en la que nació D. José Arturo Domínguez Asensio el 8 de octubre de 1943-, ha entregado su alma a Dios este sacerdote, que fue ordenado presbítero en Huelva el 13 de julio de 1968 por el Venerable José María García Lahiguera. D. José Arturo fue dotado de una singular inteligencia, que él, con su trabajo y dedicación, puso al servicio de la Iglesia. Monseñor González Moralejo, intuyendo su valía intelectual, lo mandó a estudiar a Roma, en cuya Pontificia Universidad Gregoriana se licenció y doctoró en Sagrada Teología. Su estudio se tradujo en el gran servicio, que, como maestro de generaciones de sacerdotes, prestó en nuestro Seminario Diocesano, y también en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla y en la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, que lo designó Doctor Honoris Causa de la misma en 2025.
Fue Prefecto de Disciplina y profesor del Seminario, en 1968. Desde 1986 como Profesor de Sagrada Teología; Responsable de la sección de enseñanza media, en 1970; Profesor de Religión numerario del Instituto Femenino, entre 1971-1972, año éste último en que fue a la Ciudad eterna y donde estuvo hasta 1975. Posteriormente, en 1976, fue nombrado Jefe de Estudios del Seminario Diocesano. En 1977 fue nombrado Canónigo Magistral de la Santa Iglesia Catedral de Huelva y entre 2015 y 2022 fue Deán-Presidente del Excmo. Cabildo. En 1981, fue designado Capellán y Director Espiritual de la Hermandad de Ntra. Sra. del Rocío, de Huelva. En varias etapas fue miembro del Consejo del Presbiterio (1984, 2013, 2017, 2018, 2020 y en la actualidad). Y, desde 1993, fue Censor de Oficio. Igualmente formó parte de otros organismos diocesanos: Colegio de Consultores en 2013, 2018 y 2020; Juez del Tribunal Diocesano en 1981; Miembro de la Comisión Asesora del Diaconado Permanente; y Vicario Judicial de la Diócesis entre 2015 y 2024.
Su actividad intelectual y sus otros servicios pastorales estuvieron acompañados también de su actividad parroquial, siendo Párroco Solidario de la Parroquia Mayor de San Pedro Apóstol, de Huelva, entre 1985 y 2008, y Párroco entre 2008 y 2023, un largo período de misión en aquella comunidad parroquial, la más antigua de la capital diocesana.
Hay que reseñar el papel que jugó, como miembro de la Comisión preparatoria de los Congresos Mariano y Mariológico Internacionales de Huelva y de la Visita Apostólica de San Juan Pablo II a la Diócesis. Para los Congresos preparó el libro de trabajo “María Estrella de la Evangelización”.
Que el Señor, Sabiduría infinita, en cuyo misterio ayudó a tantos a entrar, lo juzgue con misericordia entrañable, y que la Virgen del Rosario interceda por su alma, para que esté gozando del rostro amoroso del Padre.
Mil cuatrocientas personas, pertenecientes al ámbito de la educación católica, se han dado cita esta tarde en la Catedral de Sevilla, donde se ha celebrado la Eucaristía de inicio de curso de la pastoral educativa de Sevilla, que ha presidido el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses.
Mil cuatrocientas personas, pertenecientes al ámbito de la educación católica, se han dado cita esta tarde en la Catedral de Sevilla, donde se ha celebrado la Eucaristía de inicio de curso de la pastoral educativa de Sevilla, que ha presidido el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz Meneses. Profesores, directivos de centros, representantes de asociaciones de madres y padres de alumnos, y personal de administración de colegios, escuelas y universidades de inspiración cristiana se han congregado en la seo hispalense para “realizar el envío de quienes habéis recibido la hermosa vocación de educar”, como ha apuntado el arzobispo al inicio de su homilía. “No comenzamos simplemente una nueva etapa académica, comenzamos una misión”, ha añadido.
Monseñor Saiz ha destacado que la escuela y la universidad no son únicamente lugares donde se transmiten conocimientos. “Son lugares en los que se encuentran personas, se despiertan preguntas, se forman conciencias”, ha señalado. En este contexto, se ha dirigido a los educadores, a quienes ha recordado que “vuestra profesión es una verdadera vocación”. Ha reforzado esta idea afirmando que, cada mañana, cuando entran en el aula, “entráis en un lugar sagrado”, ya que “delante de vosotros hay personas creadas a imagen y semejanza de Dios”. Para el arzobispo, “cada alumno tiene una historia, unas heridas, unos sueños, unas posibilidades que quizá todavía nadie ha descubierto. El buen educador -ha subrayado- sabe mirar más allá de las apariencias”.
Ha dedicado gran parte de su alocución a la figura del educador, y ha destacado que el alumno “difícilmente olvidará al profesor que confió en él cuando nadie confiaba; al profesor que supo escucharle; al profesor que le enseñó que su vida tenía valor”. Y es que la educación cristiana parte siempre de una convicción profunda: “ningún ser humano está perdido”.
“Vivir vuestra profesión desde el Evangelio”
Seguidamente, y tras agradecer la labor que realizan, monseñor Saiz ha procedido al “envío” de los educadores, porque “el profesor cristiano está llamado a ser evangelizador”. Y ha aclarado: “No se trata de convertir cada clase en una catequesis, ni de imponer la fe. Se trata de vivir vuestra profesión desde el Evangelio”.
Tras citar el magisterio del papa León XIV, el arzobispo de Sevilla ha subrayado que los jóvenes perciben rápidamente la incoherencia, pero “también reconocen la autenticidad”. De ahí que necesiten testigos, además de maestros. En este punto ha subrayado la importancia de la “coherencia entre las palabras y la vida”. Más adelante ha hecho un llamamiento a la unidad entre los diferentes agentes educativos –“una verdadera alianza educativa”-, desde la familia hasta la escuela, pasando por los profesores, parroquia y la sociedad en general.
En la parte final de su homilía, el arzobispo ha animado a los presentes en una “tarea no siempre fácil”. Les ha recordado que no están solos, porque “el Espíritu Santo sigue actuando”.
El envío de los educadores ha sido un gesto sencillo y simbólico. Monseñor Saiz Meneses les ha recordado que “Cristo os envía. Os envía a enseñar, pero también a escuchar. Os envía a transmitir conocimientos, pero también a despertar preguntas. Os envía a preparar profesionales, pero, sobre todo -ha concluido- a ayudar a formar personas. Os envía a anunciar”.
Previamente a la Eucaristía, se ha dado lectura a un resumen del magisterio del papa León XIV en materia educativa, así como a un decálogo que se plantea en este inicio de curso al profesorado católico bajo el lema ‘Educando en la esperanza’.
El 12 de octubre es eminentemente el día del Pilar, pero el calendario nos propone también a uno de los santos más recientes y populares
Imagen de san Carlo Acutis de José Pedro Cobreros que se venera en la parroquia del Sagrado Corazón de Melilla
// M. REYES
Fallecido a los 15 años, en 2006, a causa de una leucemia, este estudiante italiano aficionado a la informática es un gran modelo para nuestra juventud actual por su cercanía.
Con solo 7 años, escribió: «Estar siempre unido a Jesús, éste es mi proyecto de vida», por eso siendo un adolescente, siempre buscaba tiempo para dar catequesis a niños de primera comunión y confirmación, para ser voluntario en comedores sociales, para ayudar a los pobres que viven en su barrio, etc.
Para Carlo, la Eucaristía es su «camino hacia el cielo» y el medio más poderoso para llegar a la santidad. Apasionado de los milagros eucarísticos, montó una exposición divulgativa en la que, entre otros, se hacía eco del famoso milagro de Calanda, una curación por intercesión precisamente de la Virgen del Pilar cuyo día de fiesta comparten.
En Málaga, la devoción a san Carlo Acutis está muy extendida y varias parroquias, como la del Sagrado Corazón de Melilla o Virgen Madre de Nueva Andalucía cuentan con reliquias suyas.
ORACIÓN
Oh Dios, nuestro Padre, gracias por habernos dado a Carlo, modelo de vida para los jóvenes y mensaje de amor para todos. Tú has hecho que se enamore de tu hijo Jesús, haciendo de la Eucaristía su «autopista hacia el cielo».
Tú le has dado a María como Madre muy amada, y has hecho que con el rosario se convirtiese en un cantor de su ternura. Acoge su intercesión por nosotros. Mira sobre todo a los pobres, a quienes él amó y ayudó.
[También a mí concédeme, por su intercesión, la gracia que necesito…]
Imagen de san Carlo Acutis de José Pedro Cobreros que se venera en la parroquia del Sagrado Corazón de Melilla
// M. REYES
El 12 de octubre, en España, es eminentemente el día del Pilar, pero el calendario romano nos propone también para esa misma fecha a uno de los santos más recientes y populares, san Carlo Acutis. Fallecido a los 15 años, en 2006, a causa de una leucemia, este estudiante italiano aficionado a la informática es un gran modelo para nuestra juventud actual por su cercanía.
Con solo 7 años, escribió: «Estar siempre unido a Jesús, éste es mi proyecto de vida», por eso siendo un adolescente, siempre buscaba tiempo para dar catequesis a niños de primera comunión y confirmación, para ser voluntario en comedores sociales, para ayudar a los pobres que viven en su barrio, etc.
Para Carlo, la Eucaristía es su «camino hacia el cielo» y el medio más poderoso para llegar a la santidad. Apasionado de los milagros eucarísticos, montó una exposición divulgativa en la que, entre otros, se hacía eco del famoso milagro de Calanda, una curación por intercesión precisamente de la Virgen del Pilar cuyo día de fiesta comparten.
En Málaga, la devoción a san Carlo Acutis está muy extendida y varias parroquias, como la del Sagrado Corazón de Melilla o Virgen Madre de Nueva Andalucía cuentan con reliquias suyas.
ORACIÓN
Oh Dios, nuestro Padre, gracias por habernos dado a Carlo, modelo de vida para los jóvenes y mensaje de amor para todos. Tú has hecho que se enamore de tu hijo Jesús, haciendo de la Eucaristía su «autopista hacia el cielo».
Tú le has dado a María como Madre muy amada, y has hecho que con el rosario se convirtiese en un cantor de su ternura. Acoge su intercesión por nosotros. Mira sobre todo a los pobres, a quienes él amó y ayudó.
[También a mí concédeme, por su intercesión, la gracia que necesito…]
La Delegación Diocesana de Familia y Vida celebró el pasado 3 de octubre, en la Parroquia de San Juan Pablo II de Montequinto, el encuentro-retiro de inicio de curso del proyecto Un amor que no termina, dirigido a personas separadas o divorciadas que no han vuelto a contraer matrimonio ni conviven en una nueva relación.
La jornada se desarrolló desde las diez de la mañana hasta las cinco y media de la tarde y ofreció un espacio de acogida, escucha, formación, convivencia y celebración de la fe. El encuentro comenzó con la presentación de los participantes y una breve introducción al proyecto, que permitió situar el sentido del itinerario que se viene desarrollando.
Uno de los primeros momentos de la jornada estuvo dedicado a la presentación de experiencias de personas que habían realizado el itinerario, ofreciendo a los participantes la posibilidad de conocer de primera mano diferentes caminos de acompañamiento.
Tras una pausa, la jornada continuó con una mesa redonda de testimonios, en la que varias personas compartieron sus experiencias de vida y de fe. Este coloquio permitió poner en común situaciones y vivencias desde la cercanía de quienes han recorrido caminos similares.
La vocación al amor
La formación ocupó un lugar central en el encuentro con la ponencia «¿Y ahora qué? La vocación al amor», impartida por Carmen Álvarez, doctora en Teología Dogmática y Filosofía, profesora de la Universidad CEU-Fernando III de Sevilla y de la Facultad de Teología San Isidoro. La reflexión abordó la vocación al amor desde las circunstancias concretas de las personas participantes y estuvo seguida de un espacio para preguntas y diálogo con la ponente.
La jornada continuó con un almuerzo compartido en las instalaciones de la parroquia. Posteriormente, los participantes se reunieron por grupos para compartir lo vivido durante la jornada y poner en común las reflexiones y experiencias surgidas a lo largo del encuentro.
El encuentro concluyó con la celebración de la Eucaristía presidida por el sacerdote Mario Ramos, como momento de oración y acción de gracias. La celebración puso ante el Señor el camino recorrido durante la jornada y el itinerario que cada participante continúa viviendo desde su situación personal y familiar.