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6 de junio, Corpus Christi

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El próximo 6 de junio se celebra la festividad del Corpus Christi. Este es el mensaje que han publicado los obispos de la Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social con motivo del Día de la Caridad.

“Conmigo lo hicisteis”

“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

 En este tiempo de pandemia, con la convicción de que el Señor camina con nosotros, celebramos la Solemnidad del Corpus Christi, el Día de la Caridad, en el que estamos haciendo de las dificultades del momento una gran oportunidad para tocar las llagas de Cristo y descubrir que, detrás de sus heridas, encontramos el dolor y sufrimiento de nuestros hermanos abriéndonos al misterio de Cristo crucificado y resucitado donde resplandece la gloria de Dios.

Dios no deja jamás de estar a nuestro lado cumpliendo su promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mt 28, 20). Estos “tiempos recios”, donde se necesitan amigos fuertes de Dios, invitan a recuperar el sentido de nuestra vida sabiéndonos frágiles y necesitados de salvación. Una necesidad que se hace concreta en la vida de cada día, en la projimidad, en la cercanía, en la fraternidad y en la esperanza cristiana que brotan de la Eucaristía.

En estos tiempos singulares en los que se están tomando iniciativas excepcionales para evitar y detener el contagio de un virus trágicamente mortal, todos percibimos cómo se hacen esfuerzos  en muchos lugares de nuestra sociedad para proteger a las personas, a las familias, incluso a las diversas realidades laborales, de los tragicos zarandeos que han herido especialmente a los vulnerables y más empobrecidos, abriendo, así, caminos a la esperanza. En todas esas acciones vamos aprendiendo a hacernos prójimos, hermanos y hermanas. Como discípulos queremos aprender de forma nueva que es a Cristo a quien se lo estamos haciendo, y Él siempre nos responde con su acogida e infinita misericordia.

Entrega

Estar cerca de los pobres, los más vulnerables, los niños, los enfermos, los discapacitados, los ancianos, los tristes y solos, los agobiados por la pesadumbre de la existencia nos cansa, bien por lo abrumador y desbordante de tantas situaciones, bien por la fragilidad que nos descubren en cada uno, bien porque nos enfrentan a nuestra debilidad. A este respecto encontramos aliento en las palabras de san Manuel González: “En la Eucaristía, está el Corazón incansablemente misericordioso, que a cada quejido de nuestros labios y a cada lágrima de nuestros ojos… responde – ¡estad ciertos! – con un latido de infinita compasión” (Un corazón hecho Eucaristía, n 107).

La Eucaristía nos ofrece el don de poder amasar de forma inseparable la caridad  y la vida de los pobres. ¿Cómo vivir la Eucaristía sin estar cerca de aquellos más hambrientos , de aquellos con quienes Cristo se identifica al tener hambre, sed, estar desnudo, enfermo o en la cárcel? (Mt 25, 31-46). En esta unión descubrimos la esencia de la dignidad humana que cobra sentido al enraizarse en el mismo Jesucristo.

Él, por medio del amor hecho servicio hasta el extremo, ofreciendo  su vida, ha llevado a plenitud el valor de la dignidad humana haciéndonos hermanos  y adentrándonos en el misterio de la donación. Esta caridad, corazón de nuestra fe y de la propia solemnidad del Corpus Christi, nos lleva a poner en las manos del Dios, que nos ha amado tanto que nos ha entregado a su propio Hijo, todo lo que somos y lo que tenemos, especialmente nuestras pobrezas y fragilidades y nos mueve al amor fraterno, pues “cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios” (Deus caritas est 16).

Ante el Cuerpo de Cristo tomamos conciencia de que es tiempo de potenciar la capilaridad en los pueblos, barrios y ciudades para cuidar y acompañar tanto sufrimiento. Así nos exhorta el papa Francisco: El servicio es, “en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo […] El servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano” (Fratelli tutti 115).

Fraternidad

La pandemia está dejando tras de sí muchas vidas rotas y profundas heridas que, sin embargo, están siendo cicatrizadas gracias al fomento de los lazos de colaboración, ayuda mutua y redes comunitarias que brotan de la fraternidad en una comunidad que sostiene. “He ahí un hermoso secreto para soñar y hacer de nuestra vida una hermosa aventura. Nadie puede pelear la vida aisladamente […] Se necesita una comunidad que lo sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (Fratelli tutti 8).

De estas palabras del Papa son testigos, durante las veinticuatro horas del día, los discípulos misioneros de Jesucristo en Cáritas, las personas que hacen posible el servicio de la caridad en las parroquias o en otras instituciones caritativas de la Iglesia.

Los obispos reconocemos y agradecemos este servicio generoso, al tiempo que animamos a que sean muchos más los cristianos que se comprometan con los más pobres y excluidos de nuestra sociedad. Cáritas, con sus trabajadores y equipos de voluntarios, hace cada mañana que las fronteras y los muros se concreten en la dimensión universal de la caridad: “Al amor no le importa si el hermano herido es de aquí o es de allá. Porque es el amor que rompe las cadenas que nos aíslan y separan, tendiendo puentes; amor que nos permite construir una gran familia donde todos podamos sentirnos en casa […] Amor que sabe de compasión y de dignidad” (Fratelli tutti 62).

Creemos en el Dios que se hace carne y se presenta como compañero de viaje. Él atraviesa la vida de cada pueblo, ciudad, hospital, escuela o centro de trabajo. Y lo hace por medio de sus discípulos, de los pobres y víctimas de esta crisis. Aunque este año no salgamos por las calles acompañando al Señor sacramentado en procesión, proclamemos nuestra fe y hagamos de nuestras parroquias, comunidades, oratorios y de nosotros mismos, custodias del Cristo que comulgamos como expresión de nuestro amor agradecido y fuente de bendición para muchos.

Adoración

En el contexto de esta pandemia, el día del Corpus Christi, día de la Caridad, el Señor, con su Cuerpo entregado y su Sangre derramada, nos urge a la esperanza, que  “nos habla de una sed, de una aspiración, de un anhelo de plenitud, de vida lograda, de un querer tocar lo grande, lo que llena el corazón y eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la  bondad y la belleza, la justicia y el amor…la esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. Caminemos en esperanza” (Fratelli tutti 55).

Hoy, al adorar al Señor en el Pan Eucarístico, nos adentramos en el dinamismo del gozo, la alegría y la esperanza que necesita nuestro mundo. Una esperanza que brota de la presencia de Cristo en el mundo y entre nosotros, de sus salidas a los caminos de este mundo sufriente por los estragos del coronavirus para convocar a todos a la alianza del Espíritu.

Santa Teresa de Calcuta, con su vida entregada a los más pobres y su amor a la adoración del Santísimo, donde encontraba la fuerza para la caridad, nos enseña algo que ella experimentaba y alentaba su esperanza: “El fruto del silencio es la oración. El fruto de la oración es la fe. El fruto de la fe es el amor. El fruto del amor es el servicio. El fruto del servicio es la paz”. En las palabras de la Santa tenemos de modo palpable, una concreción de lo dicho por el Señor: “Conmigo lo hicisteis”.

Hoy al adorar el cuerpo sacramental, nacido de la Virgen María, se aviva el dinamismo de nuestra fe, amor y esperanza; nos adentramos en la verdad y la novedad del testimonio apostólico que encuentra ánimo en las palabras del apóstol San Pablo: “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos suyos muy queridos. Y haced del amor la norma de vuestra vida, a imitación de Cristo que nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros como ofrenda y sacrificio de suave olor a Dios” (Ef. 5, 1-5).

     Nos ponemos en las manos de la Sagrada Familia de Nazaret, Jesús, María y José, en ese hogar donde se fraguaba cada día la caridad, con pensamientos, palabras y obras y pedimos al Señor que nos encuentre dignos de su presencia por haber hecho con nuestro prójimo ejercicio creíble de la caridad.

20/05/21

Subcomisión Episcopal de Acción Caritativa y Social

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Pentecostés. Ven, dulce huésped del alma

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Celebramos este domingo la gran fiesta de Pentecostés, la fiesta del Espíritu Santo, que fue enviado en este día para renovar la faz de la tierra, renovando todos los corazones.

El Espíritu Santo, tercera persona de Dios Trinidad, es el amor que une al Padre y al Hijo. En la historia ya se cernía sobre las aguas en el comienzo de la creación. Ese Espíritu es el que ha convertido el caos inicial en cosmos, es decir, el desorden más absoluto lo ha convertido en la más preciosa armonía sinfónica de Dios en la creación. Es el Espíritu que ha alentado a los profetas, a los jueces, a los reyes en la esperanza del Mesías, el que venía a salvar al mundo y que había de ser ungido por ese mismo Espíritu Santo. Así se presenta Jesucristo, como el Ungido de Dios, el Ungido por el Espíritu Santo.

Este Espíritu Santo ha generado en el seno de María virgen la unión del Verbo con la carne humana, ha conducido la vida de Jesús, llevándolo al desierto para vencer al demonio, ha inspirado las palabras de Jesús, le ha dado el poder de los milagros, lo ha impulsado a entregar la vida en la Cruz y lo ha resucitado de entre los muertos. Ascendido a los cielos, Jesús nos ha prometido y nos ha enviado el Espíritu Santo. El día de Pentecostés ese Espíritu Santo ha venido sobre los apóstoles, reunidos en oración con María.

La Iglesia ha recorrido los caminos del Espíritu, en su nacimiento y en su despliegue misionero. El Espíritu Santo es el alma de la Iglesia, la va conduciendo a la verdad plena, como prometió Jesús, la consuela y la fortalece en medio de las tribulaciones del mundo, va configurando a cada uno de sus hijos, según el modelo de Cristo. Los que dejan mover por el Espíritu, ésos son hijos de Dios y herederos del cielo.

La fiesta de Pentecostés es el fruto maduro de la Pascua. Ven, Espíritu Santo, y renuévalo todo con tu amor. Es el Espíritu Santo el que ha sido derramado en nuestros corazones para que experimentemos que somos hijos de Dios y hermanos de todos los hombres. Él es el autor de nuestra vida espiritual, nuestra vida según el Espíritu. Nos va haciendo parecidos a Jesús, infunde en nosotros sus virtudes y su estilo. El Espíritu Santo nos llena de esperanza y de alegría. Nos hace vivir en gracia de Dios, es decir, en la amistad de Dios, que Cristo nos ha alcanzado por su redención. Las virtudes las alienta el Espíritu en nuestros corazones. Y los dones del Espíritu Santo vienen a perfeccionar todo el organismo espiritual de nuestras vidas. La fiesta de Pentecostés quiere darnos los frutos abundantes del Espíritu: caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad (Gal 5, 22-23).

En este gran día de Pentecostés celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar. Tuvo origen en Pentecostés la misión de los hijos de la Iglesia, y particularmente de los laicos, para llevar al mundo entero la savia nueva del Evangelio. Este año el lema dice: “Los sueños se construyen juntos”, tomando referencia de la encíclica Fratelli tutti: “Nadie puede pelear la vida aisladamente. (…) Se necesita una comunidad que nos sostenga, que nos ayude y en la que nos ayudemos unos a otros a mirar hacia delante. ¡Qué importante es soñar juntos!” (n. 8).

Que el Espíritu Santo rompa nuestras cadenas, disipe nuestros miedos, nos abra a la esperanza de una santidad plena y de un mundo nuevo. No es una utopía, es una realidad que ya ha acontecido en Jesús y que él extiende a todos sus discípulos. La fiesta de Pentecostés es fiesta de Iglesia, de comunidad, de apostolado, de renovación profunda de nuestra vida personal y comunitaria. Dejemos que el Espíritu non inunde con su amor, y así renovará todas las cosas.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández

Obispo de Córdoba

Nueva conferencia de San José en Lucena

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En esta ocasión ha sido el sacerdote Agustín Moreno el encargado de la ponencia

La hermandad de San José Artesano de Lucena continúa con el ciclo de conferencias que ha preparado con motivo del año jubilar de San José. Como cada día 19 del mes ha tenido lugar la conferencia “San José y el trabajo” en esta ocasión a cargo del canónigo de la Santa Iglesia Catedral, Agustín Moreno. El objetivo de la hermandad con este ciclo es acercar la figura de San José a los devotos del Santo Patriarca en el año jubilar Josefino.




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Guadalcázar se consagra al Inmaculado Corazón de María

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La celebración coincidió con el décimo aniversario del nombramiento de la patrona de esta localidad como alcaldesa perpetua de la villa

El pasado domingo, 16 de mayo, la Hermandad de la Virgen de la Caridad y del Santísimo Cristo de la Salud de Guadalcázar honró a su titular con una solemne eucaristía para conmemorar el décimo aniversario del nombramiento de la patrona de esta localidad como alcaldesa perpetua de la villa.

La imagen fue trasladada en parihuelas hasta el exterior de la parroquia de Nuestra Señora de Gracia, donde trascurrió el acto oficiado por José Ángel Moraño Gil, Vicario episcopal del Valle del Guadalquivir, y José Miguel Bracero, párroco de la localidad.

La celebración litúrgica contó con la participación de un nutrido número de fieles, representantes de las distintas asociaciones y autoridades.

Al finalizar la eucaristía, en la que puso la parte musical la Capilla de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia de Córdoba, se procedió a la consagración de la villa de Guadalcázar al Inmaculado Corazón de María y a la bendición e imposición de un corazón realizado en metales preciosos ofrendado a la centenaria imagen mariana por la Junta de Gobierno de su Hermandad.

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San Juan de Ávila modelo de catequista

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El Papa Francisco firma el Motu Proprio “Antiquum ministerium”, instituyendo así el ministerio de catequista

En la fiesta litúrgica de San Juan de Ávila, el Santo Padre firmó el Motu Proprio “Antiquum ministerium”. Se trata de un acontecimiento eclesial de gran importancia y precisamente dado a luz en la memoria del Santo Maestro Ávila.

Mons. Fisichella en la presentación de este documento pontificio recalcó de forma especial la dimensión catequética de San Juan de Ávila afirmando: «Es significativo que el Papa Francisco haga público este Motu proprio en la memoria litúrgica de San Juan de Ávila (1499-1569). Este Doctor de la Iglesia fue capaz de ofrecer a los creyentes de su tiempo la belleza de la Palabra de Dios y la enseñanza viva de la Iglesia en un lenguaje no sólo accesible a todos, sino revestido de una intensa espiritualidad. Era un magnifico teólogo, y por ello un gran catequista. Redactó en 1554 el catecismo La Doctrina Cristiana, dividido en cuatro partes, con un lenguaje tan sencillo y accesible para todos que podía ser cantado como una cantilena, y aprendido de memoria como una canción infantil útil para todas las circunstancias de la vida. La elección de esta fecha no es casual, porque compromete a los catequistas a inspirarse en el testimonio de un santo que hizo fecundo su apostolado catequístico a través de la oración, el estudio de la teología y la simple comunicación de la fe».

Este acontecimiento servirá para profundizar más en la figura de San Juan de Ávila como catequista.

San Juan de Ávila, catequista

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Clausura del Reading Course sobre Laudato Si´

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La entrega de diplomas tuvo lugar en la parroquia Ntra. Sra. de la Aurora el miércoles, 19 de mayo

Clausurado el Reaging Course sobre Laudato Si´ organizado por el Instituto Superior de Ciencias Religiosas Beata Victoria Díez y la Delegación Diocesana de Enseñanza. La entrega de diplomas a los alumnos que han participado en esta edición, que empezó en noviembre de 2020, tuvo lugar el miércoles, 19 de mayo, en la parroquia Ntra. Sra. de la Aurora.

Galería fotográfica































 

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Encuentro diocesano del Movimiento de Vida Ascendente

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El pasado martes, la presidenta diocesana , María Luisa Marente, la responsable de espiritualidad, Milagros Ortolá y el Consiliario Diocesano de la Diócesis de Cádiz y Ceuta el P. Valentín Vivar, celebraron un fraterno encuentro con miembros de Vida Ascendente en la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma de Algeciras.

«No sería justo empezar sin expresar nuestra gratitud al P. Juan José Marina Janeiro por la facilidad para el desarrollo de la reunión» dice así Valentín Vivar, Consiliario del movimiento.

El encuentro comenzó, en clave de meditación orante, subrayando la sintonía vital cristiana de Vida Ascendente con la experiencia de “Cristo en Ascensión Permanente” empezando (en el seno de María) ascendiendo las montañas de Judá para visitar a la prima Isabel …»que estaba de 6 meses la que llamaban estéril» y con otras escaladas , resplandeciente alguna como en el Tabor, transfigurándose, o cruenta en el Calvario y, gloriosa, desde el Monte de los Olivos, en la Ascensión del Señor a los Cielos.

La presidenta diocesana, con su andador como “carro de combate” cristiano y que recibirá, el día de Pentecostés la Medalla “Pro Ecclesia Gadicense et Septense”, por su dedicación al servicio de nuestra Diócesis, ha recordado la naturaleza y compromiso apostólico de quienes forman el movimiento. Seguidamente, con una profunda actitud de fe, a la lectura y proyección con imágenes de las 14 Estaciones del  Vía Lucis, proclamando la 15ª con el Prefacio VI del Misal Romano inspirado en Hechos 17 “…en Él vivimos, nos movemos y somos…”, terminando con el canto “Hoy el Señor resucitó”

Milagros Ortolá, apeló, con entusiasmo, al Espíritu Santo para «animarnos en este compromiso de Iglesia, ya es momento de superar miedos. Cautela y compromiso no están reñidos. Que un exceso de cautela y de prudencia, sin embargo, ocultan, a menudo, falta de fe, valor y compromiso con la palabra dada a Dios de trabajar por el Evangelio en Vida Ascendente».

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“Oración Scout” Este viernes en la casa de Nazaret

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La Delegación del Movimiento Scout Católico de Asidonia-Jerez celebra como cada mes la Oración Scout este viernes 21 de mayo a las 19:00hrs.

Este viernes 21 de mayo a las 19:30hrs en Casa Nazaret, la Delegación Movimiento Scout Católico de Asidonia-Jerez, llevara a cabo la “Oración Scout” que celebra un viernes al mes. Este será el momento perfecto para vivir en intimidad y profundidad la celebración de la venida del Espíritu Santo, la Solemnidad de Pentecostés.

Asimismo, este momento de oración será retransmitida en directo a través del Facebook de la Delegación de Movimiento Scout Católico de Asidonia-Jerez para facilitar a las personas que puedan seguirlo desde sus casas. Cumpliendo con las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, los seminaristas Pablo Mula y Pablo Lobato que llevarán a cabo la dinámica de esta celebración nos invitan asistir y abrir el corazón a Dios.

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La Iglesia en Sevilla celebra el próximo domingo la ordenación de cinco nuevos sacerdotes

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La Iglesia en Sevilla celebra el próximo domingo la ordenación de cinco nuevos sacerdotes

La Catedral de Sevilla acoge el próximo domingo, 23 de mayo, a las seis de la tarde, la celebración por la ordenación sacerdotal de cinco diáconos, tres del Seminario Metropolitano y dos del Redemptoris Mater: Antonio Jesús Serrano (40 años), Ignacio del Rey (28) y Guillermo Martín (40 años), y Jesús Medina (28) y Juan José Muñoz (29).

La ceremonia será presidida por monseñor Asenjo Pelegrina, Administrador Apostólico de Sevilla, y como viene siendo habitual en las celebraciones que han tenido lugar en la Seo desde el inicio de la pandemia, el aforo se verá reducido, por lo que todos los ordenandos han pedido a sus comunidades y al pueblo común que se unan a esta fiesta a través de la oración. Asimismo, la Misa se retransmitirá por el Canal de Youtube de la Catedral hispalense.

Emoción, responsabilidad y gratitud

Aunque en un principio las ordenaciones estaban prevista para el mes de junio, la fecha se adelantó, un cambio que, sin embargo, no ha mermado la ilusión de los cincos jóvenes que el próximo domingo darán un nuevo sí a Dios, esta vez de forma permanente y consolidada.

La mayoría comparten este sentimiento “de gran emoción y mucha responsabilidad, pero principalmente el sentimiento más fuerte es de gratitud al Señor”, explica Ignacio. A lo que Jesús añade que “supone un reto por mis taras y debilidades, pero tengo la confianza de sentirme de la mano del Señor”.

Esta confianza es también común en los que se van a ordenar, pues pese a la pandemia, todos han visto la presencia de Dios en sus vidas especialmente en el último año y medio.

En palabras de Guillermo Martín “estamos viviendo un tiempo diferente que pone de manifiesto nuestras fragilidades y límites humanos y la imposibilidad de controlar todas las variables y programar nuestras vidas. Sin embargo, se está poniendo también de manifiesto que necesitamos abrirnos a los demás para crecer y amar desde el don de nuestra persona para los demás, confiando en Dios con la sencillez de sabernos hijos amados por Él”.

De igual forma se expresa Juan José, cuando afirma que éste “ha sido un tiempo de desierto, pero a la vez de aprendizaje, de formación y de conocerse uno más a sí mismo, y, sobre todo, ha sido un tiempo de gran intimidad con Cristo”.

Por su parte, Antonio Jesús Serrano opina que, pese a las limitaciones en la formación durante este año de diaconado, “he aprovechado al máximo, por ejemplo, en la Pastoral de la Salud había muchas cosas que realizar con nuestros hermanos los enfermos; las catequesis han seguido su programación habitual, como la actividad en Cáritas que ha sido intensa porque hay muchas situaciones donde acudir”. Concretamente destaca que “esta Semana Santa se ha vivido con más fraternidad y vida de oración que otros años”, por tanto, “pienso que no ha habido merma en la acción diaconal porque el Señor abre otros campos a trabajar para que evangelicemos con intensidad”.

De igual forma Jesús asegura que “no creo que haya perdido oportunidad de aprender más o crecer en la vocación; siempre se puede aprender y crecer más como cristiano y como llamado al ministerio sacerdotal, pero Dios es el que lleva la historia y sus tiempos son perfectos”.

Una formación humana e integral

Otro punto en el que coinciden los cinco diáconos es en la excelente formación recibida durante sus años como seminaristas, tanto en el Seminario Metropolitano como en el Redemptoris Mater.

Según Juan José, “se recibe una formación integral, primero te forma como persona y, por supuesto, te preparan para ser el sacerdote que la sociedad necesita hoy; nunca podré olvidar a mis formadores y hoy tengo una palabra de agradecimiento para todos mis compañeros, que también me han ayudado en mi formación sacerdotal”.

En esta línea, Antonio Jesús considera que “el Seminario se supera cada año y pone especial atención a que terminemos la formación totalmente entregados a dar la vida por Cristo y la Iglesia, tras haber vivido un proceso de conversión profunda” y señala que tanto la formación humana como espiritual son “claves para ser unos sacerdotes santos”, mientras que Guillermo sostiene que su periodo en esta institución diocesana ha supuesto para él “un tiempo de siembra y forja para aprender y dejarse moldear por el Señor, donde la diferencia de edad y contexto no impide sino que refuerza la fraternidad”.

Por eso, el Seminario no solo se presenta como etapa de crecimiento espiritual y afianzamiento de la vocación, sino que se trata de un periodo de desarrollo personal en un ambiente de familia. Como apunta Ignacio el Seminario “es el lugar donde más me he reído en mi vida. Yo me lo he pasado estupendamente: aquí se ríe, se llora, se crece, se sufre…todo se vive muy intensamente”.

Consejos para el sacerdote de hoy

Los futuros sacerdotes son conscientes de que se enfrentan a un mundo secularizado, que ha quitado a Dios de su horizonte, por eso son muchos los compañeros que les han ofrecido numerosos consejos para convertirse en los sacerdotes que necesita la sociedad hoy.

En primer lugar, a Jesús le han recomendado “que no me deje distraer por los preparativos externos a la situación sanitaria en que nos encontramos, sino más bien que me una más plenamente al Señor en este tiempo, para así más amarle y servirle con sinceridad”.

Por su parte, Juan José resalta que le han pedido “ser una persona de una gran hondura espiritual y muy cercana, especialmente a los más pobres, los enfermos y los necesitados y, finalmente, dar un testimonio creíble de nuestra propia vida”.

Y aunque Antonio Jesús reconoce que “cada sacerdote tiene unas características especiales para que el Evangelio llegue a todas las personas”, sí le han aconsejado que como sacerdotes sean “hombres de oración auténtica con el Señor, cercanos y abiertos al pueblo, moderado en sus formas, alegres y equilibrados”.

Asimismo, Guillermo añade que los presbíteros deben ser “dóciles a lo que nos vaya pidiendo el Señor, cuidando la oración y la caridad, perseverando en el día a día con sencillez y humildad”. Cualidades a las que Ignacio suma la capacidad de “no rutinizar lo extraordinario, sino emocionarnos y sobrecogernos siempre al sabernos elegidos de Dios”.

En definitiva, el próximo domingo concluye un camino de discernimiento y formación que, sin embargo, no ha llegado su meta, sino que la ordenación sacerdotal es, más bien, el punto de partida de una vida entregada a Dios y a la Iglesia. Una opción de vida que estos cinco hombres afrontan con ilusión y valentía y por la que todos los fieles sevillanos debemos rezar.

Primeras misas

Juan José Muñoz: 25 de mayo, a las 20 h, en la parroquia de san Antonio María Claret, de Sevilla.

 

 

 

Ignacio del Rey: 26 de mayo, a las 20.30 h, en la Parroquia de San Sebastián, de Sevilla. 

 

 

 

Jesús Medina: 27 de mayo, a las 20 h, en la Parroquia de San Roque, de Sevilla.

 

 

 

Antonio Jesús Serrano: 28 de mayo, a las 20.30 h, en la parroquia de Nuestra Señora del Mayor Dolor, de Sevilla.

 

 

 

Guillermo Martín: 31 de mayo, a las 20 h, en la Parroquia  del Stmo. Corpus Christi, de Sevilla.

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Jueves Sacerdotal: Francisco Ortiz: “Nuestra espiritualidad diocesana nos lleva a tener los ojos abiertos en este tiempo de pandemia”

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Jueves Sacerdotal: Francisco Ortiz: “Nuestra espiritualidad diocesana nos lleva a tener los ojos abiertos en este tiempo de pandemia”

Canónigo, vicario general, párroco, formador del Seminario…son muchos los servicios que ha prestado Francisco Ortiz, sacerdote de la Archidiócesis de Sevilla, durante los últimos cuarenta años a la Iglesia diocesana. A continuación, conocemos mejor su vocación y su ministerio.

Su infancia se desarrolló en un ambiente religioso, de hecho, cuenta que su casa natal en Constantina comunicaba por un patio con dependencias de la parroquia: “Mis muros familiares eran muros del templo parroquial. De manera natural, sin grandes altibajos, he ido viviendo y descubriendo lo sobrenatural que el Señor me ha ido dando gratuitamente”.

De igual forma –natural y “nada beato”- sintió que Dios lo llamaba a la vida consagrada con 17 años. En esta etapa destaca la mediación de las religiosas de la Doctrina Cristiana y el testimonio de “no pocos seglares”.

En su discernimiento encauzó su vocación hacia los misioneros claretianos: “Un buen día -tras pensar y orar- partí para iniciar el noviciado en el pueblo de Loja. Creo que mi partida, pensándolo desde la distancia del tiempo, fue un poco abrahánica. Sin saber, me fié y partí”.

Durante estos años, que describe como “inolvidables”, estudió Teología en la Facultad de Granada, una formación que concluyó en el Seminario Mayor de Sevilla cuando “por diferentes motivos descubrí que mi vocación no era servir a la Iglesia como consagrado”, hasta que fue ordenado sacerdote diocesano en 1981.

De Huévar del Aljarafe a la Catedral

Francisco Ortiz recuerda cómo Huévar fue “mi primera novia pastoral”. Explica que es un pueblo “acogedor y religioso a su manera” que le ayudó a “querer y valorar tantas manifestaciones de piedad popular”.  

Más tarde, lo destinaron a la Parroquia de San Vicente, en Sevilla, en la que elaboró un proyecto pastoral titulado ‘Construyamos, por fin San Vicente’ que “me animó mis cuatro cursos de estancia en la parroquia”.

Finalmente, desde 2013 es párroco de Nuestra Señora de los Remedios, también en la capital, donde está desarrollando un proyecto bajo el título ‘Los Remedios: lugar de sinodalidad y conversión pastoral”. Al respecto, opina que es “difícil hacer una parroquia con sentido comunitario” y que ese es “el milagro pendiente”, pero “estamos en ello, no nos falta oración e iniciativas”.

Además de estas tres experiencias parroquiales, Francisco fue nombrado canónigo del Cabildo Catedral en 1994, “una institución con carisma” a la que “no se viene a lucir el hábito, sino a trabajar”. “Lo primero –apunta- es la misión espiritual, el servicio de altar y coro, y después todo lo demás. Es también culto y cultura; es gestión y comunión de bienes con la Iglesia diocesana y sus necesidades”. No en vano, actualmente es el delegado de Administración y Patrimonio del Cabildo.

“El Seminario es inicio y la tarea permanente”

Finalmente, del perfil de Francisco Ortiz destaca también su paso como formador tanto del Seminario Menor de Pilas como del Metropolitano de Sevilla. En este segundo, en el que estuvo durante trece años, “he sido testigo de la gracia vocacional que el Señor nos ha dado y la gran tarea de formar a los futuros sacerdotes inculcando siempre que el Seminario es inicio y que la tarea es permanente”.

Igualmente, señala como bases que marcaron su trabajo con los seminaristas “la rica aportación del magisterio de San Juan Pablo II y el buen hacer de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades”. Gracias a estas contribuciones se construye el Seminario como “comunidad educativa en camino para verificar e identificarse con un estilo de vida marcado por la espiritualidad específica de los que somos sacerdotes seculares”.

Y precisamente, a raíz de esta experiencia, Francisco recomienda a los futuros sacerdotes que actualmente se forman en el Seminario de Sevilla que confíen siempre en Dios, “sin desanimarse y así poder entregarse a la misión que es un proyecto de por vida”. Asimismo, les insta a “estar atentos a la encomienda de la Iglesia, a través de nuestro Obispo, y al servicio de las necesidades del lugar donde seamos enviados”.

Porque son muchos los retos a los que se enfrenta el sacerdote de hoy, por eso, concluye, “nuestra espiritualidad diocesana nos lleva a tener los ojos abiertos en este tiempo de pandemia, a estar en medio de crisis familiares, sociales o personales. Sacerdotes en medio de su pueblo creciendo como personas cercanas y sirviendo como buenos pastores”.

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