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La Orotava agradece a la congregación Salesiana su labor educativa desde 1948

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La parroquia de la Concepción en la Orotava acogió una eucaristía de acción de gracias a Dios por los Salesianos y su presencia en el municipio desde hace setenta y tres años. En la misma estaban presentes, entre otros, la comunidad salesiana y toda la comunidad educativa.

El párroco, Óscar Guerra, dedicó sus primeras palabras a expresar la gratitud por el servicio de la Congregación al Colegio, a la comunidad parroquial y al Valle de La Orotava por su acompañamiento espiritual y su trabajo diario con los más jóvenes. Compartió con los  presentes que las semillas sembradas durante más de siete generaciones han dado buenos frutos y han enseñado a recurrir a nuestra Madre Auxiliadora en las necesidades que se nos han presentado en la vida, con la certeza que Dios nunca nos deja de la mano. A Dios agradeció que los padres salesianos hayan sido puentes para el encuentro con Cristo de tantas generaciones, marcados por el carisma de San Juan Bosco.

El acto continuó con un sencillo vídeo a través del cual se hace un recorrido por la historia para agradecer a todas las comunidades que han estado presentes en el municipio, empezando por la primera, que llegó a La Orotava en agosto de 1948, encabezada por Claudio Sánchez y Víctor Rodríguez, que con los años se convirtió en un referente salesiano y social en la zona alta de nuestra Villa y finalizando con la Comunidad actual.

En representación de la Congregación Salesiana, el director Abel Medina compartió, con emoción, que no les gusta tener que irse de una Casa donde han compartido tanto y reconoció la buena sintonía que ha existido siempre entre los salesianos y La Orotava. Miles han sido los antiguos alumnos que se han formado en la espiritualidad salesiana y se han convertido en honrados ciudadanos y buenos cristianos. También tuvo palabras de agradecimiento para todas aquellas personas que, a lo largo de los años, han colaborado de una u otra manera con los salesianos. De forma especial, agradeció al Patronato de San isidro por confiar a la congregación esta maravillosa obra.

Concluyó diciendo: “Esto no se acaba. Nos trasladamos los salesianos a La Cuesta. Aquí vendrá un Salesiano como Director Titular a celebrar y a dar clase. No os abandonamos. Os queremos y queremos seguir trabajando con vosotros”.

Fuente principal salesianos de La Orotava.

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Junio y el Sagrado Corazón de Jesús de La Estación de Guadix

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Junio y el Sagrado Corazón de Jesús de La Estación de Guadix

El pasado mes de junio ha sido para la parroquia de El Sagrado Corazón de Jesús, de Guadix, un mes lleno de acontecimientos. De entrada, el mismo mes es el llamado mes del Corazón de Jesús y esto le imprime un carácter especial en este tiempo. Con ello la parroquia ha querido revestirse de la espiritualidad propia de esta devoción para lo que ha preparado algunos eventos que se han desarrollado en el marco normal de lo cotidiano. Así pues, a lo largo de todo el mes se ha venido teniendo una oración prolongada ante el Santísimo expuesto previamente a la Eucaristía vespertina, contando con la oración del rezo del santo rosario y las letanías del Sagrado Corazón de Jesús. Además, se ha dispuesto de unas meditaciones diarias que han ayudado a entrar más en este misterio insondable.

Otros momentos especiales han sido la visita de nuestro obispo D. Francisco Jesús Orozco el viernes 11, solemnidad litúrgica del Corazón de Jesús, quien nos presidió en la Eucaristía y en la que anunció, para toda la diócesis, la prórroga del Año Diocesano del Corazón de Jesús con motivo del LXXV Aniversario de la Consagración de la Diócesis de Guadix por el obispo don Rafael Álvarez Lara al Sagrado Corazón, cuya culminación fue la entronización de su sagrada imagen como remate de la torre-campanario de la catedral de Guadix. Hay que notar que a causa de la pandemia que aún estamos atravesando, la programación de ese año diocesano del Corazón de Jesús se vio totalmente aplazada para mejor momento. Se trataba de un elenco de peregrinaciones, encuentros, visita-peregrinación de la imagen que el escultor afincado en Córdoba, Amadeo Ruiz Olmo (Benetúser, 1913 – Madrid, 1993) diseñara como base para la de la catedral y que acompañada de reliquias de santos se acercaría a las distintas iglesias y parroquias de la diócesis, además de charlas, catequesis, conferencias, etc.

Otro de los actos de los que hemos podido disfrutar ha sido la conferencia que F. Antonio González Navarrete pronunció el viernes, 25. El título, aunque sencillo, “El Sagrado Corazón de Jesús en Guadix”, encerraba un profundo repaso desde los textos bíblicos que hacen referencia a este misterio hasta la misma justificación de esta conferencia, que era ni más ni menos que la difusión del amor al Sagrado de Corazón de Jesús, el porqué de este titular en esta parroquia y la preparación al Centenario de la fundación de esta iglesia como parroquia, erigida como tal en 1923 por el obispo D. Ángel Marquina Corrales, pues hasta ese momento era dependiente de la de El Sagrario de la Catedral. La preocupación de este pastor por dar servicio sacramental y pastoral a esta barriada, desde el inicio de su gestación como barriada en torno a la Estación de Ferrocarril de Guadix, supuso proveer de asistencia religiosa tanto en cuanto aquellos primeros asentados solicitaban también la asistencia espiritual.

Otro acontecimiento fue la celebración de la Eucaristía el sábado 26, aplicada por los difuntos de La Estación, por todos los estacioneros presentes y ausentes. En esta ocasión muchos pudieron acercarse desde distintas localidades para poder celebrar este encuentro, pues supone, aún más en este tiempo de pandemia, mantener el vínculo con el barrio, con sus gentes, con los ausentes, todo en torno al que aglutina y da sentido a esta barriada, el Sagrado Corazón de Jesús. No hemos de dejar en el olvido la ofrenda floral que se realizó el pasado jueves 10 de junio, en la víspera de la festividad litúrgica del Corazón de Jesús. Y, junto a estos actos de todo un mes en su honor, tampoco hemos de olvidar la procesión que no se dio otro año más. Como siempre los buenos deseos son los que nos hacen mantenernos ilusionados para años venideros. Deseemos, poniendo la fe en el amor del Sagrado Corazón de Jesús, que el año próximo se puedan desarrollar todos los actos propios del Sagrado Corazón de Jesús como merece y como merecen los estacioneros. También, que las personas que siempre han colaborado mantengan su ánimo y lejos de sucumbir a lo nefasto de los inconvenientes sean estos los acicates para desarrollar mejor todo un entramado de divulgación y apostolado del misterio del Sagrado Corazón de Jesús, tanto en La Estación como en cualquier lugar de este mundo.

Por último, hemos de señalar que ya se ha comenzado a gestionar la programación que a lo largo del próximo curso se va a llevar a cabo, Dios mediante, para la celebración de todo este Año Diocesano Jubilar del Corazón de Jesús por el LXXV aniversario de la Consagración de la Diócesis de Guadix a su Sagrado Corazón, en la que la misma parroquia tiene un protagonismo especial. Confiar en el Sagrado Corazón dispone a la parroquia a la transmisión de la fuerza de Dios en nuestros días.

Parroquia de El Sagrado Corazón de Jesús – La Estación de Guadix

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Frente a la eutanasia, la Conferencia Episcopal anima a firmar el testamento vital

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Frente a la eutanasia, la Conferencia Episcopal anima a firmar el testamento vital

 

La Conferencia Episcopal Española anima a firmar el testamento vital (descargar en word). El testamento vital es la expresión escrita de la voluntad de un paciente sobre los tratamientos médicos que desea recibir, o no está dispuesto a aceptar, en la fase final de su vida. El testamento vital también especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia.

Numerosas personas de toda España se han sumado a una campaña en las redes con el hashtag #yofirmoeltestamentovital para concienciar sobre la importancia de respetar la vida en todo momento, solicitar que se administren los tratamientos que ayuden a paliar el dolor, si fuesen necesarios, y que se evite la administración de la eutanasia. Todo esto se decide anticipadamente cuando uno es consciente de sus decisiones, en previsión de que, llegado el momento, no hubiese facultades plenas de conciencia.

 

Del consentimiento firmado al testamento vital

Ante el avance de la medicina se hizo necesario e imprescindible el Consentimiento Informado, que consiste en la participación de forma activa en la toma de decisiones junto al médico sobre el tratamiento a seguir.

 

Pero… ¿cuándo el enfermo queda incapacitado?

Sin embargo, hay situaciones en las que el enfermo no puede decidir sobre su propia salud por incapacidad debido a la propia enfermedad, accidente o vejez. Cuando se presentan estas dificultades, uno de los caminos para ayudar al personal sanitario es la consideración de la voluntad del paciente manifestada previamente a la pérdida de la capacidad de razonar. Es a esta voluntad anticipada a lo que se llama popularmente testamento vital.

 

¿Cómo hacerlo?

La persona que firme esta declaración tiene que estar en plena posesión de las facultades mentales.

La rúbrica se hará ante la presencia de tres testigos o bien bajo la eventual intervención de un notario.

 

¿A quién hay que entregarlo? ¿Dónde se registra?

El testamento vital, reconocido legalmente en España a partir del año 2002 con la Ley de Autonomía del Paciente, una vez firmado se inscribe en un registro de voluntades vitales creado con este propósito en las distintas comunidades autónomas.

Es importante tener en cuenta que las diferentes comunidades han regulado este documento con distintas denominaciones: testamento vital, voluntades anticipadas, instrucciones previas o manifestaciones anticipadas de voluntad. Por eso es conveniente que se consulte la regulación de la comunidad de residencia para asegurar que se cumplen todos los requisitos legalmente exigidos para inscribirse y asegurar su eficacia futura. 

En cualquier caso, el testamento vital se puede modificar o revocar en cualquier momento.

 

¿Por qué es importante?

No hay enfermos “incuidables”. El testamento vital es esencial para dejar constancia, de forma anticipada, de nuestra voluntad de aceptar o rechazar determinados tratamientos médicos. De esta manera, se libera a los familiares del peso de tomar decisiones por el enfermo en situaciones tan difíciles.

También contempla nombrar a un representante legal en ma­teria de tratamientos médicos encargado de velar por su cumplimiento y de tomar decisiones en previsión de una eventualidad no contemplada en el testamento escrito.

Además, se especifica el derecho a una atención espiritual.

 

¿Es válido ante la eutanasia?

El testamento vital especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención cause la muerte).

La proposición de Ley Orgánica de regulación de la eutanasia recoge que no podrá aplicarse la eutanasia en caso de que la persona haya suscrito con anterioridad un documento con instrucciones, testamento vital, voluntades anticipadas o documentos equivalentes reconocidos legalmente.

Por eso es importante que se haga y se inscriba en el registro de voluntades vitales de la comunidad autónoma correspondiente para que tenga valor jurídico.

Es curioso que el testamento vital fuera reivindicado por algunas personas y asociaciones que abogaban por una mentalidad claramente eutanásica. Se pa­trocinaba como vehículo para abrir caminos para considerar de forma absoluta la autonomía del paciente. Hoy, ante la posible aprobación de la ley de la eutanasia se hace necesario para evitar abusos de aplicación de la misma cuando no se puede manifestar el consentimiento informado.

 

¿Por qué anima la Conferencia Episcopal a que los fieles lo hagan?

Por dos razones:

Para evitar el atropello a la dignidad y a la libertad de la persona incapacitada que trae consigo la ley de la eutanasia.

Para ayudar a humanizar el proceso de muerte con una asistencia humana material y espiritual, estableciendo una línea que dé espacio a una verdadera alianza terapéutica entre el médico competente, los familiares y/o los eventuales representantes que no deberá ser trasgredida.

Con el testamento vital se especifica que no se quiere el encarnizamiento terapéutico o acciones terapéuticas sin esperanza, inútiles u obstinadas, ni la eutanasia entendida como toda medida adoptada para acelerar la muerte de modo directo o inten­cionado. De esta forma quedan garantizados los cuidados mínimos de sustento vital, como lo es la comida y la bebida en cualquier persona, mientras se considere razonable­mente útil, evitando toda forma de ensañamiento terapéutico.

Texto para un testamento vital

A mi familia, a mi médico, a mi sacerdote, a mi notario:

Si me llega el momento en que no pueda expresar mi voluntad acerca de los tratamientos médicos que se me vayan a aplicar, deseo y pido que esta declaración sea considerada como expresión formal de mi voluntad, asumida de forma consciente, responsable y libre, y que sea respetada como si se tratara de un testamento.

Considero que la vida en este mundo es un don y una bendición de Dios, pero no es el valor supremo y absoluto. Sé que la muerte es inevitable y pone fin a mi existencia terrena, pero creo que me abre el camino a la vida que no se acaba, junto a Dios.

Por ello, yo, el que suscribe, pido que, si por mi enfermedad llegara a estar en situación crítica irrecuperable, no se me mantenga en vida por medio de tratamientos desproporcionados; que no se me aplique la eutanasia (ningún acto u omisión que por su naturaleza y en su intención me cause la muerte) y que se me administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos.

Pido igualmente ayuda para asumir cristiana y humanamente mi propia muerte. Deseo poder prepararme para este acontecimiento en paz, con la compañía de mis seres queridos y el consuelo de mi fe cristiana, también por medio de los sacramentos.

Suscribo esta declaración después de una madura reflexión. Y pido que los que tengáis que cuidarme respetéis mi voluntad. Designo para velar por el cumplimiento de esta voluntad, cuando yo mismo no pueda hacerlo, a……………………..

Faculto a esta misma persona para que, en este supuesto, pueda tomar en mi nombre, las decisiones pertinentes. Para atenuaros cualquier posible sentimiento de culpa, he redactado y firmo esta declaración.

Nombre y apellidos:

Firma:

Lugar y fecha:

 

(Fuente: www.agenciasic.es )

 

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Homilía de Mons. Adolfo González Montes en el XXIV aniversario de la consagración episcopal

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Lecturas bíblicas: Is 6,1-8; Sal 39,2.4.7-10 (R/. «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»); Col 1,24-29; Aleluya: Mc 1,17 («Venid conmigo -dice el Señor- y os haré pescadores de hombres»); Lc 5,1-11

Queridos hermanos sacerdotes, religiosas y seminaristas; y queridos fieles laicos;

Queridos hermanos y hermanas:

Se cumple hoy por la misericordia de Dios el XXIV Aniversario de mi consagración episcopal en la Catedral del Salvador de Ávila. Cinco años después dispuso el Señor que fuera trasladado a esta Iglesia de Almería, donde se cumplen el próximo día 7 del corriente diecinueve años ejerciendo el ministerio apostólico como pastor de esta Iglesia particular, en la que el Señor ha querido que fuera fundamento visible de su unidad y vínculo de comunión eclesial[1].

Han sido años ilusionados de generosa dedicación al ministerio pastoral sin reservas, años fructíferos que han hecho posible un cambio muy profundo de las condiciones de una Iglesia diocesana que, a mi llegada, requería estructuración y consolidación espiritual y material, sucediendo en el tiempo el ministerio de mi venerado predecesor, al que cumplió esforzarse con denuedo por el crecimiento espiritual del presbiterio, apenas salido de unas décadas de especial dificultad tras la crisis posconciliar. A él correspondió trasladar la comunidad de seminaristas mayores a la capital diocesana, devolviéndola a Almería después de un cuarto de siglo en Granada, hondamente afectada por la crisis eclesial.

Por mi parte, ha sido decisión conscientemente asumida continuar la labor de mi predecesor y consolidar los logros de su pontificado, apostando con mi propio genio y saber por todo cuanto han exigido de mí los años que me ha tocado ser pastor de esta Iglesia, que me es tan amada, con la que el Señor quiso desposarme. Los textos sagrados que hemos escuchado iluminan el ejercicio de mi servicio pastoral con la luz de la revelación divina que esclarece la naturaleza del ministerio como institución de fundación divina.

El impresionante y sobrecogedor relato de la vocación de Isaías esclarece la iniciativa divina en la vocación profética, que requiere aquella santidad que evocan tanto la trascendencia de Dios aludida por el carácter elevado y excelso del trono divino como el aleteo de los serafines de seis alas que sobrevolaban el trono. Con dos alas se cubrían el rostro por temor de ver al Dios de Israel, cuya santidad se expresa en su trascendencia sobre la realidad creada; con dos alas se cubrían el cuerpo y con dos alas se cubrían los pies, evitando el contacto con lo profano, si por tal se entiende el mundo marcado por el pecado, concepto que se prolonga en el evangelio de san Juan. ¿Cómo no evocar los discursos del adiós de Jesús en el cuarto evangelio? Jesús ora por sus discípulos, porque «ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido los retire del mundo, sino que los guarde del Maligno» (Jn 17,14-15).

La santidad de Dios es proclamada por los serafines que gritan uno al otro: «Santo, santo, santo, Señor de los Ejércitos, llena está la tierra de tu gloria» (Is 6,3). Isaías tiene un particular interés en reivindicar en su predicación la santidad de Dios. El profeta no es contrario al culto, como podría hacer pensar su dura crítica a la vaciedad de un culto que honra a Dios con los labios, pero el corazón de los que le rinden culto está lejos él (cf. Is 29,13), pasaje de Isaías que Jesús recordará para prolongar la crítica del profeta, censurando un culto carente de contenido por su vaciedad y contrario a la honda verdad de los preceptos divinos (cf. Mc 7,6-7→ Mt 15,8-9). El verdadero culto practica la alabanza y la súplica, en las que el hombre reconoce que sólo puede vivir si cumple los mandamientos de Dios y confiesa su señorío sobre la creación y la historia de la humanidad; y si acude a Dios como al único Dios de misericordia que puede rescatar al ser humano de su condición pecadora.

Es aquí donde se ubica la experiencia de Dios tremenda y fascinante del que toma conciencia de la santidad de Dios y de la propia condición pecadora. El profeta exclama: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos la Rey y Señor de los ejércitos» (Is 6,5). Es la experiencia de quien es llamado al ministerio y se siente pequeño y pecador, hombre de labios impuros, llamado a proferir la palabra de la salvación. Aunque algunos comentaristas discuten que este pasaje de Isaías sea específicamente vocacional y afirman que, más bien, se trata de un texto de encomienda de una determinada misión divina a Isaías, relacionada con la amenaza que para Judá representa la guerra de ríos y samaritanos en torno al año 734, lo importante es la experiencia en sí de Dios que llama y encomienda un cometido que no es posible llevar a cabo sin el mandato divino, y sin el acercamiento a la santidad de aquel que envía y es todo santo[2]. Por eso, aunque uno es hombre de labios impuros, Dios purifica al que envía tocando los labios del profeta con un carbón encendido y le dice: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está expiado tu pecado» (Is 6,7).

A lo largo de mi ministerio entre vosotros he puesto un particular empeño en la necesidad de santidad que tenemos todos los ministros ordenados, puestos al servicio de la santificación del pueblo de Dios. Para ello se hacía necesario lograr una formación acorde con la mente de la Iglesia y la necesidad pastoral de cada momento y situación, teniendo en cuenta que la caridad pastoral de los sacerdotes define el espíritu sacerdotal, alejando a quienes han sido llamados al ministerio de una lenta pero progresiva asimilación al trabajo contractual marcado por reivindicaciones que de hecho estrechan el corazón del pastor. Una asimilación que sigue hoy creciendo desvirtuando la naturaleza del servicio sacerdotal; y de ahí la necesidad señalada por el Papa llamando a una verdadera “conversión pastoral”: conversión que algunos vacían de contenido evangelizador, para diluir el ministerio en un servicio de múltiple uso similar a la intendencia y la logística de las organizaciones benefactoras.

Vivimos una situación de caída de las vocaciones sacerdotales y ministeriales en general, de pérdida de las vocaciones a la vida consagrada, y de sólo podremos salir de esta crisis con el empeño de todos los diocesanos y sin escatimar compromisos y medios. Las vocaciones sacerdotales y la formación sacerdotal tienen su lugar propio en la diócesis. Siempre se ha dicho con acierto: ignorar los errores del pasado es arriesgarse a repetirlos, o peor aún: predisponerse a cometerlos de nuevo. Por otra parte, la vocación al sacerdocio se fortalece con fidelidad a la tradición apostólica, del mismo modo que la vida consagrada no puede ser despojada de los consejos evangélicos. Proponerlo así, favorecerlo poniendo los medios necesarios e ilusionando a los jóvenes con las vocaciones de especial consagración ha sido una constante de mi ministerio pastoral.

Del mismo modo, que he procurado una pastoral familiar basada sobre la antropología del matrimonio fundado sobre la unión de un varón y de una mujer, que ofrece la revelación divina como origen de la familia, que toma nombre del mismo misterio de comunión entre personas divinas que se dan en Dios uno y trino. El clericalismo del laicado lo distrae de su cometido propio en la acción evangelizadora de la Iglesia, por mucho que se apele a cuánto pueden hacer los laicos para suplir la insuficiencia de sacerdotes y diáconos. La enseñanza del Vaticano II es clara sobre este importante cometido: los laicos están llamados a llevar el evangelio a los asuntos temporales, y ser al mismo tiempo colaboradores del ministerio pastoral sin un clericalismo engañoso. Los ministerios laicales son un campo más rico de lo que habitualmente estamos acostumbrados a admitir, y el Papa acaba de enriquecer los cometidos del laicado en la acción pastoral de la Iglesia dando estatuto al ministerio del catequista, basándose en que este es un ministerio antiguo y permanente en la acción evangelizadora de la Iglesia.

He querido en estos años responder a la exhortación de Cristo a los Apóstoles para que convertidos en pescadores de hombres cosecharan unas redes abundantes. Esto no se logra, ciertamente, ocultando la fe para conjurar el escándalo de la cruz, ni acomodando a los deseos de cada generación el anuncio del Evangelio. La asimilación del evangelio a la mente del mundo sólo trae consigo amoldar la vida de la Iglesia a imagen del mundo. Si se pierde la fe en la encarnación del Verbo, viendo en ella una expresión meramente simbólica del dogma de Cristo, de forma que Jesús se convierta en paradigma del sentimiento religioso común a la humanidad en proceso de secularización definitiva; si hacemos de Cristo un maestro de coherencia ética o de moral convergente con lo que le es posible aceptar como correcto a la mera razón; o bien cambiamos a Cristo por un reformador social, aspiración de tiempos no lejanos; si esto sucede, entonces la Iglesia ha perdido para siempre su futuro, porque otros cumplirán que ella con estos programas de cristología “al uso del tiempo” sin tomar como pretexto a Cristo Jesús.

Este denunciado por el Papa Francisco es de verdad una tentación que ronda al cristianismo débil y sin estridencias, al populismo ideológico o pauperista de ayer y hoy, porque lo que cambia es sólo el contexto de cada época. Por eso conviene recordar estas palabras de Francisco: Los gnósticos «conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren “un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo”»[3].

Cristo manda a Pedro remar mar adentro y Pedro le dice que han pasado toda la noche sin coger nada, y añade: «pero por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5).  La pesca resultó copiosa en exceso como para llenar dos barcas y, una vez más, parta que Pedro confesara con su sincera humildad: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8). En el mosaico de Marko Rupnik en la capilla de la sucesión apostólica de la Conferencia Episcopal, vemos que mientras los apóstoles echan las redes es Jesús quien les va metiendo en ellas los peces. Esta feliz escena del mosaico dice lo nuclear de este pasaje evangélico: nada es posible sin Jesús, como él mismo enseña a los apóstoles «porque separados de mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Jesús nos manda echar las redes, pero no quiere que desesperemos al constatar nuestro fracaso en la pesca, sino que mantengamos la fe en que él puede hacer lo que nosotros no podemos. Por tanto, sólo él nos libra de culpabilizar nuestra conciencia cuando el seguimiento es pasión de amor sin otro interés que el de Jesús, venciendo la concupiscencia que mueve la envidia ante los logros de los demás hermanos, a los que necesitamos desacreditar y descalificar para eliminarlos como obstáculo que impide nuestro protagonismo en exclusiva. En el discipulado de Jesús no cabe una rivalidad movida por el deseo de poder y el manejo que manipula y subyuga sometiendo incluso por acoso y derribo, para que cuanto peor le vaya a mi hermano mejor me va a ir a mí. Esta tentación la tenemos desde el principio en movimiento, pero sólo tiene la respuesta de Pablo: «Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer» (1Cor 3,6).

Las rivalidades y las envidias han sido causa de muchos sufrimientos para mí como para tantos hermanos, y ante esto sólo me queda decir con el Apóstol que «me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro» (Col 1,24-25a). Aun cuando no fuera justo el sufrimiento que se me ha infligido, tengo firme convicción de que no hubiera sido posible sin la complicidad de quienes lo han provocado, sé que obedeciendo sigo el camino de Cristo. Así, anunciando a Cristo, mi tarea apostólica es la de lograr por su gracia que «todos alcancen la madurez de la vida en Cristo: ésta es mi tarea en la que lucho denodadamente con la fuerza que Dios me da» (Col 1,28-29). Que Dios me lo conceda por la intercesión de Nuestra Señora. Amén.

 

  1. A. I. Catedral de la Encarnación

Almería, a 5 de julio de 2021

[1] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 23.

[2] Cf. J. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39) (Salamanca 2015) 222-226.

[3] Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exultate, n. 37.

HOMILÍA EN EL XXIV ANIVERSARIO DE LA CONSAGRACIÓN EPISCOPAL

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Lecturas bíblicas: Is 6,1-8; Sal 39,2.4.7-10 (R/. «Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad»); Col 1,24-29; Aleluya: Mc 1,17 («Venid conmigo -dice el Señor- y os haré pescadores de hombres»); Lc 5,1-11

Queridos hermanos sacerdotes, religiosas y seminaristas; y queridos fieles laicos; Queridos hermanos y hermanas:

Se cumple hoy por la misericordia de Dios el XXIV Aniversario de mi consagración episcopal en la Catedral del Salvador de Ávila. Cinco años después dispuso el Señor que fuera trasladado a esta Iglesia de Almería, donde se cumplen el próximo día 7 del corriente diecinueve años ejerciendo el ministerio apostólico como pastor de esta Iglesia particular, en la que el Señor ha querido que fuera fundamento visible de su unidad y vínculo de comunión eclesial[1].

Han sido años ilusionados de generosa dedicación al ministerio pastoral sin reservas, años fructíferos que han hecho posible un cambio muy profundo de las condiciones de una Iglesia diocesana que, a mi llegada, requería estructuración y consolidación espiritual y material, sucediendo en el tiempo el ministerio de mi venerado predecesor, al que cumplió esforzarse con denuedo por el crecimiento espiritual del presbiterio, apenas salido de unas décadas de especial dificultad tras la crisis posconciliar. A él correspondió trasladar la comunidad de seminaristas mayores a la capital diocesana, devolviéndola a Almería después de un cuarto de siglo en Granada, hondamente afectada por la crisis eclesial.

Ha sido decisión conscientemente asumida continuar la labor de mi predecesor y consolidar los logros de su pontificado, apostando con mi propio genio y saber por todo cuanto han exigido de mí los años que me ha tocado ser pastor de esta Iglesia

Por mi parte, ha sido decisión conscientemente asumida continuar la labor de mi predecesor y consolidar los logros de su pontificado, apostando con mi propio genio y saber por todo cuanto han exigido de mí los años que me ha tocado ser pastor de esta Iglesia, que me es tan amada, con la que el Señor quiso desposarme. Los textos sagrados que hemos escuchado iluminan el ejercicio de mi servicio pastoral con la luz de la revelación divina que esclarece la naturaleza del ministerio como institución de fundación divina.

El impresionante y sobrecogedor relato de la vocación de Isaías esclarece la iniciativa divina en la vocación profética, que requiere aquella santidad que evocan tanto la trascendencia de Dios aludida por el carácter elevado y excelso del trono divino como el aleteo de los serafines de seis alas que sobrevolaban el trono. Con dos alas se cubrían el rostro por temor de ver al Dios de Israel, cuya santidad se expresa en su trascendencia sobre la realidad creada; con dos alas se cubrían el cuerpo y con dos alas se cubrían los pies, evitando el contacto con lo profano, si por tal se entiende el mundo marcado por el pecado, concepto que se prolonga en el evangelio de san Juan. ¿Cómo no evocar los discursos del adiós de Jesús en el cuarto evangelio? Jesús ora por sus discípulos, porque «ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo. No te pido los retire del mundo, sino que los guarde del Maligno» (Jn 17,14-15).

La santidad de Dios es proclamada por los serafines que gritan uno al otro: «Santo, santo, santo, Señor de los Ejércitos, llena está la tierra de tu gloria» (Is 6,3). Isaías tiene un particular interés en reivindicar en su predicación la santidad de Dios. El profeta no es contrario al culto, como podría hacer pensar su dura crítica a la vaciedad de un culto que honra a Dios con los labios, pero el corazón de los que le rinden culto está lejos él (cf. Is 29,13), pasaje de Isaías que Jesús recordará para prolongar la crítica del profeta, censurando un culto carente de contenido por su vaciedad y contrario a la honda verdad de los preceptos divinos (cf. Mc 7,6-7→ Mt 15,8-9). El verdadero culto practica la alabanza y la súplica, en las que el hombre reconoce que sólo puede vivir si cumple los mandamientos de Dios y confiesa su señorío sobre la creación y la historia de la humanidad; y si acude a Dios como al único Dios de misericordia que puede rescatar al ser humano de su condición pecadora.

Es aquí donde se ubica la experiencia de Dios tremenda y fascinante del que toma conciencia de la santidad de Dios y de la propia condición pecadora. El profeta exclama: «¡Ay de mí, estoy perdido! Yo, hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos la Rey y Señor de los ejércitos» (Is 6,5). Es la experiencia de quien es llamado al ministerio y se siente pequeño y pecador, hombre de labios impuros, llamado a proferir la palabra de la salvación. Aunque algunos comentaristas discuten que este pasaje de Isaías sea específicamente vocacional y afirman que, más bien, se trata de un texto de encomienda de una determinada misión divina a Isaías, relacionada con la amenaza que para Judá representa la guerra de ríos y samaritanos en torno al año 734, lo importante es la experiencia en sí de Dios que llama y encomienda un cometido que no es posible llevar a cabo sin el mandato divino, y sin el acercamiento a la santidad de aquel que envía y es todo santo[2]. Por eso, aunque uno es hombre de labios impuros, Dios purifica al que envía tocando los labios del profeta con un carbón encendido y le dice: «Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está expiado tu pecado» (Is 6,7).

A lo largo de mi ministerio entre vosotros he puesto un particular empeño en la necesidad de santidad que tenemos todos los ministros ordenados, puestos al servicio de la santificación del pueblo de Dios. Para ello se hacía necesario lograr una formación acorde con la mente de la Iglesia y la necesidad pastoral de cada momento y situación

A lo largo de mi ministerio entre vosotros he puesto un particular empeño en la necesidad de santidad que tenemos todos los ministros ordenados, puestos al servicio de la santificación del pueblo de Dios. Para ello se hacía necesario lograr una formación acorde con la mente de la Iglesia y la necesidad pastoral de cada momento y situación, teniendo en cuenta que la caridad pastoral de los sacerdotes define el espíritu sacerdotal, alejando a quienes han sido llamados al ministerio de una lenta pero progresiva asimilación al trabajo contractual marcado por reivindicaciones que de hecho estrechan el corazón del pastor. Una asimilación que sigue hoy creciendo desvirtuando la naturaleza del servicio sacerdotal; y de ahí la necesidad señalada por el Papa llamando a una verdadera “conversión pastoral”: conversión que algunos vacían de contenido evangelizador, para diluir el ministerio en un servicio de múltiple uso similar a la intendencia y la logística de las organizaciones benefactoras.

Vivimos una situación de caída de las vocaciones sacerdotales y ministeriales en general, de pérdida de las vocaciones a la vida consagrada, y de sólo podremos salir de esta crisis con el empeño de todos los diocesanos y sin escatimar compromisos y medios. Las vocaciones sacerdotales y la formación sacerdotal tienen su lugar propio en la diócesis. Siempre se ha dicho con acierto: ignorar los errores del pasado es arriesgarse a repetirlos, o peor aún: predisponerse a cometerlos de nuevo. Por otra parte, la vocación al sacerdocio se fortalece con fidelidad a la tradición apostólica, del mismo modo que la vida consagrada no puede ser despojada de los consejos evangélicos. Proponerlo así, favorecerlo poniendo los medios necesarios e ilusionando a los jóvenes con las vocaciones de especial consagración ha sido una constante de mi ministerio pastoral.

Del mismo modo, que he procurado una pastoral familiar basada sobre la antropología del matrimonio fundado sobre la unión de un varón y de una mujer, que ofrece la revelación divina como origen de la familia, que toma nombre del mismo misterio de comunión entre personas divinas que se dan en Dios uno y trino. El clericalismo del laicado lo distrae de su cometido propio en la acción evangelizadora de la Iglesia, por mucho que se apele a cuánto pueden hacer los laicos para suplir la insuficiencia de sacerdotes y diáconos. La enseñanza del Vaticano II es clara sobre este importante cometido: los laicos están llamados a llevar el evangelio a los asuntos temporales, y ser al mismo tiempo colaboradores del ministerio pastoral sin un clericalismo engañoso. Los ministerios laicales son un campo más rico de lo que habitualmente estamos acostumbrados a admitir, y el Papa acaba de enriquecer los cometidos del laicado en la acción pastoral de la Iglesia dando estatuto al ministerio del catequista, basándose en que este es un ministerio antiguo y permanente en la acción evangelizadora de la Iglesia.

La asimilación del evangelio a la mente del mundo sólo trae consigo amoldar la vida de la Iglesia a imagen del mundo.

He querido en estos años responder a la exhortación de Cristo a los Apóstoles para que convertidos en pescadores de hombres cosecharan unas redes abundantes. Esto no se logra, ciertamente, ocultando la fe para conjurar el escándalo de la cruz, ni acomodando a los deseos de cada generación el anuncio del Evangelio. La asimilación del evangelio a la mente del mundo sólo trae consigo amoldar la vida de la Iglesia a imagen del mundo. Si se pierde la fe en la encarnación del Verbo, viendo en ella una expresión meramente simbólica del dogma de Cristo, de forma que Jesús se convierta en paradigma del sentimiento religioso común a la humanidad en proceso de secularización definitiva; si hacemos de Cristo un maestro de coherencia ética o de moral convergente con lo que le es posible aceptar como correcto a la mera razón; o bien cambiamos a Cristo por un reformador social, aspiración de tiempos no lejanos; si esto sucede, entonces la Iglesia ha perdido para siempre su futuro, porque otros cumplirán que ella con estos programas de cristología “al uso del tiempo” sin tomar como pretexto a Cristo Jesús.

Este denunciado por el Papa Francisco es de verdad una tentación que ronda al cristianismo débil y sin estridencias, al populismo ideológico o pauperista de ayer y hoy, porque lo que cambia es sólo el contexto de cada época. Por eso conviene recordar estas palabras de Francisco: Los gnósticos «conciben una mente sin encarnación, incapaz de tocar carne sufriente de Cristo en los otros, encorsetada en una enciclopedia de abstracciones. Al descarnar el misterio finalmente prefieren “un Dios sin Cristo, un Cristo sin Iglesia, una Iglesia sin pueblo”»[3].

Cristo manda a Pedro remar mar adentro y Pedro le dice que han pasado toda la noche sin coger nada, y añade: «pero por tu palabra, echaré las redes» (Lc 5,5).  La pesca resultó copiosa en exceso como para llenar dos barcas y, una vez más, parta que Pedro confesara con su sincera humildad: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador» (Lc 5,8). En el mosaico de Marko Rupnik en la capilla de la sucesión apostólica de la Conferencia Episcopal, vemos que mientras los apóstoles echan las redes es Jesús quien les va metiendo en ellas los peces. Esta feliz escena del mosaico dice lo nuclear de este pasaje evangélico: nada es posible sin Jesús, como él mismo enseña a los apóstoles «porque separados de mí, no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Jesús nos manda echar las redes, pero no quiere que desesperemos al constatar nuestro fracaso en la pesca, sino que mantengamos la fe en que él puede hacer lo que nosotros no podemos. Por tanto, sólo él nos libra de culpabilizar nuestra conciencia cuando el seguimiento es pasión de amor sin otro interés que el de Jesús, venciendo la concupiscencia que mueve la envidia ante los logros de los demás hermanos, a los que necesitamos desacreditar y descalificar para eliminarlos como obstáculo que impide nuestro protagonismo en exclusiva. En el discipulado de Jesús no cabe una rivalidad movida por el deseo de poder y el manejo que manipula y subyuga sometiendo incluso por acoso y derribo, para que cuanto peor le vaya a mi hermano mejor me va a ir a mí. Esta tentación la tenemos desde el principio en movimiento, pero sólo tiene la respuesta de Pablo: «Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer» (1Cor 3,6).

Las rivalidades y las envidias han sido causa de muchos sufrimientos para mí como para tantos hermanos, y ante esto sólo me queda decir con el Apóstol que «me alegro de sufrir por vosotros: así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia, de la cual Dios me ha nombrado ministro» (Col 1,24-25a). Aun cuando no fuera justo el sufrimiento que se me ha infligido, tengo firme convicción de que no hubiera sido posible sin la complicidad de quienes lo han provocado, sé que obedeciendo sigo el camino de Cristo. Así, anunciando a Cristo, mi tarea apostólica es la de lograr por su gracia que «todos alcancen la madurez de la vida en Cristo: ésta es mi tarea en la que lucho denodadamente con la fuerza que Dios me da» (Col 1,28-29). Que Dios me lo conceda por la intercesión de Nuestra Señora. Amén.

S. A. I. Catedral de la Encarnación

+ Adolfo Gonzalez Montes, Obispo de Almería

Almería, a 5 de julio de 2021

Ilustración. Ánimo. Soy yo (2011). Marco Ivan Rpnik. Mosaico de la Capilla de la Sucesión Apostólica de la Conferencia Episcopal Española. Madrid.

[1] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 23.

[2] Cf. J. Blenkinsopp, El libro de Isaías (1-39) (Salamanca 2015) 222-226.

[3] Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exultate, n. 37.

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Yo firmo el testamento vital

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La Conferencia Episcopal Española anima a firmar el testamento vital (descargar en word).

El testamento vital es la expresión escrita de la voluntad de un paciente sobre los tratamientos médicos que desea recibir, o no está dispuesto a aceptar, en la fase final de su vida. El testamento vital también especifica que se administren los tratamientos adecuados para paliar los sufrimientos, pero que no se aplique la eutanasia.

¿Sabías que las campanas tienen también una función litúrgica?

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El Bendicional en su número 1142 nos recuerda que las campanas sirven para: «… convocar al pueblo cristiano para la asamblea litúrgica… (…) El tañer de la campana es, de alguna manera, la expresión de los sentimientos del pueblo de Dios, cuando este pueblo exulta o llora, da gracias o suplica, se congrega y pone de manifiesto el misterio de su unidad en Cristo».

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Javier Martínez: «Me encantaría seguir estudiando Teología»

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Javier Martínez Medina (Málaga, 1981) es maestro especializado en Educación Física, trabaja en el Colegio de la Asunción, en Pedregalejo, y pertenece a la parroquia de San Antonio de Padua. Este año ha concluido los estudios como Bachiller en Ciencias Religiosas, en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Pablo, en Málaga, una experiencia formativa que recomienda.

¿Cómo comenzó los estudios en Ciencias Religiosas?

Hace algunos años sentí la vocación al sacerdocio y me fui a un Seminario a Washington, en Estados Unidos. Después de un curso intensivo de inglés, comencé los estudios de Filosofía y Teología. Estuve casi cinco años en Estados Unidos pero en ese proceso de discernimiento del Seminario me fui dando cuenta de que no era mi vocación y me volví a Málaga. Entonces pensé que era una pena dejar esas asignaturas perdidas y decidir continuar los estudios aquí. El director, Gabriel Leal, me ayudó mucho a convalidar las asignaturas y seguir cursando las que me faltaban. Era un tema que me estaba interesando, aunque nunca me había planteado estudiar Teología hasta que llegué al Seminario pero, una vez que comencé, descubrí una carrera muy bonita e interesante en la que aprendí muchas cosas que desconocía. Tenía ideas equivocadas y me faltaban argumentos sobre temas de fe y magisterio, pero después de los estudios entiendes muchas cosas de lo que se hace y se dice en la Iglesia.

¿Qué destacaría del tiempo que ha estado estudiando en el Centro Teológico de la diócesis?

Destacaría la calidad del profesorado, muchos me han sorprendido, son auténticos especialistas en su materia. Por otro lado, también destacaría el compañerismo. He conocido a muy buenas personas. En el centro se crea un ambiente muy bueno entre personas de distintas edades.

¿Qué supuso para usted cerrar esta etapa con el examen de Síntesis Teológica?

La verdad es que ha significado mucho. El día antes del examen estuve recordando todos los años que he dedicado a ello, desde que comencé en Estados Unidos. Recordé muchos momentos muy buenos del Seminario, y los ocho años que he dedicado a completarlos en Málaga. La Síntesis Teológica me ha venido muy bien para recuperar y recordar muchas enseñanzas de las primeras asignaturas que estudié. Hacer el examen me ha ayudado mucho a tener una visión global de todo y sacar provecho de tantos temas diferentes como se tratan en estos estudios universitarios.

¿Le han ayudado los estudios en su vida, han tenido algún eco en ella?

A mí me han ayudado. Podría parecer que son solo teoría y que la fe es algo más relacionado a los hechos concretos de tu vida, pero esta formación me ha ayudado a ver y entender mucho sobre Dios, la Iglesia, los sacramentos… Todo tiene un fundamento en la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia. Realmente es muy bueno tener este conocimiento para entender y dar razón de nuestra fe.

Los laicos tenemos poco tiempo, aún así, ¿recomendaría a los lectores que se informen y se lancen?

Sí, por supuesto. Es cierto que se necesita tiempo para estudiar y hay que sacarlo de donde sea pero merece mucho la pena y es una formación que yo recomendaría a todo el mundo porque descubres muchas cosas que desconoces. Y si no tienes mucho tiempo, no pasa nada, porque puedes matricularte de algunas asignaturas e irlas cursando poco a poco, al ritmo que cada año puedas. Al final terminas muy contento. 

¿Continuará la formación?

Me lo estoy planteando. Los estudios de Teología, en sí, me han resultado muy interesantes. El tiempo que tengo no es mucho, pero me encantaría seguir. Este verano me lo voy a pensar e intentaré seguir adelante con algo más.

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Nuevos miembros del Consejo de Asuntos Económicos reciben su nombramiento

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José Marcos Balboteo Martos, Pablo Pastor Vega y María Victoria Díaz Santaolalla han realizado el juramento y profesión de fe como nuevos miembros del Consejo de Asuntos Económicos durante la reunión del pleno celebrado el 6 de julio.

El Consejo de Asuntos Económicos (CAE) es un órgano especializado que se ocupa, como su propio nombre indica, de los temas relativos a la administración. Como señala el secretario general de la Diócesis de Málaga, Francisco García Villalobos, «está compuesto por técnicos, especialistas en derecho y economía, cuya permanente se reúne mensualmente, y que cumplen un servicio de asesoramiento y control de las distintas inversiones que realiza la Diócesis. El pleno se ocupa, además, de aprobar el balance y los presupuestos anuales».

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El Obispo de Jaén anima a los fieles a rezar por el Papa para su completo restablecimiento

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El pasado domingo, el Papa Francisco fue sometido con éxito, a una operación quirúrgica. Se trataba, según informó la oficina de Prensa de la Santa Sede, de una estenosis diverticular de sigma, de la que ya se recupera de forma satisfactoria en planta en el Policlínico Gemelli de Roma.

El Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro, ha expresado públicamente que está pendiente de la evolución del Santo Padre, y pide a los fieles de la Diócesis que recen por la salud del Sumo Pontífice, sucesor de Pedro y cabeza de la Iglesia.

No es la primera vez que el Obispo jiennense ha mostrado su afecto por el Papa Francisco, ya en el año 2017 y con motivo del día de San Pedro y San Pablo, Don Amadeo escribió una Carta Pastoral que tituló, «Jesucristo, la Iglesia y el Papa» en la que pedía a los diocesanos rezar por Francisco en el Día del Papa.

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