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Fallece la Madre Escolapia Margarita Ribeiro Nune-Pereira

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La misa exequial será mañana, lunes 28 de junio, a las 10:00 horas, en la Comunidad Escolapia de Madre de Dios, de Córdoba

Fallece la Madre Escolapia Margarita Ribeiro Nune-Pereira, quien fuera cara visible y acogedora en el Obispado de Córdoba, donde desarrolló labores de recepcionista durante muchos años. La Misa exequial tendrá lugar mañana lunes, 28 de junio, a las 10:00 horas, en la Comunidad Escolapia de Madre de Dios, de Córdoba.

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Seis nuevos sacerdotes para la Diócesis de Cartagena

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Esta tarde ha tenido lugar en la Catedral de Murcia la ordenación sacerdotal de Jaime Palao Rubio, Miguel Ángel Sanchíz Díaz, Álvaro José Maury Peñalver, Pablo García Félix, Daniel Aparicio Martínez y José Fulgencio Aguilar Tárraga. A las 18:00 horas comenzaba la celebración presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, con un aforo reducido. Participaban también en la celebración el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; así como los rectores y formadores de los seminarios, y un nutrido grupo de sacerdotes.

Después de la proclamación del Evangelio ha tenido lugar el escrutinio en el que el obispo ha preguntado a los rectores de los seminarios San Fulgencio y Redemptoris Mater si los candidatos eran considerados dignos, tras la respuesta afirmativa, Mons. Lorca ha elegido a los seis candidatos para el Orden de los Presbíteros.

«Hoy, por la imposición de mis manos, el Señor dará un giro nuevo, admirable y sorprendente a vuestra historia, por eso, estamos contentos y os felicitaremos de corazón». Con estas palabras comenzaba el obispo de Cartagena su homilía, recordando que las ordenaciones sacerdotales de estos jóvenes se realizaban en la solemnidad de san Pedro y san Pablo, celebraba hoy en fiesta adelantada en la Diócesis de Cartagena. Por este motivo Mons. Lorca ha animado a los presentes a orar por el Papa Francisco y a colaborar económicamente en la colecta de hoy para el Óbolo de San Pedro, destinada a las obras de caridad realizadas por el Santo Padre.

El obispo ha recordado a los ordenandos que la santidad es su meta, «ser santos sacerdotes», y que el resto de sus vidas será «un tiempo de respuesta y de conversión al Señor». Mons. Lorca ha animado a los seis jóvenes en la tarea que les espera en el desarrollo de su ministerio sacerdotal: «No temáis, no vais a estar solos, vuestro valedor y vuestra fuerza está en el Señor, solo en el Señor, y no caigáis en la trampa de pensar que no necesitaréis a nadie, como si fuerais superhéroes, porque todos sabemos que solos no podréis vencer las potencias del mal». Les ha exhortado también a sentirse hermanos del presbiterio que hoy les acoge: «Nunca perdáis los vínculos de la fraternidad y de la amistad con el presbiterio diocesano, que nunca os distanciéis de los sacerdotes, porque son vuestros hermanos, ni del obispo, que es el garante de la comunión».

Tras las promesas sacerdotales, el rito de la Ordenación ha continuado con la letanía de los santos, con los seis diáconos postrados en el suelo en oración. Más tarde ha tenido lugar la imposición de manos del obispo, y después del resto de sacerdotes presentes, y la oración consagratoria, momento central de la celebración en el que se confiere el Orden Sacerdotal. Tras esto, los seis nuevos presbíteros han sido revestidos con la estola (ahora sobre los hombros) y la casulla; el obispo ha ungido sus manos con el Santo Crisma, signo del carácter sacramental de la ordenación; y les ha entregado la patena y el cáliz. Con el abrazo de paz del obispo y el gesto de acogida del resto de los sacerdotes, como señal de admisión en el ministerio, ha concluido el rito de la ordenación, y Álvaro, Miguel Ángel, José Fulgencio, Pablo, Jaime y Daniel se han incorporado al presbiterio, concelebrando por primera vez junto al obispo.

Al final de la celebración, el obispo ha pedido oración por las vocaciones sacerdotales: «Merece la pena una entrega generosa, ninguna seducción del mundo se puede comparar con la experiencia de seguir a Cristo Resucitado».

Homilía del obispo de Cartagena

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Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús: Visita a nuestro obispo y Ejercicios Espirituales en julio 2021

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Fraternidad obispo 21

 

UNA VISITA MUY IMPORTANTE

Vea también:

– Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús.

El viernes, 25 de junio, hemos tenido un encuentro muy importante para la Fraternidad:

La visita al Obispo de la Diócesis de Canarias

Fraternidad obispo 21

A la llegada a la isla nos trasladamos a Tafira Baja, al Centro de Pastoral de la Diócesis, para ver las instalaciones donde se va a realizar el retiro del próximo fin de semana, ante las próximas consagraciones en esa isla. Nos llevamos muy buena impresión tanto por la acogida como por las instalaciones del edificio.
A las 12:00, hora de la cita con Monseñor Don José Mazuelos, nos encontramos en la puerta del obispado con Don Juan Carlos Arencibia, párroco de San José Artesano y Doña Margarita Santana, Servidora responsable de la pequeña Fraternidad de está Diócesis.
Ya en la sala de visitas donde nos recibió el Obispo, la conversación fue un rato distendido en el que le presentamos nuestro carisma y nos pusimos a su disposición en lo que la Iglesia nos necesite. Por su parte también nos ofreció su apoyo para que esta obra del Señor siga adelante. Al final nos impartió su bendición, extensiva a toda la Fraternidad de Servidores del Corazón Sacerdotal de Jesús

Ya por la tarde, después del almuerzo, una visita obligada a nuestros queridos monjes benedictinos.
Y de nuevo al aeropuerto para volver a casa.

Un día bendecido por el Señor.

EJERCICIOS ESPIRITUALES

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Para todos los que quieran participar de las Pequeñas Fraternidades de Gran Canaria, Tenerife y La Palma.

Fecha: Con motivo de las próximas consagraciones en Gran Canaria, tendremos un Retiro espiritual desde las 18:00 h del viernes  día 2  de julio de 2021 a las 18:30 h del domingo día 4 de julio.

Lugar: Centro Diocesano de Pastoral en Tafira-Las Palmas de Gran Canaria.

Será una buena oportunidad para revivir las claves espirituales de nuestra consagración al Corazón Sacerdotal del Jesús. No sólo es para los próximos consagrados, sino para todos los demás que deseen aprovechar esta oportunidad de silencio y oración en clave del Corazón de Cristo.

Límite para inscribirse: Martes día 29 de junio de 2021.

Quien deseen información de Tenerife o La Palma llamar a la Servidora General Mari Conchi. De Gran Canaria llamar a la Servidora de Zona Margarita.   Si alguno tiene dificultad económica comentarlo con las encargadas de la inscripción. En comunión de oraciones ante el Corazón Sacerdotal de Jesús. 

Artículos relacionados:

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Seis jóvenes sacerdotes para un nuevo tiempo

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Esta tarde, tendrá lugar en la catedral de Murcia, a las 18:00 horas, la Ordenación Sacerdotal de seis jóvenes, que podrá seguirse por el canal de YouTube de la Diócesis.

Se habla de tiempos difíciles, época de sequía y frío invernal. Pero, aunque lo parezca, no estamos hablando de pandemias, cambio climático o del problema en el Polo Ártico, sino de la Iglesia, y de forma más específica de sus vocaciones. Existe una gran riqueza espiritual dentro de esta Diócesis de Cartagena y fruto de ello es la celebración de este domingo en la que Daniel Aparicio, Jaime Palao, Pablo García, José Fulgencio Aguilar, Miguel Ángel Sanchíz y Álvaro José Maury recibirán el sacramento del Orden Sacerdotal.

La llamada vocacional a veces es impactante y otras veces sibilina; unas se percibe nada más romper el primer diente y otras con la caída del mismo. De una forma u otra, siempre es una sorpresa y una alegría inesperadas. Ejemplo de ello es el testimonio de Daniel Aparicio: «Mi vocación en realidad, surge antes de que yo naciera. Tendríamos que retroceder a cuando mi abuela le pide a Dios que, si puede ser, le conceda un hijo o un nieto sacerdote. La fe siempre la he vivido de forma muy intensa. Hay quien el Señor le muestra de una forma muy directa: “Mi voluntad es esta”. Hay otros que tienen que vivir de la fe, y yo me situaría entre medio porque es verdad que el Señor me ha dado muchas luces».

A menudo nos llegan imágenes de un Londres sombrío, lluvioso y nublado, pero, ¿acaso no sale nunca el sol en la ciudad británica? Claro que sí, pero todos tenemos en mente el estereotipo. Igual sucede con aquellos que entregan su vida al servicio de la Iglesia: no se es sacerdote cuanto más bueno es uno, sino cuanto más te has encontrado con un amor que no defrauda. Y es que se olvida con facilidad que la Iglesia no es «un escaparate de santos» sino «un hospital de campaña», como refleja la vida de Miguel Ángel: «Yo con 17 años vivía una total desconfianza en casa hacia mí, porque yo la había creado. Trataba mal a mis padres, hablaba fatal, siempre desobedeciendo… Todo esto cambió, escuchando el canto de Oh Jesús, amor mío, que es un canto de adoración eucarística que dice “Tú has recibido los insultos y los desprecios de mí, para que yo reciba la bendición de ti”. Y ver que el Señor respondía a mis mentiras, a mi lujuria, a mi soberbia con amor, bendición, cariño, muriendo por mí… Pues eso fue lo que, mirando la cruz, me cambió».

Y es que no hay mayor alegría en este mundo que vivir en paz, que no es sinónimo de tumbarse en una hamaca en la playa escuchando las olas del mar, sino más bien de entrar en la voluntad de Dios como recuerda Pablo: «Cuando puedes descansar y decir: “¡Ya está Señor! Hágase tu voluntad”, todo cambia. El sufrimiento lo experimentas y lo vives de una manera totalmente distinta, desde otra perspectiva. Cuando ves que lo que Dios te pide, de verdad es lo que te llena, en los momentos de sufrimiento a mí lo que más me ha ayudado ha sido salir de mí y decirle al Demonio –que es el que nos ataca-: “¿Sí? ¡Pues ahora te vas a enterar, Demonio!”. Y ponerte a servir, ponerte a ayudar a la gente, ponerte a ajetrearte».

Estos jóvenes son el reflejo de una Iglesia de Cartagena viva y joven, una nueva generación sacerdotal que ha sido tocada por Cristo, «probada al crisol» y entrenada en sus correspondientes seminarios. Pero la vida es igual para laicos, religiosos y consagrados: las borrascas llegan cuando menos te las esperas, lo importante es resistir bien amarrado para no perecer, y si ya tenemos experiencia, al menos lo que venga, no nos pillará desprevenidos. Jaime es testigo de ello: «Empezaron a caerse muchas ilusiones que tenía sobre mí. Era poco realista conmigo mismo y no se puede querer servir al Señor sin conocerse a uno mismo, porque si no, al final, las cosas se caen. Y a mí el Señor me ayudó mucho a ver que mi corazón también está herido por el pecado y que no puedo querer ir a rescatar a nadie si no veo que el primero que ha sido rescatado he sido yo. El Señor me regaló poder conocerme a través de ciertos sufrimientos, a través de ciertos pecados que me ayudaron a ver que Él es misericordioso y que la obra que el Señor quiere hacer, la tiene que hacer Él y no yo. A todo esto, me ayudó el tiempo de seminario: un tiempo para desprenderme de muchas cosas y de muchas personas para poder, yo solo, delante del Señor, decir que sí y poder sellar esa llamada».

«Todos estamos llamados a abajarnos, porque Jesús se abajó y se hizo siervo de todos», dijo el Papa Francisco dirigiéndose a sus diáconos de Roma. El tiempo de misión y de ministerio diaconal es la antesala por la que pasa todo sacerdote antes de ungir sus manos; es como la brisa fresca al amanecer tras una calurosa noche de verano, que todos viven con alegría, al igual que Álvaro: «Este año fue un año maravilloso, un año hermoso, donde el Señor me regaló poder estar en Tierra Santa, también conocer Egipto y Jordania. Después estuve otro año en Bolivia, en la selva… Son ciudades muy hermosas, muy bonitas y la gente muy encantadora, pero son ciudades poco desarrolladas. Cuando el obispo me confirió el diaconado fui destinado a Caravaca, donde el Señor me ha regalado servir, dando la vida por el otro. De igual modo, he podido ver la realidad parroquial, donde el día a día es diferente a lo estudiado».

Cada uno de estos jóvenes diáconos muestra la importancia de la valentía cristiana, fruto de la humildad de saberse pequeños y pecadores, un gran escudo para la armadura de combate necesaria para luchar contra viento y marea, ante cualquier temporal que no admite la posibilidad de la duda, como recuerda Daniel: «¡No podemos dudar! Siempre hay que vivir de la fe, pero es verdad que no podemos dudar, porque la misericordia de Dios es muy grande y porque hay muchas personas que han pedido al Señor por nosotros, en concreto por mí, en concreto por cada uno, con nombres y apellidos».

Más allá del sentimiento, queda la esencia de sus vocaciones: una experiencia viva que les ha cambiado la vida.

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Ha partido a la casa del Padre el presbítero Agustín Yanes Valer

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La mañana de este domingo 27 de junio fallecía en el hospital s. Juan de Dios el sacerdote Agustín Yanes Valer. Nombrado por el papa Benedicto XVI prelado de honor de Su Santidad por su dilatado servicio en favor de las personas con diversidad funcional auditiva.

La Misa Exequial será el lunes 28 de junio a las 13 horas en la Catedral. La capilla ardiente se encuentra en el tanatorio de Servisa.

Agustín Yanes Valer nació en La Habana, Cuba, el 26 de febrero de 1929, hijo de padres españoles, que regresaron a Tenerife cuando el niño tenía siete meses. A los cinco años tuvo una enfermedad infecciosa y quedó sordo.

A los 27 años viajó a Madrid con la intención de operarse los oídos y poder ingresar en el Seminario, pero la operación no fue bien. Ingresó en la Facultad de Bellas Artes, en donde estuvo seis años y se licenció.

Terminados los estudios de Bellas Artes, Agustín, como miembro de la Acción Católica de Sordos fue a Valladolid a dar una charla, y conoció al arzobispo D. José García Goldáraz, el cual se interesó por su problema y deseos sacerdotales y se ofreció a llevar a la Santa Sede la solicitud. Consiguió las dispensas necesarias…

Después de un largo proceso fue ordenado el 30 de Abril de 1967 en la catedral de Valladolid y celebró su Primera Misa en la Iglesia de San Francisco el Grande, en Madrid. Se hizo profesor de Educación Especial y trabajó en el colegio «La Purísima», en Madrid, cuya Congregación de Franciscanas siempre le ayudó y animó.

Ha visitado en muchas ocasiones países de Latinoamérica y de Europa, en labor Pastoral con las personas sordas. En reconocimiento a su labor con estas personas, la Universidad de Sordos «Gallaudet» de Washington, le concedió el doctorado honoris causa en letras y humanidades.

Cofundador de la Residencia de Ancianos sordos «Santa María del Silencio, en Cubas de la Sagra, Madrid, de la A.S.P.A.S, (Asociación de Padres y amigos del sordo) de PROAS, (Patronato de promoción y asistencia al sordo) y de la revista «Evangelizar» de Pastoral del sordo y ha publicado varios libros de catequesis y educación especial.

La llamada pastoral del sordo comienza en 1967 en España con la ordenación de Yanes Valer, que trabajó muchos años en la atención a las personas con esta diversidad funcional auditiva. De este departamento fue también responsable en la diócesis Nivariense desde 1997.  Actualmente era Director Honorífico y Emérito de la Pastoral del Sordo de la Conferencia Episcopal Española y vivía en la Residencia sacerdotal de La Laguna.

En el mes de marzo del 2008 el papa Benedicto XVI, a  instancias del departamento correspondiente de la CEE,  le concedió a Yanes Valer el título de Prelado de Honor de Su Santidad. Descanse en Paz.

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Ordenaciones diaconales en la Catedral y nueva app VA Televisión para Android en “Iglesia Noticia”

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Ordenaciones diaconales en la Catedral y nueva app VA Televisión para Android en “Iglesia Noticia”

Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el domingo 27 de junio de 2021, a las 9:45 horas.

En el informativo diocesano “Iglesia Noticia” de esta semana hablamos de las ordenaciones diaconales de cuatro seminaristas del Seminario Mayor San Cecilio que tendrán lugar en una Eucaristía celebrada en la jornada de hoy, día 27, a las 12:30 horas en la Catedral.

Asimismo, damos a conocer la nueva aplicación móvil de la televisión diocesana, VA Televisión, que está disponible para descargar gratuitamente en dispositivos iOs y ahora también para Android.

Hablamos también del 25º aniversario de la Declaración de las virtudes heroicas de D. Antonio Amundarain, fundador del Instituto Secular Alianza en Jesús por María y de las graduaciones de los ciclos formativos que han tenido lugar recientemente en el Centro de Formación Profesional de “La Inmaculada”.

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Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 27 de junio de 2021

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Domingo XIII del Tiempo Ordinario. Ciclo B. 27 de junio de 2021

Continuamos con el evangelista Marcos, que nos presenta en un mismo relato dos milagros que se entrecruzan y que Jesús realiza de manera simultánea en dos escenarios diferentes y hacia dos destinatarios distintos, no dejando de ser significativo que se trate de dos mujeres, que en la época no eran valoradas ni social ni religiosamente.

Estos dos milagros realizados en la misma jornada ponen de manifiesto la intensidad con la que Jesús trabaja por el Reino de Dios y la fuerza con la que este Reino de Dios se está haciendo presente, en nuestras vidas y en el mundo, con la llegada del Señor y Mesías.
Ambos signos o milagros, la curación de una mujer enferma y la resurrección de una niña, ponen de manifiesto el poder de Cristo sobre la muerte del ser humano, mostrándonos así a Jesús más allá de su humanidad: nos lo muestra desde la fe como el Señor y dador de vida.
Nos encontramos en medio del lago de Galilea y en tierra de paganos. Observamos cómo las fuerzas del mal están en el origen del caos, de la debilidad, de los peligros, de los fracasos, de los sufrimientos: de la enfermedad y de la muerte.
Aparece en escena Jesús en medio de una multitud que no le permite estar cerca de los problemas de los más vulnerables y que se convierte en un obstáculo para llegar a los problemas de los necesitados. En todo este barullo de gente aparece una mujer sin salud y empobrecida por gastarse una fortuna en médicos. Los flujos de sangre era una enfermedad que, para la mentalidad judía, suponía una impureza de la persona enferma, que tenía que padecer el rechazo de los demás, teniendo también que vivir en un aislamiento social y religioso. Padecer la frustración de no poder tener hijos, era un añadido que la hundía mucho más, porque ser madre para la mujer de la época era considerarse valiosa en la familia y era también un signo de la bendición de Dios. Si ser mujer conlleva la marginación, el sentirse anulada socialmente, el peso de esa marginación era horrible al añadirse esta enfermedad, que al mismo tiempo le hacía sentirse maldecida por Dios. ¡Cuánto sufrimiento en el corazón! Ella, que se siente impotente y que ya no confía en los médicos, sin embargo, acude a Jesús llena de fe porque considera que es el único que puede sanarla. La mujer anónima se salta la ley y todas las normas, pues nadie la podía tocar ni ella podía tocar a nadie, y se conforma con sólo tocar de manera discreta y sin ser notada el manto de Jesús. No espera que el Señor le preste atención y se interese por ella. El poder de su fe ha sido más grande y sanador que la fe puesta en los remedios de este mundo. Cuando ha sido curada, Cristo la busca y da con ella. No la reprende, sino que la admira por su enorme fe y la bendice. La fe nos permite sentir la misericordia de un Dios que no se avergüenza de nosotros, porque, es al contrario, nos quiere y ayuda.
En medio de esta historia se nos cruza otra, la de un padre con nombre propio, Jairo, un hombre de poder, de prestigio social y religioso por ser el jefe de la sinagoga. Este hombre, que se supone que lo tiene todo para ser feliz y para afrontar todo tipo de problemas de la vida, experimenta la enfermedad de su hija y acude atormentado a Jesús, pero, cuando ha podido llegar a él, por el impedimento que suponía la multitud que lo acompañaba al Maestro, su hija no sólo ha empeorado sino que ha muerto. Sus criados le traen la noticia de su fallecimiento indicándole que ya no hay nada que hacer, por lo tanto, ha muerto también la esperanza. Jesús le pide al padre una única cosa: tener fe.
Jesús se desplaza sin compañía, exceptuando la de sus discípulos de mayor confianza. En la casa donde se encontraba la niña todo huele a muerte, a dolor, a llanto, a tristeza. Nadie tiene poder sobre la muerte, tan solo Dios. Por eso, quienes veían en Jesús a un simple carpintero nunca podía esperar que hiciera signos en los que se manifestara en él el poder de Dios, liberando del sufrimiento a las personas, y menos aún el vencer a la muerte, devolviendo la vida a una niña que se suponía que por su edad debería estar llena de vitalidad. Jesús, cogiendo la mano, tocando la muerte, la levanta de la muerte y la lleva a la vida. Y en aquella casa entró la alegría y la fiesta, porque Dios es dador de vida.
La fe es un tesoro que nos abre las puertas que se cierran a falta de ella. La fe nos hace confiar en Jesús y descubrir que cuando Dios forma parte de nuestra vida, entra en nuestro corazón: ni la enfermedad, ni la muerte, ni la marginación ni los miedos nos arrebatarán la alegría y el gozo que el Dios de la vida nos aporta en un mundo en el que tenemos que afrontar, día a día, el sufrimiento, los peligros, el fracaso, la decepción, el rechazo de los demás. Con el Señor, con la fe, tenemos la fuerza para luchar, para tener esperanza y para no rendirnos, porque la fe y el encuentro personal con el Señor, liberan y te hacen participar del amor de Dios.
Emilio José Fernández, sacerdote
http://elpozodedios.blogspot.com/

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Comentario al evangelio del Domingo XIII del Tiempo Ordinario

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El sacerdote y profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, Miguel Ángel Criado, ayuda a profundizar en el evangelio de este domingo (Mc 5, 21-43).

El evangelio de este domingo ofrece dos relatos entrelazados entre sí –una curación y una resurrección–, que nos muestran a Jesús como fuente de vida, como Aquel que da la vida a quien se abandona con fe en sus brazos y confía en su palabra.

Primero, el evangelista narra el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de Jairo, uno de los jefes de la sinagoga, que suplica a Jesús que vaya a su casa porque su hija se está muriendo. Jesús accede a la súplica con el gesto de ponerse en camino. En el trayecto hace una parada para sanar a una mujer que desde hacía doce años padecía flujos de sangre y se cura tocando el manto de Jesús. Reanudando su marcha hacia la casa de Jairo, llega la noticia de que la niña ha muerto. Pero Jesús le dice: “No temas. Solamente ten fe” (v.36).

Los dos protagonistas de los relatos, el padre de la muchacha y la mujer enferma, presentan dos aspectos comunes, la necesidad de ser curados y la fe-confianza en Jesús. Se trata de dos requisitos fundamentales para ser sanados y acceder al corazón de Jesús.

Hoy el Señor nos hace una doble invitación. Por un lado, nos exhorta a que nos preguntemos de qué cosas tenemos necesidad de ser curados: pecados, dependencias, problemas, etc. Jesús, el Señor, cada domingo se hace el encontradizo en la Eucaristía para que confiemos en Él, fuente de vida, y así escuchar sus palabras: “Yo te digo: ¡Levántate!”. Por otro lado, nos invita a vivir en la certeza de la resurrección. Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, donde reina la vida.

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Homilía del Obispo de Jaén en la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca Ortega

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Querido Antonio:

Con lo que te acaba de decir el Evangelio, ya sabes dónde esta el corazón mismo de tu sacerdocio. No hay nada que explique y sitúe mejor lo que hoy te está sucediendo: que el amor de Cristo que te ha elegido, y solo él sabe por qué; a decir verdad, ni nosotros mismos lo sabemos. Lo que sí sabemos, y con esto basta, es que te ha llamado y elegido porque te ama y quiere enviarte a llevar su amor por los caminos de mundo, quiere que le muestres, como el Buen Pastor, que ama a sus ovejas. Con las preguntas a Pedro, también a ti, como hizo él, quiere encomendarte una misión: que vayas a los que son suyos, a los que Él ama: “apacienta MIS CORDEROS, apacienta MIS OVEJAS”. No hay nadie con más olor a oveja que Jesús.

 

Ser pastor como Jesús es la razón fundamental de nuestro sacerdocio. El sacerdote, en su amor de pastor, participa de su misma afectividad. Estamos llamados a ser pastores con el amor que cada día recibimos de Cristo Jesús. Por eso nuestro ministerio es un servicio de amor (amoris officium). Ese amor de Cristo por su grey se te ha ido grabando, con letras de oro y fuego, a lo largo de tu formación en el seminario; así has conocido que la Caridad Pastoral es esencial en nuestra estructura espiritual y eclesial. Entre todo lo que has tenido que madurar en tu formación, (en la oración, la vida eucarística y sacramental, la convivencia fraterna, el acompañamiento espiritual y el estudio intenso y responsable…) seguramente lo esencial para ti, durante este largo tiempo, ha sido mantener viva esta pegunta personal e íntima de Jesucristo: “¿Me amas?”. Con los hermanos sacerdotes, que hoy te impondrán las manos conmigo, te digo ya desde hoy que en el complejo, amplio y a veces complicado ejercicio del ministerio, has de vivir esa pregunta de amor con toda intensidad. Lo harás, sobre todo, cuando te sientas pequeño, cansado o confuso. Renueva cada día tu respuesta; que será tu jaculatoria diaria: “Señor, Tú conoces todo, Tú sabes que te quiero”. Tú conoces mis luchas, mis debilidades, mis miedos y mis fracasos, hasta conoces mis presunciones; Tú todo lo sabes, hasta mis éxitos, mis consuelos y mis esfuerzos. En todo vivo de tu amor íntimo, personal y confiado.

 

En el Seminario has aprendido a verte en el corazón amoroso de Cristo; continúa siempre mirándote en él y no te valores por otra cosa que no sea por lo que Jesús ha hecho contigo y sabe de ti: no busques conocerte a ti mismo en otras fuentes que no sean el corazón mismo de Cristo. Solo en Él encontrarás la verdad permanente de tu vida. Por eso, no dejes de repetirle, mirándole a los ojos o con la cabeza baja, según te permita mirar tu fidelidad, mayor o menor: “Señor, tú sabes que te quiero”. Sea como sea tu situación, deja que fluya con humildad y sinceridad tu respuesta a la pregunta de amor que te hará Jesús constantemente.

 

Para que se mantenga la pasión de tu caridad pastoral, confía siempre en el Espíritu Santo. Él mantiene vivo tu amor pastoral y contigo sostiene el amor y el compromiso misionero de la porción de pueblo de Dios que te ha sido confiada. Vivir el ministerio sacerdotal en una Iglesia sinodal y misionera, supone confiar en que el Espíritu sostiene y enriquece el sensus fidei del pueblo de Dios y el sensus fidei de los pastores, ambos unidos en el caminar de la Iglesia. El Espíritu Santo estará permanentemente sobre ti y será el animador de un ministerio que asuma y tenga siempre el tono de novedad y valentía creativa que sólo es Él puede dar. El Espíritu siempre nos lleva por los amores preferentes de Cristo.

 

El profeta Isaías, que hoy se ha escuchado en esta asamblea Eucarística, en medio de la cual se celebra tu ordenación sacerdotal, te ha ofrecido la misma Palabra, con los mismos deseos, que un día leyó y asumió Jesús en la sinagoga de Nazaret. Escúchala, Antonio, y rézala con asiduidad. No olvides que Jesús se la aplicó a sí mismo, bajo el amor del Espíritu, que también estará sobre ti. Di tú, entonces: hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír. Dilo para ti y para todos los que estamos aquí reunidos contigo. Haz de este texto una convicción de tu vida sacerdotal.

 

Dedícate como Jesús a identificar y cuidar a aquellos a los que él te envía en tu Iglesia. Muchos estarán perdidos, huidos, o desolados; descubre siempre a los que sufren y muéstrate interesado en todo el sufrimiento que percibas en tus hermanos. Conviértete, con la comunidad a la que sirves, en consolador del dolor y el sufrimiento humano. Sé siempre sensible a los corazones desgarrados, y no juzgues por apariencias ni por tópicos; no olvides que los desastres que se instalan en el corazón son terribles y muy destructivos. Cuando mires a tu hermano herido ten siempre en cuenta que no hay nada más de Dios que el perdón, la misericordia y la salvación. Por eso, un cristiano nunca debe de banalizar términos como misericordia y perdón. Eso, porque es de Dios, pertenece a nuestra mirada pastoral que siempre ha de ser redentora en Cristo.

 

Trabaja, en definitiva, por el Reino. No olvides que tu oficio, aunque tenga actividades imprescindibles de culto, espiritualidad, evangelización, de formación, de servicio de la caridad, etc.  Si no tiene el fin mismo de la Iglesia, solo será un hacer por hacer. Todo en tu ministerio está al servicio del Reino de Dios. Somos Iglesia del Señor para llevar unidos el Reino a este mundo. Por eso, aprende y practica con tus comunidades nuevas formas de convivencia humana, formas de fraternidad universal. Comparte y transmite la ilusión de una transformación social que haga este mundo digno de Dios y de la vida de los seres humanos.

 

Y hazlo todo, Antonio, en la Iglesia del Señor. No olvides que el camino para nosotros es el de la sinodalidad de la Iglesia, que es su esencia y su modo de ser; pero una sinodalidad que sea profecía para el mundo de hoy. Recuérdalo siempre, tú estás en ella, no sobre ella ni fuera; es tu Iglesia, y nosotros actuamos en su nombre, en su corazón, en su estilo, aunque a veces haya cosas que no nos gusten, porque no las hacemos bien e incluso las hacemos muy mal. Le dice Pablo a los de Mileto: “Tened cuidado de vosotros y del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar como pastores de la Iglesia de Dios, que Él adquirió con su propia sangre”. Procura situar muy bien la Iglesia en tu corazón y en tu ministerio. No eres un funcionario ni un asalariado, ni una pieza en una empresa; eres un miembro situado, espiritual y sacramentalmente, en el Cuerpo de Cristo. En una Iglesia sinodal eres un hermano con una misión y un servicio. No obstante, te advierto con Jesús y también como él se lo suplicó al Padre, que estás en este mundo. Por eso, repito para ti estas palabras de Jesús al Padre: “No ruego que los retires del mundo, sino que los guardes del maligno” (Jn 17,6-17). Jesús nos invita a vivir en el mundo sin ser del mundo, quiere que vivamos una sana secularidad y que huyamos del secularismo. No olvides que este mundo seduce al hombre y oculta a Dios; que la mundanidad es muy sutil en su seducción. A veces nos atrapa incluso con una mundanidad espiritual, como nos recuerda el Papa Francisco; cuando nos buscamos a nosotros mismos y suplantamos a Cristo en nuestra vida y nuestra misión.

 

Vive a fondo la vida de la Iglesia y procura estar muy atento a lo que el Espíritu va indicando en cada momento, en tu Iglesia diocesana y en el Magisterio de la Iglesia, del Papa y los obispos. Para eso es necesario que vivas una espiritualidad de comunión. Recuerda siempre que el presbítero es un ser relacional: vive unido a tu obispo por el vínculo de cooperación ministerial, que a partir de hoy y para siempre se establece; vive unido al presbiterio al que te insertas con fraternidad sacerdotal, que es mucho más que complicidad e incluso que afectividad y simpatías de unos por otros. Ser presbítero es ser miembro de una unidad de servicio. Siéntete siempre en el empeño de un trabajo en comunión en la comunidad que tengas confiada a tu tutela de pastor.

 

Afánate en construir la unidad. Hazlo, sobre todo, desde la Eucaristía, raíz en la que se injerta la comunión y de la que fluye la unidad. En la celebración eucarística confluyen el sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial, al que hoy te incorporas. En definitiva, súmate con entusiasmo a una Iglesia que camina en sinodalidad. Estrenarás sacerdocio y ministerio en un año en el que el sínodo universal va a afianzar para todo el pueblo santo de Dios la sinodalidad. En todas las latitudes de la vida eclesial se va a recoger la participación corresponsable de los fieles laicos, con una amplia consulta a creyentes y no creyentes. Esto supone que renace en la Iglesia un nuevo modo de ser y de peregrinar en comunión.

 

Por nuestra parte, en nuestra Iglesia diocesana, llevamos ya cinco años caminando todos unidos. Es verdad que esa dinámica ha encontrado resistencias; por eso, a lo largo de este año queremos hacer juntos un examen de conciencia (una evaluación) de cómo ha sido nuestro caminar:  queremos ver lo que hemos dejado por hacer al servicio de una Iglesia en salida. Este año será, para todos nosotros, una oportunidad: súmate a ella, e invito a todos los sacerdotes a que se sumen también. Los laicos lo harán, si los pastores les damos ejemplo; pero también los pastores hemos de sumarnos a los deseos de los laicos. Abramos nuestro corazón y nuestros ojos a los pasos que juntos vamos a dar para que el sueño misionero de llegar a todos llegue a cuantos mas mejor. Si lo hacemos bien, saldrá ganando la Iglesia del Señor, y el Espíritu Santo se saldrá con la suya sin resistencias por nuestra parte. El Espíritu, si le dejamos, siempre abre caminos para la fe, la esperanza y el amor. Que tu juventud ministerial, sea un estímulo para todos nosotros.

 

Con especial afecto, te encomendamos a la Santísima Virgen, Madre y Pastora de la Iglesia, Estrella de la evangelización. Encomiéndate a ella, ya sabes que María siempre nos lleva por la ruta por la que va su Hijo Jesucristo. Amén.

 

+ Amadeo Rodríguez Magro
Obispo de Jaén

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