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Ha fallecido el sacerdote diocesano Ramón Fernández Miñarro

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En el día de hoy, ha fallecido Alquerías (Murcia), a los 81 años, el sacerdote diocesano Ramón Fernández Miñarro. Sus restos mortales se velan tanatorio de Alquerías y la Misa de exequias, presidida por el obispo auxiliar de Cartagena, Mons. Sebastián Chico, se celebrará mañana domingo, a las 18:00 horas, en la Parroquia de San Juan Bautista de Alquerías.

Ramón Fernández nació en Lorca el 14 de junio de 1940 y fue bautizado en la Parroquia de San Cristóbal de aquella ciudad el mismo día de su nacimiento. En 1953 ingresó en el Seminario Menor de San José, pasando después al Seminario Mayor de San Fulgencio, donde realizó los estudios filosóficos y teológicos. Al terminar sus estudios fue ordenado sacerdote el 25 de septiembre de 1965, en la Parroquia de San Andrés Apóstol de Murcia, por Mons. Pablo Barrachina y Estevan, obispo de Orihuela-Alicante y administrador apostólico de Cartagena.

Después de su ordenación ocupó los siguientes cargos pastorales:

  • 1965-1968: Coadjutor de la Parroquia de Nuestra Señora de la Asunción de Alcantarilla.
  • 1968-1971: Cura ecónomo de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de La Almudema y La Encarnación (Caravaca).
  • 1971-1978: Cura ecónomo de la Parroquia de la Asunción de Los Alcázares.
  • 1971-1978: Cura encargado de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Dolores de Pacheco (Torre Pacheco).
  • 1978-1985: Cura ecónomo de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario de Puerto Lumbreras.
  • 1981-1985: Cura encargado de la Parroquia de Nuestra Señora de los Dolores de Henares (Lorca).
  • 1985-2017: Cura párroco de San Juan Bautista de Alquerías (Murcia).
  • En 2017 cesa de párroco de San Juan Bautista de Alquerías, quedando como colaborador de la misma.

Además, ha sido profesor de Religión en el Instituto de Formación Profesional de Puerto Lumbreras (1979-1985) y en la extensión del Instituto Ibáñez Martín de Lorca en Puerto Lumbreras (1984-1985).

Ha pertenecido al Colegio de Arciprestes como arcipreste de Beniel-Alquerías (2001-2012), miembro de la Comisión de Comunicación de Bienes (1988-2017), miembro del Consejo Diocesano de Asuntos Económicos (1999-2004) y miembro del Consejo Presbiteral (2006-2009, 2013-2017).

Descanse en paz.

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MONS. GONZÁLEZ MONTES: «La Virgen del Carmen es la estrella que en la tempestad ayuda a mantener orientado el timón y orientada la barca de nuestra existencia a Dios»

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El Obispo diocesano Mons. González Montes ha presidido la pasada tarde noche la santa  Misa en honor de la Virgen del Carmen de Huerta, en la parroquia de San Sebastián de la capital. La misa ha sido concelebrada, además del párroco don Manuel Cuadrado, por varios sacerdotes, y ha contado con asistencia de los cofrades de esta devoción mariana, encabezados por el Hermano mayor de la Hermandad del Carmen de Huertas José Antonio Esteban Rodríguez; y con la concurrencia de numerosos fieles, que han asistido a los cultos que se han tributado a la Virgen un año más, a pesar de la pandemia, aunque con las debidas precauciones sanitarias.

La sagrada imagen de la Virgen fue coronada por el Obispo almeriense el 30 de mayo de 2015 en una misa solemne celebrada en la plaza de la Catedral de Almería. Aquella coronación canónica acrecentaba la devoción muy intensa que el pueblo cristiano profesa a la Virgen de Carmen, madre y protectora de las gentes del mar y de todos los que navegan por las aguas de mares y océanos en empresas mercantiles, de ocio de viajes comerciales y de recreo, transportando mercancías y como viajeros con destino a puerto. La Virgen del Monte Carmelo, como estrella d los mares es una advocación cercana a la de nuestra Patrona de Almería, la santísima Virgen del Mar, ha dicho el Prelado almeriense. El origen de esta devoción mariana del Carmen se remonta a la vida eremítica que iniciaron a comienzo de la alta edad media algunos cristianos deseosos de consagra su vida a Dios bajo la inspiración del profeta Elías y pronto contando con la protección de la Virgen, cuya imagen comenzaron a venerar. Surgiría así en el siglo XII la Orden de los Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, aprobada por el papa Inocencio III en 1209. La devoción del santo escapulario tiene su origen en la aparición de la Virgen el 16 de julio de 1251 a san Simón Stock, entregándole el tradicional escapulario del Carmen.

A continuación ofrecemos la Homilía del Obispo diocesano, centrada en los contenidos religiosos de esta devoción mariana: el culto a las almas del purgatorio y el patrocinio tradicional de la Virgen del Carmen sobre las gentes del mar.

HOMILÍA EN LA FIESTA DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO

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Homilía en la Fiesta de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo

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Lecturas bíblicas: Zac 2,14-17; Sal: Lc 1,46-55 (R/. «El Poderoso ha hecho obras grandes en mí: su nombre es santo»); Rm 5,12.17-19; Aleluya: Lc 11,28 («Bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen»); Evangelio: Mt 12,46-50.

 

Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Virgen del Carmen tiene un gran eco popular, de manera especial en las poblaciones de costa, donde es patrona de las gentes del mar; pero también es venerada en toda la Iglesia con gran amor, porque los fieles cristianos confían a la intercesión de Santa María del Monte Carmelo la purificación de las almas, que precede a la visión de Dios y participación plena de la bienaventuranza divina, de la felicidad eterna. Su imagen iconográfica la representa llevando en los brazos al Niño Jesús, que al igual que su madre, lleva en las manos el escapulario, devoción difundida por la Orden Carmelitana. María extiende a los fieles en proceso de purificación en el purgatorio el santo escapulario, para que aferrados a él alcancen la salvación.

Esta imagen se ha extendido en la historia y es fácil encontrarla en las iglesias parroquiales y en las ermitas de ánimas, y responde al carácter personal de la existencia de cada uno de los seres humanos, pues todos han de pasar por la muerte y no todos llegan a ella como tránsito al juicio en las mismas condiciones delante de Dios. Se trata de una representación con la cual acompaña la piedad popular la fe en la intercesión de María, no sólo por los vivos, sino también por los difuntos. Mediante su purificación última en el estado que llamamos purgatorio, el hombre pecador llega a su consumación definitiva en Dios. No podemos representar este proceso de purificación más que por medio de las imágenes que forman parte de la tradición de la piedad popular. El papa Benedicto ha hablado de esta purificación del purgatorio como de un proceso necesario de transformación del hombre, que nos acrisola como el fuego a los metales, para quedar libres de toda escoria, y de este modo hacernos capaces de asemejarnos a Cristo y en él a Dios, y de entrar plenamente en la unidad de toda la comunión de los santos[1].

La Virgen María es amada por el pueblo fiel porque, por su inmaculada concepción y su existencia toda santa, Dios nos la presenta como ejemplo y estímulo para que superemos todas las tentación y obstáculos con que tropezamos en la senda de la santidad: para que con su ejemplo e intercesión podamos salir victoriosos del pecado. Cristo Hijo de Dios y también hijo de María ha vencido la muerte, que tiene su origen en el pecado. Como enseña san Pablo, el pecado fue crucificado en la cruz de Jesús, porque el mismo Jesús «llevó nuestros pecados en su cuerpo hasta el leño, para que muertos a los pecados, vivamos para la justicia; con cuyas heridas fuisteis curados» (1 Pe 2,24). Por esto, el Apóstol de las gentes puede decir que «así como un solo delito resultó condena para todos, así también por un acto de justicia resultó justificación y vida para todos» (Rm 5,18).

Sin embargo, nuestra salvación, ya conquistada por Cristo en la cruz, sólo se nos dará en la medida en que, por el triunfo de la gracia de Dios en nosotros, vayamos dando muerte al pecado ya en nuestra vida mortal, para que,  tras el tránsito de la muerte, alcancemos mediante la plena purificación la vida eterna. Por eso, san Pablo no deja de decir que, mientras permanecemos en esta vida, «hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24). El Papa Benedicto lo explica con sencillez y profundidad de esta manera: «Según la fe cristiana, la” redención”, la salvación, no es simplemente un dato hecho. Se nos ofrece la salvación en el sentido de que se nos ha dado la esperanza, una esperanza fiable, gracias a la cual podemos afrontar nuestro presente»[2]. La victoria de Cristo sobre el demonio, cuando fue tentado en el en el desierto, y su definitiva victoria sobre él en la cruz, la obtuvo el Crucificado aferrándose a la fe esperanzada en Dios su Padre, confiando plenamente en que con su muerte alcanzaría definitivamente la nueva vida en Dios por su resurrección de entre los muertos. La fe victoriosa de Jesús nos ayuda a superar el pecado en nuestra vida presente y nos da esperanza para pasar por la muerte confiando en la misericordia de Dios para superar el juicio que nos aguarda. Lo superaremos si, con la intercesión de la Virgen María, confiamos en que Dios nos purificará para poder llegar a él, con «el alma madura para la comunión con Dios»[3].

La devoción a la santísima Virgen del Monte Carmelo responde a esta fe en su intercesión para que, redimidos por Cristo y configurados con él por el bautismo, superemos incluso en la muerte el juicio de Dios. Es fe en la vida eterna que sigue a nuestra vida terrena, en la cual María nos acompaña incluso en el tránsito que por la muerte nos lleva a la vida duradera. Pasando por el trance de la muerte se consuma nuestra existencia en Dios dejando atrás el peso del viejo Adán, para llegar a Dios «revestidos de la nueva condición humana creada a imagen de Dios, en justicia y santidad verdaderas» (Ef 4,24), revestidos del nuevo Adán, Cristo Jesús.

El escudo del Carmen tiene una estrella sobre el monte en el que se eleva la cruz escoltada por dos estrellas, porque María es contemplada por el gran gremio de los pescadores y navegantes de todo el mundo cristiano como la contempló san Bernardo, como la estrella que en la tempestad  ayuda a mantener orientado el timón y orientada la barca de nuestra existencia a Dios. Como reza el salmista, María nos ayuda a domeñar «la soberbia del mar y la hinchazón del oleaje» (Sal 89,10), para que vencidas las tentaciones, que son las pruebas de la vida, alcancemos el puerto de salvación. El mar, en verdad, con sus grandes tempestades y la inmensidad de sus profundidades impone no sólo a los pequeños o modestos barcos de pesca, sino a los mejor construidos como factorías industriales de explotación pesquera. La bravura del mar impone incluso a los navegantes protegidos por las singladuras mejor aseguradas. Los pescadores lo saben muy bien y la pérdida de vidas humanas en las procelosas aguas de los mares y de los océanos traen consigo días luctuosos para las familias de los pescadores. El mar sirve así de imagen prodigiosa del campo terrenal de la vida sometida a los riesgos que ha de afrontar nuestra condición de criaturas.

Sin embargo, la roca firme que es Dios nos asegura que hasta tal punto es amada la humanidad por el Creador que ha querido morar entre los hombres, al enviarnos a su Hijo para que se hiciera hombre y participara de nuestra carne naciendo de la Virgen María. Es cuanto afirma la lectura profética de Zacarías. Si Dios abandonó Jerusalén porque el pueblo elegido rompió la alianza, el perdón de Dios que ama a la humanidad de manera irrevocable lleva a Dios misericordioso a volver a habitar entre los hombres. María es la gran figura del nuevo pueblo de Dios, comunidad de redimidos y salvados por el triunfo de la gracia sobre el pecado.

La Jerusalén mesiánica contemplada por el profeta será la ciudad metrópoli de las naciones y, por el perdón del pueblo elegido, Dios hará partícipes de la salvación a todas las naciones. Así en la profecía de Zacarías: «Aquel día se unirán al Señor numerosas naciones; serán un pueblo para mí, y yo moraré en medio de ti» (Zac 2,15). Esta humanidad redimida y universal será la morada de Dios, que se une a su pueblo como el esposo se une a la esposa en nupcias definitivas: «Judá será la herencia del Señor, y su lote en la tierra santa, y volverá a elegir a Jerusalén» (v. 2,16).

Esta gozosa profecía de la morada de Dios con los hombres se cumple en la encarnación del Verbo y en su nacimiento de la Virgen Madre. Es lo que se nos dice en el evangelio que hemos escuchado. Pudiera parecer que la respuesta de Jesús al aviso de que mientras predicaba habían llegado su madre y sus hermanos, es una respuesta poco considerada con ellos, cuando Jesús pregunta: «¿quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?» (Mt 12,46). No es así.  Las palabras de respuesta que da Jesús a este interrogante significan que la unión del Hijo de Dios con la humanidad tiene un alcance que va más allá del parentesco: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (v. 12,50). Recordemos lo que enseña el Vaticano II en un texto digno de memoria: «En Cristo la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida; por eso mismo, también en nosotros ha sido elevada a una dignidad sublime. Pues el mismo Hijo de Dios, con su encarnación, se ha unido, en cierto modo, con todo hombre… Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado»[4].

Esta unión de Cristo con el género humano nos lleva a comprender que sólo nos podremos salvar en Cristo, porque sólo en él, nuevo Adán, único justo sin pecado, configurados con su muerte y resurrección, vencidas las pruebas y tentaciones de este mundo, podremos llegar a Dios. La Virgen María, de cuyo vientre nació Jesucristo nuestro Señor, nos ayuda con su ejemplo y nos acompaña con su presencia en medio de la Iglesia y su intercesión. En las manifestaciones que la Virgen ha hecho a los videntes en las apariciones que la Iglesia reconoce como fiables, María siempre pide que abandonemos una vida de pecado y nos convirtamos a Dios para salvarnos. María pide a todos orar por los pecadores. Conscientes de que todos necesitamos el perdón de nuestros pecados y la gracia redentora de Cristo, acudamos a la intercesión de María, que siempre nos llevará hasta su Hijo.

 

Iglesia parroquial de San Sebastián

En la fiesta de la Virgen del Carmen de Huerta

Almería, a 16 de julio de 2021

 

X Adolfo González Montes

Obispo de Almería

 

[1] Cf. J. Ratzinger, Escatología. La muerte y la vida eterna (Barcelona 1980) 212-216.

[2] Benedicto XVI, Carta encíclica sobre la esperanza cristiana Spe salvi, n. 1.

[3] Spe salvi, n. 45.

[4] Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22

Nuevas normas sobre la misa antigua, mayor responsabilidad para el obispo

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Nuevas normas sobre la misa antigua, mayor responsabilidad para el obispo

El Papa publica un motu proprio para redefinir las modalidades de uso del misal preconciliar: las decisiones vuelven a estar a disposición de los pastores de las diócesis. Los grupos vinculados a la antigua liturgia no deben excluir la legitimidad de la reforma litúrgica, los dictados del Concilio Vaticano II y el Magisterio de los Pontífices.

El Papa Francisco, tras consultar a los obispos del mundo, ha decidido cambiar las normas que rigen el uso del misal de 1962, que fue liberalizado como «Rito Romano Extra-Ordinario» hace catorce años por su predecesor Benedicto XVI. El Pontífice ha publicado hoy el motu proprio «Traditionis custodes», sobre el uso de la liturgia romana anterior a 1970, acompañándolo de una carta en la que explica los motivos de su decisión. Estas son las principales novedades.

La responsabilidad de regular la celebración según el rito preconciliar vuelve al obispo, moderador de la vida litúrgica diocesana: «es de su exclusiva competencia autorizar el uso del Missale Romanum de 1962 en la diócesis, siguiendo las orientaciones de la Sede Apostólica». El obispo debe asegurarse de que los grupos que ya celebran con el misal antiguo «no excluyan la validez y legitimidad de la reforma litúrgica, los dictados del Concilio Vaticano II y el Magisterio de los Sumos Pontífices».

Las misas con el rito antiguo ya no se celebrarán en las iglesias parroquiales; el obispo determinará la iglesia y los días de celebración. Las lecturas serán «en lengua vernácula» utilizando las traducciones aprobadas por las Conferencias Episcopales. El celebrante será un sacerdote delegado por el obispo. El obispo también es responsable de verificar si es oportuno o no mantener las celebraciones según el antiguo misal, comprobando su «utilidad efectiva para el crecimiento espiritual». De hecho, es necesario que el sacerdote encargado tenga en mente no sólo la celebración digna de la liturgia, sino también la atención pastoral y espiritual de los fieles. El obispo «se preocupará de no autorizar la creación de nuevos grupos».

Los sacerdotes ordenados después de la publicación del Motu proprio de hoy que pretendan utilizar el misal preconciliar «deberán presentar una solicitud formal al obispo diocesano, que consultará a la Sede Apostólica antes de conceder la autorización». Mientras que, los que ya lo hacen, deben pedir permiso al obispo diocesano para seguir utilizándolo. Los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, «en su momento erigidos por la Comisión Pontificia Ecclesia Dei», pasarán a depender de la Congregación para los Religiosos. Los Dicasterios de Culto y de la Vida Religiosa velarán por el cumplimiento de estas nuevas disposiciones.

En la carta que acompaña al documento, el Papa Francisco explica que las concesiones establecidas por sus predecesores para el uso del misal antiguo fueron motivadas sobre todo «por el deseo de favorecer la recomposición del cisma con el movimiento liderado por el arzobispo Lefebvre». La petición, dirigida a los obispos, de acoger generosamente las «justas aspiraciones» de los fieles que pedían el uso de ese misal, «tenía, por tanto, una razón eclesial para recomponer la unidad de la Iglesia». Esa facultad, observó Francisco, «fue interpretada por muchos dentro de la Iglesia como la posibilidad de utilizar libremente el Misal Romano promulgado por San Pío V, determinando un uso paralelo al Misal Romano promulgado por San Pablo VI».

El Papa recuerda que la decisión de Benedicto XVI con el motu proprio «Summorum Pontificum» (2007) se apoyó en «la convicción de que tal medida no pondría en duda una de las decisiones esenciales del Concilio Vaticano II, socavando así su autoridad». Hace catorce años, el Papa Ratzinger declaró infundados los temores de escisión en las comunidades parroquiales, porque, escribió, «las dos formas de uso del Rito Romano pueden enriquecerse mutuamente». Pero la encuesta promovida recientemente por la Congregación para la Doctrina de la Fe entre los obispos aportó respuestas que revelan, escribe Francisco, «una situación que me apena y me preocupa, confirmándome en la necesidad de intervenir», cuando el deseo de unidad ha sido «gravemente despreciado», y las concesiones ofrecidas con magnanimidad han sido utilizadas «para aumentar las distancias, endurecer las diferencias, construir oposiciones que hieren a la Iglesia y obstaculizan su camino, exponiéndola al riesgo de la división.»

El Papa se mostró apenado por los abusos en las celebraciones litúrgicas «de un lado y de otro», pero también por «un uso instrumental del Missale Romanum de 1962, cada vez más caracterizado por un creciente rechazo no sólo de la reforma litúrgica, sino del Concilio Vaticano II, con la afirmación infundada e insostenible de que traicionaba la Tradición y la ‘verdadera Iglesia'». Dudar del Concilio, explica Francisco, «significa dudar de las intenciones mismas de los Padres, que ejercieron solemnemente su potestad colegial cum Petro et sub Petro en el concilio ecuménico, y, en definitiva, dudar del mismo Espíritu Santo que guía a la Iglesia».

Finalmente, Francisco añade una última razón para su decisión de cambiar las concesiones del pasado: «es cada vez más evidente en las palabras y actitudes de muchas personas que existe una estrecha relación entre la elección de las celebraciones según los libros litúrgicos anteriores al Concilio Vaticano II y el rechazo de la Iglesia y sus instituciones en nombre de lo que juzgan como la ‘verdadera Iglesia’. Es un comportamiento que contradice la comunión, alimentando ese impulso hacia la división… contra el que el apóstol Pablo reaccionó con firmeza. Es con el fin de defender la unidad del Cuerpo de Cristo que me veo obligado a revocar la facultad concedida por mis predecesores».

Vatican News
(www.vaticannews.va)

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Horarios de Misa este verano en la costa de Huelva

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Ofrecemos el horario de las Misas en las parroquias y centros de culto de los lugares de costa de nuestra diócesis para los domingos, festivos y vísperas de estos.

AYAMONTE

S: El Salvador 20 h.; Ntra. Sra. de las Angustias 21 h.; Sta. Ángela de la Cruz 20 h.
D/F: El Salvador 10 h.; San Vicente de Paul 11 h.; San Francisco 20 h.; Ntra. Sra. de las Angustias 21 h.

CARTAYA

S: San Pedro Apóstol 20.30 h.
D/F: San Pedro Apóstol, 11.30 h. y 20.30 h.

EL PORTIL / NUEVO PORTIL

S: Capilla de Santa María del Portil 20 h y 21 h.; Capilla del Rosario 21 h.
D/F: Capilla Sta. María de El Portil 10 h. , 20 h. y 21 h.; Capilla del Rosario 11 h. y 21 h.; Correos (Nuevo Portil) 20 h.

EL ROMPIDO

S: Capilla del Carmen 21.30 h.
D/F: Capilla del Carmen 10 h., 20.30 h. y 21.30 h.

ISLA CRISTINA

S: Ntra. Sra. de los Dolores 20 h. y 21 h.; Gran Poder 19.30 h. y 20.30 h.; Capilla del
Carmen (playa) 21 h.
D/F: Ntra. Sra. de los Dolores 10.30 h., 20 h. y 21 h.; Gran Poder 11 h. y 20.30 h.; Capilla del Carmen (playa)10.30 h. y 21 h.; Ntra. Sra. del Mar 19.30 h.

POZO DEL CAMINO

D/F: María Auxiliadora 10.30 h.

PUNTA DEL MORAL

D/F: San Antonio 11 h.

LA ANTILLA

S: Ntra. Sra. del Carmen 10 h., 20 h. y 21 h.; Centro Parroquial Jesucristo Buen Pastor 20 h. y 21 h.; Explanada Avda. Río Piedras 21 h.
D/F: Ntra. Sra. del Carmen: 10 h., 11h., 20 h. y 21 h.; Capilla del Carmen (Bda. Pescadores)10 h.; Centro Parroquial Jesucristo Buen Pastor 11 h., 20 h. y 21 h.; Explanada Avda. Río Piedras 21 h.

LA REDONDELA

S: Ntra. Sra. de los Apóstoles 21 h.
D/F: Ntra. Sra. de los Apóstoles 20.30 h.

MATALASCAÑAS

S: San Francisco 20 h., 21 h. y 21.45 h.; Iglesia del Rosario 20 h. y 21.30 h.; Pueblo Andaluz 2o.30 h.
D/F: San Francisco 9 h., 12 h., 20 h., 21 h. y 21.45 h.; Iglesia del Rosario 10.30 h., 20 h. y 21.30 h.

MAZAGÓN

S: Ntra. Sra. del Carmen (Las Dunas) 20 h.; Capilla Corazón de María (El Picacho) 21 h.
D/F: Ntra. Sra. del Carmen (Las Dunas) 9.30 h., 11 h., 20 h.; Capilla Corazón de María (El Picacho) 21 h.

PUNTA UMBRIA

S: Sta. María del Mar 19 h.; Ntra. Sra. Carmen 9 h. y 20 h.; Capilla de Lourdes 10 h. y 21 h.Capilla Virgen del Rocío (Everluz) 19 h.
D/F: Ntra. Sra. del Carmen 9 h., 11 h. y 20 h.; Sta. María del Mar 12 h.; Capilla de Lourdes 10 h. y 21 h.; Capilla Virgen del Rocío (Everluz) 19 h.; Capilla Urbanización Pinos del Mar 21 h.

URBASUR

S/F: 20.00 h

S: Sábados y vísperas de festivos
D: Domingos
F: Festivos

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«El Pastor en la barca; el Pescador tierra adentro», comentario al Evangelio del XVI Domingo del Tiempo Ordinario – B

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Foto:  Jesús enseña en la orilla. James Tissot (1886-1896). Museo de Brooklyn, Nueva York (EE.UU.)

Las lecturas de este Domingo XVI del Tiempo Ordinario ponen de manifiesto un tema que se repite en uno y otro Testamento: la responsabilidad de los que son llamados a la guía del pueblo: una guía que puede conducirlos a la salvación, que siempre viene de Dios; o a la ruina, cuando se tienen únicamente en cuenta los beneficios humanos y temporales.

El problema del gobierno del pueblo de Dios ha acompañado a Israel desde sus inicios. En este sentido, el nacimiento de la monarquía pone de relieve una cuestión de gran importancia: ¿Puede haber un gobernante humano que esté a la altura de Dios, verdadero guía de su pueblo? Con el tiempo, se llegó a comprender que el problema no es exclusivo de quienes tienen la responsabilidad y el rol de la guía y conducción, sino también de los valores que el propio pueblo de Dios pretende vivir y que sientan las bases de la convivencia y de la relación con el Señor.

En la historia de Israel, no pocas veces, los problemas eran causados por los enfrentamientos con los pueblos vecinos. Ante esta circunstancia, el poder de Dios se hacía fuerte contra los adversarios, pero ¿qué ocurre cuando son los propios pastores los que causan el alejamiento y la distancia del verdadero Dios? Algunos pastores, convertidos en insensatos (cf. Jer 10,21), han dejado de buscar al Señor y, consecuentemente, se ha dispersado el rebaño. No obstante, Dios nunca abandona a su pueblo, por eso suscitará un vástago legítimo (Jer 23,1-6), preanunciando la venida del Señor-nuestra-justicia. Así pues, Dios que es el pastor justo, que salva y perdona, convierte el tronco seco en árbol que florece y da fruto como siempre ha hecho y siempre hará suscitando un nuevo David y volviendo a confiar en que es posible que los pastores conduzcan a su pueblo al encuentro con su Dios.

En evangelio (Mc 6,30-34) presenta a Jesús, no solo como un nuevo David, sino más bien como un nuevo pastor. En el trasfondo del pasaje marcano puede sentirse, como una melodía siempre armoniosa, el Salmo 22: «El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas». Es posible que en la vida del pueblo de Israel también de la Iglesia, los pastores flaqueen, no estén a la altura, muestren las debilidades propias del pecado, e incluso del cansancio, pero el Pastor el verdadero Pastor, es siempre nuevo y es siempre el mismo: «Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos» (Heb 13,8).

La compasión de Jesús por la muchedumbre abandonada, otro aspecto resaltado por el evangelio de este domingo, motiva al Señor a mostrarse como Maestro («andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma»). La enseñanza de Jesús nunca es un intelectualismo estéril, ofrecido desde una cátedra de mera sabiduría y conocimiento humano, sino un viaje a las raíces de las necesidades humanas, donde la humanidad espera encontrar una palabra de vida, que regenera y sana; recoge y ofrece la esperanza en una nueva creación (¿no es esto el vástago nuevo?). Los hombres, en no pocas ocasiones, hacen alarde de sus conocimientos para subyugar y hacer carrera, o todavía peor, carrerismo; Jesús, movido por una profunda solidaridad con la debilidad humana, enseña para curar y cura para salvar.

En este Domingo XVI del Tiempo Ordinario se contempla a Jesús que marchándose, en barca, con los apóstoles a un sitio tranquilo y apartado. El que había llamado a los apóstoles para hacerlos pescadores de hombres, labor desempeñada tierra adentro, ahora, como Pastor bueno se adentra en el mar para enseñar, curar y salvar. El que es Pastor Bueno, lo será incluso en una barca; el que es Pescador de hombres, lo será también tierra adentro.

Isaac Moreno Sanz,
Dr. en Teología Bíblica y rector del Seminario Diocesano de Huelva

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Tres tesoros en los conventos en “Al Trasluz”

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El sacersote Antonio Gil los divide en: la palabra de Dios, su presencia en los monaterios y la comunidad religiosa

Hace unos días, celebré la eucaristía en dos conventos de religiosas contemplativas, muy unidos a mi vida, desde la infancia: el convento de las Religiosas Concepcionistas, de Hinojosa del Duque, y el convento de las Hermanas Pobres de Santa Clara (clarisas), de Belalcázar. En el momento de la homilía, quise subrayar los tres tesoros que albergan nuestros conventos. Primero, la palabra de Dios, que leemos, proclamamos, y ojalá escuchemos con atención y practiquemos con fidelidad y encanto. El papa Francisco hace unos años nos daba este consejo: “Hoy más que nunca tenemos que escuchar a Dios. Escuchémosle con atención a través de su palabra revelada”. El segundo tesoro, la presencia de Jesús en nuestros monasterios. Son la casa de Dios y vivimos junto a Él. Y el tercer tesoro, la comunidad religiosa, con sus tres hermosos destellos: el ser una familia, la intensa fraternidad y el calor de hogar; el acompañamiento que supone el mutuo cuidado, atención y servicio; y el testimonio de cada religiosa, convertida en pequeña antorcha de luz para sus hermanas.

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La Congregación “Marta y María” en El Espejo de la Iglesia

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En la actualidad, cuenta con más de 700 religiosas presentes en Guatemala, España, Venezuela, Honduras, Argentina, EEUU, Italia, Etiopía, Cuba y Lituania. En Córdoba hay una comunidad con un cometido precioso, el de atender las necesidades de los sacerdotes ancianos que tras una vida de donación al otro residen en la casa Sacerdotal.

Por otro lado,  en Aguilar de la Frontera se han presentado los actos conmemorativos del 350 aniversario del Convento de las Madres Carmelitas, un auténtico pulmón espiritual para el pueblo.

Puedes escucharlo en este enlace

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“Fruto de la fe y para la evangelización”

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“Fruto de la fe y para la evangelización”

Será un instrumento de ayuda para la gestión del patrimonio cultural de la Diócesis y, como resaltó el Obispo, una herramienta para “dar a entender que lo que tiene la Iglesia lo tiene como fruto de la fe y para la evangelización”

La Web de la diócesis de Córdoba estrena un espacio sobre Patrimonio Cultural de la Diócesis y una Guía de Patrimonio como instrumento de ayuda para la gestión del patrimonio cultural de la misma.

la última entrega de Iglesia en Córdoba trae además, la presentación de la celebración en Aguilar de la Frontera de un jubileo con motivo del 350 aniversario del Convento de las Carmelitas Descalzas; las primeras misas de los siete nuevos presbítreros; y el testimonio de la abadesa del convento de las hermanas pobres de Santa Clara de Belalcázar, que han decidido hacer visible su vida orante y cotidiana en las redes sociales. Además de toda la actualidad diocesana.

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Aguilar de la Frontera celebrará un jubileo con motivo del 350 aniversario del Convento de las Carmelitas Descalzas

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La Santa Sede lo ha concedido con motivo del 350 aniversario del Convento de “San José y San Roque”

La Santa Sede ha concedido un cuatrimestre jubilar a la localidad de Aguilar de la Frontera por el 350 aniversario del Convento de “San José y San Roque”, considerado el “pulmón espiritual” del municipio tras tres siglos y medio dedicado a la vida contemplativa de distintas comunidades religiosas. En la actualidad, las madres carmelitas descalzas viven en clausura en este edificio fundado por Rodrigo de Varo y Antequera en el año 1671.

El cuatrimestre Jubilar concedido por la Santa Sede, arrancará el 1 de octubre con la apertura de la Puerta Santa que abrirá el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández. El jubileo se extenderá cuatro meses en los que se celebrarán especialmente las principales fiestas de la familia carmelitana: la fiesta de Santa Teresita de Liseux, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz y la celebración de Todos los Santos y Fieles Difuntos, muy celebrada por el Carmelo. Además, en este tiempo de gracia tendrá especial significación de la celebración de sor Isabel de la Trinidad, la Purísima Concepción, la fiesta de la Madre de Dios, la Navidad en clausura y la fiesta entrañable del Divino Jesús de Praga en el mes de enero.

El jubileo, que se celebra entre el 1 de octubre de 2021 y el 16 de enero de 2022, abarcará las principales fiestas de la familia carmelitana, partiendo del 17 de noviembre, fecha fundacional.

En palabras del párroco de Aguilar de la Frontera, Pablo Lora, el jubileo se desarrollará a través de grupos poblacionales o de fe, así, habrá “un jubileo para los niños, para jóvenes, adultos, matrimonios o cofrades”, una segregación por edades y estados de vida que servirá para que “todos se vean convocados a mirar el convento y recibir la gracia de la indulgencia plenaria” que se obtiene a través de la comunión, la confesión y rezando por las intenciones del Papa.

Para este cuatrienio jubilar se ha proyectado un concierto de música sacra y se ofrecerán exposiciones, conferencias y charlas sobre la vida en el convento de las Descalzas y la labor que desarrolla las religiosas de clausura, ha detallado el párroco.




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