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Por Santa Clara de Asís… dos nuevas profesiones y una conferencia

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Por Santa Clara de Asís… dos nuevas profesiones y una conferencia

Este miércoles 11 de agosto es el día de Santa Clara y la Orden Franciscana Seglar celebra uno de sus días grandes. Las celebraciones se multiplican en todos los lugares donde hay franciscanos. Y en Guadix también. Esta tarde celebrarán la fiesta litúrgica en la parroquia de Santiago, de la ciudad accitana, a las 8 de la tarde.
Pero, en torno a esta fiesta ha habido dos acontecimientos importantes en la comunidad de Guadix. Uno fue la conferencia programada para el vienes 6 de agosto, en el patio del ayuntamiento accitano, sobre «Medjugore lugar de peregrinación, de conversión y de encuentro con Dios», a cargo Andrés Gandolfo, secretario nacional de la Orden Franciscana Secular de España y miembro de la Fraternidad de Alicante.

Y el sábado 7 de agosto, en la iglesia de Santiago, de Guadix, tuvo lugar la profesión solemne de dos nuevos miembros de la Orden Franciscana Seglar de Guadix: Antonio Cuerva y a Esperanza Sánchez. La celebración, a la que asistieron franciscanos seglares de la zona cartaginense, a la que pertenece Guadix, estuvo presidida por el Rvdo. Ralp Hueso, diácono permanente franciscano secular de la Fraternidad de Alicante.

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Peregrinación- excursión para mirar las Perseidas desde Face Retama, contemplar el firmamento y dar gracias a Dios por la creación

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Peregrinación- excursión para mirar las Perseidas desde Face Retama, contemplar el firmamento y dar gracias a Dios por la creación

Será este jueves 12 de agosto y los que quieran ir andando saldrán de la Plaza de la Catedral, a las 20´45 horas.

 

En tiempos de San Torcuato, las estrellas eran el GPS que les permitía navegar por el mundo y y orientarse en sus viajes. Seguro que San Torcuato y sus compañeros Varones Apostólicos se guiaron por las estrellas para llegar hasta la Península Ibérica y sembrar la semilla del Evangelio donde se terminaba el mundo conocido hasta entonces, cumpliendo con el encargo que les hizo Jesucristo de que llevaran el Evangelio hasta el fin del mundo. Y las estrellas guiaron a San Torcuato hasta Guadix, donde predicó el Evangelio en lugares que conservan esa tradición, como Face Retama, cerca de la ciudad accitana.

Hoy Face Retama se ha convertido, otra vez, en un lugar apropiado para mirar a las estrellas, como seguro que hizo San Torcuato hace veinte siglos. Lejos de núcleos urbanos, una zona sin contaminación lumínica de ningún tipo, un lugar alto y despejado,…. Face Retama lo tiene todo para mirar al cielo.

Y así será, porque la delegación de Juventud y el secretariado diocesano para el Cuidado de la Creación han organizado una marcha-peregrinación a Face Retama para contemplar las Perseidas, lluvia de estrellas conocidas como las Lágrimas de San Lorenzo. Será el jueves 12 de agosto y los que quieran podrán salir de Guadix andando hasta Face Retama.

La cita, además de ofrecer la posibilidad de contemplar esa maravilla del firmamento, tendrá una dimensión religiosa. El encuentro comenzará a las 23:00 h. en el interior del santuario de San Torcuato, en Face Retama, dando gracias a Dios por la creación y por el mundo que nos rodea. Después de unas palabras acerca del lugar y de lo que se va a ver, los asistentes saldrán para contemplar esa lluvia de estrellas y las constelaciones. Se recomienda llevar agua, algo de comer y una silla de playa para sentarse y admirar el firmamento, maravilla que nos regala Dios Padre Creador cada noche.

El acceso al santuario se puede hacer de dos formas, bien con vehículo particular o como peregrinos. Y es que, los que quieran podrán ir andando, lo que añade un extra a esta experiencia ya de por sí singular. El grupo que quiera ir caminando saldrá a las 20:45 horas de la Plaza de la Catedral. Irán rezando, compartiendo experiencias y siempre en contacto con la naturaleza. Y lo mejor de todo es que será por un camino tradicional de peregrinación, en busca de las raíces de nuestra fe.

Lluvia de estrellas, constelaciones, naturaleza, tradición, historia, San Torcuato, fe… esa peregrinación- excursión a Face Retama del jueves 12 de agosto lo tiene todo. Solo falta que el tiempo acompañe y el cielo esté despejado, que lo estará.

Antonio Gómez

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Constituida la Comisión para la fase diocesana del Sínodo de los Obispos

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«Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión». Este es el tema de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos convocada por el papa Francisco. El mismo  está convocada «para el otoño de 2022», con el fin de asegurar una «mayor implicación» de toda la Iglesia «en la preparación y celebración».

En este sentido, el obispo ha nombrado la Comisión Diocesana que está formada por:

Responsable sinodal: Antonio M. Pérez Morales (Vicario general). Secretario General: Víctor M. González Torres (Diácono Permanente)

Los otros miembros de la Comisión son: María Cecilia  Cruz Gandullo, delegada de Apostolado Seglar; Isabel Rodríguez García, familia; David Álvarez Lugo, joven de asociación de fieles; y María Inés Gil, de la Congregación misionera hijas de la Sagrada Familia de Nazaret.

El camino hacia la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos se realizará con el siguiente itinerario:

– Apertura del Sínodo (octubre 2021)

La apertura del Sínodo tendrá lugar en el Vaticano y en cada diócesis. Este camino será inaugurado por el Santo Padre en el Vaticano el 9 y 10 de octubre.

El domingo 17 de octubre, con la misma modalidad, se abrirá en las diócesis bajo la presidencia del respectivo obispo. El Obispo Álvarez presidirá en la Catedral a las 17 horas de ese día la apertura de la fase diocesana.

– Fase diocesana (octubre 2021 – abril 2022)

El objetivo de esta fase es la consultación del Pueblo de Dios  con la finalidad que el proceso sinodal se realice en la escucha de la totalidad de los bautizados, sujetos del sensu fidei infalible in credendo.

Nota completa del Sínodo. 

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¿Qué es “rezar”?

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orar y rezar

 

¿QUÉ ES REZAR?

No es habitual que un artículo dedicado estrictamente a la oración tenga una página entera en la sección de opinión de un gran periódico. Esto ha ocurrido con el texto que firma Miguel Ángel Robles y que sale publicado el 17 de marzo de 2018 en ABC Sevilla bajo el título “Reza por mí”

 

REZA POR MÍ

Rezar es una conversación con Dios. Es el momento de más calma del día, y, en mi caso, el de primera hora de la mañana, poco más de las seis, y el agua de la ducha caliente cayendo despacio sobre los hombros.

Rezar es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.

Es un Padre Nuestro hablando con Dios para que te ayude en los exámenes. Es el refugio del frío, y el silencio acogedor. Rezar es tener memoria.

Rezar es lo que va antes del trabajo o después del trabajo, y lo que nunca lo suplanta

Es lo único que puedes hacer cuando ya no puedes hacer más, y es la forma de comprometerse de quien no tiene otro medio de hacerlo, como cuando rezamos por un enfermo que se va a operar y ya está todo en manos del cirujano (y de Dios).

Rezar hace milagros, ofrece consuelo al que reza y a aquel por quien se reza. Rezar nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir rezaré por ti y, también, reza por mí. Y es, por tanto, lo contrario a la vanidad.

Rezar es la aceptación de tus limitaciones. Es aprender a resignarse cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.

Rezar es buscar las fuerzas si no se tienen y confiar en que las cosas van a ser como deberían ser.

Rezar es optimismo, no dar nada por perdido, luchar y resistir. Rezar es fragilidad y entereza.

Rezar es desconectar y apagar el móvil. Es introspección en la sociedad del exhibicionismo. Es relajarse y calmar los nervios. Y prepararse mentalmente para lo que ha de venir. No es solo buscar el coraje, sino también la inspiración, la idea, el enfoque, la luz, el claro en medio de la espesura.

Rezar es razonar, aunque parezca lo más irracional que haya. Es la mente funcionando como cuando juegas un partido de tenis. Es planificar y anticipar las jugadas. Es abstracción en los tiempos de lo concreto y lo material. Es pausa en un mundo excitado. Es calma cuando todo es ansiedad. Y es aburrido en la dictadura de lo divertido.

Rezar es una forma extrema de independencia.

Rezar es un placer oculto, que se reserva para la intimidad. Un acto privado, y casi a escondidas, que, cuando se hace acompañado, necesita mucha confianza.

Rezar es una declaración de amor por la persona que tienes en tus rezos. Es derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de los que rezan por ti.

Rezar es tener a otros en tus oraciones y estar en las oraciones de otros, que es mucho más que estar solo en su memoria.

Rezar, y sobre todo que recen por ti, es la mayor aspiración que uno puede tener en la vida. Un privilegio inmenso. Es querer tanto a alguien como para rezar por él, y que alguien te quiera tanto como para rezar por ti.

¿Cabe mayor orgullo? ¿Existe mayor plenitud que la de saber que hay una madre, un hermano, un hijo o un amigo que quiere que Dios te proteja, y te dé salud, y te ilumine, y te ayude, y te acompañe, y esté siempre contigo?

Rezar es tener fe. Tener fe en la vida, en las personas, en tus amigos, en tus hijos, en tus padres, en Dios.

Rezar es un súper poder que nos predispone al bien.

*Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.*

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Manuel Sánchez Sánchez, predicador de la Novena a la Virgen de los Reyes: “Mi propuesta es descubrir la voluntad de Dios que nos enseña nuestra Señora”

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Manuel Sánchez Sánchez, predicador de la Novena a la Virgen de los Reyes: “Mi propuesta es descubrir la voluntad de Dios que nos enseña nuestra Señora”

Manuel Sánchez Sánchez es canónigo de la Catedral hispalense y sacerdote en la barriada de los Pajaritos, de Sevilla. Este año, se le ha delegado servir a la Iglesia a través de la predicación de la Novena a la Virgen de los Reyes.

“Sin duda es la palabra que lo resume, un honor. Predicarle a la Virgen de los Reyes es un motivo de alegría, de devolver todo el bien recibido, de agradecer su amor a lo largo de toda la vida, predicar ante la Virgen de los Reyes es la posibilidad de compartir lo que su presencia significa en mi vida”, expresa.

Sobre su devoción y vinculación a la patrona de la ciudad, Sánchez manifiesta que “es difícil encontrar un cristiano de Sevilla que no se sienta vinculado a la Virgen de los Reyes, que no la sienta suya”.

“Desde siempre recuerdo la mañana del 15 de agosto llegando temprano a la plaza de su nombre para esperarla en la Puerta de Palos. Íbamos siempre andando, era un momento señalado en el verano. Más adelante, cuando nos dejaban ir solos, íbamos los amigos y era un día genial el que pasábamos. Su presencia es señera, cuando la veo, encuentro en ella la seriedad de la devoción a la Virgen, el significado de lo esencial; es mirar y ser mirado, ella se encuentra contigo en su mirada preciosa, y simplemente permaneces en silencio dejándote mirar”.

El corazón de la Virgen

Su propuesta espiritual a lo largo de estos nueve días de oración está fundamentada en el corazón de la Virgen, “en descubrir el misterio que le permite abrirse a la voluntad de Dios y caminar confiado sólo en Él”.

Se trata, por tanto, “de compartir lo que la Palabra de Dios hace en mi vida y llevarlo cada día al altar, compartir desde la Eucaristía todo lo bueno que Dios hace en nosotros. Intentando aterrizar en la santidad cada espacio donde estamos, como una gota de agua pura. Estos días abordamos muchas realidades: la transfiguración de la vida personal y la Iglesia, la vocación, la santidad, la transformación de la caridad, la acogida a los pobres, la eutanasia, el aborto, la nueva evangelización, la alegría, la familia, la angustia existencial, la postverdad en la sociedad contemporánea”, explica.

Sobre su preparación para predicar este año la novena a la Virgen de los Reyes, presidida por el arzobispo de Sevilla, mons. José Ángel Saiz, Manuel Sánchez ha revelado que lo ha hecho peregrinando hacia Santiago de Compostela con un grupo de la Hermandad de la Veracruz, de Benacazón, el pueblo de su madre. “Hacíamos concretamente el trayecto desde León al Cebreiro”.

La Transfiguración, hilo conductor

“Comenzábamos en el santuario de la Virgen del Camino, madre y señora de las tierras leonesas, y atravesábamos toda esa creación que canta la gloria de Dios, hasta llegar a una pequeña capilla que cuidan los franciscanos en el Cebreiro, donde sucedió el milagro del pan que se convierte en carne, y el vino que se convierte en sangre”.

“Durante esos días de camino —sostiene— aparecía la figura de san José como itinerario, es decir, acompañar a María como san José; pero las fiestas litúrgicas (el domingo, santa Teresa Benedicta, san Lorenzo…) que atraviesan la novena se me imponían. Mientras iba caminando aparecía el Evangelio de la Transfiguración. Este es el hilo conductor. Transfigurar vida y comunidad. Iglesia y evangelización. Transfigurarnos como propuesta espiritual. He caminado orando esta novena, cada día conversando con la Virgen de los Reyes y pidiéndole que me inspirara la palabra adecuada. Conversar significa hacer el camino con alguien, y ha sido la Virgen de los Reyes mi compañera de camino para intentar que caminemos con ella durante estos días, que caminemos conversando con ella. En el camino de Santiago todo el mundo está en modo búsqueda, he pedido que esta sea nuestra actitud espiritual, el modo búsqueda de la voluntad de Dios que nos enseña nuestra patrona”.

Como los peregrinos que caminan hacia Compostela, el campo de las estrellas, “mi camino lo ha guiado la Estrella de la Nueva Evangelización”.

Retransmisión vía streaming

Por segundo año consecutivo, los sevillanos están acudiendo a una novena atípica, con aforo reducido, obligatoriedad de usar mascarillas, retransmisión vía streaming por el canal de Youtube de la Seo, y el predicador de la novena está convencido que “hay que agradecer el esfuerzo de la Catedral -en este tiempo de recortes económicos- que se pueda llegar a todos y tan lejos. “La retransmisión es signo del servicio pastoral que quiere ofrecer la Catedral como corazón de la Archidiócesis. No está siendo tan complicado sobrellevar las dificultades. Lo difícil son los muertos, los parados, el sufrimiento… Es hermoso ver cómo la Iglesia cumple las indicaciones de las autoridades sanitarias y se convierte así en ejemplo de cómo afrontar un tiempo como el de la pandemia. La vida de los demás es muy importante para dejarnos incomodar por estas indicaciones y restricciones. La Virgen está llegando a más hogares que nunca a pesar de lo difícil que pueda ser asistir presencialmente”.

La presencia de Dios en los Tres Barrios

Manuel Sánchez es miembro de un equipo pastoral junto a Francisco J. Ortiz B., “un sacerdote admirable, entregado y siempre dispuesto para servir, del que estoy aprendiendo tanto en estos años que llevamos juntos y que —sinceramente— es una gracia de Dios”.

Juntos atienden las parroquias de la Blanca Paloma y Nuestra Señora de la Candelaria, que abarca La Candelaria, Pajaritos y Madre de Dios.

“Estos Tres Barrios están llenos de familias trabajadoras, buenas, que se esfuerzan diariamente, y varias comunidades de religiosas junto a realidades asociativas que además de las parroquias hacen presente el Reino de Dios… y luego hay muchas realidades que deben cambiar, y heridas que deben ser curadas… edificios que rehabilitar, proyectos de empleo que desarrollar, droga que eliminar, desequilibrios que hay que solucionar, cientos de inmigrantes que no pueden vivir en la inseguridad legal que se le impone y que son explotados de mil formas, ancianos solos, muchos hermanos en riesgo de exclusión… el que quiera encontrarse con Dios fácilmente, allí le espera el Señor. Nosotros lo recibiremos con alegría”, expresa.

“Curiosamente, el predicador de la mañana es mi hermano sacerdote Francisco Ortiz. Este año abren y cierran la novena los curas de los Tres Barrios. Les recomiendo que participen en la novena de la mañana alguna vez, es preciosa, es un momento muy íntimo (y más fresquito)”, manifiesta.

Perseverante labor pastoral

Sánchez sirve también como director espiritual en la Hermandad del Rocío de Triana, “es un regalo que el Señor me ha dado, a quienes amo de corazón, y que tanto bien me están haciendo ¡Son gente increíble! Allí te encuentras como en tu casa, sientes la presencia de Dios y descubres cristianos de una nobleza impresionante”.

En el campo de la docencia presta servicio como director del Departamento de Calidad de la Facultad San Isidoro de Sevilla, “que tiene un futuro prometedor, será una punta de lanza en el diálogo fe-cultura y que está llamada a ser un referente en el sur de España y Portugal, y en Latinoamérica. La oferta académica es amplia y diversa, concretamente destacaría el estudio de la mariología que difícilmente encontramos en muchos lugares”.

Al mismo tiempo imparte clases en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Sevilla, en el suplemento al título que realizan los universitarios que estudian Educación Infantil y Primaria, y que los capacita para la docencia como profesores de ERE. Periódicamente visita a las Clarisas de Carmona, donde es confesor desde hace 26 años y desde hace algunos años colabora en la Catedral como canónigo.

Finalmente, Manuel Sánchez ha enfatizado que no se puede ser cristiano sin la Virgen. “Es como pedir que suceda la Encarnación y saltarnos a María, es imposible. Pero además sería triste, seco, gris… la Virgen es como la vidriera, aporta color al que es la Luz”.

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Homilía del Domingo XIX del T. O.

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Homilía de D. Adolfo González Montes, Obispo de Almería, en el Domingo XVIII del T. O

Homilía del Domingo XIX del T. O.

Lecturas bíblicas: 1Re 19,4-8; Sal 33,2-9 (R/. «Gustad y ved que bueno es el Señor»); Ef 4,30-5,2; Aleluya: Jn 6,51: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo, dice el Señor»; Jn 6,41-52.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de este domingo es un fragmento más del discurso del pan de vida; y en él Jesús manifiesta conocer bien la dificultad con la que tropiezan sus adversarios para reconocer su origen divino, y aceptar que haya bajado del cielo como maná de vida eterna. Como ya veíamos el domingo pasado, Jesús responde a esta dificultad manifestando que, aunque conocen a sus padres y familiares, para llegar al misterio de su persona se requiere la fe que sólo Dios puede dar. Una fe que no es meramente humana, como oferta de confianza, sino visión interior y conocimiento que sólo puede darse por acción de la gracia en la mente y el corazón del hombre, porque es obra de Espíritu Santo. Por eso les dice: «Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado» (Jn 6,44). Esta respuesta está en paralelo con la que dio a Pedro, que le confesó Hijo del Dios vivo respondiendo a la pregunta de Jesús acerca de lo que la gente comentaba sobre el Hijo del hombre y su origen. Jesús contestó a Pedro: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16,17).

Esta fe en Jesús sólo se alimenta con la presencia de Dios y la comunión en su cuerpo y sangre, en el pan del cielo que es la Eucaristía. El mismo Jesús como pan bajado del cielo y verdadero maná es el alimento de la fe en su misterio personal y misión divina. La alegoría se prolonga en el discurso dando lugar a una comprensión más ajustada a la realidad que el evangelista desvela como contenido de la revelación de Dios en la persona de Jesús. Jesús es el pan que trae consigo la salvación a quienes lo comen: con este pan el que cree supera la muerte y llega definitivamente a vivir de la vida de Dios.  Por eso, el pan que es Jesús no satisface de momento como el pan terreno, sino que su efecto es satisfacer plenamente el hambre y calmar para siempre la sed: «…el que viene a mí no tendrá jamás hambre y el que cree en mí no tendrá jamás sed» (Jn 6,35).

Jesús es el antídoto eficaz de la muerte: él es la resurrección, y puede así declarar de sí mismo que aquel a quien el Padre otorga la fe que le atrae a él «yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,40). Nadie llega a Cristo Jesús si el Padre no lo atrae a él para que lo resucite levantándolo del sepulcro. Tal es la misión de Jesús, ha venido para cumplir la voluntad del Padre, que «no es un Dios de muertos, sino de vivos» (Mt 22,32), como había respondido Jesús a los saduceos, que negaba la resurrección de los muertos. Jesús se sirve de la fórmula de revelación con la que Dios se da a conocer a los israelitas: «Yo soy…». En efecto, Jesús se manifestará a sí mismo como aquel que es el pan, porque él mismo es la vida que da el pan y es el agua que calma la sed, porque él es el portador del agua de vida eterna; y así dice de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). Al igual que la luz de la vida que ilumina el mundo, Jesús es la resurrección de los muertos, como declarara a Marta angustiada por la muerte de Lázaro: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque haya muerto, no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás» (Jn 11,25s). Porque Jesús es aquel que da el alimento que produce la vida, él es asimismo el buen Pastor que lleva a sus ovejas a pastos de vida eterna, pues ha venido «para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). El alimento de vida eterna es la vida misma del pastor bueno que es Jesús, porque sólo él puede decir de sí mismo: «yo doy mi vida por las ovejas» (Jn10,15).

La primera lectura prepara la comprensión del discurso del pan de vida ayudando a mantener la alegoría del pan de vida que se prolonga desde el Antiguo Testamento hasta el relato del evangelista. El pasaje del libro primero de los Reyes que hemos escuchado produce la impresión de que, una vez derrotado el politeísmo al que ha sido arrastrado el reino de Israel, el rey Ajab acata la fe bíblica después de haber visto el milagro del sacrificio de Elías, que hizo bajar del cielo el fuego que prendió la leña húmeda del altar donde se inmoló la res frente a los sacerdotes de Baal. Elías hizo degollar a los sacerdotes de Baal por llevar al pueblo a la idolatría y al abandono del monoteísmo de Israel. La fe bíblica confesaba que el Dios de los padres, de Abrahán, Isaac y Jacob, era el único Dios vivo y verdadero.

Los comentaristas observan que leyendo el relato sagrado da la impresión de que el rey Ajab sube a lo alto del monte Carmelo para participar en la comida del novillo inmolado como sacrificio de comunión, que recuerda el banquete de la alianza del Señor con Israel por medio de Moisés. Sin embargo, el libro de los Reyes no afirma claramente que Ajab llegara a hacerlo, sino que Elías lo invitó a subir y tomar parte en el banquete, y que poco después le exhortó a que ser refugiara en la ciudad de Yizreel para que no lo cogiera la lluvia torrencial que llegaba después de la sequía (cf. 1Re 19,41-48).  De hecho, el retorno del pueblo al Señor no fue seguido con coherencia por el rey, que instigado por la reina Jezabel, una extranjera fenicia de religión politeísta, se propuso dar caza a Elías, que tuvo que huir[1]. El profeta emprende la dura marcha al desierto del sur hacia el monte Sinaí, llamado también Horeb, donde Moisés experimentó la presencia y la santidad de Dios y recibió la ley. En el camino se sintió desfallecer, sin comida ni protección y se echó bajo una retama deseándose ya la muerte, y se quedó dormido. Elías suplica el favor de la muerte como gracia de Dios, ya que no puede soportar su destino y sólo Dios puede librarlo de él (cf. 1Re 19,4). Ora con las mismas palabras con las que oró Moisés ante la rebelión de los israelitas en el desierto por causa del hambre y de la sed: «Si vas a tratarme así, quítame la vida, si he hallado gracia a tus ojos, para que no vea más mi desventura» (Nm 11,15).

El ángel del Señor le despierta por dos veces y le muestra pan cocido en unas brasas y una jarra de agua, que sacian su hambre y sed. Este alimento del camino adquiere de nuevo el simbolismo que boca el maná del desierto que Dios envió a Israel (cf. 1Re 19,7-8). El autor sagrado se sirve de este simbolismo para evocar la marcha de Israel por el desierto sostenido por la mano de Dios. El número cuarenta se repite en la Biblia un período temporal de duración consistente, de discernimiento y transformación personal y comunitaria, en la cual acontecen hechos que determinan tanto la vida ordinaria como sucesos de carácter extraordinario. Elías inició una marcha al monte sagrado de cuarenta días, que evocan los cuarenta años de la travesía del desierto (cf. 1Re 19,8). El propio Jesús pasará una cuarentena días de ayuno y preparación para proclamar el reino de Dios y realizar la voluntad del Padre (cf. Mc 1,13→Mt 4,2). En este tiempo, desasistido de los poderes humanos y de toda otra alimentación que no sea la que Dios pueda proveer, el pan que recibió de Dios, asimilado al maná, como hemos dicho, es asimismo figura del pan divino por excelencia: la palabra de Dios, verdadero maná que transforma la vida del hombre y sostiene su existencia anclada en la roca firme que es el mismo Dios y la ley divina que defiende al hombre de su propia aniquilación, porque el hombre «vive de todo cuanto sale de la boca de Dios» (Dt 8,3). El pan que alimenta a Elías recuerda el maná, pero en el contexto de la liturgia de la palabra de la Misa, viene a ser figura de la Eucaristía, el alimento que comunica la resurrección y la vida eterna.

El evangelio avanza sobre la idea central en el discurso del pan de vida: la revelación de Jesús como aquel en quien se hace visible el Padre, porque Dios no puede ser visto dice el evangelista: «A Dios nadie lo ha visto jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer» (Jn 1,18→3,13). Sobre ese principio del conocimiento de Dios en Cristo se asienta el acceso a Dios por medio de la humanidad de Jesucristo como Verbo encarnado del Padre, Hijo unigénito, engendrado en Dios y nacido como hombre de la Virgen María. Es el Hijo el que ha visto a Dios, ninguno otro ser ocupa el lugar del Hijo único de Dios, por eso es necesario dejarse conducir por Dios para conocer al Hijo. El evangelio de san Juan tiene un doble movimiento de revelación: Dios es revelado por Jesús y el conocimiento de la identidad verdadera de Jesús es revelación de Dios. Por eso el conocimiento de Cristo vivifica, motivo por el cual debe ser conocido como aquel en quien el Padre se revela, como dice Jesús a Felipe: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muestra nos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?» (Jn 14,9-10).

Son muchos los síntomas de que los cristianos estamos siendo víctimas de una gran confusión en detrimento del Evangelio. Jesucristo es el don preciado que hemos de entregar al mundo, para que se salve por él, porque en la vida del hombre está la misma gloria de Dios (S. Ireneo de Lyon). No se trata ya, como sucedía con las propuestas humanistas y alternativas a la fe cristiana en el pasado siglo XX, resultado de un concepto errado de Dios y del hombre, sino de la pérdida cada vez más notoria de la identidad verdadera del ser humano creado a imagen de Dios. Hoy se impone una ideología que no necesita de Dios, porque el hombre ha perdido la capacidad de reconocer su propia identidad. Así, hoy se sostiene que cada uno será lo que quiera hacer de sí mismo, como si el hombre pudiera por sí mismo crear su propia identidad, pues dice Jesús: «quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?» (Mt 6,27).

El mundo necesita, por esto mismo, del conocimiento de Jesús como portador de vida y resurrección para el hombre. Llevar a Jesús al mundo es la evangelización que el mundo necesita: mostrarle la novedad que Dios nos ha revelado en Cristo, una humanidad liberada de la entelequia y la nada de un mundo sin Dios, de un ser mundo abierto a lo que el hombre quiera hacer de sí mismo, como si el hombre pudiera crearse a sí mismo contra la realidad que Dios ha puesto en él. Dios nos ha revelado en Jesucristo la imagen de nuestra propia humanidad, en la que el amor constituye nuestra más honda verdad. En ella Dios nos da a conocer la apertura de cada ser humano al amor del prójimo, a estar llamado a ser amado y a amar al prójimo como razón y condición de una vida con sentido, porque así exhorta san Pablo a los Efesios: «como hijos queridos de Dios, vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como víctima de suave olor» (Ef 5,2).

Santo Domingo de Guzmán, de cuya muerte en la pasada fiesta de la Transfiguración del Señor se han cumplido ochocientos años, lo dejó todo para lanzarse a los caminos de la Europa medieval y proclamar que la salvación del hombre y la concordia en la paz de las naciones sólo se asienta en la palabra de Dios. Que este gran testigo de la fe y ministro de la evangelización interceda por nosotros y su magisterio nos enseñe a recurrir al amparo de la Virgen Madre del Señor para no perder la orientación cristiana de la vida.

 

S.A. Iglesia Catedral de la Encarnación

Almería, a 8 de agosto de 2021

 

[1] J. T. Walsh-Ch. T. Begg, «1 y 2 de Reyes», en R. E. Brown-J. A. Fitzmyer, R. E. Murphy (eds.), Nuevo comentario de San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 2005): nn. 32-33.

Despedida de las Hijas de la Caridad de Lanzarote – 8 de agosto de 2021

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“GUSTEN Y VEAN QUE BUENO ES EL SEÑOR”

En la misa de este domingo, con el autor del Salmo 33, decíamos: “Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren. Proclamen conmigo la grandeza del Señor…”. Con las letras de esta carta quiero también agradecer, proclamar y bendecir a Dios por los 45 años de presencia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en nuestra isla de Lanzarote.

Les propuse de hacer una sencilla celebración litúrgica de despedida, pero sé también que ellas tienen muy claro por su hermoso carisma y vocación, aquello de “siervos inútiles somos…hemos hecho lo que teníamos que hacer…” y por eso son reacias a homenajes, reconocimientos y despedidas.

Hijas de la caridad lanzarote 2

Fue en un lejano primero de mayo de 1976, cuando el primer grupo de 6 hermanas se establecieron en la llamada Casa del Marino del barrio de Valterra, para la atención y cuidado de los enfermos. Dos años antes en 1974, casi simultáneamente, otras comunidades se establecían en el municipio de Tinajo y en la Isla de la Graciosa, donde también realizaron una fecunda labor apostólica y aún se les recuerda con mucho cariño y gratitud. Con el tiempo, las hermanas de Arrecife se trasladaron al barrio de Maneje para la atención de niños y jóvenes en riesgo de exclusión social, hasta el cierre del centro en el año 2011. Pero continuaron viviendo allí, implicadas y comprometidas en la acción pastoral y evangelizadora. Y es en 2014 cuando se ubican en el centro de la ciudad para implicarse al máximo en los diferentes proyectos de Cáritas Interparroquial, en la catequesis, en la pastoral de la salud y penitenciaria, en los consejos parroquiales y arciprestales, en el grupo misionero Ayuda para Ayudar, en la asociación de laicos de la Medalla Milagrosa…una labor oculta, discreta y silenciosa que muchas veces pasó desapercibida pero que ahora  echamos en falta.

Tengo que confesarles que cuando el pasado miércoles 28 de julio despedí en el muelle a las dos últimas hermanas, sentí mucha tristeza porque se cerraba una larga y hermosa etapa de varias décadas. Pero al mismo tiempo quería traer a mi memoria sentimientos de gratitud por lo que juntos hemos compartido. En los últimos 12 años hemos despedido a otras cuatro comunidades de religiosas. En la Isla de Lanzarote llegaron a ser más de una decena. Sólo quedan ahora las Misioneras hijas de la Sagrada Familia de Nazaret que atienden el único colegio religioso concertado en la capital. Hay que seguir ayudándoles y apoyándoles, pues la vida religiosa es necesaria y complementaria con el trabajo que los sacerdotes y los laicos comprometidos realizamos.

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Cada 25 de marzo en las fiestas de la Anunciación, las hermanas renuevan su Sí primero de la llamada del Señor a través de la Compañía de San Vicente de Paúl. Y cada año de manera muy sencilla y profunda al mismo tiempo, se contempla aquella escena del evangelio de Lucas en el Anuncio del Ángel a María. “No temas María”, le dice el ángel Gabriel. No temas le dice también a cada hermana y a nosotros hoy. No temas comunidad nos dice el señor en esa presencia amorosa, cuál lámpara encendida, del pan y el vino consagrados. Y como María nos ponemos en silencio a la escucha del Señor y le pedimos que nos ilumine para mantener encendida la lámpara de la fe, del amor y la caridad para con los más pobres.

Durante casi cinco décadas, han sido muchas las hermanas que quedan en el recuerdo agradecido de todos. Muchas han pasado a la casa del Padre y otras siguen trabajando con ilusión y entrega en otras realidades y lugares. Es imposible enumerarlas a todas. Ellas al estilo del caminante de Nazaret, también han dejado huella en nuestras vidas. Permítanme sólo mencionar a la última comunidad compuesta por Sor Encarnación Alfaro, Sor Pilar Santos y Sor María Dolores Cruz. En nombre de todo nuestro arciprestazgo de Lanzarote y La Graciosa, GRACIAS por darnos el regalo del testimonio de sus vidas consagradas. De bien nacidos es el ser agradecidos. Su casa fue siempre para mí una Betania donde compartir anécdotas, risas, cantos, lloros, preocupaciones, sueños, plegarias, proyectos, inquietudes, dificultades… En adelante no se podrá hacer una lectura seria y rigurosa de la historia eclesial de esta porción de la Diócesis de Canarias, sin tener en cuenta la labor sencilla, discreta y oculta, pero eficaz y fecunda, de este buen puñado de mujeres que como una legión de ángeles han pasado sin hacer ruido. Es difícil, casi imposible, describir y enumerar tantos detalles, acontecimientos, anécdotas, situaciones, experiencias… Sólo Dios, bien conoce los corazones y tiene siempre buena memoria. En su corazón todo está bien grabado. Y sólo a él se debe dirigir nuestra gran acción de gracias, porque sigue visitando y santificando a su pueblo. No estamos lejos del amor de Dios, no hay sequía en su misericordia a pesar de que muchas veces nos encontremos adorando ídolos que no pueden salvar.

Hoy no se entiende la misión y la evangelización, si no se mira al mundo con simpatía, tratando de acoger lo bueno, lo noble, lo agradable y lo bello que en él se encuentra. Saliendo siempre, como nos dice el papa Francisco, al encuentro de los que están en las periferias existenciales y geográficas. Las Hijas de la Caridad así bien lo saben desde sus orígenes y lo llevan como impreso en su ADN. Y esto supone siempre una postura de escucha, una mirada serena, una actitud positiva, una paciencia histórica. Y ello, lejos de provocar la huida, el temor o la mirada de desprecio, provoca el nacimiento de la actitud de misericordia y como rezamos en la Salve, pedimos confiados a Dios que vuelva siempre a nosotros esos sus ojos misericordiosos.

Una misericordia que a través de estas hermanas hemos visto en forma de pan para el hambriento; en forma de educación y catequesis para el que necesita aprender; en forma de sanidad en la atención, el cariño y la cercanía al enfermo; en forma de justicia para el explotado, encarcelado y excluido; en forma de pobreza evangélica para el empobrecido o para el fascinado por el dinero; en forma de experiencia de Dios para el que está atrapado por el materialismo y hedonismo; en forma de obediencia para el que sólo se escucha así mismo; en forma de humildad y cercanía para el que se encuentra hundido y deprimido; en forma de pequeña antorcha de esperanza para todo aquel que se cree autosuficiente y vive deslumbrado por un progreso que parece no tener fin, aunque haya sido duramente castigado por la crisis de esta pandemia que aún padecemos.

Hijas de la Caridad lanzarote 4

El futuro queda abierto con esperanza en las manos de Dios. Nos enfrentamos a él sin bastón y sin alforjas, totalmente a la intemperie y con incertidumbre, pero también con la certeza y seguridad de que los infiernos de este mundo no prevalecerán sobre la fe y la Iglesia. Dios siempre es providente y nunca nos deja de su mano. De nuestra parte, a ejemplos de María, tenemos que confiar y ponernos cada día en silencio a la escucha del Señor ante el sagrario y pedirle que nos ilumine, que nos haga descubrir la forma de hacer su voluntad en estos momentos.

En este año de San José, fiel custodio de los vocacionados y de la familia, tenemos que seguir pidiendo para que el Señor siga suscitando entre los más jóvenes operarios para su miés. Y entre todos tenemos que acoger y proponer, apoyar y acompañar sin miedos a los llamados. Muchas veces nos encontraremos como Pedro y el resto de los discípulos en la orilla del lago, remendando las redes porque no hemos pescado nada durante la noche. Y si seguimos atentos, veremos aparecer al Señor que nos invitará a ponernos de nuevo en marcha, ir al fondo del lago y en su nombre echar las redes, porque somos pescadores de hombres.

GRACIAS HERMANAS. Dios premie tanto bien y les siga bendiciendo con su amor. En esta isla de Lanzarote y la Graciosa siempre se les recordará con cariño y gratitud. Y siempre permaneceremos unidos en la amistad y la oración.

¡San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac, rueguen por nosotros!

Miguel Hernández Suárez.

Párroco de San Ginés en Arrecife y Santa
Elena de Playa Honda. Arcipreste de Lanzarote.

Lanzarote, domingo 8 de agosto 2021.

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JOC Canarias: Campus JOC 2021 – agosto 2021

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Joc campamento 20211

 

Durante el fin de semana del 6-8 de agosto los jóvenes del Movimiento Juventud Obrera Cristiana de nuestra Diócesis de Canarias, han realizado la actividad “CAMPUS JOC – 2021”. 
Cumpliendo todas las medidas sanitarias más de 20 jóvenes de distintas zonas y parroquias se han encontrado para seguir compartiendo inquietudes, reflexión, ocio y deseo de hacer proceso.
Joc campamento 20211
Trabajaron el tema de la participación juvenil en los distintos ambientes juveniles y la importancia de esta participación para transformar la realidad que les rodea. Todo ello con dinámicas, talleres, reflexiones y oraciones que ayudaban a tomar conciencia.  
JOC campamento 20212
La conclusión a la que ha llegado es la siguiente: 
“Durante los últimos años las personas jóvenes hemos sido vistas como unas gandulas por la sociedad, desprovistas de iniciativa y solo interesadas en lo nuestro. Durante el campus de verano, celebrado los días 6, 7 y 8 de agosto, hemos descubierto que la realidad es otra, que tenemos la capacidad para cambiar las cosas. 
Muchas jóvenes ponen al servicio sus capacidades para transformar su ambiente cercano, el inconformismo, la ilusión, ganas de crecer y mejorar este mundo. 
Después de lo trabajado queremos estar más atentas a nuestros ambientes para poder resolver las dificultades e injusticias que se presenten.
Les invitamos a alzar la voz y también formar parte del cambio a un futuro mejor.”
Han realizado un video para dar mayor difusión a esta reflexión:
Canal de vídeos de JOC Canarias:

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Fiestas de Santa Elena de la Cruz en Playa Honda y de san Ginés 2021 en Arrecife de Lanzarote

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san gines

 

FIESTA DE SAN GINÉS y de santa Elena de la Cruz en Playa Honda 2021

ARRECIFE DE LANZAROTE

Fiesta santa Elena 21

fiesta san gines 21

Saluda del párroco

Queridos feligreses y vecinos de Arrecife:

Desde hace unos cuantos siglos, cada 25 de agosto, esta comunidad
cristiana se reúne para honrar y festejar a su santo patrono, San Ginés Obispo.
Al parecer desde el año 1574, existía una pequeña Ermita en la Puntilla del
Charco de San Ginés, dedicada al Santo Obispo natural de la localidad francesa
de Clermont Ferrand. Derruida por un ataque berberisco, fue reedificada
nuevamente por el año 1630 gracias a la iniciativa del navegante D. Francisco
García Santaella. Luego sufre una serie de ampliaciones y remodelaciones,
hasta que se consolida allá por el año 1665. Y es a partir del año 1798,
contando el Puerto de Arrecife con una población de unos 700 vecinos, cuando
el Templo Matriz de San Ginés y la ciudad de Arrecife se convierte en Parroquia
por decreto del Obispo Don Manuel Verdugo y Alviturnia. Sería su primer
párroco Don Francisco Acosta Espinosa.

Desde entonces, gracias al esfuerzo de tantos creyentes que nos han
precedido en la Fe, en esta comunidad se ha intentado vivir el mandato del
Señor de ser “Sal de la tierra y luz del mundo”. Aquí hay una gran parroquia viva,
dinámica, entusiasta y comprometida con la Evangelización en todos los ámbitos
de la vida, socio-caritativo, litúrgico y pastoral. Así lo he podido comprobar en los
14 años intensos que he compartido con ustedes.

Y después de los Sangineles del 2021, llega la hora de mi despedida. Quiero
aprovechar estas líneas para simplemente expresar mis sentimientos de
alabanza, gratitud, perdón y súplica. Alabanza a Dios que no está lejos de su
pueblo, y nos sostiene con mano poderosa y misericordiosa. Gratitud por tantas
personas y acontecimientos que quedan grabados en mi memoria. Perdón por
mis errores y limitaciones, por el mal que he cometido. Y Súplica al Padre para
que seamos testigos de la Buena Noticia de Jesús cada uno en sus ámbitos. Él
es el único CAMINO, VERDAD y VIDA. Se abren retos apasionantes para el
futuro más inmediato. Van a contar con un gran párroco, buen sacerdote y viejo
amigo, D. Juan Carlos Medina que conoce bien Lanzarote. Aquí se sentirá muy
acogido, respetado y apoyado por todos. Bienvenido!!!

Por la actual situación de pandemia, que aún padecemos tampoco podremos
sacar este año en procesión la imagen del Santo Patrón por las calles de la
ciudad. Pero tendremos el tradicional Quinario y la Solemne Función religiosa,
guardando toda la normativa y restricciones oportunas. Y podremos participar de
los actos lúdicos, deportivos y culturales programados por la concejalía de
Festejos del EXCMO. Ayuntamiento de Arrecife. Disfrutemos de estas fiestas
con alegría y responsabilidad. Siempre han tenido un encanto tradicional y
popular, únicas y diferentes… y a todos despido muy agradecido, deseándoles lo
mejor. Les quiero y les llevo en mi corazón. Que el Señor les bendiga, la Virgen
les favorezca y San Ginés interceda por esta gran capital y todas sus gentes.
Unidos siempre en la oración, reciban un fuerte abrazo.

VIVA SAN GINÉS!!!

Miguel Hernández Suárez
Párroco.

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Jesús nos revela que la vida del hombre es don y la gloria de Dios

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Lecturas bíblicas: 1Re 19,4-8; Sal 33,2-9 (R/. «Gustad y ved que bueno es el Señor»); Ef 4,30-5,2; Aleluya: Jn 6,51: «Yo soy el pan vivo, bajado del cielo, dice el Señor»; Jn 6,41-52.

Queridos hermanos y hermanas:

El evangelio de este domingo es un fragmento más del discurso del pan de vida; y en él Jesús manifiesta conocer bien la dificultad con la que tropiezan sus adversarios para reconocer su origen divino, y aceptar que haya bajado del cielo como maná de vida eterna. Como ya veíamos el domingo pasado, Jesús responde a esta dificultad manifestando que, aunque conocen a sus padres y familiares, para llegar al misterio de su persona se requiere la fe que sólo Dios puede dar. Una fe que no es meramente humana, como oferta de confianza, sino visión interior y conocimiento que sólo puede darse por acción de la gracia en la mente y el corazón del hombre, porque es obra de Espíritu Santo. Por eso les dice: «Nadie puede venir a mí, si no lo trae el Padre que me ha enviado» (Jn 6,44). Esta respuesta está en paralelo con la que dio a Pedro, que le confesó Hijo del Dios vivo respondiendo a la pregunta de Jesús acerca de lo que la gente comentaba sobre el Hijo del hombre y su origen. Jesús contestó a Pedro: Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo» (Mt 16,17).

Esta fe en Jesús sólo se alimenta con la presencia de Dios y la comunión en su cuerpo y sangre, en el pan del cielo que es la Eucaristía. El mismo Jesús como pan bajado del cielo y verdadero maná es el alimento de la fe en su misterio personal y misión divina. La alegoría se prolonga en el discurso dando lugar a una comprensión más ajustada a la realidad que el evangelista desvela como contenido de la revelación de Dios en la persona de Jesús. Jesús es el pan que trae consigo la salvación a quienes lo comen: con este pan el que cree supera la muerte y llega definitivamente a vivir de la vida de Dios.  Por eso, el pan que es Jesús no satisface de momento como el pan terreno, sino que su efecto es satisfacer plenamente el hambre y calmar para siempre la sed: «…el que viene a mí no tendrá jamás hambre y el que cree en mí no tendrá jamás sed» (Jn 6,35).

Jesús es el antídoto eficaz de la muerte: él es la resurrección, y puede así declarar de sí mismo que aquel a quien el Padre otorga la fe que le atrae a él «yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6,40). Nadie llega a Cristo Jesús si el Padre no lo atrae a él para que lo resucite levantándolo del sepulcro. Tal es la misión de Jesús, ha venido para cumplir la voluntad del Padre, que «no es un Dios de muertos, sino de vivos» (Mt 22,32), como había respondido Jesús a los saduceos, que negaba la resurrección de los muertos. Jesús se sirve de la fórmula de revelación con la que Dios se da a conocer a los israelitas: «Yo soy…». En efecto, Jesús se manifestará a sí mismo como aquel que es el pan, porque él mismo es la vida que da el pan y es el agua que calma la sed, porque él es el portador del agua de vida eterna; y así dice de sí mismo: «Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no caminará en la oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida» (Jn 8,12). Al igual que la luz de la vida que ilumina el mundo, Jesús es la resurrección de los muertos, como declarara a Marta angustiada por la muerte de Lázaro: «Yo soy la resurrección. El que cree en mí, aunque haya muerto, no morirá para siempre; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás» (Jn 11,25s). Porque Jesús es aquel que da el alimento que produce la vida, él es asimismo el buen Pastor que lleva a sus ovejas a pastos de vida eterna, pues ha venido «para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10,10). El alimento de vida eterna es la vida misma del pastor bueno que es Jesús, porque sólo él puede decir de sí mismo: «yo doy mi vida por las ovejas» (Jn10,15).

La primera lectura prepara la comprensión del discurso del pan de vida ayudando a mantener la alegoría del pan de vida que se prolonga desde el Antiguo Testamento hasta el relato del evangelista. El pasaje del libro primero de los Reyes que hemos escuchado produce la impresión de que, una vez derrotado el politeísmo al que ha sido arrastrado el reino de Israel, el rey Ajab acata la fe bíblica después de haber visto el milagro del sacrificio de Elías, que hizo bajar del cielo el fuego que prendió la leña húmeda del altar donde se inmoló la res frente a los sacerdotes de Baal. Elías hizo degollar a los sacerdotes de Baal por llevar al pueblo a la idolatría y al abandono del monoteísmo de Israel. La fe bíblica confesaba que el Dios de los padres, de Abrahán, Isaac y Jacob, era el único Dios vivo y verdadero.

Los comentaristas observan que leyendo el relato sagrado da la impresión de que el rey Ajab sube a lo alto del monte Carmelo para participar en la comida del novillo inmolado como sacrificio de comunión, que recuerda el banquete de la alianza del Señor con Israel por medio de Moisés. Sin embargo, el libro de los Reyes no afirma claramente que Ajab llegara a hacerlo, sino que Elías lo invitó a subir y tomar parte en el banquete, y que poco después le exhortó a que ser refugiara en la ciudad de Yizreel para que no lo cogiera la lluvia torrencial que llegaba después de la sequía (cf. 1Re 19,41-48).  De hecho, el retorno del pueblo al Señor no fue seguido con coherencia por el rey, que instigado por la reina Jezabel, una extranjera fenicia de religión politeísta, se propuso dar caza a Elías, que tuvo que huir[1]. El profeta emprende la dura marcha al desierto del sur hacia el monte Sinaí, llamado también Horeb, donde Moisés experimentó la presencia y la santidad de Dios y recibió la ley. En el camino se sintió desfallecer, sin comida ni protección y se echó bajo una retama deseándose ya la muerte, y se quedó dormido. Elías suplica el favor de la muerte como gracia de Dios, ya que no puede soportar su destino y sólo Dios puede librarlo de él (cf. 1Re 19,4). Ora con las mismas palabras con las que oró Moisés ante la rebelión de los israelitas en el desierto por causa del hambre y de la sed: «Si vas a tratarme así, quítame la vida, si he hallado gracia a tus ojos, para que no vea más mi desventura» (Nm 11,15).

El ángel del Señor le despierta por dos veces y le muestra pan cocido en unas brasas y una jarra de agua, que sacian su hambre y sed. Este alimento del camino adquiere de nuevo el simbolismo que boca el maná del desierto que Dios envió a Israel (cf. 1Re 19,7-8). El autor sagrado se sirve de este simbolismo para evocar la marcha de Israel por el desierto sostenido por la mano de Dios. El número cuarenta se repite en la Biblia un período temporal de duración consistente, de discernimiento y transformación personal y comunitaria, en la cual acontecen hechos que determinan tanto la vida ordinaria como sucesos de carácter extraordinario. Elías inició una marcha al monte sagrado de cuarenta días, que evocan los cuarenta años de la travesía del desierto (cf. 1Re 19,8). El propio Jesús pasará una cuarentena días de ayuno y preparación para proclamar el reino de Dios y realizar la voluntad del Padre (cf. Mc 1,13→Mt 4,2). En este tiempo, desasistido de los poderes humanos y de toda otra alimentación que no sea la que Dios pueda proveer, el pan que recibió de Dios, asimilado al maná, como hemos dicho, es asimismo figura del pan divino por excelencia: la palabra de Dios, verdadero maná que transforma la vida del hombre y sostiene su existencia anclada en la roca firme que es el mismo Dios y la ley divina que defiende al hombre de su propia aniquilación, porque el hombre «vive de todo cuanto sale de la boca de Dios» (Dt 8,3). El pan que alimenta a Elías recuerda el maná, pero en el contexto de la liturgia de la palabra de la Misa, viene a ser figura de la Eucaristía, el alimento que comunica la resurrección y la vida eterna.

El evangelio avanza sobre la idea central en el discurso del pan de vida: la revelación de Jesús como aquel en quien se hace visible el Padre, porque Dios no puede ser visto dice el evangelista: «A Dios nadie lo ha visto jamás; Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien nos lo ha dado a conocer» (Jn 1,18→3,13). Sobre ese principio del conocimiento de Dios en Cristo se asienta el acceso a Dios por medio de la humanidad de Jesucristo como Verbo encarnado del Padre, Hijo unigénito, engendrado en Dios y nacido como hombre de la Virgen María. Es el Hijo el que ha visto a Dios, ninguno otro ser ocupa el lugar del Hijo único de Dios, por eso es necesario dejarse conducir por Dios para conocer al Hijo. El evangelio de san Juan tiene un doble movimiento de revelación: Dios es revelado por Jesús y el conocimiento de la identidad verdadera de Jesús es revelación de Dios. Por eso el conocimiento de Cristo vivifica, motivo por el cual debe ser conocido como aquel en quien el Padre se revela, como dice Jesús a Felipe: «Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: “Muestra nos al Padre? ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí?» (Jn 14,9-10).

Son muchos los síntomas de que los cristianos estamos siendo víctimas de una gran confusión en detrimento del Evangelio. Jesucristo es el don preciado que hemos de entregar al mundo, para que se salve por él, porque en la vida del hombre está la misma gloria de Dios (S. Ireneo de Lyon). No se trata ya, como sucedía con las propuestas humanistas y alternativas a la fe cristiana en el pasado siglo XX, resultado de un concepto errado de Dios y del hombre, sino de la pérdida cada vez más notoria de la identidad verdadera del ser humano creado a imagen de Dios. Hoy se impone una ideología que no necesita de Dios, porque el hombre ha perdido la capacidad de reconocer su propia identidad. Así, hoy se sostiene que cada uno será lo que quiera hacer de sí mismo, como si el hombre pudiera por sí mismo crear su propia identidad, pues dice Jesús: «quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida?» (Mt 6,27).

El mundo necesita, por esto mismo, del conocimiento de Jesús como portador de vida y resurrección para el hombre. Llevar a Jesús al mundo es la evangelización que el mundo necesita: mostrarle la novedad que Dios nos ha revelado en Cristo, una humanidad liberada de la entelequia y la nada de un mundo sin Dios, de un ser mundo abierto a lo que el hombre quiera hacer de sí mismo, como si el hombre pudiera crearse a sí mismo contra la realidad que Dios ha puesto en él. Dios nos ha revelado en Jesucristo la imagen de nuestra propia humanidad, en la que el amor constituye nuestra más honda verdad. En ella Dios nos da a conocer la apertura de cada ser humano al amor del prójimo, a estar llamado a ser amado y a amar al prójimo como razón y condición de una vida con sentido, porque así exhorta san Pablo a los Efesios: «como hijos queridos de Dios, vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por vosotros como víctima de suave olor» (Ef 5,2).

Santo Domingo de Guzmán, de cuya muerte en la pasada fiesta de la Transfiguración del Señor se han cumplido ochocientos años, lo dejó todo para lanzarse a los caminos de la Europa medieval y proclamar que la salvación del hombre y la concordia en la paz de las naciones sólo se asienta en la palabra de Dios. Que este gran testigo de la fe y ministro de la evangelización interceda por nosotros y su magisterio nos enseñe a recurrir al amparo de la Virgen Madre del Señor para no perder la orientación cristiana de la vida.

Adolfo González Montes + Obispo de Almería

S.A.I. Iglesia Catedral de la Encarnación

Almería, a 8 de agosto de 2021

[1] J. T. Walsh-Ch. T. Begg, «1 y 2 de Reyes», en R. E. Brown-J. A. Fitzmyer, R. E. Murphy (eds.), Nuevo comentario de San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 2005): nn. 32-33.

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