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«Proponer a Cristo al mundo, programa de evangelización»

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El Obispo diocesano quiere estimular las vocaciones sacerdotales y las vocaciones de vida consagrada en estos momentos en que la Iglesia necesita proponer al mundo a Cristo como programa de evangelización.

Los frailes dominicos han cruzado una aventura de ocho siglos de duración que ha fascinado a los jóvenes de muchas generaciones. Santo Domingo se enfrentó a la expansión en Europa de la herejía de los cátaros, apoyando la predicación de Cristo en la vida por entero consagrada a Dios, siguiendo el camino de los consejos evangélicos. Lo que hizo sirviéndose del lema programático dominicano: “verbo et exemplo”, con la predicación y el ejemplo, porque la predicación ha de autenticarse con el ejemplo de vida en Cristo.

«PROPONER A CRISTO AL MUNDO, PROGRAMA DE EVANGELIZACIÓN»

Carta a todos los diocesanos en el VIII Centenario de la muerte de Santo Domingo de Guzmán

Queridos diocesanos, queridos religiosos de la Orden de Predicadores y queridos jóvenes a los que Jesús sigue llamando a dedicarle por entero la vida:

Aunque dirijo estas reflexiones a todos los diocesanos, me dirijo con especial afecto a los religiosos de la comunidad de la Orden de Predicadores, porque esta carta la he escrito al hilo de la memoria del fundador de los dominicos, hombres y mujeres que han seguido a Cristo atraídos por el carisma de vida consagrada de la Orden dominicana. Me dirijo también a los jóvenes, cuyo compromiso de amor por Jesús convertido en seguimiento estrecho de discipulado y configuración con él quisieren estimular estas reflexiones que siguen, cuando se han cumplido ochocientos años de la muerte en Bolonia de santo Domingo de Guzmán el pasado día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración del Señor. Este VIII Centenario de la muerte de santo fundador de la Orden de Predicadores llega después de haberse celebrado el 22 de diciembre de 2016 los ochocientos años de su confirmación por el papa Honorio III. Nos ayudará a explanar etas reflexiones la figura de este Pontífice, que se contempla, en humilde representación postrado a los pies del inmenso Cristo Maestro, en el mosaico del ábside de la basílica papal de San Pablo Extramuros de Roma.

La circunstancia histórica y los comienzos de Santo Domingo de Guzmán como evangelizador de Europa

Quiero evocar esta adoración de Cristo por Honorio III, a la que acabo de aludir, porque los comienzos de santo Domingo de Guzmán (Caleruega h. 1170 – Bolonia, 6 agosto 1221) cuajaron en la confirmación de la Orden de Predicadores por el Papa, que tan eficaz fue en la ordenación de la Curia romana siendo cardenal Cencio Savelli, que como camarlengo con el papa Celestino III preparó de hecho la administración universal de la Iglesia[1] que alcanzó su consolidación con Inocencio III. La representación de Honorio III a los pies de Cristo motiva estas reflexiones al hilo de la historia de la génesis de la Orden de los frailes predicadores que fundó el santo capitular de Osma.

Domingo, en unión con el que fuera su propio obispo Diego de Acebes, prior del capítulo canonical de Osma, iniciaron, en efecto, un camino de radical seguimiento de Cristo que había de resultar de la experiencia vivida por ambos en el viaje que realizaron a Dinamarca para dar cumplimiento a la encomienda que el rey Alfonso VIII de Castilla les hacía, con la intención de convenir el matrimonio de su hijo Fernando con una joven de la nobleza danesa. Los enviados atravesaron Francia acosada por la herejía de los cátaros, que habían comenzado una revolución doctrinal y de vida eclesial que acabó apartando a los herejes de la tradición de la fe apostólica. Cumplida la misión, comunicaron al rey la conformidad para el matrimonio. Un segundo viaje tuvo un desenlace menos feliz, ya que la joven había fallecido y de regreso a Osma, el obispo de Osma y Domingo, subprior de su capítulo canonical, enviaron algunos miembros del grupo de la encomienda a dar la noticia al rey, mientras ellos decidieron acudir a Roma con los restantes a suplicar de Inocencio III que les permitiera dejar la sede episcopal hispana, para entregarse por entero a combatir la herejía con el ejemplo de una vida evangélica y la predicación recta de la fe apostólica. Se configuraba así el primer grupo evangelizador, cuya orientación de vida apostólica tenía como finalidad la «predicación de Jesucristo», sin olvidar el ejercicio de la caridad y la vida en castidad y pobreza que había de acompañar la predicación[2].

Cristo como centro y objetivo para una renovación de la Iglesia alternativa al movimiento cátaro sería la empresa para la que solicitaban la aprobación de Inocencio III, que fallecía en poco tiempo después. El Pontífice Romano que tanto hizo por con solidar la Sede Apostólica en tiempo tan difíciles dio la licencia y amparo al que podemos considerar grupo apostólico precursor entregado a la “nueva evangelización” de los territorios del Languedoc perturbados por la herejía, al frente de los que pronto quedaba Domingo por el fallecimiento en 1207del obispo don Diego de regreso a Burgo de Osma, sede de su Obispado. Éste había aconsejado al grupo apostólico: “Despuntad clavo con clavo; poned en fuga la santidad fingida con una verdadera virtud”. En el consejo del obispo de Osma se convertiría en el lema verbo et exemplo de la de los frailes dominicos, y en él resuenan aquellas palabras de Jesús: «Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos? Así, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos» (Mt 7,16-17). Desecho el grupo, tras la muerte del santo obispo emprendería Domingo casi en solitario, en tanto fue allegando los compañeros que emprendieran con él el camino fundacional que acabó en la confirmación ya por Honorio III de la Orden de Predicadores, primero con la bula de 22 de diciembre de 2016 y después con la de 21 de enero de 2917[3].

El desafío y la tarea de una nueva evangelización

Hoy como entonces, la Iglesia se halla dividida y una creciente desorientación hace presa en amplios sectores de pastores y fieles amenazando la comunión eclesial, como advierte el papa Francisco, alertando contra las herejías que son viejas y también nuevas, porque vuelven en nuestros días con vestiduras que disimulan su antigüedad en la historia de la Iglesia. Francisco denuncia el nuevo gnosticismo, que califica de “una de las peores ideologías”, que por su propia naturaleza pretende domesticar el misterio de Dios y de su gracia, y el misterio de la vida de los demás[4]. El gnosticismo, que todo lo fía en un conocimiento desencarnado, vuelve la espalda a la realidad para imaginar una realidad alternativa, pero en sí misma irreal y sin condiciones de posibilidad, es un ensueño de la razón autónoma del hombre autosuficiente y alejado de Dios y de Cristo.

Contra esta desviación de la fe cristiana, el papa recuerda a todos los cristianos que los seres humanos muy pobremente acedemos a la verdad que recibimos del Señor y que aún nos cuesta más expresarla con fidelidad. En consecuencia, nadie está autorizado a «ejercer una supervisión estricta de los demás»[5], cosa que por desgracia sucede en las diversas mentalidades que conviven en la Iglesia y cuya legitimidad en principio ampara la exhortación del Papa. Esta desviación tiende a veces a encerrar la doctrina de la fe en fórmulas de expresión asimismo limitadas en el tiempo, desembocando en un doctrinarismo cerrado sobre sí mismo, pero no debe confundirse con la necesaria proposición de la fe transmitida por la tradición eclesial y normada por la regla misma de la fe, corresponde al magisterio eclesiástico de la Iglesia exponer, conservar y transmitir. De ahí que la legítima oposición a un doctrinarismo cerrado sobre sí mismo no pueda avalar la interpretación discrecional de la tradición de fe ni aceptar su sometimiento a una visión ideológica del ser humano y de su condición social que acomode la confesión de fe a las exigencias alternativas de la cultura ambiente y la opinión mayoritaria en un momento histórico-social concreto, ni siquiera so pretexto de reforma evangélica que puede conducir de hecho al cisma y la herejía con la consiguiente destrucción de la comunión eclesial, que fue lo que sucedió con algunos movimientos de renovación evangélica medieval como el movimiento cátaro o albigense.

Nos apremia el reto y la empresa de una nueva evangelización, a la que venimos siendo convocados por los últimos papas, porque la progresiva secularización de la vida cristiana está llevando a una acomodación al mundo de la Iglesia como colectividad social.

En la situación presente de la Iglesia, sometida las fuertes tensiones que provocan las oposiciones entre los diversos sectores de la comunidad eclesial, no podemos menos de evocar la apuesta de Diego y Domingo. Nos apremia el reto y la empresa de una nueva evangelización, a la que venimos siendo convocados por los últimos papas, porque la progresiva secularización de la vida cristiana está llevando a una acomodación al mundo de la Iglesia como colectividad social. Esta secularización de las sociedades cristianas en la que estamos inmersos nos obliga a tomar como criterio la corresponsabilidad de todos los bautizados para hacer frente a la difícil tarea de la nueva evangelización de las viejas naciones cristianas. Como santo Domingo y su grupo apostólico fundacional hemos de sentir la desazón y la quemazón de la necesidad de la predicación del Evangelio en estas naciones de trayectoria cristiana que han configurado no sólo la historia de Europa, sino que se han portado la luz del Evangelio a numerosos pueblos y se han proyectado sobre el mundo conformando lo que entendemos por civilización cristiana occidental, aunque el cristianismo surgió en el que hoy denominamos Oriente próximo o cercano. La Iglesia Católica y las demás Iglesias y comunidades eclesiales tienen ante ellas la tarea de su propia contribución a la construcción de la nueva Europa, impidiendo que se oculten o ignoren deliberadamente sus propias raíces cristianas, como he puesto de manifiesto estos años en diversos escenarios[6].

Tenemos delante el desafío de la apremiante renovación de la Iglesia, de su reconstrucción evangélica, como en los tiempos de Domingo de Guzmán.

Así, pues, tenemos delante el desafío de la apremiante renovación de la Iglesia, de su reconstrucción evangélica, como en los tiempos de Domingo de Guzmán, que sólo se puede lograr con hechos que sean frutos de legitimación de que cuanto hemos de proponer al mundo como vida de la Iglesia. Ésta sólo podrá mostrarse como tal si la propuesta de los cristianos para el presente de nuestras sociedades occidentales, necesitadas de nueva evangelización, resulta por sí misma creíble y procedente de la acción del Espíritu Santo, porque así lo han hecho manifiesto en los hitos históricos de regeneración del cuerpo social de la Iglesia los hechos que han dado curso al proceso de transformación de la Iglesia como obra de Dios. La renovación de la Iglesia nos obliga a pastores y fieles a orientar la mirada a aquel que es fundador y señor de la Iglesia, el Esposo de la ha querido como Esposa, entregándose a sí mismo por ella «para consagrarla, purificándola con el baño del agua y la palabra, y para presentársela gloriosa, sin mancha ni arruga ni nada semejante, sino santa e inmaculada» (Ef 5,27).

La «propuesta de Cristo al mundo» como criterio de evangelización de santo Domingo y de los Papas de nuestro tiempo

Coincide con la fecha de la muerte de santo Domingo la del santo papa Pablo VI, de cuyo fallecimiento en Castelgandolfo se cumplieron el mismo día 6 de agosto, fiesta de la Transfiguración, cuarenta y tres años. Fue el papa Montini quien por la providencia de Dios recibió la misión de llevar a su término el concilio que había convocado y comenzado su predecesor san Juan XXIII, y nadie como él vivió la aventura conciliar, de la había de salir la gran renovación de la Iglesia que la colocara a la altura de los “signos de los tiempos” y las exigencias de una modernidad que demandaba una nueva evangelización. Pablo VI, a pesar de haber sido definido como un papa acosado por las dudas, se hizo con firme determinación con el timón de la Iglesia universal, marcando la orientación y afrontando la zozobra de los años más difíciles del postconcilio que, sin embargo, llega hasta nuestros días, en los que ha adquirido nueva intensidad la interpretación rupturista de los textos conciliares, a la que Benedicto XVI ha enfrentado con legitimidad magisterial y autoridad teológica la hermenéutica de la continuidad, la única que puede avalar una lectura con frutos reales del Vaticano II.

Hago mención de san Pablo VI porque él es quien aludía en el discurso de apertura de la segunda sesión del concilio a la figura de Honorio III postrado en adoración en la representación del mosaico de la basílica de San Pablo Extramuros. El cristocentrismo de la espiritualidad, teológicamente fundada, del papa Montini mantuvo sin ruptura la orientación hermenéutica del concilio sin titubear en la propuesta evangelizadora que los tiempos requerían hace cincuenta años y demandan ahora para salir de la crisis. Una turbación de época que padecemos, bajo la presión de una cultura que se ha tornado no ya cultura agnóstica, sino portadora de propuestas y lenguaje claramente anticristianos, que oscurece la vida de la Iglesia y la amenaza por el desarrollo de un proceso cada vez más intenso de descomposición del catolicismo actual, que fuera denunciado en sus comienzos, tras el Vaticano II, por Louis Bouyer, un teólogo venido de la Reforma protestante a la comunión católica[7].

Decía en su discurso san Pablo VI que era necesario responder a tres preguntas: de dónde sale el camino de la Iglesia, qué camino es este que hay que andar, y cuál es la meta del camino. Se respondía sin vacilaciones que a estas tres preguntas sólo hay una y la misma respuesta que, en aquella hora tan solemne y en aquella asamblea conciliar es preciso repetir y proclamar ente el mundo: «La respuesta es Cristo. Cristo es nuestro principio, nuestro guía, nuestro camino; Cristo es nuestra esperanza y nuestro fin. / Ojalá este Concilio ecuménico tenga claro este vínculo, uno y múltiple, fijo y estimulante, misterioso y evidente, exigente y suave, que nos une a Jesucristo, que une a la Iglesia llena de vida y santidad, es decir a nosotros con Cristo. Él es nuestro principio, nuestra vida y nuestro fin»[8]. El papa tras aludir a las alabanzas a Cristo de la sagrada liturgia, evocaba la escena del mosaico aludido para confirmar con ella la primacía absoluta de Cristo en la Iglesia, diciendo: «Parece que nos ocupamos el lugar de nuestro predecesor Honorio III en el ábside de la Basílica de San pablo Extramuros adorando a Cristo. El Pontífice, de pequeña estatura, echado en tierra, besa los pies de Cristo»[9].

El cristocentrismo de Pablo VI se prolonga en el de Juan Pablo II, que abrió su pontificado romano con el programa de predicación de Cristo que representa la encíclica Redemptor hominis (4 marzo 1979) y su prolongación vigorosa en la encíclica sobre la permanente validez del mandato misionero Redemptoris missio (7 diciembre 1990). Cristo es para san Juan Pablo II tanto la clave de interpretación del misterio del hombre y de su destino en Dios, misterio que es preciso anunciar a las naciones; y cuyo carácter universal se justifica en la mediación única y universal de la salvación en la divina persona humanada del Redentor, en la cual Dios ha reconciliado el mundo consigo. Con motivo del gran Jubileo del año 2000 quedaba claro que éste era el eje del magisterio del papa polaco en la Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la unicidad y universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia Dominus Iesus (6 agosto 2000). El cardenal Ratzinger, cuyo magisterio ha prolongado este cristocentrismo de sus predecesores, pocos meses antes de suceder como Benedicto XVI al gran papa Juan Pablo II, se refería al comentario de Pablo VI sobre la escena del célebre mosaico: «No podemos dejar de pensar en el gran discurso con el que Pablo VI inauguró la segunda sesión del Concilio Vaticano II. «Te, Christe, solum novimus»fueron las palabras determinantes de ese sermón. El Papa habló del mosaico de San Pablo extramuros, con la grandiosa figura del Pantocrátor y, postrado a sus pies, el Papa Honorio III, pequeño de estatura y casi insignificante ante la grandeza de Cristo. El Papa continuó:  Esta escena se repite con plena realidad aquí, en nuestra asamblea. Esta fue su visión del Concilio, también su visión del primado: todos nosotros a los pies de Cristo, para ser siervos de Cristo, para servir al Evangelio: la esencia del cristianismo es Cristo, no una doctrina, sino una persona, y evangelizar es guiar a la amistad con Cristo, a la comunión de amor con el Señor, que es la verdadera luz de nuestra vida»[10].

Con este marco magisterial de los últimos papas, podemos declarar con convicción que lo que hizo domingo de Guzmán es lo que hizo Francisco de Asís, lo mismo que han hecho los santos evangelizadores y misioneros en la historia de la Iglesia. Es lo que quiso proseguir en su tiempo Ignacio de Loyola con la conciencia anclada en la singladura de época del siglo XVI y, por eso, se preguntaba a sí mismo: «¿Y si yo hiciera lo mismo que san Francisco o que santo Domingo?» [11]. La conversión a Cristo cuajó en la conciencia de Ignacio y siguió el camino de los santos que le precedieron, en la forma propia del seguimiento de Cristo que emprendieron Francisco y Domingo en el más estricto sentido del adentramiento por la senda estrecha de la configuración con Cristo Jesús, en la diferencia de la época, de la personalidad de cada uno y de la obra que emprendieron, pero en la común voluntad de servir sólo a Cristo y proclamar su evangelio. La forma en que santo Domingo afrontó el desafío que, para la Iglesia y la unidad cristiana de Europa, representaba el movimiento cátaro fue resultado de su experiencia de Cristo y la convicción de que Cristo vive en la Iglesia y sólo en ella se alcanza el conocimiento de su divina persona encarnada, experiencia cuya objetiva verdad sólo garantiza la fe ortodoxa de la Iglesia. Tal es el fundamento de su estilo de vida cristiana y sacerdotal conforme al ideal que él contribuyó generar de peregrino y mendicante de vida consagrada.

Nosotros no estamos legitimados para variar la propuesta al mundo en el contexto de la cultura de nuestro tiempo. Evocamos lo que hizo santo Domingo y su grupo apostólico afrontando la bien difícil situación de la Europa de su tiempo, y de lo que hizo él, movido por lo que hicieron los Apóstoles, hemos de tomar nota nosotros en un tiempo lejano de aquel, pero perturbado del mismo modo en un contexto cultural diverso. Ahora el progresivo vaciamiento de su identidad cristiana del ordenamiento jurídico que ha gobernado las naciones de Europa, inspirado por los principios del Evangelio de Jesucristo. De una misión diplomática confiada por Alfonso VIII, para que gestionara el matrimonio de su hijo Fernando con una joven de la nobleza de Dinamarca, saldría aquella experiencia de la crisis de la sociedad europea medieval provocada por los cátaros amenazando el futuro de la unidad católica de Europa. Quebrada la unidad cristiana, primero por la ruptura en 1054 entre Oriente y Occidente, y en el siglo XVI por la Reforma protestante, el laicismo de nuestro tiempo amenaza con disolver la fe cristiana que ha sostenido la inspiración de la cultura europea.

Santo Domingo de Guzmán lo dejó todo por la «predicación de Jesucristo» como programa de vida y propuesta para la paz y la concordia de las naciones cristianas.

Santo Domingo de Guzmán lo dejó todo por la «predicación de Jesucristo» como programa de vida y propuesta para la paz y la concordia de las naciones cristianas. Dejó no sólo su canonjía de Osma, sino bienes y haberes para lanzarse a los caminos de la Europa medieval y proclamar que la salvación del hombre y la concordia en la paz de las naciones sólo se asienta en la palabra de Dios. No se armó de otro bagaje que el evangelio de san Mateo y las cartas de san Pablo, para fundar y argumentar, orar e instruir en la fundamental verdad de la fe: que Jesucristo es la Palabra donde Dios hecha carne, donde Dios revela su amor por la humanidad, y que esta es la verdad fundamental que han de saber las gentes enfrentadas por el desorden del mundo. El santo nacido en Caleruega forma parte de la gran cadena histórica de cuantos han contribuido de forma decisiva a la configuración de la historia cristiana de Europa que indudablemente pasa por la cristiandad medieval, en la que se gestaron los grandes conceptos teológicos y ético-jurídicos de la civilización europea sobre la herencia de la filosofía griega y el derecho romano, que cuatro siglos más tarde harían posible el Derecho de Gentes de uno de sus hijos, el fraile dominico Francisco de Vitoria, cuya efigie en bronces se levanta sobre el pedestal que encomia su figura sobre el fondo de la prodigiosa fachada del Convento de San Esteban, donde enseñaron grandes maestros seguidores del camino abierto por santo Domingo en el alto Medioevo.

La acción misionera de la Orden dominicana

La Orden de Predicadores, confirmada por el Papa Honorio III en el umbral del invierno de 1216, fue desde su origen una sociedad misionera, extendiéndose primero por Europa, como acabamos de ver, haciéndose presencia en los conventos dominicanos, de frailes igual que en los de monjas, que fueron algunos de los primeros. En los años fundacionales, los conventos de Prulla, de los Jacobinos de Tolosa de Languedoc, que guarda de nuevo los restos de santo Tomás de Aquino a donde volvieron en 1974, y los de Narbona y Santo Domingo el Real de Madrid. Entre los conventos que se vincularon pronto a las florecientes universidades europeas hay que mencionar Saint Jacques en París, Bolonia, sede la Orden, convento que rigió fray Reginaldo de Orleans, donde reposan los restos de santo Domingo en el arca marmórea que esculpiera el maestro Nicolás Pisano para la iglesia basilical de la comunidad.

Sin afán de recordar las fundaciones históricas de la Orden de forma exhaustiva, evocamos aquí por su significación el convento de monjas de san Sixto de Roma, al que se me permitirá añadir como última mención el convento de San Marcos de Florencia, universalmente conocido por sus pinturas del beato Fray Angélico. No es cosa de dar cuenta aquí de los conventos de los frailes y monjas de la Orden dominicana de Francia, España e Italia y también de Inglaterra y Alemania. Los frailes y monjas de santo Domingo se embarcarían desde el siglo XVI en la gran aventura de la evangelización del Nuevo Mundo, en cuya génesis Colón acudió a encontrarse con Fray Diego de Deza en el convento salmantino de San Esteban en 1486/87. El valor intrépido de los misioneros dominicos los había llevado al Lejano Oriente desde finales del siglo XIII, subiéndose a las embarcaciones acompañando las expediciones comerciales y con cometidos diplomáticos como portadores de la civilización cristiana; y ya a comienzos del siglo XIV está documentalmente atestiguada la Sociedad de hermanos peregrinos, para llevar la Buena Nueva al Oriente «propter Christum in gentes»[12].

Llamada vocacional a los jóvenes

Como obispo al que preocupa intensamente la sequía de vocaciones a la vida consagrada desearía ver cristalizar el seguimiento alegre y exigente de Cristo en los jóvenes de ambos sexos, en los que todavía se aglutinan en torno a la pastoral parroquial y en las comunidades conventuales de frailes dominicos con apostolados juveniles.

Cuando se contempla la aportación de la Orden de Predicadores a la historia de la civilización cristiana se comprende que la crisis religiosa de Europa y la secularización de la sociedad occidental haya nublado la poderosa atracción vocacional que esta historia de amor a Cristo y de evangelización tendría que seguir provocando en los jóvenes de nuestro tiempo como sucedió en el pasado todavía cercano. Como obispo al que preocupa intensamente la sequía de vocaciones a la vida consagrada desearía ver cristalizar el seguimiento alegre y exigente de Cristo en los jóvenes de ambos sexos, en los que todavía se aglutinan en torno a la pastoral parroquial y en las comunidades conventuales de frailes dominicos con apostolados juveniles. Me gustaría que estos jóvenes a los que Cristo fascina encontraran en la vocación dominicana la impronta vocacional que dejó en su propuesta de vida apostólica la personalidad atrayente de santo Domingo de Guzmán, que hoy sigue invitándoles a seguir con él y con sus hijos, los frailes predicadores, al único Maestro y Señor, a aquel que es el Salvador del mundo, por cuyo amor dice san Pablo que todo lo que antes era para él ganancia «lo he juzgado pérdida por causa de Cristo; y más aún, todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo, mi Señor» (Flp 3,7-8).

Partiendo de la belleza de la amistad, Francisco se dirige a los jóvenes recordándoles que la relación de amistad no es pasajera sino estable, firme y fiel, que madura con el paso del tiempo[13]. Al llamar la atención sobre esta condición de la amistad verdadera, el Papa tiene la intención de hacer caer a los jóvenes en la cuenta que la vocación que amistad con Cristo no puede ser una relación pasajera y sin una voluntad firme de permanencia, como sucede con el amor entre los esposos, hoy tan profundamente amenazado por una cultura de lo temporalmente placentero. La aventura de santo Domingo de Guzmán que fue resultado de su pasión de amistad con Cristo no hubier4a podido obtener resultados duraderos y hubiera sido resultado ella misma de una emoción transitoria. Por eso no quiero dejar de transcribir aquí con destino a los jóvenes que sienten la llamada al sacerdocio y a la vida consagrada lo que el Papa dice de esta singular amistad con Jesús que llega con la vocación, después de dejar sentado que el fin último de la vocación es para que aquellos a los que Jesús llama los convierte en instrumentos para llevar su mensaje del Reino de Dios y su luz, y en tal cometido, sobre todo su amor a los demás. Con Domingo de Guzmán y su grupo apostólico fundacional sucedió lo mismo que con los discípulos de Jesús: «Los discípulos escucharon la llamada de Jesús a la amista con Él. Fue una invitación que no los forzó, sino que se propuso delicadamente a su libertad: “Venid y veréis” les dijo, y “ellos fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él aquel día” (Jn 1,39). Después de ese encuentro, íntimo e inesperado, dejaron todo y se fueron con él»[14].

Fue, pues, una llamada delicadamente propuesta a su libertad, pero una llamada. Es verdad que la vocación es muy personal, tanto como que es experiencia que acontece en el interior del que es llamado por Jesús y de la muchacha que siente que Jesús la llama a una relación esponsal místicamente vivida con el Señor. Está, sin embargo, mediada en la vida de la Iglesia y el apostolado, en los grupos apostólicos juveniles y la labor incansable de formadores y maestros del espíritu, en la propuesta del sacerdote secular y religioso, de la religiosa profesa que colabora con dedicación e intensidad en la pastoral vocacional en la Iglesia diocesana y en representación de su propia orden o congregación. ¿Cómo se va a amar lo que no se conoce? Más aún, ¿cómo se va a desear lo que no se presenta con atractiva fascinación como algo que merece entregar la vida? Esta atracción de la vocación tiene suscitarla sobre todo la vida en santidad de los ministros y de los religiosos y religiosas, y al mismo tiempo y de modo inseparable la forma de proponer la llamada como estilo de vida sacerdotal y consagrada. Todo cuanto en el sacerdote y en los religiosos y personas de vida consagrada es o desdice y es opuesto a su propia vocación, si no ahuyenta a los jóvenes, los deja indiferentes.

Promotores de la vocación a la vida consagrada

 Por todo esto y más, aunque esta carta la dirijo a todos los diocesanos, porque al tratar de la vida consagrada “de nostra agitur”, es decir, se trata de un asunto que atañe a la comunidad cristiana en su conjunto, con estas reflexiones quiero llamar la atención de modo especial de no sólo de los religiosos y religiosas que siguen el camino abierto por el gran pionero del seguimiento evangelizador que fue santo Domingo de Guzmán, sino también con ellos de todas las personas de vida consagrada.

Queridos frailes de la Orden de Predicadores, sois una comunidad de mayores, que habéis consagrado vuestra vida a Cristo y a su Iglesia ejerciendo el ministerio sacerdotal como varones de vida consagrada, inspirados por el carisma religioso el gran testigo de la fe y evangelizador incansable en tiempos de especial dificultad como fue Domingo de Guzmán, marcado por la estrella sobre su frente que le acompañó desde el bautismo. Tenéis la custodia de la sagrada imagen de la Santísima Virgen del Mar, Patrona amadísima por todos los fieles de esta ciudad de Almería y devotos de toda la diócesis. Nuestra Patrona es el gran tesoro que Dios entregó a la humanidad para que de sus purísimas entrañas nos viniera con el autor de la vida y la salvación del mundo.

A la Virgen Madre que confió el santo Rosario a Santo Domingo quiero encomendar las vocaciones al seguimiento de Cristo en vida consagrada que él inició abrazando en radicalidad los consejos evangélicos con espíritu evangelizador, movido por Dios y acompañado siempre por el amparo maternal de la Santísima Virgen, cuya intercesión con amor invocamos, acogiéndonos a la recompensa de su amor maternal contemplando los misterios del Rosario.

Con todo afecto y bendición.

Almería, 8 de agosto de 2021
Fiesta de Santo Domingo de Guzmán

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería


[1] Cf. H. Jedin, Manual de Historia de la Iglesia, t. IV. La Iglesia de la Edad Media después de la Reforma gregoriana (Barcelona 1973) 171-172.

[2] Cf. reseña breve de datos históricos en Vito Gómez García OP / José A. Martínez Puche OP, «Biografía de santo Domingo», en J. A. Martínez Puche, O.P. (ed.), El año dominicano (Madrid 2016) 723-743.

[3] Cf. H. Jedin, Manual de historia de la Iglesia, t. IV, 299-304 (Los dominicos).

[4] Francisco, Exhortación apostólica sobre la llamada a la santidad en el mundo actual Gaudete et exsultate [GE] (19 marzo 2018), n. 40.

[5] GE, n. 43.

[6] Cf. A. González Montes, «Las Iglesias y las comunidades eclesiales en la construcción de Europa», en Instituto Teológico Compostelano, Fe cristiana y futuro. Fundamentos y horizontes de la cultura europea. V Jornadas de Teología (Santiago de Compostela 2005) 189-211.

[7] L. Bouyer, La descomposición del catolicismo (Barcelona 1969).

[8] San Pablo VI, Discurso en la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II (29 septiembre 1963).

[9] Ibid.

[10] Cardenal Joseph Ratzinger, Homilía en la misa en sufragio de los papas Pablo VI y Juan Pablo I (28 septiembre 2004).

[11] De los hechos de san Ignacio recibidos por L. Gonçalves de Cámara de labios del mismo santo, en Acta sanctorum iulii 7(1868) 647; cit. según Oficio divino (ed. típ.): Liturgia de las horas III (Madrid, reimp. 2012) 1433.

[12] H. Jedin, Manual de historia de la Iglesia, t. IV, 627ss.

[13] Francisco, Exhortación apostólica postsinodal a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios Christus vivit [ChV] (25 marzo 2019), n. 152.

[14] ChV, n. 153.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Lecturas y Comentario (15-08-2021)

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Lecturas y Comentario (15-08-2021)

Lecturas y comentario del domingo, 15 de agosto de 2021

Primera lectura

Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal

Apocalipsis 11, 19a.12,1-6a.10ab

Se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el arca de su alianza. Después apareció una figura portentosa en el cielo: Una mujer vestida de sol, la luna por pedestal, coronada con doce estrellas. Apareció otra señal en el cielo: Un enorme dragón rojo, con siete cabezas y diez cuernos y siete diademas en las cabezas. Con la cola barrió del cielo un tercio de las estrellas, arrojándolas a la tierra. El dragón estaba enfrente de la mujer que iba a dar a luz, dispuesto a tragarse el niño en cuanto naciera. Dio a luz un varón, destinado a gobernar con vara de hierro a los pueblos. Arrebataron al niño y lo llevaron junto al trono de Dios. La mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar reservado por Dios. Se oyó una gran voz en el cielo: «Ahora se estableció la salud y el poderío, y el reinado de nuestro Dios, y la potestad de su Cristo.»

Salmo responsorial

Salmo 44

R. /De pie a tu derecha está la reina enjoyada con oro de ofir

  • Hijas de reyes salen a tu encuentro, de pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir.
  • Escucha, hija, mira: inclina el oído, olvida tu pueblo y la casa paterna; prendado está el rey de tu belleza: póstrate ante él, que él es tu señor.
  • Las traen entre alegría y algazara, van entrando en el palacio real.

Segunda lectura

Primero Cristo como primicia, después todos los que son de Cristo.

1 Corintios 15,20-27:

Hermanos: Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida. Pero cada uno en su puesto: primero Cristo, como primicia; después, cuando él vuelva, todos los que son de Cristo; después los últimos, cuando Cristo devuelva a Dios Padre su reino, una vez aniquilado todo principado, poder y fuerza. Cristo tiene que reinar hasta que Dios haga de sus enemigos estrado de sus pies. El último enemigo aniquilado será la muerte. Porque Dios ha sometido todo bajo sus pies.

Evangelio

El Poderoso ha hecho otras obras grandes por mí; enaltece a los humildes

Evangelio según san Lucas 1,39-56

En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:

– «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.»

María dijo:

– «Proclama mi alma la grandeza del Señor,

se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo,

y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.

Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia

-cómo lo habla prometido a nuestros padres –

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.»

María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.

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Comentario bíblico por Pablo Díez 

Las lecturas de este día de la Asunción de María presentan la victoria del plan de salvación de Dios y de su reino. El libro del Apocalipsis muestra la visión del signo en el cielo. En este texto la mujer es una imagen referida primariamente a la Iglesia. Ella representa al pueblo de Dios, en el seno del cual ha nacido el Mesías y continúa siendo dado a luz a todos los pueblos en medio de dificultades y persecuciones. Pero la tradición eclesial también ha aplicado esta imagen a María, en cuanto madre del Mesías Jesús. Ella ha sido revestida de sol, participando de la gloria de la divinidad, como arca de la nueva Alianza. Ella es madre de Jesús, por el cual llega la victoria del reino de Dios, y madre de todos los creyentes que, en lucha continua con el mal (dragón-diablo), llevan hacia adelante la evangelización.

El relato de Lucas contiene el encuentro de María e Isabel y el posterior cántico del Magníficat, con el que María proclama la grandeza del amor de Dios y las obras que ha realizado por medio de su pequeñez. María es bendecida por su condición de madre del Señor y declarada bienaventurada por su fe que hace posible que el Mesías Jesús traiga la salvación de Dios a toda la humanidad.

Como afirma el apóstol Pablo a los corintios, esta salvación consiste en la participación plena de la vida resucitada de Jesús. Así como todos llevamos la imagen del primer Adán y, por su desobediencia, todos morimos; así también llevaremos la imagen de Jesucristo resucitado (el segundo Adán). De esta forma, una vez vencida la muerte para siempre, el reino de Dios habrá llegado a plenitud. Mientras tanto María, junto al Hijo, intercede como Madre y nos acompaña en el camino de “asunción” al cielo.

Para la reflexión:

  1. ¿Tienes tu mirada en el cielo? ¿Qué “signos” ves allí?
  2. ¿De qué modo te ayuda la devoción a María a continuar tu camino cristiano? ¿Cómo la sientes presente?
  3. Desde la alegría de la fe, entona tu propio cántico de alabanza a Dios por la obra que va haciendo en tu vida.

 

 

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Solemnidad de la Asunción de la Virgen

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Solemnidad de la Asunción de la Virgen

Este domingo 15 de agosto, solemnidad de la Asunción de la Virgen María,  tendrá lugar la Misa Pontifical a las nueve de la mañana, presidida por el Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, en el Altar del Jubileo, retransmitido vía streaming por el canal de la Catedral de Sevilla.

En este sentido, desde el Cabildo insisten en la celebración tendrá aforo reducido, por eso recomiendan a los fieles que verdaderamente estén interesados en participar que acudan con tiempo de antelación.

Igualmente, siguiendo la práctica del año pasado, la Virgen de los Reyes se colocará en el suelo, frente al altar, logrando una posición más cercana a los fieles para que, una vez concluido el Pontifical, éstos puedan acceder de forma gradual al interior del templo para rendir homenaje a la patrona. De esta forma, el primer templo de la Archidiócesis permanecerá abierto hasta las dos de la tarde.

Los accesos para las Misas de peregrinos y Pontifical serán por Puerta de Campanillas y Puerta de San Miguel. Para la visita posterior se establecerá un flujo controlado de fieles con entrada por la Puerta del Baptisterio y salida por la Puerta de Palos.

Ampliación de las misas de peregrinos

El Cabildo Catedral de Sevilla, de común acuerdo con la Asociación de Fieles de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando, intentando compatibilizar las medidas preventivas con la expresión de nuestra fe, ha tomado las mencionadas decisiones relativas a los solemnes cultos anuales que la Archidiócesis dedica a su Patrona, la Santísima Virgen de los Reyes, prácticamente iguales a las del año pasado, por tanto, se suspende el acto de la procesión de tercia con la imagen de la Santísima Virgen y se amplían las Misas de peregrinos para atender a todos los fieles con el debido aforo, celebrándose a las 5:30, 6:00, 6:30, 7:00 y 7:30 horas de la mañana.

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Homilía en la fiesta de la Aparición de la Virgen de la Cabeza 2021

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 La fiesta de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza vuelve a reunirnos un año más, a las plantas de la imagen de nuestra Madre y Señora, para recordar con agradecimiento aquel portentoso acontecimiento, marcado profundamente en la historia religiosa de nuestra tierra, que sucedió en la madrugada del 11 al 12 de agosto de 1227, hace casi ya 800 años. Y nos reunimos con gozo porque la aparición de la Virgen de la Cabeza al pastor Juan Rivas es, no solamente y, en definitiva, que la Madre de Dios salga al encuentro de una persona en particular, sino la certeza de que María, Virgen y Madre, sale al encuentro de todo hombre y mujer que busca a Dios e intenta vivir con un sentido trascendente su existencia. Ella, en cierto modo podíamos decir, se nos aparece a todos, quiere ser compañera nuestra en el camino, en esa formidable la romería hacia la plena comunión con Dios y con los demás, que es la vida humana.

Y quisiera glosar esta aparición discreta, callada, en ocasiones imperceptible de la Virgen a cada uno de nosotros en el día a día, a partir de tres ideas o conceptos, que nos ofrecen las lecturas que acaban de ser proclamadas. Como suele hacer el papa Francisco, os ofrezco esos tres conceptos claves, que a continuación iré desgranando: orar, vivir, cumplir.

El profeta Isaías nos decía en la primera lectura que el Señor nos llevará a su monte santo, y nos alegrará en su casa, que es casa de oración. En esta noche santa, nosotros, peregrinos y romeros de la vida, celebramos que esa palabra del profeta se cumple aquí y ahora, porque es Dios, que quiso poner en medio de nosotros su santuario, quien nos ha traído a esta casa de oración, que es la casa de María, la Virgen orante. Subir al cerro, venir a esta Real Basílica Santuario no es sólo cumplir con una tradición secular que recibimos de nuestros mayores; no es asumir una costumbre que forma parte de nuestra historia cultural, por muy secular que sea; no es repetir de manera inconsciente un ritual que el paso de los siglos ha ido enriqueciendo con elementos artísticos, literarios y folclóricos. No. Venir a esta casa de María es ante todo y sobre todo venir a orar.

María es la Virgen orante, que en su comunión profunda con Dios descubre lo que el Señor quiere de ella. Con su actitud de apertura, de escucha diligente de la Palabra de Dios, la Virgen Madre nos enseña la prioridad de la contemplación en nuestra vida cristiana. Nos afanamos en mil y un tareas: programaciones, reuniones, actividades, proyectos.., -que son necesarias-, pero en muchas ocasiones nos fatigamos hasta la extenuación porque nos falta esa dimensión contemplativa de la oración, que la Virgen de la Cabeza nos enseña. Ella quiso, hace casi ya 800 años, que aquí se levantase un templo sobre todo y ante todo para orar, para rezar, para fomentar ese diálogo amoroso entre Dios nuestro Padre, y nosotros, que debemos vivir con alegría nuestra condición de hijos de Dios e hijos también de María, nuestra Madre.

Sin esa dimensión contemplativa, sin oración, nuestros juicios serán errados, porque nuestros criterios no serán los del Evangelio. No llegaremos a contemplar con ojos de profunda fe los acontecimientos que vivimos, y en los que Dios nos revela su voluntad para con nosotros. Seremos, así, incapaces de dar nuestra sí, nuestro fiat, a Dios, como lo hizo con entrega confiada y entusiasta la Virgen María. Por ello, como denuncia el papa Francisco en repetidas ocasiones, vivimos en la mundanidad espiritual. Aparecemos ante los demás como cristianos, pero nuestros criterios son paganos. Queremos que se nos reconozca como hijos de María, pero nos falta un corazón universal como el de la Virgen de la Cabeza, que abraza y acoge a todos, sin excepción. Y si examinamos cuál es la causa de esa realidad, en el fondo coincidiremos en que está en la falta de oración.

Vengamos, pues, al cerro a rezar, a orar. Hablémosle a nuestra Madre con toda confianza, y digámosle, como le dijo San Bernardo, o con nuestras propias palabras: Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti.Sí, la Virgen nunca nos abandona, siempre nos socorre, siempre nos asiste y vela por nosotros.

Pero la oración es diálogo, es como una calle de doble dirección. Hablémosle a Dios nuestro Padre, oremos a María, pero ante todo y sobre todo escuchemos. La oración tiene más de escucha que de discurso nuestro. Aprendamos de María, la Virgen de la escucha, a hacer silencio en nuestro corazón, para que en él reverbere y resuene con fuerza la palabra que Dios nos dirige, el mensaje de amor y esperanza que María nos dirige, cuando se nos aparece invisible y espiritualmente, pero de modo real, en la oración, y viene a nuestro encuentro.

El segundo concepto es vivir. En el inicio de la historia fuimos creados para vivir, para participar de la misma vida de Dios, pero el pecado introdujo la muerte en el mundo. Sin embargo, como nos recordaba San Pablo en la segunda lectura, Cristo ha vencido a la muerte y nos llama a una vida plena y definitiva, que empezamos ya a gustar en nuestro bautismo. Como recordaremos el domingo que viene en la solemnidad de la Asunción, en la Virgen María se cumple por vez primera en un ser humano, de manera plena, el plan de salvación que Dios nos ofrece a todos.

Por eso, acercarnos a María es ponernos en su escuela para que Ella nos enseñe a vivir, a vivir de verdad. Y la Virgen, madre y maestra, nos enseñará que vivir no es tener bienes materiales ni ejercer el poder sobre otros; nos mostrará que vivir no es disfrutar de placeres efímeros y transitorios o dejarnos halagar por la fama y el reconocimiento de los demás. La Virgen de la Cabeza nos enseñará que el secreto de la verdadera vida se encierra en el amor, que en su doble dimensión del amor a Dios sobre todas las cosas y el amor a los demás como nos queremos a nosotros mismos, es la clave de la felicidad. Quien no ama, no es feliz, nos diría la Virgen de la Cabeza. Por eso, nadie puede ser un fiel hijo de la Virgen si alberga en su corazón sentimientos que con contrarios al verdadero amor. Nadie puede considerarse fiel devoto de la Madre de la Cabeza si en su interior anida el resentimiento, el odio, la venganza, la mentira, la calumnia, en definitiva, todas esas realidades que son manifestaciones de la muerte que el pecado produce en nuestra existencia.

Si Eva significa en hebreo madre de los que viven o fuente de la vida, María, la nueva Eva, es la madre de los que estamos llamados a vivir más allá de la limitación de la muerte, porque Ella es, después de Cristo, la primera que gozó de la vida nueva de la resurrección y, además, fue la madre de Jesucristo, que se presentó a sí mismo como la resurrección y la vida. Para ser felices, aprendamos de María a vivir, es decir, a amar como ella nos enseña: a Dios, en confianza y entrega a su voluntad, y a los demás, con solicitud hacia nuestros prójimos, pero no de cualquier modo, sino con la premura y sensibilidad con que María atendió, y sigue atendiendo y remediando hoy, las necesidades de los hombres y mujeres de todos los tiempos.

Finalmente, cumplir. Rememorando el evangelio apenas proclamado podríamos preguntar, como hizo Jesús: ¿Quién es la madre y quiénes los hermanos del Señor? La respuesta la sabemos: lo definitivo no es la sangre, los lazos de familia. Lo decisivo es cumplir la voluntad del Padre del cielo. Pero no nos equivoquemos. Lo que Jesús quiere resaltar con su respuesta es precisamente la grandeza de María, en la que la maternidad física es elevada sobre todo por su actitud como discípula, que acoge la Palabra de Dios, y como sierva del Señor, que cumple la voluntad del Padre. Es, podríamos decir, en cierto modo, un piropo a la Virgen. Como tantos vivas le lanzamos a la Virgen de la Cabeza, podríamos decirle con las palabras del evangelio unos piropos parecidos: ¡Olé tú, perfecta cumplidora de la voluntad de Dios!, ¡Olé tú, mujer de la confianza absoluta en el Padre!, ¡Olé tú, motivo de esperanza en nuestros cansancios por seguir a Jesús en el camino de la vida!, ¡Olé tú, mano cálida que enjuga nuestras lágrimas!, ¡Olé tú, presencia continua que llena de ternura y compasión nuestra existencia!

María nos enseña a fiarnos de Dios, nos anima a entregarnos, aun sin ver, a las manos providentes de un Padre que ha hecho de la vida de cada uno de nosotros una historia irrepetible de amor.

Permitidme que para concluir me atreva a recoger los deseos y sentimientos que palpitan en vuestro corazón en esta noche santa, y los verbalice con mis torpes palabras para concluir rezándole a la Santísima Virgen de la Cabeza:

 

Madre Santísima de Dios y Madre nuestra, Virgen de la Cabeza: en esta noche santa te pedimos que podamos sentir con alegría desbordante cómo tú te apareces a cada uno de nosotros en la vida de cada día, como hiciste con Juan Alonso de Rivas, cuando somos hombres y mujeres de oración, y como hiciste con la comunidad de Jerusalén rezas con nosotros y por nosotros.

Virgen Santísima de la Cabeza, enséñanos a vivir de verdad. Haz que descubramos que en el evangelio de tu Hijo está la explicación del misterio de la vida. Anímanos con tu presencia cercana y llena de consuelo, en los cansancios y desánimos que nos acarree amar al estilo de tu Hijo Jesús.

Madre y Señora de todos, ilumina nuestro corazón para que no desfallezcamos en el cumplimiento de lo que Dios quiere para todos y cada uno de nosotros.

Tú, que eres la madre de los que viven más allá de la muerte, conduce a nuestros difuntos, especialmente a las víctimas de la actual pandemia, a la presencia misericordiosa de tu Hijo Jesús, y sigue rogando por los que quedamos en este mundo, ahora y en la hora de nuestra muerte.

¡Amén!

Francisco Juan Martínez Rojas
Vicario General de la Diócesis de Jaén

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en LSE

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Evangelio de la Solemnidad de la Asunción de la Virgen en LSE

Evangelio de Solemnidad de la Asunción de la Bienaventurada Virgen María en Lengua de Signos Española (Lucas 1, 39-56).

Signado por el director del Departamento de Pastoral del Sordo de la Archidiócesis de Sevilla, el sacerdote Gumersindo Melo.

Produce la Archidiócesis de Sevilla.

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Fiesta en el convento de las Clarisas en honor a Santa Clara de Asís

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El pasado miércoles, 11 agosto, culminaba el triduo con que las RR. Clarisas han preparado la fiesta de su Fundadora, Santa Clara de Asís. Durante estos tres días han predicado los sacerdotes diocesanos D. José María Sánchez, D. José Juan Alarcón y el Capellán, D. Francisco Escámez.

La Misa fue armonizada por la Comunidad con sus cantos a los sones del órgano. Fueron muchos los feligreses y amigos de las religiosas los que quisieron acompañar a estas queridas monjas ubicadas en el centro de la capital almeriense. A la celebración de la fiesta se sumaron, además, varios sacerdotes vinculados con esta comunidad monacal.

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MONTEAGUD 2021 | Romería al Santuario de Ntra. Sra. de la Cabeza de Monteagud

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Suspensión de la romería al Santuario de Ntra. Sra. de la Cabeza de Monteagud prevista celebrar durante los días 11 y 12 de septiembre 2021 y propuesta de visita escalonada al Santuario durante los días 3 al 12 de septiembre del presente año.

La situación pandémica en la que nos hallamos desaconseja la celebración de actos que supongan aglomeraciones por lo que la dirección del Santuario diocesano de de Nuestra Señora de la Cabeza se ve obligada, por segundo año consecutivo, a suspender la tradicional romería prevista celebrar durante los próximos días 11 y 12 de septiembre. Esta decisión dolorosa se hace después de las obligadas consultas con las autoridades sanitarias, civiles y eclesiásticas.

No obstante, los sacerdotes encargados del Santuario, con la ayuda estimable de las autoridades y Hermandad, a pesar de las dificultades del momento presente, atendiendo la solicitud de los fieles peregrinos, y en todo momento procurando su bien espiritual, ha elaborado un plan de asistencia escalonada al Santuario durante los días 3 de septiembre, viernes, al día 12 del mismo mes, domingo.

En los días de acogida a los peregrinos, los días señalados del 3 al 12 de septiembre, el Santuario ofrece a los fieles los siguientes CULTOS Y ACTOS DE DEVOCIÓN:

  • 11,00 horas: Rezo del Santo Rosario.
  • 12,00 horas: Recitación de la oración del Ángelus.
  • 12,30 horas: Celebración de la Santa Misa.
  • 18,00 horas: Rezo del Santo Rosario.
  • 20,00 horas: Celebración de la Santa Misa.

​Los días propuestos por el Santuario para la atención de los peregrinos, por las obligadas tareas de desinfección, el templo estará abierto en el HORARIO siguiente:

  • ​De 10,30 horas hasta las 13,30 del mediodía.
  • De 17,00 horas hasta las 21,00 horas.

Pedimos a la Virgen Santísima de Ntra. Sra. de la Cabeza que nos libre del mal de esta pandemia y de todo mal para que pronto en su honor celebremos la romería con la devoción y alegría de siempre. Qué la Madre bendiga nuestras familias, nuestros pueblos y nuestras comunidades cristianas.

VISITA LA WEB DEL SANTUARIO DE MONTAEGUD

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Francisco José Ortiz: “Detrás de cada devoto hay una historia de amor con la Virgen, y un corazón enamorado que confía”

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Francisco José Ortiz: “Detrás de cada devoto hay una historia de amor con la Virgen, y un corazón enamorado que confía”

Desde el 6 al 14 de agosto, los sevillanos se dan cita en el altar del jubileo de la Seo hispalense para celebrar la novena en honor a la Virgen de los Reyes. Los cultos diurnos, durante estos nueve días, son presididos por el sacerdote Francisco José Ortiz, párroco de Nuestra Señora de la Candelaria y La Blanca Paloma, de los Tres Barrios, de Sevilla.

“Predicar la Novena es un privilegio. Estar junto a la imagen de Nuestra Señora de los Reyes ya es un privilegio, poder meditar estos días junto a tantas personas devotas de la Virgen, es ciertamente algo que no se puede expresar con palabras”.

Por esta razón considera que, “en medio de toda esta situación excepcional que estamos viviendo, momentos de dolor, de limitaciones, de sufrimientos, de personas que siguen entrando en la UCI, de contagios; pienso que lo más importante es no haber perdido la fe y la confianza en el Señor, en María. Venir cada mañana o cada tarde a la Catedral a celebrar la Eucaristía y ver tantos rostros de personas tapados con mascarillas, que acuden para pedir la gracia que se desea alcanzar, me lleva a reflexionar que detrás de cada una de ellas hay una historia de amor con la Virgen, y un corazón enamorado que confía, eso es lo importante no haber perdido ni el amor ni la confianza”, afirma.

María, mujer eucarística

Durante la celebración de la Santa Misa, Ortiz ha procurado que las homilías “vayan en línea del propio Evangelio y de la fiesta que celebramos con la Iglesia Universal y, desde ahí ser capaz de descubrir cómo María también nos habla, ilumina nuestro camino, se convierte en modelo de creyente, reflejo de mujer eucarística, siendo capaz de permanecer como esposa vigilante al pie de la cruz, una mujer que se pone al servicio y nos muestra constantemente a su Hijo, pero que nos hace mirar constantemente al hermano que está herido, que reconduce constantemente nuestra vida”.

En definitiva, “ser capaz de leer el Evangelio de la Eucaristía con el corazón enamorado de María. Es lo que procuro cada día con mis torpes palabras, intentar que la Virgen de los Reyes nos vaya enseñando a servir a su Hijo a través del servicio a los hermanos”.

Desde el silencio de la oración

Para la preparación de la Novena, Francisco Ortiz ha tenido dos momentos muy importantes: “El primero fue un período de 15 días de ejercicios espirituales junto con mi comunidad parroquial en los Pajaritos y La Candelaria, momentos de oración que aprovechaba para ir descubriendo el rostro de María en medio de los más pobres”.

“Un segundo episodio – explica– fue cuando pude retirarme a un monasterio cisterciense en La Oliva. Allí, desde el silencio de la oración del monasterio y con la Sagradas Escrituras intenté repensar sobre la vida de María. Y así fueron saliendo cada una de las meditaciones. Desde la oración y desde el corazón. Sobre todo, con la mirada puesta en los que están sufriendo las consecuencias de la pandemia. Eso me hacía releer de otra manera la Palabra y me hacía redescubrir una mirada de María distinta, la mirada de una Madre a sus hijos doloridos. Todos de alguna manera somos víctimas este año de la pandemia y María nos mira de un modo especial, nos mira distinto. Desde ahí he intentado ir preparando cada predicación. No sé si lo habré conseguido, al menos a mí particularmente me ha servido para profundizar en la oración en estos días de verano y en la contemplación de María”, expresó.

Por tanto, “no se entendería la vida de un cristiano sin ir acompañado de la mano de aquella que nos ha regalado la posibilidad de la Salvación con su fiat”.

Finalmente, el párroco de Nuestra Señora de la Candelaria y La Blanca Paloma agradeció a la Asociación de la Virgen de los Reyes todo el trabajo que hace para cultivar el amor a la patrona en la Archidiócesis, y también al Cabildo “que haya permitido que sea yo este año quien predique la Novena de la mañana”.

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El Málaga CF se encomienda a la Divina Pastora para volver a primera división

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La Divina Pastora se nos presenta al aire libre, en plena naturaleza y nos habla de vivir deportivo: por ello se considera patrona de los atletas y deportistas. El Málaga CF ha cumplido con un rito que se remonta a la temporada 1955/56, la ofrenda floral a la patrona del deporte, antes del inicio liguero. Por segundo año consecutivo, la cita tuvo lugar a puerta cerrada por las actuales restricciones de la pandemia del Covid-19.

Durante la pretemporada, la Virgen ha tenido bajo su manto un lazo blanquiazul, con el que se han hecho estampas con reliquias para los futbolista

Una representación de la plantilla malaguista y la directiva del equipo de La Rosaleda han visitado el templo capuchinero para pedir protección a la Divina Pastora. Todos subieron al camarín y los capitanes dejaron a pies de su patrona un gran centro de flores y una camiseta del equipo.

Vídeo del momento de la ofrenda a la Divina Pastora

Durante la pretemporada, la Virgen ha tenido bajo su manto un lazo blanquiazul, con el que se han hecho estampas con reliquias para los futbolistas. “Cuando necesitéis ayuda, acordaos de la Divina Pastora y os ayudará. Leed la estampita antes de cada partido y jugad siempre con deportividad”, dijo a la comitiva malaguista el sacerdote Francisco del Pozo Ávila.

“Aquí honramos a los que perseveraron es el lema de esta casa. Es lo que puede leerse en el texto en latín que preside el arco toral del templo. Perseverar significa tener memoria, compromiso y fe. Ese es nuestro sino y el del malaguismo”, subrayó el Hermano Mayor de la Congregación, Juan A. Navarro Arias.

El Málaga CF afronta la temporada con la ilusión de retornar a primera división; buena señal será que regresen a Capuchinos la próxima primavera como alabanza a la patrona del deporte.

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Sobre la contemplación milagrosa

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El verano ofrece una oportunidad única para la contemplación. Algo propio de la vida del creyente. Ver la vida con los ojos de Dios es bueno. Necesario. Y urge. Manifiesta un estilo concreto y correcto de conducirse por la existencia.

El verano ofrece una oportunidad única para la contemplación.  Algo propio de la vida del creyente. Ver la vida con los ojos de Dios es bueno.  Necesario.  Y urge.  Manifiesta un estilo concreto y correcto de conducirse por la existencia. Compartir experiencias dentro del orden y el alboroto de la vida;  descubrir pequeños milagros de la existencia o bucear en el misterio de Dios escondido es recomendable. Y muy sano para la espiritualidad.

La sonrisa, la mirada y la conversación; los colores, el amor y el silencio; el perdón, la armonía y la verdad son muestra de la infinidad de momentos, circunstancias y emociones en los que podemos descubrir a Dios.  Decía Madre Teresa de Calcuta que cada vez que Dios nos ve con tanta ternura y con tanto amor que es posible reconocerle  con facilidad en lo pequeño, en lo de andar por casa.   Precisamente por eso, conviene recordar que la vida sorprende en lo sencillo.  En la brisa.  En lo apenas perceptible.  Donde el Espíritu Santo nos habla. Quizá por eso también sorprenda que nuestra atención solamos centrarla prioritariamente en lo grande, en lo impactante, en lo llamativo.  Olvidando que a Dios le gusta, de ordinario, hacer las cosas de otra manera. Cuestión de estilo y sabiduría.

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