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«El Papa os pide coraje como miembros de la Iglesia»

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El Santuario de la Fuensanta acogía esta mañana el encuentro del nuncio del Papa con los laicos de la Diócesis de Cartagena.

«Pedimos a Dios que su visita sea un nuevo impulso para nuestra Diócesis y que pueda conocer con detalle la pasión misionera y la riqueza espiritual con la que se nos ha bendecido en esta tierra». Con estas palabras, Juan José González, coordinador del Equipo Sinodal Diocesano, daba la bienvenida al nuncio del Papa, en nombre de los laicos de la Diócesis de Cartagena, en un encuentro que ha tenido lugar esta mañana en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta, en la pedanía murciana de Algezares. Un encuentro en el que laicos representantes de los diferentes arciprestazgos de las ocho zonas pastorales han manifestado al nuncio su ilusión y ganas de participar en la renovación de la Iglesia a la que el Papa Francisco les invita con este nuevo Sínodo.

El encuentro ha contado con el testimonio de varios laicos. Noelia Sánchez de Acción Católica General y trabajadora de Cáritas ha narrado su experiencia de fe, asegurando que Dios ha puesto en su vida a personas que le han ayudado a «hacer un camino donde poder vivir, celebrar y agradecer una Iglesia tradicional, parroquial, adulta, joven, de comunión, una Iglesia de servicio, doméstica y pobre». Manuel Medina ha explicado cómo fue su participación en la preparación y celebración del Congreso Nacional de Laicos y cómo esa experiencia le aproximó a la rica vida laical de la Diócesis. Una experiencia que también ha compartido Juan Orts, de la Vicaría de Cartagena: «Discernimiento, sinodalidad, corresponsabilidad, misión… son conceptos que entraron de lleno en mi vida y daban sentido a todo el proceso de conversión comunitaria que estábamos viviendo».

La religiosa Ana Galeote, salesiana del Sagrado Corazón, y el laico Carmelo Gómiz, ambos miembros del Equipo Sinodal Diocesano, han hablado de la Iglesia que sueñan para el futuro fruto del proceso de sinodalidad que vive la Diócesis de Cartagena.

Tras una primera parte, en la que se han compartido experiencias, han celebrado juntos la Eucaristía. Al inicio de la misma, el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca, le ha explicado al nuncio el trabajo que los laicos están desarrollando en este tiempo de sinodalidad: «Estos hermanos han trabajado con mucho amor y responsabilidad al servicio de la Iglesia diocesana… Han aprendido lo que dice el Papa Francisco, que debemos cuidar la comunión».

«Me alegra encontrarme con vosotros, que queréis vivir la fe de un modo consciente y comprometido, con la tarea que implica, ante todo, el testimonio», le ha dicho Mons. Auza a los representantes del laicado diocesano, a quienes ha trasladado un mensaje de aliento del Papa Francisco: «En nombre del Santo Padre, su aliento, su bendición y su gratitud. Su Santidad os pide coraje como miembros de la Iglesia, Pueblo de Dios en salida, que vive en una historia concreta, que nadie ha elegido, sino que le viene dada, como una página en blanco en la que escribir, no con respuestas prefabricadas, sino encarnadas y contextualizadas para hacer comprensible y asequible la verdad de Cristo».

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“La alegría de saber que el Señor os quiere dura siempre”

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Homilía en la Eucaristía del Sacramento de la Confirmación, celebrada el 23 de octubre de 2021 en Órgiva.

Me voy a referir sobre todo a los que se van a confirmar. A lo mejor, y sin querer, tenemos la idea todos un poquito de que el cristianismo son una serie de reglas, de cosas que tenemos que hacer para que Dios esté contento con nosotros, y para que Dios nos quiera. Y tratamos de hacerlas. Y entre esas reglas está el venir a misa, el portarse bien en casa, y también con los compañeros y con otras personas; el ayudar a las personas que tengan necesidad y no estar sólo pensando en nosotros mismos. Ciertas cosas así. Todo eso son cosas que nosotros tenemos la obligación de hacer por Dios y si nos portamos bien, Dios nos quiere; y si no nos portamos tan bien, igual que nos pasa en nuestra vida, Dios deja un poquito de querernos. Y a lo mejor, tenéis la idea también de que lo que hacemos esta tarde es decirle a Jesús que queremos estar con Él siempre, portarnos bien y ser buenos. ¿Pensáis un poco eso? No hace falta que contestéis, ya se yo que lo pensáis. También los mayores. Yo os diría que si eso es lo que pensáis, que venir a hacer esta tarde y delante del obispo, de vuestros padres, que vais a ser muy buenos de ahora en adelante, estoy esperando que de aquí a unos días u horas tengáis una discusión sobre a qué hora hay que llegar esta noche a casa; y de repente, tengáis una discusión en casa, u os peléis, o deis una mala contestación, cosas así; y entonces, te van a decir “¿y para eso te has confirmado? No se te nota nada”.

Yo no quiero que pase eso porque el confirmarse no tiene que ver con eso. El confirmarse, primero ya está mal decir “voy a confirmarme la semana que viene”. Eso está muy mal dicho. Si vosotros no confirmáis nada hoy. Es verdad que vais a profesar la fe, pero eso no forma parte del Sacramento de la Confirmación. Eso es decirLe al Señor -y se lo decimos todos los domingos, hoy se lo decimos con más solemnidad- que Le conocemos y que sabemos que nos quiere tanto que podemos esperar de Él lo que no podemos esperar de nadie. ¿Qué cosas podemos esperar de Él? Que nos perdone los pecados; los pecados sean los que sean, de grandes y de número. Nos quiere tanto que esperamos de Él el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. Seguramente, todos vosotros habéis perdido alguna abuela o algún abuelo, algún familiar o habéis visto morir a alguien, perder a alguien a quien uno quiere. Cuando uno quiere a alguien no querría que muriera nunca. Yo he buscado definiciones o expresiones bonitas del amor. Una de las más bonitas que yo he encontrado es decir: “Querer a alguien es poder decirle yo quiero que Tú no mueras jamás”. Nuestros padres a lo mejor no os lo han dicho nunca con estas palabras, pero, en el fondo, lo sienten, quisieran que no murierais nunca. Y vosotros, que queréis a vuestros padres, también lo diríais: yo quiero que no me falten nunca papá y mamá.

Nosotros nos lo decimos, pero sabemos que algún día vamos a morir. Que tenemos que pasar por la muerte. Sin embargo el amor de Jesucristo es tan grande que nosotros le decimos que esperamos porque conocemos ese amor, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna. La victoria final sobre la muerte. Así es de grande el amor de Dios.

Dios nos quiere desde siempre, porque Dios no es como nosotros. Nosotros hemos empezado a conocer a algunas personas cuando hemos crecido un poco y nos damos cuenta de que esta persona me quiere, o esta me quiere menos, o esta no me quiere. Pero Dios nos conoce desde siempre, desde antes de que existiera Sierra Nevada, el volcán de la Palma, de que existieran las estrellas. El Señor sabe que tú eres Ainoa, que eres Javier, Amelia. Y conoce tu rostro, tu corazón. Yo creo que el Señor ha creado millones y millones de estrellas para que veamos lo fácil que es… hay un pasaje de la Biblia que dice “a cada uno la llama por su nombre”.

Quien ha sido capaz de crear millones de estrellas, tu corazón, nos tiene a cada uno… Nos lo dijo Jesús de otra manera con una imagen muy bonita: “Hasta los cabellos de vuestra cabeza están contados”. Dios nos quiere desde siempre. Te quiere a ti. Sea cual sea tu historia. Y diréis “pero, si mis padres casi no me quieren, o me regañan siempre porque soy el zapato negro de la familia, no saco buenas notas, tengo genio, yo me empeño en cosas y ellos se empeñan en otras cosas. Sea cual sea vuestra historia, Dios os quiere.

Lo que celebramos cada Semana Santa es que el Hijo de Dios asumió nuestra carne y nació de la Virgen para poder decirnos en un lenguaje humano, en una forma que nosotros pudiéramos entender, el amor infinito que Dios tiene a cada uno. Digo infinito porque el amor de Dios justo porque es infinito yo puedo coger todo lo que necesite y no ha disminuido nada. El mar también es una imagen del infinito. Sólo una imagen porque el mar tiene límites, pero el amor de Dios no tiene límites. Puedo coger todo lo que necesite y no le estoy quitando nada a nadie, no ha disminuido. Está en otras cosas. No disminuye su amor por mucho que yo coja. Por lo tanto, el Señor os quiere con un amor infinito y ese amor lo ha querido expresar Jesús de una manera humana entregando Su vida por nosotros. Eso es lo que celebramos en la Semana Santa el día del Viernes Santo: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a Su propio Hijo, para que el mundo se salvase por Él. No hay mayor amor que dar la vida por aquellos que uno quiere”. Eso lo dijo Jesús el día antes de dar la vida. Explicó que ese amor era una alianza que Él firmaba. Era una alianza nueva y eterna. “Esta es la sangre de mi Alianza, una alianza nueva y eterna”.

La palabra alianza se usa también para el matrimonio. Cuando las personas se vinculan en un matrimonio es como una alianza y el deseo, por lo menos, es que esa alianza dure para siempre. Muchas veces no dura, pero el deseo el día de la boda es que dure para siempre. La alianza que el Señor ha hecho con nosotros dura para siempre. Vosotros ya habéis empezado a participar de esa alianza. Fue el día de vuestro Bautismo. Recibisteis ya la vida que el Señor nos ha dado, el espíritu del Señor, dar Su vida. Desde ese día, todos somos hijos de Dios. Desde ese día, vosotros sois hijos de Dios de una manera plena. Tenéis el espíritu de Dios. Habéis crecido con Dios en vuestro corazón y en vuestra vida, aunque ni siquiera os hubierais dado cuenta.

En la antigüedad, las alianzas que eran importantes tenían dos firmas. No se firmaba, se sellaba, se ponía laca o cera, material reblandecido, lacra, y se ponía el sello del rey. Luego venía otra persona que era el secretario del reino, ponía otro lacre y confirmaba que aquello era el sello del rey. Los cristianos llamaban a la Confirmación el segundo sello. Pero vosotros no confirmáis nada esta tarde. El Señor pone el segundo sello en el documento de la alianza que él hizo con vosotros, con cada uno de vosotros en la cruz. En una edad en la que ya os dais cuenta lo que significa ser querido, no ser querido, ser mejor o peor querido, os vuelve a decir el Señor: “Yo te quiero”, te quiero desde siempre y te voy a querer siempre porque mi alianza es eterna. Y entonces, veréis no tiene mucho que ver con que si vais a ser más buenos o menos buenos; si os vais a portar mejor o peor. Claro que al Señor le gusta que os portéis bien. A vuestros padres también les gusta que saquéis buenas notas, les gusta que os portéis bien, que la gente diga qué hijos más preciosos tienes, a lo mejor todo el mundo les quiere, les gusta. Pero no os quieren por eso. ¿Os quieren porque os portáis bien? No. Os quieren porque sois sus hijos. No nos quieren por eso. Nos quiere porque Dios es Dios y no sabe hacer otra cosa que querer.

Y la Iglesia tendríamos que ser los mensajeros y la demostración con nuestra vida de que Dios es así. Y que nosotros estamos cerca de Dios y tenemos que ser así. No sabemos hacer otra cosa que querer, perdonar, ayudar. Es Jesucristo quien confirma esta tarde la Alianza de amor que hizo con cada uno de vosotros en la cruz y os vuelve a decir como si acabarais de nacer “Yo te quiero y te quiero para siempre”.

Eso da una alegría que no tiene nada que ver con la alegría de cuando nos salen las cosas bien, o nos hemos portado bien. Eso dura mientras nos portamos bien. Si un día nos portamos mal, pues se acaba. La alegría de saber que el Señor os quiere dura siempre, puede durar siempre, porque Él no va a dejar de quereros. Sois jóvenes, pequeños, algunos ya sois adultos, pero todos os dais cuenta de lo que significa tener un amor que no te falla. Tener un amigo que no te falla. Ese amor que no falla es el amor de Dios, es el amor de Jesucristo que confirma esta tarde la alianza que hizo con cada uno de vosotros en la cruz.

Sólo me queda una cosa por explicaros. Cómo una cosa tan grande puede pasar por una cosa tan pequeña como que el obispo te ponga la mano en la cabeza y con aceite consagrado, no sólo perfumado, os haga la señal de la cruz en la frente. Cómo puede una cosa tan pequeña ser medio de algo tan grande. Los gestos humanos son siempre muy pequeños para lo que pueden llevar dentro. Os doy un ejemplo: una sonrisa. Una sonrisa te puede alegrar el día, cuando te cruzas con alguien; un hermano, un amigo que te quiere y te pone una cara seria, te ha amargado el día. Pero poner una cara seria o sonriente es un gesto bien pequeño. Un beso es un gesto pequeño y os aseguro que niños que han crecido sin que su madre no les ha achuchado y besado son diferentes a vosotros. Son personas que llevan un puñal dentro y una herida muy grande dentro. Es un gesto bien pequeño. Una mano tendida.

Los gestos humanos más importantes son pequeños, pero pueden llevar algo muy grande dentro. También pueden llevar, cuando son gestos humanos, una mentira. Un beso puede ser verdadero, expresión de cariño, y puede ser mentiroso. Un beso mentiroso muy famoso que hay en la historia es el de Judas. Traicionó a Jesús con un beso. Los gestos de los hombres y las sonrisas también pueden ser falsas o mentirosas, o así. Pero Dios no miente nunca. Los hombres podemos mentir, todos, pero Dios no miente nunca. Cuando Dios dice “te quiero” es un te quiero. Yo quisiera que esa alegría no se nos acabara nunca pase lo que pase. Hay momentos difíciles como la pandemia, hay dificultades de muchas clases en la vida, y nunca dejará el Señor de querernos. Aunque hagáis algo horrible, que os destroce a vosotros mismos el corazón, el Señor no va a dejar de quereros. Creedme por favor. Que no se os olvide nunca, el Señor os va a querer siempre. No despreciéis lo pequeño que es el gesto por el que pasa la promesa de Dios, la promesa de Su vida: os acompañará siempre, al lado, dentro, en vosotros, siempre.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

23 de octubre de 2021
Órgiva (Granada)

10.629 misioneros, el anuncio de la fe en los 5 continentes

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La Iglesia celebra el domingo 24 de octubre el Domingo Mundial de las Misiones, el DOMUND. Es el día en el que toda la Iglesia reza por la causa misionera. Es el día para recordar la implicación de todos los cristianos en la misión de la Iglesia. Es el día para ayudar con una aportación económica a su sostenimiento. Y es el día para tener especialmente presentes a los que, respondiendo a la llamada, dejaron su país de origen para salir a la misión.

A esta llamada respondió el jesuita Fernando López. Nació en la Isla de La Palma. Pero su destino, desde 1988, está en la Amazonía.

Fernando López: «¿de qué lado te quieres poner tú?«

Su vocación misionera se remonta a cuando tenía 15 años, una vocación que nació como respuesta a un interrogante: «Me pregunté cómo era el haber nacido en mi familia, con todo, y nuestros hermanos africanos o los indios de América con nada, ¿es una cuestión de suerte o mala suerte? Me dije: “Fernando, ¿de qué lado te quieres poner tú?”.

En un primer momento se puso del lado de la Física. Pero en Sevilla, donde cursaba estudios, estableció contacto con los jesuitas. En 1985, acabada esta etapa académica, llegó a Paraguay.

Sintió dolor por lo que dejaba atrás -la familia, una novia, su vocación como físico- pero experimentó que aquella era la tierra donde Dios le invitaba a sembrar.

Fernando López pertenece a la Red Itinerante de la Amazonía CLAR-REPAM donde varias instituciones, congregaciones, laicos y laicas, religiosos y religiosas se unen para llegar juntos en la Amazonía donde solos no podrían llegar. Se trata de hacerse presentes donde no llegan otras realidades para escuchar a esos pueblos, conectar con la realidad gritante de la Amazonia y para defender la vida.

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«Los pueblos indígenas transformaron mi realidad, mi vida».


En datos

Fernando López es uno de los misioneros españoles en tierra de misión. Según los datos que hace públicos Obras Misionales Pontificias, instrumento oficial de la Iglesia que se encarga del sostenimiento de los territorios de misión, España es uno de los países con más misioneros:

  • En su base de datos hay registrados 10.629 misioneros: de ellos, 7.180 están en activo, y 3.449 en España, colaborando con la animación misionera o a la espera de nuevos destinos.
  • Los misioneros españoles están en 135 países. El país con más misioneros españoles es Perú (673).
  • Unas 387 instituciones envían misioneros a la misión.

Los voluntarios

– En la misión: cada año hay alrededor de 10.000 personas, entre las que destaca la labor de los jóvenes, que dedican tiempo de su vida a hacer una experiencia misionera.

– En la actualidad hay 1.025 voluntarios en las delegaciones diocesanas de misiones, y en parroquias o archiprestazgos que trabajan en la animación misionera, y en la realización de una “misión de retaguardia”.

Territorios de Misión

  • Hay 1.116 territorios de Misión, lo que representan un tercio de las diócesis del mundo y 43,13% de la superficie de la tierra.
  • El porcentaje de personas que vive en Territorios de Misión es un 45,07% de la población.
  • Las misiones albergan uno de cada tres bautismos en el mundo.
  • En promedio, un sacerdote atiende a más del doble de habitantes en los territorios de Misión.
  • En conjunto, la Iglesia Católica cuenta con 26.890 instituciones sociales y 119.200 instituciones educativas.

Fuente: Obras Misionales Pontificias (OMP)

20/10/2021

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Cartagena, segunda parada en la visita del nuncio

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En la ciudad portuaria Mons. Bernardito Auza rezó ante la patrona, la Virgen de la Caridad.

La visita a Cartagena comenzaba ayer, a las 17:00 horas, en la Asamblea Regional. El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, fue recibido por el presidente de la institución, Alberto Castillo. Firmó en el libro de honor y recibió como regalo una maqueta del submarino Peral. Tras esto, la alcaldesa de la ciudad, Noelia Arroyo, le esperaba en el Palacio Consistorial, donde fue obsequiado con el libro Teatros de Pedro Cano, el catálogo de la exposición que se muestra actualmente en el Museo del Teatro Romano de la ciudad portuaria. El nuncio también dejó su rúbrica en el libro de honor del Ayuntamiento.

Antes de continuar su visita por los templos cartageneros, Mons. Auza, paseó por la ciudad; concretamente conoció, desde el parque Cornisa, el Teatro Romano y entró en la antigua iglesia de Santa María. En todo momento estuvo acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; y el vicario de zona, José Abellán; así como por el primer consejero de Nunciatura, Mons. Daniele Liessi, que le acompaña durante todo el viaje.

Sobre las 19:30 horas, en la basílica de la Virgen de la Caridad, actualmente en obras, le esperaban sacerdotes y miembros del Santo y Real Hospital de Caridad para rezar con él ante la patrona de la ciudad, a quien le cantaron la Salve cartagenera. El nuncio mostró su interés hacia las labores de servicio a los más necesitados que realiza esta institución, cuyo hermano mayor le entregó un libro con el resumen de todas las actuaciones de restauración que se están llevando actualmente a cabo en el templo.

La tarde terminaba con el rezo de Vísperas en la parroquia de Santa María de Gracia, donde Mons. Auza habló de la importancia de la caridad cristiana, «caridad de fe», pues aseguró que «donde hay caridad Dios está ahí, pues como dice el Papa Francisco, Cáritas encarna la institución del amor de la Iglesia que se acerca a la situación concreta que necesita cada persona».

Finalizó su visita pidiendo a la patrona por la ciudad de Cartagena y por la Diócesis.

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El idioma universal de la caridad

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Oussama buscaba en España un futuro mejor para él y su familia. Después de una durísima travesía en cayuco, el futuro no se presentaba demasiado halagüeño para él y el resto de los jóvenes que acabaron hacinados en el campamento de Las Raíces, en La Laguna. Su tesón y esfuerzo, sin embargo, ha propiciado que cada vez tenga más cerca su objetivo de establecerse en Europa, el verdadero sueño de los miles de migrantes africanos que cada día se juegan la vida en el Océano Atlántico.

En ese sueño han adquirido un papel fundamental personas voluntarias de Cáritas como Jesús, Elisuán, Esther, José y Cristina, que desde hace unas semanas imparten clases de español a chicos como Oussama, todos los martes, miércoles y jueves por la tarde en el Arciprestazgo de Tacoronte. “Vengo a dar las clases porque enseñar al que no sabe es una obra de caridad”, recuerda Esther, quien deja claro que “para mí es importante aprender de lo que me dicen, porque ellos también nos enseñan y necesitan hablar, contarnos cómo era su vida, la historia de su familia; y yo he aprendido mucho con ellos”, destaca.

Empatía y solidaridad

Para la voluntaria de Cáritas Diocesana de Tenerife, “es muy gratificante ver lo agradecidos que están con las clases; verles las caras cuando cada tarde al terminar nos dan las gracias, es muy gratificante”.

En la misma línea se expresa José, otro de los profesores voluntarios. “Creo, sinceramente, que uno de los aspectos que nos hace humanos es la capacidad de empatizar y solidarizarnos con los menos favorecidos”. “Cualquiera de nosotros podría verse un día en esa situación de necesitar ayuda en algún aspecto, ya sea material o humana”, recuerda José, que también subraya la importancia del “valor cristiano”. “Si sigues a Cristo, uno tiene el deber de ayudar a su prójimo”, destaca.

“Personalmente, debo dar gracias por todo lo que me ha dado Dios y la vida. Y ello debe revertir un poco en los demás. Aunque sé que doy poco para lo mucho que he recibido”, confiesa.

Comunicarse en español

Oussama, por su parte, está eternamente agradecido a sus profesores y al voluntariado de Cáritas Diocesana de Tenerife, y deja claro que le gusta venir a clase, sobre todo porque necesita hablar español “para conseguir un trabajo”.

En un más que decente castellano, y a pesar del poco tiempo que lleva en las clases, Salif señala: “Yo todos los días que hay clase vengo para aprender español y poder hablar con otras personas”.

Una afirmación que suscribe Zouheir, quien deja claro que quiere aprender español “poco a poco”, para poder “entender a los demás”. “Aquí me tratan bien muy mucho”, asevera entre risas.

Sus testimonios confirman el éxito de la iniciativa emprendida por el voluntariado vinculado a Cáritas Diocesana de Tenerife, al que se han sumado otras personas de la zona. Una de ellas es Cristina, una maestra jubilada que asegura que para ella dar clases de español es una oportunidad “doble”.

“Mi primera motivación ha sido poder acoger como hermanos y hermanas a las personas jóvenes que vienen a nuestra Isla, con los medios de los que dispongo, que son mi experiencia y mi formación de maestra”. “Tengo dos hijos y siempre me he planteado el hecho de que si fueran a buscar una vida y un horizonte mejor a otros países, querría que los trataran como iguales”, concluye Cristina.

Cáritas Diocesana de Tenerife

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

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Santa Misión 2021- Programación del sábado 23 de octubre

Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria

10:00 hs: Salida del Señor hacia la Parroquia de Ntra. Sra. de La Candelaria haciendo estación en la parroquia de San Lucas Evangelista.

El Vía Crucis se realizará en las feligresías de Blanca Paloma – Nuestra Sra. De la Candelaria

19:00 hs: Jubileo de adolescentes.

Mas información en https://www.gran-poder.es/ 

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Envío de profesores cristianos (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Envío de Profesores Cristianos celebrado en la Catedral de Málaga el 23 de octubre de 2021.

ENVÍO DE PROFESORES CRISTIANOS

(Catedral, 23 octubre 2021)

Lecturas: Jr 31, 7-9; Sal 125; Hb 5, 1-6; Mc 10, 46-52.

(Domingo Ordinario 30 –B)

1.- El profeta Jeremías anima al pueblo de Israel a gritar de alegría, porque Dios ha salvado a su pueblo (cf. Jr 31, 7). Sin embargo, nuestra sociedad parece ajena a la gran noticia de salvación que trajo Jesucristo.

Estamos llamados a pregonar con alegría que hemos sido salvados del pecado y de la muerte; que Dios ha cancelado la condena merecida por nuestros pecados. Podemos cantar con el Salmo: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125, 3).

Pero nuestro testimonio no parece tener aceptación entre nuestros contemporáneos, a quienes no les importa esta buena noticia y buscan unos objetivos en su vida lejanos a esta realidad.

Todo creyente y, de modo especial, los catequistas, los profesores de religión católica y los profesores cristianos en cualquier centro docente, estáis llamados a dar testimonio de la Verdad de Cristo; a sacudir las conciencias adormecidas de tanta gente que vive sin pensar más allá de esta vida terrena.

2.- En el evangelio de hoy se narra el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó: «Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10, 47). El ciego Bartimeo pide a gritos ser curado de su ceguera física.

Nosotros, en cambio, sufrimos cegueras espirituales, pero tal vez no pedimos al Señor que las cure; preferimos aceptarlas y convivir con ellas, aunque nos impidan ver con claridad la verdad de la vida.

También hay muchas personas en nuestra sociedad que sufren cegueras espirituales, a quienes podemos ayudar ofreciéndoles la luz del Evangelio.

3.- Muchos de los que acompañaban al Maestro increpaban al ciego «para que se callara. Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí» (Mc 10, 48).

No seamos nosotros los que hagamos callar a los que buscan al Maestro para gozar de su presencia y de su luz. Seamos, más bien, de los que anuncian la presencia sanante de Cristo.

Jesús pidió que llamaran al ciego; y éste se acercó (cf. Mc 10, 50); y al preguntarle lo que deseaba respondió: «Rabbuni, que pueda ver otra vez» (Mc 10, 51). Y quedó curado por Jesús, gracias a su fe (cf. Mc 10, 52).

4.- También nosotros, gracias a otros testigos que nos animaron a levantarnos y a salir de nuestra inmovilidad, pudimos gozar del amor misericordioso y transformador del Señor, que nos permitió ver su luz; y ahora con esa luz de la fe, del amor y de la esperanza, regalada en el bautismo, vemos las cosas de otra manera.

La lógica del discipulado de Jesús consiste en que los nuevos discípulos son testigos a su vez para otros discípulos. El discípulo no da recetas, sino que ofrece su experiencia y su testimonio del amor sanador y misericordioso de Jesús (cf. Papa Francisco, Discurso a los sacerdotes, religiosos y seminaristas, 2. Coliseo Don Bosco-Bolivia, 9 julio 2015).

Quienes anunciáis a Cristo en ámbitos de docencia en los diversos niveles, desde la etapa infantil hasta la universidad, no debéis dar recetas; debéis ayudar a los demás a recorrer su camino, ayudarles a que se encuentren con Jesús resucitado. Debe ser un encuentro personal.

No son suficientes las palabras explicativas o enseñar contenidos, porque con eso no se llega al núcleo de la evangelización. Es necesario narrar la experiencia propia del encuentro con Jesús.

Pidamos al Señor que cure nuestras cegueras y que sepamos ayudar a otros a acercarse a Jesús, para que puedan percibir su luz y salir de las tinieblas.

5.- Hoy celebramos el Domingo Mundial de las misiones (DOMUND) con el lema: “Cuenta lo que has visto y oído”. Contar es narrar la propia experiencia.

Jesús restituye al ciego Bartimeo su dignidad perdida, que se manifestaba al estar al borde del camino, fuera de la comunidad y ciego. La compasión lleva a escuchar al otro, a solidarizarse con él, a ayudarlo a superarse, a acogerlo en medio de su dolor. La compasión se centra en la libertad que nace del amor y pone el bien del otro por encima de otras cosas.

Nosotros mismos somos testigos de esta actitud benevolente y amorosa del Señor, que nos vio al borde del camino con nuestros dolores y miserias, con nuestras cegueras y dificultades. En vez de acallar nuestros gritos, se detuvo, se acercó y nos preguntó qué podía hacer por nosotros.

El Señor nos pide que contemos lo que hemos visto y oído. Como dice san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). ¡Pobres de nosotros si no transmitimos el tesoro que hemos encontrado y que llevamos en vasijas de barro!

6.- La primera prioridad pastoral del presente curso en nuestra Diócesis es: Primer anuncio y evangelización, que pretende invitar a realizar un itinerario de fe para el encuentro con Cristo y llevar una vida cristiana configurada con el Señor y ayudada por la gracia sacramental.

En consonancia con el DOMUND, celebramos el Día de la Catequesis, con el lema “Catequistas anunciando a Cristo”. Ser catequista (catequeo = hacer resonar) es hacerse “eco” de la propia fe; la primera labor del catequista es anunciar a Cristo con gestos y palabras; el catequista es, sobre todo, un testigo de la fe, que ha encontrado a Jesús, y percibe la necesidad de anunciarlo.

Esa es la misión que tenéis, queridos profesores cristianos, sin importar la materia que enseñéis; lo que importa es vuestro testimonio de fe; importa el anuncio explícito de la persona de Jesús.

La evangelización es la razón de ser de la Iglesia; y no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, porque ha dado su vida por nosotros y ha resucitado de la muerte.

Animo a todos los fieles, de modo especial a los catequistas, a los profesores de religión y a los profesores cristianos, a ser testigos de la fe que profesáis, anunciando la Buena Nueva de Jesucristo como salvador y redentor del ser humano. Los profesores cristianos sois testigos de la fe en vuestros diversos lugares de docencia, sea en la escuela estatal, concertada o privada; y deseo mencionar a los Colegios diocesanos de la Fundación Victoria.

Pedimos a la Virgen de la Victoria, nuestra Patrona, que nos acompañe en esta hermosa tarea y que nos fortalezca en el testimonio de la fe. Amén.

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“Perseverad en el amor de Cristo”

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“Perseverad en el amor de Cristo”

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha ordenado presbíteros a Francisco Javier Muñoz García y Miguel Ramírez González, este viernes, 22 de octubre, en la Santa Iglesia Catedral

Francisco Javier Muñoz García y Miguel Ramírez González son los nuevos sacerdotes de la diócesis de Córdoba. Ambos han recibido el grado del orden sacerdotal este viernes, 22 de octubre, memoria litúrgica de san Juan Pablo II, de manos del obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

En su homilía, el Obispo les ha recordado a los nuevos presbíteros que el Sacramento del Orden los hace “ministros de Jesucristo” para ejercer una gran labor en la sociedad. Desde su experiencia como sacerdote, el prelado les ha manifestado la gran alegría que experimentarán cuando comprueben cómo a través de sus palabras, “Dios da consuelo a tantas personas y actúa sobre nosotros”.

Monseñor Demetrio Fernández ha incidido además en la importancia de cuidar a los sacerdotes, como pone de manifiesto en su Carta Pastoral al inicio de curso, porque “son un gran regalo para la Iglesia y para la sociedad. Hemos de cuidarlos con la oración, apoyándole, colaborando con las actividades pastorales que se organizan en la parroquia y demás, porque no es fácil ser sacerdote hoy”. Al hilo de esto, les ha pedido perseverar en el amor de Cristo, “un amor que producirá fruto cuando sea, que sembrará esperanza aunque encontremos indiferencia”. “Ante las dificultades acudid a Jesucristo, que es Él el que os ha llamado”, ha aclamado.

Monseñor Demetrio Fernández ha incidido en la importancia de ser “verdaderos partícipes del Evangelio de Cristo” y ha instado a los presentes a orar por las vocaciones recordando la expresión de San Juan de Ávila: “la reforma de la Iglesia vendrá por la renovación de los sacerdotes y el fervor de los seminarios”.

Durante el rito de ordenación los candidatos se han postrado en el altar y ha tenido lugar el canto de las Letanías; a continuación, el Obispo y los presbíteros que han concelebrado les han impuesto las manos; posteriormente se les ha colocado la estola y la casulla; han seguido con la unción de las manos con el Santo Crisma y han terminado con la entrega de la patena y del cáliz.

Los nuevos diáconos, del Seminario Conciliar “San Pelagio”, han recibido el grado del orden sacerdotal acompañados de numerosos sacerdotes de la Diócesis, los rectores, formadores y alumnos de los Seminarios, así como sus familiares y amigos.

Primeras misas

Miguel Ramírez González celebrará su primera misa el próximo 23 de octubre, en la parroquia de San Miguel Arcángel de Palenciana, a las 12:30 horas, y Francisco Javier Muñoz García lo hará en la parroquia de la Santísima Trinidad y María Inmaculada de Priego de Córdoba, el próximo 24 de octubre, a las 12:00 horas.


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El nuncio del Papa se reúne con sacerdotes, religiosos y religiosas

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El nuncio apostólico del Papa en España, Mons. Bernardito Auza, se reunirá estos días con las diferentes realidades eclesiales de la Diócesis de Cartagena. El primer encuentro lo ha tenido esta mañana en la catedral. Allí ha presidido la celebración de la Eucaristía, acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca; el obispo auxiliar, Mons. Sebastián Chico; y el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil. Una celebración con alta participación del presbiterio diocesano y a la que estaban invitados religiosos y religiosas.

Al inicio de la celebración, el obispo de Cartagena ha agradecido al nuncio que aceptara su invitación de visitar la Diócesis y además ha manifestado la total adhesión de la Iglesia que pastorea al Papa Francisco. «Le agradezco que aceptara compartir con nosotros unos días, demasiado pocos para poder escuchar todo lo que le querríamos decir; demasiado intensos para que podamos mostrarle toda la rica experiencia de la vida de fe de las comunidades a las que servimos en nuestra Diócesis de Cartagena; y demasiado bellos para que se nos olviden».

El nuncio ha agradecido la invitación de Mons. Lorca y se ha dirigido de forma especial a los sacerdotes, animándoles a renovar su entrega a través de su ministerio: «En nombre del Santo Padre, a quien tengo el honor de representar aquí en España, os transmito su bendición y su afectuoso saludo lleno de agradecimiento por vuestra fidelidad al Señor y a la Iglesia. Os animo a renovar las palabras que el Señor pronunció con tanta ternura el día de nuestra ordenación y que constituyen la fuente de nuestra alegría: “Ya no os llamo siervos sino amigos”. ¡Qué hermoso es que nuestro encuentro se realice en el altar!».

Finalizada la celebración, el nuncio ha compartido la comida con los obispos y el Consejo Episcopal en la eh!, la Escuela de Hostelería de Cáritas.

Esta tarde, Mons. Auza visitará la ciudad de Cartagena. Mañana por la mañana se reunirá con los laicos en el Santuario de Nuestra Señora de la Fuensanta y por la tarde se desplazará a Lorca. El domingo comenzará la jornada con un encuentro con los seminaristas; a media mañana presidirá la Eucaristía del Encuentro Diocesano de Hermandades y Cofradías en Alcantarilla, y por la tarde visitará el Santuario de la Vera Cruz de Caravaca.

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“Mostrar al mundo que realmente somos un cuerpo”

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Homilía de D. Javier Martínez en la Eucaristía celebrada en la fiesta litúrgica de san Juan Pablo II, el 22 de octubre de 2021, en la S.I Catedral.

Muy querida Iglesia del Señor, Esposa amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios al que todos pertenecemos;
sacerdotes;
fieles cristianos laicos;
consagrados, religiosos (todos somos parte de ese único pueblo que pertenece al Señor; que el Señor se ha elegido para Sí como pueblo suyo, como familia suya y, al final, como esposa y como cuerpo de su Hijo):

Para mí es una alegría celebrar esta… (…) este es uno de los lugares para mí más queridos de la diócesis. Nos echaban del sitio donde estábamos con un expediente de expropiación por dos años y seis meses allá por el año 2006, y había que buscar un lugar nuevo. Yo me pasé un año buscando colegios mayores o residencias de universitarios de las que hay en Granada que pertenecían a religiosas, pero ninguna reunía las condiciones que se requerían para establecer la Escuela. No se me olvidará el día que vinimos a ver el solar. Las tres personas que vinieron de la antigua Escuela, de las que aquí hay dos, les dio un ataque que nunca sabré decir si era de histeria o de risa. Era una risa profundamente histérica, de decir, “pero este hombres está loco. Nos dice que va a haber aquí una Escuela”. Era un solar.

El Señor, a través de personas concretas que han trabajado y se han dejado los ojos y lo han hecho lo mejor que sabían hacer… La Escuela empezó en el año 2008. Recordáis que el año 2008 es el año de la primera gran crisis de nuestra economía y parecía todavía más utópico, más imposible que esto fuera adelante. El compromiso era de hacer aquella obra en 3 años y en el año 2011 la inaugurábamos: en octubre del año 2011. Se han terminado algunos detalles; quedan otros muchos, especialmente en la capilla, pero está viva. Yo me moría de gusto de ver de nuevo la cafetería iluminada, con gente que se movía en la cafetería, por el patio y por el camino. Han pasado ahí muchos chicos y chicas que han estudiado aquí. Yo espero que puedan ser unos buenos maestros, en el sentido de transmitir una experiencia de vida que sea bella. Y mi preocupación porque el lugar fuese bello es porque los lugares en los que vivimos, en los que rezamos, en los que trabajamos y comemos, también como la manera de vestirnos, terminan determinando un poco la imagen que tenemos cada uno de quienes somos. Determina mucho la imagen que los demás tengan de quienes somos y no es lo mismo vestirse con delicadeza y con cuidado. De la misma manera no es lo mismo estar en una capilla cutre y fea, o llena de cosas como si fuese un pequeño museo de cornucopias o cosas que no significan nada, o que no es posible explicar el significado en un relato lineal y seguido que, por muy bonitas que sean las cosas que se acumulan; y no es lo mismo estudiar en un lugar bello, sencillo, donde nada nos distraiga de nuestra misión y de nuestra tarea.

Los armenios tienen una norma en su arte que, a pesar de ser unos enamorados de la simetría, las obras de arte siempre tienen un punto que es asimétrico. Muchas veces es la esfera y dibujos geométricos que recuerdan la esfera, o que parten de la esfera, pero siempre hay un punto de asimetría, incluso en el diseño de las ventanas. Todos son iguales y una es un poquito diferente. Y la razón que dan es bellísima. Y es que la simetría perfecta, la perfección, sólo pertenece a Dios. Las criaturas somos siempre imperfectas.

Inauguramos en este curso la escuela en la fiesta de san Juan Pablo II y también es un don. La memoria de san Juan Pablo II está aquí viva porque fue muy cerca de aquí donde celebró la Eucaristía que celebró cuando vino a Granada. Eso hace que su estatua también esté en nuestro patio. Iba a haber estado aquí, en el presbiterio, pero una vez visto su lugar y el papel que podía tener en el jardín, decidimos dejarla allí y que fuera vista desde todos los rincones del patio y desde otros rincones de la casa. Ya terminaremos el presbiterio lo antes posible, pero de otra manera. En la idea original, lo digo por si alguno se anima, en ese muro de cemento estaba previsto que hubiese unas cuantas frases sencillas de las de san Juan Pablo II. Voy a recordaros dos: “No tengáis miedo” y “Abrid las puertas a Cristo”. Las dos las dijo Juan Pablo II en su primera intervención desde la ventana de San Pedro nada más ser elegido. Y abrir las puertas a Cristo lo podemos entender como que Cristo entre en nuestro corazón, entre en nuestras vidas. Eso es absolutamente necesario. Pero hoy el “no tener miedo” puede significar otra cosa: no tener miedo a hablar de Jesucristo. Ninguno. Ni avergonzarse de hablar de Jesucristo. Es verdad que si hablamos de una determinada manera, como se hablaba en la espiritualidad barroca o en la espiritualidad decimonónica más decadente todavía, seguramente no producimos ninguna conmoción en nadie y, al mismo tiempo, ninguna credibilidad, porque parece algo artificial, algo traído por los pelos. Sin embargo, el mensaje más profundo de san Juan Pablo II era “el hombre no puede vivir sin amor” y, precisamente por eso, tiene que abrir su vida a Jesucristo. Con toda su pecaminosidad, con toda su realidad, con todas sus fragilidades, con todo lo que es. Sólo abriendo su vida a Jesucristo puede ser plenamente él mismo.

Yo creo que ese era el mensaje fundamental de san Juan Pablo II. “Cristo -lo dijo citando al Concilio cientos y cientos de veces- revela el hombre al hombre mismo”. Al revelarnos al Dios Padre, al Dios que es Amor, nos revela nuestra propia vocación, nuestro destino, nuestro significado y nuestra vida, y por lo tanto en Cristo se iluminan todas las circunstancias de la vida: la Misa, el trabajo, la relación con la tierra, el amor humano, el amor esponsal, lo que es la paternidad. Absolutamente todas las dimensiones de la vida humana, hasta la economía y el comercio, se iluminan desde Cristo y desde la Eucaristía, que recoge todos esos aspectos y los manifiesta sacramentalmente, lo cual significa “misteriosamente”, pero eso no quiere decir que sea como las películas de suspense o de terror, sino con una luz demasiado grande para poder nosotros percibirla de golpe. La percibimos poco a poco y a la medida de nuestras limitaciones.

“Abrir las puertas a Cristo” porque Cristo es el amor hecho carne y el que nos permite algo a lo que el Papa Francisco -tiene un estilo distinto al de Juan Pablo II o el de Benedicto XVI, pero os aseguro que sus enseñanzas son las mismas- ha llamado a toda la Iglesia a unos años de trabajo sinodal. La palabra “sínodo” significa “camino que se hace con otros”, caminar juntos. Parroquias con movimientos, movimientos con parroquias y con comunidades. Congregaciones religiosas con sacerdotes y congregaciones de tipo clerical. Es decir, que podamos mostrar al mundo que realmente somos un cuerpo, donde todos necesitamos de todos. No hay ninguna realidad, ni siquiera el Papa. A mí me tocó hace 15 años recoger la biblioteca de un arzobispo de Madrid. Tenía el título de Patriarca de las Iglesias occidentales y murió cuando yo tenía 13 años. Me pidieron, junto con otros seminaristas, que recogiéramos su biblioteca y parte de lo que nos tocó recoger fueron los libros de consulta del Santo Padre antes de proclamar el Dogma de la Asunción. Aproximadamente, cien volúmenes donde se había consultado a todas las diócesis del mundo (eran unas 2.700 del mundo), a todas las universidades y facultades de teología católicas. Quiero decir que el mismo Papa no puede decir “voy a convocar esto”. No hay ninguna realidad en la Iglesia, ninguna, que pueda hacerse a sí misma autorreferencial que no tenga que esforzarse por mirar fuera de sí, mirar en los demás, mirarse en los demás y preocuparse de la comunión con los demás. Si no, no somos la Iglesia. Nos convertimos sin darnos cuenta en sectas. También una diócesis puede convertirse en una secta que rompe la comunión con los hermanos, los obispos o el Santo Padre. Pero esa indicación a caminar juntos yo creo que sirve para todo.

Estáis aquí un buen grupo de personas que sois profesores. Otros estudiantes que habéis venido por motivos muy diferentes. Pero todos con una necesidad humana que es lo que nos permite a todos, cogiendo el mensaje de Juan Pablo II y atendiendo al significado que tiene Cristo para la vida humana, acercarnos unos a otros. Y eso es la necesidad de ser felices. Todos buscamos ser felices. Hasta cuando uno ve a unos muchachos haciendo el oso en la plaza de Bib-Rambla, o perdidos, que da pena verlos, en la puerta de una discoteca, o volviendo de juerga a las 6 de la mañana tambaleándose. Todos quieren ser felices, todos queremos ser felices. Y si yo no lo vivo de esa manera que ellos viven, que me da tanta pena que a veces me dan ganas de llorar (también de cómo visten, porque a veces parece que les ha vestido el enemigo, por que no es que quieran poner de manifiesto su belleza. Ojalá pusieran de manifiesto su belleza. No es eso lo que ponen de manifiesto, en absoluto). Y dices: “Dios mío, si yo no vivo como ellos no es porque yo sea mejor, sino porque Tú has querido preservarme, y preservarme para que pueda ayudarles mejor a ellos o estar más cerca de ellos, o quererlos mejor”.

Vamos a rezar en este curso (que es un curso que empieza después del año y pico de confinamiento, y yo tengo la impresión de que a veces la postpandemia…) por que salen a la luz las heridas que estaban o que se han generado en la pandemia, en muchos aspectos más dura que el mismo confinamiento, o tiene aspectos más duros que el mismo confinamiento, o aparecen más claras ciertas heridas que estaban antes del confinamiento o que han nacido con el confinamiento; ayudarnos a curar esas heridas, aliviarnos unos a otros, a mí me parece eso un privilegio.

Hoy inauguramos esta iglesia como una parroquia personal. Siempre he pensado una cosa que una de las personas que a mí me ayudó a mantenerme firme cuando esto parecía una utopía total y una imposibilidad casi total me dijo: “Será la parroquia más importante de su diócesis”. Y es verdad. Considero que esta es la parroquia más importante que tiene la diócesis de Granada y lo que, quienes nos sentimos cristianos, tenemos una preciosa responsabilidad y comunicar el amor de Jesucristo, que no se comunica hablando de Él, como hago yo ahora, sino que se comunica queriendo. No hace mucho leía yo un artículo de un filósofo que a mí me gusta. El título del artículo es “La irrelevancia de los cursos de ética en las escuelas de negocios”. Pero quien dice “las escuelas de negocios” dice cualquier currículum de universidad, porque la ética no se aprende dando un discurso. La ética se aprende caminando con alguien que tiene experiencia de camino.

Esos cursos de ética no sirven para nada. La experiencia de la vida cristiana enseña más ética de lo que pueden dar los cursos. No se aprende a jugar al golf leyendo un libro sobre golf, o no se aprende a nadar leyendo un libro sobre cómo nadar. Así que estáis aquí y tenéis a novecientos y picos jóvenes cerca de vosotros. Pedidle al Señor que vuestra experiencia de Cristo resplandezca en nosotros. Que al lado de vosotros puedan decir “estamos contentos” o “no lo estamos”. Los ojos son lo más expresivo. Después de los ojos, la sonrisa. Quizás la sonrisa más que los ojos, pero van unidos los dos.

Que vuestros ojos proclamen la alegría de quien ha encontrado el sentido de vuestra vida, de vuestra plenitud humana, aunque seamos muy pobres. Yo lo pido para cada uno de vosotros. Lo pido también por los estudiantes. Me acuerdo de ellos todos los días, y todos los días pienso “qué suerte tenéis vosotros de trabajar aquí con ellos y qué suerte tienen ellos de tener unos pocos cristianos cerca que puedan mostrarle, en la forma de mirarles, de estar con ellos, de tratarles, algo del amor con el que vosotros sois amados por Cristo”. Es decir, un amor sin límites, sin condiciones, infinito.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

22 de octubre de 2021
Parroquia personal del Centro de Estudios Superiores “La Inmaculada»

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