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Fallece el sacerdote Francisco Javier Sánchez Martínez

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La misa exequial tendrá lugar mañana domingo, 12 de septiembre, a las 10:00 horas, en la parroquia de Santa Teresa de Córdoba

Francisco Javier Sánchez Martínez nació en Palma de Mallorca el 9 de octubre de 1972 y fue ordenado presbítero el 26 de junio de 1999 en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Actualmente era vicario parroquial de Santa Teresa de Ávila, miembro del equipo de la Delegación diocesana de Liturgia, perito colaborador del Secretariado diocesano para la doctrina de la fe y profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. Además era colaborador semanal en la revista de la Diócesis “Iglesia en Córdoba” y en el portal digital “Infocatólica”.

Francisco Javier Sánchez impartía las asignaturas Liturgia Especial, Bautismo y Confirmación o Patrología, entre otras, en el ISCCRR “Beata Victoria Díez” y este año estaba previsto que diera el curso de liturgia Hispano-Mozárabe así como la sesión de liturgia en el Curso de Cofradías.

Entre los estudios de este presbítero cabe destacar que era Licenciado en Ciencia Religiosas por la Facultad de Teología de Granada; Diplomado en Teología espiritual por el Instituto de Espiritualidad a distancia “Teresianum”; y Licenciado en Liturgia por la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid.

La misa exequial será mañana, domingo, 12 de septiembre, a las 10:00 horas, en la parroquia de Santa Teresa de Córdoba y posteriormente será enterrado en al cementerio de San Fernando de Sevilla.

Desde su ordenación Francisco Javier Sánchez ha desarrollado su ministerio sacerdotal como vicario parroquial en la Sagrada Familia de Córdoba (julio 1999-octubre 2004); San Miguel Arcángel de Palenciana (octubre 2002-junio 2004); Santo Domingo de Guzmán de Lucena (junio 2004-junio 2007) y San Mateo Apóstol de Lucena (junio 2007-junio 2008); San Miguel Arcángel de Córdoba (junio 2008-julio 2010); Santa Clara de Palma del Río (julio 2010-junio 2012); Ntra. Sra. de la Asunción de Palma del Río (julio 2010-junio 2012); y San Juan y Todos los Santos de Córdoba (junio 2012-junio 2017).

 

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Fallece el sacerdote Francisco Javier Sánchez Martínez

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La misa exequial tendrá lugar mañana domingo, 12 de septiembre, a las 10:00 horas, en la parroquia de Santa Teresa de Córdoba

Francisco Javier Sánchez Martínez nació en Palma de Mallorca el 9 de octubre de 1972 y fue ordenado presbítero el 26 de junio de 1999 en la Santa Iglesia Catedral de Córdoba. Actualmente era vicario parroquial de Santa Teresa de Ávila, miembro del equipo de la Delegación diocesana de Liturgia, perito colaborador del Secretariado diocesano para la doctrina de la fe y profesor del Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. Además era colaborador semanal en la revista de la Diócesis “Iglesia en Córdoba” y en el portal digital “Infocatólica”.

Francisco Javier Sánchez impartía las asignaturas Liturgia Especial, Bautismo y Confirmación o Patrología, entre otras, en el ISCCRR “Beata Victoria Díez” y este año estaba previsto que diera el curso de liturgia Hispano-Mozárabe así como la sesión de liturgia en el Curso de Cofradías.

Entre los estudios de este presbítero cabe destacar que era Licenciado en Ciencia Religiosas por la Facultad de Teología de Granada; Diplomado en Teología espiritual por el Instituto de Espiritualidad a distancia “Teresianum”; y Licenciado en Liturgia por la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid.

La misa exequial será mañana, domingo, 12 de septiembre, a las 10:00 horas, en la parroquia de Santa Teresa de Córdoba y posteriormente será enterrado en al cementerio de San Fernando de Sevilla.

Desde su ordenación Francisco Javier Sánchez ha desarrollado su ministerio sacerdotal como vicario parroquial en la Sagrada Familia de Córdoba (julio 1999-octubre 2004); San Miguel Arcángel de Palenciana (octubre 2002-junio 2004); Santo Domingo de Guzmán de Lucena (junio 2004-junio 2007) y San Mateo Apóstol de Lucena (junio 2007-junio 2008); San Miguel Arcángel de Córdoba (junio 2008-julio 2010); Santa Clara de Palma del Río (julio 2010-junio 2012); Ntra. Sra. de la Asunción de Palma del Río (julio 2010-junio 2012); y San Juan y Todos los Santos de Córdoba (junio 2012-junio 2017).

 

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Monseñor Rico Pavés presente en la imposición del palio al Arzobispo de Sevilla

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El Sr. Obispo de Asidonia-Jerez asistido esta mañana a la Eucaristía donde se le ha impuesto el palio arzobispal a Monseñor Saiz Meneses.

Esta mañana ha tenido lugar en Altar del Jubileo de la Catedral de Sevilla, la imposición del palio arzobispal a Monseñor José Ángel Saiz Meneses, pastor de la Iglesia Hispalense.

Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, en esta Santa Misa ha estado presente el Obispo de Asidonia-Jerez, D. José Rico Pavés junto a los demás pastores de las Diócesis de Huelva, Córdoba, Cádiz y Ceuta, Canarias y Tenerife, todas pertenecientes junto a la Iglesia Asidonense a la Provincia Eclesiástica de Sevilla. Asimismo, esta celebración ha contado con la presencia del nuncio apostólico en España, Monseñor Bernardito Auza, quien ha sido el encargado de imponer el palio arzobispal.

Por último, recordar, que se trata del primer acto de Monseñor Rico Pavés como Obispo de Asidonia-Jerez junto a los demás prelados de la Provincia Eclesiástica de Sevilla.

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Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en la Misa estacional con motivo de la Imposición del Palio de Arzobispo de Sevilla

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Homilía de Monseñor José Ángel Saiz Meneses en la Misa estacional con motivo de la Imposición del Palio de Arzobispo de Sevilla. 11 de septiembre de 2021. S.I. Catedral Basílica de Santa María de la Sede, Sevilla.

  1. «El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre» (Sal 22, 1-3). Quiero expresar mi gratitud, en primer lugar, al Santo Padre, el papa Francisco, que me nombró arzobispo de esta amada archidiócesis de Sevilla y me entregó el palio Arzobispal el pasado 29 de junio, en la celebración de la solemnidad de los santos Apóstoles Pedro y Pablo en Roma. Desde aquí le expreso una vez más mis sentimientos de fidelidad y de obediencia. Agradezco la presencia del Sr. Nuncio, Mons. Bernardito Auza, que me ha impuesto el palio Arzobispal, en nombre del Santo Padre, y me ha dirigido unas cálidas palabras, a la vez que ha explicado el simbolismo del palio.

Doy gracias a mis hermanos arzobispos y obispos, que concelebran la Eucaristía, especialmente a los hermanos de las diócesis sufragáneas de nuestra Provincia Eclesiástica de Sevilla: Don José Rico, de Asidonia-Jerez; don Rafael Zornoza, de Cádiz y Ceuta; don Demetrio Fernández, de Córdoba; don Santiago Gómez, de Huelva; don José Mazuelos, de Canarias y don Bernardo Álvarez, de Tenerife, unidos por vínculos de colegialidad y sinodalidad, bajo la autoridad del Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, que nos preside en la unidad y la caridad. Saludo al señor cardenal don Carlos Amigo, arzobispo emérito de esta sede, y al señor arzobispo don Juan José Asenjo, emérito, asimismo, y mi predecesor inmediato.

Saludo al Sr. Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano, al Consejo Episcopal; a los sacerdotes, diáconos y seminaristas; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales; a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo a los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.

Un saludo respetuoso y cordial a los excelentísimos señores: Sr. Alcalde de Sevilla y Corporación Municipal; Sra. Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico; Sr. Senador; Sr. Subdelegado del Gobierno en Sevilla; Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla; Sr. Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad y de la diócesis de Sevilla; y a todas las demás autoridades civiles, militares, judiciales y académicas.

  1. El pasado día 29 de junio recibí de manos del Santo Padre Francisco en la basílica de san Pedro de Roma el palio como símbolo de la misión y responsabilidad de arzobispo metropolitano en la Iglesia de Jesucristo. El palio, como sabéis, ha sido tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma bendice todos los años en la fiesta de santa Inés, y nos recuerda a los corderos y las ovejas de Cristo, que el Señor resucitado encomendó apacentar a Pedro y que a nosotros nos encarga seguir apacentando.

El palio expresa la comunión y la colegialidad de los obispos; es símbolo de unidad y vínculo de comunión y de caridad entre las Iglesias particulares que forman una provincia eclesiástica y de éstas con el Obispo de Roma, el Santo Padre. El Colegio de los Obispos sucede al Colegio Apostólico en el magisterio y el régimen pastoral, junto con su cabeza, que es el Romano Pontífice, y nunca sin ella.

El palio nos recuerda a Cristo mismo, que como Buen Pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, para llevarla de nuevo a casa. Cuando se impone el palio sobre los hombros, se recuerda al pastor que pone sobre sus hombros la oveja perdida, la cual por sí sola ya no encuentra el camino de retorno a casa, y la devuelve al redil. Los Padres de la Iglesia vieron en esta oveja la imagen de toda la humanidad. El Pastor que la devuelve a casa solamente puede ser Cristo, que nos carga a cada uno de nosotros sobre sus hombros y que por el camino de su sacrificio redentor en la cruz nos lleva a casa.

Pero el Señor también ha querido llamar a hombres concretos para que juntamente con él lleven a los hermanos sobre sus hombros. Ser pastores en la Iglesia de Cristo significa justamente participar en esta tarea, que el palio nos recuerda. De esta manera, el palio se convierte en símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor, y de que, unidos a Él, debemos amar a todas las personas, en particular a los heridos que están caídos al borde del camino, a los cansados y agobiados, a los que están desorientados, a los que buscan sentido y se plantean interrogantes, a los pobres y humildes, a todos.

  1. Nosotros somos ovejas llamadas a ser pastores de sus hermanos. La oveja perdida es el género humano y cada persona en concreto. Somos cada uno de nosotros en la medida que no respondemos plenamente al don de Dios. El hecho de tener 99 ovejas en el redil no impide al buen pastor salir tras la oveja perdida. La insistencia que percibimos en el pastor de la parábola del evangelio es imagen de la insistencia con que el Señor nos ha ido buscando a lo largo de la vida.

El Señor asigna esta tarea a algunos como deber primordial de sus vidas; los escoge para que cuiden de sus ovejas, con corazón de Buen Pastor. En el sacramento de la Ordenación se expresa que el sacerdote es insertado totalmente en Cristo para que partiendo de él realice en comunión con él el servicio del único Pastor, Jesús, en el que Dios como hombre quiere ser nuestro Pastor.

En el fragmento del evangelio que hemos escuchado, Jesús presenta los rasgos fundamentales del pastor auténtico: da la vida por las ovejas, las conoce y ellas lo conocen, y las congrega en la unidad. En primer lugar, da la vida por las ovejas. Cristo es el Buen Pastor que obedeciendo al Padre entrega su vida por la salvación de todos los hombres. Este es el testimonio supremo y la prueba más grande de su amor, que se cumple en la cruz.

El sacrificio de la cruz es el signo que distingue al Buen Pastor de quien solo es un mercenario que busca el interés personal. No es propio de un pastor bueno huir de la cruz, sea por miedo, por comodidad o por intereses particulares. El gran servicio de Cristo es dar la vida por nuestra salvación. Se entrega a sí mismo, y esta entrega no es un hecho del pasado, porque en la celebración de la Eucaristía actualizamos este misterio cada día. Por eso, el centro de la vida sacerdotal es la sagrada Eucaristía, en la cual está siempre presente entre nosotros el sacrificio de Jesús en la cruz.

En segundo lugar, el Buen Pastor conoce sus ovejas y ellas lo conocen. Las conoce en su situación concreta, las llama por su nombre, y ellas escuchan su voz y lo siguen. Se trata de un conocimiento que libera y que suscita confianza y paz interior. Un conocimiento que no se refiere solo a los aspectos externos, sino que penetra hasta el fondo del corazón.

Estas palabras nos iluminan en la tarea pastoral de acompañar a las personas, de salir a su encuentro, de estar abiertos a sus necesidades, de responder a sus interrogantes. Es fundamental el conocimiento concreto y profundo de las personas que nos han sido encomendadas, y no puede haber un verdadero conocimiento sin afecto, sin la aceptación del otro, sin una actitud de escucha, porque hoy más que nunca las personas tienen necesidad de ser escuchadas; de ahí que los pastores buenos han de destacar en el arte de escuchar.

Finalmente, el Señor nos habla del servicio a la unidad encomendado al pastor: «Todavía tengo otras ovejas, que no son de este redil. También las tengo que conducir yo, y harán caso de mi voz. Entonces habrá un solo rebaño con un solo pastor» (Jn 10, 16). El Señor Jesús es el primer evangelizador, y la obra evangelizadora de la Iglesia se desarrolla cuando él llama y envía otros evangelizadores para anunciar la buena nueva y para congregar en la comunidad de los creyentes a todos los llamados a la salvación.

Es preciso que ofrezcamos un verdadero testimonio de Jesucristo, con hechos y palabras, para propiciar un encuentro con Él de las personas que viven alejadas, para que puedan hallar en él la plenitud de sentido de la vida y la verdad que nos hace libres, para que encuentren en la comunidad cristiana un ámbito de referencia vital, y sean capaces de trabajar con generosidad en la construcción del Reino de Dios.

  1. Conocer, conducir, congregar en la unidad, dar la vida. Misión de los pastores y misión, en un sentido amplio, de todas las personas que tienen una responsabilidad sobre los demás en la Iglesia y en la sociedad: sacerdotes, catequistas, padres, educadores, superiores, formadores, directivos, autoridades. Que nos ayude la intercesión de la Virgen María, Virgen de los Reyes, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia; que nos guíe y nos acompañe siempre en el camino de la fe, la caridad y la unidad. Que así sea.

Programa de prevención de la conducta suicida en Canarias – 10 septiembre 2021

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suicidio 21

 

Programa de prevención de la conducta suicida en Canarias 

Suicidio programa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que alrededor de 800.000 personas se suicidan cada año en el mundo. Además, por cada suicidio, hay muchos más intentos autolíticos. A tenor de estos datos, el suicidio se muestra como una prioridad de salud pública en nuestra sociedad actual.

suicidios por islas

La prevención del suicidio es uno de los mayores retos de los sistemas de salud y de la sociedad. Según los últimos datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, en el año 2019 se produjeron en España 3.671 muertes por suicidio. Esto supone una media de 10 suicidios al día, y una tasa de 7,81 suicidios por cada 100.000 habitantes. El suicidio ha tenido un comportamiento heterogéneo entre las diferentes comunidades autónomas, tanto comparativamente como en sus tendencias. En Canarias, las tasas han mostrado una tendencia ascendente, y desgraciadamente tienden a situarse en el grupo de comunidades con tasas más altas. La prevención de la conducta suicida resulta, por tanto, una prioridad para el Servicio Canario de la Salud.

Suicidios en espana

La tendencia ascendente del suicidio se ha producido en el conjunto de España desde la década de los 80 hasta la actualidad. Este hecho, unido a que las muertes por accidentes de tráfico se han reducido notablemente gracias a diversas medidas implementadas, sitúan al suicidio como la primera causa externa de mortalidad evitable en nuestro país, por encima de los accidentes de tráfico, el homicidio, el ahogamiento fortuito y otras causas accidentales.

 

Descargar:

– Programa de prevención de la conducta suicida en Canarias

Vea también:

– El suicidio

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Homilía con motivo de la Imposición del Palio de Arzobispo de Sevilla (11-09-2021)

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Homilía con motivo de la Imposición del Palio de Arzobispo de Sevilla (11-09-2021)

«El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo, por el honor de su nombre» (Sal 22, 1-3). Quiero expresar mi gratitud, en primer lugar, al Santo Padre, el Papa Francisco, que me nombró arzobispo de esta amada archidiócesis de Sevilla y me entregó el palio arzobispal el pasado 29 de junio, en la celebración de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo en Roma. Desde aquí le expreso una vez más mis sentimientos de fidelidad y de obediencia. Agradezco la presencia del Sr. Nuncio, Mons. Bernardito Auza, que me ha impuesto el palio arzobispal, en nombre del Santo Padre, y me ha dirigido unas cálidas palabras, a la vez que ha explicado el simbolismo del palio.

Doy gracias a mis hermanos Arzobispos y Obispos, que concelebran la Eucaristía, especialmente a los hermanos de las Diócesis sufragáneas de nuestra Provincia  Eclesiástica de Sevilla: Don José Rico, de Asidonia-Jerez; don Rafael Zornoza, de Cádiz y Ceuta; don Demetrio Fernández, de Córdoba; don Santiago Gómez, de Huelva; don José Mazuelos, de Canarias y don Bernardo Álvarez, de Tenerife, unidos por vínculos de colegialidad y sinodalidad, bajo la autoridad del Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, que nos preside en la unidad y la caridad. Saludo al Señor Cardenal don Carlos Amigo, Arzobispo emérito de esta sede, y al Señor Arzobispo don Juan José Asenjo, emérito asimismo, y mi predecesor inmediato.

Saludo al Sr. Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano, al Consejo Episcopal; a los sacerdotes, diáconos y seminaristas; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales; a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo a los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.

Un saludo respetuoso y cordial a los Excelentísimos Señores: Sr.  Alcalde de Sevilla y Corporación Municipal; Sra. Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico; Sr. Senador;   Sr. Subdelegado del Gobierno en Sevilla; Junta de Gobierno de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla;  Sr. Presidente y Junta Superior del Consejo General de Hermandades y Cofradías de la ciudad y de la diócesis de Sevilla;  y a todas las demás autoridades civiles, militares, judiciales y académicas.

El pasado día 29 de junio recibí de manos del Santo Padre Francisco en la Basílica de san Pedro de Roma el palio como símbolo de la misión y responsabilidad de arzobispo metropolitano en la Iglesia de Jesucristo. El palio, como sabéis, ha sido tejido con la lana de los corderos que el Obispo de Roma bendice todos los años en la fiesta de Santa Inés, y nos recuerda a los corderos y las ovejas de Cristo, que el Señor resucitado encomendó apacentar a Pedro y que a nosotros nos encarga seguir apacentando.

El palio expresa la comunión y la colegialidad de los obispos; es símbolo de unidad y vínculo de comunión y de caridad entre las Iglesias particulares que forman una provincia eclesiástica y de éstas con el Obispo de Roma, el Santo Padre. El Colegio de los Obispos sucede al Colegio Apostólico en el magisterio y el régimen pastoral, junto con su cabeza, que es el Romano Pontífice, y nunca sin ella.

El palio nos recuerda a Cristo mismo, que como buen Pastor carga sobre sus hombros a la oveja perdida, para llevarla de nuevo a casa. Cuando se impone el palio sobre los hombros, se recuerda al pastor que pone sobre sus hombros la oveja perdida, la cual por sí sola ya no encuentra el camino de retorno a casa, y la devuelve al redil. Los Padres de la Iglesia vieron en esta oveja la imagen de toda la humanidad. El Pastor que la devuelve a casa solamente puede ser Cristo, que nos carga a cada uno de nosotros sobre sus hombros y que por el camino de su sacrificio redentor en la cruz nos lleva a casa.

Pero el Señor también ha querido llamar a hombres concretos para que juntamente con él lleven a los hermanos sobre sus hombros. Ser pastores en la Iglesia de Cristo significa justamente participar en esta tarea, que el palio nos recuerda. De esta manera, el palio se convierte en símbolo de nuestro amor a Cristo Buen Pastor, y de que, unidos a Él, debemos amar a todas las personas, en particular a los heridos que están caídos al borde del camino, a los cansados y agobiados, a los que están desorientados, a los que buscan sentido y se plantean interrogantes, a los pobres y humildes, a todos.

Nosotros somos ovejas llamadas a ser pastores de sus hermanos. La oveja perdida es el género humano y cada persona en concreto. Somos cada uno de nosotros en la medida que no respondemos plenamente al don de Dios. El hecho de tener 99 ovejas en el redil no impide al buen pastor salir tras la oveja perdida. La insistencia que percibimos en el pastor de la parábola del evangelio es imagen de la insistencia con que el Señor nos ha ido buscando a lo largo de la vida.

El Señor asigna esta tarea a algunos como deber primordial de sus vidas; los escoge para que cuiden de sus ovejas, con corazón de Buen Pastor. En el sacramento de la Ordenación se expresa que el sacerdote es insertado totalmente en Cristo para que partiendo de él realice en comunión con él el servicio del único Pastor, Jesús, en el que Dios como hombre quiere ser nuestro Pastor.

En el fragmento del evangelio que hemos escuchado, Jesús presenta los rasgos fundamentales del pastor auténtico: da la vida por las ovejas, las conoce y ellas lo conocen, y las congrega en la unidad. En primer lugar, da la vida por las ovejas. Cristo es el Buen Pastor que obedeciendo al Padre entrega su vida por la salvación de todos los hombres. Este es el testimonio supremo y la prueba más grande de su amor, que se cumple en la cruz.

El sacrificio de la cruz es el signo que distingue al Buen Pastor de quien solo es un mercenario que busca el interés personal. No es propio de un pastor bueno huir de la cruz, sea por miedo, por comodidad o por intereses particulares. El gran servicio de Cristo es dar la vida por nuestra salvación. Se entrega a sí mismo, y esta entrega no es un hecho del pasado, porque en la celebración de la Eucaristía actualizamos este misterio cada día. Por eso, el centro de la vida sacerdotal es la sagrada Eucaristía, en la cual está siempre presente entre nosotros el sacrificio de Jesús en la cruz.

En segundo lugar, el Buen Pastor conoce sus ovejas y ellas lo conocen. Las conoce en su situación concreta, las llama por su nombre, y ellas escuchan su voz y lo siguen. Se trata de un conocimiento que libera y que suscita confianza y paz interior. Un conocimiento que no se refiere solo a los aspectos externos, sino que penetra hasta el fondo del corazón.

Estas palabras nos iluminan en la tarea pastoral de acompañar a las personas, de salir a su encuentro, de estar abiertos a sus necesidades, de responder a sus interrogantes. Es fundamental el conocimiento concreto y profundo de las personas que nos han sido encomendadas, y no puede haber un verdadero conocimiento sin afecto, sin la aceptación del otro, sin una actitud de escucha, porque hoy más que nunca las personas tienen necesidad de ser escuchadas; de ahí que los pastores buenos han de destacar en el arte de escuchar.

Finalmente, el Señor nos habla del servicio a la unidad encomendado al pastor: «Todavía tengo otras ovejas, que no son de este redil. También las tengo que conducir yo, y harán caso de mi voz. Entonces habrá un solo rebaño con un solo pastor» (Jn 10, 16). El Señor Jesús es el primer evangelizador, y la obra evangelizadora de la Iglesia se desarrolla cuando él llama y envía otros evangelizadores para anunciar la buena nueva y para congregar en la comunidad de los creyentes a todos los llamados a la salvación.

Es preciso que ofrezcamos un verdadero testimonio de Jesucristo, con hechos y palabras, para propiciar un encuentro con Él de las personas que viven alejadas, para que puedan hallar en él la plenitud de sentido de la vida y la verdad que nos hace libres, para que encuentren en la comunidad cristiana un ámbito de referencia vital, y sean capaces de trabajar con generosidad en la construcción del Reino de Dios.

Conocer, conducir, congregar en la unidad, dar la vida. Misión de los pastores y misión, en un sentido amplio, de todas las personas que tienen una responsabilidad sobre los demás en la Iglesia y en la sociedad: sacerdotes, catequistas, padres, educadores, superiores, formadores, directivos, autoridades. Que nos ayude la intercesión de la Virgen María, Virgen de los Reyes, Reina de los Apóstoles y Madre de la Iglesia; que nos guíe y nos acompañe siempre en el camino de la fe, la caridad y la unidad. Que así sea.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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La Natividad de María llena de paz a cuantos creen en su divina maternidad

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Lecturas bíblicas: Miq 5,2-5; Sal 12,6 (R/. «Desbordo de gozo con el Señor»); Rm 8,28-30; Aleluya: «Dichosa eres Santa Virgen María, y muy digna de alabanza…»; Mt 1-16.18-23.

Queridos hermanos y hermanas:

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es ocasión de numerosas fiestas marianas en nuestro país y en otros lugares del mundo católico, donde las comunidades cristianas celebran a María glorificando a Cristo el Señor, nacido de sus purísimas entrañas por designio de Dios para salvación del mundo. Esta fiesta llena de gozo este santuario, casa de María, donde la imagen sagrada de la Virgen preside desde hace tres centurias la vida de las poblaciones que se acogen al amparo de su manto maternal. Esta iglesia del primer santuario de la diócesis, cuya construcción autorizó en 1712 el obispo Fray Manuel de Santo Tomás, de la Orden de Predicadores, sustituyó la antigua capilla de 1681. La sagrada imagen de Nuestra Señora de la Asunción los Desamparados tuvo por morada esta ermita, a la que se refería don Lázaro de Martos, el místico vidente del misterio de la gloria de María; una vez autorizada la nueva construcción, su ejecución tuvo que esperar hasta que el gran Obispo D. Claudio Sanz y Torres levantara la esbelta iglesia que nos acoge junto con el complejo conventual, convirtiéndose en meta de peregrinaciones marianas.

La fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es ocasión de numerosas fiestas marianas en nuestro país y en otros lugares del mundo católico, donde las comunidades cristianas celebran a María glorificando a Cristo el Señor, nacido de sus purísimas entrañas por designio de Dios para salvación del mundo.

La visión del Apocalipsis inspira la talla de la Virgen, que es representada como mujer victoriosa sostenida por los ángeles, a la cual no pudo arrebatar el dragón de las siete cabezas el hijo que esperaba dar a luz la mujer. La imagen de la Virgen el Saliente reúne en sí el misterio de la Madre del Mesías, la inmaculada Virgen María, nueva Eva cuyo linaje aplastará la cabeza de la serpiente (cf. Gn 3,15); y el misterio de la Madre exaltada a los cielos, la mujer protegida por Dios del dragón infernal, a la que el vidente contempla «vestida del sol, con la luna bajo sus pies y coronada de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1).
Madre del Hijo de Dios, la Virgen María ha dado a luz al Redentor del mundo, acontecimiento de salvación que ha hecho universalmente célebre la pequeña población de Belén, como profetizó Miqueas: será grande siendo «pequeña entre las aldeas de Judá, porque de ti —dice el profeta— saldrá el jefe de Israel» (Miq 5,2). La maternidad divina es la gloria de María, como decía en la reciente fiesta de la Virgen del Mar, y lo será por toda la eternidad, pues por ella hemos recibido al Autor de la vida, Cristo nuestro Señor. De ella nació el Pastor de Israel, que, crucificado por nosotros, «murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos» (2Cor 5,15). Entregando su vida por nosotros en la cruz el Hijo de María, siendo Hijo de Dios atrajo hacia sí a cuantos ha salvado con su sangre redentora (cf. Jn 12,32), para que formen parte de su rebaño y no haya más que «un sólo rebaño y un solo pastor» (Jn 1016).

Madre del Hijo de Dios, la Virgen María ha dado a luz al Redentor del mundo, acontecimiento de salvación que ha hecho universalmente célebre la pequeña población de Belén, como profetizó Miqueas: será grande siendo «pequeña entre las aldeas de Judá, porque de ti —dice el profeta— saldrá el jefe de Israel» (Miq 5,2).

El dominio de este Pastor prometido será, como anunciaron los profetas, el universo de las naciones, que él reconciliará en su sangre suprimiendo el arco de guerra y proclamando la paz a las naciones, y así «su dominio alcanzará de mar a mar, desde el gran Río al confín de la tierra» (Zac 9,10). Ante este Pastor universal «se postrarán los reyes y le servirán todas las naciones», y él «se apiadará del pobre y del indigente / y salvará la vida de los pobres; / él rescatará sus vidas de la violencia, / su sangre será preciosa a sus ojos» (Sal 71,8.11-12). Nacido de la Virgen María, Jesucristo es el Pastor de Israel prometido y el mesiánico Rey de paz que trae la salvación a las naciones.
Cuando pensamos en los conflictos y violencia que afligen a tantos pueblos y en el sometimiento y opresión que pesa sobre tantos pueblos de la tierra, el nacimiento de María, Madre del Rey de paz que trae la salvación, alegra nuestro corazón y fortalece la certeza de la fe que da alas a la esperanza, porque Dios no ha abandonado a la humanidad. La fe en Cristo Jesús libra al hombre del miedo al abandono, porque Dios se nos ha revelado como amor y ha predestinado desde toda la eternidad a la Virgen María a dar a luz al Redentor del mundo. De esta predestinación habla el apóstol san Pablo, poniendo de manifiesto que la esperanza no puede defraudarnos, porque Dios ha predestinado al hombre desde toda la eternidad «a ser imagen de su Hijo para que él fuera el primogénito de muchos hermanos» (Rm 8,29). Esta predestinación es fruto del amor de Dios por la humanidad, de su misericordia que perdona los pecados de los hombres y los justifica por la fe en Cristo Jesús, y abre su vida a una esperanza cierta en la plena redención de nuestra existencia, pues «a los que justificó, los glorificó» (Rm 8,30). En este camino de fe y esperanza consumada, nos precede la inmaculada Virgen María, a la que contemplamos unida a la obra redentora de su Hijo, del pesebre de Belén hasta la cruz del Calvario. María compartió la suerte dolorosa de su divino Hijo, y por su asunción a los cielos la contemplamos glorificada junto a Cristo Resucitado.

En este camino de fe y esperanza consumada, nos precede la inmaculada Virgen María, a la que contemplamos unida a la obra redentora de su Hijo, del pesebre de Belén hasta la cruz del Calvario. María compartió la suerte dolorosa de su divino Hijo, y por su asunción a los cielos la contemplamos glorificada junto a Cristo Resucitado.

Por este motivo, el evangelio según san Mateo que acabamos de proclamar comienza con la genealogía de Jesucristo, nacido en Belén «la menor de los clanes de Judá, cuyos orígenes vienen desde antiguo, de tiempo inmemorial» (Miq 5,1), porque tal como anunciaron los profetas Belén, “casa del pan”, es la ciudad de David, origen del Mesías. Por esto la genealogía de Jesús comienza haciendo alusión a su condición de hijo de David, como lo invocaban cuantos acudían a él pidiendo ser curados y liberados del mal; y como aclamaron a Jesús en la entrada en Jerusalén el domingo de Ramos. Jesús es hijo de David e hijo de Abrahán, David es el padre de la dinastía real de Israel y a su vez desciende de Abrahán, padre del pueblo hebreo, elegido por Dios en favor de la humanidad. En la genealogía el evangelista aúna las generaciones en tres grupos de catorce generaciones cada uno: de Abrahán a David, desde David a la deportación de Babilonia, y desde la deportación hasta Cristo (Mt 1,17). Por todas ellas pasa la ascendencia mesiánica del Salvador, que está por encima de la condición de quienes forman la cadena de generaciones transmisoras de la vida que nutre la humanidad de Jesús, en una continuidad histórica que conduce hasta «José, esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo» (Mt 1,16).
El evangelista, inserta de este modo la naturaleza humana de Cristo en la historia que la fe como humanidad del Hijo de Dios, porque «el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros» (Jn 1,14). El evangelio afirma la concepción virginal de Cristo, que colocó a José ante el misterio de María y con la ayuda de Dios, que en sueños le dio a conocer que lo que había en ella venía del Espíritu Santo, José acogió a la mujer con la que estaba desposado, dando crédito de fe plena a cuanto se le anuncia: «Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque salvará a sus pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Es misión de san José dar nombre a Jesús y como cabeza de familia hacer las funciones de padre ante los hombres, haciendo de la sagrada Familia el ámbito humano querido por Dios para el nacimiento y el desarrollo de la vida de su Hijo.
Cuando se cumplen los 150 años de la declaración de san José, el santo esposo de María como Protector de la Iglesia por el beato Pío IX, la Iglesia nos presenta al padre de Jesús a los ojos del mundo y ante la ley, como el hombre de fe que acoge la palabra de Dios. San José como la Virgen María viven de la palabra de Dios, por eso ambos son presentados a la congregación de la Iglesia como realización perfecta de la obediencia de la fe, que sostiene la vida en el amor de quienes se fían de Dios. José es modelo de quien es justo por su fe y ha puesto toda su esperanza en Dios: el modelo de la paternidad vivida y realizada conforme a la mente de Dios, que hoy tanto necesita el padre de familia, que en íntima comunión de fe y vida con su esposa hace de la familia el ámbito de amor, de procreación y educación de la vida de los hijos que es garantía de estabilidad y futuro de la sociedad. Por eso lamentamos que una sociedad como la nuestra no tenga toda la protección que necesita la familia, y que hoy es tan agredida y desestabilizada por una cultura que es contraria al proyecto de Dios para el ser humano.
Pidamos a María y a José su intercesión en favor de las familias de cuantos hoy acudimos a esta casa de María. Pidamos a Nuestra Señora su amparo maternal, invocándola como refugio de pecadores, salud de los enfermos y cobijo de todos los desamparados.

S. A. I. Catedral de la Encarnación
Almería, a 8 de septiembre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

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DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

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Si tuviéramos que caracterizar muy resumidamente el ministerio público de Jesús, podríamos hacerlo utilizando el binomio: continuidad-novedad. La predicación de Jesús se enmarca dentro de la comprensión religiosa del pueblo de Israel. De esta manera, queda claro que la presencia de Dios en el mundo por medio de Jesús, se enclava plenamente dentro de toda la historia de salvación que Dios ha mantenido con la humanidad, de la cual, el pueblo de Israel es su concreción histórica. Jesucristo comparte las principales categoría religiosas del pueblo de Israel, utiliza sus ideas e imágenes para exponer el mensaje del Reino de Dios y realiza los gestos que son propios del Mesías anunciado por la Escritura. Esta sería la continuidad de la primera parte del binomio. La novedad, segunda parte del binomio, la constituye la clarificación de la imagen del Mesías. El pueblo de Israel, fundado en una lectura particular de algunos textos de la Escritura, ha adquirido una imagen de Mesías caracterizado por el triunfo y la victoria. Sin embargo, Jesucristo, releyendo otros textos de la Escritura, propone la verdadera imagen del Mesías. Del triunfo y la victoria, Jesús se presenta como el Mesías que obedece a Dios y sirve a los demás hasta el extremo de la entrega de la propia vida. En este contexto debemos entender este pasaje del evangelio.

El primer anuncio de la pasión que hace Jesús a sus discípulos, supone la irrupción de la novedad del ministerio de Jesucristo de manera clara y rotunda. San Pedro confiesa a Jesús como el Mesías esperado. Sin embargo, no es capaz de comprender y aceptar que Dios es Dios y tiene sus caminos. Por eso, la afirmación posterior de Jesús sobre la manera en que Él es el Mesías, es rechazada por el mismo que lo ha confesado. Pedro cae en la gran tentación humana; querer que Dios se ajuste siempre a nuestros deseos y necesidades, quitándole su libertad y omnipotencia y reduciéndolo a un instrumento de nuestros caprichos.

La respuesta que Jesús da a Pedro ante esta tentación es muy contundente. No es aplicarle el calificativo de Satanás, sino el invitarlo a él y a todos los que nos llamamos sus discípulos a imitarlo en nuestra vida acogiendo nuestra cruz cada día. Jesús no pide a sus discípulos hacer nada que Él no haya vivido antes y hasta el extremo. Pero tampoco quiere que nadie se lleve un desengaño. Ser cristiano implica abrazar la cruz y no hay otro camino. Nos gustaría que nuestra cruz pesase menos o, mejor, que no existiese, pero es como es y, por eso, debemos cogerla cada día y caminar tras Jesús. Este es el único camino que permite ganar verdaderamente la vida, porque quien pretenda ganarla sin la cruz, simplemente, se engaña.

Victoriano Montoya Villegas.

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Nuevos Nombramientos

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Rvdo., Sr. D. DANIEL CÁRDENAS PRIETO. Párroco de Santa María Magdalena de Puerto Serrano.

Rvdo. Sr. D. FRANCISCO PÁRRAGA GARCÍA. Párroco de San Rafael y San Gabriel de Jerez de la Frontera. Sigue Adscrito a San Juan Bautista de la Salle de Jerez de la Frontera.

Rvdo. Sr. D. GREGORIO MATEOS BORREGO. Párroco de San Nicolás y Capellán de las Calasancias de Sanlúcar de Barrameda.

Rvdo. Sr. D. JUAN AZCÁRATE CASANOVA. Párroco del Santísimo Cristo de la Sed de Jerez de la Frontera.

Rvdo. Sr. D. MARCO ANTONIO ROMERO TEMBLADOR. Administrador Parroquial de Santa Ángela de la Cruz y San Antonio Abad y Capellán de Monjas Dominicas de la Orden de Predicadores de Sanlúcar de Barrameda.

Rvdo. Sr. D. MANUEL QUERO ROMERA. Vicario Parroquial de Ntra. Sra. de Guadalupe de El Bosque, Ntra. Sra. de El Carmen de Prado del Rey y San Antonio de Benamahoma.

Rvdo. Sr. D. IVÁN CARRERA ORELLANA, Vicario Parroquial de San Francisco de Arcos de la Frontera.

Rvdo. Sr. D. FRANCISCO M. MORALES VARONI. Vicario Parroquial de San Sebastián de El Puerto de Santa María y Adscrito a San Juan Bautista de los Descalzos de Jerez de la Frontera.

Rvdo. Sr. D. LAURENT AKOMI. Vicario Parroquial de San Juan de Dios de Jerez de la Frontera.

Rvdo. Sr. D. SALVADOR MARÍN VADILLO, Adscrito a Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa de El Puerto de Santa María.

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Pastoral Juvenil: Calendario y programación y Vigilia de Jóvenes de inicio de curso 2021 – 2022

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vigilia juventus 2021

 

CALENDARIO Y PROGRAMACIÓN PARA EL CURSO 2021-2022

Comenzamos un nuevo curso pastoral con mucha ilusión y ganas, siempre apostando por los jóvenes desde el estilo propio de Jesús. 

Es por ello, que después de todos estos años de cercanía pastoral, después de tener que repensar y cambiar nuestras formas, procesos y metodologías en la acción de la pastoral juvenil debido a la pandemia y a la situación que viven los jóvenes hoy, hemos decidido apostar por llevar a la práctica la “metodología” de Jesús: salir y acompañar a los jóvenes hacia su Emaús.

Para ello solo tienes que picar en el siguiente enlace, donde encontrarás la programación y fechas para este curso pastoral:
VIGILIA DE JÓVENES DE INICIO DE CURSO 2021-2022
vigilia juventus 2021
Comienza otro curso pastoral y qué mejor que hacerlo a los pies de la Madre. Ella es la que nos alienta, nos acompaña, nos guía y va por delante abriéndonos los caminos. 

Para ello, queremos hacerlo al amparo de nuestra patrona, la Virgen del Pino. Aprovechar para dar gracias, y podernos volver a encontrar y pedir por todas las necesidades de nuestro mundo juvenil y del mundo entero. 

La Vigilia será en la Basílica de Teror a las 19:00h. Si lo necesitas ponemos a tu disposición transporte gratuito, que deberás pedir en el formulario de inscripción. Por la realidad que vivimos el aforo es limitado, por lo que solo se podrá participar si has realizado la inscripción en www.pjvcanarias.org

Anímate.

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