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Bendición de la cripta de la S.I. Catedral en la solemnidad de los Fieles Difuntos

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Bendición de la cripta de la S.I. Catedral en la solemnidad de los Fieles Difuntos

El cabildo catedralicio preside la Misa por los Fieles Difuntos en la S. I. Catedral, este día 2 de noviembre a las 9 horas. Finalizada la Eucaristía, el deán D. Eduardo García, descendió a la cripta junto a otros dos miembros del cabildo para bendecir los nichos que se encuentran en la zona subterránea de la Catedral.

Los fieles granadinos pudieron disfrutar de la Misa por el día de los Fieles Difuntos este martes 2 de noviembre.

Dos canónigos de la Catedral, D. Manuel García Gálvez y D. Antonio Muñoz Osorio, concelebraron esta Solemne Eucaristía en memoria de todos los fieles difuntos junto al deán de la Catedral.

Ahora que todo el mundo sigue visitando sus respectivos cementerios para recordar a sus seres queridos fallecidos, el deán de la Catedral recordó que “el altar de Dios es el mejor lugar para recordar y encontrarnos con los que nos dejaron”.

Una celebración que quiso subrayar la memoria de la gloria de Dios, del resplandor de Cielo, que encuentra su eco con la celebración previa del día de Todos los Santos. “Los de ayer también eran difuntos, porque ya han fallecido, pero de los que nos consta que están en la gloria de Dios. Hoy conmemoramos a los que están en camino”.

Si bien con una primera memoria dolorosa de la pérdida de un ser querido, el deán destacó que esta solemnidad permite mirar a la muerte de un modo más sereno. “Se ilumina nuestro corazón con la certeza de que ‘Dios no nos entregará a la muerte’, como dice el salmo”.

Terminada la Eucaristía, los miembros del cabildo descendieron a la cripta del templo, para orar y asperjar con agua bendita los nichos donde se encuentran sepultados numerosos fieles granadinos.

LA VÍSPERA, EN SAN JOSÉ

Esta celebración en la S.I. Catedral se suma a la que tuvo lugar la víspera, el día 1 de noviembre, en el cementerio de San José.

Los fieles granadinos pudieron aprovechar el día festivo para acudir a honrar a sus difuntos, en una de las capillas de la zona de cultos del histórico cementerio granadino.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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La iglesia del colegio Santa Victoria de Córdoba abre al público como un monumento más

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El centro educativo realiza un sistema de visitas para conocer esta joya del neoclásico

Los cordobeses y turistas que acudan a la ciudad ya pueden visitar como un monumento más la iglesia del colegio de Santa Victoria gracias al proyecto educativo cultural ‘Conoce Nuestra Iglesia. Colegio Santa Victoria’.

Esta joya del neoclásico se abre así a toda la población, solicitando a través de dos teléfonos o un correo electrónico la visita. Son los siguientes 678480990 y 670298752, además de info@monumentosunidos.es. Además, hay dos franjas horarias. La primera de mañana, entre las 10:30 y las 13:30. La segunda de tarde, entre las 17:30 y las 19:00. En la propia iglesia se ha puesto en marcha un pequeño centro de interpretación para ayudar a los visitantes que acudan allí a entender el templo.

Según ha informado el colegio, en el último año se ha hecho una puesta en valor del tesoro que encierra la iglesia para que la gente pueda conocerlo y se ha establecido un centro de interpretación que contiene unos paneles que explican la historia de la iglesia, un edificio único en Córdoba y Andalucía.

Breve historia

El arquitecto francés Luis Gilbert fue el responsable del diseño de la obra, la cual inició en 1759. Le siguió Baltasar Dreveton, el principal responsable de su desarrollo y además, hubo un tercer arquitecto, Ventura Rodríguez, considerado el principal arquitecto español de la época, que tuvo que acudir a resolver un grave problema relacionado con el hundimiento parcial de la cúpula.

La iglesia de Santa Victoria está situada en uno de los puntos más altos de la ciudad de Córdoba, fue construida más rápidamente que edificios equivalentes de la época y su retablo mayor fue obra de Alonso Gómez de Sandoval en 1780. Este cuenta con una figura de la santa, obra del mismo autor.

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COP26: Cáritas Internationalis insta a los líderes mundiales a adoptar políticas climáticas a favor de los pobres

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Con motivo de la apertura de la 26ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, cuyas sesiones se prolongarán hasta el 12 de noviembre en Glasgow (Reino Unido), Caritas Internationalis insta a los gobiernos a adoptar políticas urgentes que garanticen el cuidado del medio ambiente y la justicia social.

Los 162 miembros que integran la confederación Cáritas Internationalis, algunos de los cuales estarán presentes en la COP26, trabajan en todo el mundo y están a la vanguardia de la respuesta a las dramáticas consecuencias del cambio climático que están causando un grave sufrimiento a muchas comunidades. Por ello, y en línea con la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, Caritas Internationalis reitera su llamado a la justicia climática y políticas que protejan a los más vulnerables, especialmente a los migrantes.

Las devastadoras tormentas, la salinización del agua y el suelo debido al aumento del nivel del mar y las graves inundaciones han afectado a muchas comunidades”, ha recordado Aloysius John, secretario general de Caritas Internationalis con motivo del inicio de las sesiones de la COP26. “El cambio climático –afirma— ya ha producido impactos irreparables en muchas partes del mundo, donde la adaptación es el principal desafío para las poblaciones locales vulnerables. Aunque no son responsables de la crisis climática, estas comunidades se ven obligadas a soportar sus efectos en términos de pérdida de vivienda, medios de vida, entornos de vida e infraestructuras”.

Las condiciones climáticas extremas están empujando a poblaciones enteras a migrar o reubicarse por la fuerza, lo que resulta en una pérdida de identidad cultural y social en sus comunidades. “Hasta la fecha, sin embargo, no se otorga ningún estatuto de refugiado u otro tipo de protección internacional a estas personas, que están privadas de derechos fundamentales, como el acceso a un medio ambiente limpio, saludable y sostenible. Son derechos fundamentales que los Gobiernos están obligados a respetar y cumplir a través de su acción climática. Como afirma el Santo Padre en Laudato si’, los países desarrollados del Norte global no pueden ignorar su deuda ecológica con el Sur global”, añade John.

Caritas Internationalis reitera que es responsabilidad de los Estados actuar con urgencia antes de que sea demasiado tarde. Aunque la pandemia de COVID-19 ha traído nuevas prioridades, esto no debe servir como excusa para posponer decisiones y retrasar aún más la acción climática. Por el contrario, debe impulsar un compromiso colectivo para adoptar un nuevo modelo de desarrollo basado en energías limpias y renovables, una economía más inclusiva y una mayor justicia social, así como medidas concretas en términos de reducción de la pobreza y cancelación de la deuda. Como señaló el Papa Francisco en su reciente mensaje a la cadena BBC, “momentos de dificultad” como la pandemia de COVID-19 “también ofrecen oportunidades, oportunidades que no debemos desaprovechar”.

La financiación climática tiende a centrarse excesivamente en la infraestructura a gran escala y no tiene como objetivo principal las estrategias locales de adaptación al clima. Existe una necesidad urgente de que los fondos climáticos lleguen a las comunidades locales para realizar la adaptación de base y brindarles un mayor control sobre sus prioridades y necesidades más inmediatas.

En este momento crucial, es de gran importancia que los Estados Partes en las negociaciones climáticas de la ONU reconozcan sus obligaciones morales y legales para con las comunidades más afectadas y las generaciones futuras. Caritas Internationalis lanza un llamamiento moral al compromiso incondicional y la responsabilidad de los Estados más ricos para proteger a las poblaciones más pobres en los países en desarrollo, que se vuelven vulnerables debido al cambio climático, aunque no son responsables de él.

La Confederación Cáritas Internationalis, por lo tanto, insta a estos Gobiernos a:

– Desarrollar y promover políticas climáticas favorables a los pobres y basadas en los derechos humanos, que les permitan vivir con dignidad, adaptarse y ser resilientes a los impactos climáticos adversos.

– Cumplir sus promesas de proporcionar el apoyo financiero indispensable a los países más pobres, abordando el tema de Pérdidas y Daños como una prioridad, asignando financiamiento climático específico y otorgando protección especial a las personas y comunidades desplazadas dentro y entre países debido a efectos adversos del cambio climático.

– Comprometerse y buscar una cooperación genuina con las organizaciones de la sociedad civil, en particular las organizaciones religiosas y las Iglesias locales que tienen relaciones sólidas con las comunidades locales

Cáritas Española, como parte activa de la confederación internacional, comparte plenamente este posicionamiento ante las jornadas de la COP26 que se celebran en Glasgow.

Al mismo tiempo, y como organización fundadora, en nuestro país, de la Coordinadora de Organizaciones para el Desarrollo, se suma a la movilización puesta en marcha con motivo de la Cumbre.

– Fuente: Cáritas

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Carta Pastoral de nuestro arzobispo D. Javier en el Día de la Iglesia Diocesana

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Se celebra en la Iglesia en España el 7 de noviembre de 2021, con el lema «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo».

CARTA PASTORAL DE D. JAVIER MARTÍNEZ

EN EL DÍA DE LA IGLESIA DIOCESANA

7 DE NOVIEMBRE DE 2021

Somos lo que tú nos ayudas a ser.
Somos una gran familia contigo

El lema de este año para la Campaña de la Iglesia Diocesana es sólo una verdad a medias. Porque la Iglesia es una realidad humano-divina, en cuanto que “la Iglesia es [en Cristo] como un sacramento, esto es signo e instrumento de la íntima unión con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Vaticano II, LG, n. 1). La Iglesia prolonga en la historia la Encarnación del Verbo de Dios. La Iglesia recibe su ser de Cristo, que está en su origen, porque Cristo está siempre presente en ella (Mt 28, 20). El Espíritu de Cristo la vivifica: ese Espíritu que se transmite de generación en generación mediante el ministerio apostólico, la Palabra y los sacramentos, y que no deja de suscitar en ella carismas de todo tipo (Juan Pablo II, Tertio millenio adveniente, n. 45), y personas santas que muestran en el mundo la humanidad nueva y plena que nace de Jesucristo y del don de su Espíritu Santo. En este sentido, la Iglesia, cuya realización plena solo se da en la Iglesia universal y en las Iglesias particulares o diócesis, es lo que el Señor nos concede ser.

Pero en otro sentido, el lema es profundamente verdadero. La Iglesia es, desde el comienzo, una “familia”, y también “pueblo”, y hasta en un sentido muy verdadero y profundo, una “nación” y una “patria”, una polis (una “ciudad”, la ciudad de Dios, y un pueblo, el pueblo de Dios, al que pertenecemos todos antes de cualquier otra división entre estados de vida, carismas o ministerios, comunidades o asociaciones). Naturalmente que estas palabras de patria y de nación tienen en el vocabulario cristiano un sentido relativamente distinto del que tienen en la política moderna. En todo caso, la Iglesia es un “nosotros”, y un nosotros radical, porque nuestra pertenencia a ella –en cuanto lugar humano en el que Cristo comunica su vida divina a los hombres–, es la condición misma y el fundamento del florecimiento y de la fecundidad plena de nuestra humanidad, en la fe, en la esperanza y en el amor. Ese nosotros, como Cristo crucificado, quiere abrazar al mundo entero.

Es este sentido de “pueblo”, de ser como cristianos un “nosotros”,  y de que ese “nosotros” es más radical que otras pertenencias humanas, incluso la de la familia y la de la nación, lo que está olvidado en nuestra cultura. Para ella, la Iglesia es solo un conjunto de individuos que tienen (más o menos) las mismas creencias y los mismos valores. Así reducida, la Iglesia es solo una realidad “tradicional” y un poco “folklórica”, en todo caso innecesaria, al servicio del Estado (en el “antiguo Régimen” o en las dictaduras), o al servicio de algunos valores, que pueden cultivarse igualmente sin ella.

El Día de la Iglesia Diocesana, exactamente como el camino sinodal al que nos invita el Espíritu Santo mediante la voz del Santo Padre, y que ya hemos comenzado, es una fuerte invitación a recuperar, acercándonos más unos a otros y caminando juntos, este sentido de ser Iglesia, de ser juntos lo que Dios nos concede ser, lo que estamos llamados a ser para el mundo en este momento de la historia.

+ Francisco Javier Martínez Fernández
Arzobispo de Granada

La hermana Gloria de la Creu profesa sus votos perpetuos en Alhama de Granada

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La hermana Gloria de la Creu profesa sus votos perpetuos en Alhama de Granada

Una de las Servidoras del Señor y la Virgen de Matará de Alhama de Granada, la madre Gloria de la Creu Pérez, hizo su profesión de votos perpetuos en el monasterio de la Inmaculada el pasado 31 de octubre. La celebración contó con la presencia del obispo de Vic, Mons. Casanova, que concelebró junto al Vicario Episcopal, D. Francisco Javier Espigares.

El monasterio de la Inmaculada y San Diego albergó este domingo la profesión de votos de esta religiosa del Instituto del Verbo Encarnado. Un día de fiesta, en el que decenas de alhameños llenaron la iglesia para acompañar ese “sí” definitivo a Dios de la hermana Gloria de la Creu.

Junto a un nutrido grupo de religiosas de la orden, que se desplazaron junto al obispo para acompañar la profesión de esta hermana, Gloria de la Creu pronunció sus votos de pobreza, castidad y obediencia, junto al voto de esclavitud al Inmaculado Corazón de María, propio de las Servidoras.

“La vida contemplativa cuesta de entender en nuestro mundo ¿Qué hace una joven encerrada en un monasterio? ¿Para qué tiene que estar aquí con lo que hay que sembrar y trabajar?”, decía Mons. Casanova, recordando la importancia de la vocación contemplativa en la Iglesia. “Una cosa está clara y es que la vida contemplativa no es la retaguardia, sino la vanguardia de la lucha misionera”.

María Gloria llevaba en Alhama desde el pasado mes de abril. Pasó sus años de noviciado en Italia, estudiando en Roma y creciendo en la vida contemplativa en el monasterio de las Servidoras en Viterbo. “Ella viene preparándose desde hace mucho tiempo”, explica la madre superiora, María de la Coronación. “Dios le ha ido pasos cada vez mayores desde que fue postulante hasta que ingresó y vio la vocación contemplativa”.

“Lo he esperado con mucha impaciencia. Siempre lo tuve muy claro”, afirmaba Gloria, que viene preparándose para este momento desde el año 2014. “En este tiempo he podido ir conociendo con más profundidad nuestro carisma, nuestras constituciones, enamorándome más de nuestro instituto”.

PARA QUE CRISTO REINE EN LAS ALMAS
El carisma de las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará se explica en pocas palabras, y es llevar al Verbo Encarnado a que habite en cada alma: qué Él reine en los corazones.

Así lo ha procurado las religiosas desde su establecimiento en Alhama el pasado mes de abril. El cariño con el que las recibieron y que ellas mismas han procurado con los alhameños, podía palparse este domingo en el convento. “Fue una fiesta de las familias, la nuestra, la religiosa, y de la de ella, con Dios en el medio”, explicó María de la Coronación.

Tras la celebración se desplegó una carpa en el patio interior del convento de la Inmaculada y San Diego. Una carpa que donaron los propios alhameños a las Servidoras, junto a muchas otras donaciones que sirvieron durante la fiesta. Todo el mundo participó de estas nupcias con cantos y bailes en un ambiente de gran alegría.

La hermana Gloria de la Creu afirmaba con alegría que la entrega de Dios a la vida religiosa merece la pena. “Que no sean bobos, que no pierden nada si se entregan a Jesucristo”, nos dijo esta hermana, pensando en los jóvenes. “Cuando Él llama es para colmar el alma de una manera inesperada. Yo animo a que todos disciernan y se lancen al camino”.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

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Amar a Dios y al prójimo

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Homilía del Domingo XXXI del T.O.

Lecturas bíblicas: Dt 6,2-6; Sal 17,2-4.47.51 (R/. «Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza»); Hb 7,23-28; Aleluya: Jn 14,23 («Si alguno me ama, observará mi palabra, dice el Señor, y mi Padre lo amará y vendremos a él»); Mc 12,28-34.

Queridos hermanos y hermanas:

En el domingo hacemos memoria de la resurrección de Jesucristo, porque en este día, el primero de la semana, el Señor dejó para siempre el sepulcro como futuro de una humanidad sin redención, para abrirnos el camino hacia la vida con verdadera duración. La resurrección de Jesús manifiesta el poder inmenso del amor misericordioso de Dios por nosotros. Este amor misericordioso alcanza en la predicación de Jesús una intensidad que pide de sus discípulos una respuesta que se asemeje a su amor, como se había revelado progresivamente en la historia de salvación de la antigua Alianza, al comparar el amor de Dios por su pueblo con el amor del padre que es correspondido por el amor del hijo de sus entrañas, y asimismo el amor recíproco de los esposos. El Dios que liberó a Israel de los egipcios y los condujo a la tierra prometida se reveló a Israel como el Dios único, que excluye todos los ídolos, porque en realidad no hay otros dioses fuera del Dios de Israel. Así dice Dios por medio del profeta Isaías: «Yo soy el Señor y no hay otro; fuerza de mí no existe ningún dios. Yo te he ceñido, aunque no me conoces, para que se sepa desde el levante al poniente que no hay otro fuera de mí. Yo soy el Señor y no hay otro» (Is 45,5-6)

Esta rotunda afirmación de la unicidad de Dios, revelada a los israelitas en la historia de salvación, en las gestas de liberación que dieron lugar al pueblo elegido, era una confesión de fe fundamental sobre la cual se levantaba la constitución religiosa de Israel. Una confesión de fe como respuesta a la experiencia de Israel del amor de Dios por su pueblo. Este es el contexto del mandamiento primero y principal por el que un escriba pregunta a Jesús en el evangelio de hoy. Jesús responde con la confesión de fe de Israel: «Escucha, Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor: amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» (Mc 12,30).

El amor de cada israelita por el Señor (por “Yahvé tu Dios”) representaba un acto supremo de adoración sólo atribuible al Dios creador de su pueblo, verdadero y único Dios fuera del cual sólo existe el vacío. Esta oración es la preferida de la piedad judía, y es reconocida por el nombre de shemâ, palabra hebrea por la cual comienza la oración: (“Escucha”). Confesar cada mañana y cada tarde que sólo el Señor tu Dios es el único Señor, durante siglos en el Templo y en tiempos de Jesús en la sinagoga, y así hasta hoy, es reclamo y recordatorio permanente para el judío de la propia identidad. La fe judía sólo tiene al Dios de Israel como referente único de la divinidad. El Señor es el que da la victoria al rey, que proclama en el canto real de acción de gracias, el salmo 17 recitado después de la primera lectura, que el Dios de Israel es su roca, su alcázar, su libertador, y el rey ama a Dios y lo alaba como refugio y baluarte donde el rey está a salvo (Sal 17,3-4).

El fragmento del libro del Deuteronomio que hemos leído como primera lectura contiene el versículo que da cuerpo literal a esta oración. En este versículo se recoge el núcleo del memorial de salvación que hace del amor al Señor la esencia misma de la Ley, que Dios impone a Israel como compromiso de amor del pueblo elegido por el único Dios, al que hay que adherirse para seguir existiendo. En la adhesión incondicional al Dios único se encuentra el fundamento de la existencia de cada creyente hebreo, y es la fe que ha de transmitir a los hijos; y el israelita hablará de ella «estando en casa y yendo de camino, acostado y levantado» (Dt 6,7). Todo israelita ha de llevar consigo en toda circunstancia esta convicción de fe expresada en el shemâ, lo que se traducirá en la costumbre de llevar cajitas a modo de capsulas colgadas del manto y del cuerpo, en la frente y en las muñecas con el texto de la oración (v. 6,8). Son los colgantes de las filacterias (tefilim) de los fariseos en tiempos de Jesús, las mismas que hoy los judíos ortodoxos cuelgan de las cintas de oración. La Ley es permanentemente recordada y, por eso, se han de inscribir sus preceptos incluso en las jambas de la entrada de la casa y en las puertas de la casa (v.6,9).

La guarda de los mandamientos de la Ley es correspondencia de amor al Señor, cuyo amor por Israel es la historia de su misericordia y ternura para el que es su propio «hijo», en la profecía de Oseas. Dios amó a Israel de niño y lo llamó de Egipto, le enseñó a andar y lo llevó en sus brazos acercándolo a sus mejillas (cf. Os 11,1-4). Este amor paterno de Dios a Israel es una imagen que a veces cede ante la imagen del amor enamorado del esposo que ama a Israel como esposa infiel (cf. Os 2,16-22); aunque el Señor se enamoró de ella apenas nacida, chapoteando en su sangre con el riesgo de no sobrevivir, cuya historia desde la infancia de Israel hasta la edad núbil se expresa bellamente en los profetas (cf. Ez 16,4-14).

La santidad de la ley descansa sobre el amor de Dios que la entrega a Israel para convertirlo en su pueblo. Por eso la pregunta que hace el letrado en el evangelio de hoy sólo se entiende bien sobre el fondo de la historia sagrada que da cuenta de la razón de ser el pueblo elegido: la elección divina libre y gratuita. La respuesta de Jesús está en que este mandamiento primero y principal es inseparable del amor al prójimo. Jesús ha unido la primacía del amor a Dios con la semejanza que el amor al prójimo guarda con el amor a Dios. Israel conoce el precepto del amor al prójimo, codificado en el libro del Levítico formando parte de la ley de santidad: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo, el Señor» (Lv 19,18b)[1]. Este precepto forma parte, en efecto, de las prescripciones morales y relativas al culto, y en el sermón del Monte Jesús lo lleva más allá del alcance que tiene en la ley mosaica, que limita el amor al prójimo a los de la gran familia de Israel: «No te vengarás ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo» (v. 19,18a). Jesús, en contra de la sentencia de los maestros de Israel, según la cual no hay por qué amar al enemigo, proclama el amor incluso a los enemigos (cf. Mt 5,43-44)[2].

Jesús ha sido educado desde la infancia en la piedad de Israel y su en su respuesta se hace patente su conocimiento de las sagradas Escrituras, que en la respuesta que da al escriba es enriquecido por aquel que es la palabra de Dios hecha carne. Jesús no responde sólo sobre la jerarquía de estos dos mandamientos colocados en primer lugar, entre las seiscientas trece prescripciones de la torá según la tradición secular de los rabinos, divididas en graves y leves. Jesús recapitula en los dos mandamientos el cúmulo de preceptos que los judíos piadosos deseaban cumplir y no dejaban de tropezar en el número y en lo prolijo de su contenido. Por esto, en el evangelio de san Mateo, Jesús concluye su comentario diciendo que del amor a Dios y al prójimo «penden toda la Ley y los Profetas» (Mt 22,40).

En el evangelio de san Marcos Jesús pone de relieve que «amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios» (Mc 12,33). Jesús orienta su enseñanza a la purificación del culto, que él mismo ejerce como sumo sacerdote de la nueva Alianza sellada en su sangre, según la carta a los Hebreos. Jesús, «es el sumo sacerdote que nos convenía: santo, inocente, incontaminado, aparatado de los pecadores, encumbrado sobre los cielos» (Hb 7,26), que realizó el sacrificio eficaz y verdadero culto espiritual, «de una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo» (v. 7,27). No necesita repetir holocaustos y sacrificios que no alcanzan su objetivo: el perdón definitivo de los pecados. Se ofreció a sí mismo al Padre de una vez para siempre como sacerdote y víctima. El sacerdocio de Jesús tiene un carácter existencial, que corresponde al culto espiritual que los verdaderos adoradores han de tributar a Dios, que es espíritu, «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23). Un culto que ya no depende de las imperfecciones de los hombres mortales, del sacerdocio levítico del tiempo antiguo. El sacerdocio de Cristo y su sacrificio tienen un valor eterno, «a la manera de Melquisedec» (v. 7,17→Sal 110,4)[3] sin genealogía ni herederos, como sucedía con el sacerdocio antiguo, que se transmitía por sucesión carnal. Genealogía y herencia sacerdotal limitan en el tiempo el valor del culto de Israel, que en Cristo es abolido y superado por el valor eterno del sacrificio de Cristo. Si cambia la ley, cambia asimismo el nuevo culto[4].

Este culto espiritual vivido por el cristiano, existencial y sacramentalmente injerto en Cristo, pasa por la entrega por amor a Dios, a su divina voluntad, y el servicio al prójimo. El sacrificio eucarístico, en el que hace presente el sacrificio de la cruz, tiene en verdad un contenido existencial. En el sacrificio eucarístico es la entrega de Jesucristo el contenido del sacramento del altar, y mediante nuestra participación y comunión en la mesa eucarística Jesús nos asocia a su sacrificio, y nosotros somos asimismo convertidos en ofrenda de amor a Dios, fundamento de nuestra entrega a los hombres. Así se lo pide al Padre el sacerdote en la plegaria eucarística de la Misa, suplicando que el Espíritu Santo «nos transforme en ofrenda permanente, para que gocemos de tu heredada»[5]. Toda nuestra vida ha de estar asociada a la ofrenda que Cristo hizo de una vez para siempre al Padre y esta configuración con Cristo nos viene por la acción del Espíritu santificador. Que así lo vivamos y demos testimonio de cómo se transforma la vida del que cree en Cristo.

A. I. Catedral d la Encarnación
31 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

Ilustración. Un fariseo pregunta a Jesús. De la serie de acuarelas sobre la Vida de Cristo de James Jacques-Joseph Tissot (1836-1902). Museo Brooklyn. Nueva York.

[1] Cf. J. Gnilka, El evangelio según san Marcos, vol. II. Mc 8,27-16,20 (Salamanca 1986) 190-192.

[2] Biblia de Jerusalén: Nota a Mt 5,43.

[3] Cf. Biblia de Jerusalén: Notas a Hb 7,11 y 7,16.

[4] K. Berger, Commentario al Nuovo Testamento. II Lettere e Apocalisse, ed. italiana de F. Dalla Vecchia (Brescia 2015) 495-497.

[5] Misal Romano: Plegaria eucarística III.

Recobró la vista y lo seguía por el camino

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Homilía del Domingo XXX del T. O.
Domingo Mundial de las Misiones

Lecturas bíblicas: Jr 31,7-9; Sal 125, 1-6 (R/. «El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres»); Hb 5,1-6; Aleluya: 2Tm 1,10 («Nuestro Salvador, Cristo Jesús destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio»); Mc 10,46-52.

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos en el domingo trigésimo del tiempo ordinario y, como todos los años en el penúltimo domingo de octubre, celebramos el Domingo Mundial de las Misiones (DOMUND), una jornada para recordar que la misión constituye la razón de ser de la Iglesia, que Dios ha querido sea sacramento de salvación para el mundo, constituida en testigo de la redención, acontecida en la muerte y resurrección de Cristo, y enviada para anunciar el Evangelio o Buena Noticia de salvación. La Iglesia es portadora de un mandato universal de Cristo a los apóstoles: «Id y haced discípulos de todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu San y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he enseñado» (Mt 28,20).            El Vaticano II declara que, por su misma constitución, la Iglesia como portadora de este anuncio con destino universal, es católica y, «obedeciendo el mandato de su Fundador, se esfuerza por anunciar el Evangelio a todos los hombres». Fue así desde el principio, por eso continúa el concilio: «En efecto, los mismos Apóstoles, en quienes está fundada la Iglesia, siguiendo las huellas de Cristo, “predicaron la palabra de la verdad y engendraron las Iglesias” (S. Agustín). Es deber de sus sucesores perpetuar esta obra para que la palabra de Dios se difunda y glorifique (2Ts 3,12) y se anuncie e instaure el Reino de Dios en toda la tierra»[1].

La misión es, por esto mismo, irrenunciable y constituye la razón profunda de la misión de la Iglesia en el mundo, a fin de que se cumpla el designio de Dios, «que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad» (1Tm 2,4). El Plan de pastoral vigente en la diócesis nos propone «ser Iglesia en conversión misionera», y tiene una particular orientación evangelizadora, centrado en dar a los objetivos generales y específicos de la Iglesia diocesana en estos años una orientación particularmente misionera, siguiendo las pautas del magisterio de la Iglesia: del Papa Francisco y de los obispos, que nos invitan a ser coherentes con la fe que profesamos y testigos de Cristo en el mundo. La misión no está sólo en la frontera de tierras de misión, sino que es tarea personal de cada bautizado, de las comunidades parroquiales y educativas. Todos estamos comprometidos con la misión[2].

El lema que se nos propone para este año, al celebrar la nonagésima quinta jornada o domingo mundial de las misiones es el de «Cuenta lo que has visto y oído», basado en el evangelio de este domingo y explicado y comentado por el mensaje del Santo Padre Francisco para esta importante jornada de la Iglesia. También es importante tener presente que la Iglesia en España viene renovando sus planes pastorales proponiendo a los católicos una toma de conciencia del sentido misionero y evangelizador de la vida cristiana, que pasa por el testimonio de Cristo en la sociedad de hoy; y orientando sus acciones pastorales con espíritu misionero, en fidelidad al mandato de Cristo.

En el evangelio de este domingo veamos a Jesús como hace de las curaciones que lleva a cabo en cojos y paralíticos y en ciegos incluso de nacimiento un signo de salvación que nos remite a su misión como enviado del Padre para devolver al mundo la salud perdida por el pecado. Jesús está movido a compasión por el estado de los enfermos que cura, y en sus sentimientos de compasión se revela la misericordia de Dios que perdona el pecado de los hombres devolviendo la salud a los enfermos por la palabra de su Hijo. De esta manera Jesús aparece como el enviado de Dios en los tiempos últimos, es decir, en los tiempos escatológicos o finales, cuando Dios mismo lleve a plenitud el mundo marcado por el pecado venciendo la enfermedad y la muerte. Una transformación anunciada en las curaciones de Jesús.

No se trata en la curación de una acción mágica, sino del poder recreador de la palabra de Dios operativa en la palabra de Jesús, verdadera Palabra encarnada de Dios. Esta palabra obra como respuesta a la fe de los enfermos que acuden a Cristo con la confianza puesta en el poder de la palabra divina. La súplica humilde del ciego Bartimeo, que pedía limosna sentado al borde del camino de Jericó a Jerusalén, es verdadera confesión de fe en Jesús por la que el ciego invoca la vista que espera recibir de Jesús al que confiesa como Hijo de David, que es tanto como profesar fe en la misión mesiánica de Jesús, reconociendo en él al Mesías. La alegría de Bartimeo de haber sido llamado por Jesús le pone en pie de un salto y una vez su fe es respondida por la palabra de sanación de Jesús, le sigue por el camino, se incorpora al seguimiento de Jesús. La fe le ha llevado a la experiencia de la salvación recobrando la vista, y esta experiencia de salvación mueve al ciego a incorporarse al camino (Mc 10,52).

La fe movió asimismo a los israelitas que retornaban gozosos a la patria perdida por la cautividad a esperar la salvación que les liberaría de la cautividad babilónica, a la que la desobediencia a la palabra de Dios les había conducido. El fragmento que hemos escuchado del profeta Jeremías nos habla de cómo esta fe se mantuvo en el “resto” de Israel, el núcleo creyente que espera en su debilidad, sometidos los israelitas al poder de Babilonia, en el retorno que profetiza Jeremías: cuando este resto creyente se transforme en el centro de las naciones y sean castigados por el Juez supremo de los pueblos los que sometieron a Israel. Un retorno contemplado como un nuevo éxodo, como repetición de la gesta que dio origen a la liberación de los hebreos por Moisés, que fueron conducidos por la mano de Dios de la esclavitud de Egipto a la libertad, abriendo el camino hacia la tierra prometida[3]. Un nuevo éxodo de una comunidad de fe que retorna del “norte”, de los “confines del mundo” (Jr 31,8) de los límites del país con Asiria, donde habían estado cautivos y de donde vuelven gozos, transformándose a su paso la naturaleza, acontecimiento milagroso de recreación del desierto, del cual manan torrentes de agua. Los expertos ven en los prodigios del primer éxodo, cuando Moisés sacó agua de la roca (Éx 17,1-7; Nm 20,1-3) en trasunto de la descripción del retorno de los desterrados en la visión profética de Jeremías; y entre los que retornan «hay ciegos y cojos, preñadas y paridas: una grana multitud retorna» (31,8). Se fusionan debilidad y cuidado por el pastor de las ovejas, que a todas socorre y guarda, en oposición bien marcada frente a los malos pastores (cf. Jr 23,1s; cf. Ez 34,11-16→Jn 10,11-14): Dios se comporta como padre amoroso del resto de Israel, de los débiles y pobres y sólo él es el pastor del rebaño, junto al cual las ovejas estarán seguras. Se cumple así la imagen del retorno que canta el salmista: «al ir, iban llorando, / llevando la semilla, / al volver vuelven cantando, / trayendo sus gavillas» (Sal 126,6). Hemos contestado a esta primera lectura recitando el salmo responsorial, que se recapitula todo el versículo del estribillo: «El Señor «ha estado grande con nosotros / y estamos alegres» (126,3).

El contenido profético de cuanto Jeremías y los profetas de Israel anuncian se hace realidad definitiva con la irrupción del reino de Dios en Jesucristo, en el gozo y la alegría de los sanados por su palabra poderosa. Dios está en medio de su pueblo: él viene y nos salvará. Nos ha salvado mediante la entrega de su propio Hijo a la muerte por nosotros. El autor de la carta a los Hebreos presenta a Jesús participando en debilidades de los hombres, a los que ha venido a salvar como sumo sacerdote que, «tomado de entre los hombres, está capacitado para «comprender a ignorantes y extraviados, porque también él está envuelto en flaqueza» (Hb 5,2). Jesús ejerce el sumo sacerdocio ofreciendo por el perdón de los pecados el sacrificio de su propia entrega para rescatar a los pecadores. Él tiene el sumo ministerio de la reconciliación (cf. 2Cor 5,18-21), no por haberlo recibido por herencia, como sucedía en la antigua alianza, ni tampoco por haberse arrogado su ejercicio de sumo sacerdote, sino en razón de aquel que le constituyó sumo sacerdote según el orden de Melquisedec (Hb 5,6). La carta a los Hebreos alude así a la ofrenda de pan y vino que el rey y sacerdote del Dios Altísimo Melquisedec, hizo a Abrahán cuando volvía de combatir a sus enemigos (cf. Gn 14,18-ss). Este misterioso personaje sagrado aparece ante el autor de la carta como la figura del sumo sacerdocio que ejercería el propio Mesías Jesús, mediante la ofrenda de sí mismo, que él quiso adelantar en la entrega del pan y del vino en sus discípulos en la última Cena.

La Eucaristía se convierte así en el gran sacramento del ministerio sacerdotal de Jesucristo, que sigue haciéndose presente mediante el ministerio que el sacerdote ejerce en la persona del mismo Jesucristo, que la Iglesia celebra para que la acción redentora del Señor llegue a todos los que se incorporan su Iglesia acogiendo el anuncio misionero del Evangelio.

S.A.I. Catedral de la Encarnación
24 de octubre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1; cf. San Agustín, Enarr.in Ps. 44,23: PL 36,508; BAC 246 ed. bilingüe Obras completas XX (2º) (Madrid 22018, rev.) 254.

[2] Mons. A. González Montes, Ser Iglesia en conversión misionera. Plan pastoral para el cuatrienio 2019-2023 (Almería 2019) 19-21.

[3] G. P. Couturier, CSC, «Jeremías», en R. E. Brown-J.A.Fitzmyer-R. E. Murphy (eds.), Nuevo Comentario bíblico San Jerónimo. Antiguo Testamento (Estella, Navarra 2005), n.18:84.

En imágenes, la Iglesia de Granada recibe a su nuevo diácono

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En imágenes, la Iglesia de Granada recibe a su nuevo diácono

Galería de imágenes con los momentos más significativos de la Eucaristía celebrada en la Catedral, el 1 de noviembre, en la que el seminarista D. Mariusz Kubajek recibió el tercer grado del Orden sacerdotal como diácono.

En imágenes, les ofrecemos la celebración en la que el seminarista del Seminario Diocesano Misionero “Redemptoris Mater”, D. Mariusz Kubajek fue ordenado diacono para la Iglesia de Granada de manos de nuestro Arzobispo Mons. Javier Martínez.

El nuevo “siervo” del pueblo cristiano en nuestra diócesis estuvo acompañado durante la Eucaristía por miembros del clero diocesano, seminaristas, amigos y allegados miembros del Camino Neocatecumenal junto a otros fieles del pueblo cristiano granadino.

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Vuelven los Encuentros de Monaguillos al Seminario San Bartolomé

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Tras el obligado parón provocado por la pandemia, el Seminario San Bartolomé vuelve a ponerse en marcha con renovada ilusión para trabajar con los monaguillos. La pastoral con monaguillos es una tarea necesaria y esencial. Estos chicos, que viven la eucaristía cerca del altar y de vosotros, representan el deseo de cercanía al Señor. ¡Qué testimonio para toda nuestra comunidad el que unos chicos asistan al sacerdote durante la misa!

Dirigido a niños de entre 7 y 12 años, esta primera convocatoria tendrá lugar el sábado 20 de noviembre. El objetivo de estas convivencias es ayudar a que los participantes cada vez se sientan más cerca del Señor y vayan descubriendo que Él tiene para cada uno de ellos un proyecto sobre su vida, una vocación.

El encuentro comenzará en el propio Seminario a las 10.30 horas, finalizando a las 18.00 horas con la celebración de la Eucaristía en la Iglesia de Santiago de Cádiz, a la que podrán asistir los padres o tutores de los niños. Todos los participantes deben llevar su bocadillo, el alba o la sotana para ayudar en la misa y la autorización paterna firmada. Además, se tomará la temperatura a todos los participantes antes de comenzar y el uso de mascarillas será obligatorio.

Para facilitar la organización, el plazo de inscripción se cerrará el miércoles 17 de noviembre.

Para más información pueden ponerse en contacto con el Seminario San Bartolomé (c/ Compañía 19, Cádiz, 11005), teléfono 956 282 311.

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Familia y Vida pone en marcha la ITV matrimonial

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Se trata de una novedosa iniciativa para profundizar en la importancia del matrimonio y la vida en pareja

¿Has pasado la ITV en tu matrimonio? Con esta pregunta, la Delegación diocesana de Familia y Vida ha puesto en marcha un nuevo proyecto para profundizar en el matrimonio y la vida en pareja. El objetivo es ayudar a los matrimonios a revisar la marcha de su relación, especialmente a los más jóvenes.

Un nutrido grupo de matrimonios acudieron a la cita el pasado sábado, 30 de octubre, en el Monasterio de Las Salesas, para poner en común su vida matrimonial y disertar sobre la importancia del matrimonio y la familia, de la mano de los sacerdotes Ángel Cristo Arroyo y Leopoldo Rivero, consiliario y viceconsiliario de Familia y Vida.




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