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“Lo que el mundo necesita hoy es descubrir de nuevo el significado y la relevancia de Jesucristo”

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Homilía en la Eucaristía del 75 aniversario de la HOAC, celebrada en la parroquia de Santa María Micaela, el 7 de noviembre de 2021.

Muy queridos hermanos sacerdotes (tanto de aquí de la parroquia como de la pastoral social y de la pastoral obrera);
amigos de la HOAC:

Alguien llamaba a este día un momento histórico. Pero histórica es también la muerte de Cristo y la Resurrección de Cristo y, por lo tanto, los 75 años que pueden ser mucho para la vida humana apenas son nada de la vida de Iglesia.

Yo doy gracias hoy por lo que ha significado y significa la HOAC en la historia de la Iglesia en España. Es verdad que vivimos tiempos de transformaciones muy brutales, de forma que una expresión como “el mundo obrero” era algo perfectamente definible y con unas fronteras muy precisas, en el mundo de aquella industrialización, de las fábricas, o aquella que se representaba en la película de Marlon Brando -“La ley del silencio”-, donde muchos de vosotros habréis visto a los estibadores del puerto de Nueva York. Y en el mundo actual todo está mucho más difuminado, porque, en realidad, el mundo del capitalismo tardío, el mundo de la economía neoliberal a nivel global, pretende una sociedad regida por unas pequeñas oligarquías o élites del mundo financiero, y todos los demás somos proletarios con distintas cualificaciones, pero el conjunto de la sociedad ya casi no existe. Eso, que todavía hace 10 o 20 años se llamaba la “sociedad civil”, está siendo cada vez más y más absorbida por la administración pública y se convierte, por tanto, en una palabra casi abstracta. En todo caso, el mensaje de Guillermo Rovirosa y las personas que comenzaron con él, y más que su mensaje, su testimonio de vida, sigue siendo tan necesario o más en este tiempo que lo fue en el momento.

Es verdad que la dinámica de esta misma sociedad a la que me refería hace un momento hace que todo lo que no sea economía pura y dura sea relegado al campo de las creencias, de los valores, de cosas que no tienen cuerpo de ninguna clase. Y la Iglesia no puede vivir sin cuerpo. La Iglesia es un cuerpo eclesial, no es una colección de individuos que tienen unas creencias. No somos una colección de individuos que tenemos unos valores. Somos un cuerpo. Somos el Cuerpo de Cristo. Somos la humanidad de Cristo hoy. Dios mío, podemos vivir muy lejos de ese don de poder ser eso en el mundo actual, pero en el mundo actual eso es absolutamente urgente e imprescindible. Y el Papa Francisco no deja de recordárnoslo de tantas maneras: la predilección por los necesitados, la predilección por los pobres.

Cada vez que yo oigo este Evangelio, que es, además, uno de los más poderosos, todos tenemos ejemplos y testimonios de esa generosidad de la viuda del Evangelio. Muchos, a lo largo de la vida; cuando lo oigo, me acuerdo de una cosa muy simple o que parece muy simple, porque también era para construir un templo. Se estaba construyendo entonces la Catedral de la Almudena en Madrid y la gente pensará que hubo una cena en la que el presidente del Gobierno reunió a unos cuantos empresarios, y de allí salió una cantidad para la construcción de la Almudena. Lo que supuso aquella cena y los donativos que salieron de aquella cena es ridículo en comparación con lo que costó la construcción de la catedral. El ochenta y tantos por ciento eran donativos inferiores a cinco mil pesetas. Es decir, que fue el pueblo quien levantó aquella catedral, no los donativos de los ricos y de los ministros.

Yo me acuerdo de una tarde en que yo iba al edificio del Obispado y estaba jarreando, lloviendo a mares. El Obispado tenía una escalerita y había allí una mujer en lo alto de la escalera, en la entrada, llamando debajo de la lluvia y me dijo “¿qué hace usted aquí?”. Y respondió: “Verá, es que he venido a traer un donativo para la Almudena, pero estoy llamando y no me abren”. Le digo: “Mire, es que las oficinas las abren sólo por la mañana”. Me dice: “¿No tendría usted inconveniente en dar ese donativo en mi nombre?”. “Yo, ¡ninguno!”. Y me dio una moneda, de las que hubo antes de que entraran los euros, una de 200 pesetas. Y me dice: “Es que yo trabajo limpiando casas y no puedo venir por la mañana. Yo se lo doy a usted y usted se lo da a quien se lo tenga que dar”. Y yo decía, Señor, es que es exactamente la misma historia del Evangelio. Pero luego hay una solidaridad entre los pobres que se pierde, que la pierde el mundo en el que vivimos, a todos los niveles.

Leía yo hace unos días que el neoliberalismo no consiste en unas sociedades que dan mucha importancia a los mercados. Que eso es verdad; sino que el neoliberalismo trata de generar y crear un nuevo tipo de hombre, y ese nuevo tipo de hombre es un nuevo tipo de hombre en el que todas las relaciones humanas tienden a convertirse en contractuales. Y lo que no está en un contrato, no existe. Y cuando dice “todas las relaciones humanas”, se refiere a las relaciones matrimoniales, a las relaciones entre padres e hijos, a las relaciones entre compañeros de trabajo (si es que hoy se puede seguir hablando de compañeros de trabajo). Algo que cuando había un mundo obrero, se experimentaba lo que era la solidaridad de los pobres. La solidaridad de los compañeros de trabajo. Hasta los mismos sindicatos nacían en muchos lugares de abajo a arriba, y no eran organizaciones estatales como son hoy entre nosotros.

Lo que el mundo necesita hoy es descubrir de nuevo el significado y la relevancia de Jesucristo, para nuestra vida humana. Para todas las dimensiones de nuestra vida humana. Y resistirnos con todas nuestras fuerzas a ese contractualismo que trata de imponerse como modo de relaciones humanas. La gratuidad, el afecto, la compañía, la amistad, el amor, son realidades infinitamente más grandes que ningún contrato. Y un mundo diferente sólo es posible si grupos humanos empiezan a vivir de ese modo y a mostrar que es más bello vivir de eso modo, que es más humano, que responde más a las exigencias de nuestro corazón. Que vivimos más contentos. Que la vida merece la pena ser vivida. Quizás la enfermedad más grave del momento en el que estamos, o más extendida, es como una cierta desesperanza, un cierto cinismo, con respecto a la vida, de que no merece la pena vivirla, de que en el fondo el contractualismo genera el no fiarse de nadie. En estos meses me lo han dicho muchas personas, “¿pero de quién me puedo fiar?”.

Pues, que podamos ser personas de las que uno se puede fiar, y miembros de un pueblo, parte de un pueblo, parte de una familia de la que uno se puede fiar. De que, cuando decimos “te quiero”, lo decimos de verdad. De que, cuando damos la mano… Yo aun recuerdo en mi infancia en los mercados de ganado de Asturias, donde un escupitajo en una mano y esa mano dada, tenía más valor que un texto ante notario. Esa vaca era tuya, tú la habías comprado, habías dado tu palabra por ello y eras capaz de dar la vida por la verdad de eso que habías dicho.

Dios mío, qué lejos estamos de ese mundo. Pero la necesidad de recuperar la seriedad de la palabra dada, la seriedad en las promesas, la necesidad de ayuda mutua, porque eso no se puede vivir solo. Sólo un pueblo, una comunidad, un grupo, es capaz de vivirlo. Uno de los ideales de este tipo de sociedad es la atomización total de la sociedad, porque como todos somos intercambiables, como uno puede trabajar parte del año aquí y parte del año en Afganistán y otra parte del año en las Filipinas, y ya no sabes ni a quién perteneces. No perteneces a nadie más que al mercado. Por lo tanto, generar relaciones alternativas a todo eso creo que es la tarea presente y futura de toda la Iglesia.

¿Qué hacemos con nuestra vida? Si hemos nacido sólo para producir y consumir, somos verdaderamente miserables; estamos verdaderamente al borde de la muerte, si no estamos muertos ya en nuestro espíritu, en nuestra humanidad. Resucitar esa humanidad es posible, basta abrir el corazón. Aquella frase “abrir las puertas a Cristo”. Si Cristo no ha resucitado y todo lo que esperamos es de este mundo, a lo mejor todo lo que vale es llevarse lo que más pueda uno de este pastel pequeño que al final es la tierra y que, entonces, se trata de rebañar lo que uno pueda de ese pastel. Pero si Cristo ha resucitado, si nuestro destino es la vida eterna, la gratuidad, el amor, el don de la vida es el destino más alto, el más noble. Además, no sólo el más noble, sino el que más nos permite vivir con alegría y con gozo, porque corresponde más a la verdad de lo que somos, de que somos imagen de Dios, del Dios que es Amor. Y un mundo construido sobre otros supuestos será siempre una gran mentira, que hay también quien dice que eso es lo que hoy gobierno: la mentira. La mentira institucionalizada, la mentira convertida en modo de vida, realmente.

Vamos a darLe gracias al Señor. Que el corazón de toda verdadera renovación y evangelización de todo el mundo obrero, tan alejado de la Iglesia, cuando nunca debería de haberlo sido, porque la Iglesia es mucho más afín al mundo obrero que al mundo de las finanzas o a otros tipos de mundo; tan alejada de la Iglesia sólo es posible mediante una verdadera conversión a Jesucristo -“conversión misionera”, que diría el Papa Francisco: que el Señor nos convierta.

Sólo quería añadir una cosa, que no querría dejar de decirla, siquiera por honestidad. De hecho, quizás ahora no viene muy a cuento. Yo soy muy consciente, y lo sois vosotros también, de que en un determinado momento… (y la culpa no era de la HOAC ni de los movimientos especializados de la Acción Católica; la culpa era de aquello que se dijo en el Concilio y dice también ahora Pablo VI, que el cristianismo se había separado de la vida, y entonces la vida parecía que estaba en manos de lo que fuera más verdadero o uno entendiese que era el mejor modo comprender la vida humana); porque el cristianismo, relegado al mundo de lo sobrenatural, lo natural quedaba en manos de la ideología de turno, y hubo un momento en que la HOAC, igual que algunos otros movimientos especializados, se acercó, de una manera quizá no sana del todo, al marxismo, que parecía que era en ese momento la manera de pensar más afín. Y tenía cosas que, sin duda ninguna, hay que rescatar hoy del marxismo. Pero es muy fácil hacer ese juicio sobre ciertos movimientos, especialmente en la Pastoral Obrera y no hacerlo sobre todo lo demás, porque todo lo demás es igualmente heredero de esa separación entre la fe y la vida; de esa separación entre Cristo y nuestra humanidad, y nos hace depender de la cultura.

Si es verdad que hay algunos grupos que han dependido del marxismo, depender del liberalismo no es menos ideológico. No es que, quien no haya dependido del marxismo ha sido libre y no ha dependido de nadie. No. Probablemente, del liberalismo dependemos todos, mucho más de lo que nos damos cuenta. Y sigue siendo un cristianismo ideológico. El cristianismo liberal que hereda un poco de la cristiandad burguesa el echarse en manos de los centros de poder del mundo, aunque esos centros sean hoy cadenas de comunicación o plataformas de televisión. Esa dependencia de las ideologías de turno, y hoy la del marxismo no está de moda, por eso hay que defender algunas de las cosas que tenía de verdaderas y que no sería nada malo olvidar. Pero, desde luego, si la alternativa al marxismo es el liberalismo, una Iglesia en brazos del liberalismo es una Iglesia completamente estéril, y percibimos esa esterilidad en muchos hechos de nuestra vida. Lo percibimos en la falta de jóvenes. Lo percibimos en la falta de belleza o de atractivo que tienen nuestras comunidades, en el poco interés que tiene la Iglesia para la vida real de las personas, de casi todas las clases sociales.

Yo creo que ahí Rovirosa y los fundadores de la HOAC tenían una mirada profética. Devuélvenos esa mirada, Señor. Que tenga su centro en Ti, pero pidiéndoTe que comprendamos que todas las cosas tienen que ver contigo. Todas las cosas. Igual que decía que el proyecto del neoliberalismo es hacer un tipo humano en el que todas las relaciones sean comerciales, pues, para nosotros, todas las cosas tienen que ver con Cristo, y Cristo es la plenitud de todas las cosas y la luz que ilumina todas las cosas. De ahí, de Cristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre, puede siempre nacer un mundo nuevo. Aunque sea un embrión, aunque sea muy chiquitito. Las cosas nacen chiquititas siempre. No hay que aspirar a los números, no hay que aspirar a lo grande, hay que aspirar a la verdad.

Que el Señor nos lo conceda a todos. Nos lo conceda a nuestra Iglesia de Granada. Hoy se celebra el Día de la Iglesia Diocesana. La Iglesia Diocesana es la realización de la Iglesia universal en un lugar determinado, estando a la cabeza un sucesor de los apóstoles.

Que el Señor conceda a nuestra Iglesia ser ese signo significativo, expresivo, del amor infinito de Dios en este mundo nuestro, tan perdido, tan confuso, tan desorientado, tan enfermo.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de noviembre de 2021
Parroquia Santa María Micaela (Granada)

Volver a Galilea. Una propuesta para reactivar la misión en las parroquias

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Este curso ha comenzado a implementarse en distintos lugares, la inicitiva pastoral: Volver a Galilea. Alejandro Abrante y Alejandra Hernández, están recorriendo distintas comunidades parroquiales de la diócesis para ir realizando esta experiencia que puede ir dirigida a los propios agentes de pastoral, pero también a otros adultos que estén dispuestos a acoger esta acción pastoral, destinada a tener o renovar un encuentro personal con Jesucristo y a seguirlo desde la integración en la vida y misión de la parroquia.

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Renovado el Consejo Diocesano de Pastoral, el cual realizó un taller sobre la sinodalidad

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El sábado seis de noviembre quedaba constituido el renovado Consejo Diocesano de Pastoral. Después de la oración el obispo hizo una reflexión sobre el discernimiento y el servicio que presta este importante organismo diocesano. A continuación se realizó la propia constitución del Consejo con la elección de su Comisión Permanente que estará formada por: En representación del laicado fueron elegidos: Olga María Alegre, Christian Machado, Jesús Alberto González, Luisa María González y María Ángeles Aguiar . De la vida religiosa , la Hermana Claudia Rincón  y de los sacerdote, Juan Antonio Guedes.

A continuación los representantes de la Comisión Diocesana para el Sínodo expusieron las líneas generales de la fase diocesana del Sínodo, sobre todo focalizando el encuentro que ha de tener cada consejo pastoral parroquial. Utilizando la metodología de un taller, la delegada de apostolado seglar, María Cecilia  Cruz, fue acompañando el trabajo por grupos a partir de la realización de un puzzle que permitió ir realizando juntos un proceso de escucha y diálogo con los distintos miembros del Consejo de Pastoral.

Por otra parte, el obispo pidió a los miembros del CDP que realizarán una reflexión personal sobre lo que se nos pide en el Sínodo sobre la Sinodalidad que sirva, junto con el de los consejos parroquiales,  como trabajo previo para la próxima plenaria a tener el venidero 12 de marzo.

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LA IGLESIA, FAMILIA CONTIGO QUE NECESITAMOS

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Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana es ocasión propicia para procurarnos una más clara conciencia de la identidad de la Iglesia diocesana, lograr una identificación con ella más ajustada a su realidad tanto social como espiritual. En ella nos hallamos insertos, porque todos los bautizados en nuestra Iglesia particular somos parte de la misma y por medio de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana formamos parte de la Iglesia universal. Podemos preguntarnos cómo puede ser, y así recibir del magisterio de la Iglesia la respuesta que nos es necesario conocer.

La Iglesia para la salvación del mundo en Cristo

La jornada dedicada a la Iglesia diocesana tiene, en primer lugar, que ayudar a todos los bautizados a lograr una más clara inteligencia del misterio de la Iglesia. Es preciso detenernos en ello. El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios, porque en verdad Dios ha amado incondicionalmente al mundo y este amor de Dios por la humanidad salida de sus manos es el contenido del anuncio del Evangelio de Cristo llevado al mundo entero por los Apóstoles.  Dios Padre envió a su Hijo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17), porque no es la punición o el castigo del hombre pecador desde el comienzo de su existencia el objetivo pretendido por Dios al enviar a su Hijo al mundo, sino la salvación del mundo mediante el conocimiento de la verdad, cuyo contenido es el amor divino (cf. 1Tm 2,4→Ez 18,23). En el conocimiento de Dios consiste la vida eterna y la Iglesia existe para dar a conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hemos conocido la revelación de Dios (cf. Jn 8, 32; 17,3).

El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios

Este objetivo del designio de Dios que incluye como realidad sustantiva la carne del Hijo de Dios fue considerado razón del ser de la encarnación desde el Nuevo Testamento a la teología de los santos Padres y, posteriormente a los grandes teólogos del Medievo, cuyo pensamiento ha perdurado como el más influyente en las corrientes teológicas posteriores. La encarnación mira a la redención del género humano, cuyo misterio se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado, como enseña el II Concilio del Vaticano al referirse a Cristo como nuevo Adán, siguiendo la teología bíblica de san Pablo, que afirma cómo «Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[1].

No todas las corrientes teológicas responden a esta visión de la razón de la encarnación en el designio divino para el mundo, planteándose la cuestión hipotética de si no se habría producido igualmente la encarnación, si el hombre no hubiera pecado, pero no podemos entrar en esta carta en la descripción de unas y otras corrientes teológicas que han llegado a la teología contemporánea. De hecho, en cierta medida, la misma Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes orienta la comprensión del dinamismo de la historia de la salvación, y lo hace sobre la base de una antropología cristiana que supone la encarnación del Verbo. Baste esta breve introducción sobre la finalidad salvífica de la Iglesia, que nos ayude a mejor situar la enseñanza conciliar sobre la Iglesia diocesana. 

La realidad de la Iglesia diocesana y su mediación en la misión de la Iglesia universal

El último Concilio nos recuerda lo sustancial en una definición de la Iglesia diocesana que es necesario tener siempre presente: «La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, y por él congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»[2].

La Iglesia diocesana es una Iglesia particular que en la gran comunión católica es porción del pueblo de Dios. No es todo el tejido social de la Iglesia universal, pero el entero misterio de salvación que constituye la Iglesia universal está presente en ella, y por la predicación del Evangelio y de la Eucaristía realiza su esencia o identidad propia. Más aún, todos los bautizados estamos insertos y formando parte de la Iglesia universal como miembros del cuerpo místico de Cristo, en tanto que miembros de nuestra Iglesia diocesana que podemos identificar también como nuestra «Iglesia de origen». De hecho lo solemos hace así, refiriéndonos al cuerpo social diocesano, por cuyo medio somos integrados en el cuerpo místico de Cristo, es decir en la Iglesia universal.

Dicho de esta manera, el día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo. En cada Iglesia particular no hay más que un obispo, aunque el obispo diocesano pueda contar con la ayuda de uno o varios obispos auxiliares o con la ayuda de un obispo coadjutor, los cuales pueden tener encomendadas diversas funciones de régimen, sin que de hecho puedan sustituirlo, sino coadyuvar a su ministerio episcopal según lo determina en diversas circunstancias la ley universal de la Iglesia.

El día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo.

Todos los diocesanos han de tener una idea clara de su propia Iglesia particular, presidida por el obispo, que cuenta con la colaboración de su presbiterio y la de los diáconos permanentes, que auxilian al obispo y a los presbíteros. Con todo la Iglesia está constituida fundamentalmente por los laicos, dotados de su propio carisma o don y misión en la Iglesia como testigos de Cristo en el mundo, en una sociedad hoy compleja y plural, en la cual Cristo ha querido que su Iglesia sea sacramento de salvación para el mundo, prolongando en ella su propia humanidad. El pueblo de Dios está formando por los fieles cristianos laicos a cuyo servicio están los pastores, es asimismo un cuerpo social en el cual hay seglares, que son la mayoría, religiosos y religiosas, y miembros de sociedades apostólicas formadas por varones y mujeres de vida consagrada en sus diversas formas. Todos tenemos en la Iglesia nuestra propia identidad y cometido, siendo todos necesarios para que la funcionalidad del cuerpo resulte útil tanto a la común misión de todos en la Iglesia, que es anunciar y dar testimonio de Cristo, como para que mutua y recíproca relación de unos a otros, el servicio de unos sea complementario al servicio de los otros. En este sentido conviene tener siempre presente el comentario de san Pablo a la siempre posible rivalidad entre los miembros de la Iglesia. Dice el Apóstol de las gentes en la primera carta a los Corintios que del mismo modo que «los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1Cor 12,12); y continúa en el mismo lugar diciendo que, así como el cuerpo no se compone de un solo miembro, tampoco el cuerpo de místico de Cristo puede constar de un solo miembro, de tal suerte que si dijera cada uno de los miembros que no forma parte del cuerpo porque el ojo no es el oído ni ninguno de los dos el olfato, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por eso concluye añadiendo que muchos son los miembros, mas uno el cuerpo: «Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo» (1Cor 12,27).

Es muy necesario que, en una jornada de reflexión sobre la realidad y misión de la Iglesia diocesana, paremos mientes en el misterio de la Iglesia, de la cual el Concilio afirmaba que «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano»[3]. De nuestra identificación con la Iglesia diocesana de la que formamos parte, en la cual vivimos nuestra inserción y pertenencia a la única Iglesia de Cristo, es decir, a la Iglesia universal, que es una, santa, católica y apostólica, depende en la mayor medida que hagamos propia la misión de la Iglesia en el mundo y cumplamos con nuestro cometido propio según nuestro estado y condición eclesial.

Ayudar a la autofinanciación de la Iglesia como resultado de una conciencia clara de su verdad y su misión en el mundo

No sería una opción acertada hacer de la jornada dedicada a la Iglesia diocesana ocasión para una cuestación movida sólo por el interés por acrecentar la autofinanciación como objetivo prioritario, por muy necesitada que una Iglesia diocesana esté de contar con medios materiales para mantenerse como cuerpo social y cumplir su misión. ¿Qué tenían los Apóstoles cuando Cristo los envío a anunciar el Evangelio? ¿Cuál fue el equipaje que les propuso en el discurso apostólico que nos ha dejado san Mateo recogido en el célebre capítulo diez de su evangelio? Ni plata, ni oro, ni cobre, ni alforja, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, «porque el obrero merece su sustento» (Mt 10,10). Naturalmente, la Iglesia necesita su sustento, pero no podemos vender la libertad del Evangelio al sustento calculado y consensuado con el poder de este mundo, porque dejaríamos de ser la Iglesia de Cristo. Es difícil la autofinanciación de la Iglesia en una sociedad descreída y acosada por la manipulación de una imagen de la misma desfigurada por sus propios enemigos: el materialismo rampante y las ideologías viejas y nuevas que se han convertido en savia nutriente del hombre gregario de nuestros días, a pesar de que quienes orientan la opinión pública le hacen creer que es más libre que nunca.

Ni menos aún tratar de motivar la cuestación en favor de la Iglesia por las muchas obras de caridad y beneficio social que de ellas se sigue, porque la Iglesia hace indudablemente mucho bien. Debemos darlo a conocer, respondiendo así a los críticos que nos dicen que el bien que hacemos no sabemos publicitarlo. Ahora bien, apoyar nuestra campaña en el bien que hacemos hemos de hacerlo, sí, pero afrontando cuanto de verdad hay en las críticas que los cristianos de hoy recibimos, aunque a veces cuesta ponerse a ello. Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación. Si no se tuviera presente en este día el objetivo prioritario de la Iglesia, que existe para la misión que Cristo le confió, imperando mediante mandato llevarla a cabo con palabras inequívocas: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a). Mandato que se completa con la promesa de que la Iglesia contará siempre con la presencia en ella de su Señor: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20b). Es la promesa que adelantó Jesús a Pedro, afianzando a los Apóstoles en la certeza de la fe en la consistencia de la Iglesia al declarar proféticamente que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18). Jesús exhorta a los discípulos a afrontar con fortaleza cualesquiera situaciones adversas que la sociedad de cada tiempo plantea a la Iglesia, pidiéndoles que no pierdan de vista la orientación escatológica, es decir, la orientación a la consumación final del reino de Dios que Jesús proclamó llamando a la conversión. Jesús les advierte que Dios Padre conoce las necesidades que tienen y de qué carecen; y, aun así, les propone como prioridad el reino: «Buscad, más bien, el reino y lo demás se os dará por añadidura», exhortándoles a la confianza plena en Dios providente: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (Lc 12,31-32).

Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación.

Hemos de afrontar esta campaña con claridad sobre la prioridad misionera de la Iglesia y os llamo a todos a poner cada uno d su parte lo que juzgue necesario para sostener la Iglesia diocesana y, sin duda, teniendo en cuenta que hemos de hacerlo con una mentalidad moderna, acomodando nuestro modo de proceder a la legislación vigente en una sociedad fiscalizada y moderna. Una cosa no quita la otra, no podemos dejar de orientarnos por los principios constitutivos de la Iglesia, que se levanta sobre el designio de Dios de contar con ella como obra de Cristo para la salvación del mundo. Dios en su designio para el mundo ha querido que la salvación pase por la misión de la Iglesia. Es lo que nos proponíamos hacer valer con el Plan pastoral diocesano 2019-2023 «Ser Iglesia en conversión misionera», siguiendo las orientaciones del Papa Francisco con motivo del centenario de la carta apostólica sobre las misiones Maximum illud (1919) de Benedicto XV. Ahora la preparación del próximo Sínodo de los Obispos en 2023 ha venido a enriquecer el plan pastoral y prolongar en la reflexión que hemos emprendido como preparación a su desarrollo. La Iglesia nos propone una amplia reflexión participada orgánicamente por cuantos han de llevar adelante la representación de los distintos sectores del pueblo de Dios sobre la sinodalidad de la Iglesia, es decir, sobre la corresponsabilidad de todos en la misión de la Iglesia. Una primera fase de carácter diocesano que se había previsto terminara en abril, pero que recientemente la Secretaría General del Sínodo ha decidido alargar hasta el 15 de agosto próximo como fecha límite para que las Conferencias Episcopales entreguen la síntesis de las Iglesias diocesanas.

Sostener a la Iglesia hoy

Un planteamiento moderno de la financiación de la Iglesia exige una transparencia real y no sólo fingida o convencionalmente condicionada por intereses eventuales. No bastan las proclamas de transparencia sin hechos objetivos que la avalen. Se hace preciso informar de qué modo la ayuda que los fieles proporcionan contribuye a dotar a la Iglesia diocesana de los medios que necesita para su mantenimiento. En esta tarea siempre es importante combinar el sostenimiento del culto y del clero con la caridad y la obra educativa y social de diverso género que la Iglesia desarrolla y que va desde la ayuda a los marginados y más necesitados a las tareas de alcance cultural. Hemos de decir que tiene la mayor importancia contar con una financiación digna del clero y cuantos colaboran con la labor de la Iglesia en los diversos campos de su presencia social, desde profesionales cualificados a auxiliares a su servicio. Por lo que se refiere a la partida de específica de «culto y clero», hay que convenir que es modesta y que requiere que los fieles la completen en las parroquias particularmente y en los diversos servicios que con profesionalidad asumen asimismo los sacerdotes en determinados casos. Sostener al clero es importante objetivo en la financiación de la Iglesia, porque sin el subsidio   de los ministros del Evangelio sería difícil cumplir con el mandato del Señor. Sostener la economía de Curia, la administración pastoral y contribuir al mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia, con su propia finalidad y puesto al servicio de la sociedad, regulado conforme a la normativa vigente canónica y civil.

Ninguna de estos cometidos tiene que contraponerse a la caridad y la acción social de la Iglesia, para la cual la Iglesia cuenta con recursos e ingresos destinados por los fieles a tal fin y que forman parte de los ingresos de la Iglesia diocesana, que deben contabilizarse como tales; como también forman parte de estos ingresos las colectas que se destinan a fines diocesanos y las que se destinan a fines de la Iglesia universal, así como las subvenciones de las instituciones y fundaciones. La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana. Estas cuentas se han visto por desgracia afectadas por las sucesivas crisis, la de 2008 y la pandemia del Covid-19, que no cesa y tanto ha retraído la acción comunitaria de la Iglesia, afectando gravemente a la práctica religiosa. Los balances de los centros educativos y la explotación del patrimonio de la Iglesia, así como las tasas de Curia y del Tribunal eclesiástico son ingresos reales de la Iglesia diocesana, que están al servicio de los gastos que la misión de la Iglesia y su mantenimiento como estructura social, la conservación de su patrimonio histórico cultural, la caridad cristiana y la acción social generan. La economía a diocesana no se apoya sólo en la entidad del Obispado, sino en todas las entidades que forman orgánicamente la estructura económica unitaria de la diócesis. Estas entidades operan de modo solidario como sucede con los vasos comunicantes, y los beneficios de unas entidades cubren las carencias de otras. Es el conjunto el que responde de la economía diocesana.

La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana.

La Iglesia diocesana de Almería ha realizado un gran esfuerzo en las dos últimas décadas para remozar sus obsoletas estructuras y crear algunas nuevas. Son de valorar las ayudas que algunas instituciones civiles han puesto a su disposición, pero el mayor esfuerzo ha recaído sobre los fieles y los recursos modestos de nuestra Iglesia, de su Obispado y de sus parroquias. A todos cuantos simpatizan con el mensaje de la Iglesia y valoran su alcance moral y, en particular, a los fieles cristianos hemos de manifestar agradecimiento, al mismo tiempo que les decimos que no dejen de ayudarnos a ser lo que somos, como reza el lema de este la campaña de este año, porque esta ayuda, por modesta que sea, contribuye a que seamos una gran familia de fe cristiana.

La Iglesia, familia de los hijos e Dios, quiere ofrecer la riqueza superior a todas las riquezas de este mundo que mueven a los seres humanos. La Iglesia quiere ofrecer a todos el servicio del Evangelio, para que la buena noticia de la salvación que Cristo ha traído lleve a la sociedad de nuestro tiempo la esperanza en el futuro que sólo Dios garantiza al hombre, que vive en este mundo con sus anhelos y dificultades, sus gozos y esperanzas, pero también tristezas y angustias que, como lo acredita la historia de la humanidad, requieren el remedio poderoso de la solidaridad fraterna que se sostiene en la paternidad común de Dios.

Con todo afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes, Obispo de Almería

Almería, a 7 de noviembre de 2021

+ Adolfo González Montes

Obispo de Almería

[1] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 22; cf. Rm 5,12-20.

[2] Vaticano II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia Christus Dominus, n. 11.

[3] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1.

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Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

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Domingo 7 de noviembre: Día de la Iglesia Diocesana

 

Con el lema “Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo” la Iglesia celebra, el 7 de noviembre, el Día de la Iglesia Diocesana. Se trata de una jornada importante, que quiere ayudar a concienciar sobre la realidad de la Iglesia, lo que es, lo que hace, su misión, sus proyectos… También es un día para colaborar con el sostenimiento de la propia Iglesia diocesana. En todas las parroquias habrá colectas este fin de semana y el que viene para ayudar, con nuestro donativo, a que la Iglesia pueda realizar su labor en el día a día.

Muchas de las actividades que realiza la Iglesia tienen que ver con el culto, la administración de Sacramentos, catequesis,… pero no todas. Otras muchas acciones de la Iglesia tienen una dimensión social, ayudando a los más necesitados, promoviendo formación y hasta la búsqueda de empleo, dando alimentos, ropa,… Otras actividades tienen una dimensión cultural, educando a chicos y chicas en colegios y universidades, manteniendo templos, cultivando la música y otras manifestaciones artísticas,… La labor de la Iglesia es múltiple y se hace presente en todos los sectores de la sociedad. Y este Día de la Iglesia Diocesana quiere a ayudar a que notemos la presencia de la Iglesia en todos esos sectores para que valoremos la aportación que hace a la sociedad, llevando un mensaje de amor y de esperanza.

Sobre lo que hace la Iglesia en la diócesis de Guadix, el obispado accitano ha editado un folleto en el que se indican los ingresos y gastos de la diócesis, y en qué se han invertido. Se puede ver aquí. Se actúa así con transparencia, rindiendo cuentas y animando a todos a que nos sintamos corresponsables de nuestra Iglesia diocesana.

Carta del obispo

El obispo de Guadix, Mons. Francisco Jesús Orozco, ha escrito una carta a los diocesanos en la que habla de este Día de la Iglesia Diocesana, de la labor que realiza la Iglesia en todos los ambientes y de la necesidad de que todos colaboraremos para que eso que hace se pueda seguir haciendo.

Dice Mons. Orozco que “somos conscientes de la situación socio-económica de nuestro territorio, claro ejemplo de la `España vaciada´. Por eso, cualquier gesto a lo largo del año o en el domingo de la Iglesia diocesana, vale mucho más. La Diócesis necesita el apoyo de sus fieles, y lo tiene. Necesitamos sacerdotes, consagrados, voluntarios para Cáritas, catequistas para la transmisión de la fe a todos los niveles, personas que con su compromiso en las parroquias, grupos e instituciones eclesiales, sigan mostrando la belleza de la Iglesia que sirve gratuitamente a todos y hace el bien en cada rincón diocesano. Ahí tenemos la labor de Caritas y de tantos buenos cristianos, que durante esta pandemia, han llegado a tantas y tantas personas que lo han pasado y lo siguen pasando mal. Todo esto no hubiera sido posible sin vuestra colaboración, “Somos lo que tú nos ayudas a ser”.

También habla de cómo podemos colaborar económicamente con la Iglesia: “la iglesia, la diócesis, pide vuestra colaboración económica, que se expresa en vuestra generosidad en las aportaciones de las colectas, los donativos que realizáis en vuestras parroquias o a través de la página web www.donoamiiglesia.es , en vuestras aportaciones periódicas, marcando la X a favor de la Iglesia y de otros fines sociales en la declaración de la renta, legando a la iglesia parte de vuestro patrimonio”.

Y recuerda que la Iglesia trabaja siempre con transparencia, rindiendo cuentas, “todo para que la sociedad sepa quiénes somos, qué hacemos y cómo lo llevamos a cabo de forma totalmente transparente”.

Se puede consultar la Carta Pastoral del obispo para el Día de la Iglesia Diocesana aquí.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Diócesis de Guadix

Gastos 2021

Gastos 2021

Actividad Iglesia dicoesana 1

Actividad Iglesia dicoesana 2

Actividad Iglesia dicoesana 3

Actividad Iglesia dicoesana 4

 

 

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Las hermandades de la ciudad inauguran la exposición “Arte y Cofradías en Córdoba”

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La cita acoge en la Catedral de Córdoba una gran selección del patrimonio sacro local

La Agrupación de Cofradías de la Ciudad de Córdoba inauguró el viernes, 5 de noviembre, la gran exposición de Semana Santa que bajo el título “Arte y Cofradías en Córdoba”  se encuentra ubicada en la ampliación de Almanzor de la Santa Iglesia Catedral durante el mes de noviembre. Una muestra que cuenta con el apoyo financiero de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de la Junta de Andalucía.

La muestra, que se prolongará hasta el día 28, reúne cerca de 100 piezas de orfebrería, bordados, imaginería, documentos, pinturas, mantos, grupos escultóricos y palios completos. Un ejemplo del arte de cofradías de Córdoba hecho en y fuera de Córdoba, que servirá también para impulsar la labor de los artistas locales.

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La Diócesis ya tiene nueva sede para el Seminario Diocesano

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Esta mañana ha tenido lugar en el nuevo Seminario Diocesano su bendición y Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés.

La Diócesis ha vivido hoy una jornada histórica y llena de alegría, por fin se veía materializado la inauguración del nuevo Seminario Diocesano, ubicado en el antiguo Monasterio de Madre de Dios. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, la capilla del Seminario Diocesano San Juan Ávila acogido una Eucaristía presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, quien además ha bendecido las nuevas instalaciones y ha reconocido a distintas entidades como las Hermanas Dominicas, la Fundación Jaime González Gordon y el Colegio Montaigne de Jerez, por su ayuda durante estos 36 años de vida que tiene el corazón de la Iglesia Asidonense tras su creación el 7 de octubre de 1985.

Homilía de Monseñor Rico Pavés:

En esta celebración el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha recordado que “el Seminario es el corazón de la Diócesis, la vitalidad de la vida diocesana en gran medida se mide a partir de la vida que encontramos no entre unas paredes sino en una comunidad de aquellos que habiendo escuchado la llamada del Señor han contestado con generosidad poniendo su confianza en la Iglesia para que sean formados y lleguen un día a ser sacerdotes”. Asimismo, ha agradecido a todas las personas, entidades que han hecho posible que hoy inauguremos el Seminario, entre los que ha recordado a Monseñor Mazuelos Pérez, las Hermanas Dominicas o la Fundación Jaime González Gordon.

Por otro lado, el prelado ha subrayado que los sacerdotes deben ser amor del corazón de Cristo por ello su formación debe salir “de las entrañas purísimas de María por obra del Espíritu Santo” y por lo tanto marcado por el amor de la Virgen. Igualmente, Monseñor José Rico Pavés ha mencionado que tampoco podemos olvidar la importancia de Sacramento del Altar y dejarnos moldear por Él recordando la frase del Concilio Vaticano II, “la Eucaristía es la fuente y la cima de la vida cristiana”.

“No dejemos de tener en nuestra memoria aquellos que entregaron su vida por amor a Cristo, que al odio reaccionaron amando, que murieron perdonando, porque el amor que el Señor nos regala en el Altar es de esta calidad”, con estas palabras Mons. Rico Pavés ha recordado a los mártires del siglo XX en España que la liturgia recuerda hoy.

Bendición del nuevo Seminario Diocesano y reconocimientos a distintas entidades que han ayudado desde su creación a la casa de las vocaciones

Por último, tras la finalización de la Eucaristía el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha bendecido la nueva casa donde estarán los futuros sacerdotes que se encargarán de las labores pastorales de la Iglesia Asidonense. Asimismo, se ha hecho entrega simbólica a 3 nuevos seminaristas del alba que utilizarán a partir de ahora en las distintas celebraciones, además de llevar a acabo la profesión de fe de los distintos profesores de los dos institutos teológicos de la Diócesis.

Recordar que durante esta semana Monseñor Rico Pavés visitó y celebró la Eucaristía junto a los seminaristas que realizaron ejercicios espirituales. Asimismo, esta tarde en la Santa Iglesia Catedral el prelado presidirá la Santa Misa con motivo del aniversario del Colegio de Montealto de Jerez de la Frontera.

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Mons. Saiz: “La conversión personal profunda y la renovación de la vida es lo que pide el Señor al término de su Misión”

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Mons. Saiz: “La conversión personal profunda y la renovación de la vida es lo que pide el Señor al término de su Misión”

La mañana de este sábado, la Catedral hispalense acogió la ceremonia de acción de gracias por la misión evangelizadora que protagonizó Jesús del Gran Poder, durante 21 días en las parroquias de los Tres Barrios. La Eucaristía, presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, tuvo lugar en el Altar del Jubileo, frente a la talla incomparable de Juan de Mesa, “la representación más sublime de Jesucristo”.

“La conversión personal profunda, una renovación de la vida, es lo que pide el Señor de nosotros, al término de su misión”, refirió el arzobispo durante su homilía. “Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado”.

Tiempo de gracia 

“El Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría (…) Nosotros hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos”, expresó mons. Saiz.

El acontecimiento histórico que supuso para la ciudad, la visita de la imagen de Jesús del Gran Poder, a propósito del IV centenario de su hechura, “de nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes”.

A la Eucaristía han acudido monseñor Carlos Amigo, cardenal arzobispo emérito, Teodoro León, vicario general, miembros del Cabildo Metropolitano; sacerdotes y diáconos; autoridades civiles, académicas y militares, miembros de la vida consagrada y fieles laicos; miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, miembros de las hermandades y cofradías.

Salvación y fidelidad

D. José Ángel ha invitado a todo el pueblo de Dios, “a contemplar el rostro del Señor, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre”.

De esta manera, “su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora”. El Señor del Gran Poder pide colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, “para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor”.

Ha llamado también a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. “En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza”.

Mons. Saiz Meneses, ante una concurrida asamblea, expresó nuevamente que esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Por ese motivo, “es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría”.

400 aniversario de la hechura de la talla

Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, para ese entonces, hermano mayor, expuso la idea a monseñor Juan José Asenjo, a la sazón arzobispo hispalense, “que la recibió con entusiasmo”. Sin embargo, la pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo hermano mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo arzobispo.

Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla

Ahora bien, recordemos, – dijo mons. Saiz- en primer lugar, que la Misión de Jesús es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos”. Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad.

“Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre”, reflexionó.

El Señor, quiere, por tanto, “una renovación de la sociedad”. El Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano? Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo”. Finalmente, dijo el arzobispo de Sevilla, que el Señor nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos.

Pidamos, por tanto,  “la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra”.

 

 

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Homilía de mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa por la Misión del Gran Poder 

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Homilía de mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa por la Misión del Gran Poder 

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la Santa Misa de acción de gracias por la Misión del Gran Poder. 

Catedral de Sevilla, 6 de noviembre de 2021

«Quiero recordar la misericordia del Señor, las alabanzas del Señor: todo lo que hizo por nosotros el Señor, sus muchos beneficios a la casa de Israel, que llevó a cabo con compasión, y su gran misericordia» (Is 63, 7). Dios hace maravillas en la historia de los hombres. Es omnipotente y misericordioso, es refugio del oprimido, y no olvida el grito de los pobres. Cuando liberó al pueblo de Israel, las naciones descubrieron las obras grandes que Dios había realizado a favor de su pueblo, e Israel, que había sido agraciado por la acción divina, lo reconoce con agradecimiento y alegría. Nosotros también hemos experimentado la acción de Dios, de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder, a lo largo de esta Misión evangelizadora que acabará esta noche, y que está siendo un Kairós, un tiempo de gracia y salvación para todos.

Un saludo cordial a don Carlos, Cardenal Arzobispo emérito, al Vicario general y Deán, al Cabildo Metropolitano; a los sacerdotes y diáconos; a las autoridades presentes; a los miembros de la vida consagrada y a todos los fieles laicos; a los miembros de parroquias, movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales, de instituciones caritativas y sociales, a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo en especial al Hermano Mayor, Junta de Gobierno y a todos los hermanos del Gran Poder. Saludo a todos los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación.

Queridos hermanos y hermanas, esta Misión nos ayuda a recordar que el Señor nos ha ido salvando y protegiendo en los momentos difíciles de nuestra vida, y nos sigue sosteniendo con su gracia y amor. Es importante que sepamos valorar las cosas buenas y positivas que hay en nuestra existencia. Si nos fijamos solamente en los problemas y dificultades, no podremos percibir todo lo bueno y bello que viene del Señor. Esta memoria agradecida nos da fuerza y luz para cuando llegan las horas oscuras. Porque Dios nos ama y sigue haciendo obras grandes, y está presente entre nosotros; porque el Señor del Gran Poder ha venido a visitarnos, y eso nos llena de alegría.

Con ocasión del 400 aniversario de la hechura de la talla del Señor del Gran Poder, nació la idea de realizar una Santa Misión en Tres Barrios-Amate. Félix Ríos, Hermano Mayor, expuso la idea a don Juan José Asenjo, a la sazón Arzobispo hispalense, que la recibió con entusiasmo. La pandemia impidió llevarla a cabo el año 2020, pero gracias a Dios, se ha podido llevar a cumplimiento en el presente año por iniciativa del nuevo Hermano Mayor, Ignacio Soro, y los párrocos de las parroquias de la Blanca Paloma, Nuestra Señora de la Candelaria y Santa Teresa, con el aliento del nuevo Arzobispo. La Santa Misión comenzó el día 16 de octubre y se ha desarrollado en las parroquias y los barrios hasta anoche, que vino a la Iglesia Madre, la Catedral. Esta tarde, Nuestro Padre Jesús del Gran Poder regresará a su basílica.

Una Santa Misión evangelizadora en la periferia de Sevilla. Ahora bien, recordemos, en primer lugar, cuál es exactamente la Misión de Jesús Su Misión es cumplir la voluntad del Padre, llevar a cabo la obra de la salvación de los hombres. Él “no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos” (Mc 10, 45). Para esto ha ido el Gran Poder a los Tres Barrios-Amate y ha recorrido tantas calles y plazas de nuestra ciudad. Quien ha visto a Cristo, ha visto al Padre, porque Dios nos ha manifestado su rostro, se ha hecho visible en Jesucristo. Él inaugura de un modo nuevo la presencia de Dios en la historia, y nos muestra el rostro de Dios. Es la respuesta a los grandes interrogantes y aspiraciones del hombre.

Esta mañana, en nuestra Catedral, contemplamos una vez más la talla incomparable de Juan de Mesa, la representación más sublime de Jesucristo. Nos preguntamos cuál es el mensaje final del Señor, qué quiere de nosotros después de esta misión evangelizadora por las calles, por las plazas, por los barrios de Sevilla. No lo dudemos, hermanos, lo que quiere de nosotros es una conversión personal profunda, una renovación de la vida, porque Él ha de ser el centro al que subordinamos todos los demás elementos: familia, trabajo, ambiente, aficiones, compromiso político, voluntariado.

También quiere una renovación de la sociedad. El Señor del Gran Poder nos pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”. Hay pecados contra el amor al prójimo o contra la justicia en las relaciones interpersonales, contra los derechos de la persona humana, ya sea contra la vida, la libertad, la dignidad y el honor del prójimo. Es social todo pecado contra el bien común y sus exigencias, dentro del panorama de los derechos y deberes de los ciudadanos. Puede ser social el pecado de obra u omisión por parte de los dirigentes de todos los ámbitos que no se empeñen en la transformación de la sociedad según las exigencias y las posibilidades del momento histórico que nos toca vivir.

El Señor del Gran Poder nos llama a colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor. Nos llama a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad, en la familia, en el trabajo, en el barrio, en la ciudad, en la diócesis. En mis primeros días como pastor diocesano visité algunos de los barrios más pobres de nuestra ciudad, pero constaté también el trabajo que llevan a cabo muchas entidades, unas de Iglesia y otras laicas, una labor extraordinaria llena de esperanza.

Queridos hermanos: esta misión pasará, sin duda, a la gran historia de nuestra ciudad de Sevilla. De nosotros depende que se quede en un bello recuerdo sin apenas influencia transformadora o que marque un antes y un después en el corazón de las personas y de nuestras organizaciones y entidades, así como de las administraciones; una transformación que pueda generar soluciones concretas para resolver las problemáticas más acuciantes. Por eso os invito a contemplar a Nuestro Padre Jesús del Gran Poder. Es una invitación a contemplar su rostro, que es todo amor y misericordia; a contemplar su paso firme, con zancada larga hacia el Calvario, donde dará su vida en la cruz por la salvación de todos; a contemplar sus manos grandes, que sujetan la cruz con firmeza, porque quiere ser fiel hasta el final a la voluntad del Padre. Su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora.El Señor del Gran Poder nos llama a ser agradecidos, a perdonar, a amar a los demás, a trabajar por nuestros hermanos más desfavorecidos. Pidamos hoy la gracia de vivir muy unidos a Él, de experimentar su amor, su amistad, y de participar en su Misión. Su Misión continúa en Sevilla, y hoy nos llama de un modo particular a participar en ella. Con su gracia seremos capaces, de la mano de María Santísima, nuestra Madre y maestra. Así sea.

 

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

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Agradecimiento al clero de Mons. José Mazuelos Pérez

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Agradecimiento al clero de Mons. José Mazuelos, en la que hace balance de su primer año episcopal en esta Diócesis de Canarias

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