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La diócesis, pueblo de Dios que quiere abrazar el mundo

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El día 7 de noviembre es el Día de la Iglesia Diocesana, un día para recordar que no vivimos la fe en solitario, sino que juntos –entre nosotros y con el Señor que camina a nuestro lado—, en familia, logramos mantener las parroquias y comunidades vivas y activas.  Esto nos da la oportunidad de recordar la belleza y la grandeza de la Iglesia universal porque en ella ha querido quedarse y hacerse presente Dios, nos ha unido íntimamente a Él y permanentemente nos ofrece su Espíritu, por el que nos regala su gracia y nos fortalece. La Iglesia no es una simple institución humana, como otra cualquiera, sino que está estrechamente unida a Dios. No se puede separar a Cristo de la Iglesia. Cada diócesis, hace así presente la familia de los hijos de Dios y se ofrece a los demás como el pueblo de Dios que quiere abrazar al mundo.

En cada parroquia nacemos a la fe y en ella descubrimos que somos una familia dentro de otra gran familia, la de los hijos de Dios. Hoy recordamos lo importante que es poner lo que somos al servicio de los demás. «Somos lo que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo», un lema que recuerda que juntos, como familia, logramos una parroquia activa que responde a la llamada de Dios. La fe es fuerza que une. No se puede creer en solitario, solo es posible en la comunión de la Iglesia. “La Iglesia, por medio del anuncio de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el ejercicio de la caridad, desea suscitar en el corazón de los cristianos la alegría del evangelio” (Iglesia en misión al servicio de nuestro pueblo. Plan Pastoral de la Conferencia Episcopal Española (2016-2020). El amor de Dios nos puede transformar personalmente y nos hace transformar el mundo con paciencia, haciendo el bien. Seguir a Jesús en la fe es caminar con Él en la comunión de la Iglesia. No podemos seguirle en solitario.

En España, la Iglesia está presente a través de 70 diócesis presididas por un obispo o arzobispo. A estas diócesis pertenecen actualmente las 22.993 parroquias que son atendidas por 16.960 sacerdotes, junto con otras realidades diocesanas. Las Órdenes y congregaciones religiosas, sus casas, los monasterios y el resto de formas de vida consagrada, junto con las más de 13.443 entidades religiosas inscritas en el Registro de entidades religiosas (cofradías, hermandades, asociaciones, fundaciones, movimientos …) completan el mapa de las realidades de la Iglesia en España. Una Iglesia que formamos los millones de católicos que contribuimos con nuestro testimonio, dedicación y trabajo a hacer presente el mensaje del evangelio en la sociedad.

Juntos somos Iglesia Diocesana, poniendo todo lo que somos al servicio de los otros y colaborando juntos llevamos a cabo la labor de la Iglesia. Juntos logramos que una parroquia sea viva, comprometida, apasionada por Jesucristo y entregada a los demás. Esta campaña también nos pide colaborar para hacer nuestras parroquias más comprometidas, más cercanas, porque unidos entre nosotros y con Dios, como nos pide el Papa Francisco al inicio del sínodo diocesano, escuchando la voz de Dios, seremos sus testigos y llegamos a todos. Ciertamente esto cuenta con la participación, en la que cada uno aporta según sus posibilidades y sus circunstancias: con tu tiempo, con tus cualidades, con tu oración, con un donativo. Se trata de poner lo que somos al servicio de los otros y en la Iglesia.

La Iglesia es una comunidad siempre en camino. La razón de su existir es que podamos conocer y llegar a Dios, y cuenta contigo. Cada uno se debe preguntar ¿cómo puedo yo ayudar? Seamos corresponsables de la labor de la Iglesia y de su sostenimiento. Demos hoy la respuesta que exige este momento histórico para fortalecer nuestra fe, nuestras instituciones,  nuestra comunicación cristiana de bienes, para mostrar la caridad que nos define como discípulos del Señor.

+ Rafael Zornoza
Obispo de Cádiz y Ceuta

La Iglesia, familia contigo que necesitamos

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Carta pastoral con motivo del día de la Iglesia diocesana

Queridos diocesanos:

El Día de la Iglesia diocesana es ocasión propicia para procurarnos una más clara conciencia de la identidad de la Iglesia diocesana, lograr una identificación con ella más ajustada a su realidad tanto social como espiritual. En ella nos hallamos insertos, porque todos los bautizados en nuestra Iglesia particular somos parte de la misma y por medio de nuestra pertenencia a la Iglesia diocesana formamos parte de la Iglesia universal. Podemos preguntarnos cómo puede ser, y así recibir del magisterio de la Iglesia la respuesta que nos es necesario conocer.

La Iglesia para la salvación del mundo en Cristo

La jornada dedicada a la Iglesia diocesana tiene, en primer lugar, que ayudar a todos los bautizados a lograr una más clara inteligencia del misterio de la Iglesia. Es preciso detenernos en ello. El Vaticano II declara que el misterio de la Iglesia es prolongación en el tiempo, en la historia de los hombres, del misterio del Verbo encarnado, que se manifiesta en el designio amoroso de Dios, porque en verdad Dios ha amado incondicionalmente al mundo y este amor de Dios por la humanidad salida de sus manos es el contenido del anuncio del Evangelio de Cristo llevado al mundo entero por los Apóstoles. Dios Padre envió a su Hijo al mundo «para que el mundo se salve por él» (Jn 3,17), porque no es la punición o el castigo del hombre pecador desde el comienzo de su existencia el objetivo pretendido por Dios al enviar a su Hijo al mundo, sino la salvación del mundo mediante el conocimiento de la verdad, cuyo contenido es el amor divino (cf. 1Tm 2,4→Ez 18,23). En el conocimiento de Dios consiste la vida eterna y la Iglesia existe para dar a conocer a Jesucristo, el Hijo de Dios en quien hemos conocido la revelación de Dios (cf. Jn 8, 32; 17,3).

Este objetivo del designio de Dios que incluye como realidad sustantiva la carne del Hijo de Dios fue considerado razón del ser de la encarnación desde el Nuevo Testamento a la teología de los santos Padres y, posteriormente a los grandes teólogos del Medievo, cuyo pensamiento ha perdurado como el más influyente en las corrientes teológicas posteriores. La encarnación mira a la redención del género humano, cuyo misterio se esclarece a la luz del misterio del Verbo encarnado, como enseña el II Concilio del Vaticano al referirse a Cristo como nuevo Adán, siguiendo la teología bíblica de san Pablo, que afirma cómo «Adán, el primer hombre, era figura del que había de venir, es decir, Cristo, el Señor. Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación»[1].

No todas las corrientes teológicas responden a esta visión de la razón de la encarnación en el designio divino para el mundo, planteándose la cuestión hipotética de si no se habría producido igualmente la encarnación, si el hombre no hubiera pecado, pero no podemos entrar en esta carta en la descripción de unas y otras corrientes teológicas que han llegado a la teología contemporánea. De hecho, en cierta medida, la misma Constitución conciliar sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes orienta la comprensión del dinamismo de la historia de la salvación, y lo hace sobre la base de una antropología cristiana que supone la encarnación del Verbo. Baste esta breve introducción sobre la finalidad salvífica de la Iglesia, que nos ayude a mejor situar la enseñanza conciliar sobre la Iglesia diocesana.

La realidad de la Iglesia diocesana y su mediación en la misión de la Iglesia universal

El último Concilio nos recuerda lo sustancial en una definición de la Iglesia diocesana que es necesario tener siempre presente: «La diócesis es una porción del pueblo de Dios que se confía a un obispo para que la apaciente con la colaboración de su presbiterio. Así, unida a su pastor, y por él congregada en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía, constituye una Iglesia particular. En ella está verdaderamente presente y actúa la Iglesia de Cristo una, santa, católica y apostólica»[2].

La Iglesia diocesana es una Iglesia particular que en la gran comunión católica es porción del pueblo de Dios. No es todo el tejido social de la Iglesia universal, pero el entero misterio de salvación que constituye la Iglesia universal está presente en ella, y por la predicación del Evangelio y de la Eucaristía realiza su esencia o identidad propia. Más aún, todos los bautizados estamos insertos y formando parte de la Iglesia universal como miembros del cuerpo místico de Cristo, en tanto que miembros de nuestra Iglesia diocesana que podemos identificar también como nuestra «Iglesia de origen». De hecho lo solemos hace así, refiriéndonos al cuerpo social diocesano, por cuyo medio somos integrados en el cuerpo místico de Cristo, es decir en la Iglesia universal.

Dicho de esta manera, el día de la Iglesia diocesana es ocasión de gracia reiterada que el Señor nos ofrece como ocasión privilegiada para intensificar nuestra adhesión a la comunidad eclesial diocesana de la que formamos parte y por la cual somos integrados en la Iglesia una y santa de Cristo. En cada Iglesia particular no hay más que un obispo, aunque el obispo diocesano pueda contar con la ayuda de uno o varios obispos auxiliares o con la ayuda de un obispo coadjutor, los cuales pueden tener encomendadas diversas funciones de régimen, sin que de hecho puedan sustituirlo, sino coadyuvar a su ministerio episcopal según lo determina en diversas circunstancias la ley universal de la Iglesia.

Todos los diocesanos han de tener una idea clara de su propia Iglesia particular, presidida por el obispo, que cuenta con la colaboración de su presbiterio y la de los diáconos permanentes, que auxilian al obispo y a los presbíteros. Con todo la Iglesia está constituida fundamentalmente por los laicos, dotados de su propio carisma o don y misión en la Iglesia como testigos de Cristo en el mundo, en una sociedad hoy compleja y plural, en la cual Cristo ha querido que su Iglesia sea sacramento de salvación para el mundo, prolongando en ella su propia humanidad. El pueblo de Dios está formando por los fieles cristianos laicos a cuyo servicio están los pastores, es asimismo un cuerpo social en el cual hay seglares, que son la mayoría, religiosos y religiosas, y miembros de sociedades apostólicas formadas por varones y mujeres de vida consagrada en sus diversas formas. Todos tenemos en la Iglesia nuestra propia identidad y cometido, siendo todos necesarios para que la funcionalidad del cuerpo resulte útil tanto a la común misión de todos en la Iglesia, que es anunciar y dar testimonio de Cristo, como para que mutua y recíproca relación de unos a otros, el servicio de unos sea complementario al servicio de los otros. En este sentido conviene tener siempre presente el comentario de san Pablo a la siempre posible rivalidad entre los miembros de la Iglesia. Dice el Apóstol de las gentes en la primera carta a los Corintios que del mismo modo que «los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo» (1Cor 12,12); y continúa en el mismo lugar diciendo que, así como el cuerpo no se compone de un solo miembro, tampoco el cuerpo de místico de Cristo puede constar de un solo miembro, de tal suerte que si dijera cada uno de los miembros que no forma parte del cuerpo porque el ojo no es el oído ni ninguno de los dos el olfato, ¿dónde quedaría el cuerpo? Por eso concluye añadiendo que muchos son los miembros, mas uno el cuerpo: «Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo» (1Cor 12,27).

Es muy necesario que, en una jornada de reflexión sobre la realidad y misión de la Iglesia diocesana, paremos mientes en el misterio de la Iglesia, de la cual el Concilio afirmaba que «es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad del género humano»[3]. De nuestra identificación con la Iglesia diocesana de la que formamos parte, en la cual vivimos nuestra inserción y pertenencia a la única Iglesia de Cristo, es decir, a la Iglesia universal, que es una, santa, católica y apostólica, depende en la mayor medida que hagamos propia la misión de la Iglesia en el mundo y cumplamos con nuestro cometido propio según nuestro estado y condición eclesial.

Ayudar a la autofinanciación de la Iglesia como resultado de una conciencia clara de su verdad y su misión en el mundo

No sería una opción acertada hacer de la jornada dedicada a la Iglesia diocesana ocasión para una cuestación movida sólo por el interés por acrecentar la autofinanciación como objetivo prioritario, por muy necesitada que una Iglesia diocesana esté de contar con medios materiales para mantenerse como cuerpo social y cumplir su misión. ¿Qué tenían los Apóstoles cuando Cristo los envío a anunciar el Evangelio? ¿Cuál fue el equipaje que les propuso en el discurso apostólico que nos ha dejado san Mateo recogido en el célebre capítulo diez de su evangelio? Ni plata, ni oro, ni cobre, ni alforja, ni dos túnicas, ni sandalias, ni bastón, «porque el obrero merece su sustento» (Mt 10,10). Naturalmente, la Iglesia necesita su sustento, pero no podemos vender la libertad del Evangelio al sustento calculado y consensuado con el poder de este mundo, porque dejaríamos de ser la Iglesia de Cristo. Es difícil la autofinanciación de la Iglesia en una sociedad descreída y acosada por la manipulación de una imagen de la misma desfigurada por sus propios enemigos: el materialismo rampante y las ideologías viejas y nuevas que se han convertido en savia nutriente del hombre gregario de nuestros días, a pesar de que quienes orientan la opinión pública le hacen creer que es más libre que nunca.

Ni menos aún tratar de motivar la cuestación en favor de la Iglesia por las muchas obras de caridad y beneficio social que de ellas se sigue, porque la Iglesia hace indudablemente mucho bien. Debemos darlo a conocer, respondiendo así a los críticos que nos dicen que el bien que hacemos no sabemos publicitarlo. Ahora bien, apoyar nuestra campaña en el bien que hacemos hemos de hacerlo, sí, pero afrontando cuanto de verdad hay en las críticas que los cristianos de hoy recibimos, aunque a veces cuesta ponerse a ello. Por eso, os propongo, queridos diocesanos, que ayudéis a nuestra Iglesia, vuestra y de los pastores que la regentamos, que con vosotros somos cristianos y miembros del cuerpo de Cristo que con la autoridad de Cristo hemos de predicaros la verdad evangélica, a vosotros y a los que están fuera de la Iglesia, para que a todos nos sirva de salvación. Si no se tuviera presente en este día el objetivo prioritario de la Iglesia, que existe para la misión que Cristo le confió, imperando mediante mandato llevarla a cabo con palabras inequívocas: «Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20a). Mandato que se completa con la promesa de que la Iglesia contará siempre con la presencia en ella de su Señor: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de los tiempos» (Mt 28,20b). Es la promesa que adelantó Jesús a Pedro, afianzando a los Apóstoles en la certeza de la fe en la consistencia de la Iglesia al declarar proféticamente que «el poder del infierno no la derrotará» (Mt 16,18). Jesús exhorta a los discípulos a afrontar con fortaleza cualesquiera situaciones adversas que la sociedad de cada tiempo plantea a la Iglesia, pidiéndoles que no pierdan de vista la orientación escatológica, es decir, la orientación a la consumación final del reino de Dios que Jesús proclamó llamando a la conversión. Jesús les advierte que Dios Padre conoce las necesidades que tienen y de qué carecen; y, aun así, les propone como prioridad el reino: «Buscad, más bien, el reino y lo demás se os dará por añadidura», exhortándoles a la confianza plena en Dios providente: «No temas, pequeño rebaño, porque vuestro Padre ha tenido a bien daros el reino» (Lc 12,31-32).

Hemos de afrontar esta campaña con claridad sobre la prioridad misionera de la Iglesia y os llamo a todos a poner cada uno d su parte lo que juzgue necesario para sostener la Iglesia diocesana y, sin duda, teniendo en cuenta que hemos de hacerlo con una mentalidad moderna, acomodando nuestro modo de proceder a la legislación vigente en una sociedad fiscalizada y moderna. Una cosa no quita la otra, no podemos dejar de orientarnos por los principios constitutivos de la Iglesia, que se levanta sobre el designio de Dios de contar con ella como obra de Cristo para la salvación del mundo. Dios en su designio para el mundo ha querido que la salvación pase por la misión de la Iglesia. Es lo que nos proponíamos hacer valer con el Plan pastoral diocesano 2019-2023 «Ser Iglesia en conversión misionera», siguiendo las orientaciones del Papa Francisco con motivo del centenario de la carta apostólica sobre las misiones Maximum illud (1919) de Benedicto XV. Ahora la preparación del próximo Sínodo de los Obispos en 2023 ha venido a enriquecer el plan pastoral y prolongar en la reflexión que hemos emprendido como preparación a su desarrollo. La Iglesia nos propone una amplia reflexión participada orgánicamente por cuantos han de llevar adelante la representación de los distintos sectores del pueblo de Dios sobre la sinodalidad de la Iglesia, es decir, sobre la corresponsabilidad de todos en la misión de la Iglesia. Una primera fase de carácter diocesano que se había previsto terminara en abril, pero que recientemente la Secretaría General del Sínodo ha decidido alargar hasta el 15 de agosto próximo como fecha límite para que las Conferencias Episcopales entreguen la síntesis de las Iglesias diocesanas.

Sostener a la Iglesia hoy

Un planteamiento moderno de la financiación de la Iglesia exige una transparencia real y no sólo fingida o convencionalmente condicionada por intereses eventuales. No bastan las proclamas de transparencia sin hechos objetivos que la avalen. Se hace preciso informar de qué modo la ayuda que los fieles proporcionan contribuye a dotar a la Iglesia diocesana de los medios que necesita para su mantenimiento. En esta tarea siempre es importante combinar el sostenimiento del culto y del clero con la caridad y la obra educativa y social de diverso género que la Iglesia desarrolla y que va desde la ayuda a los marginados y más necesitados a las tareas de alcance cultural. Hemos de decir que tiene la mayor importancia contar con una financiación digna del clero y cuantos colaboran con la labor de la Iglesia en los diversos campos de su presencia social, desde profesionales cualificados a auxiliares a su servicio. Por lo que se refiere a la partida de específica de «culto y clero», hay que convenir que es modesta y que requiere que los fieles la completen en las parroquias particularmente y en los diversos servicios que con profesionalidad asumen asimismo los sacerdotes en determinados casos. Sostener al clero es importante objetivo en la financiación de la Iglesia, porque sin el subsidio   de los ministros del Evangelio sería difícil cumplir con el mandato del Señor. Sostener la economía de Curia, la administración pastoral y contribuir al mantenimiento del patrimonio cultural de la Iglesia, con su propia finalidad y puesto al servicio de la sociedad, regulado conforme a la normativa vigente canónica y civil.

Ninguna de estos cometidos tiene que contraponerse a la caridad y la acción social de la Iglesia, para la cual la Iglesia cuenta con recursos e ingresos destinados por los fieles a tal fin y que forman parte de los ingresos de la Iglesia diocesana, que deben contabilizarse como tales; como también forman parte de estos ingresos las colectas que se destinan a fines diocesanos y las que se destinan a fines de la Iglesia universal, así como las subvenciones de las instituciones y fundaciones. La transparencia exige aclarar que no se deben confundir los balances del Obispado con los balances de toda la Iglesia diocesana sin mayores aclaraciones y números, empezando por tener claro que las cuentas de las parroquias son parte sustancial de los ingresos de la Iglesia diocesana. Estas cuentas se han visto por desgracia afectadas por las sucesivas crisis, la de 2008 y la pandemia del Covid-19, que no cesa y tanto ha retraído la acción comunitaria de la Iglesia, afectando gravemente a la práctica religiosa. Los balances de los centros educativos y la explotación del patrimonio de la Iglesia, así como las tasas de Curia y del Tribunal eclesiástico son ingresos reales de la Iglesia diocesana, que están al servicio de los gastos que la misión de la Iglesia y su mantenimiento como estructura social, la conservación de su patrimonio histórico cultural, la caridad cristiana y la acción social generan. La economía a diocesana no se apoya sólo en la entidad del Obispado, sino en todas las entidades que forman orgánicamente la estructura económica unitaria de la diócesis. Estas entidades operan de modo solidario como sucede con los vasos comunicantes, y los beneficios de unas entidades cubren las carencias de otras. Es el conjunto el que responde de la economía diocesana.

La Iglesia diocesana de Almería ha realizado un gran esfuerzo en las dos últimas décadas para remozar sus obsoletas estructuras y crear algunas nuevas. Son de valorar las ayudas que algunas instituciones civiles han puesto a su disposición, pero el mayor esfuerzo ha recaído sobre los fieles y los recursos modestos de nuestra Iglesia, de su Obispado y de sus parroquias. A todos cuantos simpatizan con el mensaje de la Iglesia y valoran su alcance moral y, en particular, a los fieles cristianos hemos de manifestar agradecimiento, al mismo tiempo que les decimos que no dejen de ayudarnos a ser lo que somos, como reza el lema de este la campaña de este año, porque esta ayuda, por modesta que sea, contribuye a que seamos una gran familia de fe cristiana.

La Iglesia, familia de los hijos e Dios, quiere ofrecer la riqueza superior a todas las riquezas de este mundo que mueven a los seres humanos. La Iglesia quiere ofrecer a todos el servicio del Evangelio, para que la buena noticia de la salvación que Cristo ha traído lleve a la sociedad de nuestro tiempo la esperanza en el futuro que sólo Dios garantiza al hombre, que vive en este mundo con sus anhelos y dificultades, sus gozos y esperanzas, pero también tristezas y angustias que, como lo acredita la historia de la humanidad, requieren el remedio poderoso de la solidaridad fraterna que se sostiene en la paternidad común de Dios.

Con todo afecto y bendición.

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

Almería, a 7 de noviembre de 2021

[1] Vaticano II, Constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo actual Gaudium et spes, n. 22; cf. Rm 5,12-20.

[2] Vaticano II, Decreto sobre la función pastoral de los obispos en la Iglesia Christus Dominus, n. 11.

[3] Vaticano II, Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium, n. 1.

El obispo emérito de Huelva, José Vilaplana, dirige los ejercicios espirituales del Clero

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Como estaba previsto en el calendario diocesano para el curso 2021 – 2022, desde ayer domingo, 7 de noviembre, se viene celebrando en la Casa Diocesana Virgen de la Cinta la primera tanda de ejercicios espirituales para el Clero -que se prolongará hasta el próximo sábado, 13 de noviembre-, dirigida por D. José Vilaplana, obispo emérito de Huelva.

Tal y como se indica en el Directorio para el Ministerio y Vida de los Presbíteros (nº 103) de la Congregación para el Clero: «Como demuestra la larga experiencia espiritual de la Iglesia, los Retiros y los Ejercicios Espirituales son un instrumento idóneo y eficaz para una adecuada formación permanente del clero. Hoy día siguen conservando toda su necesidad y actualidad. Contra una praxis, que tiende a vaciar al hombre de todo lo que sea interioridad, el sacerdote debe encontrar a Dios y a sí mismo haciendo un descanso espiritual para sumergirse en la meditación y en la oración».

La próxima tanda de ejercicios espirituales para el clero está programada desde el 6 al 12 de febrero de 2022.

 

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Rotundo éxito del X encuentro de adolescentes en el Seminario

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«He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia». Este mensaje que Jesús nos ofrece es el que han podido tener presentes más de 150 adolescentes de nuestra Diócesis el pasado sábado en el Seminario.

Comenzó a las 10 de la mañana con la acogida en la que todos los participantes trajeron un kilo de alimentos como signo de caridad y preocupación por los más desfavorecidos, y que será destinado a Cáritas. A continuación, pasaron al Salón de actos donde los jóvenes de KJ (Kairós Joven) llenaron de vida el inicio del encuentro con una serie de coreografías que habían montado antes de la grata bienvenida que D. Juan Ignacio Damas, Vicario de Evangelización, les ofreció en nombre de nuestro administrador apostólico, Don Amadeo. El Vicario de Evangelización animó a los adolescentes a participar en el Sínodo, a ser también ellos protagonistas de este gran acontecimiento que la Iglesia está viviendo.

Después de sus palabras en las que nos hizo reflexionar sobre la vida que Dios nos ofrece en Jesús los adolescentes comenzaron un tour por el seminario donde participaron en cuatro talleres en los que pudieron profundizar sobre el don de la vida que Dios nos da en la creación; el valor de nuestra vida como la gran obra de Dios; la importancia de cuidar nuestra relación con los demás pues somos hijos del mismo Dios; hermanos en la fe y la presencia de Jesús como el Hijo de Dios hecho hombre. A modo de descanso, los participantes disfrutaron con una rifa en la que se sortearon más de 80 regalos de Manos Unidas que fueron donados por los miembros del Secretariado. Y que han contribuido a un proyecto solidario de desarrollo en Camboya

DSC_0486Como colofón a este gran día, tuvo lugar en la Capilla Mayor del Seminario un momento intenso pero a la vez sentido y lleno de paz. En la adoración al Santísimo, a través de cantos y de la Palabra de Dios, se propició el encuentro personal con el Señor. Fue un momento muy bonito para todos, el ver a María ofreciéndonos a su Hijo Sacramentado, el ver la Capilla del Seminario a rebosar de adolescentes, de Vida… En definitiva, la VIDA de Dios en el Sacramento y en el futuro de nuestra Diócesis.

Es bueno saber y hacer notar que la tarea evangelizadora es cosa de todos. No sólo de los sacerdotes, sino de los laicos, catequistas, profesores de religión, padres… entre todos hemos de remar en la misma dirección para que nuestros adolescentes puedan encontrarse con Dios en sus vidas. NO podemos negarles experiencias de Dios y por ello, hemos de ser nosotros testigos de ello, hemos de salir de nuestra zona de confort por ellos. Gracias a todos los que han tenido este gesto de generosidad al llevar a los adolescentes a este encuentro.

Sólo así tendrán vida, la VIDA en mayúsculas que Dios nos ofrece.

 

Secretariado diocesano de Infancia y Adolescencia

Galería fotográfica: «X encuentro diocesano de Adolescentes»

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Última sesión del curso de Ángeles Cabido en el Obispado

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“Claves de educación afectivo-sexual para educadores” fue el título de este curso que previamente se llevó a cabo el 23 de octubre

Las delegaciones de Enseñanza, Catequesis y Familia y Vida se aunaron para impulsar el curso “Claves de educación afectivo-sexual para educadores” de la mano de la profesora de Religión Católica y experta en educación afectivo-sexual, Ángeles Cabido. Una edición dirigida a educadores cristianos que acompañan a adolescentes, a familias, catequistas, profesores y monitores que se desarrolló también el día 23 de octubre, en el Palacio Episcopal.

“Se trata de una formación integral y personalista que dota al educador de recursos teóricos y prácticos en el terreno de la afectividad, la sexualidad y el amor. Quienes hacen este curso afirman que les ha ayudado a conocerse y a comprenderse mejor a través de una formación vivencial y, tras la experiencia de conectar razón y corazón, se sienten más capacitados para educar y acompañar a los más jóvenes”, aseguró la ponente.




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Eucaristía y procesión en la Abadía del Sacromonte por el 30º aniversario de la fundación del Movimiento Apostólico Cristo Rey

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Eucaristía y procesión en la Abadía del Sacromonte por el 30º aniversario de la fundación del Movimiento Apostólico Cristo Rey

En la celebración participaron las religiosas Hijas de Cristo Rey, miembros seculares del Movimiento y también jóvenes que portaron a hombros a Jesús Niño entronizado por los alrededores de la Abadía.

La Abadía sacromontana acogió en la jornada del sábado, 6 de noviembre, la Eucaristía en conmemoración del 30º aniversario de fundación del Movimiento apostólico de Cristo Rey que tuvo lugar en Granada promovida por D. José Gras.

Junto a la celebración que estuvo presidida por D. Antonio Fernández Siles, miembro del Cabildo de la Abadía, hubo también una procesión con el Niño Jesús entronizado que fue portado por miembros seglares y jóvenes también presentes del Movimiento apostólico Cristo Rey y presidió la Misa desde el altar.

¡VIVA CRISTO REY!

D. Antonio Fernández durante su homilía tuvo palabras de agradecimiento hacia todos los presentes: “Hoy nos sentimos sin duda más hermanos, unidos por lazos más fraternos. La Abadía es casa de oración, casa de culto a los mártires y casa de veneración de María Inmaculada”, agregó.

Asimismo, resaltó la tarea educativa de las Hijas de Cristo Rey en nuestra diócesis y la misión de todos los presentes de “hacer presente el reino de Dios allí donde estemos”.

De igual forma, también añadió :“En este 30º aniversario de fundación del Movimiento experimentamos el don de Dios, hemos sido elegidos para llevar a Cristo Rey allí donde nos encontremos, en las diversas tareas”.

“En la Abadía os sentimos parte nuestra, esta es vuestra casa, el lugar donde surgió de alguna manera este carisma”, culminó.

Posteriormente a la Eucaristía el trono con Jesús Niño recorrió los alrededores de la fachada principal de la Abadía ante la devoción y veneración de los miembros del Movimiento presentes y otros fieles de la diócesis.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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La HOAC de Granada concluye la conmemoración de su 75 aniversario en Santa María Micaela

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Un grupo de militantes de la HOAC después de la Eucaristía en Santa María Micaela.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) celebró en la mañana del domingo 7 de noviembre la Eucaristía conclusiva de los 75 años de la organización. La parroquia de Santa María Micaela albergó esta Misa que presidió el Arzobispo de Granada.

Un grupo representativo de militantes de la organización acudió a conmemorar la historia de esta Hermandad Obrera, fundada en 1946 por Guillermo Rovirosa.

Esta celebración supuso un agradecimiento del paso de Dios por la vida esta comunidad obrera. “Dios se ha hecho vida en nuestra debilidad. En Jesús de Nazaret, Dios se ha hecho obrero, que nos enseña a tender puentes y derribar muros para construir fraternidad en el mundo obrero, entre la Iglesia y el mundo del trabajo”. Citaban las palabras de una de las militantes, al inicio de la Misa.

Junto al Arzobispo, concelebraron la Eucaristía varios de los consiliarios de la HOAC en Granada, como D. Antonio Hernández Carrillo o D. Juan Cara Tarifa. Además de ellos, se encontraba el Delegado de la Pastoral de Migraciones, D. Francisco Soto, así como el párroco de Santa María Micaela, D. Francisco Manuel Sánchez.

Llamados a renovar la llamada a ser discípulos misioneros en el mundo obrero, los militantes de la HOAC recordaron estar guiados y acompañados por la Iglesia militante y triunfante. Lo hicieron recordando las palabras de su fundador: “No tengo que llevar yo solo lo que en realidad no podría soportar. La muchedumbre de los santos de Dios me protege, me sostiene y me conduce”.

TESTIMONIO DE CRISTO FRENTE AL NEOLIBERALISMO

El arzobispo felicitó personalmente a los militantes por la vida de la organización y recordó la importancia del testimonio de una figura como la de Rovirosa, dentro de un tiempo de “transformaciones brutales” como el actual. Una de ellas es la desaparición de la concocida como «sociedad civil», cada vez más absorbida por las formas del Estado.

El prelado apuntó a que el mundo actual está marcado por un particular neoliberalismo “que trata de generar un nuevo tipo de hombre en el que todas las relaciones humanas tienden a convertirse en contractuales y lo que no está en un contrato, no existe. Y cuando dice ‘todas las relaciones humanas’, se refiere a las relaciones matrimoniales, a las relaciones entre padres e hijos, a las relaciones entre compañeros de trabajo…».

Mons. Martínez subrayó que el testimonio de vida del cuerpo eclesial, de la Iglesia viva de Cristo, debe ayudar a descubrir el nuevo significado que tiene Jesucristo para todas las dimensiones de la vida humana. “Si hemos nacido solo para producir y consumir somos verdaderamente miserables, estamos verdaderamente al borde de la muerte, si no estamos muertos ya en nuestro espíritu, en nuestra humanidad”, concluyó.

APRENDIENDO DE LA HISTORIA

Este pequeño grupo de militantes de la HOAC, nuevos y veteranos, testimonió en esta Eucaristía que la Iglesia no es una colección de individuos que tienen unas creencias sino un cuerpo eclesial. Un cuerpo que intercede y se preocupa especialmente por todas las personas que padecen la pobreza, el paro, la precariedad laboral y la exclusión social. También por todos aquellas personas migrantes, antes los cuales el Señor muestra una particular preferencia, tal y como recordaba el militante, Paco Chacón, en las oraciones de los fieles.

El Arzobispo no quiso dejar de evocar el tiempo en que las organizaciones de la Iglesia estuvieron algo influidas por el marxismo, por ese pecado fundamental que fue el separar la fe, lo sobrenatural, del ámbito natural, de la vida concreta. «Si es verdad que hay algunos grupos que han dependido del marxismo, depender del liberalismo no es menos ideológico. Probablemente del liberalismo dependemos todos, mucho más de lo que nos damos cuenta. Una Iglesia en brazos del liberalismo es una Iglesia completamente estéril, y percibimos esa esterilidad en muchos hechos de nuestra vida. Yo creo que ahí Rovirosa y los fundadores de la HOAC tenían una mirada profética», terminó recalcando Mons. Martínez.

Con esta Misa conmemorativa de sus 75 años, los militantes de la HOAC toman un nuevo impulso para seguir evangelizando el mundo de la realidad sindical, política y vecinal, anunciando y presentando a Jesucristo como la propuesta de liberación mediante su palabra, vida y acción.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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El Archivo Histórico Diocesano retoma la iniciativa del “Documento del mes” dando a conocer el origen jerezano del sacerdote que celebró la primera Eucaristía en América

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Conocemos la partida de bautismo del sacerdote jerezano que celebró la primera Eucaristía en los Estados Unidos de América.

Desde el Archivo Histórico Diocesano retomamos la iniciativa del “El Documento del Mes”, en este caso conocemos la historia de la primera Eucaristía que se celebró en los Estado Unidos de América. Hablamos de San Agustín de Florida y en los años 1565 cuando el sacerdote jerezano Francisco López de Mendoza Grajales, bautizado en la Iglesia San Dionisio, fue capellán de la flota que llego América junto a Pedro Menéndez de Avilés partiendo desde el puerto de Cádiz. Tras su llegada a Florida durante el mes de septiembre este sacerdote improvisaría un altar para celebrar la Santa Misa en la primera ciudad de los Estados Unidos de América. Asimismo, tras esta celebración se llevo a cabo una comida de acción de gracias, y cómo nos cuenta el colaborador del Archivo podemos hablar de la primera comida de acción de gracias celebrada en este territorio.

Por último, recordar que la ciudad de San Agustín conmemora durante el mes de septiembre con este acontecimiento histórico su fundación. En este lugar el presbítero Francisco López de Mendoza Grajales es recordado, ya que incluso existe en el lugar de la celebración de la Eucaristía una capilla, una gran cruz, ambos del siglo XX. Además de un museo y un santuario católico creado en 1914 réplica del original del siglo XVI destruido por los ingleses en 1728.

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Casi un centenar de Ministros Extraordinarios se citan en el Obispado

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La cita estuvo dirigida por el sacerdote y delegado diocesano de Liturgia, Manuel Mª Hinojosa

Casi un centenar de religiosos y fieles laicos que ejercen como ministros extraordinarios de la comunión para llevar el cuerpo de Cristo a los enfermos e impedidos que no pueden asistir a la santa misa, se citaron el pasado sábado, 6 de noviembre, en el Palacio Episcopal, para mantener una jornada de oración y de formación.

La mañana comenzó con la oración y exposición del Santísimo en el salón de actos de la mano del delegado diocesano de Liturgia, Manuel Mª Hinojosa. A continuación, el sacerdote Miguel Varona, director del Secretariado para las Causas de los Santos, fue el encargado de ofrecer una charla a los presentes relacionada con la reciente beatificación de los mártires de la persecución religiosa en España. Bajo el título «Eucaristía y Martirio», Varona explicó cómo la Liturgia «nos santifica y nos hace celebrar, en el centro de la vida, el amor y la presencia de Dios, y nos lleva a ser testigos de los Misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Salvador, con la fuerza de su Espíritu». Haciendo un recorrido por la Eucaristía como Sacrificio y el Martirio/Mártir como Testimonio/Testigo, expresó qué fuerza y valor tiene la Eucaristía para el testimonio a dar por quienes nos alimentamos del Señor, el primer, el verdadero, el único Mártir. Además, expuso la relación entre Santidad -camino y meta del camino de la Iglesia y todo cristiano- y Eucaristía. «En ella está el secreto de la santificación de todos los cristianos, además de los sacerdotes. El sacerdote recibe el don y el compromiso de repetir sacramentalmente los gestos y las palabras con las que Jesús, en la Última Cena, instituyó el memorial de su Pascua. Entre sus manos se renueva este gran milagro de amor. El presbítero y los fieles tienen que ser ante todo adoradores y contemplativos de la Eucaristía a partir del mismo momento en que la celebran», aseguró instando a los presentes a «vivir la Eucaristía con fe profunda, amor ardiente y ferviente espíritu de oración».



















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Los Centros de Cultura Popular celebran la misa en la Catedral

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El Obispo les felicitó por la gran labor que realizan y las grandes obras que llevan a cabo

Los Centros Católicos de Cultura Popular y Promoción de la mujer de la diócesis de Córdoba se dieron cita el pasado domingo, 7 de noviembre, en el templo principal de la Diócesis para celebrar la eucaristía junto al obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

El pastor de la Diócesis se dirigió a ellos en su homilía para felicitarles por la gran labor que realizan. “Sois muchas mujeres las que conformáis estos centros, y cada una de vosotras con lo poquita que aporte y puesto en común, hace que los centros estos de la Iglesia hagan mucho bien”, afirmó el prelado.

Monseñor Demetrio Fernández recordó que los Centros de Cultura Popular “es una gran obra de promoción de la mujer, sin manifestaciones y con más de sesenta años haciendo esta gran labor, grandes obras que se hacen a través de pequeños gestos”. “Que Dios os siga bendiciendo”, aclamó.

 

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