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Capilla de San Leandro. Catedral de Sevilla.

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Capilla de San Leandro. Catedral de Sevilla.

El 13 de noviembre la Iglesia celebra la fiesta de San Leandro, obispo de Sevilla a partir del año 578. En la Catedral de Sevilla encontramos una capilla dedicada a este santo obispo, presidida por una imagen obra de Duque Cornejo.

Leandro nació en Cartagena entre los años 535 y 540, siendo el mayor de sus hermanos, todos santos: Fulgencio (obispo de Écija), Florentina e Isidoro (sucesor de Leandro en la sede hispalense). En el 544 la familia viene a nuestra ciudad, donde Leandro ingresa en la vida monástica hasta el año 578 en que es nombrado obispo metropolitano de Sevilla.

Murió probablemente el 13 de marzo del año 600 o bien del 601. De él dijo su hermano Isidoro: “Era hombre de condición apacible, de extraordinaria inteligencia y de preclarísima moralidad y doctrina. La conversión de los visigodos, de la herejía arriana a la fe católica, fue fruto de su constancia y prudencia”, aludiendo al papel importantísimo que tuvo durante el III Concilio de Toledo en el año 589.

Coincidiendo con el llamado Lustro Real, es decir, el traslado de la Corte del rey Felipe V de Madrid a Sevilla entre 1729 y 1734, se construye en la Catedral la Capilla dedicada al obispo San Leandro gracias a la generosa aportación del confesor de la reina Isabel de Farnesio, Domingo Valentín Guerra, arzobispo de Armida y obispo de Segovia, que había dispuesto ser enterrado en la Catedral hispalense, como documenta el historiador Fernando Quiles, quien enmarca esta operación en la controversia que la Catedral de Sevilla sostenía con la de Toledo por la primacía en la Iglesia española, ya que la Iglesia hispalense basaba precisamente su superioridad en la importancia de la figura de San Leandro, quien había recibido la palia arzobispal de San Gregorio Magno, con quien se supone que había trabado amistad durante su destierro en Constantinopla, distinguiendo de esta manera su sede como primada, así como en su papel capital en la renuncia de Recaredo al arrianismo y la conversión de su reino.

Dispuesta simétricamente con la capilla de San Isidoro, la dedicada a San Leandro se sitúa a la derecha de la puerta principal de la Catedral, la de la Asunción, y presenta una portada pétrea barroca, imitando la de la Capilla de San Isidoro, obra de Matías de Figueroa y Diego de Castillejo, con el posible apoyo del cantero Manuel Gómez, finalizada en 1734, que incluye dos retablos que flanquean el vano principal: el del Niño Mudo y el de la Virgen de las Angustias, también llamada de la Alcobilla. La magnífica reja que cierra la Capilla es obra de Francisco de Guzmán y de Francisco Ocampo el Menor.

Entre 1733 y 1734 Pedro Duque Cornejo talla la escultura del santo titular, la cual se encuentra presidiendo un retablo ejecutado por Manuel de Escobar en 1730. Duque Cornejo presenta a San Leandro vistiendo alba o sotana, roquete largo, estola y revestido de capa pluvial, llevando en su cabeza la mitra de obispo, mientras sostiene en su mano izquierda un libro, levantando su mano derecha con un gesto que nos hace presuponer que sostenía una pluma o bien el báculo, si bien actualmente ha desaparecido el atributo que portaba.

Del mismo autor son las restantes imágenes que completan el retablo de la capilla.  A los lados del santo titular aparecen su hermano San Fulgencio y San Antonio Abad, mientras que en el ático encontramos a Santo Domingo de Guzmán, la más lograda de todo el conjunto. Igualmente son obra de Duque Cornejo los ángeles que aparecen en distintas zonas del retablo, como las columnas salomónicas o las volutas de la cornisa. Como señala Álvaro Dávila en la reciente monografía dedicada a este artista sevillano, éste se encontraba desde 1724 trabajando en la Catedral en las cajas de los órganos, mientras que posteriormente realizará el retablo de la Capilla de la Virgen de la Antigua, donde, al igual que en el retablo de San Leandro, está documentada la colaboración de su hijo Enrique.

Completan la decoración de la capilla dos pinturas fechadas en 1735 que representan respectivamente a San Leandro en el tercer concilio de Toledo y San Leandro instruyendo a Santa Florentina, obra ambas de un pintor de apellido italiano, J. Maussola, del que no conocemos más datos, siendo probable que se trate de uno de los artistas que trabajaban en el Real Sitio de San Ildefonso.

Antonio Rodríguez Babío

Delegado diocesano de Patrimonio Cultural

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El Rescatado vuelve al culto tras su restauración

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El Rescatado vuelve al culto tras su restauración

Los últimos seis meses el Señor de Córdoba ha estado en el taller Regespa donde Rosa Cabello ha llevado a cabo la restauración

Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado ha sido restaurado recientemente y esta semana está previsto que vuelva a la Iglesia de Ntra. Sra. De Gracia y San Eulogio, su sede canónica. El Señor de Córdoba ha estado los últimos seis meses en el taller Regespa donde Rosa Cabello ha llevado a cabo la restauración. La restauradora ha asegurado que la restauración ha sido casi integral porque la imagen “estaba bastante deteriorada”. No obstante, Rosa considera que la talla mostraba las condiciones “normales del paso del tiempo por una imagen con mucha devoción”.

El trabajo ha consistido principalmente en la “consolidación de las grietas, las pequeñas pérdidas y una limpieza profunda”. La restauradora se ha encontrado que la imagen tenía repintes y una pátina sobre otra de “intervenciones anteriores” que ha habido que limpiar y reintegrar las “faltas de soporte” así como la policromía que faltaba. La cara del Señor de Córdoba se ha limpiado de manera “suave” porque la Hermandad mantiene siempre la preocupación “de que la imagen no cambie mucho”.

Como novedad Rosa Cabello ha explicado que se ha cambiado la peana del Señor y como curiosidad, que los pies del Rescatado estaban “totalmente desgastados, se habían quedado en la madera como consecuencia del roce de los devotos”. La restauradora se ha mostrado “muy satisfecha” con los resultados de la intervención porque considera que “se ha recuperado bastante la imagen” y agradece a la Hermandad la confiada depositada en su taller. Asimismo, ha reconocido que ha trabajado “con mucho respeto y responsabilidad por la gran devoción que se le tiene a la imagen en Córdoba”.

El Señor de Córdoba será trasladado desde Santa Marta el sábado 13 de noviembre, a las 17:30 horas; el domingo 14, a las 12:30, se celebrará la eucaristía de acción de gracias; y del 14 al 17 de noviembre habrá veneración extraordinaria.

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“El Sínodo refuerza la fe de la juventud de toda la Diócesis”

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“El Sínodo refuerza la fe de la juventud de toda la Diócesis”

Julián Collado pertenece al GPS de la parroquia de Benamejí y agradece que la Diócesis se preocupe tanto por los jóvenes

¿Qué te animó a participar en el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba?

Si mis compañeros del Grupo Joven parroquial de Benamejí y yo empezamos a participar en el Sínodo de los Jóvenes de Córdoba es gracias a nuestro campamento de verano, que nos introdujo a participar por nuestra parroquia y sobre todo por el Señor y su bendita Madre, nos ofrecieron participar en esta experiencia y no dudamos en decir que sí. Gracias a ella hemos reforzado y afianzado nuestro Grupo Joven.

¿Cómo trabaja tu GPS habitualmente?

Nosotros trabajamos el Sínodo un sábado al mes tenemos un día de formación, donde nos reunimos y charlamos del tema que nos toque, además como peculiaridad lo hacemos de una manera que todos pongamos nuestro granito de arena, por lo cual cada día prepara la catequesis un integrante del Grupo Joven, es una bonita experiencia para que nos conozcamos todos y todas más, además de conocer cómo piensan todos su forma de vivir la Fe y el amor al Señor.

¿Qué te parece esta iniciativa de la Diócesis para los jóvenes?

Es de agradecer todo el esfuerzo que pone la diócesis de Córdoba por su juventud, en este caso el Sínodo nos da la oportunidad de conocer a toda la juventud cordobesa de cualquier punto de la provincia o de cualquier parroquia, unidos por el mismo objetivo, que es reforzar nuestra Fe y llegar todos juntos a la JMJ de Lisboa.

¿Qué puede aportar este Sínodo a tu vida de fe?

Yo creo que lo que más me llena de participar en el Sínodo es la experiencia de escuchar todo tipo de testimonios que viven chicos y chicas de mi misma edad o parecida, donde te enseñan a que amar al Señor es lo más bonito del mundo.

También mi Fe ha aumentado gracias al visionado de la serie que vimos durante el año pasado “Por muchas razones”, esta serie te invita a pensar y reflexionar sobre la vida que puede llevar un joven cualquiera y cómo experimentas la llamada del Señor. Personalmente me hizo aumentar mucho mi Fe

¿Sientes que la Iglesia diocesana cuenta contigo?

Si y es de agradecer que la Iglesia quiera a la gente joven trabajando por ella. Tenemos la suerte de pertenecer a la Diócesis de Córdoba que a nivel de juventud es muy fuerte.

Es una alegría poder participar con ésta ya que es no existe mejor forma de manifestar nuestro amor a Dios que participando en todo lo que nos ofrecen como es el caso del Sínodo

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Encuentro de Don Antonio con Escuelas Católicas

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Con ocasión de la asamblea anual de Escuelas Católicas de Almería celebrada en el colegio diocesano de San Ildefonso, Don Antonio ha querido tener un encuentro con los titulares y directores de los colegios de la provincia.

Además de ir conociendo poco a poco la realidad educativa de la diócesis, ha aprovechado para impulsar a los titulares y directores de los colegios a seguir trabajando por y para la evangelización de la sociedad.

“Corresponde a los cristianos del siglo XXI irradiar con su ejemplo y amor al prójimo el mensaje cristiano. No podemos renunciar a los valores evangélicos que infunden de sentido nuestros colegios. Juntos formamos la barca de la Iglesia de Almería y hemos de navegar juntos en los mares revueltos que nos ha tocado vivir”, afirmó el Prelado en su intervención.

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¿DE QUÉ NOS SALVA DIOS? (III)

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La muerte es otra de las realidades ante la que solo Dios puede salvarnos de verdad. Los no creyentes dan por supuesto que todo termina con la muerte y, lógicamente, cuanto más sentido haya tenido su vida más dolorosa les resulta la despedida. Y al morir una persona muy querida difícilmente podrán evitar preguntarse: «Entonces, ¿el amor que nos teníamos eran solo unas reacciones químicas en el cerebro que desaparecen con el último latido del corazón?».

En su obra «La muerte, destino humano y esperanza cristiana», el teólogo J. L. Ruiz de la Peña señalaba seis preguntas vitales que suscita la presencia de la muerte: La primera pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre el sentido de la vida. Parece, pues, que no se puede dar respuesta a la pregunta por el sentido de la vida mientras que no se esclarezca el sentido de la muerte. ¿Para qué todo si al final hemos de morir? La segunda pregunta por la muerte es la pregunta sobre el significado de la historia. La muerte es anticipación de la muerte de la humanidad, de todo lo humano.

La tercera pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre los imperativos éticos de justicia, libertad, dignidad. ¿Es posible atribuir esos valores absolutos a sujetos contingentes? Si un hombre muere injustamente tratado, ¿cómo se le hace justicia? Y si ya no se le puede hacer justicia a él, ¿con qué derecho puedo exigir yo que se me haga justicia a mí? ¿Cómo se devuelve la dignidad y la libertad a los tratados como esclavos si realmente ya no serán más porque la muerte ha acabado con ellos definitivamente? La cuarta pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre la dialéctica presente-futuro. Vivimos en un presente poco acogedor, inhóspito, dominado por la alienación, reino de contradicción, y aspiramos a un futuro distinto.

La quinta pregunta sobre la muerte es la pregunta sobre el sujeto de la esperanza. Lo finito no parece sujeto apto de esperanza. Su fragilidad ontológica no la soporta, puesto que es por definición lo abocado a la nulidad. Y, finalmente, la sexta pregunta sobre la muerte es una variante de la pregunta sobre la persona, sobre la densidad irrepetible y validez absoluta de quien la sufre. La pregunta fundamental que plantea la muerte podría formularse así: todo ser humano, ¿es o no un hecho revocable, irreversible?

Frente a otras interpretaciones, el cristiano sabe que la muerte no tiene la última palabra, que con su resurrección Jesús ha vencido la muerte y, con ello, ha restablecido en nosotros el ansia de infinito colmándonos de esperanza. En efecto, el cristiano, por su parte, piensa que soñar cosas -aparentemente- imposibles, si lo hace apoyándose en la palabra de Dios, es un acto de esperanza.

Jesús García Aiz

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DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

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De entre las múltiples consecuencias que está teniendo esta pandemia que estamos atravesando, hay una que nos afecta de manera inconsciente. Dado el dolor tan grande que han producido las numerosísimas muertes y largos días de estancia en hospitales, la separación de los seres queridos, la pérdida de puestos de trabajo y los nuevos modos de interacción social, posiblemente no hayamos caído en la cuenta que esta pandemia nos ha puesto, como sociedad, en contacto con nuestra realidad más profunda, que no es otra que recordarnos que somos seres débiles. Ante la tentación de considerarnos casi dioses por los avances científicos y técnicos, por el desarrollo económico y el aumento del bienestar, esta enfermedad nos ha recordado la transitoriedad de nuestra condición humana.

En el fragmento del evangelio de este domingo, Jesucristo habla a sus discípulos de esta verdad de la condición humana. Mediante la utilización de imágenes propias de la tradición apocalíptica de su época, invita a sus oyentes a no poner su confianza en las seguridades humanas, puesto que ni aquello que se considera más estable y fijo, representado por el sol y las estrellas, puede fundamentar la esperanza cierta del ser humano. Pero lejos de dejar a sus discípulos en la indefinición y en la perspectiva de una vida sin fundamento, Jesús ofrece a los cristianos el único fundamento auténtico que permite construir una existencia que no se tambalee ante los envites de la realidad: sus palabras.

Tres son las palabras que Cristo ofreció durante su vida y que ofrecen un cimiento seguro a sus discípulos. La primera palabra es «presencia». La promesa de Cristo de caminar siempre junto a sus discípulos hace que se esfumen los temores que pueden surgir en el cristiano cuando contempla la dureza de la realidad. Saber que nunca se afrontan solos los problemas y que para el cristiano no existe la soledad absoluta, hace nacer la verdadera alegría. La segunda palabra es «misericordia». No entendida como la filantropía del poderoso para con el pordiosero, sino como la mirada que Cristo dirige a lo más profundo del corazón de sus discípulo y le lleva a comprender porqué vive de una determinada manera y porqué sucumbe al pecado. De aquí nace la esperanza. La tercera palabra es «entrega». La donación que Cristo hizo de sí mismo a lo largo de toda su vida y que, sacramentalmente, se actualiza en la Eucaristía es la fuente del verdadero crecimiento del cristiano. No son los haberes o saberes del cristiano lo que le permite construir una vida sólida, sino el participar de la donación que Cristo hace de sí mismo. Abrir corazón, mente y cuerpo a Cristo es la fuente de la auténtica y duradera felicidad.

Victoriano Montoya Villegas

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Primera asamblea sinodal de las parroquias de La Santa Cruz de Linares y La Inmaculada de la Estación Linares-Baeza

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El pasado sábado 6 de noviembre, las parroquias de La Santa Cruz de Linares y La Inmaculada de la Estación Linares-Baeza, celebramos la primera asamblea sinodal.
Junto a sus párrocos D. José Armenteros y D. José Boluda, el grupo de asistentes comenzamos rezando y escuchando escogidos versículos del Evangelio.

Posteriormente, se expuso el sentido e importancia de la participación y misión de los fieles en una iglesia sinodal, como evangelizar en estos tiempos, las consecuencias de la pandemia por la covid-19 y la situación social y eclesial que vivimos en la actualidad.

Después, nos reunimos en diferentes grupos para abordar las preguntas propuestas en este primer encuentro, que, finalmente, fueron conjuntamente expuestas.

Terminó la jornada con la oración al Espíritu Santo, en la que le rogamos que dispusiera nuestros corazones a la escucha y al servicio de la Iglesia.

Parroquias de La Santa Cruz de Linares
y La Inmaculada de la Estación Linares-Baeza

Galería fotográfica: «Primera asamblea sinodal de las parroquias de La Santa Cruz de Linares y La Inmaculada de la Estación Linares-Baeza»

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Fallece el Padre Gabriel Delgado, un referente en la atención a los migrantes

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En la mañana de hoy, 12 de noviembre de 2021, hemos conocido la triste noticia del fallecimiento del sacerdote diocesano, Rvdo. D. Gabriel Delgado Álvarez, a la edad de 75 años.

Nacido en Cádiz en 1946, realizó estudios en el Seminario de Cádiz y en la Facultad de Teología de Salamanca, siendo ordenado sacerdote el 25 de octubre de 1975. Tras una primera etapa en la que se integra al colectivo de sacerdotes obreros, trabajando en los Astilleros de Cádiz,  fue consiliario diocesano y regional de la JOC de Andalucía, delegado diocesano de la Pastoral Obrera y presidente de la Asociación Cardijn. Continuó su labor junto a otros muchos voluntarios bajo las iniciativas del Secretariado Diocesano de Migraciones, la Fundación Centro Tierra de Todos y la Asociación Cardijn. En el año 2001 recibió la medalla de Andalucía.

Promover la formación integral de los jóvenes y su acceso al empleo, así como la integración y la reagrupación familiar de los inmigrantes, la asistencia jurídica, el conocimiento de la lengua y la cultura, el acceso a alojamientos dignos, la formación o la puesta a disposición de Centros de día y de acogida formaron parte de su permanente actividad.

Adscrito a la Parroquia de San Ambrosio de El Palmar (Vejer de la Frontera), director del Secretariado Diocesano de Migraciones desde el año 1994 y director de la Fundación Centro Tierra de Todos desde el 2010, hablar de Gabriel Delgado es hablar de un hombre bueno con mayúsculas, entregado toda su vida a los necesitados, especialmente a las personas migrantes. Persona exigente e inconformista en su labor pastoral, bien lo saben los que han trabajado codo a codo con él durante todos estos años en el Secretariado de Migraciones, Fundación Centro Tierra de Todos y Asociación Cardijn.

La tenacidad y el esfuerzo solidario del Padre Gabriel Delgado, constituye un ejemplo de generosidad y entrega que merece el reconocimiento de todos. Un ejemplo vivo del mensaje de Jesús de Nazaret. Desde su casa, la Fundación Tierra de Todos, se ha dedicado a eso, a abrazar y acoger a todas las personas migrantes que han llegado a nuestra diócesis. Comprometido con todas las causas sociales y la defensa de los derechos humanos, el Padre Gabriel nunca miró ni la religión ni el color político. Mantuvo relación con todo tipo de personas, creyentes, no creyentes, estrechando lazos con otras confesiones religiosas, un ejemplo también de ecumenismo y del diálogo interreligioso. Un sacerdote que evangelizó tanto con sus actos como con su palabra.

Siguiendo al pie de la letra los cuatro verbos pronunciados por el Papa Francisco: “Acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y refugiados”, se preocupó por desmentir todos los bulos que rodean a las personas migrantes y de quitar del vocabulario de muchos la palabra “problema” cuando se referían a las migraciones, y sustituirlo por “realidad”.

Hoy Gabriel deja huérfanos a muchísimos hijos de infinidad de nacionalidades, que nos consta que lloran su marcha. Hoy, Gabriel Delgado deja de acoger a los migrantes que llegan en patera para sentarse junto aquellos migrantes que no consiguieron llegar.

La Fundación Centro Tierra de Todos, el Centro Tartessos, así como las delegaciones de Conil, Algeciras y Ceuta, celebrarán una jornada de luto y permanecerán cerradas hoy al público.

Los restos del Padre Gabriel han sido trasladados al Tanatorio Servisa de Cádiz. La misa exequial tendrá lugar mañana sábado a las 9.30 horas, en la Parroquia de Santa Cruz de Cádiz.

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Es una idea que repite el papa Francisco en la encíclica Laudato Sí. También en el sínodo de la Amazonia se repitió mucho esta idea, hasta tal punto que llegó a hacerse muy popular una canción en el sínodo llamada “Todo está conectado” (Tudo está interligado, en versión original en portugués).

Siguiendo con las “conexiones” la encíclica Fratelli Tutti, la Jornada Mundial del Inmigrante y Refugiado, que celebramos el día 26 de septiembre, la Jornada Mundial de los Pobres, que celebraremos el próximo domingo, el Padrenuestro y la visita del Gran Poder a los Tres Barrios están también estrechamente relacionados. Y si queremos seguir relacionando, conectando, nos tendríamos que ir a San Juan Pablo II cuando en varias ocasiones hablaba de las “estructuras de pecado”, o Benedicto XVI cuando hablaba de “sentir como propio el dolor ajeno” Y ya, para acabar, tendríamos que mencionar el concilio Vaticano II en la constitución pastoral Gaudium et spes.

En la homilía de acción de gracias por la Misión del Gran Poder, el Sr. Arzobispo decía: “Su mirada nos pregunta cómo está nuestra vida, qué hemos hecho hasta hoy por Él y por los hermanos más necesitados, y qué estamos dispuestos a hacer a partir de ahora”. Para hacerlo con convicción y entusiamo, no hay nada mejor que sentir como propio el dolor ajeno (Benedicto XVI), porque “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (Gaudium et spes).

“El Señor del Gran Poder nos llama a colaborar en la construcción de su Reino aquí en la tierra, para que en una sociedad que se caracteriza por el ansia de riqueza y de poder, se construya su Reino de justicia y de paz, de verdad y amor. Nos llama a trabajar por el desarrollo de cada persona y de toda la comunidad”(decía D. José Ángel en la homilía). Para construir el Reino es necesario tener en cuenta lo que decía San Juan Pablo II: “Sin embargo, como he afirmado muchas veces, es un hecho incontrovertible que la interdependencia de los sistemas sociales, económicos y políticos crea en el mundo actual múltiples estructuras de pecado” es decir, en nuestra misión como cristianos, está también la obligación de implicarnos en la transformación de las estructuras de pecado en estructuras de bien, como también decía San Juan Pablo II.

Por eso, hay que tener en cuenta lo que nos dice el papa Francisco en el Mensaje para La Jornada Mundial del Pobre que celebraremos el próximo domingo :“Deseo que la Jornada Mundial de los Pobres, arraigue cada vez más en nuestras Iglesias locales y se abra a un movimiento de evangelización que en primera instancia salga al encuentro de los pobres, allí donde estén. No podemos esperar a que llamen a nuestra puerta, es urgente que vayamos nosotros a encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida”. Es lo que han hecho los “cirineos” del Gran Poder al ir a los Tres Barrios”.

¿Sería necesario tener en cuenta tantas citas de papas, enncíclicas, concilios…? No, si cuando rezamos el Padre Nuestro lo hiciéramos plenamente conscientes de lo que decimos, porque si de verdad nos sentimos hijos de Dios y que el otro es nuestro hermano, ¿no haríamos todo lo necesario para liberarlo de su pobreza y transformar las estructuras que crean desigualdad e injusticia? Indudablemente bastaría rezar el padrenuestro para sentir una fraternidad universal (Fratelli tutti) y estar dispuestos a sentir un “Nosotros cada vez más grande” (Jornada del migrante y refugiado)

 

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«Con gran poder y gloria», comentario al Evangelio del XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario − B

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Foto: El Juicio Universal. Miguel Ángel (1536-1541). Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano.

Cuando el año litúrgico está terminando (el próximo domingo será el último, en el que celebraremos la fiesta de Jesucristo Rey del universo), la Iglesia nos muestra el camino para alcanzar la meta que conduce a ella. El final no es otro que Jesucristo, que, como hombre, representa el culmen del universo alcanzada ya en su propio ser; y, como Hijo de Dios, constituye nuestro encuentro definitivo en el seno de la Santísima Trinidad. Por medio de Él, el universo, el hombre y la historia completan su caminar por la vida para desembocar en la eternidad, como los ríos van a dar a la mar.

Hay un gran paralelismo entre la lectura del libro de Daniel y el discurso escatológico de Jesús, que nos presenta el evangelista san Marcos. Ambos ponen sus ojos al final de los tiempos movidos por la misma intención. El libro de Daniel fue escrito en tiempos de persecución de la fe y el culto al Dios de Israel bajo el dominio seleúcida, a principios del siglo II a. C., para invitar al pueblo judío a mantenerse fieles a Dios hasta la muerte, firmemente anclados en la promesa de la resurrección y la salvación. (La alusión al fin de los tiempos queda clara por la mención de la resurrección de los muertos). Entonces los sabios brillarán como el fulgor del firmamento, y los que enseñaron a muchos la justicia, como las estrellas, por toda la eternidad; en cambio, los impíos resucitarán para vergüenza e ignominia eterna. Habrá discriminación entre buenos y malos, porque el pecado no tiene cabida en Dios. Jesús dice que los que vivan en la tierra por aquellos días verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y gloria; enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo.

No es entonces temor, lo que el fin del mundo nos tiene que traer, a pesar del lenguaje apocalíptico con que se expresa, sino esperanza, como los dolores de parto, que anuncian la llegada al mundo de una nueva criatura. El mundo no acabará en ruina, sino que alcanzará su plenitud, en una maravillosa perfección.

El fin de este mundo está inscrito en su condición de criatura, pero, porque Dios lo llamó a la existencia, está destinado a perdurar, ya que Dios es fiel a sí mismo (no es primero sí y luego no) y es fiel a sus criaturas, en las que ha inscrito una expectativa de permanencia. la devastación del mundo es el paso necesario para transformarse en un mundo nuevo, que, siendo el mismo, participe de la eternidad de Dios, aunque no indiscriminadamente, sino santificado para ser digno de Él.

El pecado es lo único que no es digno de Dios y no tiene lugar en Dios. Pero el pecado fue abolido por el sacrificio del Hijo de Dios, en virtud del cual fue invitado a sentarse a la derecha del Padre y obtuvo la santificación de sus hermanos y la derrota de sus enemigos. No obstante, la victoria completa aún no ha tenido lugar, sino que se va perfeccionando en el tiempo de la historia hasta la venida gloriosa del Hijo del hombre como un ser celestial.

El mundo vino a la existencia por la decisión exclusiva del Creador, sin contar con el hombre, que apareció hace tan sólo unos 200.000 años, formado de las entrañas del cosmos, aunque no enteramente, sino también del aliento divino infundido en las nariz de Adán; en cambio, el fin de los tiempos tendrá el sello de la acción del hombre. Todos contribuimos por acción u omisión, a la configuración del mundo, no de manera mecánica, natural y fatalista, sino libre y voluntaria, de ahí nuestra responsabilidad y el hecho de que no todos participaremos de la misma manera en el triunfo del Hijo del hombre, que vendrá a culminar la obra del hombre con su acción divina transformadora.

P. Emilio Rodríguez Claudio,
vicario general de la Diócesis de Huelva

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