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Comentario al evangelio del domingo 10 de octubre, por Salvador Gil

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El sacerdote Salvador Gil, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el evangelio del Domingo XXVIII del Tiempo Ordinario, 10 de octubre de 2021 (Marcos 10, 17-30).

El encuentro con Jesús no deja a nadie indiferente. En el evangelio de hoy Jesús es preguntado sobre qué se debe hacer para alcanzar la vida eterna. Esta vida que empieza aquí ya, y que es para nosotros plenitud y gozo cuando seguimos con fidelidad al Señor. 

Aunque esta persona ha cumplido desde su juventud los mandamientos, y lleva una vida honrada, Jesús lo cuestiona. Se queda mirándolo y lo amó. Antes de la propuesta del seguimiento, hemos de experimentar que Jesús nos mira y nos ama incondicionalmente. Solo desde ahí se podrá dar una verdadera respuesta.

En el seguimiento del Señor quizás nos pueda faltar algo. En este caso es el apego a las riquezas. Suele ser algo que dificulta un radical seguimiento del Maestro. Jesús lo invita a dar tres pasos antes de ir con él: vender todo lo que tiene, esto es, deshacerse de lo material, de aquello que no es importante y le ocupa el corazón; dárselo a los pobres, es decir, compartirlo y repartirlo con quienes más lo necesita; y responder con libertad a la llamada: ir con Él y seguirle.

Estas exigencias de Jesús no lo han convencido. Decide marcharse, declinando la propuesta. Ninguno de nosotros está libre de ello. Siempre habrá algún motivo que nos impida dar una respuesta total a las exigencias de Jesús. Él era muy rico, ¿y nosotros? 

Los discípulos toman nota de lo sucedido. Es muy difícil que un rico pueda entrar en el Reino de los Cielos. No por el hecho de serlo, sino porque es incapaz de llenar su corazón con la invitación que Jesús le hace. Pensemos qué nos dificulta el seguimiento del Señor para que nuestra respuesta sea cada día más profunda y exigente. Feliz domingo a todos. Feliz día del Señor.   

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El chiringuito del Padre Ramón

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Artículo publicado por el sacerdote Rafael Pérez, delegado de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga, en la sección de opinión EL ALFÉIZAR, en el DIARIO SUR

El sábado el obispo que renunció al gobierno de la diócesis de Málaga celebraba en la Catedral sus bodas de oro episcopales. “Tenía problemas con la espalda”, me respondió Mons. Buxarrais cuando le pregunté por qué había presentado su renuncia. Respuesta inteligente, huidiza y socarrona. Pocos sacerdotes, con la L, recién ordenados, tuvieron la oportunidad de compartir con un obispo dimisionario sus primeros pasos como cura. Tuve esa oportunidad con un referente como don Ramón; que, por cierto, tiene una calle con su nombre en Málaga en el barrio de Cortijo Alto.  

Los sábados por la mañana en la parroquia del Sagrado Corazón de Melilla sacaba una mesa y se sentaba a esperar a que unos y otros viniesen a hablar con él.  De todo y de nada.  De lo humano y divino.  Me decía: “este es el chiringuito del padre Ramón”. ¡Y qué chiringuito!  Gente de todo tipo eran acogidos por el obispo dimisionario que entendió que la ciudad era un un gran monasterio y sus calles el claustro.  Me impresionaba su humildad, un día me pidió perdón; ¡un obispo pidiendo perdón a un cura recién ordenado!  Sorprendía su capacidad de silencio y contemplación.  Llamaba la atención su humanidad.  Coincidiendo con el primer aniversario de ordenación me regaló un libro diciéndome: “Toma, para que lo leas y sufras.”  Me sorprendió lo que dijo.  Cuando lo abrí lo entendí: la obra abordaba de la pretensión de burlar la persecución comunista en la URSS ordenando a la mujer como sacerdote. Una vez caído el telón de cero se impidió el ejercicio sacerdotal femenino a quien fue ordenada.

Toda una toma de contacto con la realidad.  Cruda y veraz.  Como el chiringuito del padre Ramón. Donde la vida se daba cita. Por cierto, faltan más chiringuitos como los de Buxarrais.

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Yuriamna Alonso: «En mi vida hay un antes y un después, al recibir los sacramentos»

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Yuriamna Alonso tiene 38 años y es de origen cubano. Vive en Málaga desde hace dos años y medio. Tras un período de ciclos de preparación, recibía en la parroquia de Nuestra Señora del Carmen, en Málaga, los sacramentos de Iniciación Cristiana. Así explicaba su historia de fe en el programa IGLESIA NOTICIA, en COPE Málaga.

¿Cómo se sintió al recibir los tres sacramentos?

Recibir los tres sacramentos fue para mí una experiencia maravillosa y única, en la que pude experimentar y sentir de cerca la gracia y la fuerza de Dios. En mi vida hay un antes y un después porque Dios es amor, es guía, es luz y justo en el momento de recibirlos sentí mucha paz, alegría y regocijo. Un momento verdaderamente muy especial. 

¿Cómo fue su proceso de preparación?

Mi interés por comenzar a prepararme me lo despertaron tres personas a las que quiero muchísimo: María Isabel, María Teresa y Ricardo Francisco, que fueron mi motor impulsor y quienes me mostraron el camnio del inicio. De hecho, son mis padrinos. Me preguntaron que si estaba bautizada y si quería recibir los sacramentos. Por supuesto, acepté, aunque al principio no era muy consciente del paso que iba a dar, hasta que conocí la vida de Jesús, lo que hizo por nosotros y el plan que tiene Dios para nuestra vida.

Mi preparación fue muy instructiva, la disfruté muchísimo y le agradezco mucho a mi catequista Pilar Alises, miembro de la parroquia del Carmen, excelente maestra. Le agradezco tanta paciencia y dedicación, pues al principio no fue fácil, por mis complicados horarios de trabajo, pero finalmente lo logramos. Lo que más disfruté en mi preparación fue aprender: las catequesis eran muy dinámicas, con mucha interacción y eso hizo que aumentara mi deseo de conocer, mi fe se fortaleciera, y mi relación con Dios con y la Iglesia fuese aún más estrecha. 

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«Un pedacito de esperanza en el infierno más oscuro»

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«Te perdono, pero nunca más vuelvas a tocar a un menor en la cárcel», le dijo Chennor al hombre que había abusado sexualmente de él en repetidas ocasiones mientras estaba preso. Le llevó jabón, agua y comida y le que tuvo que pedir que lo mirara a los ojos. Solo entonces le habló.

Cuando alguien le pregunta cómo fue capaz de hacer eso, siempre responde: «por la gracia de Dios y la ayuda de Don Bosco». Chennon Bah es uno de los de 250 reclusos menores que han salido de prisión gracias a los misioneros salesianos, que llevan ocho años trabajando en la prisión de Pademba Road, en Freetowm, la capital de Sierra Leona.

Estos días ha estado en Málaga durante su visita a Europa junto al misionero salesiano Jorge Crisafulli para presentar el documental “Libertad”, que refleja la labor que estos religiosos están llevando a cabo para rescatar de la prisión a jóvenes como Chennor, que según explica el padre Jorge, «vivió 17 años en la calle y 8 en distintas cárceles, donde no tenía comida, ni agua y los abusos sexuales de adultos eran constantes. Llegó a perder el sentido del tiempo y pensaba que iba a morir, como otros de sus compañeros de celda también menores, unos por falta de comida y otros por los continuos abusos. Pero en ese momento llegaron los salesianos a la prisión y lo llevaron al hogar de esta orden religiosa, Fambul home, donde pudo recuperarse y formarse como soldador».  

Lo peor de todo, explica Crisafulli a diocesismalaga, «son las penas tan enormes que les imponen a chicos tan jóvenes por delitos menores. Los encarcelan por deambular por la calle, pero es que viven en la calle, o los sentencian a cinco años de prisión por robar un teléfono. Por lo que no hay proporción entre los delitos y los castigos, porque pasar por la prisión de Pademba Road es destruirles la vida. Por eso intentamos detectar a los menores dentro del penal y, cuando son sumas de dinero menores, pagamos las multas o la fianza, y también les prestamos servicios legales. Como Don Bosco, intentamos llevar un pedacito de cielo y esperanza en el infierno más oscuro». 

En la actualidad Chennor trabaja para la orden de Don Bosco ya que «cuando llegué como director le dije que su ayuda sería muy buena para detectar a chavales en situaciones similares a la suya, tanto en la calle como dando esperanza a los menores encarcelados, por lo que ha conseguido darle un sentido diferente a su sufrimiento y ha sido capaz de rehacer su vida. Incluso, ha formado una familia, tiene una hija de 3 años y un bebé de 20 días, por lo que es importante que los jóvenes escuchen su testimonio», cuenta Crisafulli. 

Durante la presentación del audiovisual, que tuvo lugar en el teatro del Colegio San Bartolomé de la capital, el padre Jorge explicó que «el hacinamiento, la insalubridad y la convivencia de adultos con menores convierten a estos últimos en víctimas de todo tipo de abusos. Tanto es así, que este penal se construyó en 1937 para albergar a 300 presos y en la actualidad alberga a cerca de 2.000 reclusos hacinados en celdas insalubres».  

 El documental, dirigido por Raúl de la Fuente, ganador de dos premios Goya, se enmarca en la campaña ‘Inocencia entre rejas’, puesta en marcha por Misiones Salesianas para denunciar la situación de vulnerabilidad y violación de derechos de los menores que se encuentran privados de libertad en cárceles de adultos. En el mundo, recuerdan Crisafulli, «hay más de 1,2 millones de menores que son detenidos y encarcelados sin juicio, sin apoyo legal y por faltas leves». 

Es la segunda vez que este salesiano colabora con Raúl de la Fuente en un documental. El primero fue “Love”, que llegó a ser presentado en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra, en el que mostraba la realidad de las menores que se ven forzadas a prostituirse en Freetown, capital de Sierra Leona, y el trabajo que llevan a cabo los misioneros salesianos para ayudarlas a salir de la prostitución, ofreciéndoles atención médica, educación y capacitación laboral.  

Jorge Crisafulli (Bahía Blanca, Argentina.1961) cumplirá pronto 20 años como misionero en África. Fue ordenado sacerdote en 1990 y trabajó durante cuatro años en Villa Regina, en el Alto Valle del Río Negro (Argentina). Posteriormente, pasó por Europa para estudiar idiomas y recibir formación y en enero de 1995 llegó a Ghana y comenzó a trabajar con la Pastoral Juvenil. Más tarde, llegó a ser director de varias comunidades salesianas y rector de escuelas técnicas, hasta que lo eligieron superior de las comunidades salesianas en África Occidental. Actualmente, el padre Jorge es el responsable de los misioneros salesianos para la zona anglófona del Oeste de África, que engloba los países de Ghana, Liberia, Sierra Leona y Nigeria.

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Funeral del Rvdo. Jesús Muñoz Cuenca (Cementerio-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, durante el funeral del Rvdo. Jesús Muñoz Cuenca celebrado en el Cementerio de Málaga

FUNERAL DEL RVDO. JESÚS MUÑOZ CUENCA

(Cementerio-Málaga, 5 octubre 2021)

Lecturas: Dt 8, 7-18; Sal: 1Cro 29, 10-12; 2 Co 5, 17-21; Mt 7, 7-11.

(Témporas de acción de gracias y de petición)

1.- Agradecer los bienes que Dios nos regala

Hoy celebra la Iglesia católica las Témporas de acción de gracias y petición. Es una fiesta que tiene sus orígenes en el antiguo pueblo de Israel, cuando es introducido en la tierra prometida, después de la salida de Egipto y de su purificación en el desierto. 

Es una fiesta de acción de gracias. Dios ha acompañado al pueblo de Israel, le ha dado los bienes (cf. Dt 8, 7-9), le ha mantenido la vida y el pueblo agradecido bendice a Dios (cf. Dt 8, 10).

Nosotros, fieles a la invitación de la Iglesia, hoy queremos agradecer los bienes que Dios nos da: la vida, la fe, los sacramentos, la gracia, la familia y tantísimas cosas. Y, de modo especial, queremos agradecerle la persona y presencia de nuestro hermano Jesús, al que el Señor quiso darle el sacramento del orden sacerdotal para que lo representara sacramentalmente, para que hiciera las veces de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

Nosotros, pues, para que no nos engriamos pensando que los bienes que tenemos son fruto de nuestro esfuerzo y de nuestro trabajo (cf. Dt 8, 17), hemos de dar gracias a Dios por todo, desde lo que parece más pequeño hasta lo más importante de nuestra vida. 

Damos gracias al Señor por nuestro hermano Jesús. Ha sido un regalo: para los más cercanos un regalo directo, para la Iglesia diocesana un regalo en su ministerio y para toda la Iglesia universal al ejercer su ministerio en favor de todos los hombres.

2.- Dejarnos reconciliar con Dios

San Pablo nos exhorta a dejarnos reconciliar con Dios por medio de Cristo (cf. 2 Co 5, 18); de ese modo recibimos el perdón de nuestros pecados y se restituye nuestra relación con el Señor.

Además, Cristo encargó a sus apóstoles el ministerio de la reconciliación (cf. 2 Co 5, 18). Lo que hizo Jesús reconciliándonos con el Padre les pide a los apóstoles que reconcilien a la humanidad con Dios, haciendo efectiva la redención que Cristo nos ha traído. Agradecemos a Dios el perdón de nuestros pecados; agradecemos que Cristo nos haya reconciliado con Dios Padre. No nos reconciliamos nosotros, no nos perdonamos nosotros, somos perdonados por la entrañable misericordia de Dios. Y eso es motivo de acción de gracias. 

También queremos dar gracias al Señor porque nuestro hermano Jesús ha sido instrumento de reconciliación, de amor, de perdón, de misericordia de Dios entre los hombres. No solo por su bondad personal, sino como sacerdote que ofreció la reconciliación a los penitentes que se acercaron a celebrar el sacramento del perdón. 

Todos los sacerdotes damos gracias al Señor que nos ha elegido para ese ministerio. Y hoy, de modo especial, damos gracias por el ministerio de nuestro hermano Jesús, fundamentalmente de cara a la reconciliación como nos pide san Pablo: dejémonos reconciliar por Dios mediante Cristo y a través de la mediación de la Iglesia (cf. 2 Co 5, 20). A veces dice la gente: “Yo me confieso directamente con Dios”; pero nadie se puede reconciliar a si mismo con Dios, pues necesitamos el perdón de la Iglesia. Aunque todos podemos pedir perdón directamente a Jesucristo, solo somos reconciliados por mediación de su Iglesia; la seguridad de que somos perdonados la tenemos solo en el sacramento de la reconciliación o de la penitencia. Solo cuando el sacerdote dice en nombre de Jesús: «Yo te absuelvo de tus pecados», estamos perdonados. 

3.- Pedir y llamar

En este día de Témporas, además de dar gracias, la Iglesia nos invita a pedir. Toda bendición tiene una dimensión de acción de gracias y otra de petición.

Nos dicho el Señor Jesús: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá» (Mt7, 7). El cristiano tiene la certeza de que: «El que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre» (Mt 7, 8).

Cuando se llama a la puerta de Dios, Él siempre nos abre. No sucede así cuando llamados a la puerta de otras personas, o acudimos a su corazón, a su la bondad o a su perdón. Siempre que pedimos perdón a Dios, Él siempre nos perdona. Y Él nos concede todo cuanto necesitamos.

El Señor pone como ejemplo el cuidado de los hijos por sus padres: «Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?» (Mt 7, 9-10). Si vosotros lo hacéis así, ¡cómo no lo va a hacer vuestro Padre del cielo que es infinitamente más bondadoso, más misericordioso que cualquier persona humana! (cf. Mt 7, 11).

Esa es la esperanza que tenemos desde la fe de la Iglesia.

Hoy pedimos que el Señor nos siga bendiciendo en este curso pastoral que hemos comenzado. Y le pedimos, de un modo especial, que acoja a nuestro hermano Jesús, sacerdote, en el reino de la inmortalidad y de la paz.

La Iglesia lo pide en nombre de Cristo y Dios Padre lo oye. Nuestro hermano con la ayuda de nuestra oración gozará de la presencia del Señor. Empezó su camino hacia la eternidad en el bautismo. El Cirio Pascual nos lo ha recordado, la fuente bautismal, la luz de la fe, del amor y de la esperanza cristiana que se le regaló en el bautismo y que ahora completa su peregrinación. Que el Señor lo acoja en su seno y que, con creces, como sabe hacerlo, de manera infinitamente mejor que nosotros, le dé ahora la paz eterna y la vida que siempre ha soñado de felicidad con Dios, con los ángeles y los santos.

Que la Virgen María lo acompañe en este último paso a la presencia del Señor. Que así sea.

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Reunión de la Comisión Interdiocesana del Movimiento de Vida Ascendente de Andalucía y Murcia (Casa Diocesana-Málaga)

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Homilía de D. Jesús Catalá durante la Eucaristía celebrada en Casa Diocesana Málaga durante la reunión de la Comisión Interdiocesana del Movimiento de Vida Ascendente de Andalucía y Murcia

REUNIÓN DE LA COMISIÓN INTERDIOCESANA DEL MOVIMIENTO DE VIDA ASCENDENTE DE ANDALUCÍA Y MURCIA

(Casa Diocesana-Málaga, 5 octubre 2021)

Lecturas: Dt 8, 7-18; Sal: 1Cro 29, 10-12; 2 Co 5, 17-21; Mt 7, 7-11.

(Témporas de acción de gracias y de petición)

1.- Agradecer los bienes que Dios nos regala.

Hoy celebra la Iglesia las Témporas de acción de gracias y petición. Como toda bendición es una acción de gracias, bendecimos a Dios, alabamos a Dios, le damos gracias y, al mismo tiempo, le pedimos que siga bendiciéndonos.

La fiesta litúrgica de hoy se puede celebrar en un solo día, hoy, o en tres días. El primer día es acción de gracias, el segundo es de petición de perdón y el último es petición de nuevos bienes.

Esta fiesta tiene sus orígenes en el antiguo pueblo de Israel, cuando éste fue introducido en la tierra prometida después de haber salido de Egipto y atravesado el desierto. Una vez se encuentra en la tierra que tiene bienes que él no ha cultivado (cf. Dt 8, 7-9), el pueblo da gracias a Dios de todo ese proceso de crecimiento, de maduración, de salvación que el Señor ha hecho con él (cf. Dt 8, 10).

El libro del Deuteronomio recordaba al pueblo que no debía olvidar al Señor que lo había salvado y le había regalado los bienes prometidos; más aún, debía observar los preceptos, mandatos y decretos que le daba (cf. Dt 8, 11).

El autor le advertía que no debía engreírse su corazón y olvidarse de Dios, pensando que su vida era fruto de su esfuerzo (cf. Dt 8, 17), pues es el Señor quien regala todo (cf. Dt 8, 12-16).

A nosotros nos advierte y nos anima en esta fiesta, en primer lugar, a dar gracias a Dios por la vida, –en Vida ascendente ya una vida larga–, por tantos beneficios que hemos recibido del Señor, y a no engreírnos de las grandes y hermosas cosas que hemos hecho, porque en realidad ha sido el Señor quien nos ha permitido hacer esas cosas.

Todo es gracia, todo es don de Dios. Incluso las cosas buenas que hemos hecho a lo largo de la vida, las agradecemos a Dios porque Él nos lo ha permitido hacer.

Ello nos lleva a dar gracias a Dios; y debemos hacerlo con humildad y sin enorgullecernos de lo que hemos hecho, de lo que hemos sido, de lo que hemos programado, de lo que hemos conseguido; sin engreírnos, con sencillez, como la Virgen María. Ella no iba diciendo que era la madre del Señor, la madre del Mesías. Vivía su maternidad en silencio agradecido a Dios, apoyando a su Hijo en todo lo que podía.

Por eso el Señor nos invita hoy a bendecirlo, a cantarle su poder, su gloria y a darle gracias.

2.- Dejarnos reconciliar con Dios.

San Pablo nos exhorta a dejarnos reconciliar con Dios por medio de Cristo (cf. 2 Co 5, 18); de ese modo recibimos el perdón de nuestros pecados y se restituye nuestra relación con el Señor.

El único que reconcilia a la humanidad con Dios es Jesucristo. Él es el único Mediador, el único Salvador, no hay otro a través del cual podamos salvarnos. No hay otro puente entre la humanidad y Dios, no hay otro camino.

Jesucristo no nos indica el camino, –como los indicadores de las carreteras–; no nos indica el camino hacia el cielo; no es un simple indicador, sino que Él es el camino. Quien no recorre su vida con Él, no va a ningún sitio.

Él, que nos reconcilió con Dios Padre, dio a los apóstoles (cf. 2 Co 5, 18), a sus sucesores y a los sacerdotes el ministerio de reconciliar (cf. 2 Co 5, 20). La confesión de los pecados la hacemos a través del ministerio sacerdotal. Los sacerdotes y los obispos también nos confesamos; no nos auto-confesamos, tenemos que pedir perdón a Dios a través de otro sacerdote.

Todos hemos escuchado muchas veces esa expresión que dice: “yo me confieso con Dios”. Uno puede hacer lo que quiera, pero la certeza de que Dios nos ha perdonado solo la tenemos cuando escuchamos las palabras del sacerdote: «Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo»; porque no perdona el sacerdote, sino que perdona Cristo. En esos momentos, el sacerdote representa a Cristo, por eso el sacerdote no dice: “Cristo te perdona los pecados”, sino que dice: «Yo te perdono», porque habla Cristo por él.

Esa reconciliación, ese perdón de los pecados, lo necesitamos porque somos pecadores. El tiempo de Témporas es propicio para hacer la reconciliación con Dios, pidiendo perdón de nuestros pecados.

Somos pues, los sacerdotes, instrumentos de reconciliación, de amor, de perdón y de misericordia de Dios. Pero somos simplemente instrumentos que necesitamos, a su vez, a otros sacerdotes para recibir el mismo perdón.

3.- Pedir y llamar.

El Señor en el evangelio nos ha dicho: «Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá» (Mt 7, 7). Este es el tercer aspecto de las Témporas. Primero es acción de gracias; segundo, petición de perdón; y tercero, seguimos pidiendo a Dios que nos bendiga y que siga dándonos sus dones, sus bienes, su amor, su perdón, su misericordia, porque lo necesitamos.

El Señor pone como ejemplo el cuidado de los hijos por sus padres: «Si a alguno de vosotros le pide su hijo pan, ¿le dará una piedra?; y si le pide pescado, ¿le dará una serpiente?» (Mt 7, 9-10). Pues si nosotros que somos humanos y pecadores damos lo que necesitan a nuestros hijos, ¡cuánto más nuestro Padre del cielo nos va a dar lo que necesitamos! (cf. Mt 7, 11).

Ahora bien, atención a lo que pedimos, porque si pedimos algo que no nos va a hacer bien espiritualmente, el Señor no nos lo va a conceder. Somos más pedigüeños que agradecidos. Pedimos mucho, pero tenemos que plantearnos si lo que estamos pidiendo a Dios es para nuestro bien, para nuestra vida espiritual y para la eternidad, para la felicidad eterna, porque, a lo mejor, estamos pidiendo algo que Él no nos va a conceder porque, en su proyecto y en su plan, tiene unas cosas que no están en nuestros proyectos, ni en nuestros planes.

Si decimos en el Padrenuestro: «Hágase tu voluntad», no podemos decir a continuación: “Señor, haz mi voluntad. Te pido que…”, y ahí ponemos una serie de peticiones que, a lo mejor, no tenemos que hacerlas.

4.- Vida Ascendente de Andalucía y Murcia.

Me alegra mucho que estéis aquí y que tengáis este encuentro del Movimiento de Vida Ascendente. Sois personas ya con mucha experiencia y con gran madurez. Habéis vivido una larga vida. No todos llegan a vuestra edad; hay mucha gente que se queda en el camino con corta edad Y, por eso, nos enfadamos con Dios. Pero, ¿y si el Señor para ese joven, que ha muerto con pocos años, tenía ese proyecto de vida y Él quería llevárselo ya consigo a la eternidad? ¡Quiénes somos nosotros para pedir cuentas al Señor!

Seamos agradecidos y vosotros, con vuestra experiencia de fe y de maduración humana, podéis ayudar a otras personas a que sepan caminar por la vida con esa prudencia y con ese saber que vosotros tenéis.

Nuestra sociedad en general rechaza a los mayores, los quita pronto de los cargos, de las empresas, de la política, de la toma de decisiones… Otras sociedades han utilizado siempre a los más ancianos, a los más sabios, a los más prudentes, para gobernar a los pueblos y no les ha ido mal. Nuestra sociedad arrincona a las personas que cree que no son tan útiles; pero los mayores sois muy útiles. No todo está en producir cosas materiales o en hacer negocio; hay valores en la vida humana que son mucho más profundos y más valiosos que la simple producción de los bienes materiales. No hace falta construir coches o electrodomésticos para ser útiles a la sociedad.

Un consejo vuestro, una oración vuestra, un gesto vuestro puede ser mucho más importante que la producción de bienes materiales en cadena. Tenéis una gran tarea no sólo en la Iglesia como creyentes, como educadores de la fe de vuestros nietos o hijos, sino también en la sociedad. Porque es una sociedad que necesita el testimonio de los creyentes, de personas de fe que pongan un poco de luz en tanta ceguera como hay, un poco de luz en la oscuridad. Eso podéis hacerlo vosotros perfectamente y es vuestra tarea. No renunciéis a ello.

Os animo a que cada uno, donde esté, ponga como una pizca de sal, como dice Jesús: «Sois la sal de la tierra y la luz del mundo» (cf. Mt 5, 13-16). Poned esa pizca de sal y esa pequeña luz que ilumine algo más esta sociedad tenebrosa.

Vamos a pedir al Señor que nos ayude en esa tarea. Le damos gracias y le pedimos que nos siga bendiciendo en este curso pastoral que, en nuestro hemisferio, comenzamos en esta época del año.

Y pedimos a la Virgen María, que fue la Madre del Señor sin ufanarse, que estuvo callada, pero sabía estar ayudando a los apóstoles, a los discípulos, manteniéndoles la esperanza, la llama de la fe, el amor, la alegría. Pedimos a Ella que nos ayude a ser fieles como Ella lo fue. Que así sea.

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La Adoración Perpetua celebra su décimo aniversario

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Esta mañana el Monasterio de la Purísima Concepción acogido la Eucaristía con motivo del décimo aniversario de la Adoración Perpetua.

Esta mañana, festividad de San Francisco de Asís, se ha celebrado en el Monasterio de la Purísima Concepción una Eucaristía en acción de gracias por el X aniversario de la Adoración Perpetua. Esta ha sido presidida por D. Federico Mantaras y concelebrada por D. Lorenzo Morans Pons, D. Carlos Redondo, D. Pablo Gómez y D. Ignacio Gaztelu. Asimismo, han asistido también los seminaristas que como cada año se han encargado de los cantos.

En esta Santa Misa, consiliario de esta realidad eclesial, D. Federico, ha recordado en su homilía que los sacerdotes solo serán santos si los fieles rezan por ellos y que los fieles solo crecerán en santidad con presbíteros según el corazón de Cristo. Igualmente han han merecido una mención especial las monjas Mínimas que acogen la adoración perpetua con tanto cariño en su casa.

El motivo principal de esta Adoración Perpetua, que cumple diez años, es rezar por la santidad de los sacerdotes y por las vocaciones presbiterales. Asimismo, es bueno recordar que se trata de una iniciativa diocesana en la que todos estamos integrados por eso esperamos que nuevos adoradores puedan apuntarse asumiendo algún turno para que cada día seamos más los que demos gloria a Dios.

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«No tengo dudas de que entre todos vamos a conseguir que la isla salga adelante»

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Nieves Mari, Lila, Lourdes, Ana, Eva, Pablo, Olga, Canu… Todos ellos tienen algo en común, son personas voluntarias de Cáritas Diocesana de Tenerife en el Arciprestazgo de Los Llanos de Aridane, en la isla de La Palma. Desde hace 15 días, sus historias han confluido además en uno de los sucesos más amargos que han azotado a la Isla Bonita en su pasado reciente, como ha sido la erupción volcánica de Cumbre Vieja.

En algunos casos, como los de Nieves Mari o Lila, la colada magmática arrasó sus viviendas, ubicadas en la zona de Todoque, una de las más afectadas por el fenómeno natural. Otras, como Eva, Lourdes, Ana, Olga o Mari tuvieron que ser evacuadas de sus casas, y a día de hoy todavía no saben cuándo podrán regresar.

Dedicación y compromiso

Su ejemplo de dedicación desinteresada y compromiso con Cáritas, no obstante, ha hecho que la mayoría de ellas continuaran desarrollando su labor de voluntariado en el Centro de Día para personas en situación de sin hogar ubicado en Los Llanos, donde cada mañana reciben con la misma ilusión de siempre a más de una veintena de personas en situación de vulnerabilidad y exclusión. “Estas personas nos necesitan, antes y después de la erupción; es un servicio al que nos comprometimos, y no les podemos fallar”, exponen Mercedes y Lila, quienes no pierden la sonrisa a pesar de la situación que la mayoría está padeciendo”.

Una de las más afectadas es Nieves Mari, quien vivía en Todoque, justo al lado de la iglesia de San Pío X, que fue portada en todos los medios tras ser literalmente engullida por la lava. “No nos quedó nada. Ni a mí, ni a mis hermanas, ni a mi madre”, agrega nuestra voluntaria de Cáritas Diocesana de Tenerife, quien deja claro que “lo peor fue estar cuatro días con la incertidumbre de ver cómo la lava iba acercándose cada vez más a nuestra casa”.

Pese a la magnitud de la tragedia, Nieves Mari no tiene duda de que su pueblo y su isla van a salir adelante. “Gracias a Alberto (el párroco de San Pío X), que es nuestro guía. Nos mantiene unidos y nos da la fuerza que a veces nos falta”, subraya Nieves, que en la actualidad se está quedando en un apartamento que le prestaron unos familiares en el puerto de Tazacorte.

Dejar toda una vida atrás

Su desgarrador pero a la vez esperanzador testimonio, es muy similar al de Encarnación Martín Mur, conocida cariñosamente como Canu. Ella comenzó a colaborar con Cáritas Diocesana de Tenerife hace más de diez años. Vinculada como voluntaria a la parroquia de Todoque, actualmente es la coordinadora del Arciprestazgo de Los Llanos. En su caso, la presión familiar hizo que unos días después de ser desalojada se marchara a Madrid, donde ahora vive con una de sus hijas.

Entre lágrimas, Canu cuenta que en su casa de Todoque estaba “toda mi vida”. “No podía elegir qué sacar y qué dejar, así que lo dejé todo tal y como estaba”, añade. “El agobio y la incertidumbre me resultaron insoportables, y ni siquiera quise volver a recoger más cosas cuando pude hacerlo”, incide Encarnación, que incluso dejó en la vivienda las cenizas de su pareja, fallecida el pasado mes de enero.

“He llorado mucho durante estos días, pero no por mí o porque mi hogar esté en peligro, sino por mis vecinos”, sostiene Canu, que sigue estando muy presente entre sus compañeros y compañeras del voluntariado y el equipo técnico de Cáritas en La Palma.

“Mis hijas están más preocupadas que yo por lo que le pueda pasar a la casa, y realmente a mí no me importa. Mi única preocupación es que ya nada va a ser como era. Que eso que yo había encontrado allí, esa felicidad, no sé si estará cuando todo pase”, asevera Canu, quien concluye que “la Iglesia, en situaciones difíciles como la que estamos viviendo, ha demostrado que trata de ayudar lo más posible y que siempre está en la primera línea de la acción social a través de Cáritas”.

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Santa María Madre de la Iglesia acoge una misa ortodoxa

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La eucaristía se celebra cada tres meses y en esta ocasión contó con un Bautismo

La parroquia de Santa María Madre de la Iglesia celebró el pasado sábado la misa ortodoxa georgiana. La eucaristía se celebra cada tres meses y, en esta ocasión, al final de la misma se celebró un Bautismo.





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