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Tres romerías andevaleñas, reconocidas con las Medallas de Oro de la Provincia que concede la Diputación

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El Foro Iberoamericano de La Rábida ha sido el lugar que ha acogido esta mañana de martes, 16 de noviembre, el acto de entrega de las Medallas de Oro de la Provincia 2021, al que ha asistido el vicario episcopal para la Administración de los Bienes Diocesanos y Relaciones Institucionales, Jaime Jesús Cano. Se trata de un acto anual en el que la Diputación de Huelva hace entrega de su máxima distinción a personas e instituciones, con motivo del Día la Provincia, constituida el 16 de noviembre de 1835.

Precisamente, este 2021, en la categoría de Fiestas Populares, son tres las romerías andevaleñas que comparten el reconocimiento: la de San Benito Abad, la de la Virgen de Piedras Albas y la de la Virgen de la Peña.

Tal y como se indica desde la institución provincial, todas “encarnan costumbres ancestrales que se mantienen de generación en generación, y que tienen gran arraigo en toda la provincia: la Romería de San Benito Abad, de El Cerro de Andévalo, la más antigua de nuestra provincia; la Romería de Piedras Albas, la primera que abre el ciclo romero de la provincia de Huelva y tiene la originalidad de que es compartida por dos pueblos: El Almendro y Villanueva de los Castillejos. Y la Romería de la Virgen de la Peña, que además de su tipismo y autenticidad se caracteriza por la belleza natural del lugar en el que se celebra”.

En total, trece personas e instituciones, en diez categorías diferentes, han sido reconocidas esta mañana con la Medalla de Oro de la Provincia: a título póstumo, el piloto Hugo Millán; la artista de flamenco Rocío Márquez; el actor, director y autor de teatro Jesús Domínguez; la modelo, empresaria y actriz Laura Sánchez; la coordinadora del Observatorio La Rábida de Desarrollo Sostenible y Cambio Climático para Iberoamérica, Rosa Castizo; la asociación Teléfono de la Esperanza; la Unidad Militar de Emergencias; la empresa García Carrión; la Cabalgata de Reyes Magos de Higuera de la Sierra; y el programa de Canal Sur Televisión Tierra y Mar.

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«Por una Iglesia Sinodal», próxima sesión de formación para laicos

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El decano de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad Pontificia de Salamanca, el sacerdote José de San José Prisco, será el encargado de la próxima sesión de formación para laicos que con el título «Por una Iglesia Sinodal» tendrá lugar el próximo jueves, 18 de noviembre, en el Seminario Diocesano.

El profesor San José Prisco realizará un recorrido desde la eclesiología conciliar del Pueblo de Dios, a la eclesiología de comunión y a su desarrollo en la sinodalidad como «dimensión constitutiva de la Iglesia y su base en la corresponsabilidad y participación de todos los fieles en la misión de la Iglesia. A partir de ahí, explicará los niveles de la sinodalidad y la reforma que propone el proceso sinodal cuya fase diocesana inauguraba el obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, el 17 de octubre pasado.

José San José Prisco, nacido en Valladolid (1966), es catedrático de Derecho Canónico, decano de la Facultad de Derecho Canónico de la UPSA y sacerdote de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos (Diócesis de Valladolid).

Destaca su labor internacional como rector del Pontificio Colegio Español de Roma (2015-2020), profesor de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (2017-2020), director del centro mexicano de orientación y formación de las vocaciones ‘Animación Vocacional Sol’ (1992-1995) y como director de la ‘Escuela de Formación para miembros de Institutos de Vida Consagrada’ en el estado mexicano de Yucatán (1995-1996).

San José Prisco realizó Estudios Eclesiásticos en la Universidad Pontifica de Salamanca y tras una estancia en Washington D.C. (USA) se licenció en Derecho Canónico por la Universidad Gregoriana de Roma (Italia). Posteriormente obtuvo el Doctorado en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Salamanca.

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Terminan las obras en la parroquia San Antonio de Padua

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El Obispo presidió la eucaristía de acción de gracias el pasado jueves, 11 de noviembre

Monseñor Demetrio Fernández acudió a la parroquia San Antonio de Padua de la ciudad para presidir la eucaristía de acción de gracias celebrada con motivo de la clausura de las obras que se han llevado a cabo en el templo. El Obispo estuvo acompañado de Miguel García, director técnico de patrimonio de la Diócesis. Era necesario un recalce de la estructura y adoptar un sistema de cimentación de tipo profundo. El prelado aprovechó la ocasión para visitar a los titulares de la Hermandad Sacramental de la Merced, que tiene en San Antonio de Padua su sede canónica.





















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«A los pobres los tenéis siempre con vosotros»

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Carta pastoral del obispo de Cádiz-Ceuta, Mons. Rafael Zornoza:

El domingo 14 de noviembre celebramos la JORNADA MUNDIAL DE LOS POBRES, una jornada creada por el Papa Francisco, que tiene este año como lema la frase de Jesús: «A los pobres los tenéis siempre con vosotros» (Mc 14,7).

El Papa recuerda la escena de la mujer pecadora que ungió con un carísimo perfume a Jesús, entre las murmuraciones de los demás, que preguntaban. «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para darlos a los pobres?». Eso dijo Judas, que según San Juan era ladrón y no pensaba en los pobres sino en quedarselo. El cristiano está llamado a seguir el ejemplo de Jesús en el amor a Dios y al prójimo, especialmente a los más vulnerables. «Ninguno es tan pobre que no pueda dar algo de sí mismo. Los pobres no pueden ser sólo los que reciben, sino que hay que ponerlos en condiciones de poder dar, porque saben bien cómo corresponder. Con frecuencia los pobres nos enseñan la solidaridad y el testimonio de compartir. (Mensaje para la V Jornada Mundial de los Pobres, Papa Francisco).

El rostro de Dios que revela Jesús es el de un Padre para los pobres, siempre cercano a ellos. Jesús nos recuerda que el primer pobre es Él, el más pobre entre los pobres, porque los representa a todos, y manifiesta que la pobreza es un signo de su presencia entre nosotros, pues comparte con ellos la misma suerte. Esta es una importante lección para sus discípulos de todos los tiempos. Sus palabras «a los pobres los tenéis siempre con vosotros» indican que su presencia en medio de nosotros es constante, pero no para que nos acostumbremos y nos hagamos indiferentes, sino para involucrarnos con ellos. En nombre de los pobres, de las personas solas, marginadas y discriminadas, el Hijo de Dios aceptó el gesto de aquella mujer.

Los pobres tienen mucho que enseñarnos–dice el Papa—. Para empezar, conocen al Cristo sufriente, puesto que participan en sus propios dolores. Hace falta que nos dejemos evangelizar por ellos y descubrir a Cristo en ellos, prestarles nuestra voz en sus causas, pero también ser sus amigos, escucharlos, interpretarlos y recoger la misteriosa sabiduría que Dios quiere comunicarnos a través de ellos. Muchos santos y santas ejemplares han compartido con los pobres su proyecto de vida.

Los pobres están entre nosotros. Qué evangélico sería si fuesen parte de nuestra vida e instrumentos de salvación, pero no llamarán a nuestra puerta, sino que hemos de encontrarlos en sus casas, en los hospitales y en las residencias asistenciales, en las calles y en los rincones oscuros donde a veces se esconden, en los centros de refugio y acogida.

Que nuestro compromiso no consista exclusivamente en acciones de promoción y asistencia; pues lo que el Espíritu moviliza en nosotros no es puro y simple activismo, sino ante todo una atención puesta en el otro “considerándolo como uno consigo”.

No perdamos nunca de vista la oportunidad que se nos ofrece de hacer el bien. Se trata de abrir nuestro corazón para reconocer las múltiples expresiones de la pobreza y en manifestar el Reino de Dios mediante un estilo de vida coherente con la fe que profesamos. Tengamos iniciativas con los pobres, compartamos nuestros bienes a través de Cáritas Diocesana o parroquial, ayudemos a cuantos atraviesan dificultades económicas y suelen acudir a los centros de caridad. Que no nos acostumbremos a su presencia en medio de nosotros, sin involucrarnos en compartir la vida con ellos. Tenemos que volver la mirada a Jesús y al Evangelio para dejarnos interpelar por su Palabra, y por su forma de vivir y de relacionarse con los más pequeños. Ellos nos abren el camino de una caridad que llega hasta el cielo.

+ Rafael Zornoza
Obispo de Cádiz y Ceuta

Homilía del domingo XXXIII del T.O

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Lecturas bíblicas: Dn 12,1-3; Sal 15,5; 8,9-11 (R/. «Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti»); Hb 10,11-14.18; Aleluya: Lc 21,36 («Estad despiertos en todo tiempo…»); Mc 13,24-32

Queridos hermanos y hermanas:

Estamos llegando al final del año litúrgico y la palabra de Dios en estos últimos domingos nos coloca ante el juicio último de la historia y su desenlace en el marco de una visión apocalíptica de conmoción general del universo creado. Para la descripción de esta visión global del desenlace de la historia los autores sagrados se sirven de imágenes que ponen de manifiesto la condición creada y perecedera del orden natural del mundo creado, que se expresa en un género literario de amplia presencia en la Biblia conocido como género apocalíptico. Así el pasaje del evangelio de san Marcos que acabamos de escuchar, cuyo más amplio desarrollo encontramos en el evangelio de san Mateo, presenta la conmoción de los elementos cósmicos estremeciéndose ante la llegada del Hijo del hombre. El retorno del Señor resucitado en su gloria viene en el relato acompañado de estos signos que parecen aludir a la consumación del mundo, vinculándolos el evangelista al juicio divino sobre las acciones humanas. La venida del Hijo del hombre, con los poderes que el Padre le ha entregado, es el retorno del Resucitado convertido en juez universal para ejercer la justicia definitiva.

San Pablo describe también la venida del Hijo del hombre acompañado de los ángeles de Dios, porque el Señor —comenta el Apóstol— bajará del cielo «con clamor, en voz del arcángel y trompeta de Dios» (1Ts 4,16). Es un cuadro imaginario que él compone sirviéndose de la literatura apocalíptica, en la cual se describen las representaciones del cielo y del orden divino como ámbito de gloria y majestad que rodea la presencia de Dios y de Cristo como juez plenipotenciario de Dios. A este orden divino pertenecen los ángeles y su llegada con el juez universal es escenificada mediante las poderosas imágenes del fulgor del relámpago y el sonar del aparato eléctrico de la tormenta, de las cuales se sirven los autores sagrados para describir las teofanías, es decir, las manifestaciones de Dios siempre trascendente al mundo, cuya presencia no puede resistir el ser humano sin experimentar la muerte.

Esta visión de la venida del Señor de la que hoy habla el evangelio del domingo se inspira en descripciones como la revelación de Dios en medio del fragor de la tormenta sobre el monte Sinaí, cuando Dios entrega las tablas de la Ley a Moisés, donde «el sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte» (Éx 19,19), mientras Dios y Moisés hablaban y el pueblo se estremecía de temor ante la majestad inmensa de Dios. El pueblo suplicaba a Moisés que no les hablara Dios, para no morir (cf. Éx 20,19), que les hablara el propio Moisés, que es presentado como mediador de la Alianza antigua. La venida del Hijo del hombre es también descrita como la llegada de quien se acerca a la historia humana sobre las nubes del cielo, como sucede en la visión de Daniel que nos transmite la primera lectura. En ella la figura del Hijo del hombre viene con la majestad de Dios y recibe de él «poder, honor y reino», y a este ser divino contemplado por el profeta «le servían los pueblos, naciones y lenguas», y ese dominio propio del plenipotenciario de Dios es «poder eterno y nunca pasará y su reino no será destruido» (Dn 7,13-14).

Estas imágenes son una importante ayuda para que el evangelista presente a Jesús como el nuevo y definitivo Mediador entre Dios y los hombres, a quien el Padre ha entregado el juicio sobre la vida del hombre y la realización de la historia, sin que ningún ser humano pueda determinar ni cómo ni cuando Dios ejercerá este juicio definitivo, tanto para cada uno com. para el conjunto de la historia humana. La verdad cierta que la Iglesia nos transmite como contenido de la revelación de Cristo es que la consumación de la vida humana es para cada uno en particular la llegada del Señor en la hora de la muerte. Esta es el acontecimiento que nos abre de forma personal al tránsito de este mundo al mundo trascendente que ha de seguir a nuestra vida temporal. Seremos llamados a la presencia de Dios, de modo que tengamos por cierto lo que dice san Pablo: «que es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada cual reciba conforme a lo que hizo durante su vida, el bien o el mal» (2Cor 5,10).

El juicio divino nos viene predicho por el profeta Daniel en el fragmento que hemos escuchado, en el que asimismo tenemos el género literario apocalíptico utilizando las imágenes de la pugna permanente que en la vida del hombre se da entre el bien y el mal. Un pasaje bíblico que nos ayuda a mejor comprender el fragmento del evangelio de san Marcos que hemos proclamado. El profeta habla de “tiempos difíciles” para referirse a los últimos tiempos, pero la dificultad cada uno la vive en su propio tiempo terreno, con cuya superación, desechando el mal con los medios que la gracia divina nos asiste, podremos resucitar para la vida, para que nuestros nombres estén inscritos en el libro de la vida.

También en la profecía de Daniel entran en juego los ángeles, espíritus que Dios ha creado y a los que ha encomendado determinados cometidos al servicio de nuestra salvación, porque como dice san Gregorio Magno, «el nombre de “ángel” designa la función, no el ser del que lo lleva»[1]. Si a los que han recibido cometidos o funciones mayores los llamamos arcángeles, san Miguel es el ángel custodio del pueblo de Dios, que ha recibido la misión de ayudar a los hombres a vencer el poder del Maligno, un ángel caído que desobedeciendo a Dios se convirtió en príncipe del mundo pecador, verdadero tentador del hombre. Con su auxilio los seres humanos redimidos por Cristo y rescatados por su sangre preciosa triunfarán de la tentación y saldrán airosos del juicio, si practicamos la caridad y la misericordia, porque «tendrá un juicio sin misericordia el que no tuvo misericordia; la misericordia se ríe del juicio» (Sant 2,13); y es que «el amor cubre multitud de pecados» (1Pe 4,8).

El juicio es acontecimiento es simultáneo a la consumación de nuestra vida, motivo determinante de cómo debemos estar vigilantes. Jesús exhortó con diversas parábolas a la vigilancia, como la parábola de las vírgenes prudentes y necias, que termina con la exhortación de Jesús: «Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora» (Mt 25,13). San Marcos concluye la narración de su evangelio: «El día y la hora nadie lo sabe, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sólo el Padre» (Mc 13,32). Jesús afirma de esta manera que tampoco el Hijo en cuanto hombre sometido a la incertidumbre de la vida humana está eximido de esta ignorancia, en la que transcurre la vida de los hombres. La vigilancia triunfa sobre la tentación, dice Jesús observando que sus discípulos dormían en Getsemaní, mientras él imploraba agónico al Padre que apartara de él el cáliz de la pasión, cuando el enemigo estaba a punto de hacerse presente: «Velad y orad, para que no caer en tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil» (Mc 14,29).

En la acción de vigilancia es la atención al acontecer de la vida lo que resulta de la mayor importancia para vivir en la presencia de Dios y poder ofrecer a los demás la fe que profesamos y la esperanza de la que vivimos. Por eso Jesús pedía saber interpretar los signos de los tiempos y se quejaba de lo fácil que nos es prever los acontecimientos atmosféricos, pero no los signos de los tiempos (Mt 16,3), en los cuales Dios está interpelando nuestra vida y la gracia divina nos ofrece la salvación. No hemos de temer el juicio, si no flaquea la fe y mantenemos la caridad como acción de vida, porque Cristo ha vencido al Maligno y ha triunfado sobre la tentación, ha llevado sobre sí los pecados del mundo y ha muerto para que nosotros encontremos la vida definitiva. El autor de la carta a los Hebreos acrecienta nuestra fe en alcanzar la salvación, al declarar que «Cristo ofreció por los pecados, para siempre jamás, un solo sacrificio; y espera el tiempo que falta hasta que sus enemigos sean puestos como estrado de sus pies» (Hb 10, ); es decir, hasta que el triunfo de Cristo en nosotros se afiance en la consumación de nuestra existencia participando de la vida de Dios, porque dice san Pablo que «hemos sido salvados en esperanza» (Rm 8,24), y aún hemos de alcanzar que aquello que esperamos sea plenitud en nosotros.

El papa Benedicto XVI explana este pasaje de la carta a los Romanos, comentando que la redención es obra realizada de una vez para siempre por Cristo y es el fundamento de la esperanza de nuestra salvación[2]. El papa añade que la esperanza que tenemos en Cristo es una esperanza es fiable, y que gracias a ella podemos afrontar nuestro presente con la seguridad de conocer ya la meta a la que vamos, por eso es inseparable de la fe; y porque la fe es el alimento de la esperanza, frente al agnosticismo y la ignorancia culpable (Hb10,22-23), el cristiano es capaz de dar razón de la esperanza que tenemos (1Pe 3,15). Así, inseparable de la fe, la esperanza fundada nos diferencia de los hombres que no tienen esperanza (1Ts 4,13)[3].

Que la Eucaristía que ahora celebramos afiance en nosotros la fe esperanzada que hace de nosotros cristianos, y que la Virgen María y san José, que son figura y espejo de la fe que en ellos ha colmado su vida en Dios nos ayuden con su intercesión a mantener esta fe esperanzada que profesamos.

Almería, a 14 de noviembre de 2021

+ Adolfo González Montes
Obispo de Almería

[1] San Gregorio Magno, Homilía 34,8: PL 76, 1250.

[2] Benedicto XVI, Carta encíclica sobre la esperanza cristiana Spe salvi [SS] (30 noviembre 2007), n. 1.

[3] SS, n. 2.

La cosecha de amor de unos jóvenes

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Catorce jóvenes cordobeses de la Juventud Protectora de las Ermitas de Córdoba toman la iniciativa de ayudar a las religiosas del Oasis de Jesús Sacerdote en la cosecha de aceitunas, principal sustento de la comunidad

En el Oasis de Jesús Sacerdote de Villaviciosa, la comunidad religiosa no ha estado sola este año en la recolección de la aceituna. Catorce jóvenes cordobeses de la Juventud Protectora de las Ermitas de Córdoba se pusieron en camino y juntos recogieron la cosecha de la que depende buena parte el sustento anual de la  comunidad religiosa.

Ni lo escarpado del terreno ni las condiciones climatológicas han impedido que los jóvenes viajaran para ponerse al servicio de la comunidad. Es el caso de Carlota, de 22 años, para quien esa experiencia ha servido para conocer más de cerca la vida consagrada y valorar un modo de vida dedicado a la oración y a ofrecer la vida por los sacerdotes y almas consagradas, principal bastión del carisma de quienes allí viven. Para esta joven cordobesa, saber lo que “ellas hacen todos los años” y poder ayudarlas en su labor representa una alegría que desborda cualquier expectativa.

Ramón con solo 15 años se ha afianzado en su voluntad de servir a Dios por medio de obras sencillas como esta recogida de aceitunas, una actividad agrícola desconocida para él que sin embrago le sugiere “ayudar en todas las cosas que podamos”. Esta dura labor ha sido para María de 22 años también una experiencia inolvidable. Para ella es una labor a la que nunca se había enfrentado, un trabajo duro que ha culminado con éxito a base de dedicación, esfuerzo y buena disposición, una actitud que le ha hecho ver la “sonrisa de Dios Padre mirando a sus hijos».

El 26 de noviembre de 2013 se fundó el Monasterio de San José de Villaviciosa de Córdoba. En el Oasis de Jesús Sacerdote, las religiosas están dedicadas a la oración y a ofrecer la vida por los sacerdotes y almas consagradas; su sustento anual depende de los ingresos de la recolección de la aceituna. Año tras año, la comunidad se vuelca en recoger el fruto de los olivos a pesar de la difícil orografía que presenta el norte de la provincia cordobesa.  Este año los jóvenes han aliviado esta dura tarea como ejemplo de servicio y amor a las religiosas.










 

 

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Monseñor Saiz: “La Iglesia es de Cristo y del Evangelio, ni de derechas ni de izquierdas”

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Monseñor Saiz: “La Iglesia es de Cristo y del Evangelio, ni de derechas ni de izquierdas”

Monseñor Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, ha presentado esta mañana en la sede de la Conferencia Episcopal Española las Semanas Sociales de España, unas jornadas que se celebrarán en la capital hispalense los días 25 al 27 de noviembre. En la rueda de prensa que ha compartido con Jesús Avezuela, director general de la Fundación Pablo VI, ha afirmado que “la Iglesia es de Cristo, y la Iglesia es del Evangelio, ni de derechas ni de izquierdas, de Cristo y del Evangelio. Tiene una doctrina social rica con la cual ilumina las situaciones de la vida de las personas y de las sociedades”.

En esta línea, ha recordado el magisterio de Benedicto XVI en Caritas in veritate, donde aporta, entre otras muchas ideas, que “la Iglesia no ofrece soluciones técnicas a los problemas económicos, sino que ofrece criterios que se basan en el Evangelio y en la doctrina social de la propia Iglesia”. “Pues eso es lo que hacemos, el Evangelio y Cristo en nuestra vida no son una realidad espiritualista, desencarnada, sino que está encarnada en las personas, en la vida, en la sociedad”, ha añadido. Monseñor Saiz ha señalado que la Iglesia “nunca debe entrar en política, pero sí debe iluminar las situaciones de las personas, de las familias, de las sociedades. Y ese el objetivo principal de las Semanas Sociales: iluminar problemáticas concretas que afectan a las personas”.

“El laico no vive en una burbuja aislado”

Ha subrayado la pertenencia del laico católico a la Iglesia y la sociedad –“eso es indivisible, es inseparable”-, y ha concluido que “como católico ha de vivir su fe, y como ciudadano ha de contribuir también al buen funcionamiento de la sociedad y de todas las realidades y estructuras que haya en la sociedad”. Ha querido dejar muy clara esta idea, y ha añadido que el laico “no vive en una burbuja aislado, sino que forma parte de este mundo y está llamado a ser en este mundo, sal, luz, fermento en medio de la masa. Por lo tanto, no es sólo algo aconsejable, esa participación y ese trabajo de regeneración de la vida pública, sino que es un deber, y nace de su propia vocación de bautizado”.

La misión del Gran Poder “ha sido en Sevilla algo revolucionario”

El arzobispo ha hecho también balance de la Misión que la Hermandad del Gran Poder ha realizado a Tres Barrios, y ha comenzado destacando el hecho de que esta iniciativa se haya desarrollado “en tres de las parroquias que están radicadas en los barrios más pobres de Sevilla, que son de los más pobres de España y de Europa”. Ha subrayado el carácter evangelizador de la Misión, y ha recordado cómo ha vivido en primera persona distintos momentos de la misma: “Fui por la calle viendo aquellos rostros, aquellas caras de ternura, de esperanza y de alegría porque Jesús del Gran Poder había ido a visitarles. Eso ha sido en Sevilla algo revolucionario –ha destacado-, de una gran trascendencia”, que también “ha servido para hermanar, porque a las tres parroquias fueron a ganar el jubileo todos los grupos sociales de Sevilla. Del centro han ido a las periferias, y se han encontrado allá. Y en la celebración de acción de gracias de la periferia han ido al centro”.

Ha destacado también cómo la Misión “ha revitalizado y ha puesto en valor toda la obra social que llevan las hermandades, que es muy importante, y esta del Gran Poder está centrada sobre todo en aquellos barrios”. En estas tres semanas “se ha unido la verticalidad y la horizontalidad, es decir, la contemplación del Hijo de Dios encarnado, que tiene una fuerza enorme allá en Sevilla, y para todo cristiano, para todo creyente, y también esa dimensión horizontal de hermanamiento entre personas, entre barrios”. Ha querido dejar patente la relevancia de la Santa Misión de la corporación de la Plaza de San Lorenzo, y ha afirmado que “allá decimos que el Gran Poder se ha quedado en Sevilla, en toda Sevilla, porque se ha quedado en los corazones de los sevillanos”.

“Hay que estar en Sevilla y verlo, no vale que te lo expliquen”

Ha finalizado su intervención uniendo esta experiencia cofrade y social con la celebración que acogerá Sevilla el último fin de semana de noviembre: “Es importante cómo allá se ha vivido esa dimensión contemplativa, de oración, espiritual, de verticalidad, y esa dimensión horizontal de fraternidad que ha servido también a lo que apuntan estas Semanas Sociales, de regeneración y de oxigenación en las relaciones humanas y en las relaciones entre grupos y entidades”. “Allá ha sido un regalo, hay que estar en Sevilla y verlo, no vale que te lo expliquen. Os invito a que vayáis allá, pero ha sido un anticipo y un fruto del tema al que apuntan estas Semanas Sociales”, ha concluido.

 

 

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La Fundación Santos Mártires celebra a sus patronos

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Para conmemorar la solemnidad de San Acisclo y Santa Victoria han preparado una peregrinación

La Fundación Diocesana de Enseñanza Santos Mártires ha organizado una peregrinación desde la Catedral hasta la ermita del Socorro el miércoles, 17 de noviembre, solemnidad de San Acisclo y Santa Victoria, patronos de Córdoba y titulares de la Fundación. Las imágenes de los patronos procesionarán por Córdoba e irán acompañadas de un millar y medio de alumnos, profesores y familiares. Durante el recorrido harán una parada en la basílica de San Pedro para hacer una oración antes de llegar a la ermita del Socorro.

Durante todo el mes de noviembre la Fundación está llevando a cabo distintas actividades relacionadas con San Acisclo y Santa Victoria, pero será esta peregrinación la que más participación tenga y con la que se pretende además recuperar el histórico día festivo de los patronos de Córdoba.

El recorrido de la peregrinación y procesión con los Mártires está previsto que sea el siguiente: a las 17:00 horas saldrá desde la Catedral en dirección a la Calle Cardenal González, Lucano, Lineros, Don Rodrigo, Plaza de San Pedro, Iglesia del Socorro y Plaza de la Corredera, donde está previsto que llegue a las 19:30 horas.




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Este viernes 19 de noviembre comienza el II Ciclo Internacional de Órgano Diócesis de Asidonia-Jerez

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El Seminario Mayor Diocesano acogerá este viernes con entrada libre la inauguración del II Ciclo Internacional de Órgano Diócesis de Asidonia-Jerez.

El próximo 19 de noviembre arranca a las 20hrs, siguiendo las medidas higiénico-sanitarias, en el Seminario Mayor Diocesano, recién inaugurado, el II Ciclo Internacional de Órgano Diócesis de Asidonia-Jerez con el maestro organista Bartomeu Manresa. En este concierto, de entrada libre hasta completar el aforo permitido, podremos disfrutar del sonido del órgano del siglo XVIII presente en la capilla del Seminario Diocesano. Asimismo también con entrada libre nos emplazan al Domingo 21 a las 20:30hrs hasta la localidad diocesana de Sanlúcar de Barrameda en la Iglesia Hospital San Diego con el maestro organista Jesús Ciero.

Estos dos conciertos serán los encargados de abrir este II Ciclo Internacional de Órgano Diócesis de Asidonia-Jerez que esta bajo la dirección y coordinación del maestro organista Ángel Hortas. Este programa musical nos llevará has el mes de junio y nos hará un recorrido por distintos templos donde podremos disfrutar con entrada libre de la música en un marco incomparable, además de poder reflexionar con las piezas que interpretarán los maestros organistas entre los que se encuentra el titular del Vaticano y personal del Papa Francisco, Josep Solé.

PROGRAMA DEL II CICLO INTERNACIONAL DE ÓRGANO DIÓCESIS DE ASIDONIA-JEREZ

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“El sacerdote debe ser hoy un hombre de Dios en medio del mundo”

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D. Ángel Moreno en una celebración en su parroquia de Ogíjares en el año 2017.

D. Ángel Moreno Muñoz, ordenado el 14 de abril de 1996, celebró este año sus Bodas de Plata sacerdotales. Hablamos con él de su ministerio después de este cuarto de siglo, que le ha hecho recorrer varias parroquias de Granada, desde la Alpujarra hasta Motril, pasando por San Juan María Vianney y la iglesia de Santa María de la Cabeza de Ogíjares, de la que es ahora párroco.

¿Qué recuerdo guarda del día de su ordenación?

Fueron días vividos con mucha alegría, no solo por mí, sino por toda la familia y las personas que me fueron acompañando durante mi época de preparación para el ministerio. Fuimos la última promoción que ordenó D. José Méndez antes de jubilarse y fue todo muy hermoso, la verdad.

¿Cómo fue el transcurso de esos primeros años de su ministerio como sacerdote?

Los primeros años en la Alpujarra fueron muy bonitos, en el sentido de que estás empezando y la gente te recibe muy bien. Llevaba cinco pueblos, todos muy pequeños. En esos inicios sientes que unas veces aciertas y otras veces no. Continúas también el trabajo de otros sacerdotes que te han precedido y es importante tratar de cultivar lo que ya se ha ido sembrando. ¡Es una tarea apasionante que nunca acaba, porque el Evangelio es siempre nuevo y las personas también!

Lo que más recuerdo con cariño es el agradecimiento de la gente cuando vas cambiando de destino. El que te da las gracias, el que te hace ver detalles en las que no has caído y resulta que has podido ayudarles. Eso es lo que más se te queda: el ver que el Señor va sembrando a través de ti algo de bondad en las personas y en las comunidades.

¿Qué cambios de fondo crees que diferencian a la Iglesia y el mundo desde estos 25 años hasta ahora?

Quizás hace 25 años había más seguridades. Cuando tú llegabas a una parroquia era todo más claro. Sabías cómo tenías que hacer para administrar los sacramentos u organizar la catequesis. Yo diría que ahora tienes que ser capaz de hacer un discernimiento más personal con cada caso, con cada persona, dentro de su situación familiar.

Cuando yo me ordené, por ejemplo, de todos los bautizos que tenía al año solamente una o dos parejas de padres estaban casados por la Iglesia. Hoy podemos decir que son la mayoría. La situación pastoral es muy distinta, también la juventud antes estaba más cerca de la parroquia…. Yo veo que se va acentuando cada vez más lo que dice el Papa Francisco de que hay que ser una Iglesia en salida y no tanto una Iglesia encerrada de puertas hacia adentro.

¿Cómo debe de ser entonces la labor del sacerdote en el tiempo presente?

Lo esencial es celebrar los sacramentos, hacer presente a Cristo sacerdote en medio de la comunidad, pero quizá hoy también haya que acentuar ese papel de sacerdote como como hombre de Dios en medio del mundo. No se trata de ser simplemente un hombre del culto, sino que hay que hay que estar también en medio del mundo, del mismo modo que Jesús recorría los caminos de Galilea e iba encontrando personas marginadas, enfermas, etc.

Pienso que este es hoy el papel del sacerdote. No podemos quedarnos siempre dentro de la Iglesia, aunque forme parte de la obligación de nuestro ministerio. Hay que estar abiertos al mundo, abiertos a las personas que quizás no van a tocar a la puerta de la parroquia para pedir ayuda, pero que a lo mejor te las encuentras en otros lugares, como en la calle, en un negocio o en un comercio.

¿De qué manera ha vivido esto en los últimos doce años en la parroquia de Ogíjares?

Mi intención desde que llegué es crear Iglesia, crear comunidad. Jesús lo dijo en el Evangelio: “donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo”. Hay que estar unidos para que el mundo crea. Pienso que a eso es a lo que hemos de aspirar en una parroquia: a crear una verdadera familia donde estemos unidos por la fe y por la caridad. Seremos así testigos de la presencia del Señor en medio del mundo. El objetivo es que, quien se acerque a la parroquia o conozca a alguien de la comunidad parroquial, pueda encontrarse con Jesús.

Eso es lo que he tratado de hacer con mi servicio, con mi entrega. Habrá cosas en las que hemos crecido, otras en las que tenemos que crecer, pero ahí estamos. Además, no es una tarea que hagas solo y lo haces gracias a los pasos que van dando otras personas que van remando en la misma dirección.

¿Qué balance se puede hacer después de estos 25 años de ministerio?

Yo he de dar gracias al Señor por todas las cosas que ha hecho en mi vida y todas las personas que ha puesto en mi camino. A tanta gente que ha estado ahí y sigue estando ahí a mi lado para ayudarme y darme su testimonio.

Cuando miro hacia atrás la verdad es que me parece que ha sido muy poco tiempo, ha pasado rapidísimo. Lo importante no es tanto hacer balance sino mirar hacia delante y vivir la vida en el seguimiento de Cristo. No se trata tanto de mirar hacia atrás, sino de preguntarse qué es lo que el Señor me está pidiendo ahora, que lo que los demás necesitan de mí.

Tengo mucha alegría al compronar que el Señor, a pesar de mi pequeñez o de mi límite, cuenta conmigo y que quiere hacer algo a través de mí, dándome su gracia, su Espíritu. Yo le pido que pueda seguir renovando esa ilusión y ese deseo de continuar construyendo la comunidad, de poder acercar a Cristo a las personas que voy encontrando en el camino.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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