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‘Somos uno, somos tres’, la nueva campaña de los Equipos de Nuestra Señora

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‘Somos uno, somos tres’, la nueva campaña de los Equipos de Nuestra Señora

Los Equipos de Nuestra Señora han lanzado recientemente una campaña para reivindicar el matrimonio cristiano. El nombre del proyecto es ‘Somos uno, somos tres’, un concepto “que quiere recoger la idea de que el matrimonio debe valerse de Dios para hacerlo grande, para hacerlo fuerte, ya que es cosa de tres y Él lo puede todo”, explican desde su web.

Con esta campaña presentan un ‘manual de instrucciones’ para vivir el matrimonio, entre las que destacan el esfuerzo, la inteligencia y la voluntad, “ingredientes de la receta para estar satisfechos y tener éxito”.

Igualmente, esta nueva campaña sirve como carta de presentación de los Equipos de Ntra. Sra. a todos aquellos matrimonios que no les conozcan. Se trata de un movimiento internacional de matrimonios cristianos que siguen la espiritualidad conyugal. Fundado por el padre Caffarel en París en 1939, ha servido a miles de personas a lo largo de todos estos años, en los cinco continentes.

Más información en ens.sevilla@gmail.com

 

 

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El Papa ofrece tres caminos para construir una paz duradera

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“Educación, trabajo, diálogo entre generaciones” es el tema de la Jornada de la Paz 2022

Tres contextos y tres caminos para construir una paz duradera. Este es el mensaje propuesto por el Santo Padre para el próximo 1 de enero, en la 55ª Jornada Mundial de la Paz, que lleva por título «Educación, trabajo, diálogo entre generaciones: herramientas para construir una paz duradera», en el que identifica asuntos de gran actualidad sobre los que reflexionar y actuar.

El Papa propone una lectura innovadora que responda a las necesidades de los tiempos actuales y futuros. La invitación es a leer los signos de los tiempos con los ojos de la fe, para que desde la educación y la formación se pueda construir una paz duradera. A su vez, hace un llamamiento a los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad “para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz”.

La Jornada Mundial de la Paz fue establecida por el Papa Pablo VI en su mensaje de diciembre de 1967 y se celebró por primera vez en enero de 1968.

Consulta el mensaje íntegro en el siguiente enlace: https://www.vatican.va/content/francesco/es/messages/peace/documents/20211208-messaggio-55giornatamondiale-pace2022.html

 

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Y María, su madre, es virgen

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Admirable el nacimiento de este Niño, que es Dios y se ha hecho hombre, igual a nosotros en todo sin pecado. Él concentra la ternura de Dios para nosotros y provoca nuestra ternura en relación con él y con su Padre Dios.

La navidad es tiempo de recuperar nuestra dignidad de hijos de Dios, si la hubiéramos perdido. Y es tiempo de mirar al horizonte mundial, sabiendo que todos estamos llamados a ser hijos y vivir como tales hijos, y por tanto, a ser y a vivir como hermanos. Esta es la gran dignidad humana, por encima de todas las diferencias culturales o raciales, e incluso por encima de toda diferencia causada por la injusticia de nuestras relaciones.

En medio de este asombroso misterio, que nos llena de estupor, aparece esta mujer singular, María, elegida por Dios para ser la primera colaboradora en la obra de la redención. Preservada de todo pecado, incluso del pecado original, ha concebido al hijo de Dios hecho hombre en la plenitud de su vitalidad, de su fecundidad, sin necesitar el complemento masculino. No hay mujer más fecunda que ella en la historia, y no porque el Espíritu Santo haya suplido al varón, sino porque ella ha sido fecunda de manera superlativa, como ninguna otra mujer antes o después de ella. Ciertamente, esa fecundidad tan grande le viene de Dios, no de ningún invento humano.

María ha vivido su plena dedicación a Dios, ha vivido consagrada en su virginidad a Dios. Incluso el matrimonio concertado con José incluía esta relación virginal. La sorpresa surgió cuando María esperaba un hijo, y nadie (excepto ella) sabía de dónde venía. Ni las explicaciones que pudiera dar María ni los razonamientos que se hiciera José eran capaces de explicar aquello. Fueron las explicaciones dadas por Dios a través del ángel las que dejaron las cosas en su sitio. María en pureza virginal, consagrada a Dios, aceptó ser la Madre de Dios sin relaciones sexuales, en plena virginidad. Y a José se le anunció que el niño que aparecía en el vientre de María venía del amor de Dios, del Espíritu Santo. María y José aceptaron este reto, respondieron a esta vocación tan singular, cumplieron a la perfección la misión encomendada.

Por eso, al contemplar a este Niño, miramos en su entorno y nos fijamos en su Madre. La fiesta del 1 de enero es la fiesta de la maternidad virginal de María, que va acompañada de la paternidad virginal de José. A primera vista parecen realidades incompatibles, la de ser virgen y la de ser madre. Pero en María esas dos realidades se hacen tan atrayentes como fuera la zarza de Moisés, que ardía sin consumirse. “En la zarza que Moisés vio arder sin consumirse reconocemos tu virginidad milagrosamente conservada. Madre de Dios, intercede por nosotros”, reza una antífona del oficio litúrgico de esta fiesta.

En esta maternidad hay una especial intervención divina. Y para esta maternidad ella se ha preparado virginalmente. Y en esta virginidad aparece claramente la entrega a Dios en estado puro, una entrega que no es estéril, sino fecunda abundantemente. Si la fecundidad biológica viene de Dios a través de la mediación de los padres que se unen para engendrar un nuevo ser, la fecundidad de María viene directamente de Dios sin ninguna otra mediación ni complemento, para manifestar que la fecundidad sobrenatural no es menor que la biológica. Y aquí viene el asombro.

Todos podemos seguir a María en esa entrega a Dios, a su Palabra, con pureza de corazón. Cuanto más puro sea nuestro corazón, más fecunda sobrenaturalmente será nuestra vida. El misterio de la navidad nos habla de vida, de vida abundante. De la vida abundante que se engendra biológicamente y de la vida sobrenatural que se engendra por la fe de un corazón puro. Van muy unidas la una y la otra.

Y como esta fiesta coincide con el comienzo del año civil, a todos mi deseo de un año nuevo lleno de bendiciones de Dios.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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Fiestas de precepto y movibles en 2022

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Fiestas de precepto y movibles en 2022

La Conferencia Episcopal Española ha indicado los días de precepto del año 2022, es decir, aquellas solemnidades de la Iglesia en que hay obligación de participar en la Santa Misa (además de los domingos).

En el siguiente calendario se señalan los preceptos comunes a toda España:

1 de enero: Santa María Madre de Dios.

6 de enero: Epifanía del Señor.

19 de marzo: San José, esposo de la Virgen María.

25 de julio: Santiago, apóstol.

15 de agosto: Asunción de la bienaventurada Virgen María.

1 de noviembre: Todos los Santos.

8 de diciembre: Inmaculada Concepción.

25 de diciembre: Natividad del Señor.

 

Por otro lado, las fechas en 2022 de las distintas celebraciones litúrgicas movibles son las siguientes:

Bautismo del Señor: 9 de enero

Miércoles de Ceniza: 2 de marzo

Domingo de Ramos: 10 de abril

Domingo de Resurrección: 17 de abril

Ascensión del Señor: 29 de mayo

Domingo de Pentecostés: 5 de junio

Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote: 9 de junio

Santísima Trinidad: 12 de junio

Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: 19 de junio

Sagrado Corazón de Jesús: 24 de junio

Jesucristo, Rey del Universo: 20 de noviembre

Domingo primero de Adviento: 27 de noviembre

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Intenciones de oración de la Conferencia Episcopal Española para el año 2022

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Intenciones de oración de la Conferencia Episcopal Española para el año 2022

La Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española aprobó en su reunión del 19 al 23 de abril de 2021 las intenciones de la CEE para el año 2022 por las que reza la Red Mundial de Oración del Papa (Apostolado de la Oración).

Las intenciones son:

Enero: Por la paz del mundo, para que los pueblos de la Tierra encuentren caminos de entendimiento, justicia, colaboración y fraternidad, sin olvidar nunca a los más desfavorecidos.

Febrero: Por los consagrados, para que a través del amor a Jesucristo sean testigos y servidores del Evangelio, perseverando en los consejos de pobreza, castidad y obediencia.

Marzo: Por las vocaciones al sacerdocio, a la vida consagrada y a la vida familiar fundada en el sacramento del matrimonio, para que los jóvenes escuchen la llamada que el Señor les hace y respondan con generosidad.

Abril: Por todos los que reciben los sacramentos de la Iniciación Cristiana, para que, configurados con Cristo, sacerdote, profeta y rey, lleguen a la madurez de la fe confesada, celebrada, vivida, orada y testimoniada.

Mayo: Por la completa erradicación de la pandemia del COVID-19 y sus consecuencias, especialmente para las personas y los países más desfavorecidos.

Junio: Por el ministerio del sucesor de Pedro y el de todos los obispos del mundo en comunión con él, para que, sirviendo fielmente al Pueblo de Dios, confirmen a sus hermanos en la fe y guíe sabiamente la nave de la Iglesia.

Julio: Por todos los que sufren, especialmente por los olvidados y descartados de nuestra sociedad, para que encuentren el consuelo de Dios y una mano tendida para ayudarles.

Agosto: Por los laicos, en particular por quienes participan en la Peregrinación Europea de la Juventud, para que sepan llevar la buena noticia del Evangelio, de palabra y de obra, a todos los ambientes de su vida.

Septiembre: Por los migrantes y refugiados, para que encuentren la acogida que esperan, sea reconocida su dignidad y sean atendidos con amor en sus necesidades materiales y espirituales.

Octubre: Por quienes no conocen a Cristo, por quienes han abandonado la fe o son indiferentes a ella, para que puedan recibir el testimonio de palabra y de obra que haga nacer en ellos el deseo de caminar hacia Él.

Noviembre: Por todas las Iglesias locales de España, por sus pastores y por sus fieles, para que en cada una de ellas se viva y anuncie la fe con autenticidad, se fomenten los ministerios laicales y se encuentren caminos nuevos para la pastoral, abiertos a todos.

Diciembre: Por todos los fieles cristianos, para que al preparar y celebrar el nacimiento del Hijo de Dios sean fortalecidos en su fe, crezcan en el aprecio por la vida de los que van a nacer, y vivan en armonía tanto en la familia como en la comunidad cristiana.

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Terminar el año rezando

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Terminar el año rezando

La vigilia de oración será en la catedral, a las 8 de la tarde, el jueves 30 de diciembre

Terminar el año rezando es la propuesta que nos hacen desde la catedral e Guadix, con una vigilia de oración para pedir por el nuevo año que llama a la puerta, para reforzar al esperanza a pesar de los problemas que nos ha traído el año que se va, y para dar gracias a Dios, porque siempre hay mucho que agradecer cuando se termina un año y cuando se espera que llegue otro.

La catedral de Guadix acoge una vigilia de oración en el fin de año. Será este jueves 30 de diciembre, a las 8 de la tarde y estamos invitados todos.
Sin duda que será una oración con la mirada puesta en el año que termina, que tanto dolor ha dejado por la pandemia que nos azota y por la crisis económica que ha provocado. Son muchas las familias que han perdido a un ser querido y del que ni siquiera se pudieron despedir. También son muchas las familias que sufren la precariedad económica que la pandemia está provocando, cuando falta el trabajo o este no va como debiera ir. El desánimo, que afecta a la esperanza, el miedo que nos ha dejado este virus en el cuerpo, la incertidumbre ante el futuro… son huellas que nos deja el año 2021 que se va.
Pero también será un espacio de oración para pedir por el 2022, para volver a encontrar la esperanza, para sentirnos seguros en las manos de Dios, para pedir que se supere ya esta pandemia que nos atenaza, … Sin duda, que será un tiempo de oración para la esperanza y para no sentirnos solos, porque Dios camina a nuestro lado.
Dirigida por religiosas, todos estamos invitados a este tiempo de oración en la catedral, hoy jueves 30 de diciembre, a las 8 de la tarde, para terminar el año en oración y prepararnos para el año nuevo que se nos regalará.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Misa de Inocentes en la parroquia de Santa María de Huéscar.

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Misa de Inocentes en la parroquia de Santa María de Huéscar.

Son muchas las tradiciones que hay en torno a la Navidad, tiempo litúrgico que ahora estamos viviendo, muy arraigadas en distintas parroquias de nuestra diócesis. Sin ir más lejos, en Huéscar se vive el día 28 de diciembre, festividad de los Santo Inocentes, con mucha intensidad, pues se celebra la conocida “Misa de inocentes”. A ella acuden las llamadas cuadrillas a cantar la Misa. Estos cantos son una verdadera catequesis del significado teológico de lo que es la Eucaristía, a la vez que van explicando las distintas vestimentas que el sacerdote utiliza y de los objetos litúrgicos que se usan en la Eucaristía. Conforme la cuadrilla va cantando, él sacerdote se va revistiendo.

La “Misa de inocentes” de este año tuvo lugar el 28 de diciembre, a las siete y media de la tarde, y en ella participaron la cuadrilla de la Cuesta de las Chinas, la cuadrilla de Ánimas de San Clemente, y la cuadrilla de María.
Al finalizar la Eucaristía, las cuadrillas siguieron cantando e interpretando el baile de ánimas en la plaza.
Parroquia de Santa María de Huéscar

 

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“Dio su vida en la misma ciudad por defender su fe y su sacerdocio”

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“Dio su vida en la misma ciudad por defender su fe y su sacerdocio”

Francisco Morales Valenzuela, párroco de Beas de Granada y Quéntar, y coadjutor de Alhama de Granada, que será beatificado en la Catedral de Granada el 26 de febrero de 2022, en la Causa Cayetano Giménez Martín y 15 compañeros mártires del siglo XX en España.

Nació en Alhama de Granada el 22 de noviembre de 1877. Estudió en el Seminario de San Cecilio, terminando cuarto de teología con 22 años. Hizo dos cursos más ampliando estudios pero sin optar a grados académicos. Fue ordenado presbítero el 6 de junio de 1900.

Fue párroco de Beas de Granada, coadjutor de Alhama de Granada, párroco de Quéntar y, finalmente, sacerdote adjunto a la parroquia de su pueblo, sirviendo algún tiempo a Santa Cruz del Comercio. Celebraba habitualmente en la Iglesia del Carmen.
Fue detenido el 27 de julio y encarcelado con los demás sacerdotes del pueblo, pero no salió con ellos el día 30 para ser asesinado. Murió el 1 de agosto. El Siervo de Dios, nacido en Alhama, dio su vida en la misma ciudad, entre los suyos, por defender su fe y su sacerdocio.

Estas fueron las circunstancias de su martirio. Unos aviones atacaron a una columna que salía de Alhama hacia Granada, como represalia algunos se dirigieron a la cárcel con la intención de fusilar a los presos que quedaban. Pero antes el carcelero abrió las puertas y los presos huyeron e intentaron buscar un refugio, pero poco a poco fueron descubiertos y muertos. Fueron unos quince.

El sacerdote junto con otros tres busca amparo en la sacristía de la Iglesia Mayor. Allí le buscan. Abre el Siervo de Dios la puerta y se encuentra cara a los que los buscan. Todos fueron muertos allí. El Siervo de Dios, al parecer, quedó con alguna vida sufriendo vejaciones por parte de los transeúntes durante unas horas.

Finalmente, su cadáver fue arrojado por el pretil existente cerca de la puerta de la sacristía. Estuvo sepultado en el cementerio de Alhama y, posteriormente, fueron trasladados sus restos al Valle de los Caídos.

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El 2 de enero, celebración del Día de la Toma

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Un momento de la celebración de la Toma del pasado año.

El domingo 2 de enero se celebrará el Día de la Toma de Granada. Los representantes de las autoridades políticas y religiosas asistirán a la Eucaristía de las 12:30 horas en la S.I. Catedral. El acto será retransmitido en directo desde el canal diocesano VA Televisión (www.vatelevision.com).

El segundo día de enero de 1492 se produjo la entrada de los Reyes Católicos en Granada. Un acontecimiento que fue festejado en toda Europa y que la ciudad granadina conmemora desde entonces.

Las celebraciones de este año comenzarán a las 12:15, con la recepción de los representantes políticos en la Capilla Real. Allí recogerán la corona de la reina Isabel y la espada del rey Fernando, que portarán respectivamente las autoridades religiosas y civiles, conducidas hacia el altar mayor de la S.I. Catedral.

El cabildo catedralicio y el de Capilla Real concelebrarán juntos la Eucaristía de las 12:30 horas. Al igual que el pasado año, está previsto una asistencia más reducida del número de representantes civiles, políticos y militares, como medida de prevención sanitaria.

Al finalizar la Santa Misa, los participantes regresarán a la Capilla Real para llevar a cabo la tradicional tremolación del estandarte de Castilla. Uno de los representantes del consistorio hondeará el estandarte frente al Santísimo Sacramento y a los sepulcros reales.

El acto concluirá con la visita de las autoridades civiles, religiosas y militares a la cripta de los Reyes Católicos, donde llevarán a cabo la oración final junto a una ofrenda floral.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Carta del Santo Padre Francisco a los matrimonios con ocasión del Año «Familia Amoris Laetitia»

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Queridos esposos y esposas de todo el mundo:

Con ocasión del Año “Familia Amoris laetitia”, me acerco a ustedes para expresarles todo mi afecto y cercanía en este tiempo tan especial que estamos viviendo. Siempre he tenido presente a las familias en mis oraciones, pero más aún durante la pandemia, que ha probado duramente a todos, especialmente a los más vulnerables. El momento que estamos pasando me lleva a acercarme con humildad, cariño y acogida a cada persona, a cada matrimonio y a cada familia en las situaciones que estén experimentando.

Este contexto particular nos invita a hacer vida las palabras con las que el Señor llama a Abrahán a salir de su patria y de la casa de su padre hacia una tierra desconocida que Él mismo le mostrará (cf. Gn 12,1). También nosotros hemos vivido más que nunca la incertidumbre, la soledad, la pérdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de “control”, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no sólo al bien de la propia familia, sino además al de la sociedad, que también depende de nuestros comportamientos personales.

La relación con Dios nos moldea, nos acompaña y nos moviliza como personas y, en última instancia, nos ayuda a “salir de nuestra tierra”, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios está en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos.

Como Abrahán, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. Así, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los días, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno. Una única vida, un “nosotros” en la comunión del amor con Jesús, vivo y presente en cada momento de su existencia. Dios los acompaña, los ama incondicionalmente. ¡No están solos!

Queridos esposos, sepan que sus hijos —y especialmente los jóvenes— los observan con atención y buscan en ustedes el testimonio de un amor fuerte y confiable. «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!».[1] Los hijos son un regalo, siempre, cambian la historia de cada familia. Están sedientos de amor, de reconocimiento, de estima y de confianza. La paternidad y la maternidad los llaman a ser generativos para dar a sus hijos el gozo de descubrirse hijos de Dios, hijos de un Padre que ya desde el primer instante los ha amado tiernamente y los lleva de la mano cada día. Este descubrimiento puede dar a sus hijos la fe y la capacidad de confiar en Dios.

Ciertamente, educar a los hijos no es nada fácil. Pero no olvidemos que ellos también nos educan. El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento. El educador es una persona que “genera” en sentido espiritual y, sobre todo, que “se juega” poniéndose en relación. Como padre y madre es importante relacionarse con sus hijos a partir de una autoridad ganada día tras día. Ellos necesitan una seguridad que los ayude a experimentar la confianza en ustedes, en la belleza de sus vidas, en la certeza de no estar nunca solos, pase lo que pase.

Por otra parte, y como ya he señalado, la conciencia de la identidad y la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad ha aumentado. Ustedes tienen la misión de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias.

También los matrimonios deben “primerear”[2] dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresión de la comunión eclesial; en particular, los «cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente».[3]

Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. Porque «la corresponsabilidad en la misión llama […] a los matrimonios y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, a cooperar de manera fecunda en el cuidado y la custodia de las Iglesias domésticas».[4] Recuerden que la familia es la «célula básica de la sociedad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 66). El matrimonio es realmente un proyecto de construcción de la «cultura del encuentro» (Carta enc. Fratelli tutti, 216). Es por ello que las familias tienen el desafío de tender puentes entre las generaciones para la transmisión de los valores que conforman la humanidad. Se necesita una nueva creatividad para expresar en los desafíos actuales los valores que nos constituyen como pueblo en nuestras sociedades y en la Iglesia, Pueblo de Dios.

La vocación al matrimonio es una llamada a conducir un barco incierto – pero seguro por la realidad del sacramento – en un mar a veces agitado. Cuántas veces, como los apóstoles, sienten ganas de decir o, mejor dicho, de gritar: «¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?» (Mc 4,38). No olvidemos que a través del sacramento del matrimonio Jesús está presente en esa barca. Él se preocupa por ustedes, permanece con ustedes en todo momento en el vaivén de la barca agitada por el mar. En otro pasaje del Evangelio, en medio de las dificultades, los discípulos ven que Jesús se acerca en medio de la tormenta y lo reciben en la barca; así también ustedes, cuando la tormenta arrecia, dejen subir a Jesús en su barca, porque cuando subió «donde estaban ellos, […] cesó el viento» (Mc 6,51). Es importante que juntos mantengan la mirada fija en Jesús. Sólo así encontrarán la paz, superarán los conflictos y encontrarán soluciones a muchos de sus problemas. No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podrán verlos desde otra perspectiva.

Sólo abandonándose en las manos del Señor podrán vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad (cf. 2 Co 12,9). Fue justo en medio de una tormenta que los apóstoles llegaron a conocer la realeza y divinidad de Jesús, y aprendieron a confiar en Él.

A la luz de estos pasajes bíblicos, quisiera aprovechar para reflexionar sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia. Por ejemplo, aumentó el tiempo de estar juntos, y esto ha sido una oportunidad única para cultivar el diálogo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es fácil estar juntos toda la jornada cuando en la misma casa se tiene que trabajar, estudiar, recrearse y descansar. Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar más al otro —al cónyuge, a los hijos— que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escribí en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6).

De este modo, estar juntos no será una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión. Guarden en su corazón el consejo a los novios que expresé con las tres palabras: «permiso, gracias, perdón».[5] Y cuando surja algún conflicto, «nunca terminar el día en familia sin hacer las paces».[6] No se avergüencen de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice. Hacer quizás una breve oración, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jesús presente entre ustedes.

Sin embargo, para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente difícil. Los problemas que ya existían se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables. Muchos han vivido incluso la ruptura de un matrimonio que venía sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar. A estas personas también quiero expresarles mi cercanía y mi afecto.

La ruptura de una relación conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepción de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no fáciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no están juntos. Aun así, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen aún más dolor entre ustedes y a sus hijos. El Señor Jesús, en su misericordia infinita, les inspirará el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en Él un refugio, una luz para el camino, y en la comunidad eclesial una «casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 47).

Recuerden que el perdón sana toda herida. Perdonarse mutuamente es el resultado de una decisión interior que madura en la oración, en la relación con Dios, como don que brota de la gracia con la que Cristo llena a la pareja cuando lo dejan actuar, cuando se dirigen a Él. Cristo “habita” en su matrimonio y espera que le abran sus corazones para sostenerlos con el poder de su amor, como a los discípulos en la barca. Nuestro amor humano es débil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jesús. Con Él pueden de veras construir la «casa sobre roca» (Mt 7,24).

A este propósito, permítanme que dirija una palabra a los jóvenes que se preparan al matrimonio. Si antes de la pandemia para los novios era difícil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta aún más la situación de incerteza laboral. Por ello invito a los novios a no desanimarse, a tener la “valentía creativa” que tuvo san José, cuya memoria he querido honrar en este Año dedicado a él. Así también ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, confíen siempre en la Providencia, ya que «a veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener» (Carta ap. Patris corde, 5). No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino que ustedes están comenzando.

Antes de despedirme, quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar con sus nietos, a las personas mayores que sufrieron de manera aún más radical la soledad. La familia no puede prescindir de los abuelos, ellos son la memoria viviente de la humanidad, «esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor».[7]

Que san José inspire en todas las familias la valentía creativa, tan necesaria en este cambio de época que estamos viviendo, y Nuestra Señora acompañe en sus matrimonios la gestación de la “cultura del encuentro”, tan urgente para superar las adversidades y oposiciones que oscurecen nuestro tiempo. Los numerosos desafíos no pueden robar el gozo de quienes saben que están caminando con el Señor. Vivan intensamente su vocación. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros. Su cónyuge necesita de su sonrisa. Sus hijos necesitan de sus miradas que los alienten. Los pastores y las otras familias necesitan de su presencia y alegría: ¡la alegría que viene del Señor!

Me despido con cariño animándolos a seguir viviendo la misión que Jesús nos ha encomendado, perseverando en la oración y «en la fracción del pan» (Hch 2,42).

Y por favor, no se olviden de rezar por mí, yo lo hago todos los días por ustedes.

Fraternalmente,

FRANCISCO

Roma, San Juan de Letrán, 26 de diciembre de 2021, Fiesta de la Sagrada Familia.

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[1] Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia?» (9 junio 2021).

[2] Cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24.

[3] Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia?» (9 junio 2021).

[4] Ibíd.

[5] Discurso a las familias del mundo con ocasión de su peregrinación a Roma en el Año de la Fe (26 octubre 2013); cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 133.

[6] Catequesis del 13 de mayo de 2015. Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 104.

[7] Mensaje con ocasión de la I Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores “Yo estoy contigo todos los días” (31 mayo 2021).

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