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Mensaje de Navidad del Sr. Obispo de Málaga

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felicitación de Navidad y Año Nuevo del Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico

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Mensaje de Navidad del Sr. Obispo de Cádiz y Ceuta

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Felicitación de Navidad del Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz

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Retiro de Fin de Año para jóvenes

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Retiro de Fin de Año para jóvenes

La Pastoral Juvenil de Sevilla invita a los jóvenes de entre 14 y 30 años a vivir un último retiro este año 2021.

Para ello, ha organizado una meditación con posterior adoración eucarística el próximo viernes, a partir de las cinco y media de la tarde, en la iglesia del Sagrado Corazón, ubicada en la Calle Jesús del Gran Poder. La tarde concluirá con la celebración de la Eucaristía, presidida por el delegado diocesano José Francisco Durán. Además, durante todo el tiempo habrá oportunidad para acercarse al sacramento de la Reconciliación.

Con este último encuentro, la Delegación diocesana de Juventud quiere “dar gracias por todo lo que el Señor nos ha regalado este año y pedir para que nos acompañe también en 2022”. Igualmente, anima a los jóvenes de la diócesis a ser también agradecidos por este año y poner ante el altar sus peticiones para el próximo.

 

 

 

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Homilía de Mons. Sebastián Chico, obispo de Jaén, en la solemnidad de la Natividad del Señor

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La noticia no habrá salido en los periódicos, ni ocupará la portada del Telediario, en ningún canal, y sin embargo, es la noticia más gozosa de toda la historia, la que vale la pena que celebremos cada año: “el nacimiento de Cristo Jesús”… El Hijo de Dios, el Mesías, el Salvador.

 

El profeta Isaías ya nos la anunciaba: “qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz, que trae la buena nueva, que dice a Sión: Tu Dios es Rey”

 

Hoy, los cristianos de todo el mundo, aquellos que somos conscientes de nuestra fe, sabemos muy bien por qué nos alegramos y qué es lo que celebramos: que Dios se ha encarnado en nuestra raza humana, con una finalidad muy concreta: salvarnos, liberarnos del mal y divinizar al hombre. Porque es un Dios cercano y porque, nuevamente, Dios nos comunica la gracia que aconteció aquel bendito día. Y por todo ello estamos alegres… es la verdadera alegría de la Navidad.

 

Si el pecado original nos tenía condenados a la cárcel de este mundo, la Encarnación del Hijo de Dios nos ha devuelto la amistad con Dios, nos ha hecho hijos suyos y de este modo nos ha abierto las puertas del Cielo y de la inmortalidad gloriosa.

 

Belén es el Paraíso, Belén es la consumación de la creación y a la vez el principio de una humanidad nueva. Por muy preocupantes que sean las noticias mundiales o nuestra historia personal, podemos hacer caso de la invitación del profeta: “Romped a cantar a coro, ruinas de Jerusalén, que el Señor consuela a su pueblo”.

 

Nuestro Dios es un Dios que habla, no un Dios mudo y lejano, insensible y ajeno a nuestra historia… Esto es pensamiento de ignorantes y de quienes no conocen ni viven la fe. Su palabra se nos ha hecho entrañablemente cercana.

 

Antes, durante siglos, había hablado por medio de los patriarcas, los jueces, los profetas… Ahora nos ha hablado en su Hijo. Así nos lo ha comunicado el autor de la Carta a los Hebreos y, es también, lo que, lleno de entusiasmo nos ha proclamado Juan en el prólogo de su Evangelio: “La palabra estaba junto a Dios, la palabra era Dios, y la palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros”.

 

Y su Palabra sigue viva y actual. Cada año, en esta fiesta, quiere comunicarnos su gracia siempre nueva y actual… “Hoy nos ha nacido…”

 

Ese es el misterio que nos llena de gozo, pero también que nos interpela y nos exige. Hoy se nos pone en la tesitura de: “¿Estás dispuesto a acogerle a recibirle en tu vida? ¿Quieres dejarle que te ame? ¿y tú quieres amarle?” Debemos acoger a ese niño que es Hijo de Dios y Hermano nuestro. Sería una pena que se pudiera decir de nosotros lo que Juan dijo de los judíos de su tiempo: “al mundo vino y el mundo no le conoció, vino a su casa y los suyos no la recibieron”

 

Jesús viene a su casa, esa casa es tu corazón. Que nuestro orgullo, nuestra soberbia, no le cierren la puerta.

 

El reconocer esta verdad, el recibirlo, nos da poder para ser Hijos de Dios, hermanos de Cristo Jesús… Somos familia de Dios.¡Qué gran maravilla tener a Dios como Padre! Nunca, ante las situaciones más complicadas y dolorosas de la vida, seremos huérfanos.

 

Ante esta maravilla, hoy CONTEMPLAMOS el amor de Dios; la belleza soberana de Jesús, el nuevo Adán; la santidad, el amor, la ternura infinita de María, la Madre de Jesús, madre de Dios y de todos los vivientes; hoy ADORAMOS el Misterio de Dios, reconociendo su poder, la verdad y el amor de sus designios, la grandeza de sus maravillas en nosotros y las aceptamos con toda nuestra vida y todo nuestro ser; hoy le OFRECEMOS nuestra vida. Los pastores de Belén ofrecieron el fruto de sus rebaños, los Reyes magos algunas muestras de sus riquezas. Jesús quiere que le ofrezcamos nuestras vidas, nuestro amor, el deseo sincero y eficaz de ser discípulos suyos en el desarrollo concreto de nuestra vida; y hoy deseamos VIVIR Y ANUNCIAR esta Buena Noticia: Pues, en nuestro mundo hay muchos cristianos que no viven la Navidad como es, no vienen a la Iglesia, no leen el Evangelio, no meditan ni la Palabra ni los hechos de Dios. En su nombre alabamos a Dios, le damos gracias y le pedimos que a todos los bautizados les llegue el esplendor, la enseñanza y la gracia de Belén.

 

Y levantando los ojos, vemos que hay en el mundo millones de hombres que no son cristianos, que no conocen a Jesús, y por eso mismo no conocen la bondad de Dios ni la grandeza de su propia condición humana.

 

Hacen falta mensajeros de Belén, misioneros de la gracia y del amor de Dios, hacen falta sacerdotes, religiosos, familias, jóvenes, hombres y mujeres, misioneros que ayuden a los hombres de hoy y de mañana a conocer esta gran noticia del amor de Dios, de la verdad de nuestra salvación.

 

Dios no nos creó para dejarnos abandonados a nuestra suerte, ni para que viviéramos sometidos y condenados al poder de la muerte. Dios ha querido invitarnos a su mesa, sentarnos junto a su Madre, la Virgen María, y hacernos hijos suyos, abrirnos las puertas de su vida inmortal y eterna por los siglos de los siglos. AMÉN

 

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Mensaje del Papa por la Jornada Mundial de la Paz

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mensaje del papa Francisco para la 55ª Jornada Mundial de la Paz,

que se celebra el 1 de enero de 2022, titulado «Diálogo entre generaciones, educación y trabajo: instrumentos para construir una paz duradera«.

El Santo Padre hace un llamamiento a los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad «para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz».

Diálogo entre generaciones, educación y trabajo:
instrumentos para construir una paz duradera

(texto íntegro)

1. «¡Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del mensajero que proclama la paz!» (Is 52,7).

Las palabras del profeta Isaías expresan el consuelo, el suspiro de alivio de un pueblo exiliado, agotado por la violencia y los abusos, expuesto a la indignidad y la muerte. El profeta Baruc se preguntaba al respecto: «¿Por qué, Israel, estás en una tierra de enemigos y envejeciste en un país extranjero? ¿Por qué te manchaste con cadáveres y te cuentas entre los que bajan a la fosa?» (3,10-11). Para este pueblo, la llegada del mensajero de la paz significaba la esperanza de un renacimiento de los escombros de la historia, el comienzo de un futuro prometedor.

Todavía hoy, el camino de la paz, que san Pablo VI denominó con el nuevo nombre de desarrollo integral [1],permanece desafortunadamente alejado de la vida real de muchos hombres y mujeres y, por tanto, de la familia humana, que está totalmente interconectada. A pesar de los numerosos esfuerzos encaminados a un diálogo constructivo entre las naciones, el ruido ensordecedor de las guerras y los conflictos se amplifica, mientras se propagan enfermedades de proporciones pandémicas, se agravan los efectos del cambio climático y de la degradación del medioambiente, empeora la tragedia del hambre y la sed, y sigue dominando un modelo económico que se basa más en el individualismo que en el compartir solidario. Como en el tiempo de los antiguos profetas, el clamor de los pobres y de la tierra [2] sigue elevándose hoy, implorando justicia y paz.

En cada época, la paz es tanto un don de lo alto como el fruto de un compromiso compartido. Existe, en efecto, una “arquitectura” de la paz, en la que intervienen las distintas instituciones de la sociedad, y existe un “artesanado” de la paz que nos involucra a cada uno de nosotros personalmente. [3] Todos pueden colaborar en la construcción de un mundo más pacífico: partiendo del propio corazón y de las relaciones en la familia, en la sociedad y con el medioambiente, hasta las relaciones entre los pueblos y entre los Estados.

Aquí me gustaría proponer tres caminos para construir una paz duradera. En primer lugar, el diálogo entre las generaciones, como base para la realización de proyectos compartidos. En segundo lugar, la educación, como factor de libertad, responsabilidad y desarrollo. Y, por último, el trabajo para una plena realización de la dignidad humana. Estos tres elementos son esenciales para «la gestación de un pacto social» [4], sin el cual todo proyecto de paz es insustancial.

2. Diálogo entre generaciones para construir la paz

En un mundo todavía atenazado por las garras de la pandemia, que ha causado demasiados problemas, «algunos tratan de huir de la realidad refugiándose en mundos privados, y otros la enfrentan con violencia destructiva, pero entre la indiferencia egoísta y la protesta violenta, siempre hay una opción posible: el diálogo. El diálogo entre las generaciones» [5].

Todo diálogo sincero, aunque no esté exento de una dialéctica justa y positiva, requiere siempre una confianza básica entre los interlocutores. Debemos recuperar esta confianza mutua. La actual crisis sanitaria ha aumentado en todos la sensación de soledad y el repliegue sobre uno mismo. La soledad de los mayores va acompañada en los jóvenes de un sentimiento de impotencia y de la falta de una idea común de futuro. Esta crisis es ciertamente dolorosa. Pero también puede hacer emerger lo mejor de las personas. De hecho, durante la pandemia hemos visto generosos ejemplos de compasión, colaboración y solidaridad en todo el mundo.

Dialogar significa escucharse, confrontarse, ponerse de acuerdo y caminar juntos. Fomentar todo esto entre las generaciones significa labrar la dura y estéril tierra del conflicto y la exclusión para cultivar allí las semillas de una paz duradera y compartida.

Aunque el desarrollo tecnológico y económico haya dividido a menudo a las generaciones, las crisis contemporáneas revelan la urgencia de que se alíen. Por un lado, los jóvenes necesitan la experiencia existencial, sapiencial y espiritual de los mayores; por el otro, los mayores necesitan el apoyo, el afecto, la creatividad y el dinamismo de los jóvenes.

Los grandes retos sociales y los procesos de construcción de la paz no pueden prescindir del diálogo entre los depositarios de la memoria ―los mayores― y los continuadores de la historia ―los jóvenes―; tampoco pueden prescindir de la voluntad de cada uno de nosotros de dar cabida al otro, de no pretender ocupar todo el escenario persiguiendo los propios intereses inmediatos como si no hubiera pasado ni futuro. La crisis global que vivimos nos muestra que el encuentro y el diálogo entre generaciones es la fuerza propulsora de una política sana, que no se contenta con administrar la situación existente «con parches o soluciones rápidas» [6], sino que se ofrece como forma eminente de amor al otro [7], en la búsqueda de proyectos compartidos y sostenibles.

Si sabemos practicar este diálogo intergeneracional en medio de las dificultades, «podremos estar bien arraigados en el presente, y desde aquí frecuentar el pasado y el futuro: frecuentar el pasado, para aprender de la historia y para sanar las heridas que a veces nos condicionan; frecuentar el futuro, para alimentar el entusiasmo, hacer germinar sueños, suscitar profecías, hacer florecer esperanzas. De ese modo, unidos, podremos aprender unos de otros» [8]. Sin raíces, ¿cómo podrían los árboles crecer y dar fruto?

Sólo hay que pensar en la cuestión del cuidado de nuestra casa común. De hecho, el propio medioambiente «es un préstamo que cada generación recibe y debe transmitir a la generación siguiente» [9]. Por ello, tenemos que apreciar y alentar a los numerosos jóvenes que se esfuerzan por un mundo más justo y atento a la salvaguarda de la creación, confiada a nuestro cuidado. Lo hacen con preocupación y entusiasmo y, sobre todo, con sentido de responsabilidad ante el urgente cambio de rumbo [10] que nos imponen las dificultades derivadas de la crisis ética y socio-ambiental actual [11].

Por otra parte, la oportunidad de construir juntos caminos hacia la paz no puede prescindir de la educación y el trabajo, lugares y contextos privilegiados para el diálogo intergeneracional. Es la educación la que proporciona la gramática para el diálogo entre las generaciones, y es en la experiencia del trabajo donde hombres y mujeres de diferentes generaciones se encuentran ayudándose mutuamente, intercambiando conocimientos, experiencias y habilidades para el bien común.

3.  La instrucción y la educación como motores de la paz

El presupuesto para la instrucción y la educación, consideradas como un gasto más que como una inversión, ha disminuido significativamente a nivel mundial en los últimos años. Sin embargo, estas constituyen los principales vectores de un desarrollo humano integral: hacen a la persona más libre y responsable, y son indispensables para la defensa y la promoción de la paz. En otras palabras, la instrucción y la educación son las bases de una sociedad cohesionada, civil, capaz de generar esperanza, riqueza y progreso.

Los gastos militares, en cambio, han aumentado, superando el nivel registrado al final de la “guerra fría”, y parecen destinados a crecer de modo exorbitante [12].

Por tanto, es oportuno y urgente que cuantos tienen responsabilidades de gobierno elaboren políticas económicas que prevean un cambio en la relación entre las inversiones públicas destinadas a la educación y los fondos reservados a los armamentos. Por otra parte, la búsqueda de un proceso real de desarme internacional no puede sino causar grandes beneficios al desarrollo de pueblos y naciones, liberando recursos financieros que se empleen de manera más apropiada para la salud, la escuela, las infraestructuras y el cuidado del territorio, entre otros.

Me gustaría que la inversión en la educación estuviera acompañada por un compromiso más consistente orientado a promover la cultura del cuidado [13]. Esta cultura, frente a las fracturas de la sociedad y a la inercia de las instituciones, puede convertirse en el lenguaje común que rompa las barreras y construya puentes. «Un país crece cuando sus diversas riquezas culturales dialogan de manera constructiva: la cultura popular, la universitaria, la juvenil, la artística, la tecnológica, la cultura económica, la cultura de la familia y de los medios de comunicación» [14]. Por consiguiente, es necesario forjar un nuevo paradigma cultural a través de «un pacto educativo global para y con las generaciones más jóvenes, que involucre en la formación de personas maduras a las familias, comunidades, escuelas y universidades, instituciones, religiones, gobernantes, a toda la humanidad» [15]. Un pacto que promueva la educación a la ecología integral según un modelo cultural de paz, de desarrollo y de sostenibilidad, centrado en la fraternidad y en la alianza entre el ser humano y su entorno [16].

Invertir en la instrucción y en la educación de las jóvenes generaciones es el camino principal que las conduce, por medio de una preparación específica, a ocupar de manera provechosa un lugar adecuado en el mundo del trabajo [17].

4. Promover y asegurar el trabajo construye la paz

El trabajo es un factor indispensable para construir y mantener la paz; es expresión de uno mismo y de los propios dones, pero también es compromiso, esfuerzo, colaboración con otros, porque se trabaja siempre con o por alguien. En esta perspectiva marcadamente social, el trabajo es el lugar donde aprendemos a ofrecer nuestra contribución por un mundo más habitable y hermoso.

La situación del mundo del trabajo, que ya estaba afrontando múltiples desafíos, se ha visto agravada por la pandemia de Covid-19. Millones de actividades económicas y productivas han quebrado; los trabajadores precarios son cada vez más vulnerables; muchos de aquellos que desarrollan servicios esenciales permanecen aún más ocultos a la conciencia pública y política; la instrucción a distancia ha provocado en muchos casos una regresión en el aprendizaje y en los programas educativos. Asimismo, los jóvenes que se asoman al mercado profesional y los adultos que han caído en la desocupación afrontan actualmente perspectivas dramáticas.

El impacto de la crisis sobre la economía informal, que a menudo afecta a los trabajadores migrantes, ha sido particularmente devastador. A muchos de ellos las leyes nacionales no los reconocen, es como si no existieran. Tanto ellos como sus familias viven en condiciones muy precarias, expuestos a diversas formas de esclavitud y privados de un sistema de asistencia social que los proteja. A eso se agrega que actualmente sólo un tercio de la población mundial en edad laboral goza de un sistema de seguridad social, o puede beneficiarse de él sólo de manera restringida. La violencia y la criminalidad organizada aumentan en muchos países, sofocando la libertad y la dignidad de las personas, envenenando la economía e impidiendo que se fomente el bien común. La respuesta a esta situación sólo puede venir a través de una mayor oferta de las oportunidades de trabajo digno.

El trabajo, en efecto, es la base sobre la cual se construyen en toda comunidad la justicia y la solidaridad. Por eso, «no debe buscarse que el progreso tecnológico reemplace cada vez más el trabajo humano, con lo cual la humanidad se dañaría a sí misma. El trabajo es una necesidad, parte del sentido de la vida en esta tierra, camino de maduración, de desarrollo humano y de realización personal» [18]. Tenemos que unir las ideas y los esfuerzos para crear las condiciones e inventar soluciones, para que todo ser humano en edad de trabajar tenga la oportunidad de contribuir con su propio trabajo a la vida de la familia y de la sociedad.

Es más urgente que nunca que se promuevan en todo el mundo condiciones laborales decentes y dignas, orientadas al bien común y al cuidado de la creación. Es necesario asegurar y sostener la libertad de las iniciativas empresariales y, al mismo tiempo, impulsar una responsabilidad social renovada, para que el beneficio no sea el único principio rector.

En esta perspectiva hay que estimular, acoger y sostener las iniciativas que instan a las empresas al respeto de los derechos humanos fundamentales de las trabajadoras y los trabajadores, sensibilizando en ese sentido no sólo a las instituciones, sino también a los consumidores, a la sociedad civil y a las realidades empresariales. Estas últimas, cuanto más conscientes son de su función social, más se convierten en lugares en los que se ejercita la dignidad humana, participando así a su vez en la construcción de la paz. En este aspecto la política está llamada a desempeñar un rol activo, promoviendo un justo equilibrio entre la libertad económica y la justicia social. Y todos aquellos que actúan en este campo, comenzando por los trabajadores y los empresarios católicos, pueden encontrar orientaciones seguras en la doctrina social de la Iglesia.

Queridos hermanos y hermanas: Mientras intentamos unir los esfuerzos para salir de la pandemia, quisiera renovar mi agradecimiento a cuantos se han comprometido y continúan dedicándose con generosidad y responsabilidad a garantizar la instrucción, la seguridad y la tutela de los derechos, para ofrecer la atención médica, para facilitar el encuentro entre familiares y enfermos, para brindar ayuda económica a las personas indigentes o que han perdido el trabajo. Aseguro mi recuerdo en la oración por todas las víctimas y sus familias.

A los gobernantes y a cuantos tienen responsabilidades políticas y sociales, a los pastores y a los animadores de las comunidades eclesiales, como también a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, hago un llamamiento para que sigamos avanzando juntos con valentía y creatividad por estos tres caminos: el diálogo entre las generaciones, la educación y el trabajo. Que sean cada vez más numerosos quienes, sin hacer ruido, con humildad y perseverancia, se conviertan cada día en artesanos de paz. Y que siempre los preceda y acompañe la bendición del Dios de la paz.

Vaticano, 8 de diciembre de 2021

Francisco

____________________________________

[1] Cf. Carta enc. Populorum progressio (26 marzo 1967), 76ss.

[2] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 49 .

[3] Cf. Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 231.

[4] Ibíd., 218.

[5] Ibíd., 199.

[6] Ibíd., 179.

[7] Cf. ibíd., 180.

[8] Exhort. ap. postsin. Christus vivit (25 marzo 2019), 199.

[9] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 159.

[10] Cf. ibíd., 163; 202.

[11] Cf. ibíd., 139.

[12] Cf. Mensaje a los participantes en el 4º Foro de París sobre la paz, 11-13 noviembre 2021.

[13] Cf. Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 231; Mensaje para la LIV Jornada Mundial de la Paz. La cultura del cuidado como camino de paz (8 diciembre 2020).

[14] Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 199.

[15] Videomensaje con ocasión del Encuentro “Global Compact on Education. Together to Look Beyond” (15 octubre 2020).

[16] Cf. Videomensaje con ocasión de la Cumbre virtual de alto nivel sobre retos climáticos (12 diciembre 2020).

[17] Cf. S. Juan Pablo II, Carta enc. Laborem exercens (14 septiembre 1981), 18.

[18] Carta enc. Laudato si’ (24 mayo 2015), 128.

 

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Pastoral Penitenciaria vuelve a hacer posible la Navidad en la cárcel a pesar de las dificultades

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Pastoral Penitenciaria vuelve a hacer posible la Navidad en la cárcel a pesar de las dificultades

La deriva de la pandemia del Covid está propiciando celebraciones navideñas condicionadas por las debidas cautelas que marcan  las autoridades sanitarias. Si esto es una realidad evidente en la esfera familiar, la situación se antoja más complicada aún en entornos habitualmente sujetos a condicionantes más rígidos. Es el caso de los centros penitenciarios.

En el término geográfico de la Archidiócesis de Sevilla hay hasta cinco establecimientos penitenciarios, y en todos ellos trabajan los 365 días del año los capellanes y voluntarios de la Pastoral Penitenciaria, una delegación diocesana que dirige desde hace pocas fechas el sacerdote trinitario Ángel García.

A pesar de los condicionantes añadidos por el aumento de la incidencia del coronavirus, la Navidad se ha hecho patente nuevamente en el interior de los centros penitenciarios. Como viene siendo costumbre, el arzobispo ha presidido la Eucaristía en la cárcel. Ha sido la primera ocasión en la que monseñor José Ángel Saiz ha departido con internos, funcionarios y miembros de la Delegación de Pastoral Penitenciaria.

Además de las Eucaristías con motivo de la Navidad, la Delegación Diocesana ha podido hacer nuevamente realidad el ambicioso proyecto de procurar un regalo a cada preso. esto, como ha destacado el delegado en los micrófonos de COPE Sevilla, ha sido posible gracias al buen trabajo desarrollado por los voluntarios de la Delegación y el apoyo externo de empresas e instituciones como la Fundación Caixa.

 

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Triduo al Dulcísimo Nombre de Jesús

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Triduo al Dulcísimo Nombre de Jesús

Entre el domingo 2 hasta el próximo miércoles 4 de enero, la Hermandad Sacramental del Sagrario de la Catedral de Granada celebrará un triduo en honor del Dulcísimo Nombre de Jesús. Los cultos comenzarán cada día a las 18:30 horas.

La hermandad quiere dirigir la invitación a toda la ciudad a participar de este triduo, que se celebra cada año dentro de la Octava de la Navidad.

Se trata de una de festividades más antiguas de las que celebra esta hermandad granadina, cuyos estatutos fueron aprobados en 1525.

Los cultos serán presididos por el párroco del Sagrario y consiliario de la hermandad, D. Juan Gutiérrez Lorenzo, dando comienzo a las 18:30 con la exposición al Santísimo que precederá a la celebración de la Eucaristía de las 19 horas.

El lunes día 3 de enero, cuando concluya la Santa Misa, se realizará por primera vez una procesión claustral con la imagen del Niño Jesús, titular de la hermandad sacramental.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

 

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La Casa Cuna de Sucina lanza una campaña navideña de recaudación de fondos

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La solidaridad se muestra a flor de piel durante las fechas navideñas. Por este motivo la Casa Cuna La Anunciación de Sucina ha lanzado una campaña para recaudar donativos, que irán destinados al trabajo que las religiosas realizan en esta casa, aunque «principalmente el objetivo es recaudar fondos para la rehabilitación de los pisos que tiene la congregación en Yecla», según ha asegurado David Martínez, sacerdote miembro del patronato que respalda esta fundación.

 

Las Hermanitas de la Anunciación, encargadas de la gestión de este hogar de acogida para madres e hijos, cuentan en Yecla con un edificio de cuatro plantas, que fue donado hace un tiempo, y que necesita una rehabilitación para para ampliar las plazas de esta fundación diocesana y habilitar así una segunda residencia en el Altiplano. Según Martínez, una planta irá destinada «a vivienda de religiosas, otra a espacios comunes y dos que serán para los niños y sus mamás».

 

Los dos últimos años, en Navidad, la Casa Cuna La Anunciación realizó una campaña de venta de imágenes del Niño Jesús para la recaudación de fondos. Este año, sin embargo, no se distribuyen estas figuras, pero sí se da la posibilidad de colaborar realizando un ingreso por Bizum o por transferencia bancaria.

 

Para realizar el donativo por Bizum hay que poner el código 01269 y seleccionar DONAR ONG Fundación Casa Cuna La Anunciación. Por transferencia bancaria se puede realizar un ingreso en Banco Sabadell (ES82 0081 0544 0400 0138 1939) o en la Caixa (ES95 2100 7889 7102 0001 3608).

 

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