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Terminar el año rezando

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Terminar el año rezando

La vigilia de oración será en la catedral, a las 8 de la tarde, el jueves 30 de diciembre

Terminar el año rezando es la propuesta que nos hacen desde la catedral e Guadix, con una vigilia de oración para pedir por el nuevo año que llama a la puerta, para reforzar al esperanza a pesar de los problemas que nos ha traído el año que se va, y para dar gracias a Dios, porque siempre hay mucho que agradecer cuando se termina un año y cuando se espera que llegue otro.

La catedral de Guadix acoge una vigilia de oración en el fin de año. Será este jueves 30 de diciembre, a las 8 de la tarde y estamos invitados todos.
Sin duda que será una oración con la mirada puesta en el año que termina, que tanto dolor ha dejado por la pandemia que nos azota y por la crisis económica que ha provocado. Son muchas las familias que han perdido a un ser querido y del que ni siquiera se pudieron despedir. También son muchas las familias que sufren la precariedad económica que la pandemia está provocando, cuando falta el trabajo o este no va como debiera ir. El desánimo, que afecta a la esperanza, el miedo que nos ha dejado este virus en el cuerpo, la incertidumbre ante el futuro… son huellas que nos deja el año 2021 que se va.
Pero también será un espacio de oración para pedir por el 2022, para volver a encontrar la esperanza, para sentirnos seguros en las manos de Dios, para pedir que se supere ya esta pandemia que nos atenaza, … Sin duda, que será un tiempo de oración para la esperanza y para no sentirnos solos, porque Dios camina a nuestro lado.
Dirigida por religiosas, todos estamos invitados a este tiempo de oración en la catedral, hoy jueves 30 de diciembre, a las 8 de la tarde, para terminar el año en oración y prepararnos para el año nuevo que se nos regalará.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Misa de Inocentes en la parroquia de Santa María de Huéscar.

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Misa de Inocentes en la parroquia de Santa María de Huéscar.

Son muchas las tradiciones que hay en torno a la Navidad, tiempo litúrgico que ahora estamos viviendo, muy arraigadas en distintas parroquias de nuestra diócesis. Sin ir más lejos, en Huéscar se vive el día 28 de diciembre, festividad de los Santo Inocentes, con mucha intensidad, pues se celebra la conocida “Misa de inocentes”. A ella acuden las llamadas cuadrillas a cantar la Misa. Estos cantos son una verdadera catequesis del significado teológico de lo que es la Eucaristía, a la vez que van explicando las distintas vestimentas que el sacerdote utiliza y de los objetos litúrgicos que se usan en la Eucaristía. Conforme la cuadrilla va cantando, él sacerdote se va revistiendo.

La “Misa de inocentes” de este año tuvo lugar el 28 de diciembre, a las siete y media de la tarde, y en ella participaron la cuadrilla de la Cuesta de las Chinas, la cuadrilla de Ánimas de San Clemente, y la cuadrilla de María.
Al finalizar la Eucaristía, las cuadrillas siguieron cantando e interpretando el baile de ánimas en la plaza.
Parroquia de Santa María de Huéscar

 

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“Dio su vida en la misma ciudad por defender su fe y su sacerdocio”

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“Dio su vida en la misma ciudad por defender su fe y su sacerdocio”

Francisco Morales Valenzuela, párroco de Beas de Granada y Quéntar, y coadjutor de Alhama de Granada, que será beatificado en la Catedral de Granada el 26 de febrero de 2022, en la Causa Cayetano Giménez Martín y 15 compañeros mártires del siglo XX en España.

Nació en Alhama de Granada el 22 de noviembre de 1877. Estudió en el Seminario de San Cecilio, terminando cuarto de teología con 22 años. Hizo dos cursos más ampliando estudios pero sin optar a grados académicos. Fue ordenado presbítero el 6 de junio de 1900.

Fue párroco de Beas de Granada, coadjutor de Alhama de Granada, párroco de Quéntar y, finalmente, sacerdote adjunto a la parroquia de su pueblo, sirviendo algún tiempo a Santa Cruz del Comercio. Celebraba habitualmente en la Iglesia del Carmen.
Fue detenido el 27 de julio y encarcelado con los demás sacerdotes del pueblo, pero no salió con ellos el día 30 para ser asesinado. Murió el 1 de agosto. El Siervo de Dios, nacido en Alhama, dio su vida en la misma ciudad, entre los suyos, por defender su fe y su sacerdocio.

Estas fueron las circunstancias de su martirio. Unos aviones atacaron a una columna que salía de Alhama hacia Granada, como represalia algunos se dirigieron a la cárcel con la intención de fusilar a los presos que quedaban. Pero antes el carcelero abrió las puertas y los presos huyeron e intentaron buscar un refugio, pero poco a poco fueron descubiertos y muertos. Fueron unos quince.

El sacerdote junto con otros tres busca amparo en la sacristía de la Iglesia Mayor. Allí le buscan. Abre el Siervo de Dios la puerta y se encuentra cara a los que los buscan. Todos fueron muertos allí. El Siervo de Dios, al parecer, quedó con alguna vida sufriendo vejaciones por parte de los transeúntes durante unas horas.

Finalmente, su cadáver fue arrojado por el pretil existente cerca de la puerta de la sacristía. Estuvo sepultado en el cementerio de Alhama y, posteriormente, fueron trasladados sus restos al Valle de los Caídos.

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El 2 de enero, celebración del Día de la Toma

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Un momento de la celebración de la Toma del pasado año.

El domingo 2 de enero se celebrará el Día de la Toma de Granada. Los representantes de las autoridades políticas y religiosas asistirán a la Eucaristía de las 12:30 horas en la S.I. Catedral. El acto será retransmitido en directo desde el canal diocesano VA Televisión (www.vatelevision.com).

El segundo día de enero de 1492 se produjo la entrada de los Reyes Católicos en Granada. Un acontecimiento que fue festejado en toda Europa y que la ciudad granadina conmemora desde entonces.

Las celebraciones de este año comenzarán a las 12:15, con la recepción de los representantes políticos en la Capilla Real. Allí recogerán la corona de la reina Isabel y la espada del rey Fernando, que portarán respectivamente las autoridades religiosas y civiles, conducidas hacia el altar mayor de la S.I. Catedral.

El cabildo catedralicio y el de Capilla Real concelebrarán juntos la Eucaristía de las 12:30 horas. Al igual que el pasado año, está previsto una asistencia más reducida del número de representantes civiles, políticos y militares, como medida de prevención sanitaria.

Al finalizar la Santa Misa, los participantes regresarán a la Capilla Real para llevar a cabo la tradicional tremolación del estandarte de Castilla. Uno de los representantes del consistorio hondeará el estandarte frente al Santísimo Sacramento y a los sepulcros reales.

El acto concluirá con la visita de las autoridades civiles, religiosas y militares a la cripta de los Reyes Católicos, donde llevarán a cabo la oración final junto a una ofrenda floral.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Carta del Santo Padre Francisco a los matrimonios con ocasión del Año «Familia Amoris Laetitia»

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Queridos esposos y esposas de todo el mundo:

Con ocasión del Año “Familia Amoris laetitia”, me acerco a ustedes para expresarles todo mi afecto y cercanía en este tiempo tan especial que estamos viviendo. Siempre he tenido presente a las familias en mis oraciones, pero más aún durante la pandemia, que ha probado duramente a todos, especialmente a los más vulnerables. El momento que estamos pasando me lleva a acercarme con humildad, cariño y acogida a cada persona, a cada matrimonio y a cada familia en las situaciones que estén experimentando.

Este contexto particular nos invita a hacer vida las palabras con las que el Señor llama a Abrahán a salir de su patria y de la casa de su padre hacia una tierra desconocida que Él mismo le mostrará (cf. Gn 12,1). También nosotros hemos vivido más que nunca la incertidumbre, la soledad, la pérdida de seres queridos y nos hemos visto impulsados a salir de nuestras seguridades, de nuestros espacios de “control”, de nuestras propias maneras de hacer las cosas, de nuestras apetencias, para atender no sólo al bien de la propia familia, sino además al de la sociedad, que también depende de nuestros comportamientos personales.

La relación con Dios nos moldea, nos acompaña y nos moviliza como personas y, en última instancia, nos ayuda a “salir de nuestra tierra”, en muchas ocasiones con cierto respeto e incluso miedo a lo desconocido, pero desde nuestra fe cristiana sabemos que no estamos solos ya que Dios está en nosotros, con nosotros y entre nosotros: en la familia, en el barrio, en el lugar de trabajo o estudio, en la ciudad que habitamos.

Como Abrahán, cada uno de los esposos sale de su tierra desde el momento en que, sintiendo la llamada al amor conyugal, decide entregarse al otro sin reservas. Así, ya el noviazgo implica salir de la propia tierra, porque supone transitar juntos el camino que conduce al matrimonio. Las distintas situaciones de la vida: el paso de los días, la llegada de los hijos, el trabajo, las enfermedades son circunstancias en las que el compromiso que adquirieron el uno con el otro hace que cada uno tenga que abandonar las propias inercias, certidumbres, zonas de confort y salir hacia la tierra que Dios les promete: ser dos en Cristo, dos en uno. Una única vida, un “nosotros” en la comunión del amor con Jesús, vivo y presente en cada momento de su existencia. Dios los acompaña, los ama incondicionalmente. ¡No están solos!

Queridos esposos, sepan que sus hijos —y especialmente los jóvenes— los observan con atención y buscan en ustedes el testimonio de un amor fuerte y confiable. «¡Qué importante es que los jóvenes vean con sus propios ojos el amor de Cristo vivo y presente en el amor de los matrimonios, que testimonian con su vida concreta que el amor para siempre es posible!».[1] Los hijos son un regalo, siempre, cambian la historia de cada familia. Están sedientos de amor, de reconocimiento, de estima y de confianza. La paternidad y la maternidad los llaman a ser generativos para dar a sus hijos el gozo de descubrirse hijos de Dios, hijos de un Padre que ya desde el primer instante los ha amado tiernamente y los lleva de la mano cada día. Este descubrimiento puede dar a sus hijos la fe y la capacidad de confiar en Dios.

Ciertamente, educar a los hijos no es nada fácil. Pero no olvidemos que ellos también nos educan. El primer ámbito de la educación sigue siendo la familia, en los pequeños gestos que son más elocuentes que las palabras. Educar es ante todo acompañar los procesos de crecimiento, es estar presentes de muchas maneras, de tal modo que los hijos puedan contar con sus padres en todo momento. El educador es una persona que “genera” en sentido espiritual y, sobre todo, que “se juega” poniéndose en relación. Como padre y madre es importante relacionarse con sus hijos a partir de una autoridad ganada día tras día. Ellos necesitan una seguridad que los ayude a experimentar la confianza en ustedes, en la belleza de sus vidas, en la certeza de no estar nunca solos, pase lo que pase.

Por otra parte, y como ya he señalado, la conciencia de la identidad y la misión de los laicos en la Iglesia y en la sociedad ha aumentado. Ustedes tienen la misión de transformar la sociedad con su presencia en el mundo del trabajo y hacer que se tengan en cuenta las necesidades de las familias.

También los matrimonios deben “primerear”[2] dentro de la comunidad parroquial y diocesana con sus iniciativas y su creatividad, buscando la complementariedad de los carismas y vocaciones como expresión de la comunión eclesial; en particular, los «cónyuges junto a los pastores, para caminar con otras familias, para ayudar a los más débiles, para anunciar que, también en las dificultades, Cristo se hace presente».[3]

Por tanto, los exhorto, queridos esposos, a participar en la Iglesia, especialmente en la pastoral familiar. Porque «la corresponsabilidad en la misión llama […] a los matrimonios y a los ministros ordenados, especialmente a los obispos, a cooperar de manera fecunda en el cuidado y la custodia de las Iglesias domésticas».[4] Recuerden que la familia es la «célula básica de la sociedad» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 66). El matrimonio es realmente un proyecto de construcción de la «cultura del encuentro» (Carta enc. Fratelli tutti, 216). Es por ello que las familias tienen el desafío de tender puentes entre las generaciones para la transmisión de los valores que conforman la humanidad. Se necesita una nueva creatividad para expresar en los desafíos actuales los valores que nos constituyen como pueblo en nuestras sociedades y en la Iglesia, Pueblo de Dios.

La vocación al matrimonio es una llamada a conducir un barco incierto – pero seguro por la realidad del sacramento – en un mar a veces agitado. Cuántas veces, como los apóstoles, sienten ganas de decir o, mejor dicho, de gritar: «¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?» (Mc 4,38). No olvidemos que a través del sacramento del matrimonio Jesús está presente en esa barca. Él se preocupa por ustedes, permanece con ustedes en todo momento en el vaivén de la barca agitada por el mar. En otro pasaje del Evangelio, en medio de las dificultades, los discípulos ven que Jesús se acerca en medio de la tormenta y lo reciben en la barca; así también ustedes, cuando la tormenta arrecia, dejen subir a Jesús en su barca, porque cuando subió «donde estaban ellos, […] cesó el viento» (Mc 6,51). Es importante que juntos mantengan la mirada fija en Jesús. Sólo así encontrarán la paz, superarán los conflictos y encontrarán soluciones a muchos de sus problemas. No porque estos vayan a desaparecer, sino porque podrán verlos desde otra perspectiva.

Sólo abandonándose en las manos del Señor podrán vivir lo que parece imposible. El camino es reconocer la propia fragilidad y la impotencia que experimentan ante tantas situaciones que los rodean, pero al mismo tiempo tener la certeza de que de ese modo la fuerza de Cristo se manifiesta en su debilidad (cf. 2 Co 12,9). Fue justo en medio de una tormenta que los apóstoles llegaron a conocer la realeza y divinidad de Jesús, y aprendieron a confiar en Él.

A la luz de estos pasajes bíblicos, quisiera aprovechar para reflexionar sobre algunas dificultades y oportunidades que han vivido las familias en este tiempo de pandemia. Por ejemplo, aumentó el tiempo de estar juntos, y esto ha sido una oportunidad única para cultivar el diálogo en familia. Claro que esto requiere un especial ejercicio de paciencia, no es fácil estar juntos toda la jornada cuando en la misma casa se tiene que trabajar, estudiar, recrearse y descansar. Que el cansancio no les gane, que la fuerza del amor los anime para mirar más al otro —al cónyuge, a los hijos— que a la propia fatiga. Recuerden lo que les escribí en Amoris laetitia retomando el himno paulino de la caridad (cf. nn. 90-119). Pidan este don con insistencia a la Sagrada Familia, vuelvan a leer el elogio de la caridad para que sea ella la que inspire sus decisiones y acciones (cf. Rm 8,15; Ga 4,6).

De este modo, estar juntos no será una penitencia sino un refugio en medio de las tormentas. Que el hogar sea un lugar de acogida y de comprensión. Guarden en su corazón el consejo a los novios que expresé con las tres palabras: «permiso, gracias, perdón».[5] Y cuando surja algún conflicto, «nunca terminar el día en familia sin hacer las paces».[6] No se avergüencen de arrodillarse juntos ante Jesús en la Eucaristía para encontrar momentos de paz y una mirada mutua hecha de ternura y bondad. O de tomar la mano del otro, cuando esté un poco enojado, para arrancarle una sonrisa cómplice. Hacer quizás una breve oración, recitada en voz alta juntos, antes de dormirse por la noche, con Jesús presente entre ustedes.

Sin embargo, para algunos matrimonios la convivencia a la que se han visto forzados durante la cuarentena ha sido especialmente difícil. Los problemas que ya existían se agravaron, generando conflictos que muchas veces se han vuelto casi insoportables. Muchos han vivido incluso la ruptura de un matrimonio que venía sobrellevando una crisis que no se supo o no se pudo superar. A estas personas también quiero expresarles mi cercanía y mi afecto.

La ruptura de una relación conyugal genera mucho sufrimiento debido a la decepción de tantas ilusiones; la falta de entendimiento provoca discusiones y heridas no fáciles de reparar. Tampoco a los hijos es posible ahorrarles el sufrimiento de ver que sus padres ya no están juntos. Aun así, no dejen de buscar ayuda para que los conflictos puedan superarse de alguna manera y no causen aún más dolor entre ustedes y a sus hijos. El Señor Jesús, en su misericordia infinita, les inspirará el modo de seguir adelante en medio de tantas dificultades y aflicciones. No dejen de invocarlo y de buscar en Él un refugio, una luz para el camino, y en la comunidad eclesial una «casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 47).

Recuerden que el perdón sana toda herida. Perdonarse mutuamente es el resultado de una decisión interior que madura en la oración, en la relación con Dios, como don que brota de la gracia con la que Cristo llena a la pareja cuando lo dejan actuar, cuando se dirigen a Él. Cristo “habita” en su matrimonio y espera que le abran sus corazones para sostenerlos con el poder de su amor, como a los discípulos en la barca. Nuestro amor humano es débil, necesita de la fuerza del amor fiel de Jesús. Con Él pueden de veras construir la «casa sobre roca» (Mt 7,24).

A este propósito, permítanme que dirija una palabra a los jóvenes que se preparan al matrimonio. Si antes de la pandemia para los novios era difícil proyectar un futuro cuando era arduo encontrar un trabajo estable, ahora aumenta aún más la situación de incerteza laboral. Por ello invito a los novios a no desanimarse, a tener la “valentía creativa” que tuvo san José, cuya memoria he querido honrar en este Año dedicado a él. Así también ustedes, cuando se trate de afrontar el camino del matrimonio, aun teniendo pocos medios, confíen siempre en la Providencia, ya que «a veces las dificultades son precisamente las que sacan a relucir recursos en cada uno de nosotros que ni siquiera pensábamos tener» (Carta ap. Patris corde, 5). No duden en apoyarse en sus propias familias y en sus amistades, en la comunidad eclesial, en la parroquia, para vivir la vida conyugal y familiar aprendiendo de aquellos que ya han transitado el camino que ustedes están comenzando.

Antes de despedirme, quiero enviar un saludo especial a los abuelos y las abuelas que durante el tiempo de aislamiento se vieron privados de ver y estar con sus nietos, a las personas mayores que sufrieron de manera aún más radical la soledad. La familia no puede prescindir de los abuelos, ellos son la memoria viviente de la humanidad, «esta memoria puede ayudar a construir un mundo más humano, más acogedor».[7]

Que san José inspire en todas las familias la valentía creativa, tan necesaria en este cambio de época que estamos viviendo, y Nuestra Señora acompañe en sus matrimonios la gestación de la “cultura del encuentro”, tan urgente para superar las adversidades y oposiciones que oscurecen nuestro tiempo. Los numerosos desafíos no pueden robar el gozo de quienes saben que están caminando con el Señor. Vivan intensamente su vocación. No dejen que un semblante triste transforme sus rostros. Su cónyuge necesita de su sonrisa. Sus hijos necesitan de sus miradas que los alienten. Los pastores y las otras familias necesitan de su presencia y alegría: ¡la alegría que viene del Señor!

Me despido con cariño animándolos a seguir viviendo la misión que Jesús nos ha encomendado, perseverando en la oración y «en la fracción del pan» (Hch 2,42).

Y por favor, no se olviden de rezar por mí, yo lo hago todos los días por ustedes.

Fraternalmente,

FRANCISCO

Roma, San Juan de Letrán, 26 de diciembre de 2021, Fiesta de la Sagrada Familia.

_______________________

[1] Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia?» (9 junio 2021).

[2] Cfr Exhort. ap. Evangelii gaudium, 24.

[3] Videomensaje a los participantes en el Foro «¿Hasta dónde hemos llegado con Amoris laetitia?» (9 junio 2021).

[4] Ibíd.

[5] Discurso a las familias del mundo con ocasión de su peregrinación a Roma en el Año de la Fe (26 octubre 2013); cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 133.

[6] Catequesis del 13 de mayo de 2015. Cf. Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia, 104.

[7] Mensaje con ocasión de la I Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores “Yo estoy contigo todos los días” (31 mayo 2021).

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La Navidad en cinco misterios

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1°Misterio: El Niño Jesús perdido y arrumbado en el trastero.

 

Hacía tiempo que lo estábamos demorando, pero esa mañana mi mujer y yo le echamos valor y fuimos a ordenar el trastero.

La labor era ardua porque las cosas se habían ido acumulando sin ton ni son y era como penetrar en una selva.

Así que lo que hicimos primero fue vaciar todas las estanterías e ir dejando en bolsas aquellas cosas que ya no servían, cosas que se habían puesto en el trastero pero que realmente eran inútiles.

Fuimos sacando chismes, papeles, muebles antiguos y muchos trastos para meterlos en cajas y así poderlos tirar.

Y de entre todo este montón de cosas apareció la figura de un niño Jesús de escayola. Esta figura era muy grande para pertenecer al Belén pequeñito que los niños ponían todos los años; tampoco su tamaño era adecuado al misterio que también solemos poner en Navidad.

Realmente no sabíamos de dónde había venido esa imagen. La descubrimos entre libros de texto antiguos y la envolvimos en papel de periódico para que formara parte de nuestro abultado cargamento con destino al “Punto Limpio”.

(Jesús parecía decir: – Gracias por descubrirme entre los trastos)

 

2°Misterio: El Niño Jesús salvado de ser tirado a la basura

 

Al día siguiente, con el maletero del coche lleno hasta arriba, me dirigí a deshacerme de todo lo que habíamos sacado del trastero. Llegué hasta el punto limpio y empecé ordenadamente a tirar los distintos objetos en cada contenedor específico: papel y cartón, plásticos, objetos electrónicos…

En éstas estaba cuando me topé con la figura del Niño Jesús que asomaba su cabeza por entre los papeles que lo envolvían. Lo miré y , al instante, comprobé que no tenía valor para tirar esa imagen. Y no sólo porque ese “objeto” parecía no adaptarse a la clasificación de los contenedores, sino porque me daba mucha pena tirarlo a la basura.

Evidentemente no podía volver al trastero ya ordenado, ni podía ponerla en casa para las próximas fiestas de navidad, porque era demasiado grande y porque “no pegaba” con nada, así que decidí dejarlo oculto en el maletero del coche y sacarlo para mejor ocasión.

(Jesús parecía decir:   – Gracias por no tirarme a la basura)

 

3°Misterio: El Niño Jesús llevado al Cerro de San Juan

Pasaron varias semanas y esa ocasión parecía que no iba a llegar. Cada vez que abría el maletero pensaba cual sería el momento en que la figura del Niño saldría afuera.

Un fin de semana a finales del mes de noviembre estaba apuntado para hacer un cursillo de cristiandad. Mi mujer me llevó al Cerro de los Sagrados Corazones en San Juan de Aznalfarache, a la casa donde se celebraba el cursillo.

Me dejó en la puerta y cogí del maletero del coche no solo el equipaje sino también la imagen del Niño pensando que, quizás en este entorno se darían las circunstancias propicias para que, por fin, tuviera “su oportunidad”.

Eso de subir con el Niño Jesús al cerro, me hizo recordar cómo el propio Jesús había subido al monte en muchas ocasiones de su vida terrena: subió al Monte Tabor donde se transfiguró, subió al monte donde predicó las bienaventuranzas y subió al monte Calvario donde murió.

Por esa afición  a “subir al monte” , no me extrañó que fuera en este monte donde le llegó la oportunidad de una manera muy natural : simplemente colocamos su imagen sobre la mesa de la Sala de Charlas y , de esta manera, mientras el crucifijo “de siempre” presidía la sala colgado en la pared, el niño presidiría la sala colocado sobre la mesa.

El cursillo se iba desarrollando y el último día a alguien se le ocurrió romper un vaso sobre la mesa donde estaba el Niño. Ese vaso roto quería significar que quizás lo único que podíamos ofrecer a Dios eran nuestras vidas tantas veces rotas.

Así que en la misa final del cursillo ofrecimos en una bandejita esos trozos rotos para que Dios los recompusiese a su manera y junto al vaso roto  también ofrecimos la imagen del niño Jesús.

(Jesús parecía decir: – Gracias por subirme al monte)

 

4°Misterio: El Niño Jesús va de casa en casa.

Una vez terminado el cursillo, se nos ocurrió que podría ser buena idea que el ya famoso Niño Jesús de escayola fuese visitando por turnos la casa de cada uno de los participantes.

Y así empezamos a hacer realidad esa peregrinación del Niño que además iba muy bien con la época de Adviento que estábamos empezando.

A la primera persona que se lo llevó a su casa se le ocurrió guardarlo en una caja de madera en cuyo fondo dispuso un lecho de paja que el niño descansara.

De esta forma el Niño peregrino ya tenía un “arca” donde residir para ir de casa en casa.

(Jesús parecía decir: –    Gracias por llevarme a tu casa)

 

5°Misterio: La imagen del Niño Jesús se rompió

Cercana ya la fecha de Navidad, en uno de los traslados, al abrir la caja, el niño se deslizó y cayó al suelo rompiéndose en pedazos.

La persona que lo tenía en su casa me llamó muy apurada. No sabía qué hacer. Me dijo que compraría otra figura similar porque lo importante era que el Niño tenía que seguir yendo de casa en casa.

Me mandó la foto de la figura rota y vi que los trozos, aunque eran muchos, podían volver a unirse.

Entonces pensé en el “vaso roto” y el paralelismo con este otro Jesús roto y le dije que por qué no pegaba esos trozos para que volviera a ser nuestro Niño Jesús restaurado.

(Jesús parecía decir: – Gracias por no tirar mis trozos)

 

Epílogo en el día de Nochebuena

La caja donde había estado al niño ahora estaba vacía. Si alguien hubiera abierto esa caja sólo habría encontrado un poco de paja en el fondo.

Quizás el Niño que iba a nacer necesitaba un pesebre vacío, una caja vacía, una posada con sitio suficiente.

Quizás el silencio de tu corazón pueda ser ese espacio vacío capaz de albergar el nacimiento del Mesías, capaz de acoger al Emmanuel (el Dios con nosotros).

 

(Jesús parecía decir: – Quizás la imagen que tienes de mí, tuvo que romperse para que nazca algo verdaderamente nuevo en ti, para que sea Yo, tu Dios, quien te habite.)

 

Sevilla, Navidad de 2021

Fernando Parra Martín

 

P.S.: Todos los hechos aquí narrados son reales.

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Casimiro Galán: “No conozco a nadie que se haya arrepentido de haber hecho los Cursillos de Cristiandad”

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Casimiro Galán: “No conozco a nadie que se haya arrepentido de haber hecho los Cursillos de Cristiandad”

Hace 34 años que Casimiro Galán está comprometido con los Cursillos de Cristiandad, vinculación que inició en los Encuentros de Juventud. “Desde entonces, el Señor no ha dejado de sorprenderme nunca, a pesar del paso de los años”, confiesa.
A lo largo de su vida, ha encarnado una frase que escuchara alguna vez del sacerdote Publio Escudero, ex consiliario de los Cursillos: “Al Señor tenemos que entregarle la pechuga y no los huesos. Cuanto más jóvenes nos entregamos a Él, mejor”, y tenía toda la razón – admite Galán– porque ha sido un camino apasionante”.

 

Casimiro Galán ha sido electo presidente del Movimiento Cursillo de Cristiandad para los próximos cuatro años.

  • Recientemente ha tomado el testigo dentro del Movimiento Cursillo de Cristiandad de Sevilla. ¿Qué supone para usted esta llamada del Señor, esta nueva responsabilidad pastoral?

Por un lado una alegría enorme porque mis hermanos cursillistas de Sevilla han depositado su confianza en mí para esta misión a la que el Señor me ha llamado y, me animan a seguir con esta vocación que el Señor nos regala. También una gran responsabilidad, pues soy consciente de lo que supone y del servicio que conlleva ser presidente diocesano de Cursillos de Cristiandad. Aun así, la asumo con mucha confianza en Él, y en el gran equipo de personas que me va a ayudar en la tarea.

  • Como bien sabe, monseñor Saiz Meneses es un amplio conocedor de la pedagogía de los Cursillos, de la importancia del Primer Anuncio y de la evangelización en general ¿Ha logrado reunirse con él estos primeros meses tras su nombramiento como arzobispo hispalense?

Sí,  nuestro arzobispo es quien determina el cargo durante los próximos cuatro años entre una terna elegida en votación por cursillistas. Esto me ha permitido poder charlar con él de cuestiones relativas al movimiento en nuestra Archidiócesis que, es perfectamente conocido por D. José Ángel ya que es también Consiliario Nacional del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Imagina la suerte y la responsabilidad añadida que eso supone.

  • El Cursillo es un instrumento suscitado por Dios para el Anuncio del Evangelio en nuestro tiempo, escribió San Juan Pablo II. ¿Cómo presentar el Anuncio en nuestra sociedad actual?

Esa es la gran pregunta que nos hacemos todos los movimientos e instituciones cristianas a día de hoy. Porque es obvio que esta sociedad es muy diferente a la de hace veinte o treinta años…

En esta sociedad la diferencia es el cambio de perspectiva: ¿Qué me puede aportar lo que tú me ofreces que no me aporte mi pedazo de móvil, mi equipo de futbol, mi súper ordenador gaming o mi serie favorita, o esos viajes maravillosos que organizo, o el bienestar de mi vida?  Una sociedad que ya no siente la necesidad de Dios, de vivir la fe, de tener una comunidad para compartir… todo eso les suena a mundos de yupi…  Esto nos debe hacer reflexionar a todos los cristianos cómo llegar a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, y no creo que exista una varita mágica. Las fórmulas anteriores ya no son eficaces y el lenguaje ha cambiado tanto, que a veces parece que existe un diálogo de sordos.

De alguna forma nosotros en Cursillos presentamos ese amor de Cristo a los demás, en comunidad y de una forma testimonial, porque si no somos testigos de Cristo con lo que vivimos en nuestras vidas, lo que hablemos será una palabra hueca que ni llega, ni convence a quienes nos escuchan.

  • Ciertamente hemos atravesado meses difíciles y parece ser que se está vislumbrando cada vez más, el fin de la pandemia. ¿Por qué la vida es para vivirla de colores?

Realmente si, han sido difíciles por la imposibilidad de poder reunirnos físicamente, pero ha supuesto una oportunidad también de reflexión personal, de interiorización, de pensar qué lugar ocupa Cristo en nuestra vida, de reajustar nuestra escala de valores, de darnos cuenta de lo que es esencial y lo que es accesorio. También de modernizarnos y utilizar las nuevas tecnologías para seguir con nuestra actividad.

Hemos podido seguir las eucaristías diariamente por YouTube, nuestros grupos se han podido seguir reuniendo semanalmente a través de muchos programas: Zoom, Dúo, WhatsApp, Skype…e incluso nuestra Escuela de Formación ha tenido sesiones virtuales con normalidad, asistiendo un número importante de personas. Es decir, no hemos estado parados. Hemos seguido trabajando de forma diferente y preparándonos para cuando el virus nos permita hacer vida normal.

Es cierto que la situación ha mejorado bastante y, si bien no podemos bajar la guardia, es cierto que ya hemos iniciado este curso de nuevo (con un protocolo sanitario) nuestra actividad normal con el primer Cursillo y el primer Encuentro de Juventud celebrados en este mes. Es motivo de dar gracias al Señor y seguir orando por el final de todo esto…

Y es que como dices la vida es para vivirla de colores. Nuestra sociedad actual se mueve en unos rangos muy grises, y nosotros tenemos la posibilidad y la responsabilidad de ofrecerles –con la ayuda del Espíritu Santo, tan importante en nuestra misión- el poder verla de colores. El Cursillo de Cristiandad sería esa experiencia que podríamos comparar con unas gafas que nos permiten vernos a nosotros mismos, a los demás y, sobre todo, a Jesús, de una forma totalmente distinta… totalmente de colores. Después de vivir esa experiencia, uno como cristiano cambia el enfoque y el objetivo de su vida, y comienza un nuevo camino junto a los hermanos y hermanas que te lleva a descubrir –si tú quieres- qué es lo que Cristo espera de ti, qué plan tiene para tu vida….

  • ¿Cómo abordaría a un joven actualmente para ofrecerle la experiencia de fin de semana de los Encuentros?

Para abordar a un joven hoy deberíamos preguntarle qué es lo que le preocupa de su vida… El joven hoy –en la mayoría de las ocasiones- tiene tanto de todo, que piensa que ya nada le hace falta, y que puede ser feliz sin necesidad de vivir una Fe, sin necesitar a Dios…

Yo le ofrecería un fin de semana diferente, en el que puede vivir LA EXPERIENCIA con mayúsculas. El joven puede convertirse sin darse cuenta en un coleccionista de experiencias que en el fondo no le llenan, y lo dejan bastante vacío…

En el encuentro de Juventud puede descubrir a otros jóvenes como él o ella, con sus mismos problemas e inquietudes vividos de otra forma, puede vivir la experiencia de conocerse mejor a si mismo/a y puede vivir la experiencia de UN ENCUENTRO, ¿Con quién? Eso es algo que tendrá que descubrir cada uno. ¿Merece la pena? Yo le diría que rotundamente SI. Y lo digo después de esos 34 años que hace que la viví.

  • ¿Podríamos hablar de la cantidad de cursillistas que día a día hacen posible el sostenimiento y la realización de encuentros en nuestra diócesis? ¿Cuál es el perfil?

Ahora mismo dedicados a los Encuentros de Juventud, dentro de nuestro movimiento de Cursillos de Cristiandad en nuestra diócesis, podemos tener unos cien jóvenes. No podemos olvidar que estos Encuentros están destinados actualmente a jóvenes de 18 a 22, es decir, jóvenes de bachillerato, universitarios, que cursan una FP, o que están ya trabajando o en paro. No importa que sea creyente o no, que venga habiendo tenido una formación cristiana en su familia o en su colegio, o no la haya tenido…Así que en Encuentros de Juventud del MCC realmente caben todo tipo de jóvenes y el único límite es la edad. Solo les pedimos que vengan abiertos, en actitud de búsqueda y escucha…

Cuando llegan a una edad más avanzada, tras su labor con los jóvenes (Estamos convencidos de que a los jóvenes fundamentalmente se les evangeliza por otros jóvenes) ya pasan a vivir el Cursillo de Cristiandad que es para las personas desde 23 hasta 99 años.

  • Podrías aplicar a los Cursillos de Cristiandad la expresión del salmista ¿haz la prueba y verás que bueno es el Señor?

El motivo sigue siendo vigente hoy: en un Cursillo de Cristiandad o en un Encuentro de Juventud te enseñan en tres días –si tú quieres, insisto- a ser feliz para toda la vida. No se parece a cualquier cosa que hayas hecho antes.

Esa felicidad no viene de nosotros mismos, sino que es fruto de un encuentro personal, de abrirte a las sorpresas de Dios, de descubrir el Amor de Cristo y a la Iglesia en los hermanos… ¡Realmente merece la pena vivirlos!

Y la garantía: no conozco a nadie que se haya arrepentido de haberlos hecho en todos los años que llevo en Cursillos, todo lo contrario.

 

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Los miembros del Proyecto Raquel celebran una Eucaristía en memoria de los Santos Inocentes

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En el día de ayer, 28 de diciembre, en el que la Iglesia hace memoria de los Santos Inocentes, algunos de los miembros del Proyecto Raquel nos unimos a la  comunidad parroquial de San Juan Pablo II de Jaén. La intención era renovar nuestro compromiso de defender la vida, a apostar por ella, difundir una cultura de la vida, que garantice el mayor hecho de la creación: la vida humana, y de igual modo renovar nuestro compromiso a acompañar hacia la sanación y el perdón de Dios, a quien se siente dolido o herido por no haberla defendido, confiando en la Misericordia y el Amor de Dios que es infinitamente mayor que nuestros errores.

Conscientes de que hoy día hay otros «Herodes», que cómo nos recordó D. Juan Francisco Ortiz González, párroco in solidum,  en su homilía, movidos por la cultura del descarte siguen ejecutando ese tipo de órdenes y directrices. Unas directamente: cuando se aprueban leyes que quitan el valor a la vida, cuando se aplican medios y métodos para eliminarla, bien en sus primeras etapas o bien antes de que finalice de manera natura. Y otras indirectamente como cuando se facilita lo necesario para una guerra, cuando se impide el desarrollo de los pueblos y se empuja a una migración desesperada, cuando se condiciona a toda una población por una imposición ideológica, cuando se facilita legalmente o se admite la muerte como solución.

Las víctimas de esa «cultura de la muerte», como la denomino San Juan Pablo II, hoy día son los inocentes que no pudieron defender su vida, que no se les reconoció su dignidad de persona, que se les imposibilitó ya sea por medio del aborto procurado, por la aplicación de la eutanasia o del suicidio asistido.

Ante estas tinieblas Jesús viene a traer luz y esperanza. Cristo nace y vence el mal. Jesucristo es la Vida de los hombres que vence el mal a fuerza de bien.

Como nos recordaba María José Mansilla, fundadora de Spei Mater, el camino que Dios nos enseña en estos últimos tiempos es el camino de la Misericordia, no hay otro. Así se lo enseño el Señor a Santa Faustina y así nos lo muestra San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae. Es el camino que el Señor nos marca en este momento, abrir las puertas de la misericordia a las personas heridas por la cultura de la muerte, transformar los corazones en el fuego de su Corazón

Este camino de la misericordia en postaborto se llama Proyecto Raquel. Porque Dios no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y que viva, y Dios no quiere que las personas que abortan y los que promueven el aborto se condenen, sino que se sanen, que se conviertan y que vivan. ¿Qué mayores apóstoles de la vida que aquellos que han sido abortistas y se han convertido como Abby Johnson o Patricia Sandoval o nuestra María del Himalaya? Pero no solo ellos son apóstoles sino cada persona que ha pasado por Proyecto Raquel y que ha tenido un encuentro con la misericordia, aquella persona que ha estado muerta en vida y que ha recibido una vida nueva a través de la sanación que Dios le ha regalado.

Proyecto Raquel en nuestra Diócesis sigue acompañando a esos hermanos y hermanas heridos, que viven con dolor las secuelas de un aborto procurado, al que pueden solicitar ayuda, de forma totalmente confidencial, llamando a su teléfono 639 854 330.

Ricardo Cobo
Secretario Proyecto Raquel Jaén

 

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Mensaje de Navidad del obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco

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