En la mañana de hoy, Mons. Santiago Gómez ha presidido la Santa Misa de Resurrección del Señor, en la que han estado presentes miembros del Cabildo Catedralicio, el Consejo de Hermandades de Semana Santa de Huelva y una representación de las distintas hermandades de penitencia de la capital.
En las palabras de su homilía, D. Santiago ha querido señalar el entusiasmo con que toda la liturgia de hoy nos anuncia que Cristo ha resucitado, entusiasmo que se extiende de un modo especial durante toda la Octava de Pascua, a lo largo de los cincuenta días del tiempo de Pascua que va desde la Vigilia Pascual hasta el Domingo de Pentecostés, y en cada Misa Dominical y Eucaristía diaria. «Con razón hoy es la fiesta principal de los cristianos», ha expresado.
«Esta es nuestra razón de ser como Iglesia», ha continuado diciendo. «Cristo resucitado da sentido a toda la existencia humana. En medio de una Europa en guerra, de genocidios, de tanta pobreza y miseria, de la falta de sentido que muchos viven, de una Iglesia secularizada, de nuestra vida mediocre, de nuestros miedos…: Cristo vive y nos conduce a la vida verdadera, al gozo del Bien, la Belleza y la Verdad sin límites. Y este es nuestro futuro definitivo».
D. Santiago ha concluido exhortando a dejarse «ganar por esta realidad que Cristo nos abre, como nos recuerda san Pablo: Si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba…; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra (Col 3, 1-4). Hay Cielo, hay felicidad para siempre, hay Amor sin amenazas, puesto que existe Dios y en Cristo se nos ha revelado. Vivamos de esta confianza y cambiará nuestra existencia».
La solemne Misa Estacional de este Domingo de Pascua ha concluido con la Bendición Papal impartida por el Obispo. Se trata de un privilegio concedido por el Santo Padre y que cumplidos los requisitos acostumbrados lucra la indulgencia plenaria al que la recibe.
¡Cristo ha Resucitado! Entonemos el aleluya porque Aquel que es nuestra Vida ha vencido a la muerte y nos hace partícipes de su triunfo.
En el gozo de Jesucristo Resucitado os deseo a todos una feliz Pascua. Cristo vive y nos conduce a la vida verdadera, al gozo del Bien, la Belleza y la Verdad sin límites. En medio de un mundo herido por la guerra, la pobreza, el sin sentido, una vida a veces mediocre y llena de miedos…, Él da sentido a toda nuestra existencia. Como dijo san Juan Pablo II en el inicio de su pontificado: No tengáis miedo; abrid las puertas a Cristo; y dejémonos ganar por esta realidad que Cristo nos abre en su Resurrección. Tampoco tengamos miedo a anunciar con alegría en todos los rincones y realidades donde se desarrolla nuestra vida la buena noticia de Jesucristo Resucitado, que es Vida para todos.
Que su paz y bendición se extienda en esta mañana a todos los hogares de nuestra diócesis.
Alocución de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la procesión de la Hermandad de Nuestro Señor de la Resurrección y Santa María del Triunfo, en la S.I Catedral, el Domingo de Resurrección de 2022.
Esta mañana tan espléndida que el Señor nos ha regalado nos ayuda a comprender que sin este día de la Resurrección nunca habría Semana Santa. Y no la habría porque la muerte injusta de un hombre es un hecho que sucede todos los días; todos los días y en todas partes, miles, millones en el mundo entero. Y cuando hay tiempos de guerra, que los hay casi siempre (pero ahora somos más conscientes porque nos pilla más cerca, más nos damos cuenta).
¿Qué hace diferente la muerte de Cristo? Que en la muerte de Cristo todos hemos sido abrazados por Dios. Nuestra humanidad, miserable, pobre, mezquina, pequeña ha sido abrazada por un amor infinito, y ha triunfado sobre la muerte. Si no hubiera triunfado sobre la muerte, no tendríamos ningún derecho a tener una esperanza sólida; o nuestra esperanza sería una creencia inútil en el fondo, banal, vacía, sin contenido, sin fundamento.
Pero Cristo ha vencido a la muerte, y eso hace que, no sólo que la Semana Santa tenga sentido, sino que nuestras vidas tengan sentido; que nuestro amor tenga sentido.
¿De qué nos serviría –grita el Pregón pascual- haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? Pero hemos sido rescatados. Cristo ha triunfado sobre la muerte y nosotros le damos gracias y Le pedimos que a la luz de Su Resurrección inunde toda nuestra vida; hoy y todos los días de nuestra vida.
+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
Domingo de Resurrección, 17 de abril de 2022
Alocución de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la procesión de los Facundillos, en la S.I Catedral, el Domingo de Resurrección de 2022.
Feliz Pascua a todos, especialmente a los facundillos, y a vuestros padres y madres. Pero feliz Pascua a todos. Gracias a que existe este día, tiene sentido la Semana Santa. Gracias a que Cristo ha resucitado, tiene sentido vivir y quererse, y tratarse como hermanos; si no, seríamos sólo animales luchando por la comida o por la supervivencia, o por el poder sobre los demás. Se amigos y quererse tiene sentido porque Cristo ha resucitado.
Así que bienvenidos al día más importante del año, al momento más importante del año, y al que da sentido todo lo que hay bonito en el mundo.
Así que: ¡feliz Pascua!
+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada
Domingo de Resurrección, 17 de abril de 2022
Este es el día en que actuó el Señor, la solemnidad de las solemnidades y nuestra Pascua: la Resurrección de nuestro Salvador Jesucristo según la carne.
La Misa del día de Pascua se debe celebrar con la máxima solemnidad. En lugar del acto penitencial, es muy conveniente hacer la aspersión con el agua que se bendijo durante la celebración de la Vigilia. Con la misma agua bendita conviene llenar los recipientes (pilas) que se hallan a la entrada de la iglesia.
El cirio pascual, que tiene su lugar propio junto al ambón o cerca del altar, enciéndase al menos en todas las celebraciones litúrgicas de una cierta solemnidad de este tiempo, tanto en la Misa como en Laudes y Vísperas, hasta el Domingo de Pentecostés.
Después ha de trasladarse al baptisterio y mantenerse con todo honor para encender en él el cirio de los nuevos bautizados. En las exequias, el cirio pascual se ha de colocar junto al féretro, para indicar que la muerte es para el cristiano su verdadera pascua.
El obispo de Huelva, Santiago Gómez Sierra, presidía la Vigilia Pascual en la Noche Santa de este 16 de abril acompañado por numerosos fieles que llenaron la Catedral. La celebración estuvo concelebrada por el ha presidido la Santa Misa de Resurrección del Señor, concelebrada por el vicario episcopal para la administración de los bienes diocesanos y relaciones institucionales, Jaime J. Cano, el vicario episcopal de Huelva-Ciudad, Joaquín S. Sierra, el rector del seminario, Isaac Moreno, entre otros sacerdotes, y el diácono Manuel Díaz. Auxiliaron en el altar los seminaristas y con el canto el Coro de la Santa Iglesia Catedral.
La Vigilia Pascual se iniciaba con la liturgia de la luz, a las puertas de la Catedral, con la bendición del fuego y la bendición del cirio, bellamente embellecido y encendido del fuego nuevo para simbolizar la nube luminosa del Éxodo y el Cuerpo Glorioso de Cristo. En este cirio que en esta noche es el mismo Cristo, grabado el año 2022 entre el alfa y la omega, pues Cristo, que atraviesa todo el tiempo desde el principio hasta a su fin, vivo en nuestro presente para llenarlo de luz. Así fue experimentado en la procesión de entrada cuando la Luz de Cristo del Cirio Pascual inundó la oscuridad del templo, disipando las tinieblas del corazón y el espíritu, y abriéndonos al gran acontecimiento de la historia proclamado en el pregón pascual.
A continuación, fueron proclamadas las nueve lecturas que recorren la historia de la salvación, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo: la Creación, pasando por el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar Rojo, la nueva Jerusalén, la salvación gratuita y universal, la fuente de la sabiduría, el corazón y el espíritu nuevos, el Bautismo como sacramento pascual donde se nos comunica la salvación obrada por Dios en Cristo y el Evangelio con el relato pascual, precedido del canto solemne del aleluya, por primera vez desde el inicio de la Cuaresma, que resonó con una especial belleza en las voces del Coro de la Catedral.
En su homilía, Mons. Santiago Gómez Sierra invitó a entrar, en esta noche de vigilia, «en la experiencia de los discípulos de Jesús y de las mujeres que lo seguían. Efectivamente, para eso estamos aquí: para entrar en el misterio que Dios ha realizado esta noche santa». De este modo se adentró en la experiencia de los discípulos de Jesús y las santas mujeres que pasaron desde el «dolor afectivo y moral, de remordimiento, de miedo» a «la admiración» ante lo que vieron sus ojos que no podía ser obra humana. «He aquí el primer signo del Acontecimiento: la gran piedra ya había sido removida, y la tumba estaba abierta. Y dos hombres celestes les dicen: No está aquí, ha resucitado».
«El sepulcro vacío –continuaba el Obispo– ha sido el primer paso para el reconocimiento del hecho de la Resurrección: para las mujeres y para Pedro. Sin embargo, los discípulos lo tomaron por un delirio y no las creyeron (Cfr. Lc 24,11). Los evangelios, lejos de mostrarnos una comunidad arrobada por una exaltación mística, nos presentan una comunidad abatida, asustada, escéptica ante cualquier futuro que tuviera que ver con Jesús. Así, la fe de la primera comunidad cristiana se funda en el testimonio de hombres concretos, que eran conocidos y vivían entre ellos, y de mujeres, primeras mensajeras de la Resurrección de Cristo para los propios Apóstoles, con lo que se reconoce significativamente el lugar de la mujer en la comunidad cristiana».
A partir de esa experiencia de los primeros testigos de la Resurrección, D. Santiago explicó que «entrar en la Pascua nos exige no tener miedo de la realidad, no cerrarse en sí mismos, no huir ante lo que no entendemos, no eliminar las preguntas cuyas respuestas no están a nuestro alcance», y recordó la frase de San Juan Pablo II al comienzo de su pontificado: No tengáis miedo. Abrid las puertas a Cristo. «Como las mujeres que recibieron el anuncio de la resurrección, vayamos a proclamar con alegría que Cristo no está muerto, ha resucitado, ya no muere más, vive para siempre; aunque nos tengan por locos».
Contemplando la narración de la historia de la salvación en la liturgia de la Palabra, explicó que «la resurrección de Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento y del mismo Jesús durante su vida terrenal» y animó, por tanto, a volver sobre las Escrituras «para entender y vivir la Pascua y el mundo nuevo que Dios abre en la Resurrección de Jesucristo». Acontecimiento que nos afecta por el bautismo, por lo que «no somos sólo admiradores de un acontecimiento extraordinario, sino que el sacramento del bautismo sumerge al hombre en la realidad que significa: en la muerte y resurrección de Cristo». De este modo, concluyeron sus palabras para dar paso a la tercera parte de la Vigilia Pascual, la liturgia bautismal.
Este tercer momento se iniciaba con las letanías de los santos, que daba paso a la bendición del agua, un bellísimo resumen de la teología bautismal, y la renovación de las promesas bautismales, centro de nuestra vida cristiana. Finalmente, la celebración culminó con la liturgia Eucarística, elemento central de esta Vigilia y máxima expresión del Misterio Pascual, pues en ella se renueva la Muerte y Resurrección de Jesucristo.
En este nuevo programa del “Iglesia Noticia” les hablamos de la Peregrinación Europea de Jóvenes a Santiago de Compostela que tendrá lugar del 30 de julio al 8 de agosto. Una iniciativa promovida por la CEE en preparación a la Jornada Mundial de la Juventud Lisboa 2023.
Asimismo les hablamos de la campaña anual de la Renta que ya está en marcha y en la que los contribuyentes tienen la oportunidad de colaborar con la misión y labor de la Iglesia Católica y los fines sociales marcando la casilla de la X.También les anunciamos el concierto homenaje al nacimiento de Isabel La Católica que será el próximo 22 de abril en la Capilla Real, así como del Encuentro Nacional de voluntarios de Scholas y de la I Jornada de sociedad y espiritualidad.
Evangelio de hoy, domingo 17 de abril. Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.
– Hch 10, 34a. 37-43. – Sal 117. – Col 3, 1-4. – Secuencia. Ofrezcan los cristianos.
– Jn 20, 1-9.
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que él había de resucitar de entre los muertos.
La Santa Iglesia Catedral ha acogido el Triduo Sacro presidido por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez.
Jueves Santo MisaCena del Señor
Celebración completa de la Cena del Señor
El Jueves Santo comenzaba en la Santa Iglesia Catedral el Triduo Sacro con la celebración de la Cena Señor presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Tras las celebraciones del Domingo de Ramos con la Misa de palmas y la Misa Crismal con la consagración del Santo Crisma y los distintos óleos y aceites que serán utilizados en los Sacramentos, se iniciaban los Santos Oficios que por primera vez presidía el pastor diocesano tras tomar posesión el pasado 31 de julio del pasado año.
Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez recordaba en su predicación la importancia de vivir este Triduo Sacro como una oportunidad nueva de renovar con Cristo nuestra vida. Asimismo, utilizar este encuentro para acercarnos aún más a la eternidad y así llenar nuestro corazón del amor de Cristo el cual es necesario para nuestra vida, ya que sin él estaremos desorientados en nuestra vida.
Por otro lado, el prelado recordaba la importancia de la liturgia de estos días, al igual que todo lo que vivimos en la calle con las Hermandades y Cofradías que nos indican que estamos viviendo un momento especial que desembocará en el tiempo litúrgico de la Pascua. Igualmente, el pastor diocesano nos recordaba en las distintas lecturas de la Sagrada Escritura como nos va indicando y anticipando al momento culmen de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo.
En otro orden de ideas, Monseñor Rico Pavés subraya una palabra “conmemoración o memorial”, haciendo referencia a lo que vivimos cada día en la Eucaristía donde Cristo se hace presente con su cuerpo y sangre haciéndonos partícipe de la entrega más grande de todos los tiempos. Asimismo, nop debemos olvidar ese amor extremo de Cristo que se postra ante los apóstoles y les lava los pies como signo de servicio a los demás.
Por último, la reserva de la Eucaristía fue llevada hasta el sagrario situado en el templo catedralicio donde todos los fieles allí presentes adoraron junto al Sr. Obispo.
Viernes Santo Celebración de la Pasión del Señor
Celebración completa de la Pasión del Señor
Tras el primer día del Triduo Sacro con la celebración de la Misa de la Cena del Señor, llegaba el segundo día con la celebración de la Pasión del Señor, presidida por Monseñor José Rico Pavés, en la que el símbolo de la cruz y su adoración era la protagonista.
Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, el prelado recordó en su homilía la importancia de mirar con los ojos de Cristo estas celebraciones para así poder vivirla intensamente, esto quiere decir poner todos los sentidos en este momento que estamos viviendo y sentirlo desde lo más profundo.
“Dios mío, por qué me has abandonado” con estas palabras Monseñor Rico Pavés nos recuerda como Cristo se abandona al Padre porque se sabe sostenido por su amor. Este hecho nos hace darnos cuenta de que debemos abandonarnos a la voluntad del Padre y experimentaremos su ternura.
En otro orden de ideas, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez subraya que debemos aprender amando y dejarnos curar las heridas por el amor de Cristo. Igualmente, subraya la importancia de calmar nuestra sed en el costado abierto de Cristo, donde siempre estaremos saciados si ponemos nuestra vida en Él.
“Derramar amor hacia todos”, con estas palabras el prelado nos recuerda que estamos hechos para amar y ese acto ensancha nuestro corazón haciendo que podamos acercarnos a la eternidad. Asimismo, sobre todo debemos amar a nuestros enemigos y acordarnos de aquellos que no aman.
Por último, el día de la adoración de la cruz el prelado nos recuerda que en la debilidad Dios es capaz de sacar frutos y llenarnos de su fuerza.
Sábado Santo Vigilia Pascual
Celebración completa de la Vigilia Pascual
Tras la Pasión del Señor vivíamos en el primer templo de la Diócesis la Vigilia Pascual, la celebración de la Resurrección de Cristo. Comenzábamos en la entrada de la Santa Iglesia Catedral, para una vez encendido el Cirio Pascual, todos los presentes junto al Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, Monseñor José Rico Pavés, que presidía la Vigilia, entraban en el templo madre de la Diócesis para seguir con la liturgia de la celebración.
“De manos de la Iglesia hemos sido introducidos en un encuentro nuevo con Cristo que cambia definitivamente la vida”, con estas palabras Monseñor José Rico Pavés nos recuerda el inmenso amor que el Señor nos tiene al entregar su vida por todos nosotros. Asimismo, el prelado ha mencionado que el encuentro con Cristo es dejarnos guiar por su luz para que en esta vida no estemos desorientados.
Por otro lado, el Sr. Obispo Asidonia-Jerez, ha mencionado que el don de la fe es mirar este mundo con los ojos de Cristo. Asimismo, ha recordado que en la segunda parte de la Vigilia la liturgia nos hace ver como la palabra nos anuncia lo que hoy celebramos, y en Cristo el Padre nos ha dicho todo, por ello debemos acogerlo a Él.
En otro orden de ideas, Mons. Rico Pavés ha mencionado la renovación bautismal que nos marca el inicio de una nueva vida, el nacimiento de algo nuevo. Por ello, debemos vivir cada momento de la liturgia como novedad, porque si no es así y en cambio lo vivimos como rutinario es señal de que nuestro corazón se está estrechando.
“Misterio de amor por el cual Cristo nos concede participar en su hora en el momento de la cruz”, con estas palabras ha recordado el prelado la importancia de la Eucaristía ya que así cuidaremos nuestro trato con Cristo, ya que siempre que participamos de ella ensanchamos nuestro corazón. Asimismo, la Santa Misa es puerta de comunión con la Santísima Trinidad, por ello para ser comunión el pueblo de Dios debe participar con Él de Sacramento del Altar.
Mirad, hace casi dos mil años que la Luz de una vida nueva ha salido a borbotones de la oscuridad de una tumba. Cuando ya no esperábamos más que el vacío y la nada, todas las cosas se han empapado de esta luz: el cielo, la tierra y las fosas abisales más profundas. ¿Pero nosotros vemos esta luz?
Hermanos, esta luz que es vida nueva se nos regaló ya el día de nuestro bautismo, el día en que “por el bautismo fuimos sepultados con Cristo en su muerte, para que lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos, por la gloria del Padre, así también nosotros caminemos en una vida nueva.” Rm 6,4
En Pascua celebramos la resurrección de Cristo como algo que nos ha transformado, que nos ha cambiado la vida y nos la sigue cambiando. Ahora, en esta Noche Santa, seis adultos han pedido a la Iglesia el Bautismo: Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio. En el bautismo cada persona es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca, ni en la vida ni en la muerte, porque esta compañía de amigos es la familia de Dios, que lleva en sí la promesa de eternidad. Esta compañía de amigos, esta familia de Dios, en la que ahora son insertados, les acompañará siempre, incluso en los días de sufrimiento, en las noches oscuras de la vida; les brindará consuelo, fortaleza y luz.
Ahora, en esta Noche Santa, seis adultos han pedido a la Iglesia el Bautismo: Jessica, Jaime, Miguel, William, Miguel y José Antonio. En el bautismo cada persona es insertado en una compañía de amigos que no lo abandonará nunca
Esta compañía, esta familia, le dará palabras de vida eterna, palabras de luz que responden a los grandes desafíos de la vida y dan una indicación exacta sobre el camino que conviene tomar. Esta compañía brinda a estos catecúmenos el consuelo, la fortaleza, el amor de Dios incluso en el umbral de la muerte, en el valle oscuro de la muerte. Les dará amistad, les dará vida. Y esta compañía, siempre fiable, no desaparecerá nunca. Ninguno de nosotros sabe lo que sucederá en el mundo, en Europa, en los próximos cincuenta, sesenta o setenta años. Pero de una cosa estamos seguros: la familia de Dios siempre estará presente y los que pertenecen a esta familia nunca estarán solos, tendrán siempre la amistad segura de Aquel que es la vida, porque creemos en Cristo resucitado que nos cuidará y estará con nosotros hasta el fin del mundo.
Mirad, escuchad, como ellos y cada uno de nosotros hemos recibido el don de esta vida nueva y la facultad de acogerla, así como la gracia suficiente para vivirla. Eso sí, por qué no nos preguntamos: ¿Realmente queremos vivir como hijos de la luz? Es sorprendente, pero nuestra fe se cimienta en ese cambio radical que nos introduce hasta los tuétanos en la vida divina. Pues Cristo ha cambiado hasta la naturaleza de la propia muerte. No miréis la vida con mezquindad, no busquéis metas raquíticas, nos os conforméis con ir tirando, no os amarguéis por las cosas perecederas… Dios ha transformado nuestras tragedias, a veces cómicas, en una victoria total. Por favor, estáis bautizados, ¡sonreíd y alzad la cabeza! Cristo no ha dado este paso, esta Pascua, para que sigamos como paganos poniendo la esperanza en las limitaciones y las fronteras de nuestra propia debilidad. No viváis como humillados sin futuro, vivid como Hijos de Dios. ¿O es que pensáis que hay algo más grande que este amor derramado?
No miréis la vida con mezquindad, no busquéis metas raquíticas, nos os conforméis con ir tirando, no os amarguéis por las cosas perecederas… Dios ha transformado nuestras tragedias, a veces cómicas, en una victoria total.
Cada vez más los creyentes nos negamos a nosotros mismos como Pedro, calentándose en la pequeña hoguera del patio del palacio del gobernador; cada vez que los católicos nos mostramos como los discípulos en el cenáculo con las puertas cerradas por miedo a los de fuera… y al qué dirán… nosotros mismos nos ponemos los límites y perdemos el sentido de nuestras vidas, preocupados por el día a día, tan raquítico como el siguiente, y poco a poco se va apagando la llama pascual de nuestras vidas –la misma que cada año portamos en nuestras manos y renovamos en la vigilia pascual– para que como muertos vivientes alcancemos una meta desprovista de significación, y lo que es peor, falta de vida. Sin Cristo, nos estrellamos al hueco vacio del sepulcro.
Creemos que ocultando y olvidando la muerte nuestra vida será más agradable, pero siempre será más absurda porque la muerte es inevitable. Estemos atentos, porque, aunque estemos bautizados, podemos vivir de vacío como si Cristo no hubiera muerto y resucitado por nuestra salvación. Y, si no, ¿dónde está nuestra alegría pascual? ¿Dónde nuestro gozo de criaturas salvadas? ¿Dónde nuestro gusto por las cosas eternas, imperecederas? ¿Dónde se trasparenta en nuestras actitudes cotidianas la plenitud de la VIDA, con mayúsculas?
En esta noche santa, hermanos, vamos a pedirle al Señor del fuego y de la luz, que brille siempre en el mundo el fuego del amor servicial y generoso. Encendamos en el corazón de todas las personas del mundo la luz y la llama de este cirio pascual, la Luz de Cristo, para que arda e ilumine la vida de todas las personas de buena voluntad.