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Homilía del Obispo de Jaén en la Misa Crismal 2022

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Es costumbre, en este día, reunirnos todo el presbiterio junto al obispo, a los diáconos permanentes, religiosos y un buen grupo de fieles, en la Catedral para la celebración de la Misa Crismal. Aunque la estemos celebrando anticipadamente, la Iglesia la sitúa en el Jueves Santo, día de la institución del Sacramento de la Eucaristía y, en íntima relación, del Sacramento del Orden sacerdotal.

Los óleos que bendecimos y el crisma que consagraremos son signos de la comunicación misteriosa e incesante del Espíritu, con la que Jesucristo, consuela a los enfermos, santifica a los catecúmenos y a los cristianos, y nos consagra a los sacerdotes para que seamos signos vivientes de su presencia santificadora en medio de su pueblo.

El Señor vivió su vida humana en íntima comunión filial con el Padre del Cielo, una comunión hecha de amor, alabanza y obediencia. Esta comunión de amor quedó consumada en el momento supremo de su muerte en la Cruz. Desde entonces, su amor filial es la máxima expresión de la Alianza de Gracia ofrecida por el Padre en Cristo a la humanidad entera. Todo hombre, al ser pensado por Dios y llamado a la vida, está insertado en esta relación de amor y de gracia que viene del Padre, renace en el Hijo y permanece en la plenitud del Espíritu Santo.

Por el bautismo nos incorporamos de manera más íntima en esta relación de amor y de vida. Pues, somos injertados en Cristo y por Él y en Él recibimos el amor del Padre, su Espíritu; por Él y en Él podemos amar a Dios como Padre, con la reverencia y la confianza del mismo Jesús; por Él y en Él vivimos en el mundo como hijos, puesto nuestro corazón en las cosas eternas, libres para la alabanza y para la fraternidad, libres para hacer obras de justicia y de misericordia, siendo testigos y constructores de la nueva humanidad de Dios inaugurada por la encarnación, vida, pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, la segunda persona de la Trinidad, Sumo Sacerdote, Víctima y Altar, que ha unido plenamente el cielo con la tierra.

Nosotros, sacerdotes y obispos, llamados, consagrados y unidos a Cristo, compartiendo sus sentimientos y su misión, somos signos e instrumentos de su amor, extensión viviente del sacerdocio de Jesús en todos los tiempos y en todos los lugares de la tierra.

Por ello, la vocación que hemos recibido nos apremia a vivir totalmente arraigados en Jesús, de manera que sus sentimientos sean nuestros sentimientos, sus palabras sean nuestras palabras, y sus obras de perdón y misericordia sean el ejemplo y la referencia permanente de nuestras buenas obras. Somos de alguna manera continuación y manifestación de la presencia invisible de Jesús, Sacerdote y Mesías, en este mundo visible. No somos sucesores de un fundador. Por la consagración sacerdotal, de forma íntima y misteriosa, somos la presencia visible de su actual presencia invisible en el corazón de todos los hombres de buena voluntad, como cabeza de la Iglesia, como fuente secreta de vida nueva, como principio de una nueva humanidad.

Por lo tanto, la prioridad de nuestro ministerio, sobre todo, es hacer presente a Dios. No a un Dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí, al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (Cfr. Jn 13,1) en Jesucristo crucificado y resucitado.

Jesús nos ha llamado para compartir su misión y hacernos sus amigos. ¡Qué gran honor! Demos gracias al Señor por este gran regalo siempre inmerecido.

Queridos sacerdotes, en esta celebración solemne quiero agradeceros, en nombre del Señor y de todo el pueblo de Dios, de nuestra Iglesia de Jaén, vuestra entrega y fidelidad, vuestro trabajo de cada día y vuestra buena voluntad tantas veces manifestada. Demos gracias por el fruto de la ordenación sacerdotal de Antonio José Blanca, que el pasado mes de junio se incorporaba a nuestro presbiterio.

Tengamos un recuerdo especial por nuestros hermanos recientemente fallecidos: D. Pablo Luis Armero, D. Antonio Cobo, D. Miguel Funes, D. Bernardo Velasco, D. Juan Antero Hurtado, D. Lorenzo Pérez y D. Miguel Reyes. Y, también, por los ancianos y enfermos que no han podido venir hoy aquí a pesar de sus deseos, y por los que padecen cualquier tribulación o crisis.

Os animo a vivir sinceramente nuestra fidelidad al don recibido y nuestra  fraternidad sacramental; a poner vuestra vida totalmente al servicio de Dios y de nuestro pueblo, sin reservarnos nada – pues somos “todo del Señor” – , con la madurez que requiere nuestro ministerio y sin olvidar el frescor del “amor primero”.

Nuestras comunidades, las nuevas generaciones, las personas que forman nuestra sociedad jiennense, las que viven la dureza del día a día, en la familia, en el trabajo, en la angustia de no vivir una vida digna, y que muchos de ellos, jóvenes y adultos, se pueden encontrar en la desesperanza y solos, necesitan de nosotros, del “signo eficaz” de nuestro ministerio que siempre es joven, esperanzador y generoso.

Queridos seminaristas, sois la esperanza de nuestro presbiterio y de nuestra Iglesia de Jaén. Os animo a hacer este camino de preparación al Ministerio sacerdotal, con paso firme y decidido, sin que os falte la ilusión y el agradecimiento a la llamada que habéis recibido y la respuesta que estáis dando, ante el Misterio tan enorme y hermoso que Dios quiere poner en vuestras manos para el servicio de Su pueblo.

Comparto, con todos vosotros, el dolor que siento, que es también el dolor de nuestro pueblo, de saber que este año, el aceite que va a ser consagrado, no será  utilizado en su plenitud, consagrando unas manos nuevas para el ofrecimiento del sacrificio de Cristo. Durante varios años vamos a vivir esta “sequedad”, pero la misma nos debe llamar a todos a la responsabilidad que tenemos para hacer vibrar el corazón de aquellos jóvenes que, estoy convencido, el Señor está llamando y que necesitan de nuestra oración y de nuestro hermoso testimonio, para alcanzar la fortaleza necesaria para responder a la voluntad de Dios.

A pesar de las dificultades, con las que nos encontramos, y de las grandes exigencias de nuestro sacerdocio, hoy queremos y volvemos a renovar ante el pueblo de Dios nuestros compromisos y deseos de ser los “fieles servidores” del Señor para el bien de nuestros hermanos, Su pueblo.

Delante de vosotros, queridos fieles, manifestamos nuestra voluntad sincera de fidelidad y de servicio. Queremos vivir con integridad y total entrega nuestro ministerio, queremos vivir intensamente unidos a Jesucristo para ser auténticos  anunciadores y dispensadores de los bienes de la salvación.

“Señor, hoy, en la pobre barca de nuestra vida, nos vuelves a decir: remar mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca. Y nosotros, temerosos ante la responsabilidad de la misión encomendada, te decimos: en tu palabra echaré las redes. (Cfr. Lc 5, 3 – 5) ¡Gracias por tu confianza! ¡Gracias por el amor con el que has ungido todo nuestro ser!”  Y ante los avatares de la vida Él nos sigue diciendo: No tengáis miedo, yo estoy con vosotros hasta el fin de los tiempos (Cfr. Mt 28, 10.20).

Queridos sacerdotes, caminemos con fortaleza, alegría y esperanza. El Señor sigue realizando hoy también su obra de renovación y de redención, y cuenta con nosotros, ungidos con la fuerza de su Espíritu, como contó con la confianza y la fuerza de los Apóstoles, con el vigor y la eficacia de los primeros cristianos. Por ello, vivamos con seriedad nuestra vida espiritual y nuestro deseo de ser cada día más santos, respondiendo fielmente a su voluntad.

El Señor y la Iglesia necesitan sacerdotes identificados con la palabra de Jesús, impregnados y enardecidos por su mismo Espíritu, enriquecidos por los sacramentos que celebran, por la oración asidua y la comunión de vida, y, llenos del don de la Caridad Pastoral, dedicados con entusiasmo y generosidad al ejercicio del ministerio apostólico. En definitiva, necesitan de nosotros que seamos “buenos pastores”, “hombres de Dios”.

Queridos hijos, laicos y religiosos que nos acompañáis esta mañana, que estáis cerca de vuestros pastores, en vosotros está presente el pueblo de Dios que camina en la Iglesia del Santo Reino, ¡rogad por nosotros!, ayudadnos con vuestra oración constante, con vuestra comprensión y afecto. No somos más que nadie. Hemos sido sacados de entre vosotros para que, ungidos y unidos a Cristo, compartiendo su misión, sed devueltos a vosotros para serviros y ayudaros, y, caminando juntos, alcanzar la salvación. Salvación que podemos degustar en nuestro día a día, respondiendo al amor y a la voluntad de Dios, pero que deseamos conseguir en plenitud cuando lleguemos a la casa del Padre.

Somos débiles y pecadores, como cualquiera de vosotros, pero con la responsabilidad de una misión que nos sobrepasa y nos sobrecoge. El calor de vuestra cercanía y de vuestra oración nos ayudará a que seamos “santos sacerdotes”.  

Os pedimos perdón por nuestras deficiencias, por los momentos en los que no reconocéis en nosotros el “corazón del buen pastor”, ser “un hombre de Dios”, por nuestra falta de trato, de ternura, de humildad y de misericordia, por nuestros personalismos y divisiones que nos alejan de un estar “cerca de vosotros y cerca del resto de nuestros hermanos sacerdotes” y no caminar unidos. Y, también, os pedimos perdón por cualquier tipo de infidelidad que hayamos podido cometer al amor de Dios y a la misión encomendada. Y, como obispo, aunque lleve poco tiempo entre vosotros, os pido perdón si no he estado a la altura de lo que Dios me está pidiendo.

Sois nuestro gozo y nuestra corona, sois la herencia que el Señor nos ha dejado. Que Él os premie todo el bien con el que enriquecéis nuestra pobre vida y con el que nos ayudáis, muchos de vosotros colaborando intensamente en nuestro apostolado. ¡Gracias!

Queridos sacerdotes, queridos hijos, sostenidos y animados por la intercesión de la Virgen María, Madre de los Apóstoles, Ntra. Sra. de la Cabeza, de San Eufrasio nuestro Patrón, y de tantos mártires y santos que han abonado nuestras tierras con sus vidas, le pedimos al Señor que se haga presente poderosamente en nuestras vidas, y que nos llene de todos los bienes de su Espíritu, haciéndonos verdaderos instrumentos eficaces de su Reino.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

 

 

 

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La Diócesis celebra la Misa Crismal

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El primer templo de la Diócesis ha acogido esta mañana la celebración de la Misa Crismal presidida por Monseñor José Rico Pavés.

En la jornada de hoy la Santa Iglesia Catedral ha acogido la celebración de la Misa Crismal presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. Siguiendo las correspondientes medidas higiénico-sanitarias, en esta celebración se ha consagrado el Santo Crisma y los restantes óleos o aceites utilizados para los distintos Sacramentos, acto que tiene como peculiaridad e importancia que solo puede realizarlo un Obispo. Asimismo, en esta Eucaristía se vive un momento muy especial para toda la Iglesia Asidonense, en concreto para el pueblo sacerdotal ya que renuevan sus promesas como presbíteros.

En la homilía Monseñor José Rico Pavés ha recordado como Cristo no actúa sólo sino con el Padre y ungido con el Espíritu Santo, así Cristo también nos pide seguir su camino con la vocación a la que Él nos llamado. Asimismo, debemos tener presente que Cristo es nuestro primer y principal pilar.

Por otro lado, el prelado ha mencionado la importancia de esta celebración para todo el pueblo de Dios pero especialmente para los sacerdotes que deben ser como diría el Santo Cura de Ars, amor del corazón de Cristo. Otra de las partes importantes de esta celebración a la que ha hecho mención Mons. Rico Pavés es la consagración del Santo Crisma y los óleos o aceites utilizados para los Sacramentos que muestran la gran entrega a la que el sacerdote esta llamado con los fieles a los que se les ha encomendado.

En la misma idea, el prelado ha pedido a las personas consagradas y seglares la importancia de rezar por todo el pueblo sacerdotal, asimismo, los propios presbíteros que sean pastores de los fieles que son la imagen de Cristo a los que deben acompañar.

Tras esta Misa Crismal recordamos las siguientes celebraciones que darán comienzo el Triduo Pascual, presidido por Monseñor Rico Pavés, iniciándose el Jueves Santo con la cena del Señor a las 17:30hrs, el Viernes Santo la Pasión del Señor a las 13hrs, el Sábado Santo la Vigilia Pascual a las 23hrs y por último el Domingo de Resurrección a las 11hrs.

Por último, Monseñor José Rico Pavés ha hecho público que tras el Domingo de Resurrección se podrá empezar a visitar los templos jubilares para conseguir la Indulgencia Plenaria con motivo del Año Jubilar concedido por la Santa Sede. – Aquí tienen información sobre este tema – https://wp.diocesisdejerez.org/2022/03/31/ano-jubilar-con-motivo-del-sagrado-corazon-de-jesus-toda-la-informacion-sobre-las-distintas-actividades-y-templos-jubilares/

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Monseñor Saiz dispensa el ayuno y la abstinencia del Viernes Santo

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Monseñor Saiz dispensa el ayuno y la abstinencia del Viernes Santo

Como cada año en el que las cofradías salen a la calle el Arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, ha dispensado el precepto del ayuno y la abstinencia tradicionales el Viernes Santo.

Se trata de una dispensa que, según reza el decreto, se concede “siendo consciente de la dificultad que en el modo de celebrar la Semana Santa en nuestra tierra implica para muchos fieles, teniendo en cuenta las circunstancias que concurren, la práctica de años pasados y la de otras Diócesis de nuestro entorno”.

Si bien, monseñor Saiz ha exhortado a los sevillanos a que mantengan, “si les es posible sin grave incomodidad”, el precepto tradicional de esta fecha y, si no les fuera posible, les invita a realizar “alguna obra de caridad con los pobres o cualquier otra obra de misericordia”. No en vano, esta piadosa práctica se viene conservando en la Iglesia Católica desde hace siglos en recuerdo de la Pasión y Muerte de Jesucristo y “como penitencia por nuestros pecados, que nos ayuda a una auténtica conversión del corazón”.

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LA CRUZ ARBOL ÚNICO EN NOBLEZA, por Miguel J. de la Santa Cruz Esteban

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La historia cambió un viernes. Por eso desde entonces se llama así, Viernes Santo. Aquel día era víspera del 14 del Nisán, la luna de Pesaj que es la cuarta luna llena del año, la Pascua de los judíos, ley perpetua para el pueblo hebreo para recordar la salida de la esclavitud y el paso del Mar Rojo. La Pascua coincidía aquel año con un sábado y por eso el día 14 sería más solemne.

Al atardecer del jueves había el Señor celebrado anticipadamente esa Pascua, en la que para perpetuar su pasión salvadora instituyó la Eucaristía y detenido cuando la oración de la noche se hacía más desgarradora. Pasó horas interminables aquella noche en las mazmorras del palacio de Caifás, temprano fue llevado ante el sanedrín que tenía tomada la decisión y que necesitaba eliminarlo cuanto antes y enseguida arrancaron de Poncio Pilato con un argumento falso, y sin juicio ninguno la determinación de crucificarlo como a los peores, como los que más que había que humillar, con los que quieren quitarle la honra negándole hasta la sepultura, y en el patio de la Torre Antonia azotado y herido lamentablemente Jesús abrazó la cruz

En muchas de nuestras casas siguen estando las imágenes del niño Jesús midiendo su cuerpecito con la cruz, otras veces dejándose caer sobre ella para medirla en su tamaño incluso una lámina con la sagrada familia en el taller de José haciendo Jesús una cruz aprendiendo el oficio de carpintero. ¡Qué ironía dirán algunos!

Y al tomar la cruz, aquel árbol empezó a reverdecer porque lo que hasta entonces había sido un patíbulo de soledad y de abandono, ahora tenían un Dios que se colocaba detrás y delante del reo. Desde que Jesús tomó su cruz todas las cruces tienen compañía y ya no hay crucificado solo, todas tienen a Dios con ellos y Dios se hace presente en todas sus cruces.

No solo la cruz es solidaridad de Dios y perdón de Dios. La Cruz desde que Jesús estuvo en ella es árbol de la vida, aquí no hay engaño como en el árbol del paraíso. Aquí no hay más que entrega y amor, y el amor ha hecho que todas las cruces, el odio y la venganza quedan vencidos por aquel que en ellas clamó perdón.

Prometiendo el cielo, entregando como madre de los hombres a su Madre que desde entonces esta nuestra, como suya, y pidiendo al padre que recogiera su espíritu.

Y entregado hasta el extremo, se ha convertido en camino de vida y fuente en la que se bebe el agua que quita la sed, en escuela en la que se aprende a vivir, en la que se sueña con la vida eterna, en la que se puede estar.

Miguel José de la Santa Cruz Esteban Jerez

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“Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”

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“Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo de San Agustín, Jesús Nazareno de las Penas, Nuestra Madre y Señora de la Consolación y Santo Ángel Custodio, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

“Contempladlo y quedaréis radiantes, vuestro rostro no se avergonzará”.

Santísimo Cristo de San Agustín, tu rostro manifiesta la belleza de un amor entregado hasta el extremo. Si como dijo Dostoievski “la belleza nos salvará”, aquí está la belleza en estado puro. En medio del sinsentido de tantas cosas, guerras y divisiones… la belleza de tu amor irrumpe conquistando los corazones, para que vuelvan a latir más fuerte. Tu amor saca amor.

Santísimo Cristo de San Agustín, tu tránsito pascual ha vencido al mundo y es un manantial de vida eterna.

Danos tu Espíritu Santo, para vivir de esta belleza que lo “hace todo nuevo”.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán”

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“Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de Nuestro Padre Jesús del Rescate, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Nuestro Padre, Jesús del Rescate, gracias por tu redención, por tu perdón, por tu dolor ofrecido por la salvación del mundo. Nosotros nos erigimos en salvadores de los demás, pero ni siquiera logramos salvarnos a nosotros mismos. Sólo Tú eres nuestro Salvador, el Redentor del mundo.

“Donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia”. Con la ofrenda de Tu vida has pagado la deuda de Adán, devolviéndonos una inocencia de niños, una conciencia de salvados por pura gracia y misericordia. ¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados? Gracias a ti, la trampa se rompió y escapamos de la muerte.

Nuestro Padre, Jesús del Rescate, no nos abandones en mano de nuestro enemigo, para que podamos darTe gracias siempre y adorarTe en espíritu y verdad.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos”

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“Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Nuestra Señora de los Dolores, tú permaneciste junto a la cruz de tu Hijo y una espada atravesó tu alma. Alma de madre ensanchada en el Calvario para recibir como hijos a todos los discípulos de tu hijo, a toda la humanidad entera.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.

Alumbra en tus dolores de parto el nacimiento de hombres y mujeres nuevos que vivan en este mundo al modo de Dios, que canten el cántico nuevo de los tres jóvenes, que aun en medio del horno de Babilonia, glorifiquen a Dios con todas las criaturas del cielo y de la tierra. Amén.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“La respuesta del Padre eres Tú, Cristo”

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“La respuesta del Padre eres Tú, Cristo”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Hermandad de caridad del Santísimo Cristo del Trabajo y Nuestra Señora de la Luz, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Cristo del trabajo y Santísima María de la luz, estamos aún saliendo de esta dolorosa pandemia del coronavirus e inmersos en los horrores de la guerra en Ucrania, y en tantas otras situaciones de violencia. Experimentamos miedo e inseguridad. Y pareciera que el cielo callara ante tanto dolor. Pero el salmista dice: “El Señor es mi luz y mi salvación.

El Señor es la defensa de mi vida. ¿Quién me hará temblar?”. El cielo no calla. La respuesta del Padre eres Tú, Cristo, su Palabra, el Cordero inocente que quitas el pecado del mundo. Estás con nosotros cargando con nuestros pecados y sufrimientos, y revelando así al Padre, la luz del cielo.

Cristo del trabajo y Santísima María de la luz, que no zozobre nuestra fe ni se paralice nuestra caridad, ni perdamos la esperanza.

Tú, el Cordero que has vencido y reinas con el Padre, por los siglos de los siglos. Amén

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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“Padre, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo”

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“Padre, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo”

Alocución del Vicario General, D. Francisco Javier Espigares Flores, en la estación de penitencia de la Hermandad de Santa María Madre de Dios y Cofradía de oración de Nuestro Señor en el Huerto de los Olivos y María Santísima de la Amargura Coronada, el Lunes Santo, 11 de abril de 2022.

Jesús del Huerto, entraste en la noche oscura de Tu pasión con una palabra: “Abba, Padre”. Oraste antes de la Pasión: “Padre, hágase tu voluntad”. Y el Padre, oyendo tus gritos y lágrimas, te escuchó. Te escuchó para que acogieras con voluntad propia Su voluntad de Padre. Te escuchó fortaleciéndote en tu trance más doloroso hasta la muerte en cruz. Y te escuchó, finalmente, resucitándoTe de entre los muertos y sentándoTe a su derecha.

Jesús del huerto y María Santísima de la Amargura coronada escúchanos también a nosotros para que también podamos decir: “Padre, hágase Tu voluntad en la tierra como en el cielo”, “hágase en mí según Tu Palabra”.

Francisco Javier Espigares Flores
Vicario General de la Archidiócesis de Granada

Lunes Santo, 11 de abril de 2022

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‘El alma cristiana aceptando su cruz’. Capilla de Santiago (Catedral de Sevilla)

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‘El alma cristiana aceptando su cruz’. Capilla de Santiago (Catedral de Sevilla)

Obra con un mensaje trascendental para todo cristiano, realizada por Antón Pérez en 1548. Se encuentra en la capilla de Santiago de la catedral de Sevilla. Ejemplo del clasicismo renacentista y manierismo imperante en la escuela sevillana durante la segunda mitad del siglo XVI.

Antón Pérez fue maestro pintor de la Catedral de Sevilla durante parte la segunda mitad del siglo XVI, presente en la capital hispalense ya desde 1535, hasta su muerte en 1578. Artista versátil en cuanto a técnicas que llevó a cabo (al óleo, policromador, dorador, etc.). Contemporáneo de artistas como: Pedro de Campaña, Hernando de Esturmio, Pedro de Villegas y Luis de Vargas.

Antes de llegar a Sevilla estuvo en la localidad extremeña de Llerena, ya aquí, realizó varios encargos para diferentes parroquias: San Lorenzo en 1540, San Pedro en 1557, Santa Catalina en 1560 o en la sacristía de la capilla de la Virgen de la Antigua de la Catedral en 1574.

Por un lado, hay autores que señalan la mediana calidad de su producción y es evidente que otros pintores presentes en la catedral sevillana le superan en calidad. Por otro lado, y a pesar de esto, hay que subrayar que este pintor fue punta de lanza en la escuela local, dejando atrás incluso a los flamencos presentes en ese momento. Antón Pérez presenta en sus obras unas fórmulas que progresan en el clasicismo renacentista, dominada posteriormente por el manierismo y reflejo claro de la rápida evolución de la pintura sevillana en la segunda mitad del siglo XVI.

Esta obra se encuentra en uno de los paramentos de la capilla de Santiago en la catedral hispalense. Perteneció al retablo de las Reliquias para la Sacristía Mayor, creación de este mismo autor, hoy día desmembrado y repartido en estas dos localizaciones. El conjunto fue realizado en 1548 como un complejísimo programa iconográfico, muy posiblemente dictado por uno de los canónigos del cabildo del momento. Este conjunto señalaba la práctica de las virtudes como camino que conduce a la gloria eterna. Estaba compuesto por: las alegorías de la Fe, de la Paz, de la Justicia, de la Caridad, de la Prudencia, del Martirio y los dones del Espíritu Santo; las cuales aún siguen en su lugar de origen, además de las reubicadas que son: el Alma cristiana acepta su cruz, la Vocación de los apóstoles, la Transfiguración, la alegoría de la nueva Jerusalén y la alegoría de la Redención del género humano; entre otras.

Inicialmente no se conocía el creador de este retablo. El primero en identificarlas fue Céan Bermúdez, quien las pudo apreciar en su lugar de origen. Posteriormente y gracias a la documentación descubierta, se pudo atribuir y concretar. Este retablo sería desmontado y desmembrado en 1814, colocando en su lugar el Descendimiento de Pedro de Campaña. En 1892, José Gestoso lo atribuyó a Antón Pérez, desconociendo su origen.

Este retablo mostraba una unidad en cuanto al mensaje del programa iconográfico y estilístico, pero no en la unidad compositiva entre las diferentes escenas. Esto es fruto del uso de diferentes grabados para la concepción de las mismas, siendo muy diversas unas de otras en algunos casos. Esta desigualdad en la relación compositiva quedó menos evidente al eliminarse el retablo en las que se encontraban en un origen y reubicándolas distantes entre sí.

El Alma cristiana aceptando su cruz representa a Jesús cargando con la cruz en primer plano, acompañado por un gentío que carga con su respectiva cruz cada uno. A diferencia de otras obras inspiradas por el mismo pasaje bíblico, aquí el artista se aleja de una tradicional escena alegórica donde una figura femenina acompaña o no a Jesús con su propia cruz en un contexto atemporal y casi infinito. En contraposición, Antón Pérez utiliza el recurso de la aglomeración de personajes para hacer visible la universalidad de este acto, presente para toda la humanidad, en concreto para todos los cristianos. Hace más terrenal esta idea, este llamado que nos hace, sin idealizarlo excesivamente.

“Entonces dijo Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. Pues ¿de qué servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Yo os aseguro: entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean al Hijo del hombre venir en su Reino.” Mateo 16, 24-28

Dios nos llama y nos alienta continuamente a aceptar nuestra propia cruz para verdaderamente seguirle. La Cuaresma es un momento propicio para reflexionar respecto a este mensaje que el propio Jesús dejaba a sus discípulos. Ya sea en el siglo I, en el XVI o en el siglo XXI, Él nos sigue llamando con el fin de alcanzar la gloria eterna. Esto pasa por negarnos a nosotros mismos, aceptarle a Él como camino, verdad y vida. Debemos dejar de apreciar cosas mundanas, efímeras, ya que estamos llamados a la santidad. Solo Dios puede llenar nuestras vidas y para llegar a conocer profundamente este mensaje, la fe, la esperanza y el amor, serán clave. Cada uno de nosotros podemos cotidianamente aceptarle y cargar con nuestra cruz.

Félix Sevillano Maldonado, colaborador de la Delegación diocesana de Patrimonio Cultural.

BIBLIOGRAFÍA

Valdivieso, Enrique (1986): Historia de la Pintura Sevillana. Siglos XII al XX. Guadalquivir, Sevilla.

AA.VV. (1984): La Catedra de Sevilla. Guadalquivir, Sevilla.

Serrera, Juan Miguel (1977): “Antón Pérez, pintor sevillano del siglo XVI”. En: Archivo Hispalense, tomo 60, nº185.

Rodríguez Aguilar, Inmaculada C. (2003): “Una tabla atribuible a Antón Pérez”. En: Laboratorio de Arte, nº16. Universidad de Sevilla, Sevilla.

Imágenes: procedentes de Historia de la Pintura Sevillana. Y reconstrucción del retablo por José Ramón Sierra en Archivo Hispalense.

 

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