El Claustro de la Catedral se llenaba hoy de Ramos y Pasión. Nuestro obispo D. Antonio, junto a un numeroso grupo de feligreses se congregaban a las 11:30h para bendecir los ramos de olivo y palmas recordando así la entrada triunfal de Jesús en la ciudad Santa de Jerusalén.
Posteriormente todos los feligreses han marchado en procesión hasta el templo catedralicio para la celebración de la solemne misa, donde se ha proclamado la pasión según San Lucas. Jesús es aclamado y rechazado, alabado y sometido a todo tipo de desprecios.
En su homilía, el obispo ha invitado a celebrar más intensamente estos días santos y ha animado a una vivencia más íntima y espiritual del Misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección.
El obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez, ha presidido en la Santa Iglesia Catedral esta mañana de domingo, 10 de abril, la Misa de Ramos en la Pasión del Señor con la que comienza la Semana Santa para los cristianos. La celebración ha sido concelebrada por varios sacerdotes diocesanos y ha contado también con la asistencia del alcalde de Huelva, Gabriel Cruz, de la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Huelva, María Villadeamigo, miembros del Cabildo Catedral así como una representación del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva y los hermanos mayores.
En su homilía, D. Santiago Gómez ha señalado que «ser cristiano es seguir a Jesús». El Evangelio de la bendición de ramos comienza diciendo “Jesús marchaba por delante subiendo a Jerusalén” (Lc 19, 28), por lo que el Pastor de la diócesis ha invitado a que «sigamos al Señor, como lo expresan nuestra procesión y las estaciones de penitencia de esta Semana Santa».
Asimismo, ha indicado que el camino es una subida desde Jericó, donde comienza la última parte de la peregrinación de Jesús, a Jerusalén -respecto al nivel del mar, hay una subida de unos mil metros-. Se trata, pues, de una subida que «es imagen del movimiento interior de la vida cristiana», y ha añadido que «subir supone esfuerzo y fatiga; lo cómodo es bajar hasta lo vulgar, quedarnos en el nivel de lo sensitivo». El Obispo ha expresado que «podemos incluso hundirnos en el vicio y el pecado, arrastrados por nuestros más bajos instintos, sin embargo, Jesús nos lleva hacia lo más alto, a vivir una humanidad plena, en la verdad, la libertad, la justicia y el amor, mediante el cumplimiento de los Mandamientos, entendidos desde Cristo: el amor a Dios y al prójimo, con todo lo que hace realista ese amor», como es el amor a Dios sobre todas las cosas, como fundamento de todo lo demás (los tres primeros mandamientos); el amor en la familia (cuarto mandamiento); el respeto a la vida (quinto mandamiento); el orden del matrimonio y de la sexualidad no separada del amor y de la apertura a la vida (sexto mandamiento); el ordenamiento social (séptimo mandamiento); y la inviolabilidad de la verdad (octavo mandamiento). «Este es el camino que nos lleva hacia el amor, nos lleva hacia Dios», ha subrayado.
Además, Mons. Santiago Gómez ha recordado que Jesús “marchaba por delante subiendo a Jerusalén”, de forma que «la meta es Jerusalén». Es la ciudad concreta: «el lugar del Dios único, que buscan todos los hombres. El mismo que se ha dado a conocer en una historia con los hombres que comenzó con Abrahán. Jesús va a celebrar la Pascua memorial de la Alianza, consciente de que Él mismo en la cruz será el Cordero inmolado de la nueva Pascua». En este sentido, ha afirmado que «no se pueden alcanzar grandes resultados sin renuncia y esfuerzo. La Cruz es expresión de lo que el amor significa: sólo se encuentra quien se pierde a sí mismo, pero el camino de Jesús va más allá, no acabará en la Cruz, aunque pasa por ella».
El Obispo ha indicado también en su homilía que «para recorrer este camino necesitamos que el Señor nos tome de la mano en los sacramentos, dejarnos purificar y curar, para no desfallecer en la subida» y «el sacramento de la penitencia, recomendado para celebrar el triduo pascual, es el remedio que el Señor nos ofrece». Así, «Él nos guía en la tierra y más allá de este mundo» y a la meta a la cual Él quiere llevarnos es «a la comunión con Dios, a estar con Dios», por lo que ha alentado a que «entremos con ánimo y esperanza cristiana esta Semana Santa».
Tal y como recuerda la Delegación Diocesana para la Liturgia, la celebración del Domingo de Ramos se caracteriza por tener dos partes: la procesión y la Misa, que son dos elementos unidos y dependientes el uno del otro. La procesión comienza con el rito de la bendición de los ramos, sigue la lectura del Evangelio que relata la entrada de Cristo en Jerusalén. Este fragmento se toma de Mateo, de Marcos o de Lucas (sinópticos), según el ciclo que corresponda a ese año. En la celebración de este 2022 (ciclo C) se ha proclamado el Evangelio según san Lucas (Lc 19, 18-40) y, posteriormente, se ha iniciado la procesión (alrededor de la plaza de la Merced), durante la que se rinde homenaje a Cristo, Redentor de la humanidad, imitando a aquellos que lo aclamaron como Mesías-Rey. La meta de la procesión es la celebración de la Eucaristía, ya que en ella se actualiza el sacrificio de Cristo. Asimismo, la liturgia de la Misa insiste en dos aspectos: la Pasión y la Pascua. El primero queda expresado en la lectura de la Pasión. El segundo con la segunda lectura, las oraciones y el prefacio de la Misa.
El Directorio sobre la Piedad Popular y la Liturgia detalla que durante la Semana Santa la Iglesia celebra los misterios de la salvación actuados por Cristo en los últimos días de su vida, comenzando por su entrada mesiánica en Jerusalén.
De esta forma, como se explica desde la Delegación Diocesana para la Liturgia, la Semana Mayor se inaugura con una “Entrada”, la de la Iglesia peregrina acompañando a Cristo que va a padecer y, termina con otra “Entrada”, el paso de la muerte a la vida, que celebramos durante la Vigilia Pascual.
El Domingo de Ramos es el pórtico de la Semana Santa. La misma vuelve a celebrarse tanto en templos como en las calles. Este día, en el que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén, comprende a la vez el anuncio del triunfo de Cristo y de la Pasión.
La celebración comenzó a las diez de la mañana en el exterior de la capilla de las Siervas de María. Allí se bendijeron las palmas y olivos que fueron llevados por los fieles, en procesión, hasta la Catedral. El Obispo Álvarez invitaba a los presentes a “proclamar desde el corazón nuestra fe: Jesucristo es el Señor”.
Ya en el templo, se leía este año la Pasión según S. Lucas. El prelado nivariense en su homilía llamaba a comenzar la Semana Santa “con un nuevo ardor”. “Tratemos de mantenernos con coherencia entre la fe y la vida”- expuso.
“La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén nos pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia”- señaló-, al tiempo que recordaba que “estamos de parte del Señor. Somos de Cristo”.
Para Álvarez la Pasión de Cristo hay que verla desde cuatro perspectivas complementarias: Un hecho histórico; un escándalo (ejecución de un inocente), un signo (no responde a la violencia con violencia sino con amor y perdón) y un misterio (Dios parece indiferente, pero lo cierto es que la muerte de Jesús se convierte en vida y salvación).
En otro momento de su intervención subrayó algunas actitudes a cultivar, como el pedir perdón, dar gracias, llevar la cruz de cada día con amor, ser para los demás como el Cirineo y la Virgen, abrir de par en par las puertas del corazón a Jesús.
Al finalizar la Misa comenzó la procesión con la imagen de la entrada de Jesús en Jerusalén acompañado de su Hermandad.
Alocución en la estación de penitencia de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén y Nuestra Señora de la Paz (Borriquilla), el Domingo de Ramos el 10 de abril de 2022.
Quisiste Señor entrar en Tu ciudad, la ciudad santa.
Quisiste entrar de una manera solemne y humilde a la vez.
Ibas a Tu Pasión. Querías entras en Tu Pasión. Como Tú dijiste: “Ardientemente he deseado celebrar esta Pascua con vosotros”. Igual quieres llenar esta tarde las calles de Granada después de dos años de silencio, de dolor, y en medio de una situación en el mundo que a todos nos encoge el corazón.
Pero, más aún, quieres entrar en nosotros, en cada uno de nosotros. Llenar nuestros corazones con Tu amor.
Quieres sostenernos en el camino, y en las fatigas, y en las desesperanzas de la vida, y en los dolores de la vida. Esa es Tu Pasión: hacer nuestros dolores parte del dolor de Dios y sostenernos a nosotros con Tu victoria sobre el mal, y sobre el pecado, y sobre la muerte.
Señor, te abrimos las puertas. Pero que no seamos como aquellos que te decían “Hossana”, el día del Domingo de Ramos, y “crucifícale”, el día de Viernes Santo.
(Rezo del Padrenuestro)
Ante la Sagrada Imagen de Nuestra Señora de la Paz.
Que cuando llegue esa Imagen supliquemos ardientemente a nuestro Señor por esa paz, que nos parecía una palabra bonita hace unos años y que ahora necesitamos tan dramáticamente; que necesita el mundo tan dramáticamente.
Homilía en la Eucaristía del Domingo de Ramos celebrada en la S.I Catedral el 10 de abril de 2022. Previamente, tuvo lugar la bendición de las palmas y ramos en la iglesia de San Andrés y posterior procesión en dirección al templo catedralicio.
Dios mío, no hay palabras que sean dignas del relato que acabamos de escuchar, del Acontecimiento que ese relato testimonia.
Sin embargo, yo os decía en San Andrés: entramos en la Semana Santa y entramos a disfrutar. Sé que es un relato sobrecogedor el relato de la Pasión. No hace falta insistir en la espantosa y vergonzosa invasión de Ucrania, y en el sufrimiento inmenso que provoca, donde la Pasión de Cristo se hace presente en cada hombre y en cada mujer que muere o que sufre la mutilación, las heridas, el abuso, tantas cosas que la guerra lleva consigo. Sin embargo, no hace falta pensar en Ucrania. Al lado nuestro, en el piso de arriba, a lo mejor en nuestra propia familia hay heridas, hay sufrimientos que no tenemos muchas veces palabras para expresar.
Os decía, “entramos en la Semana Santa, disfrutad”. Disfrutad porque ese sufrimiento no es lo último. Cuando sacamos a un cristo, cuando sacamos a esas vírgenes inefablemente doloridas que marcan nuestro barroco y la historia de nuestra piedad, nosotros sabemos que ese sufrimiento no tiene la última palabra; si no, no le pondríamos las glorias a los cristos, no vestiríamos a los nazarenos con trajes de terciopelo, no vestiríamos a las vírgenes como reinas. Lo que todo eso expresa de una manera -como los sabemos expresar los hombres y en nuestra cultura concreta- es que la muerte y el dolor, por muy grandes que sean, el dolor de Dios es inefable para nosotros. No podemos comprenderlo y el dolor de su madre seguramente tampoco. Porque no hay mayor dolor en la vida humana que el de una madre ver morir a su hijo ajusticiado, injustamente condenado y con una muerte tan terrible como es la de la cruz. Pero eso no es la clave última de la Semana Santa. La clave última es el amor infinito con que el Señor nos ama.
Dios ama a esta humanidad pecadora. Dios nos ama a cada uno de nosotros, que somos torpes, que somos mezquinos, que caemos una y mil veces en las mismas cosas, que no resplandece en nuestras vidas que estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. Dios nos ama, mis queridos hermanos. Si merece la pena llorar por algo, merece la pena llorar por ser objeto del amor de Dios. Merece la pena llorar, llorar de alegría, porque cuando nosotros no somos capaces de amarnos a nosotros mismos o de amar a la persona que tenemos más cerca, o de amar a nuestros vecinos o a nuestros compañeros de trabajo, Dios no se cansa de nosotros y nos ama.
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Y Le estaban matando y Le estaban cometiendo el pecado más grave y más terrible que se ha cometido jamás en la Historia, en toda la Historia: la muerte del Hijo de Dios. “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Casi nunca sabemos lo que hacemos. Acerquémonos a la Pasión de Cristo estos días. Pasión gloriosa. Había una costumbre en el mundo antiguo de representar a Cristo en la Pasión, no desnudo, no lleno de plagas y de llagas, y de dolor como lo representan muchas veces los cristos del Renacimiento, del Barroco, sino vestido de rey y con una corona, no de espinas, sino de oro en la cabeza. La cruz es gloriosa, porque revela el amor sin fondo de Dios, el abismo sin fondo del amor de Dios, y también porque nos revela la clave de una vida humana. En el Evangelio de San Lucas -lo acabamos de leer-, se pone muy de manifiesto al principio, porque dice “los grandes de este mundo, oprimen a sus súbditos. Que no sea así entre vosotros. El que quiera ser el mayor de entre vosotros que se haga el más pequeño de todos, porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir, y a dar su vida en rescate por todos. Nos revela el amor de Dios y nos revela la clave de nuestras relaciones humanas, que está en el amor, que está en el perdón, que está en la misericordia, que está en siempre poder volver a empezar.
Señor, el Viernes Santo adoraremos tu cruz. Pero ya desde hoy nos ponemos en disposición de que nuestro corazón adore, no tu sufrimiento -adorar el sufrimiento sería casi blasfemo-, adoramos tu amor, tu amor por esta humanidad herida; tu amor por nuestra pobreza, por nuestra miseria; tu amor por cada uno de nosotros, sin excepción alguna. Y sólo sumergiéndonos en ese amor tenemos posibilidad de acceder a una alegría pura, santa, verdadera, profunda, que nada ni nadie tiene el poder de romper.
Cristo ha dado Su vida para que nosotros vivamos contentos; para que podamos vivir contentos a pesar de nuestros pecados y a pesar de nuestra miseria y de nuestra pequeñez.
Una de las frases que más repite nuestro obispo D. Antonio es que los “niños y jóvenes no son el futuro de la iglesia, deben de ser el presente”. Eso se deja notar en las muchas iniciativas que se realizan a lo largo y ancho de la geografía almeriense en donde los más pequeños de la comunidad, se convierten, por un día, en protagonistas de la Semana Santa.
Así lo hicieron la escuela infantil “Virgen de Belén” de las Religiosas Siervas de los Pobres de la capital. Los niños se vistieron de monaguillos, sacerdotes, hebreos… para hacer su “primera semana Santa”. También en Adra, cientos de niños de catequesis capitaneados por su párroco, D. José María Sánchez y el equipo de catequistas sacó a las calles, un trono con costaleros niños y mantillas.
El barrio capitalino de la Cañada, también tuvo su representación de la pasión y la preparación de la semana más grande para los cristianos en la que los más pequeños de la parroquia pudieron entender la pasión, muerte y resurrección del Cristo en un lenguaje adecuado a su edad.
Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 10 de abril de 2022, a las 09:45 horas.
La Semana Santa centra el contenido de nuestro nuevo programa Iglesia Noticia. Empezamos hablando de las cinco hermandades que salen con su estación de penitencia a las calles de la ciudad de Granada en este Domingo de Ramos, en particular la de San Andrés que saldrá desde calle Elvira para la bendición de los ramos en la Catedral.
Escucharemos las palabras de la Real Federación en el comienzo de esta Semana Santa en la que volveremos a ver las procesiones salir a nuestras calles al espacio público, por primera vez en dos años.
El obispo de Huelva, Santiago Gómez, inició ayer sábado, 9 de abril, la tradicional ronda de visitas a las hermandades en las vísperas de su salida procesional por las calles de Huelva. Acompañado por el delegado diocesano para las Hermandades y Cofradías, el sacerdote Andrés Vázquez, durante estos días, además de tener unas palabras dirigidas a los hermanos reza junto a ellos una oración ante sus titulares.
El Domingo de Ramos es el Pórtico de la Semana Santa.
Después de dos años, aunque con cautela, volvemos a celebrar la Semana Santa en los templos y en las calles.
Durante estos días han retornado los pregones de la Semana Grande de los cristianos a numerosas iglesias, los conciertos sacros, las representaciones de la Pasión, las procesiones acompañadas de las hermandades y cofradías, los gestos solidarios, los Viacrucis, las exposiciones, las marchas procesionales interpretadas por las bandas de música, etc.
Con aforo al cien por cien en los templos de la diócesis se podrá vivir el Triduo Pascual, los días más importante del Año Cristiano.
En cualquier caso, sean cuales sean las circunstancias, y en cualquier lugar, lo más decisivo es que se ofrece una oportunidad más para renovar el encuentro personal y comunitario con Jesucristo, haciendo memoria de su pasión, muerte y resurrección.
«Queremos ver a Jesús», encontrarnos con Él. Dios quiere que este sea nuestro deseo más profundo para esta Semana Santa de 2022- señala el obispo Álvarez. Esta es la mejor actitud para vivir estos días, para entrar de verdad en estos días santos. «En la Semana Santa no somos espectadores, sino protagonistas, pues, por la fe estamos unidos a Cristo y, además de ser salvados por Él, participamos en su misión salvadora en favor del mundo entero».
Desde pequeño el domingo de Ramos me ha fascinado. Por una vez, los niños podíamos enristrar ramos de olivo o palmas ¡y en Misa! sin que nadie nos llamara la atención. Además, era casi obligado que luciéramos trajecitos nuevos porque – en caso de no estrenarlos ese día – era señal de que carecíamos de manos. Sin embargo, cuando la razón ganaba terreno a la fantasía infantil, había un elemento desconcertante. Conforme avanzaba la liturgia de este domingo, el triunfalismo dejaba paso a la proclamación de la Pasión de Jesús. No lograba entenderlo. ¿Por qué pasábamos tan rápido de la victoria a la muerte de Jesús?, ¿Acaso tenía algo que ver el Cristo Rey con el Crucificado? Confieso que, llevado por insolencia pueril, llegué a pensar que el pobre sacerdote se habría despistado con la elección del pasaje bíblico.
Tuvieron que pasar años, con alguna reflexión seria de por medio, para profundizar en esta enseñanza de nuestra liturgia. Cuesta asimilar que el seguimiento de Jesús conlleve dificultades e, incluso, abierta persecución. Cierto que la naturaleza cristiana no es beligerante, pero nuestra fidelidad al amor de Jesús nos sitúa – irremediablemente – en primera línea de confrontaciones no buscadas. Esto es así porque su mensaje es extraordinariamente radical, con una inevitable vertiente testimonial, y porque el mandato del amor fraterno nos obliga a enfrentarnos a los poderosos; siempre que éstos pretendan imponer el interés de algunos contra el bien, los derechos o hasta la vida de los más débiles.
No se trata de obsesionarnos por los pecados ajenos. La vida cristiana es otra cosa: es caridad para con todos, anunciándoles la misericordia y adorar a Dios con todo nuestro ser. Sin embargo, no debemos ser ingenuos. En el mundo reina el Mal, es decir el pecado, y es factible que despertemos el rechazo. Los amigos de Jesús no podemos colaborar ni mucho menos entregarnos a ese Mal. El pecado existe, hiere nuestra naturaleza y al mundo entero. Y, además, una Iglesia que renunciara a su vocación martirial… dejaría de ser la Iglesia de Jesús. El ideal no puede ser, de ninguna manera, eludir constantemente los conflictos. Es ilusorio buscar un planteamiento de la fe que coexista con los valores del mundo, porque acabaríamos traicionándola y nuestra esperanza eterna carecería de sentido.
Este compromiso testimonial con Jesús, lejos de degradarnos a personajes belicosos, nos proporciona paz y alegría en el corazón. Jesús está con nosotros y ha prometido su asistencia para consolarnos en estas adversidades. La presencia de Jesús en nuestra vida nos conduce, inevitablemente, a vivir en y como él. No es compatible nuestra identificación con Jesús con posiciones ambiguas o tibias con respecto al amor. Todo cristiano tiene que poder decir con verdad «Estoy crucificado con Cristo; vivo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí. Y mi vida de ahora en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí. Estoy crucificado con Cristo, he dejado atrás la vida dominada por el pecado, lo que ahora vivo es una vida nueva, en comunión con Cristo, en la presencia de Dios, de modo que es Cristo quien vive y actúa en mí» (Gal 2, 19b – 20).
La maravillosa dinámica de este amor nos impulsa, mediante obras y palabras, al anuncio gozoso de la verdad de Jesús. Es nuestra misión hacer valer las bellas consecuencias del amor de Jesús, como efectivo principio de una sociedad verdaderamente humana. Es la más valiosa defensa para con los derechos de los pobres y lo que obliga a perdonar las ofensas recibidas. Solo viviendo de esta manera, alcanzamos la paz y la alegría que permite una vida feliz.
Ojalá este domingo de Ramos, en el que podemos volver a gozar con esos signos externos tan queridos, sea ocasión propicia para entender bien las consecuencias de nuestra fe en Jesús. Encontraremos entonces, en estos ramos festivos, un buen método para vigorizar nuestra fe de un modo personal y centrarnos en la esperanza eterna. Un humilde antídoto para que, sin odios y devolviendo bien por mal, rechacemos someternos al dominio de este mundo. Un domingo de Ramos, en fin, para que no nos vayamos por las ramas.