

Los días 24 y 25 de octubre se celebran en Madrid las XLVII Jornadas Nacionales de Delegados de Apostolado Seglar y Responsables de Movimientos y Asociaciones, organizadas por la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida. Su lema, «Iglesia que camina con humanidad MH18», inspirado en el número 18 de la encíclica Magnifica Humanitas del papa León XIV, nos invita a reflexionar sobre la misión de la Iglesia y la responsabilidad de los fieles laicos en la vida pública.
El Santo Padre nos recuerda que la doctrina social nace de una Iglesia que camina con la humanidad, reconoce la autonomía de las realidades temporales y sirve al bien común (cf. Magnifica Humanitas, 18). Esta convicción recoge la enseñanza del Concilio Vaticano II: la Iglesia comparte los gozos y esperanzas, las tristezas y angustias de los hombres de nuestro tiempo, especialmente de los pobres y de cuantos sufren (cf. Gaudium et spes, 1). No podemos permanecer indiferentes ante las heridas de nuestra sociedad.
En esta línea, la Iglesia en España celebra este domingo el Día de las Personas Sin Hogar bajo el lema “Un hogar es mucho más que un sitio donde vivir, es un lugar al que pertenecer”. Se trata de una fecha marcada para la visibilización de la realidad terrible de las personas sin hogar, el reconocimiento de su dignidad, la defensa y la reivindicación de sus derechos, y la reafirmación del compromiso social y ciudadano frente a la lacra del sinhogarismo.
El Evangelio ilumina todas las dimensiones de la vida, también las relaciones sociales, la economía, la política y la cultura. La Doctrina Social de la Iglesia nos ofrece principios y criterios para promover la dignidad humana y construir una sociedad más justa y fraterna, formando las conciencias sin sustituir las responsabilidades de las instituciones civiles.
En esta misión, los fieles laicos desempeñan un papel insustituible. Por el bautismo participan de la misión sacerdotal, profética y real de Jesucristo (cf. Lumen gentium, 31). Su vocación no se limita a colaborar en las actividades parroquiales, sino que consiste en hacer presente el Evangelio en la familia, la educación, el trabajo, la cultura, la economía y la política.
Adquiere aquí especial importancia la corresponsabilidad diferenciada, como ha recordado el Sínodo sobre la Sinodalidad. Todos compartimos una misma dignidad y misión evangelizadora, aunque cada uno las desarrolla según su vocación y carisma.
Las Jornadas proponen cuatro ámbitos concretos de compromiso: la participación política orientada al bien común; la búsqueda de respuestas a la pobreza; la presencia activa en los barrios, en colaboración con asociaciones y entidades sociales; y el cuidado de la Creación. Son caminos para pasar de las palabras a los hechos, haciendo de la fe un compromiso real con nuestros hermanos.
Vivimos tiempos marcados por la fragmentación social, la confrontación y las desigualdades. No podemos refugiarnos en una fe reducida al ámbito privado ni contemplar pasivamente la realidad. Necesitamos cristianos capaces de escuchar, dialogar, construir puentes y trabajar por la amistad social.
La presencia de los laicos en la sociedad debe brotar de su unión con Jesucristo, de la oración, los sacramentos y una conciencia iluminada por el Evangelio. Sin esta raíz, el compromiso corre el riesgo de convertirse en activismo vacío. Necesitamos, por tanto, una formación doctrinal, espiritual y social que nos ayude a vivir coherentemente la fe y dar razón de nuestra esperanza.
Caminar juntos como Iglesia y comprometernos con la sociedad son dimensiones inseparables de nuestra vocación. Una Iglesia sinodal es una Iglesia misionera, que vive la comunión para salir al encuentro de los demás.
Doy gracias a Dios por tantos laicos y laicas de nuestra Archidiócesis de Sevilla que ofrecen un testimonio generoso y fecundo. Os animo a profundizar en la doctrina social de la Iglesia y a asumir con renovada ilusión vuestra responsabilidad en la sociedad.
Que María Santísima, Nuestra Señora de los Reyes, nos enseñe a caminar juntos, con la mirada puesta en Jesucristo y el corazón abierto a nuestros hermanos.
Con mi afecto y bendición.
+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla
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