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Decreto de dispensa del ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo

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Decreto de dispensa del ayuno y la abstinencia en el Viernes Santo

 

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

La Santa Madre Iglesia convoca a todos sus hijos durante la Cuaresma y, especialmente el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, para vivir comunitariamente un tiempo especial de penitencia y conversión. Para que todos, y cada uno a su modo, «se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia» (can. 1249 del Código de Derecho Canónico). En la Iglesia universal, «son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma» (can. 1250), de manera que «todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo» (can. 1251). La ley de la abstinencia obliga a los fieles «que han cumplido catorce años; la del ayuno a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años» (can. 1252).

El ayuno y la abstinencia el Viernes Santo tienen una particular importancia y significado, ya que nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; además, sirven como penitencia por nuestros pecados que nos dispone mejor para una auténtica conversión. Y así lo ha querido presentar y conservar la Iglesia, a lo largo de los siglos.

Las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia de la abstinencia y el ayuno.

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del can. 87,                         

 D i s p e n s o del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incomodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a ocho de abril de dos mil veintidós.

 

 +Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

 

 

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La religiosidad popular

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La Semana Santa, el Camino de Santiago, el Rocío, Loyola, El Pilar, Ávila, Montserrat, Montilla, los santuarios marianos, las ermitas… miles de lugares se convierten en un punto de llegada para los cristianos que, movidos por la fe, acuden a renovar sus promesas, a reencontrarse con sus historias y su tradición, a compartir una esperanza, a sanar el corazón.

El pueblo cristiano ha encarnado la fe de la Iglesia en su realidad cotidiana, en su entorno concreto, junto a las otras tradiciones que ya vivía. Vive una religiosidad popular que une lo trascendente y lo inmediato, lo cercano y el más allá. Lo hace para establecer y hacer visible una especial relación con Dios, con la Virgen María, con los santos. Busca mover la voluntad de Dios, pedir su protección, su ayuda, su compasión. La mirada a María y a los santos pretende sobre todo su intercesión ante necesidades del mundo o ante las pequeñas dificultades personales del día a día. En otras ocasiones, es el agradecimiento por los bienes recibidos lo que origina una peregrinación, una marcha, un encuentro.

En cada una de esas expresiones de la religiosidad popular la gloria de Dios, el hombre vivo, recorre las calles, acompaña a las imágenes de los santos como pueblo de Dios, eleva sus oraciones y súplicas, se compromete con los necesitados, se propone cambiar de vida. Son en el fondo una nueva posibilidad del encuentro con Dios que cambia la vida.

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Mos. Orozco presidirá hoy la Misa Crismal, a las 12, en la catedral

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Mos. Orozco presidirá hoy la Misa Crismal, a las 12, en la catedral

 

Hoy se celebra la Misa Crismal en la diócesis de Guadix. Será en la catedral, a las 12 de la mañana, en una celebración presidida por el obispo de Guadix, D. Francisco Jesús Orozco, que estará concelebrada por los sacerdotes de toda la diócesis. La Misa Crismal tiene dos momentos importantes, que la hacen única: se bendicen los óleos y el crisma, que serán utilizados en la administración d ellos sacramentos en las parroquias de la diócesis durante todo el año, y los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, las que hicieron el día de su ordenación de ser fieles a la Iglesia y al obispo, predicar el Evangelio, vivir el celibato, orar e imitar a Jesucristo.

La Misa Crismal es una celebración abierta a todo el pueblo de Dios, por lo que todos estamos invitados a participar y a vivir una Misa importante por lo que se celebra y hermosa por los cantos y los ritos que se realizan.

En la diócesis de Guadix, la Misa Crismal se celebra siempre el martes santo, por la mañana, para facilitar la asistencia de los sacerdotes. Pero su día propio es la mañana de jueves santo, un día muy eucarístico y sacerdotal. Y cuando termina la celebración, se inicia una de las procesiones más bonitas de la Semana Santa, aunque pase desapercibida para muchos: la de los óleos y el crisma bendecidos, que los sacerdotes recogen tras la Misa Crisma y llevan a sus parroquias, para administrar durante todo el año los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Unción de Enfermos. En algunas parroquias, el jueves santo hay un acto de recepción de estos oleos santos.

Meditación

Los sacerdotes viven de manera particular la Misa Crismal. De hecho, prácticamente todos se darán cita el martes santo, por la mañana, para celebrarla. Pero antes, a las 11 de la mañana, tendrán un tiempo de oración y meditación, en la iglesia del Sagrario. Este año estará dirigido por el sacerdote José Antonio Varón, párroco de Jerez del Marquesado, Cogollos y Albuñán.

 

Y a las 12 comenzará la Misa Crismal en la catedral. Será retrasmitida en directo a través del canal de YouTube de la catedral. Todos estamos invitados.

 

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Este martes 12 de abril, Misa Crismal en la Catedral

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Este Martes Santo 12 de abril, a las 11:00 horas, será la Misa Crismal en la Catedral presidida por el Obispo. Esta Eucaristía que se celebra junto a todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. Se celebra el martes y no en la mañana del Jueves Santo, para facilitar la presencia del mayor número posible de clero.

 En ella, además,  se consagrará el Santo Crisma que se emplea para el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal, y se bendecirán los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

Durante la celebración, los presbíteros renovarán, ante el obispo y el Pueblo de Dios, las promesas sacerdotales que realizaron el día en que fueron ordenados.

Por otro lado, se recordará a los sacerdotes fallecidos desde la última Misa Crismal, seis en total: José Enrique Martín, Agustín Yanes, Vicente Cruz, Jorge Manuel Fernández, Antonio Damián Herrera y José Ventura.

Asimismo, se dará gracias por los dos nuevos presbíteros y por los tres diáconos permanentes ordenados en este último año.

Además, como es tradición, se realizará una especial mención a aquellos sacerdotes que cumplen sus bodas de oro, o de plata, en el ministerio presbiteral. En este sentido, están celebrando 25 años de ordenados Víctor Manuel Oliva, Jorge Díaz, Macario Manuel López, Domingo Miguel González, José Emiliano Rodríguez y también el diácono permanente, Celso González. Por su parte, cumplen bodas de oro Santiago Domingo Albertos, Antonio Gómez y Esteban Bolívar.

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Carta del obispo sobre la Colecta para los Santos Lugares en el Viernes santo de 2022

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El Viernes Santo celebramos la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y, desde el año 1974, cuando el Papa San Pablo VI invitó a los católicos de todo el mundo a ofrecer una ayuda concreta para ayudar a los cristianos de Medio Oriente y Tierra Santa, la tierra de Jesús, cada Viernes Santo se realiza la llamada “Colecta por Tierra Santa”. Ese día, las parroquias y templos de todo el mundo se convertirán en el altavoz del sufrimiento y necesidad de estos cristianos, muchos de ellos perseguidos por su fe, cuya situación ha empeorado con la pandemia. Se trata de la mejor ocasión del año para apoyarlos porque «hacer conocer Tierra Santa quiere decir transmitir el “Quinto Evangelio”, es decir el ambiente histórico y geográfico en el que la Palabra de Dios se ha revelado y después hecha carne en Jesús de Nazaret, por nosotros y por nuestra salvación» (Papa Francisco, “Discurso del Santo Padre Francisco a una Delegación de la Custodia de Tierra Santa”, 17-1-2022).

El cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, nos ha escrito una carta para animarnos a colaborar generosamente en esta Colecta Pontificia por los Santos Lugares: «El gesto de la oferta, aun pequeña, pero realizada por todos, como óbolo de la viuda, permite que nuestros hermanos y hermanas puedan seguir viviendo y esperando, y puedan también seguir ofreciendo un testimonio vivo del Verbo hecho carne en los Lugares y por las calles que vivieron su presencia». Con esta colecta colaboramos económicamente con nuestros hermanos de los Santos Lugares donde «podemos ver, más aún, palpar la realidad de la historia que Dios ha realizado con los hombres. Comenzando por los lugares de la vida de Abraham hasta los lugares de la vida de Jesús, desde la Encarnación hasta el sepulcro vacío, signo de su resurrección. Sí, Dios ha entrado en esta tierra, ha actuado con nosotros en este mundo» (Benedicto XVI, Regina Caeli, 17 de mayo de 2009).

La Colecta Pontificia por los Santos Lugares que hacemos dentro de la liturgia del Viernes Santo servirá para mitigar los efectos económicos y laborales que la pandemia ha producido en Tierra Santa porque hace ya más de dos años que no reciben la amistad solidaria de los peregrinos ni sus aportaciones.

Para reflejar mejor la aportación de toda la Diócesis, dado que esta colecta Pontificia es imperada, las colectas deben ingresarse, como suele hacerse habitualmente indicando la parroquia o institución y localidad, en la cuenta de colectas del Obispado (CaixaBank- IBAN ES31 2038 3558 3160 0021 7769), desde donde se remitirá lo recaudado inmediatamente a sus destinatarios.

Con ocasión de esta celebración, animo a todos a rezar por los hermanos cristianos que todavía hoy viven en esa Tierra Santa, marcada lamentablemente por heridas y conflictos, para que Dios les conceda la fortaleza en la fe, la esperanza en las dificultades y la paz.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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Comunicado del Cabildo Catedral por lo sucedido en el interior de la Catedral el Lunes Santo

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El Cabildo Catedralicio quiere expresar su profundo malestar ante los siguientes hechos y actitudes inapropiadas producidas por los fieles que formaban parte de los cortejos de las cofradías, en el interior de la S.A.I. Catedral de Cádiz:

1. Rompiendo el silencio penitencial y sin guardar el respeto que requiere un templo sagrado.

2. Causando desperfectos materiales.

3. Tirando desperdicios alimenticios (lo que ha supuesto duplicar el equipo de limpieza).

4. Impidiendo el normal desenvolvimiento de la actividad catedralicia en días próximos.

El Cabildo Catedral exige al Consejo Local de HH y Cofradías que tome urgentemente las medidas oportunas y pide que se actúe con ejemplaridad cristiana y el orden previsto para evitar así nuevas situaciones parecidas a las de ayer. Así mismo, consiguientemente, este Cabildo se reserva el derecho de actuar en consecuencia actualmente y en lo sucesivo.

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El texto del evangelio del martes de la Octava de Pascua (Juan 20, 11-18)

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En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice.

«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

Juan 20, 11-18

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Evangelio de la Vigilia Pascual, 16 de abril (Lucas 24, 1-12)

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El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 

Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido. 

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Audio del comentario al evangelio del fin de semana, por Damián Ramírez

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NoticiaLiturgia

Damián Ramírez

Publicado: 12/04/2022: 62

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El sacerdote Damián Ramírez Lozano, de la Diócesis de Málaga, ofrece el comentario al evangelio de este Sábado Santo, 16 de abril, y Domingo de Resurrección, 17 de abril, en audio. Aquí puedes escucharlo.

Sábado Santo, 16 de abril:

Domingo de Resurrección, 17 de abril:

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Evangelio del Viernes Santo, 15 de abril (Juan 18,1–19,42)

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C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:
+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucíficalo!»
C. Pilato les dijo:
S «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está.»
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ «Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
 

Juan 18,1–19,42

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