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Comunicado del Cabildo Catedral por lo sucedido en el interior de la Catedral el Lunes Santo

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El Cabildo Catedralicio quiere expresar su profundo malestar ante los siguientes hechos y actitudes inapropiadas producidas por los fieles que formaban parte de los cortejos de las cofradías, en el interior de la S.A.I. Catedral de Cádiz:

1. Rompiendo el silencio penitencial y sin guardar el respeto que requiere un templo sagrado.

2. Causando desperfectos materiales.

3. Tirando desperdicios alimenticios (lo que ha supuesto duplicar el equipo de limpieza).

4. Impidiendo el normal desenvolvimiento de la actividad catedralicia en días próximos.

El Cabildo Catedral exige al Consejo Local de HH y Cofradías que tome urgentemente las medidas oportunas y pide que se actúe con ejemplaridad cristiana y el orden previsto para evitar así nuevas situaciones parecidas a las de ayer. Así mismo, consiguientemente, este Cabildo se reserva el derecho de actuar en consecuencia actualmente y en lo sucesivo.

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El texto del evangelio del martes de la Octava de Pascua (Juan 20, 11-18)

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En aquel tiempo, estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.

Ellos le preguntan:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella contesta:

«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.

Jesús le dice:

«Mujer, ¿por qué lloras?».

Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:

«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».

Jesús le dice:

«¡María!».

Ella se vuelve y le dice.

«¡Rabbuní!», que significa: «¡Maestro!».

Jesús le dice:

«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles: “Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro”».

María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:

«He visto al Señor y ha dicho esto».

Juan 20, 11-18

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Evangelio de la Vigilia Pascual, 16 de abril (Lucas 24, 1-12)

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El primer día de la semana, de madrugada, las mujeres fueron al sepulcro llevando los aromas que habían preparado. Encontraron corrida la piedra del sepulcro. Y, entrando, no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. 

Mientras estaban desconcertadas por esto, se les presentaron dos hombres con vestidos refulgentes. Ellas quedaron despavoridas y con las caras mirando al suelo y ellos les dijeron: «¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí. Ha resucitado. Recordad cómo os habló estando todavía en Galilea, cuando dijo que el Hijo del hombre tiene que ser entregado en manos de hombres pecadores, ser crucificado y al tercer día resucitar». Y recordaron sus palabras. Habiendo vuelto del sepulcro, anunciaron todo esto a los Once y a todos los demás. Eran María la Magdalena, Juana y María, la de Santiago. También las demás, que estaban con ellas, contaban esto mismo a los apóstoles. Ellos lo tomaron por un delirio y no las creyeron. Pedro, sin embargo, se levantó y fue corriendo al sepulcro. Asomándose, ve solo los lienzos. Y se volvió a su casa, admirándose de lo sucedido. 

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Audio del comentario al evangelio del fin de semana, por Damián Ramírez

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NoticiaLiturgia

Damián Ramírez

Publicado: 12/04/2022: 62

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El sacerdote Damián Ramírez Lozano, de la Diócesis de Málaga, ofrece el comentario al evangelio de este Sábado Santo, 16 de abril, y Domingo de Resurrección, 17 de abril, en audio. Aquí puedes escucharlo.

Sábado Santo, 16 de abril:

Domingo de Resurrección, 17 de abril:

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Evangelio del Viernes Santo, 15 de abril (Juan 18,1–19,42)

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C. En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, y entraron allí él y sus discípulos. Judas, el traidor, conocía también el sitio, porque Jesús se reunía a menudo allí con sus discípulos.

Judas entonces, tomando la patrulla y unos guardias de los sumos sacerdotes y de los fariseos, entró allá con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que venía sobre él, se adelantó y les dijo:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Le contestaron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Les dijo Jesús:
+ «Yo soy.»
C. Estaba también con ellos Judas, el traidor. Al decirles: «Yo soy», retrocedieron y cayeron a tierra. Les preguntó otra vez:
+ «¿A quién buscáis?»
C. Ellos dijeron:
S. «A Jesús, el Nazareno.»
C. Jesús contestó:
+ «Os he dicho que soy yo. Si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos»
C. Y así se cumplió lo que había dicho: «No he perdido a ninguno de los que me diste.» Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al criado del sumo sacerdote, cortándole la oreja derecha. Este criado se llamaba Malco. Dijo entonces Jesús a Pedro:
+ «Mete la espada en la vaina. El cáliz que me ha dado mi Padre, ¿no lo voy a beber?»
C. La patrulla, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, lo ataron y lo llevaron primero a Anás, porque era suegro de Caifás, sumo sacerdote aquel año; era Caifás el que había dado a los judíos este consejo: «Conviene que muera un solo hombre por el pueblo.» Simón Pedro y otro discípulo seguían a Jesús. Este discípulo era conocido del sumo sacerdote y entró con Jesús en el palacio del sumo sacerdote, mientras Pedro se quedó fuera a la puerta. Salió el otro discípulo, el conocido del sumo sacerdote, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La criada que hacía de portera dijo entonces a Pedro:
S. «¿No eres tú también de los discípulos de ese hombre?»
C. Él dijo:
S. «No lo soy.»
C. Los criados y los guardias habían encendido un brasero, porque hacía frío, y se calentaban. También Pedro estaba con ellos de pie, calentándose. El sumo sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de la doctrina. Jesús le contestó:
+ «Yo he hablado abiertamente al mundo; yo he enseñado continuamente en la sinagoga y en el templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada a escondidas. ¿Por qué me interrogas a mí? Interroga a los que me han oído, de qué les he hablado. Ellos saben lo que he dicho yo.»
C. Apenas dijo esto, uno de los guardias que estaban allí le dio una bofetada a Jesús, diciendo:
S. «¿Así contestas al sumo sacerdote?»
C. Jesús respondió:
+ «Si he faltado al hablar, muestra en qué he faltado; pero si he hablado como se debe, ¿por qué me pegas?»
C. Entonces Anás lo envió atado a Caifás, sumo sacerdote. Simón Pedro estaba en pie, calentándose, y le dijeron:
S. «¿No eres tú también de sus discípulos?»
C. Él lo negó, diciendo:
S. «No lo soy.»
C. Uno de los criados del sumo sacerdote, pariente de aquel a quien Pedro le cortó la oreja, le dijo:
S. «¿No te he visto yo con él en el huerto?»
C. Pedro volvió a negar, y enseguida cantó un gallo. Llevaron a Jesús de casa de Caifás al pretorio. Era el amanecer, y ellos no entraron en el pretorio para no incurrir en impureza y poder así comer la Pascua. Salió Pilato afuera, adonde estaban ellos, y dijo:
S. «¿Qué acusación presentáis contra este hombre?»
C. Le contestaron:
S. «Si éste no fuera un malhechor, no te lo entregaríamos.»
C. Pilato les dijo:
S. «Lleváoslo vosotros y juzgadlo según vuestra ley.»
C. Los judíos le dijeron:
S. «No estamos autorizados para dar muerte a nadie.»
C. Y así se cumplió lo que había dicho Jesús, indicando de qué muerte iba a morir. Entró otra vez Pilato en el pretorio, llamó a Jesús y le dijo:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Jesús le contestó:
+ «¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?»
C. Pilato replicó:
S. «¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?»
C. Jesús le contestó:
+ «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí.»
C. Pilato le dijo:
S. «Conque, ¿tú eres rey?»
C. Jesús le contestó:
+ «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.»
C. Pilato le dijo:
S. «Y, ¿qué es la verdad?»
C. Dicho esto, salió otra vez adonde estaban los judíos y les dijo:
S. «Yo no encuentro en él ninguna culpa. Es costumbre entre vosotros que por Pascua ponga a uno en libertad. ¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Volvieron a gritar:
S. «A ése no, a Barrabás.»
C. El tal Barrabás era un bandido. Entonces Pilato tomó a Jesús y lo mandó azotar. Y los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le echaron por encima un manto color púrpura; y, acercándose a él, le decían:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Y le daban bofetadas. Pilato salió otra vez afuera y les dijo:
S. «Mirad, os lo saco afuera, para que sepáis que no encuentro en él ninguna culpa.»
C. Y salió Jesús afuera, llevando la corona de espinas y el manto color púrpura. Pilato les dijo:
S. «Aquí lo tenéis.»
C. Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
S. «¡Crucifícalo, crucíficalo!»
C. Pilato les dijo:
S «Lleváoslo vosotros y crucificadlo, porque yo no encuentro culpa en él.»
C. Los judíos le contestaron:
S «Nosotros tenemos una ley, y según esa ley tiene que morir, porque se ha declarado Hijo de Dios.»
C. Cuando Pilato oyó estas palabras, se asustó aún más y, entrando otra vez en el pretorio, dijo a Jesús:
S. «¿De dónde eres tú?»
C. Pero Jesús no le dio respuesta. Y Pilato le dijo:
S. «¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y autoridad para crucificarte?»
C. Jesús le contestó:
+ «No tendrías ninguna autoridad sobre mí, si no te la hubieran dado de lo alto. Por eso el que me ha entregado a ti tiene un pecado mayor.»
C. Desde este momento Pilato trataba de soltarlo, pero los judíos gritaban:
S. «Si sueltas a ése, no eres amigo del César. Todo el que se declara rey está contra el César.»
C. Pilato entonces, al oír estas palabras, sacó afuera a Jesús y lo sentó en el tribunal, en el sitio que llaman «el Enlosado» (en hebreo Gábbata). Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia el mediodía. Y dijo Pilato a los judíos:
S. «Aquí tenéis a vuestro rey.»
C. Ellos gritaron:
S. «¡Fuera, fuera; crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «¿A vuestro rey voy a crucificar?»
C. Contestaron los sumos sacerdotes:
S. «No tenemos más rey que al César.»
C. Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús. Y Pilato escribió un letrero y lo puso encima de la cruz; en él estaba escrito: «Jesús, el Nazareno, el rey de los judíos.» Leyeron el letrero muchos judíos, porque estaba cerca el lugar donde crucificaron a Jesús, y estaba escrito en hebreo, latín y griego. Entonces los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato:
S. «No, escribas: «El rey de los judíos», sino: «Éste ha dicho: Soy el rey de los judíos.»»
C. Pilato les contestó:
S. «Lo escrito, escrito está.»
C. Los soldados, cuando crucificaron a Jesús, cogieron su ropa, haciendo cuatro partes, una para cada soldado, y apartaron la túnica. Era una túnica sin costura, tejida toda de una pieza de arriba abajo. Y se dijeron:
S. «No la rasguemos, sino echemos a suerte, a ver a quién le toca.»
C. Así se cumplió la Escritura: «Se repartieron mis ropas y echaron a suerte mi túnica». Esto hicieron los soldados. Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de María, la Magdalena. Jesús, al ver a su madre y cerca al discípulo que tanto quería, dijo a su madre:
+ «Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
C. Luego, dijo al discípulo:
+ «Ahí tienes a tu madre.»
C. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su casa. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura dijo:
+ «Tengo sed.»
C. Había allí un jarro lleno de vinagre. Y, sujetando una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo, se la acercaron a la boca. Jesús, cuando tomó el vinagre, dijo:
+ «Está cumplido.»
C. E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu. Los judíos entonces, como era el día de la Preparación, para que no se quedaran los cuerpos en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y que los quitaran. Fueron los soldados, le quebraron las piernas al primero y luego al otro que habían crucificado con él; pero al llegar a Jesús, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados, con la lanza, le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. El que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero, y él sabe que dice verdad, para que también vosotros creáis. Esto ocurrió para que se cumpliera la Escritura: «No le quebrarán un hueso»; y en otro lugar la Escritura dice: «Mirarán al que atravesaron.» Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo clandestino de Jesús por miedo a los judíos, pidió a Pilato que le dejara llevarse el cuerpo de Jesús. Y Pilato lo autorizó. Él fue entonces y se llevó el cuerpo. Llegó también Nicodemo, el que había ido a verlo de noche, y trajo unas cien libras de una mixtura de mirra y áloe. Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron todo, con los aromas, según se acostumbra a enterrar entre los judíos. Había un huerto en el sitio donde lo crucificaron, y en el huerto un sepulcro nuevo donde nadie había sido enterrado todavía. Y como para los judíos era el día de la Preparación, y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.
 

Juan 18,1–19,42

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Audio del comentario al evangelio del Viernes Santo, por Damián Ramírez

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NoticiaLiturgia

Damián Ramírez

Publicado: 12/04/2022: 71

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El sacerdote Damián Ramírez Lozano, de la Diócesis de Málaga, ofrece el comentario al evangelio del Viernes Santo, 15 de abril, en audio. Aquí puedes escucharlo.

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El texto del evangelio del Jueves Santo, 14 de abril (Juan 13,1-15)

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Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor», y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»
 

Juan 13, 1-15

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Audio del comentario al evangelio del Jueves Santo, por Damián Ramírez

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NoticiaLiturgia

Damián Ramírez

Publicado: 12/04/2022: 69

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El sacerdote Damián Ramírez Lozano, de la Diócesis de Málaga, ofrece el comentario al evangelio del Martes Santo, 12 de abril, en audio. Aquí puedes escucharlo.

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Neurociencia humana (razón) y neurociencia divina (fe)

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En la sociedad actual, el hedonismo representa una referencia existencial que justifica el consumo de droga, pues al estimular el sistema de recompensa cerebral (SRC) desencadena un estado de conciencia que, experimentado como gratificante, deja una huella neuronal que propicia su repetición; es un recurso fácil, rápido y directo para olvidarse de problemas y dificultades. Pero por el fenómeno de tolerancia cerebral, las dosis deben aumentar progresivamente para conseguir los efectos deseados.

En el tiempo, la droga asume el protagonismo del cerebro e impone sus intereses: conseguir la próxima dosis. Se formaliza una adicción que, como enfermedad no auto limitada, progresa hacia su periodo de estado, en una situación en la que la persona sólo vive para la droga, y la perversidad es que sus dimensiones profundas, al ser sistemáticamente reprimidas se diluyen e hipotecan, y la persona se presenta ausente del presente, un pasado lleno de sombras y sin ningún proyecto de futuro. La droga lo ha dejado hueco, “me ha robado el alma”, su vida carece de sentido y la droga sólo la consume para olvidarse que está vivo: la autolisis se valora como una salida. 

Es entonces cuando el cerebro reptiliano, con su poderoso instinto de supervivencia se rebela, ante esta limitación de la existencia, activando este instinto en todas las células del organismo y desencadenado un movimiento de hipersincronía en favor de la vida que argumenta a la razón, facultad suprema, para que inicie un proceso de discernimiento y movilice los recursos que la neurociencia científica le informa: tiene un cerebro, que hace a la persona, única, irrepetible, con voluntad libre, autónoma, y con conciencia de ser y existir, y diseñado con todos los programas necesarios y suficientes (mantenimiento, defensa, regeneración, desarrollo…) para garantizar una experiencia humana en óptimas condiciones. 

En esta composición de lugar, la razón, y por su mismo ejercicio de introspección, es sorprendida por noticias, que le llegan de dimensiones interiores, que le informan, de inmortalidades y trascendencias, que no se compadece con las limitaciones biológicas de una estructura celular, fugaz y transitoria, y que la desborda, y descubre que es “algo más”que un cuerpo y un cerebro; de manera significativa esos deseos de eternidades no le son extraños, sino que se sienten como algo propio y muy íntimo, y que le hacen experimentar singulares añoranzas, y nadie añora lo que no ha experimentado previamente. Pero es al conocer, que esas inquietudes son comunes al género humano, cuando la razón intensifica su trabajo para para descubrir ese “algo” tiene que tener una capacidad que pueda aprehender, entender y justificar esos deseos de eternidades y que señalan una cualidad de naturaleza espiritual que es la que carece de referencias de tiempos y espacios. 

Es el terreno abonado para que la neurociencia divina nos revele definitivamente el verdadero significado, sentido y utilidad de la experiencia humana.

-Catecismo de la Iglesia Católica. Dado el 11 de octubre de 1992, trigésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y año decimocuarto de mi pontificado. Ioannes Paulus Pp II:

-(27) El deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre hacia sí, y sólo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha que no cesa de buscar. El hombre es “capaz” de Dios.

-(355) Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, hombre y mujer. El hombre ocupa un lugar único en la creación: está hecho a imagen de Dios; en su propia naturaleza une el mundo espiritual y el mundo material; Dios lo estableció en la amistad con Él. 

-(1702) La imagen divina está presente en todo hombre. Resplandece en la comunión de las personas a semejanza de la unión de las personas divinas entre sí.

-(1703) Dotada de un alma espiritual e inmortal, la persona humana  es la única criatura en la tierra la que Dios ha amado por sí misma. Desde su concepción está destinada a la bienaventuranza eterna.

-(1704) La persona humana participa de la luz y la fuerza del Espíritu divino. Por la razón es capaz de comprender el orden de las cosas establecidas por el Creador. Por su voluntad es capaz de dirigirse por sí misma a su bien verdadero. Encuentra su perfección en la búsqueda y el amor a la verdad y del bien. 

-(1705) En virtud de su alma y de sus potencias espirituales de entendimiento y de voluntad, el hombre está dotado de libertad, signo eminente de la imagen divina.

-(1706) Mediante su razón, el hombre conoce la voz de Dios que le impulsa a hacer el bien y a evitar el mal. Todo hombre debe seguir esta ley que resuena en la conciencia y que se realiza en el amor de Dios y del prójimo. El ejercicio de la vida moral proclama la dignidad de la persona humana.

– (1709) El que cree en Cristo es hecho hijo de Dios. Esta adopción filial lo transforma dándole la posibilidad de seguir el ejemplo de Cristo. Le hace capaz de obrar rectamente y de practicar el bien. En la unión con su Salvador, el discípulo alcanza la perfección de la caridad, la santidad. La vida moral, madurada en la gracia, culmina en la vida eterna, en la gloria del cielo.

José Rosado Ruiz. Médico de adicciones

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Jesús Catalá: «Solo el amor de Cristo Coronado de Espinas puede fortalecernos»

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Saludo del Obispo de Málaga a la cofradía de los Estudiantes de Málaga en el Lunes Santo de 2022.

SALUDO DEL OBISPO
A LA COFRADÍA DE LOS ESTUDIANTES

Hermandad del Santo Cristo Coronado de Espinas
y NªSª de Gracia y Esperanza

(Málaga, 11 abril 2022)

El amor misericordioso de Dios

La imagen del Santo Cristo Coronado de Espinas, que contemplamos ahora en esta hermosa plaza delante de la Catedral, representa a Jesús condenado por asumir nuestros pecados. El inocente ha cargado con la culpa de los pecadores.

Ser un reo condenado a muerte por amor a nosotros no ha cambiado su expresión majestuosa. El trono en el que se sienta es más bien la sede de un juez benevolente. Él revela el amor misericordioso de Dios.

La pasión de Cristo nos sitúa en la dinámica de aceptar en nuestro corazón la misericordia divina. Si el ser humano rechaza su misericordia queda en la obscuridad.  Como señalaba el papa Juan Pablo II el hombre sin Dios y sin Cristo se constituye como centro de la realidad, ocupando falsamente el lugar de Dios; y “olvidando que no es el hombre el que hace a Dios, sino que es Dios quien hace al hombre».

Por el olvido de Dios se llega al abandono del hombre, porque sin Dios no conocemos la grandeza de la misericordia. Es el amor misericordioso de Dios el que hace revivir al hombre, dotándole de sentido y renovándolo interiormente.

La misericordia expresa un amor que va más allá de lo justo; es la respuesta de Dios al misterio de la iniquidad y del pecado, que es la causa de todo mal.

Sólo el amor todopoderoso y misericordioso de Dios puede aniquilar el mal y derrotar la prepotencia de los malvados y el poder destructor del odio y de la guerra. Solo el amor de Cristo Coronado de Espinas puede fortalecernos, para hacer de nuestra vida cotidiana un permanente acto de amor, puesto que el amor de Cristo crucificado “nos apremia» (2 Co 5,14).

¡Queridos fieles y cofrades, no tengáis miedo! Toda realidad humana, incluida la muerte, ha sido ya redimida por Jesucristo. Hemos sido salvados por el amor misericordioso de Dios.

Por eso pedimos al Santo Cristo Coronado de Espinas que nos reconforte en los sufrimientos y angustias, y que no conceda el gozo de la certeza de la salvación.

A Nuestra Señora de Gracia y Esperanza suplicamos que nos acompañe en esta vida hasta llegar a la patria del cielo.

Recemos juntos el Padrenuestro, que nos enseñó el Maestro.

El Señor esté con vosotros… Y la bendición de Dios, todopoderoso…

+ Jesús, Obispo de Málaga

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