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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses en la ordenación de ocho presbíteros (11-06-2022

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Catedral de Santa María de la Sede de Sevilla
Sábado 11 de junio de 2022
Lecturas: Is 58,7-10; Sal 22; I Corintios 2,1-5; Mt 5,13-16

«Vosotros sois la sal de la tierra…Vosotros sois la luz del mundo». Queridos: Arzobispo emérito, hermano en el episcopado, Vicario General, Consejo Episcopal, Cabildo de la Catedral, Rector y formadores de nuestro Seminario, presbíteros, diáconos, seminaristas, miembros de la vida consagrada, hermanas y hermanos todos en el Señor. Especialmente queridos Rubén, Jesús, Alejandro, Víctor Manuel, Manuel, Manuel Jesús, Francisco Javier, Aniceto, y familiares que los acompañáis en un día tan señalado. Hoy la Iglesia en Sevilla está de fiesta. Por la misericordia de Dios, vamos a ordenar a ocho presbíteros, alumnos de nuestro seminario. Damos gracias a Dios, que nos sigue bendiciendo con nuevas vocaciones.

El evangelio que hemos escuchado es continuación de las bienaventuranzas. Jesús nos enseña en qué consiste ser cristiano: ser la sal de la tierra y la luz del mundo. La sal es la primera de las imágenes para definir la identidad del discípulo. Se trata de un elemento que encontramos en las distintas culturas, un elemento especialmente apreciado en la antigüedad. Conserva los alimentos, evita la deshidratación, da sabor, cicatriza las heridas y evita las infecciones. Ofrecerla a los huéspedes era signo de hospitalidad y también se utilizaba en los pactos y alianzas. Por último, la sal significa también sabiduría.

Por eso se convierte en un elemento de gran expresividad para explicar la misión del discípulo de Jesús en medio de la tierra, en medio de la sociedad. Un elemento cuya presencia es discreta, pero si está ausente se echa a faltar, que pasa desapercibido, pero actúa eficazmente. Gran misión la del discípulo de Jesús: Dar sabor, vigor y consistencia a la vida, a la familia, a la sociedad, a una humanidad que lo necesita; ofrecer esperanza y gozo sereno, ser testigo del amor de Dios.

El discípulo también está llamado a ser la luz del mundo. En el mundo material el sol es la luz, sin la cual no se distingue el color, ni se percibe la belleza de las cosas. Cuando la luz desaparece resulta difícil distinguir las realidades materiales que nos rodean. La imagen de la luz está muy presente en la Sagrada Escritura. Según el profeta Isaías, la luz de Israel y de todas las naciones será el Mesías. En el evangelio de san Juan (cf. 8,14), Jesús afirma de sí mismo que es la luz del mundo, y lo mismo afirma de los discípulos: “Vosotros sois la luz del mundo”.

Es este un profundo misterio que san Pablo recoge en la segunda carta a los Corintios (cf. 4,6): la luz de Dios brilla en la faz de Cristo y de ella se irradia al corazón de los apóstoles, y por los apóstoles al mundo. Como Cristo es la luz del Padre, los apóstoles son la luz de Cristo. “Vosotros sois la luz del mundo”. Esta expresión contiene una significación profunda y un compromiso enorme, porque no dice Jesús que somos una luz más entre otras muchas posibles, sino que somos “la luz”. Sólo podemos serlo en la medida que vivamos unidos a Cristo. Para vivir esa unión, para avanzar en esa experiencia, es preciso vivir un encuentro personal con Él, y permanecer en comunión de vida y amor.

Centrar la vida en Cristo nos ayudará a superar una tentación que señala la carta de san Pablo a los cristianos de Corinto. En la comunidad hay divisiones y partidos, porque no acaban de entender el mensaje evangélico. San Pablo les hará ver que la fuerza del Evangelio no proviene de la retórica brillante del predicador, sino de la cruz de Cristo. Contrapone la sabiduría humana y la sabiduría divina, que es la ciencia de Cristo crucificado, santificación y redención, la única gloria y la fuerza que sostiene al apóstol, el único fundamento de su acción.

Como discípulos de Jesús, como miembros de la Iglesia, estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo. Desde la unión con Él, con la oración, con la celebración de los misterios de la fe, con el sacrificio, con el compartir solidario. La Iglesia, Pueblo de Dios, por el bautismo es pueblo profético, sacerdotal y real. Todos sus miembros participan de la misión de Cristo y reciben la misión de ser testigos y profetas, de ofrecer sacrificios espirituales, de ser servidores. Nuestro Señor también elige a unos hombres que por la imposición de las manos participan de su ministerio sagrado, renuevan su sacrificio redentor, alimentan al pueblo con la palabra y los sacramentos, y guían con solicitud y amor. (Cf. Prefacio de la Misa Crismal)

Queridos Rubén, Jesús, Alejandro, Víctor Manuel, Manuel, Manuel Jesús, Francisco Javier, Aniceto, el contenido de vuestro ministerio se concreta en el oficio profético, sacerdotal y de servicio. El presbítero es discípulo que escucha la palabra, que profundiza y contempla la Palabra; transmite la Palabra en forma de proclamación, enseñanza e iluminación de las situaciones de la historia. En esta transmisión no debéis olvidar nunca que no sois dueños de la Palabra, sino servidores. Y, por último, tened presente que la transmisión de la Palabra conlleva a menudo un componente de cruz para el predicador debido a las dificultades y las incomprensiones. En todo momento, el Señor será vuestra fuerza y consuelo.

Conducir la comunidad será parte esencial de vuestro ministerio presbiteral haciendo presente a Jesucristo Cabeza y Pastor. Con espíritu de servicio, como el Señor, hasta dar la vida, como el Señor. Animando y garantizando los distintos carismas. Acogiendo, discerniendo y coordinando los distintos dones. Ejerciendo esta guía con libertad y humildad. Acogiendo especialmente a los más pobres y necesitados.

En la celebración de los sacramentos, particularmente en la Eucaristía, seréis signo y representación de Cristo. Esto comporta un movimiento interior de identificación. Hasta el punto de que la expresión “Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros”, llegue a ser propósito firme de unión con el Señor en su gesto de entrega.

La celebración de la Eucaristía no es un acto más de vuestro ministerio. Es la raíz, es el centro, es el sentido principal de vuestra vida sacerdotal. La caridad pastoral fluirá fundamentalmente del sacrificio eucarístico, de la identificación con Jesucristo que se entrega por la salvación de todos, de la vivencia profunda de las actitudes del Buen Pastor que da la vida por las ovejas. Unidos a Jesús, ofreced vuestras esperanzas, trabajos, sufrimientos, alegrías; en definitiva, la vida entera. Que vuestra vida sacerdotal tenga en la Eucaristía la raíz, el centro y la culminación.

Seguid el ejemplo de Cristo Buen Pastor, que no vino a ser servido, sino a servir hasta dar la vida. Confiad plenamente en el Señor y en su palabra. Sin miedo a las propias debilidades o a las dificultades ambientales. No debemos tener miedo porque Jesús resucitado camina junto a nosotros, porque reside en nosotros la fuerza del Espíritu Santo, porque hacemos camino en familia, en la Iglesia, porque María Santísima, estrella de la nueva evangelización, es la luz que nos guía.

Jóvenes que hoy participáis en esta celebración. Vivid intensamente la vida, buscad la verdad y el bien, y Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida, os saldrá al encuentro. Y no tengáis miedo si en algún momento del camino sentís que el Señor os llama a dejar las redes y a seguirle con una dedicación de totalidad. No tengáis miedo del Señor ni de su llamada. Que esta celebración de la Eucaristía y de ordenación de ocho nuevos presbíteros sea ocasión de gracia abundante para nuestra archidiócesis y de frutos abundantes en el seguimiento del Señor. Que así sea.

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Ocho nuevos sacerdotes para la Archidiócesis: “Que la Eucaristía sea la raíz, centro y sentido principal de vuestra vida sacerdotal”

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Ocho nuevos sacerdotes para la Archidiócesis: “Que la Eucaristía sea la raíz, centro y sentido principal de vuestra vida sacerdotal”

La Archidiócesis hispalense está de enhorabuena porque desde esta mañana cuenta con ocho nuevos sacerdotes que servirán a la Iglesia diocesana con ilusión y entrega.

La ceremonia ha tenido lugar en la Catedral de Sevilla y ha sido presidida por el arzobispo, monseñor José Ángel Saiz, y concelebrada por el rector del Seminario diocesano, Antero Pascual; el deán de la Catedral, Teodor León; y el secretario general de la Archidiócesis, Isacio Siguero. Además, se ha retransmitido online por el Canal de Youtube de la Seo. 

En la misma ha participado una amplia representación del clero diocesano, la comunidad del Seminario Metropolitano y multitud de familiares, amigos y allegados de los ocho ordenados: Aniceto Vadillo (36 años),  de la Parroquia de la Asunción, de Osuna; Alejandro García (27), de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, de Sevilla; Javier Sancho (27), de la Parroquia de Nuestra Señora de Fátima, de Los Rosales; Jesús García (25), de la Parroquia de San Marcos Evangelista, de El Saucejo; Manuel Robledo (28), de la Parroquia de Santa María la Mayor, de Sanlúcar la Mayor; Manuel Mena (28), de la Parroquia Santa María de la Mesa, de Utrera; Rubén Blasco (38), de la Parroquia de Omnium Sactorum, de Sevilla y Victoriano Martín (35), de la Parroquia de Nuestra Señora de la Antigua y Beato Marcelo Spínola, de Sevilla.

Ser sal y luz del mundo

Monseñor Saiz ha comenzado su homilía dando gracias a Dios “que nos sigue bendiciendo con nuevas vocaciones”, para a continuación hacer una reflexión a raíz del Evangelio del día: “Jesús nos enseña en qué consiste ser cristiano: ser la sal de la tierra y la luz del mundo”. Al respecto, explicaba, la sal tiene múltiples significados en las distintas culturas (“conserva los alimentos, da sabor, cicatriza heridas, es signo de hospitalidad y de sabiduría…”). Se trata, por tanto, de un elemento “cuya presencia es discreta, pero si está ausente se echa a faltar”. De igual forma, ha señalado, “la gran misión del discípulo de Jesús es dar sabor, vigor y consistencia a la vida, a la familia, a la sociedad, a una humanidad que lo necesita; ofrecer esperanza y gozo sereno, ser testigo del amor de Dios”.

Por otra parte, “el discípulo también está llamado a ser luz del mundo”. Tras hacer un breve recorrido por algunos pasajes de la Sagrada Escritura en los que está presente la imagen de la luz, el arzobispo ha profundizado “en este misterio que san Pablo recoge en la segunda carta a los Corintios: la luz de Dios brilla en la faz de Cristo y de ella se irradia al corazón de los apóstoles, y por los apóstoles al mundo. Como Cristo es la luz del Padre, los apóstoles son la luz de Cristo”. En esta línea, ha apuntado, “solo podemos ser la luz en la medida que vivamos unidos a Cristo” y experimentemos “un encuentro personal con Él”.

Asimismo, ha ofrecido a los nuevos sacerdotes otros consejos para mantener esa unión: la oración, la celebración de los misterios de la fe, el sacrificio y el compartir solidario. “El contenido de vuestro ministerio se concreta en el oficio profético, sacerdotal y de servicio”, ha añadido el prelado dirigiéndose expresamente a los ordenandos. Igualmente, les ha recordado que el presbítero debe transmitir la Palabra “en forma de proclamación, enseñanza e iluminación de las situaciones de la historia. En esta transmisión no debéis olvidar nunca que no sois dueños de la Palabra, sino servidores”.

Consejos del pastor

Por otra parte, ha enumerado una serie de actitudes a la hora de conducir una comunidad: “Hacerlo con espíritu de servicio, hasta dar la vida, como el Señor. Animando y garantizando los distintos carismas. Acogiendo, discerniendo y coordinando los distintos dones. Ejerciendo esta guía con libertad y humildad. Acogiendo especialmente a los más pobres y necesitados”. Todo ello –ha asegurado- se apoyará únicamente en la celebración de la Eucaristía, “raíz, centro y sentido principal de vuestra vida sacerdotal”.

Finalmente, monseñor José Ángel Saiz ha pedido a los ocho nuevos sacerdotes “seguir el ejemplo de Cristo Buen Pastor, que no vino a ser servido, sino a servir hasta dar la vida”.

Para acabar su homilía, el arzobispo hispalense ha querido dirigirse a los jóvenes para que vivan “intensamente la vida” y busquen “la verdad y el bien”. Además, les ha invitado a no tener miedo “si en algún momento del camino sentís que el Señor os llama a dejar las redes y a seguirle con una dedicación de totalidad”.

Tras la ordenación y la imposición de manos por parte no solo del arzobispo sino de gran parte del clero diocesano, los nuevos sacerdotes se han mostrado visiblemente emocionados.

Está previsto que las próximas semanas se anuncien sus primeros destinos pastorales.

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Asamblea final: presentación de la síntesis final

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La Iglesia en España vive hoy la fiesta del Sínodo. Pasadas las 11.00 horas daba comienzo, en la Fundación Pablo VI, la Asamblea final con la que se cierra la fase diocesana del Sínodo 2021-2023, “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión”.

El momento central del encuentro llega a las 12.30 h. Es el tiempo marcado para conocer la síntesis final. Isaac Martín, laico de la diócesis de Toledo; Dolores García, presidenta del Foro de Laicos; y Olalla Rodríguez, laica de la Renovación carismática católica son las voces del equipo sinodal que ha redactado este documento a la luz de todas las aportaciones que se han recibido desde las 70 diócesis, de la vida consagrada, movimientos, asociaciones y todos aquellos colectivos o personas individuales que han querido sumarse a esta invitación del papa Francisco.

El acontecimiento eclesial que más gente ha convocado para un trabajo continuado en la Iglesia en España: casi 220.000 personas implicadas

La presentación de esta síntesis es una radiografía de lo que ha supuesto la fase diocesana del Sínodo, el acontecimiento eclesial que ha conseguido convocar a más gente para un trabajo continuado en la experiencia de la Iglesia en España. Ha implicado a casi 220.000 personas, con más de 14.000 grupos, la mayoría en parroquias, pero también en numerosas congregaciones religiosas, regionales, monasterios de clausura, Cáritas diocesanas, movimientos y asociaciones laicales e institutos seculares.

Por eso, lo más valorado ha sido el proceso mismo: una Iglesia que se encuentra para escucharse y ponerse en discernimiento, dando continuidad al camino que se emprendió en el Congreso de Laicos de febrero 2020.

De hecho, este movimiento sinodal comenzó su andadura superando las dificultades de la pandemia y de la falta entusiasmo, especialmente por parte de algunos sacerdotes. Y al terminar el proceso, los grupos han mostrado su profundo agradecimiento por este tiempo vivido: un momento de gracia, construido desde la escucha mutua, activa y respetuosa, la apertura para hablar con franqueza, compartiendo experiencias gratificantes y con intercambios constructivos.

Conversión personal y proximidad para avanzar en la misión de la Iglesia

Desde los grupos sinodales se lanzan dos ideas para avanzar en la misión de la Iglesia: la conversión personal y la proximidad. Una fuerte conversión personal, comunitaria y pastoral a través de la oración, los sacramentos y la formación. Y la proximidad, siendo una Iglesia que escucha, acompaña y se hace presente donde están quienes necesitan tanto acompañamiento material como espiritual.

Para hacerlo posible se resalta la importancia de la complementariedad y la corresponsabilidad de las tres vocaciones: laicado, sacerdocio y vida consagrada. Para ello, se advierte, hay que evitar el clericalismo, la falta de compromiso laical o perder la esencia de la vida consagrada. Y crecer en la identidad que cada uno tiene y en su misión en cada campo de la Iglesia.

También se hace necesaria la formación continua de todos y en todos los temas de la vida pública y de la enseñanza de la Iglesia.

Temas que han tenido incidencia en el proceso sinodal

Respecto a los temas que han tenido mayor incidencia en este proceso sinodal, destacan el papel de los laicos, especialmente el de la mujer, en los órganos de responsabilidad y de decisión en la Iglesia; los abusos sexuales, de poder y de conciencia en la Iglesia, manifestando la necesidad de perdón, acompañamiento y reparación; y la necesidad de institucionalizar y potenciar los ministerios laicales.

También se ha hablado, aunque con menor incidencia, de la ordenación de las mujeres y el celibato opcional. En este sentido, se ha plasmado la necesidad de saber transmitir mejor a la sociedad la importancia del Magisterio de la Iglesia en torno a esas cuestiones.

Además, se ha llamado la atención sobre la importancia de que la Iglesia tenga una mirada específica respecto al tema de la diversidad. La Iglesia se ofrece de manera especial a aquellas personas que se sienten en las periferias por su origen étnico, por su situación familiar o económica o por su orientación sexual.

Tres llamadas entrelazadas: Sinodalidad, participación y superar el clericalismo

En las aportaciones de los grupos de trabajo se resumen tres llamadas entrelazadas entre sí.  Crecer en sinodalidad, lo queexige formación en sinodalidad, capacidad de acogida, escucha activa, comprensión, acompañamiento y discernimiento. Dar cabida a las preguntas con el fin de conocer, a partir de la escucha abierta a las aportaciones de todos, el plan de Dios para este tiempo y para este lugar.

Promover la participación de los laicos, empezando por definir los asuntos respecto de los cuales sus participaciones tienen carácter decisorio, especialmente en aquellos campos que son más propios de su vocación en el mundo.

Y superar el clericalismo, compartiendo responsabilidades, lo que también implica, en ocasiones, vencer la pasividad y la falta de implicación de muchos fieles laicos en la edificación de la Iglesia.

Son testigos de este gran acontecimiento de la Iglesia en España alrededor de 600 personas de todos los ámbitos eclesiales. Están presentes 58 obispos; el nuncio apostólico en España; 80 sacerdotes; 360 laicos; así como más de 100 representantes de la vida consagrada: religiosas y religiosos, monjas de clausura, miembros de Institutos seculares, vírgenes consagradas; y miembros de otras confesiones religiosas.

Ellos representan hoy a los casi 220.000 implicados en este recorrido sinodal que comenzó a caminar el 17 de octubre de 2021.

Sesión inaugural

El encuentro ha comenzado con los saludos de bienvenida del arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro; el presidente de la CEE y arzobispo de Barcelona, cardenal Juan José Omella; y el nuncio apostólico en España, Mons. Bernardito Auza. El secretario general del Sínodo de los Obispos, cardenal Mario Grech, se ha hecho presente con un vídeo mensaje, y ha manifestado su deseo de que “continúes reforzando este estilo de sinodalidad escuchando a todos, sin excluir a ninguno”.

También han dirigido unas palabras a los asistentes dos de los miembros del Equipo Sinodal de la CEE, su secretario, el sacerdote Luis Manuel Romero, y la laica Olalla Rodríguez.

Después de los saludos, una oración compartida invocando al Espíritu Santo, verdadero protagonista del Sínodo, que ha dirigido la Hna. María José Tuñón, ACI, también miembro del equipo Sinodal.

Además, durante toda la jornada está expuesto el Santísimo en la capilla de la Fundación Pablo VI, acompañado en todo momento por miembros de la Adoración Nocturna Española (ANE) y de la Adoración Nocturna Femenina Española (ANFE). Y en el tiempo libre, por los participantes en este encuentro. De este modo, esta Asamblea ha vuelto a recordar la importancia del Espíritu en el discernimiento sinodal, que con su presencia renueva la acción de la Iglesia para llevar el mensaje del Evangelio a todos los pueblos.

El proceso sinodal en la Iglesia en España: testimonios

La Asamblea llega a las 12.00 horas escuchando lo que ha supuesto en las personas implicadas estos meses de experiencia sinodal. Algunos están de manera presencial. Otros, a través de vídeos. Pero gracias a cada uno de ellos, una treintena, se han van resaltando los distintos aspectos que les han marcado en este proceso.

DOSSIER INFORMATIVO

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Retransmisión de la Asamblea Sinodal el sábado 11 de junio a partir de las 10.55 horas.

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El Archivo Diocesano recibe la vista pastoral del obispo y abre sus puertas en la Semana de los Archivos

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El Archivo Diocesano recibe la vista pastoral del obispo y abre sus puertas en la Semana de los Archivos

El Archivo Diocesano ha vivido una semana intensa, esta que termina, en la que se ha celebrado la Semana Internacional de los Archivos. Con motivo de esta celebración, ha abierto sus puertas virtuales -porque siempre las tiene abiertas en la vida real para los que necesitan investigar o consultar un documento- , ya que han hecho un vídeo con el que muestran el rico patrimonio documental y humano que tiene, así como sus instalaciones.

Esta ha sido la manera que han tenido de sumarse a los actos de conmemoración de esta Semana Internacional de los Archivos. El vídeo se puede ver aquí.

Visita pastoral
Monseñor Francisco Jesús Orozco Mengíbar, dentro de la visita pastoral a las instituciones propias del Obispado, la ha celebrado al Archivo Diocesano y a su biblioteca. EWl obispo anima al director, trabajadores y voluntarios del archivo a continuar dando a conocer las riquezas bibliográficas y archivísticas como un modo de realización del primer anuncio de la fe: a niños y jóvenes, por medio del alumnado de la clase de religión, a través de escenificaciones con personajes y marionetas, como también a los adultos en visitas guiadas, en comunión con el secretariado de turismo religioso de la Diócesis. Esta tarea divulgadora ha de ser compatible con el ejercicio de los investigadores y la catalogación de los fondos archivísticos y bibliográficos.
Además, se ha sumido el compromiso de establecer un plan de exhibición del archivo, para todas las edades en clave de “PRIMER ANUNCIO DE LA FE”.

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La familia trinitaria en Sevilla celebra su carisma en la solemnidad de la Santísima Trinidad

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La familia trinitaria en Sevilla celebra su carisma en la solemnidad de la Santísima Trinidad

El 2 de febrero de 1885 se fundó en Madrid el Instituto de Hermanas Trinitarias, una obra que hoy cuenta con numerosas iniciativas en los campos educativo, social, misionero o penitenciario en seis países, y que debe su fundación al venerable Francisco de Asís Méndez y a la madre Mariana Allsopp. Esta religiosa también ha sido declarada venerable por el papa Francisco, que ha reconocido sus virtudes heroicas el pasado 21 de mayo. Se trata de un paso previo en el consiguiente proceso de beatificación, aunque para ello habrá que acreditar un milagro atribuido a su intercesión.

Las hermanas trinitarias están presentes en Sevilla  en la céntrica calle Santa Lucía, muy cerca de la casa natal de santa Ángela de la Cruz. Allí dirigen un colegio, el Beaterio de la Santísima Trinidad, en cuyas aulas reciben formación unos setecientos alumnos de Educación Infantil, Primaria y Secundaria. Inicialmente, los centros educativos de la institución estaban dirigidos a las jóvenes acogidas en ellos, pero progresivamente se abrieron a otras jóvenes externas, así como a la conversión de centros mixtos. Como reza la presentación de sus centros, “desde sus orígenes nuestros centros han tenido la peculiaridad de la atención especial a las necesidades de la juventud, y ha optado por una educación de calidad para quienes menos medios tienen”.

En efecto, las hermanas trinitarias se fundaron para “abrir una puerta de esperanza a muchas jóvenes que buscan llegar a ser lo que su corazón anhela,  realizar sus proyectos de vida, y necesitan quien las acompañe en su camino”. Una puerta abierta, este es el símil que mejor explica el objetivo de sus fundadores.

Al respecto, la hermana María Eliécer Peláez, superiora y directora titular de la Comunidad de las Trinitarias del Colegio Beaterio de la Santísima Trinidad, de Sevilla, manifiesta que lo que define la misión trinitaria en todos sus proyectos “es la manera de mirar, tratar y acompañar a las personas, desde la realidad que viven hacia la meta en la que sueñan, tratando de facilitar al máximo el desarrollo de sus posibilidades, y liberando de los condicionamientos y dificultades que cada situación presenta”.

Misión sin fronteras

En España, las hermanas trinitarias tienen presencia en Madrid, Santander, Barcelona, Sevilla, Granada, Bilbao, León, Málaga y Vigo. Fuera de España en México, Argentina, Uruguay, Guatemala e India.

Su misión apostólica la realizan a través de residencias de jóvenes, hogares de menores, centros Educativos, casas de acogida, Pastoral penitenciaria, y diferentes proyectos sociales y misiones en favor de la juventud y mujer necesitada.

“Nosotros atendemos a la juventud en los diferentes campos y necesidades en los que se encuentren. Pretendemos una atención integral y mantenemos la prioridad a las jóvenes más vulnerables. Es verdad que las situaciones y realidades de la juventud son diversas en los diferentes campos de apostolado, por eso tenemos programas diferentes y personal especializado según cada proyecto. Pero es él mismo fin, una misma pedagogía, los mismos objetivos esenciales, una manera concreta de actualizar la liberación de Jesús en nuestros tiempos”, añade la hermana María Eliécer.

Sobre la venerable Mariana

Las trinitarias destacan de la vida y obra de la venerable madre Mariana Allsopp “su amor desmedido por el Señor, proyectado en la juventud más necesita. La confianza desmesurada en las personas, incluso cuando nadie cree ni confía, cuando todo parece que no hay remedio. Mujer arriesgada y valiente que deja una vida de privilegio pues pertenecía a una clase social acomodada, para darse por completo en la tarea de preservar y rescatar a aquellas jovencitas que sufrían toda clase de pobreza y marginalidad. Así nos lo trasmite a sus hijas Trinitarias”, añadió.

 

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El Obispo de Jaén visita a los mayores de la residencia ‘Altos del Jontoya’

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En la mañana de hoy, 10 de junio,  el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, visitaba por primera vez la residencia de mayores ‘Altos del Jontoya’, gestionada por Edad Dorada- Mensajeros de la Paz. A su llegada, lo recibía el sacerdote diocesano y Presidente de Edad Dorada Andalucía, D. Julio Millán; el director del Centro residencial, D. Juan Cobo; y otros trabajadores de este hogar ubicado a las afueras de Jaén.

Minutos más tarde, Don Sebastián presidió una Eucaristía que estuvo concelebrada por D. Julio Millán y el Secretario particular del Obispo, D. Francisco Javier Cova.

Las lecturas y la oración de los fieles fueron participadas por los residentes y algunos trabajadores de ‘Altos del Jontoya’. El Evangelio fue proclamado por D. Julio Millán.

Homilía
El Obispo quiso comenzar su homilía reconociendo que está muy contento y muy sorprendido de esta hermosa tierra, la del Santo Reino. “Me he encontrado con una  hermosa tierra, llena de gente magnífica, sencilla y  acogedora… Como Obispo me he sentido muy bien acogido y siento que me tratan con mucho respeto, pero también con mucha cercanía”.

Don Sebastián quiso, además, dar las gracias a los mayores todo lo que han ofrecido a lo largo de su vida. “La iglesia de Jaén también es fruto de la vivencia de vuestra fe, tanto en vuestra familia, como en el ámbito parroquial. Gracias por todo lo que habéis dado y que ahora yo, como Obispo, estoy recibido en la Iglesia diocesana”.

En referencia a las lecturas de la Misa, el Pastor diocesano subrayó que “son una invitación a sentir cerca a la Virgen, a sentir ese consuelo y a sentir que nos mantiene cerca de Jesús, nuestro Señor. No debemos olvidarnos de que la Virgen María nunca nos deja solos, en ninguna etapa de nuestra vida. En la fragilidad de la enfermedad o la ancianidad, a los pies de nuestras cruces, también está la Virgen María y también nos podemos abrazar a ella”. Asimismo, explicó que  también le ha sorprendido “el amor tan grande que en esta Diócesis se le tiene a la Virgen, bajo las diversas advocaciones y, por supuesto, bajo la advocación de la Virgen de la Cabeza, nuestra patrona”. Para culminar: “Que el Señor os bendiga y la Virgen María nos sostenga a todos”.

Por su parte, el sacerdote diocesano D. Julio Millán tuvo unas palabras de agradecimiento a Don Sebastián por su visita. “Querido Obispo, Don Sebastián, bienvenido a esta residencia de Edad Dorada- Mensajeros de la Paz. Una residencia con capacidad para 176 residentes de los cuales alrededor de 70 son trastornos de conducta. Una residencia con más de 110 trabajadores, que junto con sus familiares nos permiten formar una gran familia, muy parecida a cualquier pueblo de nuestra provincia. Población frágil y vulnerable, que además de sus cuidados médicos, necesitan de mucha ternura y cariño, que muchas veces es la mejor medicina. Los demás son mayores que al final de sus días, por distintas razones, acaban aquí con nosotros y a los que sentimos nuestra familia, nuestros abuelos, a los que intentamos querer para que no pierdan la alegría”.

Asimismo, Millán quiso explicar que ‘Altos del Jontoya’ es una de las nueve residencias que Edad Dorada tiene en Andalucía, entre las que se encuentra una de discapacidad en Arquillos y un piso tutelado en Alcalá la Real.

D. Julio terminaba sus palabras recordando que queriendo a los mayores “solo le devolvemos tanto como ellos han dado por nosotros. Estos son los preferidos del Señor”.

Visita a las instalaciones

Tras la Santa Misa, el Pastor diocesano pudo visitar fabulosas instalaciones de esta residencia que cuenta con tres edificios diferenciados según el nivel de dependencia de los residentes.

Además, posee unas vistas espectaculares de la ciudad de Jaén, amplios jardines, terrazas, peluquería, podología, gimnasio…. Una construcción que ofrece un ambiente familiar, con una atención individualizada y adecuada a las necesidades de cada uno, favoreciendo la convivencia, el cariño y el apoyo mutuo.

La visita culminaba con un pequeño ágape en el que Don Sebastián pudo departir con los trabajadores, los residentes y sus familiares.

Galería fotográfica: «Vista del Obispo a la residencia Altos del Jontoya»

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Lecturas de la solemnidad de la Santísima Trinidad (ciclo C)

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Lecturas de la solemnidad de la Santísima Trinidad (ciclo C)

Primera lectura

Antes de que la tierra existiera, la Sabiduría fue engendrada

Proverbios 8, 22- 31

Esto dice la Sabiduría de Dios: El Señor me creó al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas.
En un tiempo remoto fui formada, antes de que la tierra existiera.
Antes de los abismos fui engendrada, antes de los manantiales de las aguas.
Aún no estaban aplomados los montes, antes de las montañas fui engendrada.
No había hecho aún la tierra y la hierba, ni los primeros terrones del orbe.
Cuando colocaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba la bóveda sobre la faz del abismo; cuando sujetaba las nubes en la altura, y fijaba las fuentes abismales; cuando ponía un límite al mar, cuyas aguas no traspasan su mandato; cuando asentaba los cimientos de la tierra, yo estaba junto a él, como arquitecto, y día tras día lo alegraba, todo el tiempo jugaba en su presencia: jugaba con la bola de la tierra,y mis delicias están con los hijos de los hombres.

Salmo responsorial

Salmo 8, 4- 5. 6- 7a. 7b- 9. (R.: 2a)

R. / Señor, dueño nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!

  •  Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado. ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el ser humano, para mirar por él?
  • Lo hiciste poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad; le diste el mando sobre las obras de tus manos. Todo lo sometiste bajo sus pies.
  • Rebaños de ovejas y toros, y hasta las bestias del campo, las aves del cielo, los peces del mar que trazan sendas por el mar.

Segunda lectura

A Dios, por medio de Cristo, en el amor derramado con el Espíritu

Romanos 5, 1- 5

Hermanos: Habiendo sido justificados en virtud de la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo, por el cual hemos obtenido además por la fe el acceso a esta gracia, en la cual nos encontramos; y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios.
Más aún, nos gloriamos incluso en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia, la paciencia, virtud probada, la virtud probada, esperanza, y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.

Evangelio

Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo

Evangelio según san Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará».

Comentario bíblico de Pablo Díez

Partiendo del Evangelio podemos ver como el Espíritu Santo es el que posibilita asomarse al misterio trinitario. En efecto, el Paráclito no enseña nuevos contenidos, sino que hace posible la apropiación y la profundización de la revelación cristológica que da acceso a la Verdad. Esta última no es una meta a alcanzar, sino un ámbito ya conocido, pero que el creyente debe apropiarse. Así el concepto de verdad ha de ser entendido cristológicamente. Se trata de la realidad divina tal como ha sido manifestada por y en la persona de Cristo encarnado. No solo manifiesta a Cristo como revelador del Padre (Jn 14,9), sino que proporciona una explicación definitiva al formular la unidad esencial que existe entre el Verbo y el Padre. Pone de manifiesto el origen transcendente del Logos, su naturaleza divina (Jn 1,1) y su papel en la creación. Por medio de él el mundo ha llegado a ser (Jn 1,3) y se ha constituido la relación entre Dios y el hombre. Es la Palabra creadora, la sabiduría que se autopresenta en el texto de Proverbios. El creyente accede a esta compresión de lo divino por la fe, iluminada por la acción del Espíritu Santo que derrama el amor de Dios en los corazones de los fieles (Rm 5,5), haciendo brotar la alabanza al ser consciente de la dignidad a la que ha sido elevado el hombre (Sal 8,4).

 

 

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Conoce la Gloria quien entra en trato con el Hijo, que nos llama a imitarle, a seguirle y a permanecer en Él

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PALABRA DE VIDA. Monseñor José Rico Pavés : “Conoce la Gloria quien entra en trato con el Hijo, que nos llama a imitarle, a seguirle y a permanecer en Él”

 

Después de celebrar la solemnidad de Pentecostés, la Liturgia nos invita a celebrar el misterio central de la fe y de la vida cristiana: el misterio de la Santísima Trinidad. Se ubica aquí la Jornada pro orantibus, oportunidad para rezar por los que rezan y dar gracias a Dios por las personas que consagran su vida a sostener con su oración a los demás en el claustro de un monasterio.

Al terminar el tiempo de Pascua la Iglesia pone una petición en nuestros labios: pedimos al Padre que nos conceda profesar la fe verdadera, conocer la gloria de la eterna Trinidad y adorar su Unidad todopoderosa. Tres acciones nos introducen en el Misterio: profesión de fe, conocimiento de la Gloria y adoración del Único Dios.

Profesa la fe quien la confiesa, es decir, quien la declara con los labios como expresión de lo que lleva en el corazón. Confesar la fe en la Trinidad implica entrar en el coloquio amoroso de las Personas divinas desvelándonos su misterio y el nuestro. En el Credo proclamamos lo que Dios realiza en favor nuestro: nos crea, nos redime, nos santifica. Al mismo tiempo, el Credo desvela nuestra dignidad: hemos sido creados capaces de Dios, redimidos por su amor misericordioso, llamados a compartir la misma vida divina.

Conoce la Gloria quien entra en trato con el Hijo, que nos llama a imitarle, a seguirle y a permanecer en Él. Misterio admirable de donación y acogida, que permite distinguir a las Personas en la Unidad de Dios. Conoce la Gloria de la Trinidad quien es introducido en los lazos amorosos de la comunión trinitaria. “Ves la Trinidad si ves el amor” (San Agustín).

Adora al único Dios quien reconoce su propia estatura ante Él y se postra. La adoración de Dios dignifica al ser humano porque le sitúa ante su propia verdad. Él es el Creador y nosotros somos sus criaturas. Plasmado a su imagen, dotado de dignidad personal, capacitado por la gracia para ser morada de la Trinidad, el ser humano reconoce en el Amor de la Santísima Trinidad su origen y su meta. Lo propio de Dios es hacer. Lo propio del ser humano dejarse hacer. Celebrar la Trinidad es vivir en la verdad plena.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

La vida contemplativa: lámparas en el camino sinodal

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Queridos hermanos todos:

El domingo 12 de junio celebramos la solemnidad de la Santísima Trinidad, y ese día la Iglesia universal festeja y profesa su fe en el misterio de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios es adorado y contemplado en su misterio y en su grandeza por todo creyente que lo busca y que se encuentra con Él en la oración. Adorar y contemplar a Dios, y dedicar la vida en ello, se convierte en una vocación concreta en aquellos hermanos y hermanas que se han sentido llamados por el Señor para seguirle desde la vida contemplativa.

La Jornada Pro Orantibus, en la que somos invitados a valorar la vocación contemplativa y orar por los monjes, monjas y eremitas retirados en sus monasterios y eremitorios, tiene como lema este año, a propuesta de la Conferencia Episcopal Española, «La vida contemplativa: lámparas en el camino sinodal».

Meditando y reflexionando este lema, las lámparas nos evocan la luz, elemento de la naturaleza que se utiliza simbólicamente en el lenguaje bíblico y en la liturgia cristiana:

– En el Antiguo Testamento, la luz es lo primero que Dios crea: “Dijo Dios: ‘Exista la luz’. Y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena” (Gn 1, 3-4). La luz se identifica aquí con la vida, el bien y la belleza; la tiniebla con la muerte, el mal y la informidad. En los salmos la luz aparece como atributo divino que aporta la felicidad mientras que su ausencia, la oscuridad, deja al hombre sumido en un vacío interior y en la desesperación: “¿Quién nos hará ver la dicha, si la luz de tu rostro ha huido de nosotros?” (Sal 4, 7). Quien ama al Señor es iluminado interiormente por Él, y de ahí el rey David compondrá: “El Señor es mi luz y mi salvación” (Sal 27, 1). Dios no es solo la luz sino el que da sentido a lo que somos cada uno al iluminarnos, por lo que su luz se hace nuestra luz.

– En el Nuevo Testamento, la luz se define como la vida, como aparece en Juan 1:4: “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.  “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no camina en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Jn 8, 12). En Mateo tenemos un texto en el que se indica que la luz somos también nosotros, “Vosotros sois la luz del mundo” (Mt 5, 14). Nuestra luz no es propia, porque proviene de Él, y debe remitir a Él cuando iluminamos al resto de las personas con la belleza de nuestra vida y acciones: “Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5, 16).

Desde la Sagrada Escritura vemos que los consagrados contemplativos son quienes, con su vida dedicada a la oración, están en la presencia constante de quien para nosotros es la verdadera Luz del mundo, Jesucristo, convirtiéndose ellos en portadores de esa Luz con su testimonio que nos ilumina.

Aquellos que lo han dejado todo para vivir en intensidad los consejos evangélicos de la castidad, la pobreza y la obediencia son ahora los que nos alumbran en el camino sinodal que la Iglesia ha querido emprender, como propuesta del Papa Francisco. Se trata de un camino inaugurado por el Santo Padre el pasado mes de octubre y que nos conducirá a la celebración la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, con el lema “Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión”.

Toda la Iglesia está en marcha, y también nosotros en nuestra diócesis de Guadix hemos trabajado en los últimos meses los documentos sinodales en la fase diocesana. Pero el camino continúa y lo debemos seguir haciendo alumbrados y apoyados en el ejemplo de los contemplativos que nos muestra los fundamentos de la “sinodalidad” desde su propia vivencia, siendo también pilares básicos de su vocación orante y evangélica:  la escucha, la conversión y la comunión.

Caminar no siempre es fácil, y en cada etapa nos encontramos con experiencias que nos fortalecen pero que también nos pueden hacer sentir la debilidad, pues la convivencia suele ser complicada, las grandes decisiones y la resolución de los problemas requieren de mucho entendimiento… Pero siempre es mejor hacer el camino juntos y unidos, al mismo tiempo que sentirnos acompañados por la oración de quienes están en continuo contacto con Dios. Todos los cristianos, de manera comunitaria y particular, peregrinamos hacia un horizonte que permita en la Iglesia espaciaos de diálogo, acogida y unidad. Para ello es muy importante la actitud de la escucha, de la cual los consagrados contemplativos son conocedores y buenos maestros. En un mundo de ruidos, saturados de las palabras y de los mensajes abundante en las redes sociales, medios de comunicación, etc., necesitamos del silencio y del sosiego. Debemos escuchar a Dios y escucharnos a nosotros mismo para poder escuchar al que tenemos junto a nosotros.  Escucha quien tiene la humildad de creer que no lo sabe todo y que cada jornada es una ocasión nueva para seguir conociendo y aprendiendo, para dejarse aconsejar y orientar.

En la Jornada Pro Orantibus, y como obispo y pastor de la Diócesis de Guadix, quiero invitaros a todos a tener presentes en este día a las dos comunidades femeninas contemplativas que se encuentran en el territorio diocesano y que se hallan en la ciudad de Baza: la comunidad de religiosas dominicas del Monasterio de la Santísima Trinidad y la comunidad de las religiosas Hijas de la Sagrada Familia, que moran en el Convento de la Merced. Pidamos al Señor por ellas, por sus necesidades, por el aumento de vocaciones; agradezcamos su presencia, labor y testimonio entre nosotros, siendo esas luces silenciosas, calladas y en ocasiones incomprendidas, las que alumbran nuestros pasos en el camino de la fe. Estamos de fiesta también porque el próximo 18 de junio, en Sevilla, una de nuestras contemplativas dominicas, Sor Isabel Ascensión de San José, que murió mártir en Huéscar, en tiempos dela contienda civil, será beatificada, siendo luz y espejo para toda la Iglesia.

Quisiera terminar con un recuerdo especial y cariñoso por los consagrados contemplativos que han fallecido a causa de la pandemia o como víctimas de la guerra y de la persecución religiosa que sufren muchos países.

Muchas felicidades, queridos consagrados de vida contemplativa en esta Jornada Pro Orantibus, y que Dios, nuestro Señor, la Luz del mundo, que tanto necesitamos en nuestro tiempo, nos acompañe en el camino sinodal para construir una Iglesia más unida, dialogante y acogedora.

Que Dios os bendiga a todos e ilumine vuestras vidas.

 

 

 

 

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

Obispo de Guadix

Padre, Hijo y Espíritu Santo

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Solemnidad de la Santísima Trinidad. C. 22

Dios nos ha dado muchas señales de su presencia en medio de nosotros, ya podemos ver que, por pura misericordia, ha puesto en marcha una Historia de Salvación en la que los beneficiarios somos nosotros. Leed con atención las lecturas de la Eucaristía para conocer mejor cómo el Padre se revela en su Hijo Jesucristo y por medio de Él nos reconcilia consigo perdonándonos los pecados y haciéndonos hijos también (2Co 5), y cómo actúa el Espíritu Santo en la Iglesia. La belleza de la Historia de la Salvación se percibe en el amor que nos demuestra en cada instante Dios con toda la humanidad.

 

En el texto del Evangelio de este domingo Jesucristo nos promete el Espíritu Santo a todos los que creamos en Él (Jn 7,39; 20,22; Ac 2,33), con una tarea muy concreta pero intensa y rica en matices: se trata del Espíritu que nos guiará a la verdad plena; nos comunicará lo que pertenece al corazón de Dios; Cristo mismo envía el Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (Jn 14,16-17); el Espíritu glorificará a Jesús, que lo comunica para que no nos falte ni la fortaleza, ni el coraje a los evangelizadores.

 

Con el don del Espíritu se nos asegura una misión profética. La acción mesiánica y profética del Espíritu, desde el Antiguo Testamento, no es solo realidad presente, sino que es promesa escatológica y don universal. Se anuncia que quien tenga el Espíritu tiene asegurada la fidelidad (Ex 39,29) y que el don del Espíritu es universal, para todo hombre de cualquier raza y condición (Ac 2,23; Ef 1,2).

 

Haber elegido vivir en cristiano, con una decisión libre y firme, nos identifica con un estilo de vida muy definido: creer en Dios Padre, Hijo y Espíritu, y esta fe nos lleva a creer y defender al prójimo, como hermanos, a respetar su dignidad, sus vidas y a valorarlos como hijos de Dios. Aceptamos el sufrimiento que nos viene por amor de Dios, los sacrificios que hacemos pero que nadie conoce, el olvido de uno mismo para bien del hermano, la vida en silencio, pasar desapercibidos, practicar la caridad sin que sepa tu mano derecha lo que hace la izquierda, cargar con la cruz cada día, trabajar honestamente y con responsabilidad sin pisar a los demás… Sabernos en las manos del Señor, frágiles y débiles, nos lleva todos los días a pedir perdón y a buscar el alimento en el Sacramento de la Eucaristía… Como la Santísima Virgen María, podemos acudir a Jesús intercediendo por las necesidades de los otros y oyendo lo que Él quiera decirnos por medio de la oración.

 

En este día de la Santísima Trinidad, si escucháis su voz, no endurezcáis el corazón, no pongáis por delante vuestros méritos, sed sencillos y abrid vuestras mentes, que Dios ha planteado para todos nosotros una bella Historia de Salvación y nos la ofrece gratis. ¡Ah! y no os olvidéis de pedir por los religiosos y religiosas de clausura, para que su santidad sirva para gloria de Dios y para salvación de nuestras almas. Os bendice,

 

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

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