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El ciclo “Luz del Arcángel” ofrece hoy música coral y conferencia en la Parroquia de San José y Espíritu Santo

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La I Jornada de Cultura y Patrimonio Sacro de Córdoba “Luz del arcángel” ofrece hoy a las 21:15h. en la Parroquia de San José y Espíritu Santo el concierto de música coral “Lo sagrado y lo divino”, interpretado por el coro de cámara de la Catedral y dirigido por Clemente Mata

El concierto tendrá lugar tras una conferencia dedicada a la figura de Fray Albino, su significación en la ciudad y su historia, que será impartida por el Delegado Diocesano de Patrimonio y Cultura, Jesús Daniel Alonso. La entrada es libre hasta completar aforo.

El programa cultural ha ofrecido visitas guiadas en el Santuario de la Fuensanta, la iglesia de San Lorenzo y la Basílica de San Pedro, donde también se han llevado a cabo un recital flamenco, un concierto de música de cámara y otro concierto de música cofrade, respectivamente. Las visitas guiadas culminan con un visita guiada a la iglesia gótica de Santa María de Trassierra el viernes, 1 de julio.

Estas jornadas se celebran desde el 3 de junio y culminarán el sábado, 2 de julio, a las 21:00h. con la representación teatral “Rafael, el joven alado”, de José Márquez, por parte de la Compañía “La Vidriera Teatro”.

El ciclo cuenta con el patrocinio de la Delegación de Cultura del Ayuntamiento de Córdoba y la organización de la Diócesis de Córdoba y una representación teatral que reproduce la historia de San Rafael en el Patio de San Eulogio del Palacio Episcopal el sábado 2 de julio.

 

 

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La memoria anual de Cáritas en “Iglesia en Córdoba”

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La memoria anual de Cáritas en “Iglesia en Córdoba”

La revista de la diócesis de Córdoba presenta los datos de la memoria anual de Cáritas Diocesana de Córdoba y un amplio reportaje centrado en los barrios más pobres de la ciudad

“Iglesia en Córdoba” recoge una semana más la actualidad de la Diócesis marcada, especialmente, por la memoria de actuaciones de 2021 de Cáritas Diocesana de Córdoba.

A su vez, se pueden conocer el balance económico de la Diócesis y otras noticias diocesanas como: el encuentro de sacerdotes en el Seminario de Los Ángeles de Hornachuelos, la puesta en marcha de los alojamientos “Isabel II” o las últimas actividades realizadas por Puerta Verde, entre otras.

Adjuntamos la revista íntegra.

Iglesia en Cordoba 792

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CORPUS CHISTI

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Lecturas: Gén 14, 18-20: Ofreció pan y vino. Sal 109. Tú eres sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec. 1 Cor 11, 23-26. Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor. Lc 9, 11b-17: Comieron todos y se saciaron.

En la primera lectura encontramos al misterioso personaje de Melquisedec. Significa rey justo y de paz. La liturgia nos lo presenta en un escenario de acogida. Ofrece el pan y el vino de la hospitalidad a Abrahán y le bendice de parte del Dios Altísimo, reconocido como creador. Un gesto solidario que alimenta a un grupo de hombres que se dirigen a la batalla. El doble matiz del sacrificio o de acción de gracias encuentran en esta escena su perfecta ubicación. Las palabras de Melquisedec y el gesto generoso, ofrecen sobre Abrahán una nueva luz. Jesús al utilizar el pan y el vino en la última cena, como símbolos de su entrega pascual, se aleja del sacerdocio oficial de Jerusalén y ejerce su propio sacerdocio como “rey justo y de paz”. Así nos lo recuerda el precioso Salmo que la Iglesia nos regala hoy. No ignora Pablo las fracturas que se plasmaban en el ámbito eucarístico de la comunidad de Corinto. Los más poderosos y ricos humillaban y despreciaban a los más pobres. Pablo no duda en corregir semejante injusticia y recuerda para ello la tradición de la Cena del Señor. Se condena al igual que en la tradición profética, el culto hipócrita que no se adorna con los atributos de la caridad y de la justicia (Amos 5,21-25; Isaías 1,10-20).

La respuesta de Jesús en el Evangelio, desborda todo gesto de corrección política. Los discípulos no pueden desentenderse de la comunidad hambrienta. Toda huida del compromiso con los que sufren y desesperan en el cuerpo y en el alma es un alejamiento de Jesús. Ampararnos en las limitaciones y en las dificultades del momento para evitar la necesaria cadena de solidaridad, son sólo vanas excusas que buscan encarcelar el Espíritu que Dios no deja de regalarnos. Nos regalan el pan del cielo, pero ¿cómo comerlo si nos negamos a compartir el pan que brota desde las raíces de la tierra y de las manos que vigilan atentas su crecimiento? Los milagros no surgen de las ocurrencias económicas y de los despachos de acreditados expertos. Los milagros brotan de la fe y del amor. Este día es una maravillosa lección frente a aquellas otras multiplicaciones del trigo que inertes y frustradas son negadas a los seres humanos. Aprendamos a mirar a Dios como lo miró Jesús…y todo aquello que hace bien a los hombres se multiplicará.

Ramón Carlos Rodríguez García

Rector del Seminario

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La Fundación “Siempre Contigo” en El Espejo de la Iglesia

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En la Parroquia de la Consolación un grupo de personas dan vida a la Fundación “Siempre Contigo” que nace para acompañar a personas enfermas en su dolor y cambiar su desesperación y la de sus familias por compañía y comprensión, por amistad y palabras que les acerquen a Dios. Entre los miembros hay médicos, personal sanitario y también contará con psicólogos;  pero entre ellos también hay, personas dispuestas a formarse para entregar su tiempo en forma de consuelo y compañía.

Puedes escucharlo en este enlace

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PALABRA DE VIDA. Monseñor Rico Pavés : “Jesús se entrega por todos instaurando el alimento de vida eterna”

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En la Liturgia de la Solemnidad del Corpus Christi, la Iglesia nos invita este año a través del evangelio de san Lucas a pasar del signo a la realidad, es decir, de la multiplicación de los panes y los peces a la institución de la eucaristía. Los elementos que hacen el signo, referidos por el evangelista, permiten entrar en la hondura de la realidad.

Al caer la tarde, tras predicar el Reino y curar a los enfermos, Jesús alimenta a la multitud multiplicando cinco panes y dos peces; al caer la tarde, la víspera de su pasión, Jesús se entrega por todos instaurando el alimento de vida eterna. En la pobreza de un escaso alimento está el principio de la comida que sacia a todos; en la pequeñez del pan y del vino comienza la entrega total del Hijo que redime ofreciendo su Cuerpo y su Sangre en sacrificio. Para multiplicar el alimento, Jesús cuenta con los apóstoles; para perpetuar su entrega, Jesús confía el memorial de su pasión a los mismos apóstoles. Jesús manda a la multitud que se recuesten formando pequeños grupos; el mandato dado en la última cena (“haced esto en conmemoración mía”) hace la Iglesia, llamada a congregar a toda la humanidad en el nuevo Pueblo de Dios. Los gestos de Jesús obran el milagro: toma el pan, eleva la mirada, pronuncia la bendición, parte el pan y lo distribuye; los mismos gestos se repiten en la última Cena y realizan con las palabras de Jesús el don de la Eucaristía: Sacrificio unido al de la Cruz, Presencia en los signos del pan y del vino, Comunión en Él y desde Él por el alimento.

Resulta superfluo afirmar que en la multiplicación de los panes el milagro consistió en la solidaridad de quienes a partir de poco consiguieron llegar a muchos. Jesús anuncia con sus gestos y palabras la entrega de un don superior. Buscar a Jesús por el alimento que perece o cerrar su enseñanza en la sola solidaridad humana, es quedarse en el signo y renunciar a la realidad.

Si en la Solemnidad del Corpus Christi se celebra también el día de la Caridad (caritas) es porque la realidad del amor infinito del Señor contenida en la Eucaristía exige por su propia grandeza el signo inequívoco del amor fraterno; sin éste no se abraza la realidad.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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“Cinco nuevos síes para la Iglesia diocesana”

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Se acerca el final del curso y la diócesis de Córdoba tiene una cita importante en la Santa Iglesia Catedral. Nuestro obispo ordena a los nuevos presbíteros que se incorporarán al clero cordobés. Este año serán cinco los nuevos sacerdotes con los que contará la Diócesis, formados en el Instituto de Estudios Teológicos “San Pelagio” todos coinciden en que los años de formación han sido un regalo del Señor. Jesús Lérida Nieto, H.N. (Hogar de Nazaret), Pablo Fernández de la Puebla Lechuga, Pedro Jesús del Pino Díaz, Manuel Millán Serrano y Abraham Luque García recibirán el sacramento del orden sacerdotal el 18 de junio en una ceremonia presidida por monseñor Demetrio Fernández en la Santa Iglesia Catedral, a las 11:00 horas

Jesús Lérida Nieto, H.N.

Tu etapa de formación termina ¿Qué ha supuesto tu paso por el Seminario? ¿Cómo describirías estos años y que destacarías?

Estos años han sido ir conformándose con el corazón de Cristo sacerdote, en mi caso sobre todo en la vida del Hogar (Hogar de Nazaret) con los estudios y con la vida en comunidad con los niños. Ha sido una etapa intensa de conciencia de estar creciendo y saber que el Señor está haciendo algo en mi corazón que se me escapa y me sobrepasa. Han sido años muy bonitos y también años en los que el Señor ha permitido alguna “pruebecilla” y algunas cosas para decir de verdad: Dios mío te amo. Con pequeñas cosas le puedo demostrar que quiero seguirle aun con mis debilidades y limitaciones.

A lo largo de este periodo de discernimiento y formación ¿Cómo has vencido el miedo y la duda?

Han sido años en los que por un lado, el miedo te inunda porque ves que es algo que te sobrepasa, es una misión tan grande que crees que no cabe dentro de ti. Conformarse con Cristo a veces embarga el miedo pero lo he intentado resolver con la confianza. Me ha ayudado mucho exponer las dificultades, llevarlas a la oración. En momentos fuertes de prueba me ha ayudado mucho el año del Sagrado Corazón, oír de sus labios: “Sus heridas nos han curado”, Él sabe cómo soy, sabe mis limitaciones y a pesar de eso me dice: Jesús te quiero para mí y para que sirvas en la Iglesia.

¿Qué modelo pastoral de los sacerdotes que conoces te ha impresionado más?

Me ha impresionado mucho el ejemplo de D. Gaspar, siempre tan fiel y tan entregado y por la vinculación que tienen con el Hogar de Nazaret hasta hace poco como asesor espiritual y acompañando a nuestra madre en el proceso de fundación. También el de mis superiores, el Padre Manuel, y otros sacerdotes y María del Prado, nuestra madre del Hogar de Nazaret, que a pesar de ser una mujer tenía un corazón plenamente sacerdotal y cuando me hablaba de la vocación sacerdotal me decía que había que dedicar la vida en exclusividad a Cristo, me animaba a no escatimar en nada para Cristo, a entregarme a su Iglesia y ha sido un modelo pastoral para mí.

Tras el Sínodo de los Obispos y con la corresponsabilidad de los laicos ¿Cómo imaginas la Iglesia del futuro?

La veo llena de esperanza porque cada vez nos vamos convenciendo más de lo que somos, es decir, afincados en Cristo, que la Iglesia no son solo los curas y las monjas sino que los laicos tienen un papel fundamental. Estos últimos años esto está resonando mucho, siempre será poco porque hay que despertar muchas conciencias de los bautizados. El reto es la misión ad gentes, pero si conseguimos que en cada bautizado vibre la llamada a la santidad y el apostolado va a arder el mundo, como decía Jesucristo en el Evangelio, y es el camino que lleva la Iglesia, el de despertar la conciencia de los bautizados.

Pablo Fernández de la Puebla Lechuga

Tu etapa de formación termina ¿Qué ha supuesto tu paso por el Seminario? ¿Cómo describirías estos años y que destacarías?

La etapa de Seminario ha sido preciosa, para mí ha sido en la carrera que tenemos cada uno de nosotros a la santidad, un tiempo en el que se nos han dado refuerzos para poder ir más rápido. Ha sido una etapa de crecimiento y madurez humana y espiritual en el trato con Jesucristo, se ilusión por el sacerdocio. Ha sido un impulso que me lanza ahora a vivir el sacerdocio con mucha alegría.

A lo largo de este periodo de discernimiento y formación ¿Cómo has vencido el miedo y la duda?

Durante estos años es normal que vengan miedos y dudas porque uno se da cuenta de su pequeñez, de lo poco que es, y cuando mira la grandeza del sacerdocio dice: ¿Dios yo cómo voy a poder con esto? Es un tiempo para decir: lo tengo todo de mi debilidad y de poner toda la confianza en el Señor, pero lo espero todo de Él porque nos repite una y otra vez: sin mí no podéis hacer nada. El miedo y la duda son para decir, pues sí, sin el Señor no puedo hacer nada y con Él nos lanzamos a lo que sea.

¿Qué modelo pastoral de los sacerdotes que conoces te ha impresionado más?

Durante la etapa de Seminario conocemos a muchos sacerdotes de muchos ámbitos distintos. A mí al final lo que más me atrae es ver un cura que cuida lo esencial: su oración, la celebración de la eucaristía, el confesionario y viven el día a día para servir a los demás, en medio de su pueblo, en la visita a los enfermos, en las catequesis, es decir, cuidan lo esencial y el resto del tiempo se entregan sin medida.

Tras el Sínodo de los Obispos y con la corresponsabilidad de los laicos ¿Cómo imaginas la Iglesia del futuro?

Imagino una Iglesia llena de ilusión por la evangelización, cada vez tomamos más conciencia de cómo Jesucristo nos aporta a nuestra vida una gran novedad, una belleza inmensa. No es lo mismo vivir con Cristo que sin Él, que la vida sin Cristo no es vida y con esta conciencia nos lanzamos con ilusión a evangelizar a los demás. Cada vez hay más gente en el mundo que se da cuenta que lo que vive fuera no le sacia, le deja lleno de tristeza, juntado ambas cosas será una Iglesia que se vaya renovando y llenado de ilusión.

Pedro Jesús del Pino Díaz

Tu etapa de formación termina ¿Qué ha supuesto tu paso por el Seminario? ¿Cómo describirías estos años y que destacarías?

Estos años han sido un responder sí a la llamada que el Señor me hizo hace diez años. Han sido intentar responder esta llamada, intentar responder cada día a esta llamada que el Señor hace, a compartir su misma vida, a compartir su misión, a dar a conocer la buena noticia que es que Él nos ama y ha venido a salvarnos. Estos años han supuesto un intentar parecerse a Cristo, han supuesto preparar el corazón, han supuesto una preparación intelectual y humana para intentar amar como Cristo ama. Al final nuestra vida de sacerdote se puede resumir en amar como Cristo ama, por lo tanto, estos años han supuesto intentar aprender a amar como Cristo, en la oración, en la entrega cotidiana de la vida, que será lo que hagamos cuando seamos sacerdotes, intentar amar donde el Señor nos ponga por medio de la Iglesia para intentar hacer presente a Cristo y su evangelio en el mundo.

A lo largo de este periodo de discernimiento y formación ¿Cómo has vencido el miedo y la duda?

Me gusta comparar el tiempo de Seminario como un tiempo de noviazgo, cuando uno vive una relación el miedo y la duda sobre si será la persona correcta, si se podrá ser fiel para toda la vida, pues se descubre en el trato con la otra persona. Durante estos años de formación es cierto que vienen miedos, sobre todo no tanto con lo que uno encontrará fuera sino con lo que tiene dentro. Con mi pobreza y lo poco que soy ¿cómo voy a ser fiel?, la respuesta es que uno no es fiel, pero Dios si lo es y me lo demuestra cada día. En estos años me han ayudado dos cosas, en primer lugar el trato con los hermanos, saber que donde yo no llego llega mi hermano, lo que yo no puedo lo puede el otro, saber que estoy acompañado, no vivo este periodo solo y no viviré mi sacerdocio solo sino que lo vivo en compañía de otros a los que el Señor también ha llamado y que vienen en ayuda de mi debilidad muchas veces.

En segundo lugar, me han ayudado mucho también los formadores que nos han acompañado durante estos años.

¿Qué modelo pastoral de los sacerdotes que conoces te ha impresionado más? 

Podemos decir que hay muchos modelos pastorales, muchas formas de aceptar la misión que el Señor nos encomienda, pero al final el modelo pastoral de cualquier cura es el de Cristo, que no es otro que estar.

Nuestra misión como sacerdotes será estar en una parroquia amando al modo de Cristo en cualquier momento de nuestra vida

Tras el Sínodo de los Obispos y con la corresponsabilidad de los laicos ¿Cómo imaginas la Iglesia del futuro?

La Iglesia del futuro será como la de todos los tiempos, una Iglesia que intenta poner a Cristo en el centro y que intentar extender el misterio que ha descubierto, que Dios está vivo. La misión de la Iglesia es evangelizar que Dios vive.

La Iglesia hoy día está siendo cada vez más consciente de este proceso sinodal que estamos viviendo, el sínodo que se ha vivido durante toda la historia, que no es otro que caminar juntos hacia una meta común, el cielo, y esto va tomando cada vez más importancia en nuestras comunidades.

Manuel Millán Serrano

Tu etapa de formación termina ¿Qué ha supuesto tu paso por el Seminario? ¿Cómo describirías estos años y que destacarías?

Han sido catorce años, entré con doce años al Seminario Menor, allí estuve seis años y estudié ESO y Bachillerato y en el Seminario Mayor he estado ocho años. No me arrepiento de haber entrado con doce años y no cambiaría por nada del mundo estos catorce años, que si tuviera que resumir en cuatro palabras diría que me han ayudado a enamorarme más de Cristo y a conocer mejor al Señor; a conocerme a mí mismo; a querer más mi vocación y la fraternidad, el compartir con la gran familia del Seminario.

A lo largo de este periodo de discernimiento y formación ¿Cómo has vencido el miedo y la duda?

Confiando en el Señor. Una vez me dijeron que el miedo es una falta de confianza en Dios y es verdad, cuando uno confía plenamente en Dios ve que Dios todo lo puede y no tienen miedo a nada. Es verdad que el miedo y la duda son algo humano y por eso el Señor te va poniendo formadores y compañeros que te ayudan a ver las cosas, confiando plenamente en el Señor, Él te va poniendo la gente necesaria para que tu vayas siguiendo su camino.

¿Qué modelo pastoral de los sacerdotes que conoces te ha impresionado más?

Han sido muchos los sitios donde he estado de pastoral y cada sitio y sacerdotes son diferentes, no hay ningún sacerdote igual y no hay un modelo de sacerdote perfecto pero de cada uno me he quedado con una cosa buena: el amor a los enfermos; visitar a los niños de catequesis; la preparación de la liturgia; la colaboración con los laicos. Cada uno me ha enseñado algo bueno que me va a servir el día de mañana cuando yo esté en la parroquia.

Tras el Sínodo de los Obispos y con la corresponsabilidad de los laicos ¿Cómo imaginas la Iglesia del futuro?

Una Iglesia en la que todos ponemos nuestro granito de arena. Tenemos que darnos cuenta que la Iglesia no es algo solamente de los curas, o de los laicos o de la vida religiosa. Todos tenemos a Cristo en el centro de nuestra vida, que es el que lleva la Iglesia, y cada uno desde nuestra vocación debemos aportar ese granito de arena que hace que la Iglesia sea mucho más rica.

Abraham Luque García

Tu etapa de formación termina ¿Qué ha supuesto tu paso por el Seminario? ¿Cómo describirías estos años y que destacarías?

Por resumirlo en una palabra mi paso por el Seminario ha sido un crecimiento, desde que entré la Menor con doce años he ido creciendo físicamente, también un crecimiento espiritual, por medio de la oración ya que fue en el Seminario donde empecé a cuidar la vida espiritual. También un crecimiento como persona y como cristiano. Si me tuviera que quedar con algo del Seminario me quedaría con la fraternidad porque hemos pasado muy buenos momentos, pero también malos, en los que además de contar con la ayuda del Señor, tienes al resto de hermanos que te acompañan, te animan y te cuidan.

A lo largo de este periodo de discernimiento y formación ¿Cómo has vencido el miedo y la duda?

Por medio de dos ayudas; la primera la ayuda del Señor. Cuando vienen momentos de tentación, primero presentárselos a Él; por otro lado, a la Iglesia, que será nuestra esposa, por medio de la ayuda de los formadores, hay que abrir el corazón y contárselo a ellos. Con la ayuda del Señor y de la Iglesia esas dudas se disipan porque pones tu confianza en el Señor.

¿Qué modelo pastoral de los sacerdotes que conoces te ha impresionado más?

El modelo sacerdotal sería Jesucristo Buen Pastor, que en la Iglesia se encarna en la figura de los sacerdotes. Si tuviera que quedarme con algún sacerdote me quedaría con D. Ramón, que fue el que me llevó al Seminario, y con mi actual párroco, Ángel Cristo. Son dos edades muy diferentes, Ramón para hacer sus bodas de oro y Ángel Cristo con trece años de sacerdote. Son dos sacerdotes totalmente diferentes pero que me han ayudado a encontrarme con Jesucristo y a seguirle.

Tras el Sínodo de los Obispos y con la corresponsabilidad de los laicos ¿Cómo imaginas la Iglesia del futuro?

La Iglesia del futuro sería la Iglesia del presente, una Iglesia que como nos explicaban en el Seminario Menor es como una orquesta, cada cristiano tiene un instrumento. El sacerdote ocupará el lugar del director de la orquesta pero si falta un instrumento la orquesta está incompleta; si falta un cristiano en nuestra Iglesia a ese mar que es la Iglesia le faltaría una gota de agua.








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Barcelona acoge el Encuentro de Laicos de Parroquias de Acción Católica General

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El colegio La Salle Bonanova de Barcelona acogerá a los participantes de este encuentro –niños, jóvenes y adultos– que se celebrará entre los días 21 al 24 de julio, convocados bajo el lema «Anunciar a Jesucristo con obras y palabras», con la que se quiere profundizar en cómo tiene que ser ese anuncio para ayudar a que nuestras acciones y estructuras se vuelvan cada vez más misioneras ya que, según expresa en el portal web de la organización, «en nuestra sociedad Cristo no es conocido y urge que tomemos conciencia de nuestra misión evangelizadora».

Además, profundizarán en el compromiso del laicado en la sociedad y en la necesidad de acompañar a las personas que se implican en los distintos ambientes en los que se sienten llamados a transformar el mundo. Estos contenidos estarán acompañados de momentos de oración y de celebración de la Eucaristía.

Información y suscripción en la web de Acción Católica General.

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«He descubierto la importancia de la confianza en el Señor»

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Gema Rosemary profesó el domingo sus votos solemnes en la Orden de Santa Clara, en el monasterio de Caravaca de la Cruz.

El pasado domingo, sor Gema Rosemary del Corazón de María Sepet Chalí profesó los votos solemnes en el monasterio de Santa Clara de Caravaca de la Cruz. El obispo de Cartagena presidió la Eucaristía en la solemnidad de la Santísima Trinidad. En su homilía se dirigió a la novicia para hacerle un recordatorio: «Nunca estarás sola, el Señor está contigo». A continuación, sor Gema se postró en el suelo mientras sus padrinos echaron sobre ella pétalos de flor. «En ese momento solo pensaba en mi deseo de entrega total al Señor con un especial recuerdo a los enfermos de cáncer», recuerda sor Gema. Tras la lectura y firma de la fórmula de la Orden de Santa Clara, la abadesa le impuso la corona de espinas, «como símbolo de que hay que vivir el sufrimiento de la gente y del mundo», y le hizo entrega del anillo, «con el que desposarse con el Señor de manera definitiva».

En este día tan importante para ella, quiso agradecer a los presentes su compañía, especialmente a las hermanas por haberla aceptado y ayudado a crecer en su vocación y discernimiento. A pesar de la distancia, su familia pudo seguir la celebración a través de internet.

Sor Gema recordó cómo surgió su vocación:

Nací hace treinta años en Guatemala y soy la mayor de nueve hermanos educados en la fe. Mis padres están muy contentos porque siempre han querido tener una hija religiosa. Mi vocación surgió cuando era pequeña, al conocer que una familiar iba a ingresar en el convento de las hermanas clarisas en Caravaca de la Cruz. Con nueve años, su marcha me dejó pensativa. Un tiempo después, cuando yo había cumplido catorce, regresó de visita. Volverla a ver me impresionó y decidí que cuando fuese mayor sería como ella. Aunque en ese momento ya estaba dispuesta a marcharme con esta religiosa, me dijo que por la edad aún no podía, pero que tendría la oportunidad cuando tuviera los años suficientes. Pasado un año, dejé de tener contacto con las hermanas, me surgieron dificultades que hicieron que me replanteara si en verdad esto era para mí. Le di la espalda a mi vocación.

Llegó el día en el que me atreví a volver a llamar a las clarisas. Yo pensaba que ya había perdido mi oportunidad, pero me contestaron que aquí siempre tendría las puertas abiertas. Así revivió mi vocación. Yo tenía el sueño de consagrarme al Señor, de servir a las hermanas, tenía la ilusión de estar ya en Caravaca.

Al cumplir los veinte, ingresé en el convento y descubrí que la vida aquí no era como yo la había imaginado pues, nada más llegar, me hicieron un control médico y me diagnosticaron una enfermedad contra la que batallar. Mi expectativa de servir a las hermanas se dio la vuelta, para tener que ser yo a la que ellas cuidaran. Cuando me dijeron que me tenían que operar pasé mucho miedo, porque en mi tierra, si te hacen una intervención de este tipo, estás entre la vida y la muerte. Las hermanas fueron un apoyo imprescindible para poder salir adelante, dándome ánimo y las fuerzas necesarias.

Cuando terminé la etapa del postulantado pedí el noviciado. Las hermanas me aceptaron en la comunidad y tomé el hábito en 2014. Estaba muy contenta, con ganas de vivir, de seguir adelante a pesar de lo que estaba pasando. En 2016, cuando ya estaba para profesar los votos simples, me tuvieron que volver a intervenir. Pero llegó el día y yo estaba muy contenta, al igual que mis padres.

Cuando se pasa por momentos de dificultad no queda más remedio que ser fuerte, ver las cosas de otra manera y darse cuenta de que el Señor está siempre al lado. La debilidad humana hace que a veces no sintamos su compañía, pero sí está. Durante este tiempo he descubierto la importancia de la confianza en el Señor y de la oración de las hermanas, también de otros conventos.

Hace un año le conté a la superiora que ya había tomado la decisión de dar mi vida definitiva al Señor y le pedí que tuvieran en cuenta en el capítulo conventual si podía admitirme la comunidad. No esperaba que la resolución llegara tan rápida y, cuando me comunicaron la noticia de mi admisión, empecé a llorar de emoción.  En las últimas revisiones me han comunicado que tengo otra enfermedad. He vuelto a sentir el miedo, a pasar por los tratamientos… ¡Pero llegó el día de la profesión solemne! El Señor me ha designado esto, mi cruz es la enfermedad. Cada uno lleva la suya y esta es mi vida, que comienza nueva para mí, en la que seguir luchando con ilusión. Confío en Dios, Él me ha dado las fuerzas para continuar.

  Galería de imágenes Fotografías: Láser Fotógrafos

 

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“Contigo siempre”: soledad por dulzura

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La diócesis de Córdoba contará a partir de ahora con una nueva fundación de cuidados paliativos que llevará por nombre “Contigo siempre”. La iniciativa surgió de fieles de la parroquia de la Consolación de Córdoba, quienes sintieron la necesidad de crear esta fundación para el acompañamiento de las personas que lo necesitan en momentos de enfermedad y dolor, a veces cercanos a la partida. Un deseo que le hicieron llegar al párroco, Joaquín Pérez, que les apoyó y animó en todo momento a poner en marcha esta iniciativa. En la actualidad son cuatro personas las que conforman la fundación, el sacerdote, Joaquín Pérez, Marisa Bonilla, Pedro Jiménez, Consuelo Tirado y Ana Ranero. Tienen la idea de reunir un equipo de voluntarios para ponerse al servicio de personas que quizás no encuentren otro modo de ser acompañadas para poder ayudar también a las familias. Está en marcha y desde ya podemos aprender un poco más gracias a Marisa Bonilla que nos acerca las funciones y objetivos de “Contigo siempre”

Sentir el dolor de quienes conocemos nos impulsa siempre a buscar, a ponernos en camino, a lograr de alguna manera ayudar. Cuando estamos ante un enfermo esa ayuda puede ser especializada pero no siempre llega ¿por qué nace esta nueva fundación, cuál es el objetivo?

Nace de una luz que tuvo Consuelo que como médico estaba viendo las necesidades actuales de personas mayores por las que la medicina no puede desgraciadamente hacer nada y se sienten solas y abandonadas. Los cuidados paliativos surgieron precisamente para atender a estas personas porque la medicina en los últimos tiempos se ha especializado de tal manera que los médicos lo que ven es la enfermedad pero no ven al enfermo. Cuando ya no pueden hacer nada por curar al enfermo ellos, en principio se sienten además fracasados, y abandonan. Es el momento en el que tienen que entrar los especialistas en cuidados paliativos y atender a esas personas que en el final de su vida tienen una serie de necesidades, no solo médicas sino físicas, psíquicas, espirituales y ayudarlas a dar el paso tan importante que es la muerte. También hay que ayudar a sus familiares que muchas veces no saben encajar la situación, no saben aceptarla y casi que entorpecen porque no quieren dejar ir a la persona, cuando la persona es que tiene ya que marcharse porque ha llegado su día.

Esa fue la razón de que nos pusiésemos en marcha para intentar atender a todas estas personas que están en estado terminal y por las que la medicina hoy por hoy no puede hacer nada para curarlas pero si para acompañarlas y para cuidarlas.

¿Cómo se articula esta ayuda? Porque vosotros recibís la información de que hay alguna persona en esta situación y ¿os lanzáis, llamáis a la puerta o primero hacéis una consulta previa?

Estamos recién nacidos, pero ya tenemos incluso algún voluntario que está acompañando a estas personas que están desesperadas e incluso pensando en solicitar la eutanasia, hablan y los acompañan y cambian totalmente las cosas. La idea es ir recibiendo a todas las personas que nos vayan llegando, solamente con salir el cartel anunciador ya nos están llamando.

¿Tenéis alguna experiencia ya de cómo cambia la percepción de estas personas de su realidad y la inmediata muerte y de la de su propia familia?

Gracias a un voluntario la vida de un chico con una enfermedad incurable y la de su madre ha cambiado porque ahora está contento, está aceptando la situación, que tiene una enfermedad que también puede ser una causa o una razón para dar gracias a Dios y ofrecerla para que sirva para algo y sin pensar en acelerar su muerte. Es una experiencia muy gratificante y hemos conocido experiencias maravillosas de médicos que te van contando cómo cambia la situación en el momento que una persona está atendida debidamente. Cuando le quitas el dolor, cuando consigues que duerma, está en su casa, que es fundamental, en su ambiente y rodeado de su familia y sin sufrimiento físico.  Se prepara también a los familiares para que vayan entendiendo el proceso que va a seguir el enfermo, como para que le den autorización para marcharse. Es una época que tiene su belleza porque es muy real, no hay mentiras, el enfermo sabe cuál es su situación y sus familiares también. Puedes decir lo que no has dicho nunca, como decirle a un padre o un hijo que lo quieres. Es un momento de mucha paz, de mucha dulzura y de ir aceptando que ha llegado el momento de dar el paso hacia otra cosa que no es mala, la muerte es llegar a un sitio donde se va a estar mucho mejor.

En muchas ocasiones se aleja la idea de la eutanasia

Está comprobado que más del 98% de personas que en un momento dado se plantean la eutanasia cuando reciben cuidados paliativos de calidad renuncia a ella.

¿Cómo os dejáis ayudar? porque tampoco debe ser fácil encontrarte en un lugar donde el dolor supera la expectativa de la vida en algunas ocasiones se inicia un proceso que puede ser largo aunque es corto por la enfermedad ¿cómo asumís esa realidad en vuestras vidas?

Lo primero que tenemos que hacer y es lo primero que va a hacer la fundación es hacer unos cursos de formación para los voluntarios porque efectivamente no es tan fácil. Lo primero que hay que hacer es un recorrido hacia el interior de uno mismo para ser capaz de amar y de compadecer y compartir el dolor, pero no es fácil.

La idea es también conseguir un grupo de médicos, enfermeros, psicólogos y sacerdotes por si la persona lo quiere, especializados en cuidados paliativos.

La fundación se va a presentar en la Diócesis de manera oficial el 21 de junio, a las 21:00 horas, en la parroquia de la Consolación, con la asistencia de nuestro obispo, monseñor Demetrio Fernández, ¿qué condiciones deberá reunir el voluntariado?

Habrá muchos sectores, desde la persona que no tiene nada que ver con la medicina pero que es capaz de compadecerse y de compartir con la persona el dolor y normalmente son personas que han sufrido en su vida y que han pasado por momentos complicados y saben lo que está pasando el enfermo, hasta sanitarios, y habrá que hacer un equipo que esté contratado por la fundación que sean los que hagan la labor sanitaria expresamente.

Por último, queremos agradecer el apoyo incondicional que hemos recibido desde el principio del Obispo.

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Alegría ante la primera visita del obispo a Vélez Rubio para confirmar a un numeroso grupo de jóvenes

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La comunidad parroquial de Vélez Rubio recibía, con alegría, la primera visita de nuestro Obispo Antonio, en la tarde del 16 de junio, quien administraba el Sacramento de la Confirmación 56 jóvenes y 8 adultos de esta comunidad parroquial.

Don Antonio, con entrañable cercanía, saludó a todos al llegar y nada más entrar en el bello templo velezano exclamó: “Tenéis una iglesia muy bonita”. Ya durante la celebración animó a los jóvenes a que no dejen de frecuentar la iglesia. Fue una gran fiesta parroquial, ya que no solo estaban presentes los confirmandos, padrinos y sus familiares, sino también una alta representación de la comunidad parroquial y sus distintos grupos. Al finalizar, el párroco, D. Javier Ruiz Pérez agradeció al obispo su presencia y cercanía.

Una vez concluida la celebración visitó la comunidad de las religiosas de María Inmaculada (Misioneras claretianas) y compartió una sencilla cena con las catequistas.

Los confirmandos y toda la comunidad han vivido esta jornada con el Obispo como un gozo y regalo del Espíritu.

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