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La Iglesia Nacional Española de Roma celebra la fiesta de Santiago

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El sacerdote diocesano, Jesús Daniel Alonso, acompañó al cardenal Luis Francisco Ladaria en la ceremonia

La Iglesia Nacional Española de Roma celebra cada año la fiesta de Santiago, patrono de España, con mucha solemnidad. Este año el cardenal Luis Francisco Ladaria, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha sido el encargado no solo de presidir la eucaristía, sino también de presidir la inauguración de la obra de restauración de la fachada de la Iglesia Nacional Española, restaurada recientemente, así como de la bendición de la misma.

El cardenal estuvo acompañado en la eucaristía de un grupo de sacerdotes españoles entre los que se encontraba el presbítero diocesano, Jesús Daniel Alonso, vicario episcopal de la ciudad.

Asimismo, la ceremonia contó con la presencia de Isabel Celaá, embajadora de Espala ante la Santa Sede y un nutrido grupo de representantes diplomáticos.


FOTOS: Nova Opera – Ricardo Rossi

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Las Comendadoras celebran a su patrono, Santiago

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Las Comendadoras celebran a su patrono, Santiago

En el día de la solemnidad del Santiago apóstol, patrón de España, la Orden de las Comendadoras albergó una Eucaristía en su convento del barrio del Realejo.

A las 11 horas se dieron allí cita varios representantes del cuerpo del ejército, junto a la acostumbrada multitud de fieles granadinos que celebran con ellas esta solemnidad, llenando la pequeña iglesia de las comendadoras.

Entre los militares se encontraba el teniente general, acompañado de un general y de varios oficiales del MADOC. También asistió el comisario provincial del Cuerpo Nacional de Policía y del distrito centro de Granada.

SER LEVADURA EN EL MUNDO

Junto a otros veinte presbíteros de distintas partes de la diócesis, presidió esta Misa el capellán de las Comendadoras, D. Román Martínez, que quiso recordar el carácter apostólico de la fe cristiana. “Los cristianos no estamos llamados a ser más que los demás, estamos llamados a ser la levadura que sostiene a los demás”, afirmó. “Somos personas que nos fundimos con el mundo, porque somos parte de este mundo, débiles en este mundo pero llamados a compartir con todos el consuelo de Dios, la firmeza de la fe, en un mundo en el que precisamente todo se tambalea continuamente, todo se relativiza”.

“Quien ha conocido el misterio de Dios, quien ha conocido el don de Dios, no puede usarlo en absoluto para subirse de grado, para ponerse más arriba, sino para comprender que el amor de Dios inmenso, nos acerca a todos, seamos de la clase que seamos”, concluyó ante la atención de los fieles, entre los que también se encontraban presentes varios miembros de la Hermandad del Huerto, encargados del montaje del altar de culto con la imagen de Santiago frente al altar mayor.

El coro de las comendadoras animó esta Eucaristía en la que el capellán insistió en la importancia de ser semilla de Dios dentro de la sociedad, con esa misma fe apostólica del protomártir de España.

Concluido el tiempo de mayor peligro de la pandemia, el convento pudo volver a ofrecer un ágape fraterno abriendo las puertas de los comedores de la hospedería. Allí volvieron a celebrarlo con todos los presentes, compartiendo bebidas y dulces preparadas por las propias hermanas comendadoras. 

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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El Nuncio del Papa visitará Lucena en el mes de octubre

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Monseñor Bernardito Auza presidirá la misa de Ofrenda de Frutos a la Virgen de Araceli


El Nuncio apostólico de Su Santidad en España, monseñor Bernardito Auza, ha confirmado a la Real Archicofradía de María Santísima de Araceli de Lucena (Córdoba) que el próximo 16 de octubre presidirá en la localidad la misa de Ofrenda de Frutos a la Virgen de Araceli, patrona de Lucena.
Según ha informado la archicofradía lucentina en una nota, la comunicación del representante pontificio en España es el resultado de la solicitud realizada por la junta de gobierno de la archicofradía aracelitana el pasado 8 de junio, para que fuese el embajador del Papa en España quien oficiara la celebración de los frutos del campo ante la patrona del campo andaluz.

 

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Los mayores, un don para la vida

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Cada año, con motivo de la festividad de San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús, el Señor, sentimos que es necesario y agradecido volver la mirada y el corazón hacia nuestros mayores.

De un lado para agradecer, de otro para reconocer y de otro para aprender, porque ellos son transmisores de vida, “la memoria de los pueblos, la memoria de la familia y en muchas ocasiones los transmisores de la fe”.

Y no sólo son la memoria, son sobre todo la sabiduría escondida de un pueblo. Así lo expresa este año el Papa Francisco. Por eso el pueblo que escucha a sus mayores es un pueblo que no muere, sigue creciendo y aprendiendo… son una riqueza increíble y fuente de saber que no se aprende en los libros o en la universidad. ¡Ellos son escuela de vida!

Por eso no me cansaré de repetir cada año que queriéndoles y agradeciéndoles, “no les damos nada especial, no les hacemos ningún favor, simplemente les devolvemos lo que ellos han sembrado y han dado”. Ellos han dado primero. No olvidemos que “nosotros seremos mayores dentro de muy poco” y que nos gustaría ser bien tratados, bien considerados, respetados. La pregunta es, ¿lo estamos haciendo dignamente con nuestros mayores? “Haz hoy con ellos lo mismo que te gustaría que hicieran mañana contigo”.

Cuando la soledad ahoga, cuando la soledad adelanta sufrimiento… y el mayor se siente desplazado, incluso olvidado y ve llegar a un hijo o una hija o un nieto a visitarles , y se parten en un abrazo de ternura con el mayor, le estás dando lo mejor y más necesario, aliento de vida y cariño; ves su rostro y sus ojos húmedos de emoción, de cercanía y agradecimiento que es la mejor medicina para el cuerpo y para el alma.

No podemos perder los sentimientos o darles más valor al tiempo y al trabajo. A veces nos excusamos en el “no puedo, no tengo tiempo”, aun sabiendo que es una justificación pobre.

Tal vez seamos eslabones de la cadena social que rige: una cultura que elogia sobremanera lo joven, lo fuerte, lo guapo, el rendimiento, la eficacia y cuando llega el crepúsculo de la vida “arrinconamos” por estorbo o descarte, olvidando que por ahí pasaremos nosotros, y si no pasamos malo.

Un año más debemos reafirmar y renovar nuestro compromiso de reconocer que nuestros mayores son la “historia viva”, “la entrega sacrificada por unos hijos”, y que somos rama y tallo de su árbol y herencia de sus valores sembrados en nuestro corazón.

Ellos han sido el pan de la vida que se partió y se repartió por sus hijos durante toda la vida. Incluso en la vejez, “seguirán dando fruto” como dice el Salmo 92.15.

El que no trata bien a un mayor es un ingrato y un miserable, y el que lo deja para el final, se equivoca. Lo que tengas que hacer “hazlo en vida”, las flores, los agasajos, los detalles, el cariño, y el “qué bueno era”,… ahora, siempre ahora, en vida, amigo en vida. Una sonrisa al final de los días colma el alma y llena de bendiciones.

Cuando ves sonreír a un mayor es como una ráfaga de vida que se te clava para siempre. Por eso “quiérelos mucho, que ellos también saben querer”,… en vida amigo, en vida.

Hoy, más que nunca, “dile que le quieres”.

 

Julio Millán 
Sacerdote y Pte. Edad Dorada Mensajeros de la Paz

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Las niñas de Acción Católica son de Pechina

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Junto a nuestro Obispo Antonio y un total de 52 personas, la parroquia de Pechina ha participado en el encuentro de 43 Diócesis de toda España, bajo el lema: “Anunciar a Jesucristo con obras y palabras”. Cuatro adultos, 3 niñas y su párroco, D. Jesús Tortosa han vivido una experiencia inolvidable. Ponencias, trabajos en grupos y talleres didácticos, oración comunitaria y las Eucaristías han llenado de gozo a más de 1000 asistentes. Han podido descubrir la riqueza de la Iglesia, con niños, jóvenes y adultos comprometidos con su fe y la evangelización de nuestros pueblos y ciudades.

Cabe destacar que las tres niñas más pequeñas en edad han sido las de Pechina, que han convivido con otros niños y niñas en un clima de diversión y presentación del mensaje adaptado por monitores de gran experiencia y pedagogía.

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La Facultad de Teología ofrecerá nuevas becas a sus estudiantes miembros de la vida consagrada gracias a la Orden de San Clemente

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La Facultad de Teología ofrecerá nuevas becas a sus estudiantes miembros de la vida consagrada gracias a la Orden de San Clemente

Ayer lunes, 25 de julio, la Facultad de Teología san Isidoro de Sevilla firmó un convenio de colaboración con la Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando, mediante el cual esta se compromete a ofrecer anualmente becas para el alumnado.

Las ayudas llevarán el nombre de ‘Sor Mercedes Vázquez-Leño Bascón’ y sufragarán los gastos de matrícula en los ciclos oficiales o los títulos propios de la Facultad de Teología a estudiantes miembros de la vida consagrada que sufran necesidades económicas. De este modo, se refuerza la colaboración entre las dos instituciones, que viene desarrollándose desde 2017.

Sor Mercedes Vázquez-Leño Bascón fue madre priora del Monasterio de Santa Paula. “La Palabra de Dios, siguiendo la tradición de San Jerónimo, fue su alimento y Jesucristo su maestro. La oración y su amor a la verdad la condujeron por el camino de la humildad y de la misericordia, quedando la caridad como el sello de su vida”, señalan fuentes de la Orden.

Sobre la Orden de Caballeros de San Clemente y San Fernando

Fue aprobada en 1996, bajo el pontificado de San Juan Pablo II y con el impulso del arzobispo de Sevilla, el cardenal Carlos Amigo.

Las Constituciones de la Orden recogen la tradición y el espíritu cristiano del santo rey Fernando III, origen espiritual de los primeros caballeros fernandinos. Estos hombres habían jurado la regula de San Benito y ejecutaban labores de protección a los monasterios de vida contemplativa. Además, con el apoyo de los papados de Honorio III, Gregorio IX (1227-1241) e Inocencio IV (1243-1254), recuperaron la ciudad de Sevilla el 23 de noviembre de 1248 para el culto cristiano.

Los caballeros, bajo el lema ‘In Deo speravi’, erigieron capilla a su titular en el Alcázar y otra en el poniente de lo que es hoy la iglesia de San Clemente, Sagrario de la Catedral Metropolitana, donde actualmente se encuentra la sede canónica de esta Orden.

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Los Noguerones acoge la reunión de la Hospitalidad de Lourdes

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La parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios de la localidad giennense de Los Noguerones, acogió, en la tarde de ayer, la primera de las reuniones que la renovada Hospitalidad Diocesana de Lourdes, está celebrando con el objetivo de programar el próximo curso pastoral.

La reunión, en la que se dieron cita hospitalarios de La Bobadilla, Martos, Los Noguerones, Jaén, Alcaudete, Úbeda y Canena, estuvo presidida por su Consiliario, D. Joaquín Rafael Robles, que inició la misma con el rezo del Ave María ante la patrona, Ntra. Sra. de los Remedios.

Seguidamente, y al igual que la anterior semana realizaron los jóvenes hospitalarios, se hizo balance de la peregrinación diocesana 2022, y se aportaron nuevas propuestas y sugerencias para la próxima peregrinación a Lourdes, que tendrá lugar del 2 al 7 de julio de 2023.

Se repartieron tareas y responsabilidades, y se fijó en 20 el número de plazas para enfermos. El Consiliario comunicó la fecha de la celebración del Encuentro de Hospitalarios Jóvenes de Andalucía, cuya sede será Jaén y el Congreso Nacional que se celebrará en octubre en la diócesis de Albacete. También, se recordaron las fechas claves en nuestro calendario de hospitalarios, como el 11 de febrero, Festividad de Ntra. Sra. de Lourdes, la Pascua del Enfermo, o las eucaristías que mensualmente son celebradas en distintas parroquias de nuestra Diócesis.

Para el nuevo curso pastoral se programarán celebraciones en más parroquias de nuestra diócesis con la finalidad de dar a conocer la hospitalidad. Igualmente se acordaron realizar iniciativas para recaudar fondos que redunden en las actividades propias de la hospitalidad, principalmente en la atención a los enfermos que peregrinarán el próximo año, sin olvidar que la hospitalidad se enmarca en la pastoral social y promoción humana del recientemente renovado organigrama de la Diócesis.

Finalmente, el encuentro concluyó con una foto de familia en la portada de la parroquia de Los Noguerones. Desde la Hospitalidad Diocesana de Lourdes os animamos a participar en nuestras próximas convocatorias que serán anunciadas a través de nuestras redes sociales:

Facebook: Hospitalidad de Lourdes-Diócesis de Jaén

Instagram: @hospitalidadjoven_jaen

 

 

Hospitalidad Diocesana Ntra. Sra. de Lourdes Jaén

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Niños de la parroquia Santa Victoria de Córdoba disfrutan de un campamento en Ibros

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El párroco de la parroquia de Santa Victoria de Córdoba, D. Manuel Navarro, participó, junto a los niños de su comunidad en un campamento en las instalaciones de la Casa del Monaguillo de Ibros, por quinto año. “Hemos pasado unos días muy agradables, aunque calurosos. Tanto el equipo de monitores como los niños y niñas de la parroquia tenían especiales ganas de campamento después de la interrupción por la pandemia”, explicaba el párroco.

Quien ha asegurado que “gracias a Dios, todo ha ido bien y hemos podido disfrutar de las magníficas instalaciones de la casa, que ofrecen por un lado el confort de las instalaciones y por otro una variedad de rincones que permite tener sensación de amplitud dentro de un recinto cerrado. Hemos procurado cultivar los dos aspectos de un encuentro lúdico festivo y por otra parte atender el sentido cristiano del campamento con momentos de oración y catequesis”.

Del mismo modo, también han compartido la celebración de la misa del domingo en la parroquia de San Pedro y San Pablo. “Es de agradecer la atención recibida por parte de D. Juan Antonio Marín, su párroco y responsable de la casa, por su amabilidad y porque en todo momento ha estado pendiente de que estuviéramos bien atendidos en las incidencias de la casa”.  Para los niños y niñas de Córdoba, “Ha sido una experiencia inolvidable y nos quedamos con ganas de repetir, así que me despido con un ‘hasta la próxima’”.

 

Manuel Navarro
Párroco de Santa Victoria de Córdoba

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Luis Ortega: «La Iglesia no sería lo mismo sin las cofradías».

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NoticiaEl Espejo

Luis Ortega durante el programa

Publicado: 26/07/2022: 199

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El Espejo

Luis Ortega, natural del popular barrio malagueño de la Cruz Verde, feligrés de la parroquia de El Buen Pastor y miembro de las cofradías de la Misericordia y el Prendimiento, ha sido el invitado de este viernes en El Espejo de COPE Málaga. Luis ha hablado sobre la importancia de las cofradías para la Iglesia: «Yo no me imagino el barrio de la Victoria sin el Rocío o la Trinidad sin el Cautivo –ha afirmado–. Las cofradías hacen bien a la Iglesia porque permiten que tu fe salga a la calle». Asimismo, ha opinado que «la Iglesia hace mucho bien a los barrios. Hay caridad, reparte a los necesitados, las cofradías y las parroquias ayudan a la gente».

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Mensaje del papa Francisco a los abuelos y mayores

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Mensaje del Santo Padre Francisco para la II Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores celebrada el 24 de julio de 2022.

«En la vejez seguirán dando fruto» (Sal 92,15)

Querida hermana, querido hermano:

El versículo del salmo 92 «en la vejez seguirán dando frutos» (v. 15) es una buena noticia, un verdadero “evangelio”, que podemos anunciar al mundo con ocasión de la segunda Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores. Esto va a contracorriente respecto a lo que el mundo piensa de esta edad de la vida; y también con respecto a la actitud resignada de algunos de nosotros, ancianos, que siguen adelante con poca esperanza y sin aguardar ya nada del futuro.

La ancianidad a muchos les da miedo. La consideran una especie de enfermedad con la que es mejor no entrar en contacto. Los ancianos no nos conciernen —piensan— y es mejor que estén lo más lejos posible, quizá juntos entre ellos, en instalaciones donde los cuiden y que nos eviten tener que hacernos cargo de sus preocupaciones. Es la “cultura del descarte”, esa mentalidad que, mientras nos hace sentir diferentes de los más débiles y ajenos a sus fragilidades, autoriza a imaginar caminos separados entre “nosotros” y “ellos”. Pero, en realidad, una larga vida —así enseña la Escritura— es una bendición, y los ancianos no son parias de los que hay que tomar distancia, sino signos vivientes de la bondad de Dios que concede vida en abundancia. ¡Bendita la casa que cuida a un anciano! ¡Bendita la familia que honra a sus abuelos!

La ancianidad, en efecto, no es una estación fácil de comprender, tampoco para nosotros que ya la estamos viviendo. A pesar de que llega después de un largo camino, ninguno nos ha preparado para afrontarla, y casi parece que nos tomara por sorpresa. Las sociedades más desarrolladas invierten mucho en esta edad de la vida, pero no ayudan a interpretarla; ofrecen planes de asistencia, pero no proyectos de existencia [1].  Por eso es difícil mirar al futuro y vislumbrar un horizonte hacia el cual dirigirse. Por una parte, estamos tentados de exorcizar la vejez escondiendo las arrugas y fingiendo que somos siempre jóvenes, por otra, parece que no nos quedaría más que vivir sin ilusión, resignados a no tener ya “frutos para dar”.

El final de la actividad laboral y los hijos ya autónomos hacen disminuir los motivos por los que hemos gastado muchas de nuestras energías. La consciencia de que las fuerzas declinan o la aparición de una enfermedad pueden poner en crisis nuestras certezas. El mundo —con sus tiempos acelerados, ante los cuales nos cuesta mantener el paso— parece que no nos deja alternativa y nos lleva a interiorizar la idea del descarte. Esto es lo que lleva al orante del salmo a exclamar: «No me rechaces en mi ancianidad; no me abandones cuando me falten las fuerzas» (71,9).

Pero el mismo salmo —que descubre la presencia del Señor en las diferentes estaciones de la existencia— nos invita a seguir esperando. Al llegar la vejez y las canas, Él seguirá dándonos vida y no dejará que seamos derrotados por el mal. Confiando en Él, encontraremos la fuerza para alabarlo cada vez más (cf. vv. 14-20) y descubriremos que envejecer no implica solamente el deterioro natural del cuerpo o el ineludible pasar del tiempo, sino el don de una larga vida. ¡Envejecer no es una condena, es una bendición!

Por ello, debemos vigilar sobre nosotros mismos y aprender a llevar una ancianidad activa también desde el punto de vista espiritual, cultivando nuestra vida interior por medio de la lectura asidua de la Palabra de Dios, la oración cotidiana, la práctica de los sacramentos y la participación en la liturgia. Y, junto a la relación con Dios, las relaciones con los demás, sobre todo con la familia, los hijos, los nietos, a los que podemos ofrecer nuestro afecto lleno de atenciones; pero también con las personas pobres y afligidas, a las que podemos acercarnos con la ayuda concreta y con la oración. Todo esto nos ayudará a no sentirnos meros espectadores en el teatro del mundo, a no limitarnos a “balconear”, a mirar desde la ventana. Afinando, en cambio, nuestros sentidos para reconocer la presencia del Señor [2],  seremos como “verdes olivos en la casa de Dios” (cf. Sal 52,10), y podremos ser una bendición para quienes viven a nuestro lado.

La ancianidad no es un tiempo inútil en el que nos hacemos a un lado, abandonando los remos en la barca, sino que es una estación para seguir dando frutos. Hay una nueva misión que nos espera y nos invita a dirigir la mirada hacia el futuro. «La sensibilidad especial de nosotros ancianos, de la edad anciana por las atenciones, los pensamientos y los afectos que nos hacen más humanos, debería volver a ser una vocación para muchos. Y será una elección de amor de los ancianos hacia las nuevas generaciones» [3].  Es nuestro aporte a la revolución de la ternura [4],  una revolución espiritual y pacífica a la que los invito a ustedes, queridos abuelos y personas mayores, a ser protagonistas.

El mundo vive un tiempo de dura prueba, marcado primero por la tempestad inesperada y furiosa de la pandemia, luego, por una guerra que afecta la paz y el desarrollo a escala mundial. No es casual que la guerra haya vuelto en Europa en el momento en que la generación que la vivió en el siglo pasado está desapareciendo. Y estas grandes crisis pueden volvernos insensibles al hecho de que hay otras “epidemias” y otras formas extendidas de violencia que amenazan a la familia humana y a nuestra casa común.

Frente a todo esto, necesitamos un cambio profundo, una conversión que desmilitarice los corazones, permitiendo que cada uno reconozca en el otro a un hermano. Y nosotros, abuelos y mayores, tenemos una gran responsabilidad: enseñar a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo a ver a los demás con la misma mirada comprensiva y tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad haciéndonos cargo de los demás, y hoy podemos ser maestros de una forma de vivir pacífica y atenta con los más débiles. Nuestra actitud tal vez pueda ser confundida con debilidad o sumisión, pero serán los mansos, no los agresivos ni los prevaricadores, los que heredarán la tierra (cf. Mt 5,5).

Uno de los frutos que estamos llamados a dar es el de proteger el mundo. «Todos hemos pasado por las rodillas de los abuelos, que nos han llevado en brazos» [5];  pero hoy es el tiempo de tener sobre nuestras rodillas —con la ayuda concreta o al menos con la oración—, junto con los nuestros, a todos aquellos nietos atemorizados que aún no hemos conocido y que quizá huyen de la guerra o sufren por su causa. Llevemos en nuestro corazón —como hacía san José, padre tierno y solícito— a los pequeños de Ucrania, de Afganistán, de Sudán del Sur.

Muchos de nosotros hemos madurado una sabia y humilde conciencia, que el mundo tanto necesita. No nos salvamos solos, la felicidad es un pan que se come juntos. Testimoniémoslo a aquellos que se engañan pensando encontrar realización personal y éxito en el enfrentamiento. Todos, también los más débiles, pueden hacerlo. Incluso dejar que nos cuiden —a menudo personas que provienen de otros países— es un modo para decir que vivir juntos no sólo es posible, sino necesario.

Queridas abuelas y queridos abuelos, queridas ancianas y queridos ancianos, en este mundo nuestro estamos llamados a ser artífices de la revolución de la ternura. Hagámoslo, aprendiendo a utilizar cada vez más y mejor el instrumento más valioso que tenemos, y que es el más apropiado para nuestra edad: el de la oración. «Convirtámonos también nosotros un poco en poetas de la oración: cultivemos el gusto de buscar palabras nuestras, volvamos a apropiarnos de las que nos enseña la Palabra de Dios» [6].  Nuestra invocación confiada puede hacer mucho, puede acompañar el grito de dolor del que sufre y puede contribuir a cambiar los corazones. Podemos ser «el “coro” permanente de un gran santuario espiritual, donde la oración de súplica y el canto de alabanza sostienen a la comunidad que trabaja y lucha en el campo de la vida» [7].

Es por eso que la Jornada Mundial de los Abuelos y de los Mayores es una ocasión para decir una vez más, con alegría, que la Iglesia quiere festejar con aquellos a los que el Señor —como dice la Biblia— les ha concedido “una edad avanzada”. ¡Celebrémosla juntos! Los invito a anunciar esta Jornada en sus parroquias y comunidades, a ir a visitar a los ancianos que están más solos, en sus casas o en las residencias donde viven. Tratemos que nadie viva este día en soledad. Tener alguien a quien esperar puede cambiar el sentido de los días de quien ya no aguarda nada bueno del futuro; y de un primer encuentro puede nacer una nueva amistad. La visita a los ancianos que están solos es una obra de misericordia de nuestro tiempo.

Pidamos a la Virgen, Madre de la Ternura, que nos haga a todos artífices de la revolución de la ternura, para liberar juntos al mundo de la sombra de la soledad y del demonio de la guerra.

Que mi Bendición, con la seguridad de mi cercanía afectuosa, llegue a todos ustedes y a sus seres queridos. Y ustedes, por favor, no se olviden de rezar por mí.

Roma, San Juan de Letrán, 3 de mayo de 2022, fiesta de los santos apóstoles Felipe y Santiago.

FRANCISCO

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