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“Tenemos necesidad de Dios”

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Homilía del arzobispo de Granada, D. Javier Martínez, en la toma de posesión del nuevo párroco en la parroquia de la Encarnación en Santa Fe, el 24 de septiembre de 2022.

Querido Francisco, queridos Jorge e Israel;

Hace apenas quince días, al mismo tiempo que celebraba sus bodas de plata como párroco de esta parroquia de la Encarnación, D. Eduardo, (veinticinco años son muchos en la vida de una persona, es un cuarto de siglo; sin embargo, en la vida de la Iglesia es poco. Las personas pasamos y es normal). Somos conscientes, desde que tenemos uso de razón, de que nuestra condición humana es una condición mortal aquí abajo, y quienes conocemos a Jesucristo sabemos que la muerte no es lo último sobre nosotros, sino que la muerte nos abre el camino hacia la vida eterna, hacia los brazos misericordiosos y abiertos del Señor.

Hoy inaugura D. Francisco su ministerio como párroco, y Jorge e Israel le van a ayudar en ese ministerio. Los tres, estoy seguro, van a dar un testimonio muy bonito de comunión, y esa comunión -que el Señor nos pide a todos, pero pide particularmente a Jesús, a sus apóstoles- es algo que Dios bendice siempre, es algo que cuando lo pedimos, Dios nos lo concede siempre, porque es el modo de vida de Dios. Nosotros creemos en un Dios que es comunión de personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. En la humanidad echamos de menos la comunión porque vamos a nuestros intereses y, cuando vamos a nuestros intereses nos alejamos unos de otros, nos separamos unos de otros, nos dividimos enseguida, entramos en conflicto unos con otros. A veces entramos en verdaderas guerras unos con otros y no voy a hacer referencia a la guerra que todos tenemos en mente, porque es la más sonada, la más trágica en estos momentos, pero no es la única que hay en el mundo. La mayor parte de las guerras y de los conflictos, hasta en los matrimonios y hasta en las familias, nacen de la avaricia, del amor al dinero.

El domingo pasado, en una parábola que normalmente no se entiende con facilidad, hablaba del “dinero de iniquidad” y, en realidad, la traducción es muy literal porque la Iglesia no toca nada del texto original griego de los Evangelios, pero lo que eso viene a equivaler en nuestro español de uso sería “el maldito dinero”. Decía, “utilizad el maldito dinero de tal modo que podáis tener amigos cuando llegue la hora de que os reciban en las moradas eternas”. En el Evangelio de hoy no dice si Lázaro era bueno o malo, tampoco dice si el hombre rico que banqueteaba era bueno o malo, pero vivía sometido al “maldito dinero”. Y el maldito dinero al cual damos todos culto en el mundo en el que vivimos -hasta tal punto que se dice que un país va bien si el PIB crece-… yo sé que estamos en un momento muy delicado económicamente, pero también sé que la causa principal de ese momento es que cuando el dinero se pone por encima de todo eso, el mundo se desestabiliza, los países entran en conflicto. Si la gente se mata, si los hermanos se separan por ocho olivos y las familias se rompen por ocho olivos, decidme a mí cuando lo que entra en juego son miles de kilovatios o millones de toneladas de petróleo, de gas o de agua. Algunas de las últimas guerras que hemos vivido, eso no lo dicen normalmente los medios, pero eran guerras por el agua, porque el agua está empezando a escasear. El agua potable, el agua de beber que Dios nos ha dado está empezando a escasear en muchas zonas del mundo. Quiera Dios que la sequía que estamos nosotros mismos padeciendo no sea una sequía duradera ni larga. Tenemos que pedirle a Dios la lluvia. Hay que pedírsela, porque no somos los dueños del mundo. Nos hemos creído los dueños del mundo, hemos utilizado el mundo como un modo de sacar dinero, de explotar. Se habla de explotar, de explotar la tierra. Explotar la tierra es una forma de abuso. Siempre que se explota a alguien es una forma de abuso y si se explotan cosas que Dios ha hecho para todos, también estamos abusando de algo que no nos pertenece, que Dios nos ha dado para que lo administremos con bondad y con misericordia.

En esta humanidad atomizada y dividida sobre todo por el amor al dinero, la Iglesia tiene que ser la señal, el sacramento, de una humanidad nueva, que no es una humanidad heroica. Si es que todos anhelamos ser amados. Si es que todos estamos hechos para el amor. Si es que todos quisiéramos ser tratados como hermanos y no como desconocidos, no como extraños, no como extranjeros en ningún lugar de la tierra. Nuestro corazón está hecho para la fraternidad, está hecho para el cariño, está hecho para la bondad, para la ayuda mutua, aunque no lo sepamos construir una y otra vez, nos dividimos, nos separamos los unos y ahí es donde entra el Señor, y cuando está el Señor presente, surge.

Francisco me quería contar una historia bonita de su parroquia en La Chana, que es una historia que es como un milagro. Yo creo que cualquier sacerdote podemos contar historias semejantes, quizás iguales. La situación es muy parecida a como cuando empezó el cristianismo, por eso los Papas hablan a veces de “nueva evangelización”. Cuando empezó el cristianismo, en aquel Imperio romano tan grande, pues la gente estaba muy perdida y los ricos vivían también muy bien. Eso pasaba hasta en Israel y era una nación chiquitita, y el mundo estaba lleno de pobres. Nuestro mundo precisamente en la medida en que facilita una economía orientada exclusivamente a que aumente la riqueza dentro del país, la riqueza de una región o la riqueza de un pueblo, nos deshumaniza. Se llena de familias que no llegan a fin de mes, se llena de familias necesitadas, se llena de personas que no tienen lo necesario para vivir mientras nos gastamos un montón de cosas que son innecesarias. Se nos invita constantemente a consumir. Se dice que vivimos, con mucha razón a veces, en una sociedad de consumo, pero los que somos consumidos somos nosotros, es nuestra humanidad la que se consume cuando sólo vivimos para el consumo.

Me diréis, ¿y esto que tiene que ver con los curas que vienen? Jesucristo vino a inaugurar esa humanidad posible, que es una humanidad de hermanos. No vino a ser un convento pequeño donde estemos alrededor de una mesa camilla y nos sintamos muy a gusto. Vino a cambiar nuestra desesperanza en afecto, en amor de hermanos, en comunión. Vino a hacer posible una comunión entre hombres y mujeres. San Pablo decía: “Ya no hay esclavo ni libre, ya no hay judío ni gentil, ya no hay griego o bárbaro, ya no hay hombre ni mujer, porque todos somos uno en Cristo Jesús”. Con eso reconocía algo que no se reconocía para nada en el mundo antiguo, desde la dignidad de la mujer hasta la dignidad del esclavo. Uno de los primeros papas fue un esclavo, con lo cual los cristianos no hicieron manifestaciones, pero al elegir como sucesor de Pedro a un esclavo, rompía los esquemas de aquel mundo, mostrando que la caridad es lo más importante y una caridad concreta, adecuada no a lo que yo pienso que brilla, sino a las necesidades de aquel que se cruza en el camino de mi vecino, de mi hermano, de mi prójimo.

Un pueblo como Santa Fe -donde yo sé que muchos viviesen en Granada, o trabajáis en Granada y pasáis el día en Granada-, tiene unas dimensiones donde esa humanidad puede ser perfectamente bella, visible, donde no haya nadie que pase necesidad. ¿Por qué? Porque no lo consentimos los demás. Porque no le vamos a dejar solo a nadie; porque no vamos a permitir que nadie tenga que envejecer y morir solo, por ejemplo. Cosa que pasa todos los días en todas las grandes ciudades del mundo. Parroquia significa, en su origen, “Cristo junto a las casas”. Entonces, vuestra misión, que es anunciar el Evangelio, es perdonar y acoger con misericordia a todos los que vengan a vosotros. Es alimentarles con el Cuerpo y la Sangre de Cristo de forma que Cristo pueda vivir en el corazón y en la vida de los actos de las personas. Junto a las casas. Aquí podéis hacerlo, podéis vivirlo.

Mañana empieza un tiempo precioso en un momento en que tenemos necesidad de Dios. Todos nos damos cuenta de que tenemos necesidad de Dios; que nos hemos creído que éramos superhombres. Viendo los incendios de las últimas semanas, uno se da cuenta de que hay personas que han perdido casi todo lo que tenían. Yo celebré la Eucaristía y las personas cantaban en la Eucaristía y demostraban en su fe en que, efectivamente, no somos los dueños de nuestra vida, le pedían al Señor fortaleza y esperanza para hacer frente a la situación. Nos unimos también a ellos, porque no hemos tenido incendios aquí, tuvimos terremotos en su momento, pero siempre, siempre hay algo que nos hace caer en la cuenta de que tenemos necesidad del Señor. Sean enfermedades, tentaciones, dificultades que tenemos en la vida de un tipo de otro, más las morales: más la falta de cariño que la falta de medios, de dinero. Es más pobre el que no tiene cariño. Muchos de vosotros, por la edad de algunos, seguro que visteis Falcon Crest, una de las primeras series de la televisión. Aquella gente tenía de todo, pero yo no he visto en mi vida a gente más infeliz. Tenían todo, sólo les faltaba lo más necesario en la vida, que es un poco de afecto y un poco de amor unos por otros.

Vuestra presencia aquí es presencia del amor de Cristo; amor de Cristo concreto a todas las personas, sin hacer ningún tipo de discriminación, y especialmente a los más necesitados y a los más pobres.

Que el Señor os bendiga en esa misión.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

24 de septiembre de 2022
Santa Fe (Granada)

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COPE: La Virgen de la Merced patrona de la pastoral penitenciaria

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Un loco enamorado de Cristo y su Iglesia, que se ha dejado moldear por el Señor: Guillermo Parra, diácono en Guadix

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Un loco enamorado de Cristo y su Iglesia, que se ha dejado moldear por el Señor: Guillermo Parra, diácono en Guadix

Guillermo Pablo nació con la Transición, justo un año antes de la aprobación de la Constitución. En los últimos años ha ejercido de profesor de religión en Castril y La Puebla de don Fadrique, mientras concluía sus estudios en el Seminario de Guadix. Un profesor más, como el millar de docentes que imparten esta asignatura en Andalucía. Guillermo conoce a sus alumnos y se preocupa por sus progresos y sus conocimientos. Está pendiente de ellos. Si se manchan la ropa o escriben con dificultad, apoyándose distraídos sobre un montón de cuadernos y libros, que son la pesadilla de los padres. Lo hace con tanto amor que apenas se nota la corrección. Tiene a su cargo a 35 alumnos en Castril, y 60, en La Puebla. “Les he visto crecer y madurar”, nos dice con orgullo. El día 2 de julio será ordenado diácono en la Catedral de Guadix. “Mi felicidad es entregarme al Señor y servir a la Iglesia lo mejor que pueda”, nos dice entre clase y clase.

Entre los bastidores de los conventos

Su vocación, esa llamada poderosa del Señor, comenzó a manifestarse, siendo muy pequeño, en el Colegio de los padres escolapios de Granada. “Mi familia era muy practicante, de misa diaria. Ahí empezó todo”, nos asegura. Nos habla con admiración de su abuela Agustina, que bordaba mantillas y trabajaba para los conventos. “El Señor empezó a tocar así mi corazón, sirviéndose de mi abuela. Mi vocación empezó entre los bastidores de los conventos de clausura”. No todo fue fácil. Su vida es como un carrusel, donde el Señor le fue modelando y preparando poco a poco para esa entrega total y generosa al orden sacerdotal. En la adolescencia quiso entrar en el seminario, pero no era “todavía” el momento. Se quedó huérfano de padre. Era además hijo único. Gerardo Martínez, el rector del seminario de Granada, le tranquilizó. “Si tienes una verdadera vocación, el Señor te irá mostrando el cómo, el cuándo y hasta el dónde”. Guillermo aprueba unas oposiciones a pedagogo. Un giro en su vida, que le llevará, primero a Madrid y después a Guadalajara. Allí el Señor volverá a encontrarse en su camino.

La espiritualidad del Císter

Guillermo empezó a visitar los grandes conventos de La Alcarria. Un día se topó con el monasterio de la Santa Cruz, en Casarrubios del Monte. Allí conoció a una joven postulanta, de Motril. Así descubrió la espiritualidad del Císter, un poderoso movimiento espiritual que inspiró esas catedrales ingrávidas del gótico, que parecen tocar el Cielo. El Señor volvía a llamarle otra vez. Le pedía una renuncia total, para dejarse llenar de esa luz divina. Como esas catedrales que se elevan sobre la Tierra. “En una peregrinación a Guadalupe, el pulso que estaba echando al Señor lo perdí”. Guillermo cerró así 9 años de su vida en la enseñanza. El Señor tenía otros planes, que poco a poco fue descubriendo.

Me tacharon de loco

“En Toledo – nos dice- presenté mi renuncia a una plaza fija en la Educación. Allí me tacharon de loco”. Guillermo lo recuerda todavía, pese al tiempo transcurrido, seis años, los mismos que ha dedicado al seminario y a dar clases de religión. “Es el primer caso- le dijeron en la Delegación- que nos ocurre, que una persona deje una plaza fija para ser sacerdote”. La respuesta de Guillermo fue inmediata al incrédulo funcionario que le atendía.” El Señor da ciento por uno. Mi felicidad es entregarme por completo a Él”. ¿Se imaginan la sorpresa y hasta la admiración de todos los que escucharon esta contestación? Guillermo volvió a Granada. Empezaba de cero. Se puso de rodillas ante la patrona, la Virgen de las Angustias. Se confesó después ante el primer confesionario libre, sin saber que detrás de la reja estaba el sacerdote, que siendo casi un niño intuyó su vocación. Era Gerardo Martínez, que le reconoció en seguida. El círculo se cerraba. “Don Gerardo ha sido un padre para mí”, nos dice con satisfacción y hasta orgullo, pues ha sido su director espiritual en el seminario. En Granada conoció también a don Ginés, el obispo accitano, que facilitó su entrada en el seminario de San Torcuato de Guadix.

La Escuela de Monaguillos de Huéscar.

Cuatro años en el seminario, y dos, de trabajo pastoral. En el sexto año le mandaron a Huéscar, donde impulsó una escuela de monaguillos. Una revolución espiritual, que ha arrastrado a los jóvenes y también a sus progenitores. “Hay padres que rezan ya con sus hijos por la noche, o que, tras la Misa, dan gracias al Señor. Hasta hay un monaguillo que, tras la misa dominical, recorre todas las capillas de Santa María la Mayor de Huéscar, mientras su padre espera en el banco. Su petición es siempre la misma, que sus padres, abuelos y hasta sus amigos no dejen de acudir a la Santa Misa”. Hay 28 alumnos en esa Escuela de Monaguillos, de todas las edades. Empiezan por lo general después de la primera Comunión. La continuidad está asegurada pues hay un pequeño grupo de formadores, en la que están implicadas también las Misioneras de Cristo Sacerdote. Y por si esto no fuera suficiente, hay un retiro de oración al mes, que empezó con 20 personas y ahora reúne a 200, adorando al Señor. “Todos, chicos y grandes, se sienten atraídos por el Amor de Dios, y dejan así que Cristo sea el centro de sus vidas” “Hoy, más que nunca, nos dice, debemos dar testimonio de aquello que creemos, aunque te señalen” “El primer seminario, la primera Iglesia, es la familia, donde el niño empieza a caminar y a encontrarse con Cristo”, nos dice con énfasis. A los jóvenes les pide que no tengan miedo. “Que tengan -afirma- sus parabólicas abiertas al mundo, pero también a la llamada del Señor, que siempre toca su corazón”.

Cáritas, más presente que nunca

Guillermo sigue abierto a esas sorpresas de Dios. Al servicio de su obispo, don Francisco. Con fidelidad al carisma diaconal, que, en la primitiva iglesia, atendía a los más pobres y en especial a las viudas. En tiempos de Jesús eran abandonadas. Morían muchas de inanición. Nos piden a los hombres y mujeres de Cáritas que seamos fieles, como los diáconos, a esa vocación de servicio a los más desfavorecidos, a los descartados, que dice el Papa. “Caritas está más presente que nunca. Vosotros estáis más presentes. La gente os necesita. Necesita de ese ayuda, de ese amor que desplegáis, como Cristo hacía con los más pobres. Rezo por vosotros para que nunca os rindáis. Que vuestro” si “generoso -nos pide- sea también el sí generoso de los jóvenes para que puedan involucrarse en Cáritas”. Y con estas últimas palabras le dejamos a este loco, enamorado de Cristo y su Iglesia.

José Gabriel Concepción

Voluntario de Cáritas Baza

Artículo Publicado en Caritas Interparroquial de Baza

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Construir el futuro con los migrantes y los refugiados

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De nuevo celebramos la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado. El papa Francisco nos habla en su mensaje de construir el futuro con ellos, y nos urge a renovar el compromiso para la construcción de un futuro más acorde con la voluntad de Dios, de un mundo donde todos podamos vivir dignamente en paz y donde habite la justicia, donde nadie quede excluido. El proyecto ha de incluir a todos, y ha de situar en el centro a los habitantes de las periferias existenciales. Entre ellos hay muchos migrantes y refugiados, muchos desplazados y víctimas de la trata, y también con ellos Dios quiere edificar su Reino.

Construir el futuro con los migrantes y los refugiados significa además reconocer y valorar lo que cada uno de ellos puede aportar al proceso de edificación. Ahora bien, para llegar a ese reconocimiento y valoración hay que superar los prejuicios que nos llevan a considerarlos como extranjeros, como extraños, como una amenaza para nuestro futuro. Al contrario, los hemos de considerar como una parte del conjunto, una parte del pueblo de Dios, del futuro a construir, porque son prójimos nuestros. Más aún, tal como nos enseña la parábola del Buen Samaritano, hemos de cambiar el planteamiento y no tratar de descubrir quién de entre los demás es o no mi prójimo. Soy yo quien ha de convertirse en prójimo, de forma que el otro cuente para mí tanto como yo mismo. Jesús da un vuelco total a la antigua perspectiva ya que es el samaritano el que se convierte a sí mismo en prójimo y nos enseña a ser prójimo y nos muestra que la clave para serlo está dentro de uno mismo. Hemos de llegar a ser personas que aman a los demás, que se preocupan por ellos, que se conmueven ante el sufrimiento ajeno, que tienen un corazón abierto. No se trata de descubrir quién es mi prójimo sino de comportarme como prójimo de los demás.

En efecto, el prójimo no son sólo los otros, que pueden merecer o no consideración y ayuda. Prójimo soy yo respecto a los otros, en relación a todos los seres humanos sin distinción de ningún tipo. Porque no se trata del objeto de nuestra ayuda, sino del sujeto que ha de auxiliar. Desde esta óptica, soy yo quien debo convertirme en prójimo de todos, incluso de los enemigos. Ser prójimo significa cumplir el mandamiento del amor haciéndose prójimo de los demás, sobre todo de los más heridos del camino. En consecuencia, es preciso subrayar que aquí aparece una universalidad en el amor que se fundamenta en el hecho de que yo soy hermano de todo aquel que me encuentro, de todo aquel que necesita mi ayuda.

La parábola del Buen Samaritano ha de ser el criterio de comportamiento, y muestra la universalidad del amor que se dirige hacia el necesitado que se encuentra en el camino, sea quien sea, sin importar de dónde venga. Mi prójimo es cualquiera que tenga necesidad de mí y al que yo pueda ayudar. Se universaliza el concepto de prójimo, pero permaneciendo concreto. Aunque se extienda a todos los hombres, el amor al prójimo no se diluye en una actitud genérica y abstracta, poco exigente en sí misma, sino que requiere mi compromiso práctico en el tiempo y en el espacio, en el momento presente y en el lugar en que habito. Este es el criterio de comportamiento y la medida que nos propone Jesús: la universalidad del amor que se dirige a todo hermano necesitado, quienquiera que sea.

Hemos de ser prójimos de los migrantes y los refugiados. Su presencia constituye un enorme reto, pero también una oportunidad de crecimiento humano, cultural y espiritual. Con ellos estamos llamados a construir el Reino de Dios, un Reino de justicia, de fraternidad y de paz.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla 

Palabra de Vida: Quien se cierra al amor del prójimo mientras está en este mundo se cierra al Amor de Dios para siempre

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Quien se cierra al amor del prójimo mientras está en este mundo se cierra al Amor de Dios para siempre. La enseñanza de Jesús sobre el peligro de las riquezas, iniciada en los pasajes evangélicos de los domingos precedentes, se amplía con la parábola del pobre Lázaro mostrando las consecuencias eternas de una vida temporal cerrada a las necesidades de nuestros semejantes.

En el evangelio de este domingo Jesucristo sale a nuestro paso para abrirnos los ojos de la fe y ensanchar el horizonte de nuestro compromiso con palabras sobre la vida eterna. Nuestras acciones y omisiones de ahora condicionan ya nuestra felicidad del mañana. En la parábola del rico desconocido y del pobre Lázaro hay una advertencia sobre el daño que provocan las riquezas y una revelación sobre la suerte diferente que corresponderá tras la muerte a justos y pecadores.

Del rico desconocemos el nombre. A los ojos del mundo, los poderosos y acomodados son conocidos y nombrados; a los ojos de Dios, el rico pierde el nombre. El Señor conoce a todos y a cada uno da la posibilidad de llegar a ser hijo suyo, pero quien ha hecho de las riquezas su propio dios, pierde el nombre, es decir, deja de escuchar al Señor que le llama. El pobre, ignorado por el rico y consolado por los perros que lamen sus llagas, es recibido en el seno de Abraham con su nombre propio. La distancia que el rico puso entre él y su prójimo mientras ambos vivían, se convierte en abismo insuperable cuando llega el momento de recibir justicia tras la muerte. Al rico egoísta e inmisericorde corresponderá sufrimiento sin posibilidad de consuelo; a quien padeció la injusticia de la indiferencia y de la miseria, tocará la paz en la compañía de los santos. El rico percibirá entonces su error, pero éste será ya irreparable.

Para cambiar de actitud ante los pobres no hay que esperar mensajes del más allá o apariciones de difuntos, hay simplemente que escuchar la Palabra de Dios y llevarla a la práctica. El amor compasivo que el Señor pide practicar es también ejercicio de fe: reconocer a Cristo en el Lázaro que yace a nuestra puerta, sentarlo a la propia mesa, curar sus llagas y esperar un día ser recibido con él en el gozo eterno.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Centenario de la Cofradía de Jesús de la Misericordia (Catedral-Málaga)

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Homilía de Mons. Jesús Catalá con motivo de la Eucaristía por el Centenario de la Cofradía de Jesús de la Misericordia celebrada en la Catedral de Málaga

CENTENARIO DE LA COFRADÍA DE JESÚS DE LA MISERICORDIA

(Catedral-Málaga, 24 septiembre 2022)

Lecturas: Ecl 11, 9 – 12, 1-8; Sal 89, 3-6.12-14.17; Lc 9, 43b-45.

1.- Fugacidad de la vida

El Salmo proclamado nos ofrece una reflexión sobre la fugacidad del tiempo, cuando se compara con la eternidad ante la presencia de Dios: «Mil años en tu presencia son un ayer que pasó; una vela nocturna» (Sal 89, 4). 

El autor nos exhorta a sopesar el tiempo de la vida, para madurar y adquirir sensatez: «Enséñanos a calcular nuestros años, para que adquiramos un corazón sensato» (Sal 89, 12). 

Si entramos en la dinámica de la sabiduría de Dios, sabremos prepararnos para la eternidad. Los tiempos de Dios no son los nuestros; pero nuestra vida es más alegre, más fecunda y más llena de sentido, si la vivimos en sintonía con Él.

2.- Centenario de la cofradía de Jesús de la Misericordia 

El Verbo eterno de Dios ha entrado en la historia, para llevarnos a nosotros a la eternidad. Y hablando de tiempo y de eternidad, la “Real, Ilustre y Venerable Cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Misericordia, Santísimo Cristo de Ánimas y Nuestra Señora del Gran Poder y San Juan de Dios”, nombre actual de vuestra cofradía, celebra el centenario de la fusión de tres cofradías: la Hermandad de la Misericordia, fundada en 1864; la de Nuestro Padre Jesús de la Buena Muerte y Ánimas; y la de Nuestra Señora de los Dolores, que después, en 1926, cambió su advocación por Gran Poder. ¡Enhorabuena por este Centenario!

Aunque cien años sean muchos para un ser humano, comparados con la eternidad son un soplo, «un ayer que pasó» (Sal 89, 4). Si viviéramos el tiempo presente mirando hacia la eternidad, sería distinto. Si contempláramos al Cristo de la Misericordia, a quien cariñosamente llamáis “Chiquito”, que es el Verbo de Dios; y miramos a su Madre, la Virgen del Gran Poder, cambiaría nuestra vida; porque pondríamos nuestra vida temporal en la perspectiva de la vida eterna. 

En el año de 1921 las tres cofradías se presentaron en la reunión fundacional de la Agrupación de Cofradías de Málaga, celebrada en iglesia de La Merced, cuya fiesta celebra hoy la Iglesia. Aprovecho para felicitar a quienes lleváis el hermoso nombre de “Mercedes”. 

En los fatídicos sucesos de mayo de 1931 en Málaga las antiguas imágenes del Cristo de la Misericordia y la del Jesús de la Buena Muerte y Ánimas fueron destruidas en el asalto a la iglesia del Carmen; y la imagen de la Santísima Virgen (s. XVIII) logró ser salvada. 

La nueva imagen del Cristo de la Misericordia fue realizada en 1966 por Navas Parejo; y la de la Virgen del Gran Poder fue reconstruida en la misma fecha por Luis Álvarez Duarte y Juan-Manuel Miñarro, dos grandes imagineros religiosos. 

Damos gracias a Dios por este Centenario, que debió celebrarse el año pasado, pero la pandemia de la Covid-19 impidió desarrollar con normalidad los actos previstos, que se han llevado a cabo en este año de 2022.

3.- El título de Jesús de la Misericordia

La advocación de Jesús de la Misericordia nos habla necesariamente del amor de Dios, de su perdón y de su misericordia. Cristo es el rostro de la misericordia del Padre (cf. Francisco, Misericordiae vultus, 1). La Virgen del Gran Poder participa de la misericordia de su Hijo Jesús. 

Como dice el papa Benedicto XVI, con la encarnación “la Palabra no sólo se puede oír, no sólo tiene una voz, sino que tiene un rostro que podemos ver: Jesús de Nazaret” (Verbum Domini, 12). Ese rostro de Jesús nos muestra la bondad, el amor, la misericordia y el poder de Dios.

La celebración del Centenario de vuestra Cofradía debe llevarnos a profundizar en la advocación de la Misericordia. Cristo ofreció su vida en la cruz por amor a los hombres; la lanzada del soldado abrió el costado de Jesucristo convirtiéndolo en manantial de vida, cumpliéndose así la profecía de Zacarías: «Mirarán al que traspasaron» (Zac 12, 10).

Jesús de la Misericordia con sus llagas nos invita a entrar en ellas para desvelarnos el secreto de su Corazón: el Amor infinito de la Trinidad. Y este Corazón se ha dejado traspasar para que experimentemos cómo sus heridas nos han curado (cf. 1 Pe 2, 24). Y el corazón de la Madre se ha dejado traspasar compartiendo el dolor de su Hijo en una sintonía perfecta. ¡Ya nos gustaría a nosotros que nuestro corazón, como el de la Virgen, estuviera en plena sintonía con el amor de Cristo!

Su gran amor nos pide una respuesta de fe, para confesar que Él es Salvador del mundo, el Redentor del género humano, el Rey de reyes y Señor de los Señores; no hay otro y no debe haber otro en nuestro corazón. Nos pide también una reparación porque, cura nuestras heridas y nos capacita para amar, por haber tenido la experiencia de ser amado, porque Dios nos amó primero (cf. 1 Jn 4, 19). Y nos exige asimismo un compromiso misionero, para compartir con los demás la alegría de creer y el consuelo de su misericordia. 

No podemos callarnos la maravillosa vida que el Señor nos ha entregado; no podemos callarnos lo que “El Chiquito” ha hecho por nosotros y lo que la Virgen sigue haciendo como Madre.

4.- La misericordia de Dios y nuestra miseria

El papa Francisco he definido recientemente el término misericordia: “Es la experiencia de sentirnos acogidos, puestos en pie, reforzados, sanados, animados. Ser perdonados es experimentar aquí y ahora lo que más se acerca a la resurrección. El perdón es pasar de la muerte a la vida, de la experiencia de la angustia y de la culpa a la de la libertad y de la alegría” (Homilía en la Visita pastoral. Santa María de Collemaggio-L’Aquila (Italia), 28.08.2022). 

El término “miseri-cordia” significa tener un corazón que se apiada y perdona la miseria humana. Dios es misericordioso y se apiada de nuestra miseria. El papa nos invita a “partir de la propia miseria y mirar ahí, buscando cómo llegar al perdón, porque también en la propia miseria encontraremos siempre una luz que es el camino para ir al Señor. Es Él quien hace la luz en la miseria” (Ibid.). 

Cuando pongáis en vuestros labios el nombre de Cristo de la Misericordia, o “Chiquito”, acordaos que es Aquel que cura nuestra miseria. 

5.- Reconocer nuestra miseria

Solo reconociendo nuestro pecado y nuestra miseria, seremos capaces de obtener el perdón misericordioso de Dios. Cristo de la Misericordia y su Madre, Nuestra Señora del Gran Poder, nos ofrecen la verdadera alegría y la libertad al concedernos su misericordia.

Hemos de comprender que la gran revolución del Evangelio, como dice el papa Francisco, está en este tipo de libertad; de lo contrario, seguirá habiendo “guerras, violencias e injusticias, que no son otra cosa que el síntoma externo de una falta de libertad interior. Ahí donde no hay libertad interior, se abren paso el egoísmo, el individualismo, el interés, los abusos y todas estas miserias” (Ibid.).

6.- Seguir al Maestro

Queridos cofrades y fieles, el evangelio nos ha recordado las palabras de Jesús: «Meteos bien en los oídos estas palabras: el Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres» (Lc 9, 44). Pero los discípulos no entendían este lenguaje y les daba miedo preguntarle sobre el asunto (cf. Lc 9, 45). Cuando les dijo que iba a ser entregado en manos de los hombres, se asustaron sin entenderlo; lo entendieron después, cuando Cristo resucitó.

No tengamos miedo de preguntarle a Jesús de la Misericordia lo que debemos hacer y cómo hemos de vivir. Él es el único Maestro capaz de llevarnos a la felicidad eterna. No tengamos tampoco miedo de ponernos ante la Virgen del Gran Poder para preguntarle sobre su amor y su misericordia hacia nosotros.

Damos gracias a Dios por este Centenario, agradeciendo también a todas las personas que han hecho posible la celebración de esta efeméride. A todos los hermanos que iniciaron la cofradía y nos precedieron; y a quienes hoy asumís la hermosa tarea de perpetuar esta antorcha recibida. Sois la generación del primer Centenario; la primera fue la generación de la creación de la Cofradía.

Pedimos a la Virgen, Nuestra Señora del Gran Poder, que sepamos aceptar nuestra condición de miseria y de pecado, para recibir con alegría el perdón y la misericordia divina, que nos ofrece el Cristo de la Misericordia, nuestro querido “Chiquito”. Amén.

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Ntra. Sra. de la Merced propicia el reencuentro de los reclusos con los miembros de la Pastoral Penitenciaria

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El delegado de Pastoral Penitenciaria, Pedro Fernández Alejo, comparte su crónica de la celebración en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre de la Eucaristía con motivo de la fiesta de Ntra. Sra. de la Merced. La fiesta de la patrona de las prisiones ha propiciado un gozoso reencuentro de los presos con los miembros del voluntariado de la Pastoral Penitenciaria.

La prisión de Alhaurín de la Torre en la mañana brillante del 24 de septiembre se llenó de esplendor y alegría. La Madre de la Merced nos esperaba en el Salón de Actos del centro Penitenciario. Rosas blancas adornaban su imagen. Se la veía feliz y sonriente. Dos años ha esperado que llegara este momento de verse rodeada de sus hijos e hijas preferidos. Poco a poco, el salón, que se convierte en el lugar de encuentro de la Iglesia de la comunidad cristiana de la prisión, se va llenando de los creyentes que residen en el Centro Penitenciario y de quienes llegamos hasta allí desde el exterior.

Celebramos un encuentro, o mejor un reencuentro, entre los hermanos y hermanas en prisión con los miembros de la Pastoral Penitenciaria. Todos hemos pasado por un periodo de vacío, ausencia, desajustes, desencuentros. Hemos vivido nuestros calvarios personales y comunitarios. Ellos, los presos, han padecido un calvario infinito; han sido dos años de ausencias, de soledades, de no poder visualizar, ni palpar, ni escuchar mensaje de esperanzas, vivencias de fe sentida. Ellos, más que nadie, han sufrido su propia Pasión encarcelada.

También los miembros de la Pastoral Penitenciaria han sufrido dos largos años de no poder sentir ni compartir con los internos momentos de encuentro, de presencia, de oración y de fe. Por fin, este ha sido el día en el que nos hemos podido encontrar en la celebración de la eucaristía cerca de veinticinco voluntarios. Largos meses de espera para que llegaran los permisos correspondientes de II. PP. de Madrid y así poder retomar la misión humanizadora y evangelizadora dentro de la prisión.

La celebración de la Eucaristía fue muy emotiva, sentida y vivida con intensidad. Con los internos e internas, miembros de la Pastoral Penitenciaria, Funcionarios y representación de la Hermandad del Rico, liberadora tradicional de un preso cada Semana Santa, y la presencia musical del coro Amanecer, nos sentimos degustando una experiencia religiosa profunda. La imagen maravillosa de la Virgen de la Merced parecía dibujar una sonrisa de felicidad al ver a todos sus hijos protegidos formando una comunidad de hermanos como su Hijo Jesús soñara.

Iniciamos un nuevo camino en nuestro quehacer pastoral desde la Delegación de Pastoral Penitenciaria. Nos ponemos en las manos de Ntra. Sra. de la Merced para que Ella nos guíe y acompañe y estemos siempre dispuestos a salir al encuentro de nuestros hermanos privados de libertad.

Pedro Fernández Alejo

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Lecturas del XXVI Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

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Primera lectura

Amós 6, 1a. 4-7

Ahora se acabará la orgía de los disolutos.

Esto dice el Señor omnipotente: ¡Ay de aquellos que se sienten seguros en Sión, confiados en la montaña de Samaría! Se acuestan en lechos de marfil, se arrellanan en sus divanes, comen corderos del rebaño y terneros del establo; tartamudean como insensatos e inventan como David instrumentos musicales; beben el vino en elegantes copas, se ungen con el mejor de los aceites pero no se conmueven para nada por la ruina de la casa de José. Por eso irán al destierro, a la cabeza de los deportados, y se acabará la orgía de los disolutos.

Salmo

Sal 145

R. ¡Alaba, alma mía, al Señor!

  • El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente, hace justicia a los oprimidos, da pan a los hambrientos. El Señor liberta a los cautivos.
  • El Señor abre los ojos al ciego, el Señor endereza a los que ya se doblan, el Señor ama a los justos, el Señor guarda a los peregrinos.
  • Sustenta al huérfano y a la viuda y trastorna el camino de los malvados. El Señor reina eternamente, tu Dios, Sión, de edad en edad.

Segunda lectura

1 Timoteo 6, 11-16

Guarda el mandamiento hasta la manifestación del Señor.

Hombre de Dios, huye de estas cosas. Busca la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre. Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna, a la que fuiste llamado y que tú profesaste noblemente delante de muchos testigos. Delante de Dios, que da vida a todas las cosas, y de Cristo Jesús, que proclamó tan noble profesión de fe ante Poncio Pilato, te ordeno que guardes el mandamiento sin mancha ni reproche hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo, que, en el tiempo apropiado, mostrará el bienaventurado y único Soberano, Rey de los reyes y Señor de los señores, el único que posee la inmortalidad, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre ha visto ni puede ver. 

A él honor y poder eterno. Amén.

Evangelio

Evangelio según San Lucas 16, 19-31

Recibiste bienes, y Lázaro males: ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado.

EEn aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:
«Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas. Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”. Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Comentario bíblico de Álvaro Pereira

La Palabra de Dios denuncia reiteradamente la actitud despreocupada y frívola de quien goza de la buena vida sin preocuparse de los necesitados. En la primera lectura, Amós clama contra los ricos que se acostaban en lechos de marfil, cuando sus vecinos dormían en el suelo; comían terneros y bebían en copas finas, cuando la mayoría pasaba hambre; y usaban perfumes costosísimos, mientras los pobres olían a sudor. Asimismo, el rico del evangelio vestía con lujo y organizaba grandes banquetes, sin darse cuenta de que en su puerta había un pobre a quien los perros lamían las llagas de su cuerpo. Ni los ricos de Amós ni el de Jesús eran criminales, ni siquiera tenían malos sentimientos, pero su pecado era escandaloso: una indiferencia egoísta que les impedía reconocer el sufrimiento de sus hermanos empobrecidos. Las lecturas certifican la inversión de sus destinos. Dios actuará haciendo justicia: si el castigo que anunciaba Amós en el siglo VIII a.C. era la invasión de los asirios, Jesús advierte de la perdición del rico, el castigo del infierno. Observamos dos detalles más de la parábola. Primero, en las historias usuales son los ricos los que tienen nombre, mientras que los pobres suelen aparecer innominados, solo son “pobres”. Aquí, en cambio, Jesús ofrece un giro inesperado: el rico no tiene nombre, no se lo merece; el pobre sí lo tiene, se llama Lázaro (“Dios ayuda”). Así Jesús nos enseña a no tratar al pobre como un objeto, como una cosa; él tiene una historia, un nombre, es un sujeto que debe ser respetado. Y, segundo detalle, el rico en el infierno ha abandonado su soberbia y mendiga de Abrahán un milagro en favor de sus hermanos. Pero tienen la Escritura, no pueden ahorrarse su obediencia. Dos mil años después, con la memoria de la resurrección de Jesús, el lector debería darse por enterado, tiene la solución del problema, las llaves del paraíso. Aún tiene tiempo para reaccionar, ¿dónde quiere estar?

Preguntas:

  1. ¿Buscas el lujo sin preocuparte por los pobres? ¿Eres indiferente a la situación de la mayor parte de la humanidad?
  2. ¿Conoces a algún pobre de solemnidad o a algún inmigrante sin papeles por su nombre?
  3. Relee la segunda lectura de san Pablo a Timoteo y reflexiona sobre tu vida, ¿te conduces con “justicia, piedad, fe, amor, paciencia y mansedumbre”?

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“Construimos un futuro con migrantes y refugiados”

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“Construimos un futuro con migrantes y refugiados”

Este fin de semana celebramos la Jornada Mundial del Migrante y Refugiado, en su 108ª edición. En este número del semanario Fiesta ofrecemos diez razones para que la Pastoral de Migraciones sea concreta.

Así lo haremos citando un documento preparado por el Obispo responsable de la Pastoral de Migraciones a escala nacional, D. José Cobo. A su vez, en Textos les compartimos una reflexión sobre esos rostros de migrantes que parece que no nos sacan de nuestra indiferencia.

En lo respectivo a las noticias de las diócesis de Granada y Guadix, informamos del arranque del curso pastoral accitano, además de la invitación general dirigida a todos los fieles de la diócesis a participar de la próxima Misa de toma de posesión del nuevo arzobispo coadjutor, Mons. Gil Tamayo.

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La Catedral de Cádiz se queda pequeña para despedir a Mons. Antonio Ceballos Atienza

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Desde que quedara instalada la capilla ardiente en la tarde de ayer en la Iglesia de Santiago, cientos de fieles y sacerdotes se han acercado para orar por el eterno descanso del que fuera obispo de la Diócesis de Cádiz y Ceuta entre los años 1993 y 2011.

A primera hora de esta mañana todavía eran muchos los que hacían cola para mostrar sus respetos y su cariño a un obispo que destacó por su bondad y su cercanía a los más necesitados.

A las once de la mañana quedaba clausurada la capilla ardiente para proceder a su traslado a la Catedral, donde, a las doce del mediodía, daba comienzo el funeral y la misa corpore insepulto.

Muchas personas se han quedado a las puertas de la seo gaditana ante la imposibilidad de acceder a ella debido a la gran afluencia de fieles que han asistido la funeral. Con el féretro presidiendo el altar mayor, sacerdotes, obispos como el de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez; el de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra; y el arzobispo emérito de Sevilla, Mons. Juan José Asenjo Pelegrina; así como autoridades civiles y militares, y numerosos fieles han estado presentes en la ceremonia para rezar por el alma de Mons. Ceballos.

El Obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza, ha recordado brevemente la figura de su antecesor y la labor pastoral que realizó en nuestra diócesis, destacando su apertura a la nueva evangelización, el Sínodo diocesano convocado en el año 2000, su atención a los pobres y su impulso a la pastoral de migraciones. “Aquí, en su casa, en la Diócesis de Cádiz y Ceuta, sabemos que dejó lo mejor de sí mismo. Entregó su propia persona y su vida, por lo que siempre le tendremos presente con gratitud y con verdadero cariño”.

Así, Mons. Zornoza ha dado gracias por la vida y el ministerio de D. Antonio Ceballos, del que ha afirmado que era “un hombre humilde de verdad, enormemente bondadoso, que ha dejado por donde ha pasado un rastro de vida evangélica y de pastor bueno, entregado a todos, siempre orante, de una piedad profunda y sincera. Ha sido un hombre de Dios, cuyo ministerio sólo puede entenderse desde la clave y la lógica evangélica del servicio. Lo decisivo para nosotros es saber que ha representado a Cristo, ha sido su sacramento. Su corazón estaba en Cristo, Jesús y en María, la Virgen”.

Por último, el prelado ha afirmado que “el testamento que nos deja D. Antonio va unido sobre todo a la huella de su fe. Por eso, conmovidos, agradecemos a Dios su persona y su ministerio, y pedimos al Buen Pastor que le otorgue la paz eterna”.

Al término de la ceremonia, los restos de Mons. Antonio Ceballos fueron trasladados a la cripta del primer templo de la diócesis, quedando en el lugar reservado para los obispos.

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