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Ecumenismo Málaga en El Espejo Andalucía

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La Asamblea Anual de la Organización Europea Oikosnet, celebrada en Casa Diocesana Málaga, entre los temas del programa de esta semana.

Las delegaciones de Medios de Comunicación de las diócesis andaluzas emiten cada semana un espacio regional en la cadena COPE: El Espejo Andalucía.

Desde el viernes 28 de febrero de 2020, Día de Andalucía, el programa El Espejo que se emite los viernes en la Cadena COPE a las 13.33 horas, comienza con una sección regional protagonizada por las 10 diócesis de la Comunidad Autónoma: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Guadix, Huelva, Jaen, Jerez, Málaga y Sevilla.

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Juan Manuel Caracuel: «La fiesta de la Virgen del Rosario es todo un acontecimiento en la parroquia de Algatocín»

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NoticiaPodcasts diocesanos

Juan Manuel Caracuel ante la imagen de la Virgen del Rosario

Publicado: 10/10/2022: 37

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Algatocín es una de las 17 parroquias de la diócesis que tiene como titular a la Virgen del Rosario y también es uno de los primeros destinos pastorales del neopresbítero Juan Manuel Caracuel. Desde allí explica, ante los micrófonos de COPE Málaga, cómo es la devoción de este pueblo a esta advocación mariana. Aquí pueden escuchar el podcast.

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«La iglesia del convento de las Adoratrices, con elementos góticos, tiene una sencillez que nos lleva a Dios»

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NoticiaArte

Capilla de las Adoratrices, en Málaga

Publicado: 10/10/2022: 38

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La iglesia del convento de las Adoratrices, en calle Cristo de la Epidemia, en Málaga centro, es el lugar en el que se fija el sacerdote Aaron Benzaquen, máster en Historia del Arte, en la sección ENTRE ARTE Y FE de esta semana. Aquí pueden escuchar el podcast en el que se describe este templo con elementos góticos.

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Nota de Familia y Defensa de la Vida «A favor de la dignidad e igualdad de toda vida humana»

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Nota de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida ante la nueva Ley sobre salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo y ante la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.

La Iglesia tiene la misión en este mundo de defender y mostrar la dignidad de cada persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y de alzar la voz proféticamente cuando esta dignidad se ve amenazada de distintas maneras.

En los últimos meses, se han incoado iniciativas legislativas que, lejos de promover el bien de la persona y su dignidad, atentan gravemente contra la misma. Es por ello que queremos invitar a los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a reflexionar sobre estos asuntos.

En primer lugar, mostramos nuestra preocupación y nuestro rechazo ante la aprobación de la nueva ley del aborto. Varios son los aspectos reprobables de esta ley entre los que podemos destacar los siguientes: promulgar el aborto como un derecho, el atentado a la igualdad que supone permitir el aborto de los discapacitados hasta los cinco meses y medio, la posibilidad de que las chicas de 16 y 17 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, la obligatoriedad de que los médicos que rechacen realizar abortos tengan que inscribirse en un registro de objetores de conciencia o la eliminación del período de reflexión antes de abortar y de la información sobre alternativas al aborto.

En segundo lugar, expresamos nuestra inquietud por la posible aprobación de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI que contiene en su articulado elementos realmente preocupantes de imposición de la teoría queer, teoría que cuestiona radicalmente la identidad sexual de las personas, en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, estableciendo e imponiendo arbitrariamente una única concepción antropológica.

Durante su pontificado el Papa Francisco ha hablado, en numerosas ocasiones y siempre en tono sumamente crítico, de la denominada “ideología de género” llegándola a considerar uno de los mayores atentados de nuestros días contra la dignidad humana y, tal vez, la mayor amenaza existente contra la familia. Dicha ideología de género es el fundamento de esta nueva ley de la transexualidad.

Ante este horizonte de colonización ideológica queremos recordar la antropología adecuada que nos muestra que la persona es la unión de cuerpo y alma, siendo el cuerpo un bien de la creación y expresión de la persona. Desde este fundamento sólido expresamos lo siguiente:

1.- Son muchos los testimonios de familias, madres, jóvenes y adolescentes que han sufrido las consecuencias que produce la llamada teoría queer o teoría del gender. A todos ellos queremos mostrar nuestro apoyo y ayuda y tenderles la mano para iluminar la perversión de una legislación ideológica.

2.- Es preocupante la implicación directa de la Administración y de los poderes públicos en la promoción de los postulados de la ideología de género. Un estado democrático no puede imponer una peculiar y reducida visión antropológica en todos los ámbitos: educativo, jurídico, sanitario, laboral, en los medios de comunicación, en la cultura, el deporte y el ocio.

3.- Es llamativo que se haya incrementado considerablemente el número de adolescentes que piden cambiar de sexo sin presentar una auténtica disforia de género, sino como manifestación de inestabilidades afectivas propias de esa edad. Todos los estudios científicos coinciden en que más del 70% de los niños que piden cambiar de sexo, cuando pasan la adolescencia, no siguen pidiendo el cambio.

4.- La despatologización de la transexualidad se identifica con favorecer una intervención médica, pero sin criterios médicos, sino con criterios subjetivos del paciente. Despatologizar significaría poder solicitar y aplicar tratamiento médico e incluso quirúrgico de forma arbitraria, obligando al personal sanitario a obedecer los deseos de los pacientes, aunque ello conlleve graves riesgos para la persona. Estamos ante un ejemplo claro de irracional dogmatismo ideológico.

5.- Se regula por ley que la transexualidad es fruto de una elección de la identidad de género, evitando que la ciencia, a través de la medicina, estudie y determine el tratamiento más aconsejable. Podemos decir, por tanto, que se niega la posibilidad de tratamiento psicosexual e incluso la necesidad de obtener un diagnóstico de las personas con trastorno de identidad de género, confundiendo el diagnóstico médico con un intento de anulación de la personalidad.

6.- No se puede decir que la reasignación de sexo hormonal y quirúrgico soluciona los problemas que conlleva los trastornos de disforia. Son muchos los testimonios de personas que se han sometido a la reasignación y no han visto solucionado su situación. Igualmente hay que valorar bien los tratamientos y explicar las secuelas, los efectos secundarios y las complicaciones de los mismos.

7.- La comunidad cristiana y, en particular, los pastores debemos desarrollar, siempre, sentimientos de acogida hacia las personas con disforia de género, a quienes les asiste el derecho a ser respetados y a ser tratados con los medios lícitos puestos a disposición por la medicina para conseguir el nivel de salud física, psíquica y relacional más alto y satisfactorio que sea posible, en los límites de su condición y en el respeto pleno de la verdad y de la dignidad humana.

8.- Los fieles que se encuentran en esta situación son hijos amados del Padre, y como cualquier otro fiel se han convertido, a través del bautismo, en herederos de la vida eterna. Ellos están llamados por Jesucristo a la santidad y a realizar, animados por el Espíritu Santo la voluntad de Dios en sus vidas, uniendo al sacrificio de la cruz los sufrimientos y las dificultades que puedan experimentar a causa de su condición.

9.- Hay que alzar la voz con fuerza y denunciar el uso de tratamientos prematuros e irreversibles aún más cuando no se está seguro de la existencia de una auténtica Disforia de Género. Las actuaciones médicas que se lleven a cabo en los menores, después de una serena reflexión, nunca deben ser de carácter irreversible dada la incertidumbre sobre los cambios que pueden darse en el desarrollo de la personalidad durante las fases de la pubertad y la adolescencia.

10.- Hay que respetar la libertad de conciencia y de ciencia a todos los profesionales de los diversos ámbitos de la vida social sin condicionar el desempeño profesional en libertad. Nos preocupa que se quiera imponer un adoctrinamiento que condicione el desempeño profesional en el campo educativo, sanitario, función pública, judicatura, cultura, medios de comunicación.

La Iglesia es una Madre que quiere salir al encuentro de las mujeres en riesgo de abortar porque se encuentran solas y sin recursos, de las mujeres que han abortado y padecen las consecuencias de esta decisión. La Iglesia también acoge en su seno a las personas que sufren por su disforia de género y a las familias de los niños y adolescentes que experimentan confusión en su identidad y necesitan acompañamiento.

Pidamos a Santa María, Madre de la Vida y Reina de la Familia, que interceda por nosotros para que nos dé creatividad para instaurar la tan necesaria cultura de la vida y caridad para atender a las personas que permanecen heridas al borde del camino.

– Mons. D. José Mazuelos Pérez, obispo de Canarias, presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida

– Mons. D. Ángel Pérez-Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón

– Mons. D. Santos Montoya Torres, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

– Mons. D. Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos

– Mons. D. Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares

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El mejor de los refugios

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Desde que perdiera su función exclusivamente eucarística, para lo que contaba con una tramoya de cortinajes confeccionados en brocado, el tabernáculo o templete del presbiterio de nuestra Catedral ha sido presidido por diversas imágenes.

Desde el año 2015 viene albergando de continuo a Nuestra Señora de los Remedios, una delicada escultura de principios del siglo XVI, con una maravillosa policromía cristalizada, aunque lamentablemente sus ropajes se encuentran repintados burdamente.

De esta efigie mariana se puede decir y contar mucho. En esta ocasión, bastará reparar en el simpático y regordete Niños Jesús que sostiene en sus brazos. Si nos fijamos con atención, éste a su vez sujeta a un pajarito por el buche y una de las alas. Semejante ocurrencia encierra un simbolismo tan sugerente como didáctico, al ser el animalito un símil del alma cristiana que, presa del pecado, vuela y busca cobijo y protección en la persona de Cristo Salvador.

De este modo tan poético, se hace patente el versículo del salmo 124, que dice: “Escapó nuestra alma como avecilla del lazo del cazador. Se rompió el lazo y fuimos liberados”. Esta particular iconografía, y los largos años durante los cuales recibió veneración en la capilla del jardín del Sagrario (la antigua capilla de San Gregorio de la Catedral “vieja”), donde los fieles la podían observar de cerca, motivó el cariñoso apodo con la que es conocida por muchos: “la Virgen del Pajarito”.

Su verdadera advocación, la de Remedios, proviene del latín remedium, que viene a significar sanar o curar. Su devoción está íntimamente ligada a la orden de los trinitarios, que se encargaron de transmitirla por todo el mundo.

Por Alberto Palomo

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San Lucas, la ciencia y el arte al servicio del Evangelio

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La fiesta del evangelista san Lucas, que celebramos el 18 de octubre, nos recuerda la importancia de poner los talentos que el Señor nos ha dado al servicio de la comunidad.

Cuenta la tradición que Lucas era médico de profesión. Convertido a la fe, fue amigo íntimo de san Pablo a quien acompañó en sus viajes. Hombre culto, puso sus dones al servicio del Evangelio poniendo por escrito, como él mismo señala, «un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra». Se le atribuyen tanto el Evangelio que lleva su nombre como el libro de los Hechos de los Apóstoles, en el que relata los inicios de la vida de la Iglesia.

Una antigua leyenda le atribuye, asimismo, el haber pintado el primer retrato de María, por lo que es considerado patrón, no solo de los médicos, sino también de los pintores.

Esta faceta humanística del santo será desarrollada en el homenaje que el Colegio de Médicos de Málaga tiene previsto ofrecerle en su sede el 14 de octubre a las 19.00 horas, y que contará como ponentes con los doctores Ángel Rodríguez Cabezas y Jesús A. Rueda.

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Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez cumple 56 años

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Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, cumple hoy 9 de octubre 56 años. Realizó sus estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor San Ildefonso de Toledo entre 1985-1987 y 1989-1992. Durante estos años fue formado sacerdotalmente en el seminario para vocaciones adultas Santa Leocadia de Toledo, donde entre 1987 y 1989 realizó un curso de espiritualidad y otro de lenguas eclesiásticas.

Es licenciado en Teología Dogmática (1994) y doctor en Teología Patrística (1998) por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma.

Mons. Rico Pavés ha desarrollado su ministerio sacerdotal en Granada y Toledo. Fue vicario parroquial de la parroquia “Corpus Christi” de Granada y consiliario de la asociación privada de fieles Acción Cultural y Social (ACYS) entre 1994 y 1995.

En 1996 comenzó su actividad docente como profesor ordinario del Instituto de Teología Espiritual de Barcelona desde 1996 a 2011. De 1996 a 1998 ejerció como profesor auxiliar de la Facultad de Teología, de la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma. Desde 1998 hasta 2012 fue profesor de Teología dogmática en el Instituto Teológico San Ildefonso de Toledo, del que fue director de 2008 a 2012.

Desde 1999 a 2013 ha sido profesor invitado en la Facultad de Teología de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, impartiendo cursos de temática patrística. Ha sido también profesor invitado en el Instituto León XIII de Doctrina Social de la Iglesia de Madrid y en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra.

Fue párroco de la parroquia de Nuestra Señora de la Purificación de Nambroca (Toledo) entre 1998 y 2001; y sacerdote adscrito a la Parroquia de Santo Tomé de Toledo, de 2001 a 2012. En la Archidiócesis de Toledo ha sido además director del Secretariado para la Doctrina de la Fe y Ecumenismo, de 2005 a 2011. De 2001 a 2013 ha sido director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, de la Conferencia Episcopal Española. De 2001 a 2012 ha pertenecido a la Asociación de Patrólogos de Oriente y Occidente, de la Fundación Pro Oriente (sede en Viena). Actualmente pertenece al Comité Científico de la Colección “Fuentes patrísticas” de la Editorial Ciudad Nueva.

Fue nombrado Obispo auxiliar de Getafe por Benedicto XVI el 6 de julio de 2012 y recibió la consagración episcopal el 21 de septiembre de 2012. El 9 de junio de 2021 el Papa Francisco nombra a Mons. José Rico Pavés Obispo de Jerez de la Frontera. Tomó posesión de la Diócesis el sábado 31 de julio de 2021.

Otros datos de interés

En la CEE es actualmente, desde la Plenaria de abril de 2022, Presidente de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado. Fue responsable del Área de Catecumenado de la Comisión Episcopal para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado desde marzo de 2020. Es autor y profesor del Plan de Formación para la Vida monástica contemplativa Sapientia Amoris, de la Conferencia Episcopal Española.

Fue miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Subcomisión de Catequesis.

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Vivir unidos al corazón de Dios

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Homilía del arzobispo D. Javier Martínez en la Eucaristía del XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario, celebrada en la S. I Catedral el 9 de octubre de 2022.

Muy querida Iglesia del Señor, Pueblo santo de Dios, Esposa amada de Jesucristo:

Sería muy fácil decir que las Lecturas de hoy son una invitación a la gratitud, a la acción de gracias. La acción de gracias y la gratitud -lo decía yo hace una semana y lo he hecho probablemente muchas veces a lo largo del ministerio de estos años- es la actitud fundamental del cristiano. El centro de la vida cristiana es la Eucaristía, que significa precisamente “acción de gracias”. Pero toda la vida cristiana es una acción de gracias. Todos hemos sido curados de la lepra, no de la lepra física. Sin duda, el Señor no ha querido y es un designio bueno librarnos de nuestra condición mortal, para que podamos esperar nuestra condición definitiva, que es el Cielo, que es la vida eterna, que es la comunión con Dios. Y así, sin velos y sin oscuridades, y con el corazón y los designios de Dios. Y eso podría decirse que son las Lecturas, a lo que nos invitan las Lecturas de hoy. El general sirio, en el siglo VII-VIII antes de Cristo, tenía la lepra y fue una criada suya…, pues le habló del profeta que había en Samaria; y él fue y le mandó una cosa que le pareció a él muy estúpida, que es que se lavara siete veces en el Jordán. Pero obedeció al profeta: se lavó y quedó curado de la lepra y expresó su gratitud diciéndole que le pidiera lo que quisiera. Y sin embargo, el profeta lo rechazó y luego le hizo otra oferta. Dijo: te quedas con esta tierra y quédate conmigo con unos animales, y así para tu servicio. En todo caso, aquel pagano, aquel sirio que no creía en Dios, creyó en Dios a raíz de aquel hecho y supo volver a agradecérselo al profeta. En el caso de los diez leprosos a los que Jesús cura, también sólo un extranjero, un samaritano, que los judíos tenían como medio paganos (no los consideraban parte del pueblo judío, no se hablaban los judíos y los samaritanos, aunque los samaritanos tenían una parte del Antiguo Testamento, pero sus diferencias eran tan grandes que no los consideraban judíos, los consideraban paganos); y es sólo el samaritano el que vuelve a dar gracias a Dios.

Pero yo quisiera fijarme en dos detalles que a veces uno, en la Lectura del Antiguo Testamento, le pedimos a Dios cosas que no nos las concede o no actuamos como aquel general sirio. En realidad, lo que le tenemos que pedir a Dios siempre es que vivamos unidos a Su corazón; que vivamos según Sus designios, que es la oración que Dios escucha siempre, que no deja nunca de escucharnos cuando se lo pedimos. Y eso a veces significa pasar por la prueba, como pasó el general sirio, de que te diga “pues, mira, es que esto es estúpido”. Dice: “Pero no hay ríos mejores en Siria que están el Éufrates y el Tigris y los ríos de Damasco. Dónde me puedo lavar mejor que en este riachuelo que es el Jordán”. Y si él hubiera accedido a ese pensamiento suyo ni hubiera sido curado y hubiera tenido motivos de dar gracias a Dios, cuando rezamos aunque sea el Padrenuestro, sobre todo cuando rezamos el Padre Nuestro o los Salmos, lo que hay que pedirLe al Señor es “Señor, que abras nuestro corazón a tus designios. Señor, que se haga Tu voluntad, porque Tu voluntad es siempre buena, y por Tu voluntad, si aprendemos a amarla, podremos darTe siempre gracias”. Suceda lo que suceda, porque todos tus designios, son para bien. Qué padre le da a su hijo una piedra cuando le pide un pescado. O le da una piedra cuando le pide un pan; o una serpiente cuando le pide un pescado. Y dice: “Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre del Cielo dará cosas buenas a quienes se lo piden”. “Dará el Espíritu Santo -dice otro de los evangelistas- a quienes se lo piden”. Al final, lo que Le pedimos al Señor es que nos dé Su Espíritu y desde Su Espíritu: que podamos afrontar todas las circunstancias de la vida.

La otra cosa que yo quisiera subrayar: los niños del Camino Neocatecumenal por las noches, antes de entrar en la segunda cosa que quiero decir, tienen una oración muy sencilla, cuando se despiden, hacen y piden por su abuela, por sus titos, por otro, por los padres, por los hermanos, por el mundo, por la paz. Pero siempre terminan la oración diciendo: “Y a mí dame la fe y el Espíritu Santo”. A mí siempre me ha conmovido oír a niños de cuatro años o de seis años o de diez, decir “dame la fe y el Espíritu Santo”. Si nos das la fe y el Espíritu Santo, terminar el día haciendo esa súplica -dame la fe y el Espíritu Santo- es una cosa grande, porque en realidad es lo que le pedimos al Señor cuando le decimos, cuando rezamos el Padrenuestro: “Sálvanos, danos la fe y el Espíritu Santo”. Danos tu Espíritu, para que podamos vivir la vida y hasta morir, la muerte, llenos de Tu Espíritu, sin verla sólo con los ojos de este mundo, sino viéndola, viendo todo lo que sucede incluso en nuestra muerte, con los ojos de Dios, que entonces la muerte deja de ser algo que pincha, que muerde, que rompe el corazón, que desespera. No, la muerte es el paso a la vida eterna, es el paso a la vida verdadera. Y lo podemos vivir. No digo sin dolor, pero hasta con alegría. Y como soy testigo de esa alegría y lo he sido muchas veces en mi vida de sacerdote, lo puedo decir: hasta con alegría.

La otra cosa que quería deciros es que San Pablo, cuando habla al final de la Lectura dice “y si nosotros somos infieles, Él permanece fiel, porque no puede negarse a Sí mismo”. Dios mío, ¡qué cosa tan grande! Si nosotros descubrimos que no somos agradecidos; si nosotros descubrimos que somos pequeños, que somos torpes, que queremos hacer las cosas bien, pero luego las hacemos mal; que queremos hasta vivir para el Señor, pero luego vivimos para nosotros mismos o para nuestros caprichos, o para nuestros intereses, o para lo que sea (siempre son supuestos nuestros intereses, son nuestros caprichos, pero no en realidad para el Señor, aunque creamos en Él, aunque queramos que sea el centro y la guía y el motor y todo en nuestra vida. Y lo decimos sinceramente, pero luego somos muy torpes). Pero, gracias a Dios, Dios no nos mide por nuestra torpeza. Dios no nos mide por nuestros pecados. En las Confirmaciones, en la oración de consagración de los confirmandos, hay una cosa que se dice y que a mí siempre tengo tentación de explicarla, porque se dice “Tú que el agua y el Espíritu redimiste a estos siervos tuyos y los libraste del pecado”. Y yo lo pienso y digo: estos chicos se van a pensar que esto es mentira, porque se han peleado ayer con su madre, porque han dicho esta mañana una mentira a alguien, porque viven pensando sólo en la fiesta que van a tener el viernes, porque cometen pecados, ¿cómo puedo yo decir los libraste del pecado, los libraste del poder del pecado? Desde la Redención de Cristo, la medida de nuestro valor no son nuestras obras. Claro que quien ama a Cristo desea vivir bien, pero no es la medida de nosotros mismos nuestras obras. La medida de lo que valen nuestras vidas es la Sangre de Cristo. Por muy torpes que seamos. Porque si nosotros somos infieles, Él permanece fiel. Él permanece fiel, porque no puede negarse a Sí mismo.

¿Y quién es Él para ti? ¿Cómo se negaría Dios a Sí mismo? Dejando de querernos. Y si Dios nos quiere, Dios mío, la salvación la tenemos al alcance de la mano, la tenemos en nosotros. Está en nosotros. Y si hay algún camino para que nosotros abandonemos el mal, es el amor. El amor que Dios nos tiene, la certeza de que a pesar de todo, Tú eres siempre fiel, siempre fiel, aunque yo meto la pata. Pero Tú sigues ahí, siempre fiel, con la mano tendida siempre. Por eso es tan equivocado juzgar a los demás, porque es olvidarnos de que Dios ama con un amor infinito y que no excluye de ese amor a nadie, a nadie. Eso no hace más que incrementar los motivos que tenemos para dar gracias y vamos a proclamar nuestra fe.

Os pido perdón porque ya está más difícil estar atentos cuando tenemos… no me atrevo a decir, la música, el ruido que tenemos, sobre todo los que estáis más atrás. Pero también podéis veniros más adelante si queréis. Pero que el Señor nos haga experimentar Su amor de todo, de modo que toda nuestra vida sea alegría y júbilo, como dice también un Salmo y la alegría de que nace, de que Tu amor no tiene fin.

Palabras finales antes de la bendición final

Perdonad que interrumpa vuestra acción de gracias, pero sólo dos minutos. Hace apenas diez, veinte, treinta años, quizá el cristianismo se presentaba como algo contrario a la razón, lo contrario a la inteligencia humana, contrario a casi hasta el estado humano como tal. Eso ya no funciona y me parece que no hace falta mucho razonamiento para sencillamente comparar lo que se está celebrando fuera en la Plaza de las Pasiegas. Y cuando yo era adolescente me gustaban los Beatles. Quiero decir que no tengo nada contra la música, contra la música moderna buena, que también la hay, incluso rock&roll bueno, que también lo hay. Y lo que se celebra en el interior de esta Catedral para poder decir que el cristianismo está por lo humano, defiende lo humano, defiende la razón, es el espacio: la Iglesia, a pesar de todos nuestros errores, nuestras equivocaciones y nuestras meteduras de pata, también en esto. Pero está llamada a salvar en este mundo en el que estamos, el valor de la inteligencia, el valor del bien y del bien supremo que es el Amor, pero el amor verdadero, no el amor instintivo, no cualquier cosa; y la belleza. La belleza es patrimonio de lo cristiano y lo tenemos que volver a descubrir quienes lo somos. No se puede creer en Jesucristo sin amar la belleza de una belleza en la que tendemos siempre a superarnos (…).

(…) Nosotros tenemos que pedirLe al Señor, ¿por qué los jóvenes se juntan ahí? ¿Y qué tenemos que hacer nosotros para poder atraer a los jóvenes a la buena belleza, a la verdad del amor verdadero, a la verdad de lo bello, que atrae y seduce y atrapa el corazón, y no sólo a lo que promueve los instintos y los instintos más bajos.

(…)

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

9 de octubre de 2022
S.I Catedral de Granada

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Mons. Gil Tamayo: “Que la religiosidad popular nos llene de caridad cristiana”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo en la Eucaristía tras la procesión con el Santísimo Cristo de la Buena Muerte en la parroquia de San Juan de Letrán el 9 de octubre de 2022.

Queridos Francisco y D. Antonio Jesús;
querido Hermano Mayor y Junta de gobierno de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Muerte y de la Virgen del Amor y del Trabajo (qué nombre más bonito tenéis, el de esta Virgen);
queridos hermanos y hermanas;

Me da mucha alegría poder acompañaros tras mi llegada a Granada, en este traslado y en esta celebración en este domingo, y haberlo hecho y haber contemplado esas edificaciones nuevas, con esa inculturación y bendecir con esa encarnación del que habla el Papa, que es la religiosidad popular de la fe cristiana en las nuevas generaciones, en los pueblos vecinos, en la gente que hereda la fe de sus mayores y que la hace propia como su manera de vivir cristiana.

Esto da una inmensa alegría y es, al mismo tiempo, en este mundo nuestro tan preocupado por medios de vida… La verdad es que tenemos que estar preocupados porque hay mucha gente que lo pasa mal, hay mucha desigualdad; porque hay mucha gente que vive en la pobreza y está a nuestro lado. Pero sabemos que todo no son medios de vida. No basta con tener la cartilla bien o tener una buena colocación -que hay que buscarlo para todo el mundo, un trabajo digno y estable. También hay que buscar las razones por las que vivir, porque el ser humano es el ser que busca el sentido.

No basta con hacer, sino por qué hago las cosas. ¿Merece la pena la entrega por los hijos, la entrega por la familia, el esfuerzo, el trabajo…? El ser humano busca las razones por las que vivir y ahí entra la fe. Esa fe que hoy Jesús alaba en este samaritano que vuelve a dar gracias. “Tu fe te ha salvado”. Esa fe en un pueblo se manifiesta en su religiosidad popular. Es una fe heredada de los mayores, pero que hemos de asumir, que hemos de vivir, que hemos de trasladar a la vida. Hoy Jesús echa de menos a los otros nueve leprosos que no vuelven. Somos también nosotros muchas veces así. Vamos a Cristo, vamos a la Virgen Santísima a pedirle que nos ayude, que nos hagan salir. Tiene una dificultad, una enfermedad, un contratiempo, tiene una situación difícil, pero luego qué poquitas veces damos gracias. Y Jesús nos echa de menos.

Hemos visto en la Primera Lectura que Naamán el sirio es curado de la lepra. Y nosotros somos curados de tantas lepras que no son físicas, gracias a Dios, pero sí son de egoísmos, de tantas y tantas carencias que tenemos, que el Señor nos cura y nos ayuda y, sobre todo, que nos da la salvación. ¡Tenemos que volver a Dios! Tenemos que poner a Dios en el centro de nuestra vida, en esas razones por las que vivir. Y Dios no puede ser quitado. Y la religiosidad popular contribuye a que Dios no sea quitado del medio. Hoy, en esta sociedad nuestra, que Dios parece un sin-papeles, que hay mucha gente que se avergüenza de ser cristiano, o lo esconde, donde da avergüenza rezar. En cambio, para hacer el mal cuánta publicidad, cuánta manifestación muchas veces. En cambio, qué poco suena la gente buena, la gente que se desvive por los hijos, la gente que tiene fe. Pues, tenemos que pedirLe al Señor que nuestra fe sea más grande, que nuestra fe sea más viva, que nuestra fe sea formada, que nuestra fe se manifieste en nuestra vida, que no se nos quede simplemente en la cabeza o en la procesión. Sí, Cristo, que ahora viene a su Iglesia, donde quiere estar es en el corazón de cada uno de nosotros. Ese saludo: “El Señor esté con vosotros”. ¡Claro que sí! Y está cuando vivimos en gracia, cuando vivimos como Dios manda. “Y si alguien me ama, guardará mi Palabra y mi Padre lo amará, y vendremos a Él, y haremos morada en Él”, nos dice Jesús. “El que come mi carne y bebe mi sangre, habita en mí, y yo en él. Lo mismo que el Padre vive, yo vivo con el Padre, el que me come vivirá por mí”. Pues, ahí es donde quiere entrar Cristo, en tu corazón. Por la Eucaristía, pon tu alma en gracia, viviendo como Dios nos pide. Es donde Dios quiere habitar mejor.

Con esta vocación tan bonita me he acordado y mucho de los que han muerto en el covid. El Cristo de la Buena Muerte es el único que les ha acompañado. ¡Han estado solos! Yo mismo estuve 33 días en el hospital en la primera ola y los médicos decían “el obispo se nos va”. Cuánta gente no pudo tener un beso, una cercanía, pero el Cristo de la Buena Muerte estaba con ellos. Y hoy, con la vuelta a su casa, que los tengáis muy presentes y tengáis muy presente a las personas, a los ancianos, a los mayores, a quien está a nuestro lado. Que no sólo nos acordemos cuando se nos van y dejen el hueco, sino que sean un acompañamiento en las familias, en el cariño de los hijos a los padres, en responder y en devolver con justicia lo que han recibido de tanto cariño de los mayores. Que acompañemos a quienes sufren. Que tengamos esa compasión, que es “padecer con” los otros, que nada ni nadie en su dolor no sea ajeno. No vivimos amontonados en la sociedad, en esta sociedad nuestra que nos divide y que nos enfrenta muchas veces en este mundo nuestro donde la guerra está a la vuelta de la esquina; en este mundo nuestro donde la gente tiene tantas dificultades para llegar a fin de mes; en este mundo nuestro donde no se ve el futuro con la clarividencia y con la claridad; en este mundo nuestro donde estamos muy divertidos, pero donde falta alegría, la alegría profunda de las razones por las que vivir de la fe.

Que la fe, que pone Jesús en nuestro corazón, nos haga ver y mirar con los ojos de Dios. La Virgen es bienaventurada. La primera bienaventuranza del Evangelio es a la Virgen; se la dirige Isabel: “Bienaventurada tú, porque has creído lo que se te ha dicho de parte del Señor”. Y la Virgen no lo tuvo fácil. La fe de la Virgen es la fe que es lo que debe ser la nuestra. Como decía san Juan Pablo II: “La Virgen es lo que debemos ser, lo que debe ser la Iglesia”.

La fe de la Virgen es una fe que te pasa momentos difíciles. El Ángel le promete que va a ser la Madre de Dios y su Hijo nace en un establo. Le dice que es el Rey de Israel y tiene que huir de un reyezuelo, que le entró celos de un niño y provoca una matanza de los inocentes y tiene que huir, como un inmigrante, un refugiado. La fe de la Virgen ante el Hijo de Dios, que es el Salvador del mundo, vive treinta años de vida oculta del trabajo, con las manos encallecidas de Jesús y de José. La fe de la Virgen ve cómo Su hijo es tratado muchas veces. Y la fe de la Virgen está junto a la Cruz.

Por tanto, queridos hermanos y hermanas, nuestra fe nos sirve para los momentos de dificultad, pero también para los momentos de alegría, para los momentos de gozo, para los momentos de resurrección.

Queridos hermanos, que la religiosidad popular, vuestra devoción al Cristo de la Buena Muerte, nos llene de caridad cristiana. Que nuestro cariño a la Virgen, que es un cariño filial, nos ayude también a vivir con una fe imperativa, con una fe viva que no se quede sólo en una fiesta, en un paso, en una procesión, en una Semana Santa, sino en todas las semanas santas del año. Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor de Granada

Eucaristía tras la procesión del Santísimo Cristo de la Buena Muerte
Parroquia San Juan de Letrán (Granada)
9 de octubre de 2022

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Mons. Gil Tamayo: “La fe hay que vivirla. La fe tiene que dominar nuestra vida”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo en la toma de posesión del nuevo párroco de San Matías, D. Francisco Novo, el 9 de octubre de 2022.

Querido D. Francisco;
queridos hermanos sacerdotes concelebrantes;
señor Vicario de la ciudad, D. Francisco, D. Manuel;
queridos hermanos en el Señor:

Estamos en un acto muy solemne, en la sencillez al mismo tiempo de una comunidad cristiana. Don Francisco está tomando posesión de la parroquia. Pero yo quiero rectificar esa palabra: la parroquia toma posesión de ti. Los sacerdotes estamos expropiados, no nos pertenecemos y estamos con disponibilidad donde el Señor nos envía. Has estado antes en la parroquia de San José en el Albaicín, y en la vida irán pasando, como pasó D. Alejandro, a quien el Señor llamó en Su presencia.

El sacerdote es un mediador, es un instrumento. Es alguien -como dice la Carta a los Hebreos- tomado de entre los hombres y puesto al servicio de los hombres en las cosas que a Dios se refiere. La Iglesia, como hemos escuchado en el decreto de nombramiento, os entrega un sacerdote. Un sacerdote para que os acompañe. Un sacerdote, como dice el Papa Francisco, que ha de ir delante de todo el pueblo de Dios, guiando por el camino que Jesús nos está pidiendo en este momento, en esta hora. Aunque es una parroquia antigua, venerable, con mucha historia, que acoge en su seno esta venerable Cofradía, que vive una vida de piedad; que muchos de sus fieles son ya de edad, no es una parroquia en decadencia.

Querido D. Francisco y queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Matías, no sois administradores de decadencia. Esta parroquia no puede estar como menguando siempre con el paso del tiempo; como cayendo en una mentalidad de aguantar hasta que el último apague la luz y cierre la puerta. No podemos estar así, queridos hermanos. Tenemos que tomar de nuevo la fuerza del Espíritu Santo con un renovado ardor apostólico. Tenemos que traer mucha gente a que se encuentre con el Señor. D. Francisco irás delante guiando, animando, e irás en medio acompañando a esta gente que el Señor pone en tus manos, con sus dolores, sus sufrimientos, sus fatigas, pero también sus ilusiones y sus esperanzas. Escuchando mucho, porque Dios actúa en la gente y está en medio de la gente, en medio de su pueblo. Porque el Espíritu se mueve donde quiera y, entonces, tenemos que tener esa capacidad de escucha, porque Dios habla también a través del Pueblo santo de Dios.

Eso es la sinodalidad de la que nos habla el Papa: caminar juntos. No puede ir el cura por su cuenta, la gente por su cuenta y la cofradía por su cuenta. Todos a una, porque estamos en el mismo Pueblo de Dios, dando testimonio de Jesucristo, de quien hacemos memoria. Como nos escribía San Pablo en la Segunda Carta, en la Carta a Timoteo, “haz memoria de Jesucristo “. Él es el centro. Por lo tanto, en medio de tu pueblo, en medio de tu gente. El cura no tiene que estar aislado. El cura tiene que estar entre la gente, pero en las cosas que a Dios se refieren, no es un técnico de otras cosas. Tienes que ser un hombre de la escucha, un hombre de la compasión, un hombre de acompañamiento, un hombre que sea cercanía, que sea consuelo de Dios; que sea bálsamo de Dios para los que sufren; que comparta la alegría de quienes se alegran (que también los hay, hermanos, no todo es negro).

Huid del pesimismo, queridos hermanos. El pesimismo es muy malo, es contagioso. Y renovad la alegría, la ilusión de quien pone empeño por ser mejor en esta sociedad nuestra. Que sea una comunidad viva. Una comunidad en sus circunstancias, en su barrio, del barrio de San Matías. Eso es lo que te pide, D. Francisco: que acompañes a esta comunidad, que te santifiques en tu trabajo ministerial en medio de este pueblo santo que Dios pone en tus manos. Los sacerdotes estamos para ser usados, para servicio. Eso nos lo dice nuestro Maestro, que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida por muchos”. Desgastarte en ese Ministerio que tiene esa dimensión de anunciadores de la Palabra y de entregado a la Palabra de Dios, que anuncies a Jesús, que des esperanza a la gente, que consueles a quien sufre, que anuncies el Evangelio con valentía. No te calles. A tiempo y a destiempo. Alimenta tu vida con la Palabra de Dios, para que puedas vivir conforme a lo que crees y a lo que enseñas. Conforma tu vida con esa Palabra.

Después, te daré las llaves de la puerta para que sea una iglesia abierta, una iglesia acogedora, no una iglesia cerrada. Esta iglesia no es un museo, no es un parque temático, no es el recuerdo de una historia gloriosa sin más. Es un presente y es un futuro. Eso tenemos que tenerlo muy en cuenta, porque si no hacemos en la iglesia un parque temático, como si fuéramos administradores no sólo de una decadencia, sino de un anacronismo. Jesucristo, a quien anunciamos y de quien vivimos, no es un personaje ilustre que se nos pierde en la noche de los tiempos; es alguien vivo: “Jesucristo, ayer, hoy siempre”. Y está vivo en el ministerio apostólico. Está vivo en el ministerio sacerdotal, de Su presencia a través de los sacerdotes, del obispo, del colegio episcopal, del Papa, a pesar de los pesares, de nuestras debilidades, somos hombres con defectos. El Señor escogió a sus apóstoles con defectos. No hizo una selección de personal por méritos. Escogió a los apóstoles cuyos defectos no nos los niega el Evangelio, y Jesús los conocía. Él nos dijo que no tienen necesidad de médicos los sanos, sino los enfermos; que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. Y nos dice la Carta a los Hebreos también que no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino que, probado en todo igual a nosotros, tomó nuestros pecados. Él, que no tenía pecado, para salvarnos, para curarnos.

Te llevaré después al confesionario, para que administres el Sacramento del perdón. Hay que confesarse, hermanos. No somos santos. Necesitamos el perdón de Dios. Para nosotros, tener ese perdón y esa paz con la que iluminar nuestro mundo, tan enfrentado, tan polarizado de unos contra otros. Necesitamos la paz del perdón de Dios. Necesitamos los Sacramentos. Te daré las llaves del Sagrario, donde se queda Cristo, que es el principal vecino, que viene para estar con nosotros. “Dios con nosotros”, Emmanuel. En esto serás su servidor en medio de tu pueblo, Francisco. Irás detrás también, porque hay que pensar en la gente que no viene nunca o en la gente que hemos espantado, por nuestra debilidad, por nuestro escándalo, o esa gente que pasa. Hay que atraerla. No son los sacerdotes de lanzallamas, sino hermanos y que abrazan y acogen. Eso no lo puede hacer el cura solo. La comunidad cristiana no es el cura sin más. Y hay que sacar a la Iglesia también fuera, y no sólo en la Semana Santa. No sólo con el paso, sino con la propia vida del testimonio. Hay muchas maneras de estar Cristo en medio de la gente, y sobre todo Él nos ha dicho que “estoy en medio de vosotros, como el que sirve”. Luego, el ejercicio de la caridad es la presencia continuada de Cristo, especialmente en los más necesitados, en los que más sufren, en los enfermos, en esos que no salen de casa y que han de ser tus preferidos.

Esta es la labor del sacerdote y no atraer a los periódicos, no recibir el aplauso humano, y se desgastará como tantos curas de Granada. Esa es la labor de ese sucederse. Pero, queridos hermanos y hermanas de la parroquia de San Matías, los sacerdotes no están en el cielo sin más. Son una llamada de Dios ciertamente, pero nacen en las familias, nacen en la educación de los hijos, nacen en las familias cristianas. Y hay que rezar por las vocaciones. Tenemos 15 seminaristas en el Seminario Diocesano y 10 en el Redemptoris Mater. Como comprenderéis, en una ciudad con 60.000 universitarios, ya veis para lo que damos. ¿Y qué pasa? ¿Que Dios no sigue llamando? Sí, sigue llamando. Y hay que rezar. Hay que ofrecer el sacrificio y la enfermedad, y hay que decirle “Señor -haciendo caso a su oración- envía obreros a tu mies”.

Queridos hermanos, hoy que el Señor nos muestra la curación de estos leprosos, primero de Naamán el sirio, un hombre importante en la corte siria, que le dice a una criadita que hay un hombre santo que le puede curar en su tierra, en Israel; va queriendo ganárselo con poder y con regalos, esperando que le digan cosas difíciles. Lo único que le dice es “vete y báñate en el Jordán”. Y aquel hombre obedece. Y reconoce que quien le ha salvado es el Dios de Israel, y era un extranjero, alguien no bien visto. Vemos también que son diez leprosos. “Jesús, ten compasión de nosotros”, como muchas veces nosotros, con tantas letras que tenemos, no en el cuerpo, gracias a Dios, pero sí muchas veces en nuestros defectos, en nuestro egoísmo. Necesitamos también, como esos leprosos, acudir a Jesús, pero sólo uno vuelve. Era un samaritano, un extranjero también. ¡Qué casualidad! Jesús echa de menos a los otros, como muchas veces a nosotros, que somos muy pedigüeños: “Señor, dame esto, Señor, también lo otro. Señor, concédeme esto. Señor…”, pero luego qué poco damos gracias. Y es de bien nacidos el ser agradecidos, dice el dicho. Pues que volvamos a Jesús a dar gracias, por tantas cosas, y lo hagamos en la Eucaristía cada domingo, que es la acción de gracias por antonomasia. Eucaristía significa “acción de gracias a Dios”. Decía Santa Teresa que es el mejor momento para tratar de negocios con el Señor.

Queridos hermanos, Jesús dice una cosa muy bonita hoy. Le dice a ese leproso que vuelve a dar gracias y echa de menos a los otros, como tantas veces a cada uno de nosotros también: “Tu fe te ha salvado”. La fe nos salva. La fe hay que vivirla, hay que testimoniarla, la fe hay que hay que contagiarla, hay que transmitirla. Pero que nuestra fe sea auténtica. La fe no está en un bote y se conserva, y sólo la guardamos o la sacamos en caso de emergencia. La fe tiene que dominar nuestra vida.

Vamos a pedírselo a la Virgen, que es nuestra Madre; que la primera bienaventuranza del Evangelio se le dirige a ella, precisamente, porque ha creído: “Bienaventurada tú, porque has creído lo que se te ha dicho de parte del Señor”.

Ahora, todos juntos vamos a confesar nuestra fe, pidiéndoLe al Señor que nos ayude a vivirla cada día.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor de Granada

9 de octubre de 2022
Parroquia San Matías (Granada)

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